sábado, 18 de mayo de 2013

The ring: la señal

The ring: La señal (The ring)


 
Director: Gore Verbinski
Guión   :Ehren Kruger 



Naomi Watts
Martin Henderson
David Dorfman
Daveigh Chase







 
 
Una extraña cinta de vídeo provoca la muerte de todo aquel que la ve…
 
“¿No te ha dado miedo?” (Rachel)
“No, No mucho” (Noah)
“Cuatro personas han muerto. Cuatro personas que  la vieron” (Rachel)
“¿No lo entiendes Rachel? Nunca duerme” (Aidan) 
 

 
The ring es una película que puede considerarse como una especie de clásico moderno del cine de terror. En su época (hace ya unos añitos) la gente que la había visto incitaba al personal a verla y, durante un tiempo, ciertas escenas (que comentaré más abajo) estuvieron bien de moda hasta el punto de que el monstruo de turno de la cinta suele ser bastante conocido entre los admiradores del género. Eso sí, que no se te olvide que, en realidad, es una adaptación de una película japonesa de mil novecientos noventa y ocho llamada Ringu dirigida por Hideo Nakata que, a su vez, es una adaptación de la novela de Kôji Suzuki que lleva el mismo nombre. Y es que todos sabemos que, en cuestión de terrores con niños demoníacos/monstruosos/asquerosos de por medio, los japoneses tienen un toque especial bastante curioso.
A favor puedo decir que…
La película, cosa rara, va al grano desde la primera escena y fue justo aquí cuando servidor se frotó las manos. Si estos son los primeros cinco minutos de peli, pensé, esto va a ser tremendo. Y, bien mirado, no me equivoqué. Pues bien, me encanta las escenita inicial con las dos niñitas (que, bien miradas, no lo son tanto) hablando de cierta cinta muy especial “¿Sabes lo de ese video que te mata cuando lo ves?”, pregunta una. Luego es cuestión de esperar unos minutos, dejar que la tele se encienda sola y… que empiece la fiesta.
Esta rapidez se da también a la hora de presentar a los personajes que, como vamos a ver no son muchos, al menos los protagonistas. Así, conocemos a Rachel, su hijo Aidan y al fotógrafo Noah. Y queda muy claro por dónde van a ir: Rachel, en principio, parece la madre trabajadora que tiene tiempo para todo menos para el agorero de su hijo Aidan que, más que actuar, hablar y mirar como un niño, lo hace como el empleado tétrico de una funeraria. Noah hace lo que se espera, es decir, ser un personaje secundario que ayuda a Rachel en el lío en el que está a punto de meterse. Hay otros personajes, claro, pero resultan más de apoyo que otra cosa… salvo cierta niñita que acabó en un pozo y que se llama Samara.

Bien mirado, da más miedo que Samara.
 
La trama tampoco se hace esperar mucho. Nada más terminar esa escena inicial que va a hacer que te quedes clavado en el sofá, queda bien claro qué es lo que vas a ver: la investigación que Rachel (que le viene al pelo ser periodista o que su ex pareja sea un especialista en videos) va a llevar a cabo para saber qué le pasó a la niña del principio. Más simple, imposible pero el guión cuenta con una serie de sorpresitas a lo largo del metraje que hace que el interés se mantenga y la peli no decaiga demasiado. Por eso, sabemos que Katie (la niña de la escena inicial) tenía un novio, Josh, que también se suicidó la noche que ella murió. ¿Es todo? Para nada porque más amigos también han muerto. Dicho así queda misterioso pero si todo está relacionado con una cinta que contiene una peli maldita que hace que en los próximos siete días aparezcas borroso en las fotos y, al fin mueras, el misterio sobrenatural está servido. ¿Original? Sí. ¿Divertido? También.
Y, por si no lo habéis notado, he utilizado la palabra “investigación” Y es que, pese a que esta cinta en un primer momento fue el colmo del terror y se vendió y se vende hoy día como tal, durante mucho, pero que mucho metraje, hay mucho más misterio que terror propiamente dicho. Ahí está lo que vemos en la misteriosa película, los trozos ocultos que hay si la estiramos o el hecho de que la mosca que ve Rachel en su tele cobre vida.  Por eso, buena parte de la peli se va en (de nuevo, repetitivo hasta el aburrimiento) la investigación que Rachel hace y que va desde menos (la cabaña donde encuentra la cinta) a más (la familia de Samara y la propia Samara en sí) pero debo decir que dicho misterio está muy bien llevado y te mantiene con los ojos bien fijos en la pantalla. A fin de cuentas, ¿por qué sucede todo lo que está sucediendo? ¿Qué explicación hay a todo esto? Paciencia. Tienes unas dos horas por delante, no quieras ir rápido.
Por esta razón, los trozos que podemos denominar como terror como tal se dan en la parte final de la peli, cuando Samara, muy mona la niña, hace de las suyas. No obstante, hay momentos salpicados aquí y allí que van preparándote para el despliegue final. Unos son muy rápidos pero, por aquello de que te recrees te dejo las instantáneas aquí. Te reconozco que con el rostro de la chica, servidor y todo, el cine dio un bote considerable.
 
