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domingo, 31 de marzo de 2013

Batman vuelve

Batman vuelve (Batman returns)


(1992)
Director: Tim Burton
Guión: Daniel Waters, Sam Hamm
Michael Keaton
Michelle Pfeiffer
Danny DeVito
Christopher Walken
Pan Hingle
John Cough

La ciudad de Gotham tiene un nuevo vecino: el Pingüino. Pero este no trae consigo buenas intenciones, sino deseos de venganza...



Después del éxito de Batman (1989) era más que evidente que habría una segunda parte (como poco) de las aventuras del hombre murciélago. Por eso esta nueva entrega no se hizo mucho de rogar. La cuestión era que la primera película, a pesar del bombazo taquillero y mediático que fue, convenció tanto como defraudó. Batman vuelve sería la prueba de fuego de Burton y su equipo y, de paso, se aseguraría de que aquel fenómeno que se conoció como batmanía, siguiera tan candente como un par de años antes.
La verdad es que, como fan del hombre murciélago, estaba deseando ver más de sus aventuras en la pantalla. Ahora que al Joker se lo habían cargado en la primera parte, tocaba el turno al Pingüino y nada menos que a Catwoman. Con eso, la expectación estaba más que servida. Además, estaba el hecho de comprobar si en esta segunda parte, Burton y compañía podrían mantener el interés que alcanzaron en la primera entrega.

Debo admitir que, por alguna razón que no entiendo (ni tampoco me interesa), el personaje del Pingüino siempre fue uno de mis favoritos. Me parece teatral y, a la vez, amenazante, con ese sombrero de copa y la pipa mientras sujeta la metralleta. Cuando me enteré que Danny DeVito lo iba a interpretar pensé que, desde luego, estaría a la altura (ahí queda el agudo juego de palabras) y el resultado sería pero que muy interesante. De Catwoman haría Michelle Pfeiffer. ¿Qué más se podía pedir? Me imaginé a los dos dando buena caña a Gotham y Batman poniéndose en medio, como debe ser.
Bueno, pues en parte, me equivoqué. Ya sé que decir esto es, como poco, motivo para que muchos me crucifiquen, pero la película no fue lo que yo esperaba, al menos en cuanto a varias cosas. Vayamos, como siempre, por partes…

Veamos, ¿tantos a favor? Muchos y eso es indudable: Gotham se hace más patente (el hecho de que sea en invierno creo que hace que, en cuestión de ambientes, la cosa gane muchos puntos), la ambientación sigue la línea de la anterior (mucho más gótica, eso sí) y no  hay duda de que la caracterización de algunos personajes es tremenda. Los actores están metidos en sus papeles hasta las orejas (o aletas, depende de quién hablemos) y hay que reconocer que Batman, quizás, se luce un poquito más. Y si se niega esto, es que no se quiere admitir la realidad.

Pero también hay que aceptar una cosa: en esta entrega, después del éxito de Batman y Eduardo Manostijeras, Tim Burton no sólo era respaldado por la taquilla y la crítica, sino que estaba en posición de hacer lo que quisiera. Por eso, en esta cinta, hace precisamente eso: lo que le da la gana. O mejor dicho, lo que le gusta. ¿Y qué le encanta al amigo Burton por encima de todo? El circo. Por eso, el Pingüino es el líder de un circo. De asesinos, sí, pero de un circo. Y vuelve a pasar lo que con el Joker en la cinta anterior: payasos y caras pintadas por todas partes. Porque aquí, el Pingüino, con su cara blanca (muy propia de una peli de miedo, y esto lo digo como piropo) y su indumentaria de hace varios siglos, no es otra cosa que eso: un payaso. De aspecto asqueroso y repulsivo, pero payaso a fin de cuentas. ¿Y qué más normal que un general payaso tenga un montón de soldados payasos a su servicio? Eso sí, en lugar de tener tanques como los de toda la vida, tienen trenecitos de circo y patos gigantescos, amén de un ejército de pingüinos asesinos.  Luego, como villana, tenemos a Catwoman. La Pfeiffer está muy bien pero a mí me supo a poco. Quiero decir que lo más que hace como tal es enfrentarse a un par de guardias y salvar a la chica (al menos, antes de que todos sepan quién es y caer en rayaduras mentales del tamaño de cualquier estatua de la ciudad) Una pena porque yo creo que el personaje daba para mucho más. Eso sí, el traje me gusta mucho, lleno de remaches y costuras al estilo de lo que será la prota de Pesadilla antes de Navidad.
 
 
 
Y, para rizar el rizo de los villanos chiflados (porque para mí que lo están), se suma al trío Max Schreck, interpretado por Christopher Walken, que es una especie de ciudadano modelo/ganster/millonario/y-no-sé-qué-más vestido como los años veinte que anda metido en todos lados y, en cierto modo, a veces, hasta cae bien (otras, como la charla que da a los periodistas para que dejen al Pingüino en paz, me resulta de lo más hortera). ¡Menudo cóctel! La cuestión es si tres villanos no pueden llegar a ser demasiados para una película y para un solo héroe. En  mi humilde opinión, sí. Soy de los que creen que, con un villano bien planteado, a veces sobra.

