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sábado, 19 de octubre de 2019

Doctor Terror y la casa de los horrores


Doctor terror y la casa de los horrores. 
(Doctor Terror’s house of horrors)
(1965)
Director: Freddie Francis.
Guión : Milton Subotsky.

Peter Cushing.
Christopher Lee.
Donald Sutherland.
Michael Gough.
Neil McCallum.
Alan Freeman.
Roy Castle.


Cinco personajes coinciden en un vagón de tren. Se les suma un sexto, un misterioso doctor que lee las cartas tarot…


Vamos allá con un subgénero dentro del cine de terror que, por desgracia, hace mucho que no se da y parece relegado al olvido: el de contar historias cortas y macabras que tienen algún nexo en forma de personaje o situación más macabra aún. Y es que, antes de que cintas como Creepshow o alguna que otra filmada por Roger Corman presentase una serie de historias de miedo, Freddie Francis ya nos dio las predicciones de este doctor Terror y su baraja maldita para buen disfrute por parte del aficionado.



Resultado de imagen de doctor terror and the house of horrorsTodo comienza cuando cinco personajes (pobres desdichados), comparten vagón en un tren. Muy bien, parecen muy normales y sonrientes. Todos menos Christopher Lee, claro. No obstante, va a haber un sexto, nada menos que Peter Cushing. Nada más verle, saltan las alarmas. Su aspecto es revelador e inquietante: sombrero, barba, no parece muy bien vestido y sus ojos claros destacan sobre unas pobladas cejas de maquillaje. Su mirada es extraña. Me ha gustado mucho esa toma en plan visión subjetiva en la que mira a todos y cada uno de los personajes y, claro está, los achanta sin necesidad de decir nada. Más extraño es que se dedique a la astrología y su apellido sea Schreck (terror, en alemán. ¿Referencia a Nosferatu?) Resulta que el buen señor ofrece leer las cartas (que él llama de manera muy sugerente “Mi casa de los horrores”) a los cinco compañeros de vagón. De este modo, tenemos cinco historias que tienen dos nexos: son truculentas y todas terminan con la misma carta: la muerte. Mejor planteamiento no puede pedirse, ¿verdad?


Para mí, la gracia de esta película radica en muchos puntos. Para empezar, la inmediatez con la que se desarrolla. Nada de enrollarse sin llegar a nada o perder el tiempo. De hecho, servidor, que estuvo mirando el reloj del DVD, puede dar fe de que empieza a leer las cartas en el minuto cinco. ¿Para qué esperar más? Hay que añadir un buen elenco de actores donde, por supuesto, destacan el propio Peter Cushing, Christopher Lee, Michael Cough o un joven Donald Sutherland entre otros (lo admito, el poder ver de nuevo compartiendo escena a Lee y Cushing justifica para mí, de pleno, el ver esta peli) Todos se desenvuelven muy bien a lo largo de las historias de los miembros del vagón que, por desgracia para ellos, les toca vivir o protagonizar en un futuro muy cercano. Destaco, por encima de todos, a Cushing que, si bien sale poquito, es más que suficiente para que su personaje se quede en nuestra memoria.




Sigamos. Las historias, cortitas, claro, pero de longitud ideal dentro del marco en que se engloban. Están muy bien, muy entretenidas aunque, claro está, alguna destaca más que otra. Con todo, desde que vi esta peli siendo un tierno infante en los gloriosos tiempos del VHS, siempre me ha parecido que, cada una de ellas, daría para un largometraje independiente, con el aliciente de que se permiten tocar prácticamente todos los mitos de las historias de terror en apenas hora y media y que todas ellas tienen su sorpresa final, siendo esto el plato más atractivo de todo el menú. Es posible que alguno piense que faltan escenas escabrosas o algo más de sangre o, quizás, la presencia del monstruo de turno de manera más clara. Bueno, puede ser, pero yo creo que, precisamente por eso, porque la historia y el golpe de efecto se imponen, la película gana mucho. 




Pringadillos en potencia, acto y realidad.


Veamos una por una:


Historia 1: el arquitecto y la casa.