Primer bote en la butaca...
 

¡Un bote, dos botes...!
 
¿Más?  Ahí tenemos la escena de Rachel en el pozo, donde ve uñas clavadas en la pared, el descubrimiento del cuerpo de Samara (que, observad, viene acompañado de una música muy angelical para la pequeña arpía), su descomposición bestial en brazos de la periodista o el contenido de la peliculita maldita en sí, donde ves dedos que se mueven, una boca de la que salen intestinos o gusanos que se convierten en personas. ¿Es todo?  No, porque si a Rachel le sale un cable por la boca así, porque sí, te comienzas a temer lo peor. Y, claro está y cómo no, tengo que destacar la escena por excelencia de esta peli,  esa que va a hacer que la recuerdes aunque olvides todo lo demás y que la hizo famosa. Me refiero, claro, al momento de lucimiento final de Samara, cuando a la puñetera niña le da por salir del pozo y, ya puestos, de la tele. Y, como creo que hay cosas que hay que ver, dejo de escribir y te dejo que lo veas:
 
 

 
Los actores me parecen muy correctos pero debo reconocer que, para mí, la mejor es Naomi Watss, que es la que lleva todo el peso de la peli. Watts se las apaña para parecer algo distante al principio (como en esa escena con la maestra ridícula y hortera) y acabar siendo una especie de heroína anti-heroína que las pasa pero que muy canutas durante toda la peli. David Dorfman es el pequeño Aidan que, como ya he dicho, resulta un niño tétrico y sombrío que lo mismo se hace el nudo de la corbata para el funeral de su prima que le prepara a su madre el vestido para dicho acto. Supongo que el muchacho lo hace bien porque de dar esa imagen se trataba pero no entiendo por qué le ponen tan oscuro y, en definitiva, tan mortuorio. Martin Henderson como Noah me parece que cumple en su papel de compañero de la heroína. Por su parte Daveigh Chase sale poco como Samara pero, lo poco que sale, la niña se luce lo suyo.

 
 
¿Aspectos mejorables? Bueno, a parte del personaje de Aidan (lo reconozco, en la segunda me cae aún peor pero, en cuestión de gustos, ya sabemos…), siempre he pesando que la versión original japonesa, pesar de que es mucho más lenta y, a su modo, menos terrorífica en sus momentos clave, resuelve mejor la trama explicando el por qué de la cinta y, sobre todo, qué se hace con ella al final. En esta versión americana parece que lo solucionan todo muy rápido: hacen una copia de la cinta, vale. ¿Y…? Ah y, ¿quién sienta a Noah en el sillón cuando Rachel le encuentra? ¿Y quién mete a Katie en el armario?  ¿Samara? No creo…
Pues ahí queda. Yo, de manera particular, sí la recomiendo. Me parece que, en conjunto, es una peli llevada de manera bastante notable y, lo que es más importante,  te mantiene atento durante todo el metraje haciendo que, durante dos horas, te olvides de tus problemas y te centres en odiar a la niñita del pozo. Una peli de terror a la antigua: momentos tensos, un monstruo de turno que da miedo y golpes de efecto rápidos al son de efectos de sonido que te hacen botar en la butaca. Tiene un buen par de sustos que, seguro, recordarás. Eso sí, recomiendo ver la versión japonesa. Como dije antes, a veces es tan lenta que te dan ganas de dar un empujoncito pero viene bien por aquello de comparar.
Cómo no, tuvo una secuela un par de años después que, debo decirlo, me gustó bastante menso que esta.
Como broche final, te dejo una foto de Daveigh Chase, la niña Samara, en la actualidad. Es obvio que más crecidita y menos podrida que en la peli.

