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jueves, 23 de mayo de 2013

Vampire Hunter D

Vampire Hunter D (Kyûketsuki hantâ D)
(1985)
Director: Toyoo Ashida, Carl Macek
Guión   : Yasushi Hirano

Kaneto Shiozawa
Michie Tomizawa
Seizo Kato
Kazuyuki Sogabe
Motomu Kiyokawa 
 
D, el cazador de vampiros, es requerido para acabar con el malvado conde Lee…
 
Vamos allá con un manga clásico donde los haya: la historia del enigmático cazador de vampiros que, ataviado con un sombrero de ala ancha, se lleva por delante a cuanto monstruo pilla. Muy bien…

A favor puedo decir muchas y muy variadas cosas. Para empezar, me gusta que a uno le metan en situación de golpe, desde el preámbulo en el que se nos sitúa donde va a suceder la acción: nada menos que en un futuro donde mutantes y hombres conviven un mundo de tinieblas. Mejor, imposible.
Y si de buenos comienzos hablamos, la primera escena resulta tan apetecible como cualquiera de las chicas que van a pulular por todo el metraje. Así, vemos a una, Doris, que resulta ser la protagonista. Va caminando en mitad de la noche por una sendero solitario y ya podemos descubrir dos cosas: lleva un crucifijo (lo cual quiere decir que los vampiros van a dar caña) y va vestida de un modo raro, una especie de traje futuro con ecos evidentes del pasado. Y sí, una faldita ridícula que recuerda a eso del cinturón ancho y un escote que apenas oculta lo que se supone debería ocultar.  Y, para abrir boca (y preparar colmillos), se enfrenta a un bicho raro que  me recuerda a los dragones de Willow en una escena repleta de violencia y sangre (atentos a como el susodicho bicho se carga el caballo) ¿Es todo? Ni de broma porque, acto seguido, somos testigos de la espectacular aparición de un personaje con traje, capa y unos colmillos que tumba: el conde Lee (¡Anda, se llama como el actor!) Y debo decir que la puesta en escena del mismo es impresionante: resulta amenazador y, sobre todo, enorme y sobrenatural. Y repito. Esto es solo el comienzo. Imagina lo que queda por delante.
La trama no se hace esperar mucho; de hecho, nada: contratar al cazador D para que acabe con el vampiro ya que a Doris le ha mordido. Más simple, imposible. Y esa rapidez también va a aplicarse a todos los personajes secundarios que, en mayor o menor medida, van a apoyar la trama principal. Así, conocemos a Dan, el hermano pequeño de Doris (eso de los hermanos pequeños en los manga es algo común; mirad a Shiro en Mazinger Z), al doctor Feringo o al chulo e idiota de Greco, una especie de niñato adinerado de tupé alucinante que está por Doris. Y todos ellos presentados de manera de lo más clara posible y nada más verlos en pantalla sabes por dónde van a tirar. No obstante, algo muy destacable es que, aunque aquí hay buenos muy buenos y malos malísimos, los personajes están dotados de un cierto trasfondo que los hace muy interesantes. Así, el padre de Doris era cazador de hombres lobo (lo dice como si el amigo fuera barrendero o panadero), D tiene su historia curiosa al ser hijo de un noble, léase mestizo o el lacayo Rei quiere incorporarse a la familia del conde (ya sabemos que nadie está a gusto con el puesto en que ha nacido) Por eso, al no parecer personajes simples y planos, se aporta una riqueza a través de los mismos que hace que la peli gane varios puntos.
Sigo. Tengo que hacer referencia a una cosa que me ha parecido muy notable: la ambientación. Como ya dije antes, la peli está situada en una especie de futuro raro con ecos del pasado. Por eso, la aldea recuerda a una del siglo XVII o XVIII. Las ropas de los personajes son una mezcla más rara aún de épocas (Greco, por ejemplo, lleva mocasines y unos modelitos alucinantes, amén del no menos espectacular tupé que luce) y no hay naves espaciales ni vehículos voladores, pero sí carros de los de toda la vida. Eso sí, tirados por caballos cíborgs. Todo esto hace que el conjunto tenga un aire extraño y fantasioso que, desde mi opinión, le viene muy bien a la peli.
Otra cosa que me gustaría señalar es que, a pesar de lo simple del argumento (y no lo digo en absoluto como fallo), el guión se las apaña para meter sus toquecitos de misterio haciendo referencia a ciertos hechos que ocurrieron en un lugar llamado campamento relacionados con el conde y que se llevaron por delante a un montón de personas. Así, se mantiene cierto espíritu de lo macabro relacionado con la figura del malvado Conde.
¿Más? Sí. Hablar de mangas (sobre todo en aquella época, mil novecientos ochenta y cinco, en la que, quizás, dichos cómics no eran tan habituales o no estaban tan alcance de todos como hoy día) implicaba sorprenderse con ellos por dos cosas. La primera, claro está, la violencia. Aquí hay a patadas pero muy bien dosificada y mejor mostrada. Ahí está la pelea con Rei, la entrada de D. en el castillo, que está llena de bichos raros, el rapto de Doris o alguna que otra mano cortada, sin olvidar toda la escena final. La otra cosa es el toque justo y apropiado, muy manga, de erotismo. Por eso, aquí hay mujeres serpiente de mirada lasciva que, claro está, están en pelotas tocando un harpa, el éxtasis de estas mientras chupan la energía al impasible D (que recuerda de manera descarada a una especie de orgasmo de horas), Doris en la ducha o cuando a esta le arrancan el crucifijo, motivo ideal que sirve para que le veamos de manera clara un pecho muy manga, léase grande, voluptuoso y a cámara lenta, para contemplarlo con detalle. Y es que no todo en la vida pueden ser vampiros, ¿no?
 
 
 
 
  
Esto me lleva a otra cuestión evidente. Y es que esta peli está basado en un manga y posee, amén de la violencia y el erotismo, las cualidades propias de los dibujos japoneses, es decir, ojos espectaculares, sombreros enormes y picudos (como el de D.), pelos que se mueven en el viento, peinados flipantes (como el de Rei) o lágrimas que parecen goterones. Y mucho dramatismo a la hora de reflejar golpes, saltos (con esos fondos llenos de rayas) o una lentitud deliberada en la narración, como cuando llega el cazador al pueblo. Ah, y me ha gustado mucho ese final a lo Raíces Profundas.
 

 
 
¿Aspectos mejorables? Yo solo destacaría algún que otro detallito. Por ejemplo, el enamoramiento tan bestial que le pega a D. para con Doris nada más verla (¡chico, da un poco de tiempo!) o lo oscura que es en ocasiones que hasta hace que sea difícil distinguir formas o movimientos (de nuevo, la entrada al castillo)
Esto ha sido todo. Quede clara una cosa: me ha gustado mucho y, desde luego, recomiendo verla. Me parece una película muy entretenida, para nada un producto infantil y, desde luego, una historia original que mantiene el interés de manera bastante sobresaliente. Además, te da el gustazo de recordar algo que, en los últimos tiempos, parece olvidado: los dibujos animados a base de tintas y papel.
Vigilad el cielo.
 

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