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sábado, 2 de noviembre de 2019

Pesadilla en Elm Street


A Nightmare on Elm Street (1984)
Pesadilla en El Street.
A nightmare on Elm Street.
1984.
Director: Wes Craven.
Guión: Wes Craven.

Heather Langenkamp.
Robert Englund.
Amanda Wyss.
Johnny Depp.
Jsu Garcia.
Ronee Blakley.
John Saxon.


Unos chicos tienen unas pesadillas horribles. Y, en todas ellas, aparece un mismo personaje que tiene cuchillas en sus dedos...


Saludos.

Hoy me visto de clásico. Y ochentero, además, con una película que no solo es un hito dentro del cine de terror (ochentero), sino porque ya ha alcanzado, por méritos propios y de manera bastante sobrada, el estatus de mito. Y es que esta pesadilla en la calle Elm fue una de las reinas indiscutibles en las estanterías de los video-clubs allá por los gloriosos años ochenta, una peli que tenía fama de codiciada y terrorífica que madres, padres e hijos se mataban por alquilar para poder disfrutarla en casa.

¿Listos?

Resultado de imagen de a nightmare on elm streetLo primero que hay que destacar, monstruo, efectos y golpes de efecto a parte, es la historia. Como poco, hay que decir que es sublime. Aquí volvemos a enfrentarnos al monstruo de turno. No al psicópata asesino tipo Jason, Michael Mayers o Norman Bates, todos ellos humanos. No. Aquí volvemos a la idea del monstruo que aterroriza y mata. Por eso, la historia con este personaje es tan buena y es una muestra perfecta de lo excepcionales que fueron los ochenta para con el cine de fantasía, terror o ciencia ficción. La idea de un monstruo que mata en sueños y, por tanto es casi imposible de matar me parece sensacional, propia de un desequilibrado o de un genio pero, desde luego, sensacional. La historia que tenemos por delante es, en realidad, una que estamos hartos de ver en el cine: la de una venganza. Sobrenatural, pero una venganza. Fíjate: unos padres hartos de un asesino de niños, deciden acabar con él y este vuelve en sueños no a matar a dichos padres, sino a los hijos. Absolutamente genial.

Pero, sin duda, a parte del eje de la trama, tengo que destacar dos puntos muy potentes a favor y que, sin duda, los que han hecho de esta película el mito que es.

Resultado de imagen de a nightmare on elm street 1984Por un lado, está el misterio. Y es que, durante buena parte del metraje de la cinta no tenemos ni idea de quién es Freddy, de dónde sale, por qué hace eso o, a fin de cuentas, qué relación tiene con los chicos protagonistas. De hecho, esto se explica bastante avanzada la peli, casi podría decirse que en su tramo final pero, por el camino, tampoco es que te pares a pensar el por qué de todo porque el guión es tan entretenido que llega a darte igual. 

Por oro, el tipo de terror que vemos en la película está muy bien mostrado y, desde luego va a lo que va, esto es, a hacer el máximo daño posible. Ten en cuenta que la peli es de mil novecientos ochenta y cuatro y, te lo repito, estaba considerada como el colmo del terror. Las escenas de las muertes son tremendas y, aún hoy, siguen impactando. La muerte de Tina, flotando en el aire  mientras su novio en calzoncillos lo ve todo me sigue encantando, lo mismo que la de Glen con esa cascada de sangre inversa que empapa el techo sin gotear nada. Pero, claro, no solo de muertes vive la pesadilla ni el guión porque este ofrece una serie de detallitos que provocaron el susto del personal y, aún hoy, son dignos de ver. Qué se puede decir de la imagen de Freddy, en pura penumbra, mientras sus brazos se estiran arañando con sus cuchillas la pared o cada una de las apariciones de Tina en la bolsa de cadáveres o de cómo Freddy se amputa miembros para comprobar que esta hecho de gusanos y demás cosas viscosas. ¿Se nota el efecto? A veces sí. ¿Importa? Ni un comino ya que lo que se perseguía era el impacto y eso lo sigue haciendo. Ah, el teléfono con lengua es otra perla que hay que descubrir... Y estos son solo pequeños ejemplos. Como momento preferido, me quedo con el de la bañera. La angustia de ver a Nancy sumergida en el agua mientras Freddy tira de ella viéndose el hueco de la bañera en la parte superior de la pantalla me parece soberbia.