 
Vigilad el cielo.

jueves, 16 de mayo de 2013

La carreta fantasma

La carreta fantasma (Körkarlen)
(1921)
Director: Victor Sjöström
Guión   : Victor Sjöström 
 
 

Victor Sjöström
Hilda Borgström
Astrid Holm
Lisa Lundholm
Tore Svennberg 
 
 
 
La leyenda dice que, quien muere en víspera de Año Nuevo, se convierte en el cochero de la carreta fantasma, quien se encarga de trabajar para la Muerte… 

Lo admito; piqué cual mosca en la trampa. Leí el título, vi un par de imágenes y me tiré de cabeza a ver esta peli. Admitámoslo, la cosa, a priori, promete. Pensé que me iba  a encontrar una cinta de terror a la antigua usanza propio de estas películas, es decir, pocos miramientos, imágenes escabrosas y horror del directo y primigenio, que para eso hablamos de 1921 y servidor tiene una especie de debilidad rara hacia las cintas mudas de terror o misterio.
Pues no.
Lo que me he descubierto ha sido algo por completo distinto. Y es que esta cinta no es una historia de terror como yo (lo admito, en mi completa ignorancia) creía. Todo lo contario; es un drama de proporciones considerables con, eso sí, cierto toque fantástico.
Muy bien. Allá voy…

Debo reconocer que, cuando se nos explica la leyenda de la carreta fantasma quedé gratamente sorprendido y pensé “la cosa empieza bien y seguro que sigue mejor.”. Me parece que el golpe de efecto está muy logrado, con esa imagen tan aterradora del cochero fantasmal que, guadaña al hombro, conduce su carreta de pesadilla. Creo que ver esas imágenes en el contexto de una cinta muda tiene un encanto especial y, por qué no, transmiten cierta sensación de desasosiego. Mejor aún está hecho cómo recoge a los fantasmas de las víctimas, ya sea de los que se pegan un tiro o de los que mueren ahogados, efecto que hemos visto hasta la saciedad en muy distintas películas a lo largo de los años. Y más curioso resulta que esta, como dije antes, es una cinta de comienzos del siglo pasado y no puedo dejar de sorprenderme por, con lo limitado del medio aquel entonces, podían hacer estas cosas. Estupendo. Ahí es donde comencé a frotarme las manos y me preparé para dejarme llevar.


Pues mi gozo en el más profundo y oscuro de los pozos, amigos. Nada de miedo, menos de intriga y cero de emoción (aquí hay emociones pero mucho más dramáticas que aterradoras, que son las que a mí me gustan). Donde pensé que habría una trama de terror y tensión resulta que me he encontrado con un drama bestial acerca de un hombre, David Holm, que, tras una vida de dudosa rectitud, muere la víspera de año nuevo y, por ello, le corresponde ser el cochero fantasmal. Por eso, acudimos a una serie de largos, pesados y lentos flash-backs donde se nos explica su vida y, sobre todo, sus errores que, además, parecen importarle un rábano. Nada, que la vida está para vivirla y punto. El tipo es malo con avaricia y así se nos dice una y otra y otra vez. Todo ello, adornado con el hecho de que la mujer que le ama (que, por cierto, no es la suya. Esta huyó porque no lo aguantaba; no me extraña) cree que es buena persona y puede cambiar, aunque al mencionado David, por un oído le  entra y por el otro le sale.

