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sábado, 3 de diciembre de 2016

No profanar el sueño de los muertos.



No profanar el sueño de los muertos.
(1974)
Director: Jorge Grau
Guión: Sandro Continenza, Marcello Coscia.

Cristina Galbó.
Ray Lovelock.
Arthur Kennedy.


En un pequeño pueblo los muertos se levantan de sus tumbas y siembran el terror...



Buenas.



Hoy traigo todo un clásico del cine de terror español. Sí, puede que esto suene un poco extraño para algunos pero así es. La verdad es que hacía mucho tiempo que quería ver esta cinta y, por fin, lo he podido hacer. Muy bien, esto es lo que me ha parecido.



La película comienza presentando a los personajes de manera directa. Así, conocemos a Edna que, cuando va a ver a su hermana, así, porque sí, estropea la moto de George, que es barbudo, hippy y amante de los animales. Y macho man ya que, como ella le ha fastidiado la moto, le quita el coche, conduce él y, si Edna fuma, le quita el cigarro de la boca. Y es que los barbudos, no sé por qué, son muy duros.



La peli sigue a los suyo cuando, como si tal cosa, vemos a unos
científicos probar un insecticida para matar bichos que, menos mal, usa ultrasonidos. Puede que esta escena te parezca una chorrada pero, si atas cabos, comprenderás que es muy importante.



No te preocupes por el terror de turno. El primer zombi aparece a los quince minutos, un desgraciado vagabundo que, después de vivir dando pena, no tiene otra cosa que hacer que resucitar. Lo bueno de ser zombi es que, si te atacan, todo dios piensa que estás chiflado o te has metido algo. Y eso es lo que le sucede a Edna. Lo malo es que el zombi, que no tiene otra cosa que hacer, mata al cuñado de la prota que, mira tú, tenía a su mujercita encerrada porque se metía de todo vena intravenosa.



La cosa se complica en el hospital, más que nada, porque hay unos niños recién nacidos que atacan a las enfermeras hasta casi arrancarles un ojo. Llegados a este punto, George, que es muy duro, decide ir con Edna al cementerio para comprobar que el vagabundo está muerto de verdad. Y, claro está, descubren dos cosas. Una, que el pobre es un cadáver. Dos, es un zombi. Y colega, como todo buen zombi, tiene unos cuantos amiguitos zombis enterrados con él que no duda en despertar. Y George Y Edna, encerrados con ellos en la cripta, las pasan canutas para salir de allí. Lo malo es que, junto con un poli, (el típico ideal para ser asesinado), y, quizás, presa de los nervios, no se les ocurre otra cosa que encerrarse en un edificio del cementerio. Y los zombis más felices que unas perdices porque, cuando devoran al poli, ponen una cara de satisfacción al paladear tanta víscera fresca y sanguinolenta. Ah, y puedes ser todo lo zombi que queras pero, si un tipo corre, le tiras una lápida en la cabeza y aquí paz y después gloria. Y aquí te dejo un spolier morrocotudo: ¿por qué se despiertan os muertos? Porque el insecticida que mata bichos los activa. Original, la cosa, es un rato. Ni meteoritos, ni radiaciones raras ni rayos gamma: insecticida.



La peli, a partir de este momento, se recrudece porque los muertos vivientes, sueltos, se lo pasan pipa entre tanto humano bobo que no tiene otra cosa que vagar de noche por un bosque o médicos que, en la morgue, dan la espalda a cadáveres como si nada. Pardillos... Con todo, la atmósfera de terror está muy conseguida a través de escenas nocturnas y agobiantes y, a la chita callando, hace que no despegues los ojos de la pantalla. Y, con el corazón en la mano, ese es el encanto de la cinta.



Los personajes no son más aquetípicos porque no pueden. George es el tipo duro, reblede y barbudo que es metido a calzador a héroe y el único que parece que comprende todo. Edna, la cara bonita de turno que no hace mucho salvo soltar algún grito. El inspector, el tonto del bote que representa la autoridad a golpe de bofetón. hay más pero, desde luego, secundarios que refuerzan a los principales. 



Y, de los personajes, a los actores. Bueno, yo diría que cumplen y listos. La verdad, no son papeles para mucho lucimiento interpretativo. Cristina Galbó (Edna), Ray Lovelock (George) o Arthur Kennedy (inspector), los principales, hacen lo suyo y listos.





Paso a algo fundamental: los efectos. Pues, si miras la fecha de la peli, te lo puedes imaginar y, si no, te lo digo yo: maquillaje, mucha sangre, lentillas y vísceras animales. Eso sí, no subestimes el lado gore de la peli, que es mucho y muy fuerte, sobre todo, para aquellos años. Al ejemplo de la enfermera boba que es asesinada por los zombis me remito. Lo que ves, es lo que había porque, como digo muchas veces, sí, había vida antes del CGI. Es cierto que los efectos pueden resultar un poco cantosos pero eso no quiere decir que están mal hechos; solo son producto de la época. Iban a asquear e impresionar y yo creo que lo consiguieron.









