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sábado, 12 de septiembre de 2020

El poder de la sangre de Dracula



Taste the Blood of Dracula [Reino Unido] [DVD]: Amazon.es ...
                                       

El poder de la sangre de Dracula.
Taste the blood of Dracula.
1970
Director: Peter Sasdy.
Guión: Anthony Hinds.

Christopher Lee.
Geoffrey Keen.
Peter Sallis.
John Carson.
Linda Hayden.
Anthony Higgins.
Isla Blair.
Ralph Bates.


Drácula decide vengar a tres hombres relacionados con la muerte de su lacayo...


Esconded los ajos y taparos el cuello porque la peli que os comento hoy es una más dentro de la saga del malvado vampiro y que pertenece a las protagonizadas por Christopher Lee. La historias del conde daban dinero y la gente quería más y más. La Hammer, tratando de seguir explotando el potencial del personaje, no dudó un segundo en traerlo de nuevo a la vida para desgracia de los mortales. Muy bien...

Taste The Blood Of Dracula - Film | Park Circus

Si has visto cualquiera de las anteriores sabrás que, aunque se narren episodios independientes, las cintas del susodicho conde suelen estar conectadas porque empiezan justo donde la anterior termina, es decir, en la previa el vampiro muere y en la nueva resucita del modo más milagroso posible.

Pues bien, en Drácula vuelve de la tumba dejamos al colega vampiro muerto y bien muerto ensartado, para más inri, en una cruz del tamaño de una persona. ¿Cómo resucitarlo? Pues nada más fácil, cuando un vendedor gordo y seboso da con los restos del conde justo en el sitio en el que se quedaron. Y, ya de paso, se queda con la capa, el sello y, atención, su sangre.

Pero, sobre todo, esta, más que una historia de vampiros, es una de venganzas vampíricas. Por eso, el metraje que tenemos por delante se va a centrar no en narrarnos la típica historia de la resurrección del vampiro, sino la de tres viejos chochos verdes que, como no tienen otra cosa que hacer en la vida que mentir a sus esposas e irse a vivir la vida loca por burdeles, deciden aumentar experiencias. La inclusión de un noble idiota y chiflado para convencerles de preparar una misa negra con la sangre de Drácula les viene al pelo para correrse una buena juerga. ¿Cómo hacer volver a la criatura de los avernos? Nada más fácil: el noble idiota y chiflado, que es siervo del conde, es asesinado por los viejos verdes y Drácula, que se ve que quería mogollón al lacayo, vuelve para vengarse.

Taste the Blood of Dracula (1970) - Lord Courtley's Demise - YouTube

Dicho así puede que parezca una historia un poco traída por los pelos pero, a rasgos generales, es lo que ofrece el guión. Lo bueno que tiene, aparte de que no deja de ser entretenida, es que se aleja un poquito de los tópicos que vimos en cintas anteriores y, más que contarnos una historia del vampiro, nos narra una de personas relacionadas con él. Que esto guste o no ya depende del personal y sus apetencias sanguinarias.

Otra cosa bastante curiosa y que refuerza lo que acabo de decir es que la presencia del conde no sucede hasta más o menos los treinta y muchos minutos. Esto no lo digo como algo negativo ya que, de este modo, nos centramos en los personajes principales,. sus vidas, motivaciones y problemas varios. 

Sigo. Hablar de Drácula y de sangre es casi lo mismo. Aquí no es que haya mucha pero es cierto que en la última media hora vamos a asistir a la ración justita de ese líquido tan rojo y espeso que fue la marca de fábrica de la Hammer. No obstante, debo decir que la escena que más me ha gustado de todo el metraje es, sin duda, la reaparición del conde. Imagino que los guionistas se tenían que devanar los sesos para justificar el hecho de que el tipo vuelva una y otra vez pero es cierto que el modo que tuvieron de mostrarlo aquí está bastante conseguido. Está claro que, además de que Drácula adorase al lacayo, usa su cuerpo para volver a la vida. El momento en que abre los ojos me parece muy impactante, más que nada, porque a eso le llamo yo un buen par... de lentillas. Mirad:

Hammer Horror Series: Taste the Blood of Dracula (1970) | Anti-Film School

Los actores están muy convincentes. Geoffrey Keen, Peter Sallis y John Carson quedan muy bien como el trío calavera de vejetes hipócritas, mentirosos y viciosos. Lo mismo puedo decir de Linda Hayden como Alice, que pasa de ser adorable a adorablemente vampírica. Anthony Higgins, Paul, es el héroe perfecto que toda historia debe tener e Isla Blair es la joven rolliza ideal que este tipo de historias suele tener.  Por cierto, Higgins (que me recuerda a Hugh Jackman, fíjate tú), es el malvado Moriarti en El secreto de la pirámide. Ralph Bates haciendo de Lord Courtley es el que me parece más artificial y pasado de vueltas de todo, ya que las caras de loco que pone y los aspavientos exagerados resultan un poco teatreros. ¿Y Lee? Pues ahí sigue, poniendo careto de póker, luciendo ojos enrojecidos y aportando su espectacular presencia a un personaje que le viene como anillo al dedo. También, dicho sea de paso, suele ser la excusa perfecta para que le gente vea estas películas.

Taliesin meets the vampires: Taste the Blood of Dracula - review

En cuanto a las cosas que no me han gustado mucho sí debo nombrar unas cuantas. Veamos...

Para empezar, el motivo en sí de la peli me parece un poco flojo. La historia de los padres de familia mentirosos que necesitan vivir experiencias me parece un poco cogidita con pinzas pero, bueno, ahí queda. Es curioso lo mal que le sienta al conde que se carguen a su esclavo porque, generalmente, el amigo Drácula los trata como a cagarrutas.