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Esta escena se copió en el remake de 2010 y el ordenador cantó 
lo suyo. 

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Sublime.

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Resultado de imagen de a nightmare on elm street 1984 nancyLos actores siempre me han gustado mucho y creo que, cada uno, a su modo, hace un trabajo bastante notable. Heather Langenkamp es la Nancy perfecta con esa cara de niña que tiene. Amanda Wyss como Tina queda muy bien, ya sea en la bolsa de cadáveres o fuera de ella. Johnny Depp (sí, este es su estreno en la gran pantalla) quizás se luce un poco menos ya que su papel era precisamente más simple; el típico noviete que es carne de cañón. Moraleja: si usas esa camisetita hortera y ochentera que te deja el ombligo al aire, es normal que te mate un monstruo. Jsu Garcia como Rod queda bastante creíble en un papel de chulo y matón pero siempre me pareció que si este tipo tiene quince o dieciséis años es cuestión de echarle mucha imaginación al tema. Ronee Blakley como Marge también está muy creíble y esa mirada triste le viene muy bien a la faceta alcohólica del personaje. Por su parte, siempre pensé que John Saxon como poli y papi de Nancy está más para dar caché que otra cosa porque, si veis los títulos, aparece el primero a pesar de ser un secundario considerable.

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Pero decir Pesadilla en Elm Street es hacer referencia a su protagonista, Freddy Krueger y, por supuesto, al actor que lo interpretó de manera soberbia y lo elevó a la categoría de leyenda. Y es que decir Robert Englund en el cine de terror es lo mismo que pronunciar Karloff, Lugosi o Chaney. Englund hizo un trabajo fantástico y supo aportar una expresividad a un personaje con apenas rostro que lo convirtieron en historia. Siempre pensé que la clave estaba en que ese perfecto maquillaje dejaba bien claros los ojos del actor, lo cual dio a Krueger un personalidad muy definida. Curioso que este aspecto, fundamental en el personaje, fuera obviado por completo en ese engendro de remake de dos mil diez donde se pusieron muy realistas y pensaron que un rostro quemado casi no tendría ojos. Englund/Krueger es Pesadilla en Elm Street y así será siempre. Recuerdo cómo, siendo niño y vi la peli, alguien me dijo que Krueger era interpretado por el mismo tipo que hacía de Willy, el lagarto bueno de la serie V. Yo no me lo creí... hasta que los cromos de la Teleindiscreta me hicieron chocar con la realidad...


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El cromo.
¿Quién lo iba a decir?


¿Puedo decir algo que no me guste mucho? Voy a decir una cosa que no es que no me llame; más bien me parece algo curioso. Me refiero al afán religioso que tiene la peli cuando los personajes, muertos de miedo, se amparan en sobar un crucifijo para no tener pesadillas. Repito: no me parece mal pero sí es algo bastante significativo porque parece remitir a la vieja idea del bien contra el mal aunque esto, a la larga, desaparezca del guión.

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Y ahora, tres preguntas. Primera: Nancy habla en sueños con Glen, le llama y aparece. ¿Cómo se explica esto? Segunda: Al principio de la peli, durante los títulos, vemos la mano de Freddy preparar las cuchillas, ok. Pero ¿eso es en una pesadilla o en el pasado, cuando mataba niños? Tercera: ¿cómo interpretáis el final? Y no vale pensar en lo cantoso del efecto de la madre de Nancy atravesando el hueco de la puerta. ¿Es una pesadilla? ¿Es realidad?

Hasta aquí escribo. Esta película es un clásico, el comienzo de toda una saga y la presentación de un personaje que ya es un mito. Si no la has visto, cosa que dudo, te invito a que lo hagas. Es cierto que dio pie a varias secuelas pero la base de todo, lo primigenio, está aquí. Y muy bien,a demás. Si ya la has visto, haz como yo: de vez en cuando, es bueno volver a verla para recordarla y comprender lo buenos que fueron los ochenta para el cine de terror.