Y, ¿el final? yo no te lo voy a contar pero sí debo admitir una cosa: aquí, el homenaje a La noche de los muertos vivientes es más que evidente pero, está claro, no pudieron resistirse... al menos, en parte.


Pues esto ha sido todo. La verdad, me ha parecido divertida y, sobre todo, curiosa. Es un tipo de terror a la antigua usanza, es decir, ese que iba a hacer daño, provocar el asco y ser lo más desagradable posible. Entiendo que, en su momento, tuvo que serlo porque, por si no lo sabías, la cinta tiene cierta fama de peli de culto. Mírala algo así como un pariente lejano de The walking dead y listos. Por eso, te la recomiendo sin lugar a dudas.



Pero, lo más misterioso de la peli, el detalle más intrigante es este: ¿por qué sale un tía en pelotas cruzando un paso de cebra al principio de la cinta? y FIJO que esa no era una zombi...



PD: el Raid de toda la vida aquí hubiera ahorrado un montón de problemas.



Vigilad el cielo.



sábado, 26 de noviembre de 2016

Animales fantásticos y dónde encontrarlos





Animales fantásticos y dónde encontrarlos. 
(Fantastic animals and where to find them)
(2016)

Director: David Yates.
Guión: J.K. Rowling.

Eddie Redmayne.
Katherine Waterson.
Colin Farrell.
Dan Fogler.
Alison Sudol.
Ezra Miller.

Newt Scamander viaja a Nueva York en busca de animales fantásticos para el mundo mágico. En su camino, deberá enfrentarse a una amenaza que acecha desde las sombras...


¡Hola!


Hoy os traigo la reseña de uno de los platos fuertes de este año: el primer spin-off de la famosa saga de Harry Potter. Mucho se llevaba hablando de hacer una película basada en el universo de Potter pero no con los personajes que todos conocemos. Muy bien, después de calentar un poco el ambiente con la obra teatral basada en los personajes de J.K. Rowling (y que ella no ha escrito, vaya eso por delante), nos llegan estos Animales fantásticos y dónde encontrarlos. Muy bien, acabo de verla y esto es lo que os puedo decir.



Como siempre hago, primero, lo que me ha gustado.




Para empezar, la historia. O, mejor dicho, las historias. Porque aquí, amigos, puede decirse que hay dos. Por un lado, está la de Newt Scamander, que recolecta animales fantásticos y más raros que un perro verde y que los recupera con la misma facilidad con la que vosotros o yo cambiamos de clínex. Sí, de vez en cuando la cosa se pone un poquito peliaguda pero el muchacho cumple su función. Otra cosa es que, en el camino, se encuentre con alguna bruja que le haga tilín, con algún muggle, digo, no-maj (término americano de los muggles) que van a hacer que su historia tenga algo más de chicha y la peli avance. Por otro, la de una fuerza misteriosa e invisible (o casi) que está haciendo estragos por la calles de Nueva York y que implica la presencia de algo que puede ser más antiguo y peligroso de lo que parece. La cuestión es que dichas historias están enlazadas para que el conjunto final sea lo que vemos en pantalla, es decir, una peliculita de aventuras que trata de acercarse, en mayor o menor medida, a la sombra de lo que fue (y, a su modo, es aún) la saga de Harry Potter. Por eso, volvemos oír los alohomoras y algún que otro encantamiento mágico que, sin duda, nos suena a todos lo aficionados a eso de la magia.


Otra cosa a tener en cuenta en la trama es su toquecito adecuado de misterio. Con eso me refiero (no voy a hacer ningún spoiler) a todo lo referido a esa presencia maligna y que, en un principio, parece que va a ir por un lado y luego puede que vaya para otro. Sin duda, la resolución final de las cosas malas que ocurren y quién está detrás de ellas es uno de los platos fuertes de la peli y hace que las cosas no sean tan lineales.


Me ha gustado mucho que todos los acontecimientos sucedan en la década de los veinte o treinta. Para mí, gran punto a favor porque eso ha proporcionado dos cosas: un aire encantador a todo el conjunto y que, además, se desvincule un poco de los hechos de Potter, que transcurren en la época actual. Por eso mismo, trajes, coches, casas, edificios y demás parafernalia me han parecido muy bien llevados y, sobre todo, muy creíbles.


Sigo. La peli, sin duda, pertenece al genero de la fantasía y la
aventura pero, además, tiene un factor muy importante que suele aliviar tensiones en determinados momentos: el humor. Y este viene dado por el personaje de Jacob Kowalski que, desde prácticamente la primera escena, tiene que sufrir en sus carnes (hago énfasis en sufrir) el hecho de encontrase con gente mágica, que él no lo sea y que, encima, sea un individuo un pelín peculiar. Creo que estas situaciones y el propio personaje en sí, son aciertos en la cinta y eso, en la sala del cine, se ha notado.