En cuento a los actores, debo destacar, cómo no, a Victor Sjöström que, además de interpretar al ruin de David, firma y dirige la película. Hay que admitirlo: borda el papel de mala persona hasta tal punto que te creas que, de veras, hay seres humanos rastreros y malos. También es notable Astrid Holm como la moribunda Edit que aporta una carga dramática considerable y, en cierto modo, es la desencadenante de todo.
La película se me ha hecho lenta, muy lenta (la carreta se nombra por primera vez a los diecisiete minutos), ya que los mencionados flash-backs resultan tan eternos y pesados  como todo el metraje, repitiendo una y otra vez, bajo distintas situaciones, que David es una mala persona. Vale,  yo creo que nos ha quedado muy claro (al amigo le da igual contagiar a sus propio hijos con tuberculosis, toda una joya de tipo) pero se insiste una y otra vez. Si le sumamos que el tema de la carreta va quedando cada vez más de lado hasta prácticamente desaparecer, que el drama está que se desborda y que la moralina de ser malo tiene consecuencias peores aún, lo que tenemos es un dramón tremendo de proporciones universales que, bajo la apariencia de un título atractivo pero igual de engañoso, puede hacer que, si vas con una idea de esta cinta en la cabeza, te encuentres con otra muy distinta.
En definitiva, no me ha gustado nada. Ojo, que no digo en absoluto que sea una película mala porque, en primer lugar, a mí no me corresponde decirlo y, en segundo, creo que como drama bestial cumple (de hecho, si te metes en cualquier sitio de internet, la ponen por las nubes) Sí digo que se me ha hecho lentísima y que, en conjunto, me he aburrido bastante. Para quien le guste, ahí queda…
Vigilad el cielo.
 
 

domingo, 12 de mayo de 2013

Adiós a Constantino Romero, la voz de Darth Vader


Mala noticia para el universo de La guerra de las galaxias: Constantino Romero, actor, presentador, locutor y, cómo no, excelente actor de doblaje, ha fallecido. Decir su nombre es imaginar su voz inconfundible en boca de actores como Clint Eastwood, Arnold Schwazenegger o Roger Moore entre otros.
 
Pero, si su trabajo en el doblaje ha hecho brillar a un personaje, ese fue el malvado Darth Vader en toda la saga de La guerra de las galaxias. Su voz potente, poderosa, confirió una carácter único al Lord del Sith que fue (entre muchas otras cosas, claro está) la marca de fábrica de las películas en nuestro país.
 
Os dejo uno de los momentos más impactantes de la saga de La guerra de las galaxias y de la historia del cine: Darth Vader, malo por excelencia, es el padre del héroe Luke Skywalker.
 
 
 
 
 

sábado, 11 de mayo de 2013

La gran sorpresa

La gran sorpresa (The first men in the moon)
(1964)

Director: Nathan Juran
Guión   : Nigel Kneale, Jan Read

Edward Judd
Martha Hyer
Lionel Jeffries
 
 

 Unos astronautas que pisan la luna por primera vez se encuentran con una sorpresa: hay una bandera inglesa que reclama el satélite para el Imperio Británico que data del siglo XIX…