Y es precisamente eso lo que me lleva al siguiente aspecto: el poco lucimeinto del conde. Me queda muy flojito que la única aspiración en su vida sea vengarse de tres tipos que, de algún modo, son los responsables de que vuelva de la tumba (o lo que sea) Yo soy, desde luego, de los que ve estas pelis esperando ver al conde poniéndose las botas con todos y todas, léase saboreando cuellos deliciosos de jóvenes rollizas. Aquí da la impresión de que Drácula está algo vago y se vale de otras personas para cargarse a los que, repito, le han devuelto a la vida. Y esa manía de contar a sus víctimas me recuerda de manera inevitable al conde Draco...

Taste The Blood Of Dracula Review | burrunjorsramblesandbabbles

¿Más? Pues sí. ¿No sabía Courtley lo que le iba a pasar al celebrar la misa negra y beber la sangre del conde? Además, la muerte del vampiro me parece de las más sositas. Vale que eso de ser servidor del mal e irte a morir a una inglesa lleva mucho de recochineo pero no tiene la espectacularidad que en otras ocasiones (eso sí, la cara de confusión del conde queda curiosa) Ah, y si alguien me explica la razón por la que las sangre del vampiro se convierte en polvo, mejor. A mí me recuerda al pimentón que compro en el Mercadona.

Pin on horror


Y hasta aquí he llegado. No es de mis favoritas pero, sin duda, consigue entretener. Creo que se pudieron haber currado un poquito más la historia para incluir la presencia del conde más en ella pero, qué le vamos a hacer. Según estoy leyendo por ahí, muchos la consieran de las más flojas de la saga y marcó el inicio del declive del mito. Quizás esto me parezca un poco exagerado pero sí es cierto que, en conjunto, me parece un poco alejada de las anteriores. Si podéis, dadle una oportunidad y me contáis.


Vigilad el cielo.


Taste the Blood of Dracula (1970) – Midnight Only

sábado, 19 de octubre de 2019

Doctor Terror y la casa de los horrores


Doctor terror y la casa de los horrores. 
(Doctor Terror’s house of horrors)
(1965)
Director: Freddie Francis.
Guión : Milton Subotsky.

Peter Cushing.
Christopher Lee.
Donald Sutherland.
Michael Gough.
Neil McCallum.
Alan Freeman.
Roy Castle.


Cinco personajes coinciden en un vagón de tren. Se les suma un sexto, un misterioso doctor que lee las cartas tarot…


Vamos allá con un subgénero dentro del cine de terror que, por desgracia, hace mucho que no se da y parece relegado al olvido: el de contar historias cortas y macabras que tienen algún nexo en forma de personaje o situación más macabra aún. Y es que, antes de que cintas como Creepshow o alguna que otra filmada por Roger Corman presentase una serie de historias de miedo, Freddie Francis ya nos dio las predicciones de este doctor Terror y su baraja maldita para buen disfrute por parte del aficionado.



Resultado de imagen de doctor terror and the house of horrorsTodo comienza cuando cinco personajes (pobres desdichados), comparten vagón en un tren. Muy bien, parecen muy normales y sonrientes. Todos menos Christopher Lee, claro. No obstante, va a haber un sexto, nada menos que Peter Cushing. Nada más verle, saltan las alarmas. Su aspecto es revelador e inquietante: sombrero, barba, no parece muy bien vestido y sus ojos claros destacan sobre unas pobladas cejas de maquillaje. Su mirada es extraña. Me ha gustado mucho esa toma en plan visión subjetiva en la que mira a todos y cada uno de los personajes y, claro está, los achanta sin necesidad de decir nada. Más extraño es que se dedique a la astrología y su apellido sea Schreck (terror, en alemán. ¿Referencia a Nosferatu?) Resulta que el buen señor ofrece leer las cartas (que él llama de manera muy sugerente “Mi casa de los horrores”) a los cinco compañeros de vagón. De este modo, tenemos cinco historias que tienen dos nexos: son truculentas y todas terminan con la misma carta: la muerte. Mejor planteamiento no puede pedirse, ¿verdad?


Para mí, la gracia de esta película radica en muchos puntos. Para empezar, la inmediatez con la que se desarrolla. Nada de enrollarse sin llegar a nada o perder el tiempo. De hecho, servidor, que estuvo mirando el reloj del DVD, puede dar fe de que empieza a leer las cartas en el minuto cinco. ¿Para qué esperar más? Hay que añadir un buen elenco de actores donde, por supuesto, destacan el propio Peter Cushing, Christopher Lee, Michael Cough o un joven Donald Sutherland entre otros (lo admito, el poder ver de nuevo compartiendo escena a Lee y Cushing justifica para mí, de pleno, el ver esta peli) Todos se desenvuelven muy bien a lo largo de las historias de los miembros del vagón que, por desgracia para ellos, les toca vivir o protagonizar en un futuro muy cercano. Destaco, por encima de todos, a Cushing que, si bien sale poquito, es más que suficiente para que su personaje se quede en nuestra memoria.




Sigamos. Las historias, cortitas, claro, pero de longitud ideal dentro del marco en que se engloban. Están muy bien, muy entretenidas aunque, claro está, alguna destaca más que otra. Con todo, desde que vi esta peli siendo un tierno infante en los gloriosos tiempos del VHS, siempre me ha parecido que, cada una de ellas, daría para un largometraje independiente, con el aliciente de que se permiten tocar prácticamente todos los mitos de las historias de terror en apenas hora y media y que todas ellas tienen su sorpresa final, siendo esto el plato más atractivo de todo el menú. Es posible que alguno piense que faltan escenas escabrosas o algo más de sangre o, quizás, la presencia del monstruo de turno de manera más clara. Bueno, puede ser, pero yo creo que, precisamente por eso, porque la historia y el golpe de efecto se imponen, la película gana mucho. 




Pringadillos en potencia, acto y realidad.


Veamos una por una:


Historia 1: el arquitecto y la casa.