Pero esta es una película con magia por delante y eso debe notarse en los efectos especiales. Si bien está claro que los monstruos, encantamientos y demás cosas por el estilo están clavados, sí me reservo un pequeño comentario a este respecto en el apartado de cosas que no me han gustado mucho.





Los personajes están muy bien definidos y, nada más salir en pantalla, sabes por dónde van a ir (bueno, la mayoría...) Está claro que Scamander es el empollón y académico de turno con grandes dosis de prudencia y timidez. Kowalski cumple muy bien dos funciones: ser el amigo del héroe y el punto cómico. Queenie, en versión femenina, es más o menos lo mismo. Tina es la amiga/novia del héroe y, por supuesto, luego están los que dan vida al asunto como Graves o Credence... entre otros.







Y de los personajes paso a los actores. La verdad es que me han gustado mucho y resultan muy convincentes. Eddie  Redmayne es el perfecto Scamander, tímido y valiente a la vez. Katherine Waterson cumple como Tina. Dan Fogler es Kowalski y el responsable de las carcajadas en el cine y, además, cae bien. Me gusta Alison Sudol haciendo de Queenie. Colin Farrell queda muy creíble en un papel que le viene como anillo al dedo. Ezra Miller como Credence está muy bien, más que nada, porque tiene cara de sufrimiento durante toda la peli.





Y ahora paso a los detalles que me han dejado un poco así, así. No son muchos pero ahí quedan.

Para empezar: esta no es una película de Harry Potter, por mucho que vendan la moto de que está relacionada con él. Sí, hay magos. Sí, se nombra a Howarts y, sí, sale el nombre de Dumbledore alguna vez. Pero ya. Por eso, me ha chocado que la peli empiece con la musiquita de Harry Potter. ¿No hubiera sido más lógico que la cinta tuviera su propio tema de entrada? Esto, claro, es mi opinión...

Con respecto a los efectos, como dije antes, están  muy bien, sobre todo, lo referido a animales raros como ellos solos pero también es cierto que muchas (si no todas) las tomas CGI son nocturnas. Ya sabemos que por la noche el tema efectos se disimula mejor pero sí me ha llamado la atención que no se hayan arriesgado a  mostrar algo de día con más claridad. Supongo que será cuestión de presupuestos y de facilidad y agilidad para rodar.





Y un último detalle en plan tiquismiquis. Fijaos en Redmayne. El tipo me gusta y lo  hace muy bien pero... ¿por qué no mira a sus compañeros de reparto a la cara en muchas escenas? Vale que el colega es tímido pero, tanto, tanto...

Y... final. La verdad, la peli me ha gustado bastante y es el colmo del entretenimiento. Para mí no es, ni de lejos, comparable a la saga Potter pero, desde luego, han sabido hacer un producto que hace que, durante todo lo que dura, te olvides de todo. Y eso ya es más que suficiente para este servidor.

Una última cosa: he leído que estamos ante una saga de cinco películas. Yo creí que esta de hoy sería algo independiente pero no. La cuestión es qué se van a sacar para completar otras cuatro más. Supongo, y esto es una teoría personal, que mantendrán al malo pero cambiaran el resto de protas porque, como es lógico, no vamos a estar cazando animales raros cuatro entregas más. Ahí queda eso.

Vigilado el cielo.







sábado, 19 de noviembre de 2016

El enigma de otro mundo







El enigma de otro mundo (The thing from another world)
(1951)
Director: Christian Nyby
Guión   : Charles Lederer


Kenneth Tobey
Robert Cornthwaite
Margaret Sheridan
Douglas Spencer
James Arness


Unos miembros del ejército son llamados para investigar un misterioso objeto que ha caído en el Polo Norte…



Los dorados años cincuenta fueron un campo de cultivo muy prolífico para el género de la ciencia ficción. En aquella época se rodaron toneladas de películas que definieron el género tal y como hoy lo conocemos: asistimos a invasiones de platillos volantes, monstruos mutantes, maridos espaciales u hombres menguantes que, en mayor o menor medida, siguen haciendo las delicias de los aficionados al género y, a veces, las tomamos como modelo para medir las que ahora se hacen.  Muchas hoy pueden destilar cierto aire cutrecillo pero adorable. Otras, en cambio, se han alzado como auténticos clásicos… como la película que hoy tenemos entre manos.

El grupo al trabajando...