El primer desgraciado que se arriesga a que el doctor Terror le diga el futuro es un arquitecto. Eso implica algo muy sugerente dentro del género de terror: mansión señorial. Si a ello le añadimos un criado misterioso que intercambia miradas con su nieta, ambos con cara de circunstancia tétrica a más no poder, resultan ser alicientes ideales en el cócktel. Si, además, ponemos el toquecito justo de viuda madura y atractiva, mejor que mejor. El misterio de esta historia comienza cuando el amigo empieza a examinar la casa. Si te encuentras con una pared que, al romperla, tiene la cara de un lobo, mal rollo. Si es la tumba de Cosmo Valdemar, el hombre lobo, peor.






Esta historia es muy sencillita; más de misterio que de terror. Hay pocos efectos pero, como va a predominar en todas las historias, se insinúa, más que se muestra, lo que me parce un aliciente muy adecuado. Con todo, me parce muy bien llevada, con buen ritmo y, a pesar de su brevedad, no deja nada al azar. Impresionante que, en tan poco tiempo, toque todos y cada uno de los tópicos del mito del hombre lobo. Atentos al final, que me parece muy bueno. 


Historia 2: familia feliz y plantas asesinas


De lo sobrenatural pasamos a la venganza de la naturaleza, algo así como Los pájaros de Hitchcock pero a lo vegetal.


Cómo no, la inmediatez continúa. Ya desde el comienzo, vemos que las plantas crecen deprisa y… se mueven. Si gritan al cortarlas y te arrancan las tijeras de las manos, mala cosa. Ya, si matan al chucho, la cosa se complica… Y si, de remate, tienen cerebro, mejor correr. Lo malo es que los protas están encerrados en una casa de la cual salir va a ser difícil. Me ha gustado, pero un poquito menos que la anterior. Con todo, buen final. De hecho, es la que deja, quizás, un final muy abierto pero igual de agorero.

En contra diría que la charla de las plantas que suelta uno de los doctores puede sobrar un poco ya que, al espectador, ni le va, ni le viene la lección acerca de los vegetales. Sí debo admitir q ue los efectos se notan ya que se ve a la legua que las plantas están manejadas por manos humanas y queda algo artificial. Otra cosa que siempre me llamó la atención de esta historia es que las reacciones de los personajes me resultan algo frías, artificiales. Por favor, a fin de cuentas, ¡son plantas asesinas! 

Una cosita, no seréis los únicos que, al ver esta historia, penséis en El día de los trífidos.


Historia 3: músico y vudú.

Aquí se oye una palabra fundamental: dios del Vudú y una isla, Tahití. Si llamas monstruo a un dios (Damballa) del lugar en mitad de una sala de fiestas la puedes liar. Si, encima, eres algo tontito y, en contra de lo que te dicen, espías una ceremonia indígena secreta destinada a ese dios y te dedicas a robar la música, ya no hay duda: eres idiota y la has liado del todo. Y es esa la imagen que me ha dado siempre el protagonista de esta historia: idiota, el típico graciosito de turno que tiene que decir siempre el chiste malo en el peor momento. Quizás el guión esté de esta forma, pero a mí me cae un poquito gordo el amigo, qué le vamos a hacer.



Esta historia es, para mí, la más floja y, por ende, la menos terrorífica. Mucho baile y música, demasiados puntos graciositos y poco miedo o golpe de efecto. Por cierto, nunca he notado mucho parecido entre la música que hace el prota con arreglos y la de los vudús pero también admito que mi oído musical es como mi capacidad para entender un problema de física: nulo. De todas, es la que tiene el final más simple. Una pena: Creo que, sin esta historia, la película hubiera quedado mucho mejor.

Como nota curiosa, el protagonista, Roy Castle, también coincidió con Cushing en El doctor Who y los Daleks y, casualidades de la vida, en el mismo papel de idiota graciosillo.


Historia 4: crítico de arte y manos asesinas (y amputadas)


Esta es de mis favoritas. Para empezar, destaco el trabajo actoral de Christopher Lee y Michael Cough. Ambos muy convincentes a pesar de la brevedad de sus roles. Lee resulta deliciosamente pedante, engreído y capullín. Pero, atentos que, lo mismo que el colega puede asustar, también puede ser asustado y aquí, en concreto, lo pasa pero que muy mal. ¿El motivo? Su oponente, interpretado por Cough y la mano amputada de este, que no para de hacer la vida imposible al primero. Es, para mí, sin duda, la historia más terrorífica, original y, sobre todo, dramática, a juzgar por el final.