Esta película está basada en la novela “Los primeros hombres en la Luna”, escrita por H. G. Wells allá por 1901 y todo un clásico de la literatura de ciencia ficción que juega con una idea que ahora puede parecer simple pero que, por entonces, era el no va más: los viajes a la misteriosa Luna. Y, como muestra magistral de creatividad, nada de cohetes, reactores o cañones. El producto que provoca el vuelo es una sustancia, la cavorita, que, extendida y enfriada sobre una superficie, hace que esta desafíe la gravedad. Vamos, para quitarse el sombrero.
La historia parte de una premisa inicial de lo más atractiva: alguien ha estado en la Luna antes que los astronautas de la época (está ambientada en 1964) A partir de aquí, se produce un flash-back que narra lo que de veras ocurrió un siglo atrás y nos adentra en la historia del libro en sí.
Como la mayoría de las cintas de fantasía de la época, en esta película hay de todo: maquetas, monstruos, alienígenas, viajes peligrosos y mucha, mucha aventura de la buena. Por suerte, siguiendo el estilo de Wells (muy propio de la época en que se escribió la novela), por encima de todo puede respirarse ese aire ingenuo que se centra en el hecho en sí (viajar a la Luna untando una cápsula con una sustancia llamada Cavorita que burla a la gravedad) y no en datos científicos o técnicos que justifiquen de dónde sale cada cosa. A fin de cuentas, uno ve una película así para divertirse y no para ser abrumado por ciencia real pura y dura (al estilo Julio Verne)
Destaco la ambientación que, como ya dije, está situada en su mayoría en el siglo XIX y que, precisamente por eso, le da un encanto especial a la cinta. Las maquetas de las naves espaciales están bien conseguidas a pesar de que, a veces, se nota el truco, pero ello no interfiere en el objetivo de la peli, que es entretener al cien por cien. Lo mismo ocurre con las tomas del paisaje lunar que, en mi opinión, están muy bien hechas.
Los actores están muy correctos, sobre todo Lionel Jeffries en el papel del profesor chiflado Cavor. Lomismo puedo decir de Edward Judd como Bedford o Martha Hyer haciendo de la enamorada Kate.  Los personajes que representan están muy bien definidos y, cada uno, cumple a la perfección con su rol: el protagonista aventurero y algo caradura, la novia del héroe a veces incordiante y el sabio/profesor tan inteligente como despistado. Tópico absoluto pero, como todos sabemos, las viejas fórmulas siempre funcionan. Y, por encima de todo, un detalle que hace que muchos lo señalen como un pequeño defecto en la cinta en general pero que a mí me gusta porque la diferencia de otras producciones de la época: el humor que impera a lo largo de toda la historia, bien sea en forma de comentarios (hacia los ingleses, por ejemplo) o de lo que hacen y dicen los personajes en sí, sobre todo el del profesor Cavor y sus excentricidades (véase el chiste de “¿No están casados? ¡Entonces salga de su habitación!”)
Y, como es obvio, en una película de fantasía como esta no pueden faltar los efectos especiales. Como ya señalé antes, las maquetas de las naves y los paisajes lunares están más que logrados. Pero si de efectos hablamos, tenemos que hacer mención especial al responsable de los monstruos que, en forma de gusanos gigantescos (mi favorito) o selenitas variados, aparecen aquí. Me refiero, cómo no, al maestro Ray Harryhausen, el responsable de títulos como Jasón y los argonautas, Simbad y la princesa o, dos años después de esta gran sorpresa, la espectacular Hace un millón de años. Increíble que todas estas cosas se realizaran con muñecos articulados animándolos fotograma a fotograma. Por cierto, a destacar el efecto de los rayos X cuando los selenitas examinan a la chica o las explosiones que Cavor y su cavorita provocan para desafiar a la gravedad.
¿Cosas mejorables? Muchos, como ya dije antes, han atacado esta cinta por los toques de humor que contiene. Bueno, cuestión de gustos. Sí es cierto que lo mismo que brilla en algunos detalles, también canta en otros, como por ejemplo, algunos selenitas que se notan que son personas disfrazadas o que el toque cartón piedra de algunos paisajes es más que evidente (por cierto, ¿los focos que se ven reflejados en las viseras de los astronautas al principio son los del rodaje? Ahí queda eso…) Y, si nos ponemos en plan científico, descubriremos que, aquí, la ausencia de la gravedad se la comen con patatas, al igual que los astronautas se levantan la visera de sus escafandras y respiran como Pedro por su casa. Sí. ¿Y? No creo que nadie vea una película de estas características para asistir a una lección de física o astronomía. Yo, desde luego, no. Es más, me llama más la atención el horrible peinado de la peluca de la prota que cualquiera de las cosas anteriores pero, repito, sobre gustos…
Pues bien, esto es todo. Si podéis, dadle una oportunidad. A mí me gusta mucho y, siempre que la veo, paso un rato entretenido, que es de lo que se trata. Es más, os animo a leer el libro sólo por comparar qué grado de adaptación hay en esta película. Vais a descubrir una aventura en toda regla donde al lector no se le da tregua.
Y, para terminar, comentaros que, como gran defensor del doblaje español que soy, esta película es toda una lección magistral en ese sentido.
Por cierto, lo de “La gran sorpresa” es un comentario que hace uno de los astronautas al principio de la peli y que alguien (esto siempre me ha parecido todo un misterio) decidió usar como título en nuestro idioma ya que el original, como puede verse, va por otros derroteros (Los primeros hombres en la Luna) y está sacado directamente del libro. En fin… Ah, y que quede claro, en la novela de Wells, no hay personaje femenino que valga ni, por supuesto, época actual alguna (es decir, el inicio en el que ven restos de otros visitantes en la Luna es cosecha propia de la peli y gran punto a favor). Además, las aventuras de Cavor y Bedford son algo distintas a las que vemos aquí pero te dejo que lo compruebes leyendo el libro.
¿Listos para viajar?
¡Pues preparad la cavorita y abrochaos los cinturones!
Vigilad el cielo.
 

jueves, 9 de mayo de 2013

Mazinger Z contra el General Negro


Mazinger Z contra el General Negro (Mazinger Z tai Ankoku Daishougun)
(1974)