El enigma de otro mundo es un caso raro dentro de la ciencia ficción de la época; está demasiado bien hecha y, encima, envejece con total dignidad. Muchos fueron los factores que intervinieron en este fenómeno.
Nada más empezar la película uno agradece que el típico narrador
con voz en off tan usual en los cincuenta en las cintas de ciencia ficción no haga su aparición. Menos mal. En la primera escena asistimos a la presentación de los personajes y se nos deja clara una cosa: esta es una película de diálogos. Y diálogos muy bien escritos y mejor llevados. Pronto nos damos cuenta de que es esta característica la que da a la cinta en general ese ritmo tan bien marcado que hace que te pegues al sofá y no quites ojos de la pantalla. Sin prisa, pero sin pausa, pasamos a la siguiente escena donde ya nos ponemos alerta: un avión no identificado se ha estrellado. Nada raro si no fuera porque eso no tiene que producir perturbaciones magnéticas de ningún tipo. Seguimos con más personajes y conocemos a la chica de turno, Nikki, que no encaja en el modelo “novia del héroe-desdichada”  Es más, es ayudante de alguien importante que se nos presenta de inmediato: el doctor Carrington, un científico muy bien interpretado por Robert Cornthwaite y que ya nos deja claro que de avión nada. Unas fotos lo demuestran.




La acción transcurre tranquila pero sin dejar ningún cabo suelto. Y en ello, de nuevo, los diálogos tienen una importancia más que fundamental: bien medidos, definiendo cada personaje y haciéndoles notar. Ya, cuando vamos al hielo y vemos el panorama, no queda más que dejarnos llevar por lo que dicen en esta escena mítica:




A partir de aquí, la acción está muy bien medida, mostrándonos las interacciones entre los personajes que, en la mayoría de los casos, no hacen más que discutir. Muy educados todos, eso sí, pero discutiendo. Y es que, lo repito, pocas películas de esta clase, si no ninguna, tienen unos diálogos tan buenos como estos.



Otra factor a tener en cuenta es la sutiliza que reina en todo el metraje. No tenemos que olvidar que, a fin de cuentas, estamos hablando de una historia bien simple: un extraterrestre viene a la tierra y empieza a hacer de las suyas entre unos científicos en el Polo Norte. El tema hubiera dado más que de sí para maquillajes variados, monstruos mejor o peor hechos y todo un despliegue de efectismo barato propio de la época. Pues bien, aquí todo se insinúa, muchas veces, usando los diálogos. ¿Vemos al extraterrestre en cuestión? De pasada (muchos dirán que eso y nada es lo mismo). De hecho, una vez encerrado en hielo (me encanta esa toma) y una escena rápida machacando una puerta (luego sale, sí, pero visto de lejos o envuelto en llamas) Pues bien, es un personaje, uno de los militares, quien dice al capitán (y de paso a nosotros) cómo es, qué aspecto tiene… ¿Por qué mostrar con efectos que hubieran sido algo primitivos lo que se puede insinuar? Y lo mismo ocurre cuando el brazo cortado del alien cobra vida. Si nos fijamos bien, hay un actor con la cabeza en medio del miembro en cuestión pero se entrevén los dedos moverse mientras el doctor Carrington y su equipo nos describen con palabras qué sucede. Insuperable.




La tensión en la película se palpa en todo momento, no sólo porque el monstruo está libre y es una amenaza brutal, sino porque los personajes, al chocar entre sí, hacen que las chispas inunden el ambiente. Y todo, lo digo otra vez, a través de un ritmo perfecto, marcado y llevado de forma magistral.





Tobey
Como ya he mencionado antes de pasada, otra cosa a tener en cuenta en esta película son los actores. Todos están muy bien, muy naturales, ya sean protagonistas o secundarios. Yo destaco, sobre todo, Cornthwaite como el doctor, estirado, brutalmente educado pero que no puede evitar dejarse llevar. Kenneth Tobey  está muy bien como el capitán Hendry, que mantiene el rango y las distancias pero, a la vez, resulta muy cercano. Y, por supuesto Douglas Spencer como Scott, el periodista bocazas y verborréico que no para de meter baza en cualquier situación. Debo admitir que a mí, al principio, era un personaje que no me terminaba de gustar; es más, hasta me caía un poquito gordo, siempre en mitad de todos los fregados y despilfarrando aire periodístico pero, a fuerza de verla muchas veces (y las que quedan…) hasta me empieza a caer bien. El resto, como secundarios, bastante correctos. Destaco el papel de la chica, Nikki, interpretado por Margaret Sheridan, que sale poco pero es una más del equipo de los buenos, sin amilanarse ni gritar porque sí.
La película, a pesar de ser de ciencia ficción e incluir naves, explosiones y extraterrestres con mucha mala savia espacial, no tiene muchos efectos especiales. No, al menos en la línea de las producciones de la época. De hecho, quitando la explosión con cargas térmicas y los electrodos que aplican al alien vegetal al final, pocos más vamos a encontrar (si no tenemos en cuenta la escena en la que arde) Pero, a fin de cuentas, ¿quién los necesita cuando se tienen todos los cabos tan bien atados como aquí? Lo dicho, sutileza y elegancia…
Hablar de curiosidades acerca de esta película implica caer en los comentarios de siempre acerca de la misma. ¿El principal? La dirección. Está firmada por Christian Nyby y producida por Howard Hawks, todo un monstruo en lo suyo. Ahora bien, la cuestión es quién hizo qué. Muchos dicen que fue el primero quien la dirigió bajo las órdenes bien claras del segundo. Otros opinan que Nyby hizo un aporte mínimo y que Hawks la dirigió a pesar de no estar acreditado. Los que respaldan esta versión se apoyan, sobre todo, en la temática de la cinta (personajes encerrados sin ayuda posible bajo una amenaza) y en el ritmo que marcan los diálogos, muy propios de Hawks. Con todo, si la controversia no fuera suficiente, hay que mencionar dos leyendas urbanas. Una, que James Arness (el alien) sostiene que era Nyby quien dirigía a pesar de que Hawks siempre rondaba el rodaje. Otra, que el protagonista, Kenneth Tobey, dice lo contrario. Y yo digo que a saber y qué más da a fin de cuentas. El caso es disfrutar de esta joya, que tiene muchos quilates en su haber.
Otro detalle curioso es el monstruo en sí. Hawks (de nuevo
mandando en su labor de productor), no estaba nada satisfecho con los diseños que hacía para el monstruo Lee Greenway y que este pasó varios meses probando y probando hasta que hubo uno que le gustó al productor. Sugerido por Hawks, le puso a James Arness una especie de frente tipo Frankenstein. No obstante, uno duda de si la cosa le gustó o no al jefe porque, al final, el rostro del alien sale muy poco.