Muy bueno el efecto de la mano amputada al arrastrarse por el suelo, ya sea “normal” o quemada. Como siempre digo, había vida antes del cine por ordenador. Y muy buena esa toma en la que el pintor se suicida y enlazamos su mano moribunda con la maligna y cortada. 

Como curiosidad, cuando veáis esta cuarta historia, decidme si no os recuerda a una película que, años después, protagonizaría Michael Cane titulada La mano. Cambiad al crítico de arte por un dibujante de cómics y listos. Ah, Lee y Cough ya coincidieron en Dracula. Y, sí, Michael Cough fue Alfred en las cuatro películas iniciales de Batman.


Historia 5: francesas y vampiros.

En una mezcla tan explosiva como la que llevo describiendo, no podría faltar el mito del terror por excelencia: el vampiro. Pues bien, aquí le tenemos como colofón final.

Después de la escena tipo Rendfield con abrelatas, dedo cortado, sangre y mirada maligna de francesa morena y guapa, uno sabe por dónde van a ir los tiros. Y esa es una de las características de esta historia: el no andarse con tapujos ni encubrir nada... salvo lo esencial, claro. Por eso, algunos diálogos, a parte de las escenas antes nombradas, no dejan margen de error: “Es un hombre muy solitario, suele trabajar por las noches…” Aún así, consigue mantener el interés justo por eso, porque sabemos por qué derroteros nos vamos a mover. Con todo, cómo no, un buen final, muy original y hasta graciosillo. 





Pero, si de finales hablamos, tengo que hacer referencia al FINALAZO que guarda la película al margen de las historias. Recuerdo que, siendo un tierno infante, me impresionó mucho y, a día de hoy, me sigue encantando. Dichoso doctor Schreck…





Pues, hasta aquí hemos llegado. Vedla y disfrutarla, que merece la pena. Y, si la habéis visto ya, haced como yo: cada cierto tiempo hay que repasar la lección. Para mí, una película muy bien llevada, original en su planteamiento, nudo y, sobre todo, desenlace, una muestra de ese tipo de cine que, ya hoy no se hace. Y no lo digo porque eso de que contar historias cortas de terror en una peli ya no se lleve (hay que admitirlo, eso requiere una buena sesión de estrujarse el cerebro y ser original, cosa que, hoy día, parece que no se lleva mucho), sino porque hay que reconocer que el género de terror, al menos para este que escribe, antes era mucho más original y, sobre todo, entretenido.


Ah, y, si algún tío siniestro se sienta a vuestro lado en un tren, autobús, avión o sus derivados, y os saca una baraja de tarot, sed listos y bajaos en la siguiente parada o, en su defecto, tirad de paracaídas.


Un saludo y vigilad el cielo.






lunes, 31 de octubre de 2016

Sleepy Hollow



Sleepy Hollow (Sleepy Hollow)
(1999)
Director: Tim Burton.
Guión : Kevin Yagher, Andreew Kevin Walker.

Johnny Depp.
Christina Ricci.
Miranda Richardson.
Michael Gambon.
Richard Griffiths.
Jeffrey Jones.
Ian McDiarmid.
Michael Cough.
Christopher Walken.



El policía Ichabod Crane debe ir a Sleepy Hollow ya que hay una serie de muertes en las que los cadáveres aparecen sin cabezas…



Hoy os traigo una peli del amigo Tim Burton (sí, el mismo que hizo Batman, Eduardo Manostijeras o esa cosa tan rara de Alicia en el País de las Maravillas). Esta historia está basada de manera muy, pero que muy libre, en el clásico de Washington Irving La Leyenda de Sleepy Hollow. La historia tiene todos los elementos que a Burton le encantan: un ser sobrenatural de leyenda (el jinete), y una trama de misterio y sangre. Para protagonizarla, otra vez, su actor fetiche, Johnny Depp.