El primer desgraciado que se arriesga a que el doctor Terror le diga el futuro es un arquitecto. Eso implica algo muy sugerente dentro del género de terror: mansión señorial. Si a ello le añadimos un criado misterioso que intercambia miradas con su nieta, ambos con cara de circunstancia tétrica a más no poder, resultan ser alicientes ideales en el cócktel. Si, además, ponemos el toquecito justo de viuda madura y atractiva, mejor que mejor. El misterio de esta historia comienza cuando el amigo empieza a examinar la casa. Si te encuentras con una pared que, al romperla, tiene la cara de un lobo, mal rollo. Si es la tumba de Cosmo Valdemar, el hombre lobo, peor.






Esta historia es muy sencillita; más de misterio que de terror. Hay pocos efectos pero, como va a predominar en todas las historias, se insinúa, más que se muestra, lo que me parce un aliciente muy adecuado. Con todo, me parce muy bien llevada, con buen ritmo y, a pesar de su brevedad, no deja nada al azar. Impresionante que, en tan poco tiempo, toque todos y cada uno de los tópicos del mito del hombre lobo. Atentos al final, que me parece muy bueno. 


Historia 2: familia feliz y plantas asesinas


De lo sobrenatural pasamos a la venganza de la naturaleza, algo así como Los pájaros de Hitchcock pero a lo vegetal.


Cómo no, la inmediatez continúa. Ya desde el comienzo, vemos que las plantas crecen deprisa y… se mueven. Si gritan al cortarlas y te arrancan las tijeras de las manos, mala cosa. Ya, si matan al chucho, la cosa se complica… Y si, de remate, tienen cerebro, mejor correr. Lo malo es que los protas están encerrados en una casa de la cual salir va a ser difícil. Me ha gustado, pero un poquito menos que la anterior. Con todo, buen final. De hecho, es la que deja, quizás, un final muy abierto pero igual de agorero.

En contra diría que la charla de las plantas que suelta uno de los doctores puede sobrar un poco ya que, al espectador, ni le va, ni le viene la lección acerca de los vegetales. Sí debo admitir q ue los efectos se notan ya que se ve a la legua que las plantas están manejadas por manos humanas y queda algo artificial. Otra cosa que siempre me llamó la atención de esta historia es que las reacciones de los personajes me resultan algo frías, artificiales. Por favor, a fin de cuentas, ¡son plantas asesinas! 

Una cosita, no seréis los únicos que, al ver esta historia, penséis en El día de los trífidos.


Historia 3: músico y vudú.

Aquí se oye una palabra fundamental: dios del Vudú y una isla, Tahití. Si llamas monstruo a un dios (Damballa) del lugar en mitad de una sala de fiestas la puedes liar. Si, encima, eres algo tontito y, en contra de lo que te dicen, espías una ceremonia indígena secreta destinada a ese dios y te dedicas a robar la música, ya no hay duda: eres idiota y la has liado del todo. Y es esa la imagen que me ha dado siempre el protagonista de esta historia: idiota, el típico graciosito de turno que tiene que decir siempre el chiste malo en el peor momento. Quizás el guión esté de esta forma, pero a mí me cae un poquito gordo el amigo, qué le vamos a hacer.



Esta historia es, para mí, la más floja y, por ende, la menos terrorífica. Mucho baile y música, demasiados puntos graciositos y poco miedo o golpe de efecto. Por cierto, nunca he notado mucho parecido entre la música que hace el prota con arreglos y la de los vudús pero también admito que mi oído musical es como mi capacidad para entender un problema de física: nulo. De todas, es la que tiene el final más simple. Una pena: Creo que, sin esta historia, la película hubiera quedado mucho mejor.

Como nota curiosa, el protagonista, Roy Castle, también coincidió con Cushing en El doctor Who y los Daleks y, casualidades de la vida, en el mismo papel de idiota graciosillo.


Historia 4: crítico de arte y manos asesinas (y amputadas)


Esta es de mis favoritas. Para empezar, destaco el trabajo actoral de Christopher Lee y Michael Cough. Ambos muy convincentes a pesar de la brevedad de sus roles. Lee resulta deliciosamente pedante, engreído y capullín. Pero, atentos que, lo mismo que el colega puede asustar, también puede ser asustado y aquí, en concreto, lo pasa pero que muy mal. ¿El motivo? Su oponente, interpretado por Cough y la mano amputada de este, que no para de hacer la vida imposible al primero. Es, para mí, sin duda, la historia más terrorífica, original y, sobre todo, dramática, a juzgar por el final.



Muy bueno el efecto de la mano amputada al arrastrarse por el suelo, ya sea “normal” o quemada. Como siempre digo, había vida antes del cine por ordenador. Y muy buena esa toma en la que el pintor se suicida y enlazamos su mano moribunda con la maligna y cortada. 

Como curiosidad, cuando veáis esta cuarta historia, decidme si no os recuerda a una película que, años después, protagonizaría Michael Cane titulada La mano. Cambiad al crítico de arte por un dibujante de cómics y listos. Ah, Lee y Cough ya coincidieron en Dracula. Y, sí, Michael Cough fue Alfred en las cuatro películas iniciales de Batman.


Historia 5: francesas y vampiros.

En una mezcla tan explosiva como la que llevo describiendo, no podría faltar el mito del terror por excelencia: el vampiro. Pues bien, aquí le tenemos como colofón final.

Después de la escena tipo Rendfield con abrelatas, dedo cortado, sangre y mirada maligna de francesa morena y guapa, uno sabe por dónde van a ir los tiros. Y esa es una de las características de esta historia: el no andarse con tapujos ni encubrir nada... salvo lo esencial, claro. Por eso, algunos diálogos, a parte de las escenas antes nombradas, no dejan margen de error: “Es un hombre muy solitario, suele trabajar por las noches…” Aún así, consigue mantener el interés justo por eso, porque sabemos por qué derroteros nos vamos a mover. Con todo, cómo no, un buen final, muy original y hasta graciosillo. 