Ay, qué tiempos....

Vigilad el cielo.


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sábado, 19 de octubre de 2019

Doctor Terror y la casa de los horrores


Doctor terror y la casa de los horrores. 
(Doctor Terror’s house of horrors)
(1965)
Director: Freddie Francis.
Guión : Milton Subotsky.

Peter Cushing.
Christopher Lee.
Donald Sutherland.
Michael Gough.
Neil McCallum.
Alan Freeman.
Roy Castle.


Cinco personajes coinciden en un vagón de tren. Se les suma un sexto, un misterioso doctor que lee las cartas tarot…


Vamos allá con un subgénero dentro del cine de terror que, por desgracia, hace mucho que no se da y parece relegado al olvido: el de contar historias cortas y macabras que tienen algún nexo en forma de personaje o situación más macabra aún. Y es que, antes de que cintas como Creepshow o alguna que otra filmada por Roger Corman presentase una serie de historias de miedo, Freddie Francis ya nos dio las predicciones de este doctor Terror y su baraja maldita para buen disfrute por parte del aficionado.



Resultado de imagen de doctor terror and the house of horrorsTodo comienza cuando cinco personajes (pobres desdichados), comparten vagón en un tren. Muy bien, parecen muy normales y sonrientes. Todos menos Christopher Lee, claro. No obstante, va a haber un sexto, nada menos que Peter Cushing. Nada más verle, saltan las alarmas. Su aspecto es revelador e inquietante: sombrero, barba, no parece muy bien vestido y sus ojos claros destacan sobre unas pobladas cejas de maquillaje. Su mirada es extraña. Me ha gustado mucho esa toma en plan visión subjetiva en la que mira a todos y cada uno de los personajes y, claro está, los achanta sin necesidad de decir nada. Más extraño es que se dedique a la astrología y su apellido sea Schreck (terror, en alemán. ¿Referencia a Nosferatu?) Resulta que el buen señor ofrece leer las cartas (que él llama de manera muy sugerente “Mi casa de los horrores”) a los cinco compañeros de vagón. De este modo, tenemos cinco historias que tienen dos nexos: son truculentas y todas terminan con la misma carta: la muerte. Mejor planteamiento no puede pedirse, ¿verdad?


Para mí, la gracia de esta película radica en muchos puntos. Para empezar, la inmediatez con la que se desarrolla. Nada de enrollarse sin llegar a nada o perder el tiempo. De hecho, servidor, que estuvo mirando el reloj del DVD, puede dar fe de que empieza a leer las cartas en el minuto cinco. ¿Para qué esperar más? Hay que añadir un buen elenco de actores donde, por supuesto, destacan el propio Peter Cushing, Christopher Lee, Michael Cough o un joven Donald Sutherland entre otros (lo admito, el poder ver de nuevo compartiendo escena a Lee y Cushing justifica para mí, de pleno, el ver esta peli) Todos se desenvuelven muy bien a lo largo de las historias de los miembros del vagón que, por desgracia para ellos, les toca vivir o protagonizar en un futuro muy cercano. Destaco, por encima de todos, a Cushing que, si bien sale poquito, es más que suficiente para que su personaje se quede en nuestra memoria.




Sigamos. Las historias, cortitas, claro, pero de longitud ideal dentro del marco en que se engloban. Están muy bien, muy entretenidas aunque, claro está, alguna destaca más que otra. Con todo, desde que vi esta peli siendo un tierno infante en los gloriosos tiempos del VHS, siempre me ha parecido que, cada una de ellas, daría para un largometraje independiente, con el aliciente de que se permiten tocar prácticamente todos los mitos de las historias de terror en apenas hora y media y que todas ellas tienen su sorpresa final, siendo esto el plato más atractivo de todo el menú. Es posible que alguno piense que faltan escenas escabrosas o algo más de sangre o, quizás, la presencia del monstruo de turno de manera más clara. Bueno, puede ser, pero yo creo que, precisamente por eso, porque la historia y el golpe de efecto se imponen, la película gana mucho. 




Pringadillos en potencia, acto y realidad.


Veamos una por una:


Historia 1: el arquitecto y la casa.