Director: Nobutaka Nishizawa
Guión   : Susumu Takasisa

Hiroya Ishimaru
Kiyoshi Kobayashi
Saiko Egawa
Ryouichi Tanaka
Kazuko Sawada
Jouji Yanami



 

 
Las huestes del General negro se proponen conquistar la Tierra. Mazinger Z deberá pararle…


¿Quién no ha oído hablar de Mazinger Z? Sí, ese robot gigantesco hecho de aleación Z que puede con todo. Cuando este vigilante del cielo era un mico, ver la serie era algo festivo, un momento mágico para ponerme delante de la tele (la ponían después de un programa que se llamaba Arenas y Cal) y, desde que comenzaba hasta que terminaba, simplemente me dejaba llevar de la mano de Koji Kabuto y su espectacular, bestial, poderoso robot durante veintitantos minutos de puro gozo y éxtasis.
Pues bien, lo años han pasado y me sigue encantando. Aquella serie tuvo (y tiene) una magia especial para mí que hace que siga disfrutando de todo lo relacionado con el robot hecho de aleación foto-atómica más famoso de la historia.
Pero lo que no todo el mundo sabes es que el éxito de la serie fue tal que tuvo una secuela: Súper Mazinger Z. Como lo habéis oído. También, claro está, salida de la imaginación del dibujante Go Nagai, creador de la obra original. Ok, este capítulo de apenas cuarenta y dos minutos de duración (muy intenso, eso sí) puede considerarse como el momento intermedio entre ambas series.
Como ya he dicho, el metraje que tenemos por delante no es para tirar cohetes así que no hay mucho tiempo para andarse por las ramas. Por eso, mientras vemos que Boss y sus amigos están dándose un baño, nos metemos de lleno en la trama cuando en esa primera escena aparece un nuevo monstruo mecánico cuya silueta puede parecernos extrañamente familiar. Acto seguido, la cosa se pone más interesante aún si vemos que un misterioso profeta del fin del mundo habla de algo llamado Demonio de las Tinieblas y pide la ayuda del robot Mazinger Z. Aquí, si has visto algo de la serie original, ya te puedes hacer una idea de lo que va a pasar: va a venir algún monstruo mecánico bestial y lo va a arrasar todo. Y no te equivocas, ya que es la excusa perfecta para que Mazinger entre en acción. Dicho de otra forma, puedes frotarte las manos porque los golpes, puñetazos, fuegos de pecho y puños fuera están asegurados.
 
Después de presentar a los personajes principales del modo más japonés que te puedas imaginar (léase Sayaka abofeteando a Koji por entrar en la ducha sin llamar…) comprobamos que los buenos se lo pasan de miedo descansando y tomando el sol. Lo bueno de esta escena es que, mientras los
los chicos se marcan un baile setentero como él solo al ritmo de una radio todavía más setentera aún, vemos, a modo de escena paralela, que unas huestes de robots mecánicos, gigantescos y feos como ellos solos están masacrando Nueva York, Moscú o París, recordándonos el motivo por el cual los padres de nuestra época (mira tú, que simpáticos. Hoy día, decir esto resulta risible), pusieron el grito en el cielo a consecuencia de la violencia de la serie y la acabaron cancelando por ello (destaco aquí que, de los noventa y dos capítulos, se emitieron sólo unos trece o quince… ¡pero qué trece o quince capítulos!) Me refiero, claro está, a la violencia que impera en las aventuras de Mazinger. Aquí, como en la serie, los monstruos destrozan edificios, monumentos y se cargan al personal sin ningún tipo de miramientos en secuencias que se recrean en mostrarnos las bestialidades mecánicas de los amigos. En este caso, monstruos hay para todos los gustos y, lo que es a mí, me encantan: unos en forma de pájaros, otros de tiburón, uno que tiene pinta de gladiador, otro de rinoceronte, otro que recuerda a la muerte… Y todos ellos espectaculares y cada uno masacra de un modo, como tiene que ser.