Pero, si de finales hablamos, tengo que hacer referencia al FINALAZO que guarda la película al margen de las historias. Recuerdo que, siendo un tierno infante, me impresionó mucho y, a día de hoy, me sigue encantando. Dichoso doctor Schreck…





Pues, hasta aquí hemos llegado. Vedla y disfrutarla, que merece la pena. Y, si la habéis visto ya, haced como yo: cada cierto tiempo hay que repasar la lección. Para mí, una película muy bien llevada, original en su planteamiento, nudo y, sobre todo, desenlace, una muestra de ese tipo de cine que, ya hoy no se hace. Y no lo digo porque eso de que contar historias cortas de terror en una peli ya no se lleve (hay que admitirlo, eso requiere una buena sesión de estrujarse el cerebro y ser original, cosa que, hoy día, parece que no se lleva mucho), sino porque hay que reconocer que el género de terror, al menos para este que escribe, antes era mucho más original y, sobre todo, entretenido.


Ah, y, si algún tío siniestro se sienta a vuestro lado en un tren, autobús, avión o sus derivados, y os saca una baraja de tarot, sed listos y bajaos en la siguiente parada o, en su defecto, tirad de paracaídas.


Un saludo y vigilad el cielo.






sábado, 10 de agosto de 2019

Drácula vuelve de la tumba



Drácula vuelve de la tumba.
Dracula has risen from the grave.
1968.
Director: Freddie Francis.
Guión: Anthony Hinds.

Christopher Lee.
Barry Andrews.
Rupert Davies.
Veronica Carlson.
Barbara Ewing.


Monseñor ha resucitado a Dracula por casualidad. Ahora, el vampiro se cobrará  venganza del modo más brutal posible...


¡Hola a todos!

Antes de empezar, da un vistazo a esto:





 ¿Menudo comienzo, verdad? 

Pues bien, hoy os traigo la tercera de las películas del conde más vampiro de todos los tiempos interpretado por Christopher Lee, que, a su modo, tuvo su propia saga de películas. Cosa curiosa, antes de empezar, la gente suele tener en mente que estas pelis son independientes unas de otras. Ojo, que en realidad no es así; de hecho, están conectadas y suelen empezar allí donde la anterior acabó. Dicho esto, os puedo decir lo siguiente. 
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La verdad, la historia no ofrece muchas novedades porque, si vemos todas las pelis en conjunto, descubrimos que hay un patrón muy marcado que, más o menos, obedece a este esquema: a Drácula se le cree muerto/resucita por la intervención casual de un desgraciado/esto afecta a unos personajes que tienen que luchar contra él/conflicto final. Pues bien, la peli que comento hoy se va a ajustar a ese patrón como si fuera el Padre Nuestro. Por eso, la trama, la verdad, es que me gusta porque la gracia radica en esos personajes que son afectados por la presencia del dichoso conde y que tienen que enfrentarse a él. Así, puedo decir que hay dos tramas principales: una es la del propio Drácula, que es la misma de siempre, y otra la de Paul y compañía, que tiene que hacer frente a la amenaza. Me gusta mucho la idea de que Paul sea un ateo empedernido y que, para más inri, se enamore de una chica cuyo tío es un alto mando eclesiástico y, por ello, un intolerante nato. Esto da lugar una subtrama muy interesante que atrapa al espectador y que hace que, a su modo, aparque de manera muy sutil lo referido al conde, aunque todos sabemos que ambos aspectos estarán enlazados al final. Las película, además, destaca porque, a pesar de no tener una duración muy larga (aproximadamente hora y media) está muy bien condensada en todos sus elementos, no deja ninguno al azar y atrapa al espectador desde el principio al final, recreándose en los aspectos que se tiene que recrear.

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 Como para no quedarse sentadito en el sofá para ver qué ocurre, ¿verdad? 

Resultado de imagen de draCULA has risen from the grave blood Esto me lleva a otro aspecto fundamental en una peli que tiene el nombrecito de Drácula en medio: la sangre. O, dicho de otro modo, la truculencia. La verdad, si has visto cualquiera de las pelis de la saga, comprobarás que, en cuestión de sangre, no se cortaban un pelo y, muchas veces, mostraban escenas fuertes sin miramientos (aquí me remito a la muerte de uno de los personajes de Drácula, príncipe de las tinieblas, y que puedes ver haciendo click aquí) Pues bien, debo decir que la peli que nos toca hoy tiene una serie de momentos bestias como ellos solos y que, desde luego, conforman la chispa de la vida (o de la muerte, toma ingenio que he desplegado en el comentario) del metraje. Si la escena inicial que he marcado más arriba te ha gustado (a mí, desde luego, sí), ahí tienes el momento en que Drácula se lleva por delante a la pobre, rolliza y guapa Zena. Todo esto está muy bien pero es que su criado (que es un sacerdote), luego la tira al fuego por aquello de que el cadáver no moleste. El momento en que Paul trata de matar al conde en la tumba con la consabida estaca en el corazón y este se revuelve en su ataúd también está muy bien, sobre todo, porque vemos al monstruo retorcerse, sufrir y alejarse de la imagen del tipo estirado y aristocrático que todos conocemos. Y, otro momento sanguinariamente divertido, el final. Que seas vampiro y mueras atravesado entre gritos y estertores agónicos vale, es lo que tiene pero, que todo eso sea porque te han atravesado con una cruz, manda narices. No obstante, hay una escena que me gusta mucho (desde siempre) y es la que hace que recuerde esta peli. No es un momento bestia como los que he comentado, pero si es muy significativo. Me refiero, claro, a esa escena en la que monseñor carga con una cruz enorme a sus espaldas para colocarla en la puerta del castillo de Drácula (también, hay que reconocer en esto una mala leche por parte del cura considerable) Siempre me ha parecido una especie de alegoría al camino del calvario. Además, me gusta que, conforme se acerca, los truenos, vientos y relámpagos hacen de las suyas. Y, de remate, la parrafada en latín que suelta frente a la susodicha puerta. Y, hablando de situaciones no violentas, también destaco la escena de la cena/ateísmo que ocurre al principio. Todo esto, y más, me parece muy bien mostrado y, sobre todo, bien narrado, de manera muy ágil y bien llevada.
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Los personajes están muy bien mostrados, desde el principio. Drácula sigue a lo suyo, es decir, matando. Eso sí, se puede ser vampiro pero no tonto: a los hombres los convierte en esclavos; a la mujeres, que no veas lo monas que son todas en estas pelis, las muerde y todo lo que tú quieras o puedas imaginar. Paul es muy significativo; un ateo combatiendo contra un vampiro y, además, juerguista como él solo. Monseñor es curioso porque el tipo es el colmo de la bondad pero, si hay que echar de tu mesa y casa a un joven porque dice que es ateo y no cree en lo mismo que tú, se le echa y en paz; nada mejor como tener una mente abierta y poner la otra mejilla. Ah, y el tipo siempre me ha recordado al padre de Zipi y Zape, léase, don Pantuflo Zapatilla. El sacerdote del pueblo es un pobre desgraciado que lo mismo resucita vampiros que es un esclavo de ellos. Zena es carne de primer plato vampírico desde que sale y María está para lo que esta: para hacer crecer (malpensado, sé lo que se ha cruzado por tu mente) los dientes al conde.