Vamos a ello.

A favor puedo destacar varias cosas. En primer lugar, la peli va al grano desde la primera escena, esa en la que vemos a un personaje (Martin Landau) que huye en su carromato. Lo bueno es que suceden dos cosas. La primera, le cortan la cabeza al chófer. La segunda, se la cortan a él. Mejor comienzo, imposible.

Esta rapidez va a seguir porque, nada más enlazar con la escena siguiente, se nos va a presentar al prota y su misión. Depp es Ichabod Crane, un detective más dado a pensar y analizar que a actuar. Su misión, por bocazas, es ir al pueblo de Sleepy Hollow a saber por qué allí la gente aparece sin cabeza. Directo, sencillo y al grano. A partir de aquí vamos a asistir, de manera bastante vistosa y entretenida, al proceso de investigación que Crane lleva a cabo en el pueblecito y a las aventuras (o desventuras) a las que debe de enfrentarse.

De inmediato, los personajes secundarios, tan importantes en una trama de detectives (esta historia, a fin de cuentas, lo es, con sus elementos fantásticos, pero historia de detectives a fin de cuentas) van a ser presentados en forma de hombre rico del pueblo, doctor u hombre de leyes que van a hacer que, por una parte, la trama se enriquezca a la vez que se complica y, por otra, aumentar las dudas de Crane y del espectador acerca de quién es o no culpable de lo que está sucediendo. 

Otro de los aspectos que me gustaría destacar es el misterio que
acompaña a todo. Aquí todo el mundo parece saber algo importante y lo oculta. Por eso, a medida que avanza la trama, somos testigos de cómo las pesquisas de Crane van siendo cada vez más importantes y, sobre todo, van tomando forma, algo que nadie del pueblo (ni muchos de los espectadores) creían de alguien tan esperpéntico como el policía que interpreta Depp. A este carácter misterioso propio de una historia de crímenes, hay que sumarle el no menos importante detalle fantástico. Para mí este está muy bien llevado y mostrado y me recuerda mucho a aquel tipo de terror gótico que tanto vimos en plena época de esplendor de la Hammer. Por eso, por un lado, tenemos a los seres sobrenaturales en sí, como el jinete o la bruja del bosque y, por otro, el terror propio de ver un montón de cadáveres descabezados, las susodichas cabezas rodando por el suelo o un montón de sangre salpicando a Crane. Y digo esto porque, bien mirado, creo que nadie recibe sangre excepto él.


Aquí me gustaría hacer un pequeño alto es una cosa que me encanta de esta peli: el malo. Si has leído cualquier reseña mía te habrás dado cuenta de que tengo una cierta debilidad por los del Lado Oscuro de la vida porque, en realidad, sin ellos no habría ni héroes ni historia. Pues bien, el malo que tenemos aquí me parece muy logrado. Para empezar, no dice ni una palabra. Pero es que no le hace falta porque pega cada mandoblazo con ese espadón que hace que todos pierdan la cabeza (ja, ja, ja. Por favor, sé bueno y, después de esta agudeza, hazme el honor de seguir leyendo) El aspecto que, estando vivo, le dieron me parece estupendo: pelos de loco tiesos como escarpias que me recuerdan a Goku, ojos de pesadilla y dientes de… ¿tiburón? El caso es que destila una fiereza descomunal y, a lomos de ese caballo negro tan imponente, no digamos. Pero es que cuando el amigo está muerto y se pasea por ahí sin cabeza es aún mejor. Parece un monstruo sacado de cualquier historia de Scooby Doo pero el tío no tiene preferencias con nadie: se carga a hombres, mujeres y niños. Como tiene que ser. Y, como además es chulo como es solo, bien que hace esas virguerías con la espada cuando desenvaina o la guarda. Y es que, se puede ser malvado y diabólico pero, si hay que lucirse, se luce. Por eso, me encanta la historia del germano y cómo se convierte en el jinete sin cabeza. Tengo que decir es totalmente inventada para la peli ya que en el libro no es así ni mucho menos pero, la verdad, al menos para mí, aporta mucho y bueno a la peli. 

Con cabeza.