Cosas de Hollywood:


Hawks quería algún tipo de seguro para la película pero nadie le tramitaba ninguna póliza. ¿Cómo asegurar a los actores que en pleno rodaje iban a simular ser congelados, quemados y atacados por perros hambrientos? Al final, lo consiguió.
Arness medía dos metros. Fue conocido por trabajar en otras series como Gunsmoke o La conquista del oeste.
En cuanto a presupuestos, hay diferentes teorías: unos dicen que tuvieron el equivalente a una peli de clase A, es decir, pasando del millón de dólares y otros que ni de broma sucedió eso. Ni soy experto ni quiero serlo pero vista la sencillez de todo en la peli, sin estrellas de primera fila en el reparto ni efectos espectaculares, yo me inclinaría pero lo segundo pero, repito, digo esto desde la ignorancia. Sea como fuere, ¡qué dinero más bien empleado!
Y, para terminar, no se puede hablar de esta película sin mencionar el remake de 1982 de John Carpenter, La Cosa, todo un acierto y una cosa rara dentro del mundo de lo remakes por lo bien que está. Eso sí, donde aquí se insinuaba, en la peli del ochenta y dos veíamos al monstruo en todo su esplendor, arropado por una buena dosis de casquería variada.
Nota personal: en la edición en vídeo que compré hace años, hay una escena de tonteo romántico entre el prota y la chica en la que ella le ata a una silla. En Dvd no he visto esa escena. Esta es una imagen de la misma:



Pues todo esto, amigos. Y. como colofón, quiero cerrar esta reseña haciendo mención del diálogo que el personaje de Scott dice al final de la película (tras una introducción algo pedante aludiendo a Noé pero no todo puede ser perfecto) y que me inspiró para nombrar este blog:


          
Pues eso, amigos: ¡Vigilad el cielo! ¡Vigilad!





domingo, 6 de noviembre de 2016

El baile de los vampiros






El baile de los vampiros. 
(The fearless vampire killers)
(1967)
Director: Roman Polanski.
Guión : Gérard Brach, Roman Polanski.


Roman Polanski.
Jack MacGowran.
Alfie bass.
Ferdy Mayne.
Iain Quarrier.
Sharon Tate.




El profesor Abronsius y su ayudante Alfred viajan a Transilvania para acabar con un vampiro…


Vamos allá con una peliculita que siempre me ha parecido curiosa. ¿La razón? Mucha gente ha oído hablar de ella pero eso no quiere decir que la hayan visto y, si lo han hecho, las opiniones acerca de la misma suelen ser muy variables. Yo, en muchas ocasiones he oído eso de “Sí, la de Roman Polanski, la de vampiros” pero poco más. Creo recordar que la vi hace un tiempo y la impresión que me dejó fue algo así como “ni fu, ni fa” pero, ya que me dedico últimamente a eso de vigilar los cielos, he decidido darle otra oportunidad. Muy bien, allá vamos…

Para empezar, sí me gustaría dejar clara una cosa: aunque hay vampiros con baile incluido y se oye la palabra Transilvania, esta no es una película de vampiros como todo el mundo piensa. Dicho de otra forma, esta cinta no es de miedo ni está en la misma línea de, por ejemplo, las películas de Christopher Lee. Y es que una de las características más evidente de la peli que tenemos por delante es que, por encima de todo el conjunto, se respira un aire de cachondeo más que palpable que hace que, si la ves por primera vez, te quedes algo sorprendido porque, quizás esperabas otra cosa. Cierto es que muchos, no sin cierta razón, sustituyen la palabra “cachondeo” por la expresión “humor burdo” Bueno, eso ya va en cuestión de gustos…

La película tiene varias cosas que me han gustado. Para empezar, nada de irse por las ramas y acudimos a una presentación inmediata de los protagonistas, Abronsius y Alfred, con narrador en off de por medio, en la lejana Transilvania. Y ya aquí vemos que algo pasa con el tono supuestamente serio que uno espera porque, o bien nos fallan los sentidos o el profesor Abronsius va hecho un polo en el carro. Y no lo digo exagerando: el amigo está medio congelado.