Cuando la Iglesia y sus representantes mandaban que daba gusto.



Muérdeme...



Paso a los actores. Lee, como siempre, es el Drácula perfecto: salvaje, bestia, sanguinario y dispuesto a morder tantos cuellos femeninos que se pongan a tiro como sea posible. Si yo fuera vampiro, haría lo mismo. Aquí habla un poquito más pero, digámoslo así, es un personaje que hace más que dice y sus diálogos tampoco es que sean muy necesarios. Rupert Davies está muy bien como Monseñor; tan creyente como estúpido y estirado. Barry Andrews, que me recuerda mucho a Hugh Grant, me gusta mucho como Paul. Bárbara Ewing queda muy natural como Zena mientras que Veronica Carlson cumple como María porque, la verdad, su papel no da para más. Ewan Hooper, salvo los primeros minutos de peli, se pasa la cinta agobiado y, la verdad, creo que lo hace muy bien.


Ahí que voy...



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¿Hay algo que no me ha gustado mucho? Bueno, por aquello de poner algo, voy a decir dos cositas. La primera, demasiados primeros planos de los ojos de los ojos de conde inyectados en sangre. Vale, sabemos que eso es su modo de hipnotizar (iba a poner acojonar) a las pobres víctimas pero tampoco hay que pasarse. El otro es que lo de que Paul sea ateo queda muy bien pero se ve el plumero al guión puesto que está claro que, al final, se convertirá, con santiguado incluido. A lo mejor, y esto lo digo desde mi humilde opinión personal, hubiera quedado bien que siguiera en sus trece porque, siendo prácticos, la ayuda divina recibida a lo largo de toda la peli es bastante escasa por no decir nula. Es más, si te fijas, el final de Drácula es porque este, es su ímpetu maligno, resbala y cae. Bueno, meras cositas. Pues, de verdad, te la recomiendo. Me parece una peli muy entretenida que te mantiene enganchado sin problemas y te hace pasar un ratito muy divertido; una oportunidad de ver terror a la antigua usanza cuando la sangre era de bote, de un rojo precioso y las dentelladas de los vampiros eran dos agujeros muy gordos en un (delicioso) cuello femenino. Si puedes, dale un vistacito y me cuentas.

Para leer la reseña de Drácula.
Para leer la reseña de Dracula, príncipe de las tinieblas.


 Vigilad el cielo.
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sábado, 19 de septiembre de 2015

La casa de las sombras del pasado


La  casa de las sombras del pasado (House of the long shadows)
(1983)

Director: Peter Walker.
Guión   : Michael Armstrong.

Vincent Price.
Christopher Lee.
Peter Cushing.
John Carradine.
Desi Arnaz Jr.
Julie Peasgood.
Sheila Keith.








Un escritor apuesta con su agente que puede escribir una novela en 24 horas. Para ello, se va a una casa solitaria…

Vamos allá con una película de sugerente título que, si bien puede parecer de terror, puede englobarse más en el género de misterio que en el de los sustos propiamente dicho.

Dos son las cosas por las que destaca esta cinta. En primer lugar, si habéis leído el elenco de protagonistas un poquito más arriba lo comprenderéis. Todos ellos viejas glorias del cine de terror de los cincuenta y sesenta, motivo más que suficiente para darle un pase y gozar con la presencia de todos esos actores irrepetibles. Por otro, la trama que, aun repitiendo que no tiene por qué incluirse dentro del género de terror, no deja de ser de lo más sugestiva. Y es que esta cinta no es sino otro ejemplo del tan manoseado caso de la casa antigua, misteriosa y, en este caso, a oscuras, en la que un personaje entra (aquí para escribir) y empieza a encontrarse con cosas raras, todo ello rodeado por una serie de personajes que resultan aún más tétricos y misteriosos y cuya historia acaba por afianzarse con todo el protagonismo de la trama.

Todo comienza cuando el escritor, Kenneth Magee (Desi Arnaz Jr) hace una apuesta con su agente. Resulta que el amigo dice que puede escribir una novela en una sola noche (valiente, el muchacho, es) y, para ello, se va al caserón más siniestro (y, repito, oscuro) que, de seguro, le inspirará. A partir de aquí comenzamos a conocer a un personal no menos siniestro que comienza a desfilar por entre las salas y sombras de la casa en cuestión.



Después de explorar la casa y ver que algunas escenas están tan en penumbra que el espectador no ve nada (hay demasiadas escenas así pero, con semejante título y premisa uno no puede esperar otra cosa), asistimos al primer susto: la aparición en las sombras de los guardeses y primera estrella al canto: John Carradine. Él y su compañera, Sheila Keith, dejan bien claro que las casa y las dichosas sombras no son lo único lúgubre en ese lugar. Y ya, desde este momento, podemos ver que algo misteriosos rodea a  los recién llegados…


Pero no todo pueden ser sombras. Por suerte para el amigo Arnaz, una rubia se cruza en su camino y acaba en la casa con él: Julie Peasgood en el papel de Mary Norton y turista accidental que acaba en la mansión. Y, ya que tienes casa enorme (aunque oscura) para ti) y rubia guapita al lado, bien te puedes dedicar unos instantes al ligoteo de turno. Total, si vas a escribir una novela en una noche no pasa nada si pierdes unos minutos.