El primer desgraciado que se arriesga a que el doctor Terror le diga el futuro es un arquitecto. Eso implica algo muy sugerente dentro del género de terror: mansión señorial. Si a ello le añadimos un criado misterioso que intercambia miradas con su nieta, ambos con cara de circunstancia tétrica a más no poder, resultan ser alicientes ideales en el cócktel. Si, además, ponemos el toquecito justo de viuda madura y atractiva, mejor que mejor. El misterio de esta historia comienza cuando el amigo empieza a examinar la casa. Si te encuentras con una pared que, al romperla, tiene la cara de un lobo, mal rollo. Si es la tumba de Cosmo Valdemar, el hombre lobo, peor.






Esta historia es muy sencillita; más de misterio que de terror. Hay pocos efectos pero, como va a predominar en todas las historias, se insinúa, más que se muestra, lo que me parce un aliciente muy adecuado. Con todo, me parce muy bien llevada, con buen ritmo y, a pesar de su brevedad, no deja nada al azar. Impresionante que, en tan poco tiempo, toque todos y cada uno de los tópicos del mito del hombre lobo. Atentos al final, que me parece muy bueno. 


Historia 2: familia feliz y plantas asesinas


De lo sobrenatural pasamos a la venganza de la naturaleza, algo así como Los pájaros de Hitchcock pero a lo vegetal.


Cómo no, la inmediatez continúa. Ya desde el comienzo, vemos que las plantas crecen deprisa y… se mueven. Si gritan al cortarlas y te arrancan las tijeras de las manos, mala cosa. Ya, si matan al chucho, la cosa se complica… Y si, de remate, tienen cerebro, mejor correr. Lo malo es que los protas están encerrados en una casa de la cual salir va a ser difícil. Me ha gustado, pero un poquito menos que la anterior. Con todo, buen final. De hecho, es la que deja, quizás, un final muy abierto pero igual de agorero.

En contra diría que la charla de las plantas que suelta uno de los doctores puede sobrar un poco ya que, al espectador, ni le va, ni le viene la lección acerca de los vegetales. Sí debo admitir q ue los efectos se notan ya que se ve a la legua que las plantas están manejadas por manos humanas y queda algo artificial. Otra cosa que siempre me llamó la atención de esta historia es que las reacciones de los personajes me resultan algo frías, artificiales. Por favor, a fin de cuentas, ¡son plantas asesinas! 

Una cosita, no seréis los únicos que, al ver esta historia, penséis en El día de los trífidos.


Historia 3: músico y vudú.

Aquí se oye una palabra fundamental: dios del Vudú y una isla, Tahití. Si llamas monstruo a un dios (Damballa) del lugar en mitad de una sala de fiestas la puedes liar. Si, encima, eres algo tontito y, en contra de lo que te dicen, espías una ceremonia indígena secreta destinada a ese dios y te dedicas a robar la música, ya no hay duda: eres idiota y la has liado del todo. Y es esa la imagen que me ha dado siempre el protagonista de esta historia: idiota, el típico graciosito de turno que tiene que decir siempre el chiste malo en el peor momento. Quizás el guión esté de esta forma, pero a mí me cae un poquito gordo el amigo, qué le vamos a hacer.



Esta historia es, para mí, la más floja y, por ende, la menos terrorífica. Mucho baile y música, demasiados puntos graciositos y poco miedo o golpe de efecto. Por cierto, nunca he notado mucho parecido entre la música que hace el prota con arreglos y la de los vudús pero también admito que mi oído musical es como mi capacidad para entender un problema de física: nulo. De todas, es la que tiene el final más simple. Una pena: Creo que, sin esta historia, la película hubiera quedado mucho mejor.

Como nota curiosa, el protagonista, Roy Castle, también coincidió con Cushing en El doctor Who y los Daleks y, casualidades de la vida, en el mismo papel de idiota graciosillo.