Y esto lleva a otra cuestión que ya pasó con el Joker. Seamos sinceros, en esta nueva entrega, el que menos pinta es Batman. En la otra, al menos, contaban el origen, aunque no mucho más porque todo se centraba en el Joker. Pues bien, hay otra cosa que priva a Burton: los malos. Por eso, esta vez, con dos malos (o tres repito, que Walken como Schreck también luce) Burton se mueve como pez en el agua y centra casi todo el material en los villanos: origen del Pingüino y Catwoman, motivos de Screck, demonios internos de Selina Kyle... El protagonismo de Bruce Wayne brilla por su ausencia (escarceos amorosos y reuniones en el ayuntamiento aparte), lo mismo que en la entrega anterior. Y, en medio, Batman. ¿Dónde si no?
 
 

Por lo demás, Alfred y Gordon aquí importan aún menos que en la primera entrega ya que, con tanto villano en la palestra, no había mucho espacio para ellos. Luego están ciertas cosas que o bien te encantan y te parecen una genialidad burtoniana o te parecen una chorrada (a mí me parecen lo segundo, pero bueno...): Catwoman lavándose como un gato o la escena en que Schreck saca una trucha para atraer al Pingüino... y este acude.

Una buena trucha. Irresistible.
 
La hora del baño.
 Y siempre que se habla de Burton se hace referencia a otro nombre: Danny Elfman. Como ya hizo en la anterior entrega, también se hace cargo de la banda sonora y debo decir que es impresionante. Escuchad el inicio en el que se nos cuenta el origen del Pingüino, con esos coros de fondo con voces infantiles; eso sólo para abrir boca. El resto es igual de bueno, como la música que oímos en los momentos finales del Pingüino cuando este se hunde en el agua.
 
 
En resumen, una cinta que de la que creo puedo decir lo mismo de lo que dije de la primera parte: como película tiene unos momentos de calidad indudable pero hay que saber diferenciar si esto es una buena adaptación del personaje o una excusa para un director de jugar con temas y personajes que le atraen. Yo creo que hay poco de lo primero y mucho de lo segundo, claro que es sólo mi opinión. Y aún así, debo reconocerlo: la tengo y, cada cierto tiempo, no me importa perderme entre las grilladas de Tim Burton compañía porque debo reconocer que el conjunto cumple su cometido: entretener. ¡Qué le vamos a hacer...!

Sea como fuere, taquillazo al canto, pero esta fue la última vez que Tim Burton dirigió algo de Batman. La tercera entrega, Batman Forever, fue dirigida por Joel Schumacher con Tim Burton como productor, pero ya sin Michael Keaton. Unos dicen que el actor estaba hasta el gorro de Batman y no quería encasillarse (demasiado tarde, creo yo), otros, que no siguió porque Burton no estaría tras las cámaras y muchos, porque pensó que el guión de Batman Forerver era una tontería.
En fin...
Curiosidades varias:
-Michelle Pfeiffer estaba completamente desnuda bajo el traje. Según se cuenta, la metían con vaselina.
-El primer día de rodaje, manejando el látigo, hirió a uno de los asistentes.
-Antes sonó el nombre (y con mucha fuerza) de Sharon Stone para interpretar al personaje. Annette Bening también pujó, al igual que Sean Young.
-Anton Furst, el diseñador de producción de la primera parte, se suicidó cuando Burton no contó con él en esta. Según se cuenta, el director no se termina de quitar esta idea de la cabeza.
-El traje de Batman es un poco distinto esta vez.
-La Catwoman que aparece al final no es Michelle Pfeiffer. Se la llamó terminado el rodaje para esta toma pero ella se negó alegando que, para eso, no volvía a meterse en ese traje. En unos medios he leído que lo que vemos es un robot; en otros, que es una modelo. A saber...

 
-Se dice hasta la saciedad pero debo ponerlo: Michelle Pfeiffer se mete al pobre pajarito en la boca. 
-Las escenas de acción no gustan mucho a Burton porque (dicen) no se le dan muy bien. No busquéis muchas aquí, que no las hay. Os dejo un ejemplo. ¿Qué os parece?
 
 
-Frase para el recuerdo: «Batman es una mosca en nuestro ungüento...» (Catwoman) cada vez que la oigo, me descoloca.
-Madonna quería interpretar a Catwoman a toda costa. Tanto fue así que un día se presentó en el despacho de Burton vestida como el personaje. Eso, al director, le trajo al pairo. Menos mal...
-El personaje de Christopher Walken, Max Schreck, toma su nombre del actor que dio vida a Nosferatu allá por los años veinte.

Vigilad el cielo.




 

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