Por suerte, el tonteo ligón acaba pronto cuando otro monstruo del cine de terror hace su aparición: nada menos que el gran Peter Cushing como Sebastian. Y su frase no puede ser más misteriosa: “He regresado” Ahí, como tiene que ser.

Y aquí comienza otra trama que parece inmersa en la anterior. Vemos que los siniestros personajes parecen tener algún tipo de relación oscura. El crescendo de aumenta cuando hace su aparición otro de los grandes, nada menos que Christopher Lee. Este vigilante del cielo se emociona por verle a él y a Cushing de nuevo compartiendo plano y secuencia. El personaje de Lee (Corrigan) resulta algo antipático y desagradable, dejando muy claras las intenciones: quiere comprar la casa y luego hacer con ella lo que le dé la gana. Y eso, como puede verse, no gusta a los otros para nada.

Y ya, cuando vemos que la trama se pone cada vez más oscura y misteriosa (la muerte de Victoria es prueba de ello) y somos testigos de que, en realidad, la historia del escritor todo terreno ya se ha quedado como algo completamente secundario y que la de los otros personajes cautiva toda nuestra atención, aparece la guinda del pastel: Vincent Price (Grisbane). Y aquí ya sí que boto en el sofá. Sí, ya sabía quiénes eran los integrantes del reparto pero verlos desfilar de uno en uno a modo de “aparición estelar” no deja de emocionarme.


La trama sigue y descubrimos el horrible secreto que esconden los personajes (que no voy a contar, por aquello de haceros ver la peli) y la sorpresa que esconde UNO de ellos. Y, claro, no se puede hablar de una película repleta de estrellas de terror con casa tétrica incluida y un pasado macabro sin que haya sangre. ¿Se hace de rogar? Sí, un poco, pero esta es una cinta de misterio, no de casquería. Por eso, hasta el final, no acudimos al meollo asesino de la cuestión. Ah y, si de sorpresas se trata, la mejor queda para el metraje final… ante los sorprendidos ojos del escritor que, por cierto, entre unas y otras, el pobre hombre ve perder su apuesta. Eah, eso por listo y por bocazas.


La película, como puede verse, me ha gustado. No es el colmo de la maestría del cine de terror, claro, pero ahí queda. Algunos, incluso, hablan refiriéndose a ella como un producto de serie B, uno de tantos que albergaba antiguas estrellas del género de terror en decadencia. Bueno, puede ser. Sería absurdo por mi parte basar todo los méritos en el elenco de los protagonistas pero es obvio que ellos son el reclamo para verla. La presencia de Cushing, Lee, Price y Carradine eclipsan sin duda a “los más jóvenes”, como Arnaz (ochentero total y algo inexpresivo por cierto) o Peasgood (que cumple en su justa medida en un papel que no da para mucho más), cuyos papeles acaban por parecer incluso secundarios.

¿Es todo? No. Tengo que admitir que la primera parte, cuando Arnaz llega a la casa y se pone a inspeccionarla en sus intentos por escribir un par de líneas se me ha hecho algo lenta porque uno empieza a desear que pasen cosas. Además, como ya dije antes, demasiadas escenas a oscuras en las que no se ve nada. Menos mal que, desde la aparición de Carradine, les da por usar velas. Y, por cierto, la inclusión del matrimonio joven a mitad de la cinta, con malos tratos de por medio puede influir al final, sí, pero siempre me ha sobrado un poquito. Con la trama de los demás personajes creo que hubiese valido pero…

En fin, amigos. Una película más de misterio por encima de todo. Sustos hay pocos pero se ve con agrado y mantiene el interés. No pasará a la historia como una obra clásica dentro del género pero sí por juntar en una misma cinta a tanta estrella del “antiguo” cine de terror. Ver en una misma película a los actores que dieron (entre otros) vida a Drácula, al asesino responsable de los crímenes del museo de cera o al doctor Van Helsing es, como poco, un lujo. ¿Os imagináis juntar estrellas de este calibre hoy día? Sólo el sueldo de cada uno lo haría imposible…


Pues, hala, apagad las luces y entrad en esta casa de sombras alargadas y pasad un buen rato.



Vigilad el cielo

sábado, 13 de junio de 2015

Drácula


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Dracula (Horror of Dracula)
(1958)
Director: Terence Fisher.
Guión   : Jimmy Sangster.
Peter Cushing
Christopher Lee
Michael Cough
Melissa Stribling
Carol Marsh
John Van Eyssen


Jonathan Harker se hace pasar por bibliotecario para trabajar en el Castillo del conde Drácula…

¿Es necesario presentar al vampiro más cruel, odioso y, a su modo, atractivo de la historia del cine?