Historia 4: crítico de arte y manos asesinas (y amputadas)


Esta es de mis favoritas. Para empezar, destaco el trabajo actoral de Christopher Lee y Michael Cough. Ambos muy convincentes a pesar de la brevedad de sus roles. Lee resulta deliciosamente pedante, engreído y capullín. Pero, atentos que, lo mismo que el colega puede asustar, también puede ser asustado y aquí, en concreto, lo pasa pero que muy mal. ¿El motivo? Su oponente, interpretado por Cough y la mano amputada de este, que no para de hacer la vida imposible al primero. Es, para mí, sin duda, la historia más terrorífica, original y, sobre todo, dramática, a juzgar por el final.



Muy bueno el efecto de la mano amputada al arrastrarse por el suelo, ya sea “normal” o quemada. Como siempre digo, había vida antes del cine por ordenador. Y muy buena esa toma en la que el pintor se suicida y enlazamos su mano moribunda con la maligna y cortada. 

Como curiosidad, cuando veáis esta cuarta historia, decidme si no os recuerda a una película que, años después, protagonizaría Michael Cane titulada La mano. Cambiad al crítico de arte por un dibujante de cómics y listos. Ah, Lee y Cough ya coincidieron en Dracula. Y, sí, Michael Cough fue Alfred en las cuatro películas iniciales de Batman.


Historia 5: francesas y vampiros.

En una mezcla tan explosiva como la que llevo describiendo, no podría faltar el mito del terror por excelencia: el vampiro. Pues bien, aquí le tenemos como colofón final.

Después de la escena tipo Rendfield con abrelatas, dedo cortado, sangre y mirada maligna de francesa morena y guapa, uno sabe por dónde van a ir los tiros. Y esa es una de las características de esta historia: el no andarse con tapujos ni encubrir nada... salvo lo esencial, claro. Por eso, algunos diálogos, a parte de las escenas antes nombradas, no dejan margen de error: “Es un hombre muy solitario, suele trabajar por las noches…” Aún así, consigue mantener el interés justo por eso, porque sabemos por qué derroteros nos vamos a mover. Con todo, cómo no, un buen final, muy original y hasta graciosillo. 





Pero, si de finales hablamos, tengo que hacer referencia al FINALAZO que guarda la película al margen de las historias. Recuerdo que, siendo un tierno infante, me impresionó mucho y, a día de hoy, me sigue encantando. Dichoso doctor Schreck…





Pues, hasta aquí hemos llegado. Vedla y disfrutarla, que merece la pena. Y, si la habéis visto ya, haced como yo: cada cierto tiempo hay que repasar la lección. Para mí, una película muy bien llevada, original en su planteamiento, nudo y, sobre todo, desenlace, una muestra de ese tipo de cine que, ya hoy no se hace. Y no lo digo porque eso de que contar historias cortas de terror en una peli ya no se lleve (hay que admitirlo, eso requiere una buena sesión de estrujarse el cerebro y ser original, cosa que, hoy día, parece que no se lleva mucho), sino porque hay que reconocer que el género de terror, al menos para este que escribe, antes era mucho más original y, sobre todo, entretenido.


Ah, y, si algún tío siniestro se sienta a vuestro lado en un tren, autobús, avión o sus derivados, y os saca una baraja de tarot, sed listos y bajaos en la siguiente parada o, en su defecto, tirad de paracaídas.


Un saludo y vigilad el cielo.






sábado, 5 de octubre de 2019

La isla de los dinosaurios




La isla de los dinosaurios.
(1967)
Director: Rafael Portillo.
Guión   : Alfredo Salazar.
Alma Delia Fuentes, Armando Silvestre, Manolo Fábregas, Elsa Cárdenas, Genaro Moreno.

Un profesor ha descubierto la ruta hacia La Atlántida. Pero, al alcanzarla, no cuentan con dos cosas: hombres prehistóricos y dinosaurios...


Muy buenas a todos.


Lo he dicho muchas veces: en esto de la fantasía puedes encontrarte con auténticas maravillas o con pelis infumables. Luego están las que son cutres pero tienen cierto encanto. Y, a la cola, están las cutres a más no poder que no tienen por donde cogerse. Suelen tener nombres rimbombantes, argumentos que rayan lo absurdo y situaciones rocambolescas que hacen que te cuestiones por qué pierdes tu tiempo con ellas pero, a la vez, esa misma razón es la culpable de que no apartes los ojos de la pantalla.