Sin cabeza.


Pero, como he dicho antes, esta es, o intenta ser, una historia fantástica con tintes de terror. Y, ¿cómo se demuestra este aquí? Pues con un montón de muertes y lo que estas suponen. Las primeras me parece muy bien hechas y, sobre todo, muy divertidas. Me encanta cómo el jinete rebana cabezas y estas dan unas cuantas vueltas en el cuerpo antes de caer. Luego tenemos el hecho de ver todos esos cadáveres en sus cajas, sin cabeza mientras se descomponen o el grupito de cabezas en el árbol maldito.

Esto me lleva a otro aspecto fundamental: los efectos especiales. A
mí, por lo menos, me gustan porque, si bien está claro que aquí hay ordenador de por medio, no todo se reduce a él. De hecho, por la fecha en la que se rodó la peli, las tomas digitales aún no habían vivido la eclosión que viven ahora. Por eso, están ahí (el ejemplo del jinete sin cabeza es el más básico o la calavera de este cobrando vida) pero, también, hay efectos muy manuales: los cadáveres descabezados, las propias cabezas o la sangre del árbol salpicando a Crane. Esto, para mí, hace que la peli, en su conjunto, tenga cierto aire no moderno muy distinto al que tendría si se hiciera hoy día.



Paso a los actores. Para mí, bien, todos ellos. Depp se recrea en un papel que le viene al pelo, a camino entre los serio, lo cómico y lo timorato. De ahí que se pase media peli poniendo caras de asco ante lo que ve o poniéndose en la cabeza artefactos extraños que le hacen los ojos grandes como platos. Cristina Ricci, con ese pelo y cejas tan rubios platino siempre me ha quedado un poquito rara, pero cumple. Por supuesto, debo de hacer una mención especial al jinete sin cabeza, cuyo rostro no vemos pero es este mismo:



Eso es. El actor es Ray Park, que puso rostro y ademanes a Darth Maul, el malvado Sith de La Amenaza Fantasma.




Pero, lo más curioso en cuestión de reparto, es el montón de secundarios de lujo y míticos que contiene esta peli. Ahí tenemos a Christopher Lee (Drácula, conde Dooku), Michael Cough (que, compartiendo cartel con Lee, hizo de Harker en Drácula), Ian McDiarmid (el malvado Palpatine de la saga de La guerra de las galaxias), Richard Griffiths (el tío Vernon de Harry Potter) o, Michael Gambon (Dumbledore), Martin Landau (Ed Wood, Con la muerte en los talones) o, cómo no, Christopher Walken haciendo de jinete. Vamos, todo un lujo.

MacDiarmid, alias El Emperador.


Lee, alias Drácula, Conde Dooku.


¿Coas que no me han gustado mucho? Bueno, solo comentaría, por
un lado, la historia de la infancia de Crane. No digo que esté mal porque, en el contexto de la peli puede pegar para explicar cierto bagaje del personaje, pero también opino que esas escenas ni pinchan ni cortan… salvo para dar un papelito la entonces mujer de Burton Lisa Marie, claro. Por otro, y esto no deja de ser una opinión mía, creo que Burton se lía la manta a la cabeza demasiado con tanto nombre y relaciones en la trama que se traen los personajes secundarios. Esto, repito, es solo mi opinión.

Esto ha sido todo por hoy. Lo digo: esta peli me gusta. La vi, en su época en el cine y salí contento. Luego, el porrón de veces que la he visto en dvd me sigue dejando el mismo sabor de boca: una peli divertida que, sin pretender ser una obra maestra del género, cumple a la perfección el sano hecho de pasar un rato por Sleepy Hollow dejándote llevar por las grilladas de Burton y su actor Depp.

Por cierto, os recomiendo leer el libro. Es muy cortito; se podría decir que una novela corta. Fijaos si han cambiado cosas que, en él, el personaje de Crane no es policía, sino maestro. Pero un maestro tontorrón, inocente y buena persona que se enamora de la más guapa del pueblo. Y no hay tal jinete; no al menos como lo vemos aquí. De hecho, todo es una broma que le quieren gastar. Si veis la peli (que espero que sí), recordad el momento en el que el personaje de Brom (el sosainas de Casper Van Dien) le gasta una broma a Crane. Ahí es donde acaba el libro. Sólo como curiosidad.