Siempre he pensado que, en las representaciones que ha tenido el conde Drácula en pantalla ha habido dos que son icónicas. Por supuesto que ha habido muchas más y muy buenas, pero, por el impacto y, sobre todo, por actores, sigo diciendo que hay dos. Una es la de Bela Lugosi. Otra, sin dudarlo, es este horror de Drácula y que tuvo como protagonistas, entre otros a la pareja Peter Cuching / Christopher Lee. Curiosamente, son muchos los que consideran que esta fue la primera vez que ambos actores coincidieron en pantalla y fue en este momento donde se forjó la leyenda. Pues no; ya coincidieron un año antes en La maldición de Frankenstein, otra joyita de la factoría Hammer. Y, si me apuráis, también lo hicieron en 1948 en Hamlet, la versión de Lawrence Olivier.
Pues bien, esta versión de Drácula ya es todo un clásico. Y no solo por su antológica pareja protagonista, sino por muchas otras cosas que me gustaría compartir con vosotros. ¡Vamos allá!
Lo primero que llama la atención del espectador nada más empezar es la música. No es una partitura agradable. Ni siquiera se puede decir que pertenezca a esas bandas sonoras que son tarareables Todo lo contrario. Es una música nada agradable, espectacular y, a veces, trepidante y chirriante a partes iguales. Esos “golpes musicales” tan característicos van a repetirse una y otra y otra vez a lo largo del metraje anunciando, en la mayoría de los casos, o bien una desgracia o una persecución inminente (ved la escena final para entender este último apunte) Y ya, desde el principio, la música va a tener su papel protagonista en unos títulos iniciales que me gustan mucho y que creo que es necesario destacar: vemos los distintos planos del castillo mientras oímos esa música espectral para terminar en un plano que me encanta:  la tumba de Drácula… salpicada por una sangre muy, pero que muy roja muy propia de la Hammer. Y esto es solo el principio.
Sigo. Mención especial hay que hacer en esta cinta en lo que a la ambientación se refiere. El castillo de Drácula, las escenas dentro de las casas (atentos al dormitorio de Harker, con ajedrez y todo) o en cualquier taberna reflejan de manera bastante acertada la época en la que está narrada la historia (mil ochocientos y pico) Y lo mismo puede decirse de los trajes, tanto los más refinados como los no tanto (véase aquí campesinos, taberneros o miembros de funerarias) Por cierto, el castillo está estupendo, entre otras cosas, porque era (y es) un castillo de verdad. Con todo, el modo de fotografiarlo y de iluminarlo me parece el más adecuado para una historia tan tétrica y sangrienta como esta.
Si hay por lo que destaque esta cinta es que está repleta de golpes de efecto que lo que buscan, y consiguen, es sorprender al espectador. Sería imposible enumerar todos pero ahí tengo que nombrar unos cuantos. Por ejemplo, la primera aparición de Drácula en lo alto de una escalera en las sombras, ese plano tan bestial y espectacular del conde revelándose como lo que es: un vampiro sanguinario. Me encanta esa expresión de bestia salvaje con los ojos inyectados en sangre. Ahí se demuestra que, cuando hay que crear miedo, las florituras se dejan  de lado. ¿Más? Claro. Por curioso que parezca, en esta cinta, cuando se clava una estaca en el corazón de la vampira de turno, no se convierte en polvo, sino que recupera el peso del tiempo de golpe, convirtiéndose en una anciana (de la cual se encarga Harker, por cierto) Muy  buen detalle el hecho de que un todo un príncipe de las tinieblas como lo es el conde, disponga de un carruaje de negros caballos… y un ataúd blanco como la nieve. El contraste, en el conjunto de la cinta, me parece sublime. Hay más pero espero que os haya picado la curiosidad y lo queráis descubrir por vosotros mismos.
La película, a pesar de tratar de quien trata, no solo intenta sorprender al espectador con lo típico y recurrente, a saber: sangre y muertes. Fisher se muestra muy sutil y elegante cuando quiere y, de igual forma que se las ingenió para mostrar al conde por primera vez rodeado de oscuridad y misterio, también se luce con su némesis, Van Helsing. Por eso, me gusta muchísimo una escena que suele pasar desapercibida con respecto al resto: la presentación del doctor cuando entra en la taberna. Y es que el rostro del mismo se mantiene fuera de cámara hasta que no habla directamente con el tabernero. Un modo muy curioso de mantener el misterio y, de paso, el interés por saber quién es ese nuevo personaje.
La sutilidad, como ya he dicho, es una constante en esta película. Por eso, me gusta mucho el modo que se tiene de contar al espectador las características de los vampiros y, de paso, informar de la labor de Van Helsing. Otros, quizás, se hubieran decantado por utilizar diálogos normales y corrientes en escenas normales y corrientes pero aquí son un poco más originales: oímos las anotaciones habladas a través de una grabadora propiedad de Van Helsing. Y, si de sutilezas hablamos, tengo que destacar el hecho de que unos de los episodios más terroríficos de la historia, el de Lucy con la niña pequeña, es narrada por esta mientras se deshace en lágrimas. Me resulta que, narrado por la pequeña, es más escalofriante. Muy sencillo sí pero, desde el punto de visto del golpe de efecto, al menos para mí, de diez.
Sigo. Esta película es, en cuanto a la aportación al tema del vampirismo, muy importante ya que va a dar al mismo dos de sus factores más emblemáticos y que antes, por unas o por otras, no se quisieron (o no se pudieron) manejar. Uno es el de las mujeres voluptuosas, escotadas y vampiras. Aquí lo podemos ver, por ejemplo, en la chica que pulula por el castillo de Drácula al principio (de hecho, en el minuto seis) y de la que Harker se encargará más tarde. A partir de esta cinta, el asociar al conde con mujeres bellas, voluptuosas y de gesto vicioso es tan natural como unir una mujer guapa a James Bond. Y esto lleva al segundo de los factores: el erotismo. Siempre que se habla del libro, se dice que la obra fue tremendamente erótica para la época. Aquí, dicha característica se representa con algo muy simple pero que, desde luego, hace referencia al tema sexual de manera más que explícita: los colmillos. Y es que cuando el conde ve a una mujer que le gusta y a la cual quiere esclavizar, le empiezan a crecer, sutilmente, los dos famosos colmillos a modo de “erección vampírica” Lo que ocurre es que, de manera general, cuando uno ve la peli, se olvida de erotismos y se centra en el hecho de que el amigo vampiro se va a poner las botas con el cuello de la pobre chica. Nada, se puede ser vampiro pero una chica guapa, es una chica guapa.