De ahí pasamos a una taberna en la que, por suerte, descongelamos
al profe pero también vemos dos cosas: para empezar, los pechos de una chica muy en la tradición de estas pelis. Luego, todo está plagado de ajos. Y aquí conocemos a más personajes: por un lado, el histriónico Shagal que, aparte de dueño de la taberna, está más salido que la punta de una lanza y va a por la pechugona que antes he nombrado. Por otro su hija, igual de pechugona que la anterior pero con el rostro y cuerpo de la bellísima Sharon Tate (Sarah), que no se corta en bañarse a todas horas aunque eso suponga que su padre le suelte una azotaina a voz en grito. Con todo, rarezas a un lado, destaco la ambientación de época en cuanto a escenarios y trajes. Si el profesor pregunta por un castillo y el único que habla es un tartamudo al que tapan la boca sin ningún pudor, ya es otra cosa.
Tras comprobar que aquí todo el mundo está como una chota (el profesor usa unas ventosas en la espalda a saber para qué, su ayudante, Alfred, es un inútil redomado, Shagal sigue salido levantándose en plena noche para darse un gusto con la pechugona...), se produce el primer ataque contra Sarah por un vampiro sucedáneo de Dracula que, ya puestos, antes de que le crezcan los colmillos parece que le ha crecido otra cosa porque se ha dado un festín viendo como Sarah se daba un baño. No le culpo. ¿Es eso todo? No, su padre, Shagal el salido, cae poco después en forma de casero congelado y previamente desangrado.

Y aquí seguimos con ese humor raro, ya que Shagal se convierte en vampiro poniendo todo tipo de caras y gestos extraños. Eso sí, sin dejar de perseguir a la criada de turno. Y es que ¿quién dijo que por ser un muerto revivido de manera vampírica no puedes tener tu fantasías? Por eso, el profesor y Alfred van tras él en una persecución de dibujo animado con confusión de barril de vino incluida, frase de “No está mal este vinillo” y profesor borrachín al final.




La cosa parece que se pone un poco seria cuando van al castillo y conocemos al conde y su hijo, Herbert pero el humor raro vuelve cuando buscan la cripta donde duermen los vampiros, que incluye al profesor atascado en un agujero, Alfred luciendo inutilidad para clavar una estaca o a Shagal que, cual mosca cojonera, dormía en el ataúd de Herbert ya que el sótano no le hacía gracia. Si a eso le añadimos que cuando se despierta vuelve a por la criada (que al final, debo decirlo, cae. Y es que, el que la sigue, la consigue) o ciertas tomas a cámara rápida de los protas tratando de armar un cañón, el humor (raro) está servido.





Y parece fácil...


Y así, asistimos a la escena del baile final Muy curioso esa escena en la que el conde y su hijo despiertan a los vampiros para que se unan a la fiesta y, de paso, asistir al rescate de Sarah.

¿Y qué hay del final? No lo voy a contar por si alguno se anima a ver la peli pero, con todo, creo que puede provocar dos opiniones: o crees que es una tontería, porque, después de todo lo que han pasado terminar así no tiene sentido, u opinas que la cosa, al menos, es original. Yo me inclino más por lo primero pero, como siempre digo, para algo están los gustos y las opiniones.

Los actores, por su parte, me parece que cumplen. Polanski queda bien como ayudante algo torpe, si bien resulta un poco inexpresivo y soso. Jack MacGowran resulta muy cómico como profesor chiflado a lo Einstein. Alfie Bass es el vampiro más raro, salido y juguetón que jamás he visto y tiene su gracia. Ferdy Mayne no es que se luzca mucho como conde pero ahí queda, lo mismo que Iain Quarrier que, sobre todo, luce peinado. Sharon Tate no es que se prodigue mucho pero lo poco que lo hace alegra la vista del, a veces, confundido espectador.








La película, en su conjunto, me ha parecido pasable, si bien es cierto que, en algunos momentos se me ha hecho algo lenta. Pienso que, sin ese humor tan extraño la cosa hubiera quedado mejor. No es que sea un punto en contra, pero creo que, muchas veces, la cosa está un poquito metida con calzador y uno no sabe si la cosa va en serio o no. Con todo, la acogida de público y crítica fue tan fría como cualquiera de los que acaban congelados en la peli. Polanski arremetió contra los productores que, según él, metieron la tijera de por medio y se cargaron mucho de la cinta. Quién sabe. Yo recomiendo verla, al menos, una vez, aunque sólo sea por ver a Sharon Tate en todo su esplendor. Eso sí, con la mente abierta, dispuestos a pasar un ratito agradable o, por lo menos, curioso. De lo contrario, puede que te estrelles.