Vigilad el cielo.



sábado, 13 de junio de 2015

Drácula


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Dracula (Horror of Dracula)
(1958)
Director: Terence Fisher.
Guión   : Jimmy Sangster.
Peter Cushing
Christopher Lee
Michael Cough
Melissa Stribling
Carol Marsh
John Van Eyssen


Jonathan Harker se hace pasar por bibliotecario para trabajar en el Castillo del conde Drácula…

¿Es necesario presentar al vampiro más cruel, odioso y, a su modo, atractivo de la historia del cine?

Siempre he pensado que, en las representaciones que ha tenido el conde Drácula en pantalla ha habido dos que son icónicas. Por supuesto que ha habido muchas más y muy buenas, pero, por el impacto y, sobre todo, por actores, sigo diciendo que hay dos. Una es la de Bela Lugosi. Otra, sin dudarlo, es este horror de Drácula y que tuvo como protagonistas, entre otros a la pareja Peter Cuching / Christopher Lee. Curiosamente, son muchos los que consideran que esta fue la primera vez que ambos actores coincidieron en pantalla y fue en este momento donde se forjó la leyenda. Pues no; ya coincidieron un año antes en La maldición de Frankenstein, otra joyita de la factoría Hammer. Y, si me apuráis, también lo hicieron en 1948 en Hamlet, la versión de Lawrence Olivier.
Pues bien, esta versión de Drácula ya es todo un clásico. Y no solo por su antológica pareja protagonista, sino por muchas otras cosas que me gustaría compartir con vosotros. ¡Vamos allá!
Lo primero que llama la atención del espectador nada más empezar es la música. No es una partitura agradable. Ni siquiera se puede decir que pertenezca a esas bandas sonoras que son tarareables Todo lo contrario. Es una música nada agradable, espectacular y, a veces, trepidante y chirriante a partes iguales. Esos “golpes musicales” tan característicos van a repetirse una y otra y otra vez a lo largo del metraje anunciando, en la mayoría de los casos, o bien una desgracia o una persecución inminente (ved la escena final para entender este último apunte) Y ya, desde el principio, la música va a tener su papel protagonista en unos títulos iniciales que me gustan mucho y que creo que es necesario destacar: vemos los distintos planos del castillo mientras oímos esa música espectral para terminar en un plano que me encanta:  la tumba de Drácula… salpicada por una sangre muy, pero que muy roja muy propia de la Hammer. Y esto es solo el principio.
Sigo. Mención especial hay que hacer en esta cinta en lo que a la ambientación se refiere. El castillo de Drácula, las escenas dentro de las casas (atentos al dormitorio de Harker, con ajedrez y todo) o en cualquier taberna reflejan de manera bastante acertada la época en la que está narrada la historia (mil ochocientos y pico) Y lo mismo puede decirse de los trajes, tanto los más refinados como los no tanto (véase aquí campesinos, taberneros o miembros de funerarias) Por cierto, el castillo está estupendo, entre otras cosas, porque era (y es) un castillo de verdad. Con todo, el modo de fotografiarlo y de iluminarlo me parece el más adecuado para una historia tan tétrica y sangrienta como esta.
Si hay por lo que destaque esta cinta es que está repleta de golpes de efecto que lo que buscan, y consiguen, es sorprender al espectador. Sería imposible enumerar todos pero ahí tengo que nombrar unos cuantos. Por ejemplo, la primera aparición de Drácula en lo alto de una escalera en las sombras, ese plano tan bestial y espectacular del conde revelándose como lo que es: un vampiro sanguinario. Me encanta esa expresión de bestia salvaje con los ojos inyectados en sangre. Ahí se demuestra que, cuando hay que crear miedo, las florituras se dejan  de lado. ¿Más? Claro. Por curioso que parezca, en esta cinta, cuando se clava una estaca en el corazón de la vampira de turno, no se convierte en polvo, sino que recupera el peso del tiempo de golpe, convirtiéndose en una anciana (de la cual se encarga Harker, por cierto) Muy  buen detalle el hecho de que un todo un príncipe de las tinieblas como lo es el conde, disponga de un carruaje de negros caballos… y un ataúd blanco como la nieve. El contraste, en el conjunto de la cinta, me parece sublime. Hay más pero espero que os haya picado la curiosidad y lo queráis descubrir por vosotros mismos.