Pues bien, esta peliculita que os traigo hoy pertenece al último grupo. La cinta en cuestión no tiene desperdicio y nos va a ofrecer un metraje lleno de cosas, personajes y situaciones tan alucinantes como alucinógenas que me han hecho abrir los ojos como platos en algunos momentos, en otros resoplar y en alguno sonreír. Atentos...

La peli va directa al grano, cosa que es de agradecer. Y esto no es un modo de hablar. En la primera escena se nos suelta el eje de todo: que el buen profesor (que, dicho sea de paso, no sabemos su nombre, le vale con el cargo) ha descubierto nada menos que la Atlántida. ¡Uau!, dije yo aquí. Todo quisqui se ha cachondeado de él pero sigue en sus trece. Y, para ello, se rodea de tres exalumnos pelotas que son los únicos que creen en él: dos bellas damas, Laura y Esther, y un caballero, Pablo. Genial. Al grano, como debe ser. Eso sí, ya, desde el primer momento, se nos deja claro que el tipo tiene poderes cual Jedi, ya que afirma que, ahí, debe haber dinosaurios. Como premisa no me diréis que no mola.

La primera perogrullada viene en la escena siguiente: en el primer viajecito llegan a un islote desprendido de la Atlántida. ¿Cómo no ha llegado nadie antes? Porque todos deben de ser unos inútiles. Estos lo hacen a la primera, como Dios manda. Eso sí, para llegar, usan un mapa donde no hay señalado nada de dichos restos. O son listos o tienen puntería.

Una vez en la isla, que tiene una pinta terrestre más que considerable, vamos a ser testigos de una serie de hechos y situaciones que se van a caracterizar porque cada uno es más rimbombante o ridículo que el anterior. Por eso, lo primero que hacen nuestros héroes, nada más estrenarse con la isla, es meterse un lingotazo de coñac. Hombre, te aseguro que, cuando voy al odioso trabajo, me dan ganas de hacer lo mismo. Eso sí, para preparar al personal, se oye un crujido lejos. Nada, aquí no se asusta nadie; es más el ambiente de fiesta y jolgorio es considerable.

Sigo. ¿Qué pueden hacer dos científicas cuando llegan a una isla desconocida y que se supone estaba extinta? ¿Investigar? ¿Recoger muestras? ¿Ir con mil ojos? ¡Y una m...! Pues hacen lo más normal: descubrir un río y bañarse en él mientras los hombres, que son muy tales, se quedan reparando el avión. " No te alejes mucho, puede ser peligroso", advierte Esther mientras chapotea, feliz, en el agua. Lo dicho: guapas y, además, valientes.


Eso es responsabilidad.


El grupo se pone explorar la isla con un equipo que destaca por su comodidad. De hecho, el buen Profesor viste americana y las herramientas no van más allá de un martillo y un pico. Repito: el que vale, vale.

Hasta aquí, la cosa tiene un airecillo cutre que te hace pensar más o menos por dónde van a ir los tiros. Si te preguntas dónde están los dinosaurios haces como yo: te fastidias porque no los hay por ningún sitio. Pero la cutredad aumenta de manera considerable cuando, amigos, descubrimos que en la islita, aparte de supuestos dinosaurios, también hay un poblado troglodita cuyas gracietas
vamos a comprobar con algunas escenas un poquito largas que se me han hecho pesadas. Lo de cutre lo digo porque los amigos prehistóricos van con zapatitos y ropas a lo Pedro Picapiedra muy cantosas. Pero, para cantoso, el modelito de Molo, que es el primer troglodita en llevar tirantes. Sí, habéis leído bien. Eso sí, mucho tirantito y mucho pelito bien peinado, pero los amigos comen, y como cerdos. Por eso, muchos minutos se van a ir en escenas donde  les vemos zampar como energúmenos. De regalo, una pelea a la vieja usanza entre Molo y un amigo , es decir, a palo limpio. Llegados a este punto, la cosa no deja lugar a dudas: grillada mental a la vista. Por cierto, vais a anotar que Molo pasa de llevar tirantes a una tira cruzada. Se puede ser troglodita y también coqueto.