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La película, a pesar de ser de terror, creo que también pude encajarse a la perfección en el esquema de las películas de aventuras. Ya sé que decir esto suena un poco raro pero siempre me ha parecido que aquí podemos ver el esquema aventurero de toda la vida: Héroe (Van Helsing)/Amigo del Héroe (Holmwood)/Chica (Mina) y malo al que hay que eliminar (Drácula) De hecho, mucho del metraje de la peli, se va en las peripecias de Van Helsing y Holmwood y sus pesquisas para encontrar el ataúd de conde y así acabar con él. Por eso, la trama en conjunto me parece una conjunción bastante bien llevada entre el terror y la aventura propiamente dicha, si bien es cierto que el primero gana por puntos a la segunda. Con todo, creo que está muy bien llevada, sin dejas cabos sueltos y, además, se las arregla para mantener el interés del espectador durante toda la cinta.
Y, por supuesto, cómo no destacar la escena final en la que, después de encontrar el rastro del conde, Van Helsing no se lo piensa y sale corriendo a por él. Está claro: o uno u otro pero no pueden ganar los dos. Si al modo en que está rodada, muy ágil y dinámico, le añadimos esa música tan trepidante que te hacen querer salir corriendo con Cushing tras el conde, el golpe de efecto está logrado; todo un final muy digno a una película, para mí, sobresaliente. Por cierto, esta última escena solo a base de imagen y música. Ni un diálogo. Ni falta que hace. ¿Qué más se puede pedir?


Pasamos a los actores. Para mí, muy bien todos ellos. Vamos poco a poco. Melissa Stribling me parece bien como Mina, aunque también me resulta algo sosita. Tampoco es que su papel sea para tirar cohetes. En esta película, Mina es una mera comparsa con cierto protagonismo, sobre todo, al final. Carol Marsh es una buena Lucy vampira, porque, de normal, sale poco y lo poco lo hace en una cama enferma. Con todo, los colmillos le quedan bien. Seguimos ya con los importantes. Michael Cough (el Alfred de las cuatro primeras entregas de Batman) me parece un buen Arthur Holmwood, si bien al principio me queda algo estirado y demasiado amante de su esposa. Menos mal que luego se suelta un poco. Y, los mejores, para el final. Porque, seamos sinceros, los anteriores (y algunos más, claro) están bien y aportan su granito de arena a la peli pero si hablamos de esta versión e Drácula, dos nombres se nos vienen a la memoria. Y de veras que es difícil colocarlos el orden en que se merecen pero, aún así, ahí van: Christopher Lee como Drácula y Peter Cushing como van Helsing. Los dos, perfectos, plenos en la diana, matrícula de honor sin duda. Ambos lo hicieron  tan bien que, con esta peli, pasaron a la historia y se convirtieron en leyendas del terror. Y con méritos propios. Lee es el Drácula perfecto: alto (casi dos metros), temible, de aspecto serio y severo aunque se permite sonreír de vez en cuando. Pero, lo mejor es que, cuando se pone en plan salvaje, está increíble. Supo aportar una elegancia, frialdad y fiereza al personaje que, al menos para mí, fueron considerables; todo un icono para con el conde. Y, una cosa muy acertada en la que no se suele reparar demasiado, es que Drácula, en esta peli, habla muy poco. De hecho, sólo al principio de la cinta. Eso le da un aire de animal salvaje que viene muy bien al personaje. Cushing, por su parte, me sigue pareciendo el mejor Van Helsing de la historia del cine. Resulta erudito, académico, inteligente y muy, muy natural. Y es que Cushing sabía impregnar a sus personajes ese toque de naturalidad tan apabullante que va más allá de la mera representación del rol en sí. Se muestra valiente y temerario, sí (se lanza tras el conde sin pensárselo) pero, cuando le vemos en plan doctor, uno se cree que, de verdad, este hombre era médico. Fijaos en la escena (deliberadamente larga) en la que hace una transfusión a Arthur y su esposa. El lenguaje corporal, la naturalidad que destila mientras quita las vías o utiliza los frascos me parece soberbia. Y eso es justo lo que necesitaba esta peli. Frente a la fiereza descontrolada del vampiro, la humanidad sin igual del médico.



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¿Aspectos que pudieron haberse hecho mejor? Bueno, con respecto a esta peli hay una cosa que es evidente y que sería absurdo negar: al igual que ya hicieran con Frankenstein el año anterior, se tomaron muchas (algunos, con razón, dirían que demasiadas) licencias con respecto a la obra original hasta tal punto que podemos decir que lo que hicieron fue coger el nombre de unos personajes y luego hacer con ellos lo que les dio la gana. Así, Johantan Harker aquí es un caza vampiros asociado a Van Helsing. Lucy es hermana de Holmwood y este sería cuñado de Harker si este no muriese, ya que (Harker) iba a casarse con Lucy y esta es hermana de Holmwood. Y, claro está, este y Mina están casados. Dicho así, esto sueña a batiburrillo de los gordos pero ahí queda. Diríase que a los únicos que respetan son a Van Helsing y a Drácula. Sobre todo, al primero.
Otra cosa que me gustaría señalar en este apartado es que esta película, aunque resulte el colmo de la obviedad decirlo, es eminentemente seria. Aquí no hay tonterías o gags pero sí vampiros, sangre, mordeduras y muertes. Por eso, hay una escena que no me cuadra mucho porque, la verdad, no me pega con el conjunto. Me refiero a esa en la que Van Helsing y Harker vana a ver al tipo de la funeraria y este resulta un ancianete chistoso que incluso cuenta una anécdota graciosa. Mal no digo que quede pero siempre que la veo, me choca. Mirad:


¿Recomiendo verla? Ni dudarlo. Con independencia de si es una adaptación o no fiel del libro (eso lo dejo a gusto del personal) sí me resulta una buena película de terror que se ha ganado la fama de clásico que tiene por méritos propios. Me parece muy bien hecha, mejor llevada e interpretada de manera magnífica. Y, por supuesto, ver a esos dos monstruos que son Lee y Cushing no tiene desperdicio. Os animo a que, si no la habéis visto, le deis una oportunidad. Y, si ya lo habéis hecho, revisitadla.
Vigilad el cielo.