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sábado, 21 de enero de 2012

Almas de metal

Almas de metal (Westworld)

(1973)

Director: Michael Crichton
Guión    : Michael Crichton

Yul Brynner
Richard Benjamin
James Brolin







Original.
Esa es la palabra con la que yo calificaría esta película. A parte, claro está, de un espectáculo de los buenos de principio a fin. Y es que estamos ante una cinta en la que vamos a encontrar muchas cosas y todas ellas buenas pero, por encima de todo, esa sensación de originalidad que muchas veces permite que, con muy poco ( y aquí es obvio que no tenían mucho), se hagan grandes cosas. Y lo que es mejor, que perdure en el tiempo.
            La cinta va al grano nada más comenzar. Y esto no es un modo de hablar ya que desde que aparece en la primera escena el locutor ya sabemos de qué va la película: nada menos de un parque temático de vacaciones de súper lujo donde los habitantes son robots. El personal  puede elegir entre el lejano oeste, la roma imperial o los castillos de la Edad Media.  Nosotros, junto con Richard Benjamin y James Brolin, nos iremos a pegar tiros al primero. Mucho mejor porque, de los tres, quizás es el que ofrezca más posibilidades (claro que el de la Edad Media tampoco pintaba mal...)
            A partir de aquí, de manera muy sutil, la trama comienza a mostrarnos el futuro problema en forma de serpientes que no actúan como deben, doncellas que no se entregan a los clientes o vaqueros que irradian una mala leche cibernética apabullante. Vamos, que se nos prepara para lo que tiene que venir que, por supuesto, no va a ser nada bueno para los pobres turistas que se rascaron los bolsillos en unas vacaciones tan caras.
Impeclable e implacable.
Si algo hay que destacar en esta cinta, trama a parte y originalidad de la misma (ya quisieran muchas de las de ahora trabajar tan bien la idea principal), es Yul Brynner. Sí, amigos; el hombre que hizo la vida imposible a Charlton Heston (Moisés) en Los diez Mandamientos interpretando a Ramsés o el prota de los siete magníficos, también fue el primer Terminator de la historia del cine. Como lo habéis leído. Y es que la película de James Cameron, con Arnold Schwarzenegger a la cabeza, copió de manera literal muchas ideas de la cinta que nos ocupa. Brynner es el perfecto robot asesino: implacable, carente de expresión. Su rostro lo dice todo y esa mirada adornada de lentillas que le deshumanizan sin piedad son el remate perfecto a un robot de pesadilla. Sólo dice un par de frases al comienzo de la película pero, sabido es por todos que a los buenos malos le sobran palabras y le bastan acciones. Recuerdo que, cuando la vi por primera vez  (¡qué tiempos aquellos sábados de Sesión de Noche!) llegué a odiarle. Esa sensación que transmite de nunca parar ni descansar, de seguir siempre adelante y el sonido de sus pisadas que indican que está cerca, me sigue pareciendo hoy tan válido como hace años. Y es que no me canso de repetirlo: si las cosas se hacen como debe ser, el producto final tiene que ser bueno a la fuerza.
El resto de los actores cumplen bien. James Brolin (sí, el de hotel, pero sin barba) da el pego en su papel de duro y Richard Benjamin me gusta mucho porque, desde luego, no tiene pinta de héroe para nada pero las circunstancias le obligan a ello, lo que hace que todo sea más creíble.
No sabes donde te metes, forastero...
Según parece, la película no contó con un presupuesto muy elevado. Esto se puede ver en detalles como los laboratorios de paredes blancas y poco decorado, el efecto de visión subjetiva de los robots (de la época puro y duro) o la música a cargo de Fred Karlin. Con respecto a esta, he leído por ahí que más que música es ruido pero esas notas estridentes, para mí, le dan el toque que necesita para reflejar lo frío e impersonal de la situación, sobre todo cuando estamos ante robots. Con todo, creo que las carencias de presupuesto se suplieron con talento y, sobre todo, con imaginación.  Que la última escena (que dura lo suyo) se ruede sin una sola palabra (pisadas aparte) es, como poco, digno de admirar.
Yul o el primer Terminator
Pues está dicho. Todo un clásico de la ciencia ficción y, en mi humilde opinión, una buena película que entretiene a las mil maravillas. Se ve con agrado y demuestra (como otras producciones “de las de antes”) que donde hay talento, originalidad y buen hacer, no hay tecnología que valga. Y, como muestra, un botón. Sobra decir que me encantó cuando la vi siendo un crío y ahora, de adulto, me sigue entusiasmando.
            Como curiosidades:
           El director es Michael Crichton, el escritor de Parque jurásico. Y si os fijáis, en esta peli hay un parque temático de robots; en Parque jurásico hablamos de un parque temático de dinosaurios. ¿Casualidad?
            Tuvo una secuela, Mundo futuro, que, según dicen, tiene menos gracia que esta. Cuando la vea, podré opinar.
           He leído por ahí que la participación de Brynner en esta película se hizo, sobre todo, con imágenes de archivo. Es la primera noticia que tengo y no sé si fue así o no. Lo dejo en el aire…
            ¡A disfrutar!

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