Vigilad el cielo.





lunes, 31 de octubre de 2016

Sleepy Hollow



Sleepy Hollow (Sleepy Hollow)
(1999)
Director: Tim Burton.
Guión : Kevin Yagher, Andreew Kevin Walker.

Johnny Depp.
Christina Ricci.
Miranda Richardson.
Michael Gambon.
Richard Griffiths.
Jeffrey Jones.
Ian McDiarmid.
Michael Cough.
Christopher Walken.



El policía Ichabod Crane debe ir a Sleepy Hollow ya que hay una serie de muertes en las que los cadáveres aparecen sin cabezas…



Hoy os traigo una peli del amigo Tim Burton (sí, el mismo que hizo Batman, Eduardo Manostijeras o esa cosa tan rara de Alicia en el País de las Maravillas). Esta historia está basada de manera muy, pero que muy libre, en el clásico de Washington Irving La Leyenda de Sleepy Hollow. La historia tiene todos los elementos que a Burton le encantan: un ser sobrenatural de leyenda (el jinete), y una trama de misterio y sangre. Para protagonizarla, otra vez, su actor fetiche, Johnny Depp.

Vamos a ello.

A favor puedo destacar varias cosas. En primer lugar, la peli va al grano desde la primera escena, esa en la que vemos a un personaje (Martin Landau) que huye en su carromato. Lo bueno es que suceden dos cosas. La primera, le cortan la cabeza al chófer. La segunda, se la cortan a él. Mejor comienzo, imposible.

Esta rapidez va a seguir porque, nada más enlazar con la escena siguiente, se nos va a presentar al prota y su misión. Depp es Ichabod Crane, un detective más dado a pensar y analizar que a actuar. Su misión, por bocazas, es ir al pueblo de Sleepy Hollow a saber por qué allí la gente aparece sin cabeza. Directo, sencillo y al grano. A partir de aquí vamos a asistir, de manera bastante vistosa y entretenida, al proceso de investigación que Crane lleva a cabo en el pueblecito y a las aventuras (o desventuras) a las que debe de enfrentarse.

De inmediato, los personajes secundarios, tan importantes en una trama de detectives (esta historia, a fin de cuentas, lo es, con sus elementos fantásticos, pero historia de detectives a fin de cuentas) van a ser presentados en forma de hombre rico del pueblo, doctor u hombre de leyes que van a hacer que, por una parte, la trama se enriquezca a la vez que se complica y, por otra, aumentar las dudas de Crane y del espectador acerca de quién es o no culpable de lo que está sucediendo. 

Otro de los aspectos que me gustaría destacar es el misterio que
acompaña a todo. Aquí todo el mundo parece saber algo importante y lo oculta. Por eso, a medida que avanza la trama, somos testigos de cómo las pesquisas de Crane van siendo cada vez más importantes y, sobre todo, van tomando forma, algo que nadie del pueblo (ni muchos de los espectadores) creían de alguien tan esperpéntico como el policía que interpreta Depp. A este carácter misterioso propio de una historia de crímenes, hay que sumarle el no menos importante detalle fantástico. Para mí este está muy bien llevado y mostrado y me recuerda mucho a aquel tipo de terror gótico que tanto vimos en plena época de esplendor de la Hammer. Por eso, por un lado, tenemos a los seres sobrenaturales en sí, como el jinete o la bruja del bosque y, por otro, el terror propio de ver un montón de cadáveres descabezados, las susodichas cabezas rodando por el suelo o un montón de sangre salpicando a Crane. Y digo esto porque, bien mirado, creo que nadie recibe sangre excepto él.


Aquí me gustaría hacer un pequeño alto es una cosa que me encanta de esta peli: el malo. Si has leído cualquier reseña mía te habrás dado cuenta de que tengo una cierta debilidad por los del Lado Oscuro de la vida porque, en realidad, sin ellos no habría ni héroes ni historia. Pues bien, el malo que tenemos aquí me parece muy logrado. Para empezar, no dice ni una palabra. Pero es que no le hace falta porque pega cada mandoblazo con ese espadón que hace que todos pierdan la cabeza (ja, ja, ja. Por favor, sé bueno y, después de esta agudeza, hazme el honor de seguir leyendo) El aspecto que, estando vivo, le dieron me parece estupendo: pelos de loco tiesos como escarpias que me recuerdan a Goku, ojos de pesadilla y dientes de… ¿tiburón? El caso es que destila una fiereza descomunal y, a lomos de ese caballo negro tan imponente, no digamos. Pero es que cuando el amigo está muerto y se pasea por ahí sin cabeza es aún mejor. Parece un monstruo sacado de cualquier historia de Scooby Doo pero el tío no tiene preferencias con nadie: se carga a hombres, mujeres y niños. Como tiene que ser. Y, como además es chulo como es solo, bien que hace esas virguerías con la espada cuando desenvaina o la guarda. Y es que, se puede ser malvado y diabólico pero, si hay que lucirse, se luce. Por eso, me encanta la historia del germano y cómo se convierte en el jinete sin cabeza. Tengo que decir es totalmente inventada para la peli ya que en el libro no es así ni mucho menos pero, la verdad, al menos para mí, aporta mucho y bueno a la peli. 