Mientras, las científicas, que son algo absurdas, vuelven a bañarse en el río demostrando que el sentido del peligro no existe para ellas. Un minuto antes habían hablado de que es mundo siniestro y peligroso (y soleado, fíjate bien) pero importa un comino: el caso es darse un chapuzón. Claro que esta es la excusa para que Laura conozca a Molo al son de una música hawaiana muy relajante. ¿Qué hace ella? Ni se inmuta mientras Molo la observa como si fuera un moco de la nariz y, a la vez, saca pectorales.

Si miras así a una mujer y no ligas,
es que eres tonto.


Y es a partir de este momento cuando las perogrulladas alcanzan límites estratosféricos: Laura, que asume que ha sido secuestrada por un troglodita, decide aceptar su destino y lucir coqueta y femenina mientras se peina para gustar al cromañón. Además, le enseña a hacer lanzas e inculca en la tribu que los mayores deben sentarse (de hecho, adora a su suegra troglodita) y que hay que comer en platos (aunque, cuando se da la vuelta, vuelven a zampar como posesos).


Antes prehistórica que sencilla.



Pero lo mejor es que la chica no lo puede evitar: se ha enamorado de los bíceps de Molo hasta las cachas y le dice que le gusta mucho aprovechando que el otro no entiende ni papa. Eso sí, las caritas de cachorrito bonachón que pone no tienen desperdicio. Y es que, en el amor, la guerra y la prehistoria, para Cupido todo vale. Porque, esta, vigilantes del cielo, es una historia de amor. De amor prehistórico, pero de amor a fin de cuentas; una especia de mezcla de Hace un millón de años, King Kong y Tarzán pero con un aire hortera alucinante. A fin de cuentas, nada como ver a un hombre de las cavernas para que una científico se olvide de todo y se quede coladita pos sus huesos. 

Y aquí debo hacer una reflexión científica: ¿por qué los demás miembros de la tribu de Molo son sucios, lucen greñas, sus pelos son estropajos y caminan como si no supieran hacerlo mientras que el propio Molo está depilado, va al gimnasio y se peina de manera fashion? La respuesta solo puede ser una: Molo es el eslabón perdido entre el hombre de Neanderthal y el Homo Sapiens. Y, claro, viendo lo limpio y arrebatador del tipo, es lógico que Laura se fije solo en él, no en los guarros de los demás. Ahí queda eso.

El amor, el sentimiento más antiguo del mundo.


¿Y los dinosaurios? Pues salen, salen. En escenas que no pintan nada pero que son ideales para ver a un tío disfrazado de mono, a un elefante de Mamut o a iguanas y lagartos filmados como si fueran enormes pero que se notan que son de verdad y que, dicho sea de paso, apestan a estar insertados de otras pelis. Un detallito: eso de que las pobres criaturas no se hagan daño se lo debieron saltar a la toreara porque aquí se pegan una tralla considerable... y no son gráficos por ordenador.



Los personajes son tan absurdos como las situaciones. El profesor decide al principio pero luego pasa a segundo término. Pablo ni pincha ni corta. Esther se pasa preocupada toda la peli y lo de Laura no tiene desperdicio: con Molo es más feliz que una perdiz. Este, por su parte, se hace el duro siendo tan inexpresivo como una piedra.

Los actores ahí quedan. Alma Delia Fuentes es la que más se luce haciendo de Laura, aunque sus momentos son ridículos a más no poder. Manolo Fábregas como profesor es tan inexpresivo como Terminator. Elsa Cárdenas (Esther) y Genaro Moreno (Pablo) pasan sin más. Armando Silvestre, en su papel de Molo, me queda tan absurdo como Laura, sobre todo, cuando trata de ser duro y macho man en la mayoría de las escenas (hasta cuando se pone romanticón)

No más, pero no menos. Si has leído alguna vez este blog sabrás que suelo recomendar las pelis que comento porque, de otro modo, me parecería absurdo escribir y perder mi tiempo hablando de algo que no  me gusta. Esta, desde luego, no es un peliculón ni mucho menos y, si me apuras, al menos a mí, me ha dejado mucho que desear, pero es tan floja que hasta tiene su gracia. Papeles absurdos, situaciones ridículas y una trama hilarante pero, aún así, pasas un rato entretenido. Si puedes o, mejor dicho, no tienes nada más importante que hacer, lo mismo hasta le puedes dar un pasecito y, ya puestos, hasta te vas a reír un rato. Luego, casi de fijo, la vas a olvidar, salvo por lo absurdo de alguna escena.