¿Termina ahí el festival de bichos raros? Ni de broma porque, a fin de cuentas, no tenemos ni idea de quiénes son. No hay que esperar mucho para conocer a otro ser extravagante cuyo diseño me encanta: mitad gladiador y mitad tigre. Como lo habéis oído. Me refiero al Duque Gorgon, súbdito del gigantesco General Negro (me encantan esos nombres) cuyo diseño es espectacular, como podéis ver en la foto que os pongo abajo. ¿Es todo? No ya que, para rizar más el rizo, falta uno que no tiene desperdicio: el general Velba Infernal, que tiene cara de hombre (más o menos), melena de león, mitad del cuerpo con cabeza de cocodrilo, alas y una cabeza de bicho raro por mano derecha. Vamos, alucinantes. Y es que, en cuestión de malos originales y de diseños espectaculares, los japoneses se llevan la palma pero, en lo que se refiere a Mazinger Z, los villanos y sus aspectos darían lugar para toda una enciclopedia.
El general Negro

Velba Infernal
 En cambio, el diseño de los bueno no ofrece sorpresas: Koji sigue siendo Koji, igual que Sayaka, Boss o el Profesor Yumi. Eso sí, siempre he pensado que el aspecto que tiene Koji aquí es bastante más adulto que el que veíamos en la serie, como si tuviera unos añitos más. Una cosa: Afrodita A aquí es distinta a la de la serie. Me gusta más  esta última, la verdad, aunque eso del Rayo Aurora para subir en moto a los controles me parece una chulada.
 

La trama, como puede verse, no puede ser de lo más sencilla: el General Negro se propone hacer de las suyas y Mazinger debe detenerle a toda costa. No más, pero tampoco menos. A fin de cuentas, si te propones ver esta peli, sabes con lo que te vas a encontrar.
Como ocurría con la serie, la cinta posee ese toque humorístico tan propio de los mangas, sobre todo centrado en Boss o en el episodio de la ducha que ya he comentado pero tampoco es que haya muchos motivos para reír. También, cómo no, tenemos el momento dramático que supone el regalo de cumpleaños de Shiro y el hecho de que este salga herido, lo que hace que Koji lo pase muy, pero que muy mal. Y es que ya sabemos que en cuestión de dramatismo, las series japonesas no se cortan un pelo, ¿verdad?
Sí me gustaría destacar una cosa que era una constante en la serie y que hizo, entre otras muchas cosas, que fuese el fenómeno que fue. Y es que Mazinger nunca fue el personaje perfecto al que todo le salía bien, aparecía en pantalla y derrotaba a los malos. Todo lo contrario: el robot fue tratado de forma muy realista (palabra que puede resultar de raro uso en la historia de un robot gigantesco que protege Tokio) y, además, a lo largo de los capítulos, se iba perfeccionando (por ejemplo, al principio, no podía volar y sus enemigos, desde el aire, le machacaban) Por eso, una de las cosas que te hacían no despegar los ojos de la pantalla de la tele era ver cómo tu héroe recibía que daba gusto (y Koji gritaba de dolor dentro de su cabina). Y aquí, en esta cinta, Mazinger, recibir, recibe de lo lindo. De hecho, bien mirado, se pasa toda la peli recibiendo palos hasta tal punto que se queda hecho un asquito de metal (de Aleación Z, eso sí) Y es aquí donde viene la sorpresa: donde hay un Mazinger, también hay un Súper Mazinger. Y el primero puede estar destrozado, pero, juntos, meten una caña tremenda y no hay huestes de Mikene que se les resistan. ¡Cómo tiene que ser! Por eso, me gustaría destacar la espectacular batalla final que hay entre los dos robots buenos y el ejército del General. Cosa curiosa, no se puede decir que el capítulo acabe ya que, si bien las huestes son derrotadas, el General escapa. ¡Señor, cómo me gusta…!

 

Y, ¿quién pilota a Súper Mazinger? Te lo podría decir pero prefiero que te animes a verla y lo veas tu mismo.
El único “pero” que puedo poner es que el doblaje no es el de la serie original. Y es que aquellas voces marcaron época…
Pues esto ha sido todo. ¿Me ha gustado? ¡Claro! Para mí, Mazinger Z es y será la mejor serie manga que ha dado la tele. La disfruté de niño y me sigue encantado el personaje (de hecho, detalle friki, tengo una réplica de las grandes en mi escritorio. Y bien orgulloso de ello) Te animo a que veas esta “peli”. Y lo de las comillas va porque, bien mirado, sería más adecuado decir que es un capítulo hinchado de cuarenta y dos minutos. Y, además, de paso, te recuerda la gozada que ver una peli de animación hecha a mano, con lápiz y tintas, sin ordenadores de por medio.
Vigilad el cielo y…
¡¡¡¡PUÑOS FUERA!!!!