Con cabeza.

Sin cabeza.


Pero, como he dicho antes, esta es, o intenta ser, una historia fantástica con tintes de terror. Y, ¿cómo se demuestra este aquí? Pues con un montón de muertes y lo que estas suponen. Las primeras me parece muy bien hechas y, sobre todo, muy divertidas. Me encanta cómo el jinete rebana cabezas y estas dan unas cuantas vueltas en el cuerpo antes de caer. Luego tenemos el hecho de ver todos esos cadáveres en sus cajas, sin cabeza mientras se descomponen o el grupito de cabezas en el árbol maldito.

Esto me lleva a otro aspecto fundamental: los efectos especiales. A
mí, por lo menos, me gustan porque, si bien está claro que aquí hay ordenador de por medio, no todo se reduce a él. De hecho, por la fecha en la que se rodó la peli, las tomas digitales aún no habían vivido la eclosión que viven ahora. Por eso, están ahí (el ejemplo del jinete sin cabeza es el más básico o la calavera de este cobrando vida) pero, también, hay efectos muy manuales: los cadáveres descabezados, las propias cabezas o la sangre del árbol salpicando a Crane. Esto, para mí, hace que la peli, en su conjunto, tenga cierto aire no moderno muy distinto al que tendría si se hiciera hoy día.



Paso a los actores. Para mí, bien, todos ellos. Depp se recrea en un papel que le viene al pelo, a camino entre los serio, lo cómico y lo timorato. De ahí que se pase media peli poniendo caras de asco ante lo que ve o poniéndose en la cabeza artefactos extraños que le hacen los ojos grandes como platos. Cristina Ricci, con ese pelo y cejas tan rubios platino siempre me ha quedado un poquito rara, pero cumple. Por supuesto, debo de hacer una mención especial al jinete sin cabeza, cuyo rostro no vemos pero es este mismo:



Eso es. El actor es Ray Park, que puso rostro y ademanes a Darth Maul, el malvado Sith de La Amenaza Fantasma.




Pero, lo más curioso en cuestión de reparto, es el montón de secundarios de lujo y míticos que contiene esta peli. Ahí tenemos a Christopher Lee (Drácula, conde Dooku), Michael Cough (que, compartiendo cartel con Lee, hizo de Harker en Drácula), Ian McDiarmid (el malvado Palpatine de la saga de La guerra de las galaxias), Richard Griffiths (el tío Vernon de Harry Potter) o, Michael Gambon (Dumbledore), Martin Landau (Ed Wood, Con la muerte en los talones) o, cómo no, Christopher Walken haciendo de jinete. Vamos, todo un lujo.

MacDiarmid, alias El Emperador.


Lee, alias Drácula, Conde Dooku.


¿Coas que no me han gustado mucho? Bueno, solo comentaría, por
un lado, la historia de la infancia de Crane. No digo que esté mal porque, en el contexto de la peli puede pegar para explicar cierto bagaje del personaje, pero también opino que esas escenas ni pinchan ni cortan… salvo para dar un papelito la entonces mujer de Burton Lisa Marie, claro. Por otro, y esto no deja de ser una opinión mía, creo que Burton se lía la manta a la cabeza demasiado con tanto nombre y relaciones en la trama que se traen los personajes secundarios. Esto, repito, es solo mi opinión.

Esto ha sido todo por hoy. Lo digo: esta peli me gusta. La vi, en su época en el cine y salí contento. Luego, el porrón de veces que la he visto en dvd me sigue dejando el mismo sabor de boca: una peli divertida que, sin pretender ser una obra maestra del género, cumple a la perfección el sano hecho de pasar un rato por Sleepy Hollow dejándote llevar por las grilladas de Burton y su actor Depp.

Por cierto, os recomiendo leer el libro. Es muy cortito; se podría decir que una novela corta. Fijaos si han cambiado cosas que, en él, el personaje de Crane no es policía, sino maestro. Pero un maestro tontorrón, inocente y buena persona que se enamora de la más guapa del pueblo. Y no hay tal jinete; no al menos como lo vemos aquí. De hecho, todo es una broma que le quieren gastar. Si veis la peli (que espero que sí), recordad el momento en el que el personaje de Brom (el sosainas de Casper Van Dien) le gasta una broma a Crane. Ahí es donde acaba el libro. Sólo como curiosidad.



Vigilad el cielo.