Por cierto. Puede que sean imaginaciones mías pero esta cinta contiene más de alguna sospechosa semejanza con otra peli cutre donde las haya llamada King Dinosaur (cuya reseña puedes leer aquí). Ahí están las escenas del río, la herida de Pablo cuando, con Esther, es acosado por la iguana o las peleas entre los monstruos. De hecho, creo que muchas de estas son, precisamente, planos de dicha peli que, a su vez, fueron "prestados" de la versión antigua de "Hace un millón de años"



Vigilad el cielo.


jueves, 19 de septiembre de 2019

S. O. S. El mundo en peligro


Island of Terror (1966)

El mundo en peligro. 
Island of terror.
1966
Director: Terence Fisher
Guión   : Edward Mann, Al Ramsen.

Peter Cushing.
Edward Judd.
Carole Gray.

Un medico, para curar el cáncer, crea por accidente unas criaturas asesinas que se alimentan de huesos de seres vivos…

Los inventos de la ciencia no siempre dan buen resultado. Preguntad al doctor Frankenstein o al pobre científico que fue lo bastante hábil para inventar unas cámaras de teletransportación pero no vio que una mosca se colaba en una de ellas. Pues bien, en esta peliculita de los años sesenta, volvemos de nuevo a conocer otro caso de buenas intenciones científicas pero con nefastos resultados para el ser humano. Eso a parte de una cinta muy bien llevada.
Resultado de imagen de island of terror 1966La película tiene dos partes muy diferenciadas. En la primera, acudimos a una historia de intriga y misterio en la que vamos descubriendo poco a poco que algo malo está sucediendo y lo que parecía una muerte fortuita (con golpe de efecto en forma de cadáver deshuesado incluido) puede llegar a ser algo más. La segunda, es la parte de ciencia ficción propiamente dicha llena de monstruos con muy mala idea, isleños acosados y doctores dispuestos a dar su mano izquierda (de manera literal) para salvar al mundo.

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 La cinta cuenta con dos nombres importantes dentro del género del terror: nada menos que el gran Peter Cushing (haciendo, qué casualidad, de médico) y el no menos grande Terence Fisher, el director tras las revisiones de Drácula o Frankenstein que salieron de la Hammer, todo un artesano del cine de terror que esta vez lleva muy bien las riendas de una historia que puede parecer algo simple a primera vista, pero que no por eso deja de ser efectiva. Edward Judd, por su parte, puedo ser visto en otra cinta de ciencia ficción con categoría de clásico: La gran sorpresa (1964)
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No busquemos aquí efectos especiales apabullantes porque no los vamos a encontrar ya que, como dije antes, hay una intención más que clara en mantener la intriga en todo momento, incluso en los instantes en que los científicos tratan de buscar una solución al problema. Las criaturas en cuestión, llamadas aquí silicatos, no es que sean muy amenazantes pero cumplen con su cometido a la hora de ponerse hasta el tentáculo de los huesos de los pobres humanos que se ponen a su alcance. A destacar el efecto de división de las mismas. Y, como solución a esta posible invasión, una más bien bestia pero que resulta de lo más útil: contaminar a unas pobres vacas con radiación y que los silicatos se las coman. Directo y al grano. Y, por supuesto, de lo más efectivo, uno detalles en el guión que hoy en día ni siquiera podrían plantearse. Ay, qué tiempos...

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Con todo, un buen ejemplo de ciencia ficción de la buena, con un planteamiento original y una buena dosis de misterio. Todo ello bien dirigido, interpretado y llevado en general. ¿Qué más se puede pedir? ¡Qué tiempos tan maravilloso para el género!
Y, por favor, atentos al final…
Por cierto, también se la conoce como La isla del terror, una traducción más aproximada al título original.
            ¡Feliz visionado!

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