La película, a pesar de tratar de quien trata, no solo intenta sorprender al espectador con lo típico y recurrente, a saber: sangre y muertes. Fisher se muestra muy sutil y elegante cuando quiere y, de igual forma que se las ingenió para mostrar al conde por primera vez rodeado de oscuridad y misterio, también se luce con su némesis, Van Helsing. Por eso, me gusta muchísimo una escena que suele pasar desapercibida con respecto al resto: la presentación del doctor cuando entra en la taberna. Y es que el rostro del mismo se mantiene fuera de cámara hasta que no habla directamente con el tabernero. Un modo muy curioso de mantener el misterio y, de paso, el interés por saber quién es ese nuevo personaje.
La sutilidad, como ya he dicho, es una constante en esta película. Por eso, me gusta mucho el modo que se tiene de contar al espectador las características de los vampiros y, de paso, informar de la labor de Van Helsing. Otros, quizás, se hubieran decantado por utilizar diálogos normales y corrientes en escenas normales y corrientes pero aquí son un poco más originales: oímos las anotaciones habladas a través de una grabadora propiedad de Van Helsing. Y, si de sutilezas hablamos, tengo que destacar el hecho de que unos de los episodios más terroríficos de la historia, el de Lucy con la niña pequeña, es narrada por esta mientras se deshace en lágrimas. Me resulta que, narrado por la pequeña, es más escalofriante. Muy sencillo sí pero, desde el punto de visto del golpe de efecto, al menos para mí, de diez.
Sigo. Esta película es, en cuanto a la aportación al tema del vampirismo, muy importante ya que va a dar al mismo dos de sus factores más emblemáticos y que antes, por unas o por otras, no se quisieron (o no se pudieron) manejar. Uno es el de las mujeres voluptuosas, escotadas y vampiras. Aquí lo podemos ver, por ejemplo, en la chica que pulula por el castillo de Drácula al principio (de hecho, en el minuto seis) y de la que Harker se encargará más tarde. A partir de esta cinta, el asociar al conde con mujeres bellas, voluptuosas y de gesto vicioso es tan natural como unir una mujer guapa a James Bond. Y esto lleva al segundo de los factores: el erotismo. Siempre que se habla del libro, se dice que la obra fue tremendamente erótica para la época. Aquí, dicha característica se representa con algo muy simple pero que, desde luego, hace referencia al tema sexual de manera más que explícita: los colmillos. Y es que cuando el conde ve a una mujer que le gusta y a la cual quiere esclavizar, le empiezan a crecer, sutilmente, los dos famosos colmillos a modo de “erección vampírica” Lo que ocurre es que, de manera general, cuando uno ve la peli, se olvida de erotismos y se centra en el hecho de que el amigo vampiro se va a poner las botas con el cuello de la pobre chica. Nada, se puede ser vampiro pero una chica guapa, es una chica guapa.


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La película, a pesar de ser de terror, creo que también pude encajarse a la perfección en el esquema de las películas de aventuras. Ya sé que decir esto suena un poco raro pero siempre me ha parecido que aquí podemos ver el esquema aventurero de toda la vida: Héroe (Van Helsing)/Amigo del Héroe (Holmwood)/Chica (Mina) y malo al que hay que eliminar (Drácula) De hecho, mucho del metraje de la peli, se va en las peripecias de Van Helsing y Holmwood y sus pesquisas para encontrar el ataúd de conde y así acabar con él. Por eso, la trama en conjunto me parece una conjunción bastante bien llevada entre el terror y la aventura propiamente dicha, si bien es cierto que el primero gana por puntos a la segunda. Con todo, creo que está muy bien llevada, sin dejas cabos sueltos y, además, se las arregla para mantener el interés del espectador durante toda la cinta.
Y, por supuesto, cómo no destacar la escena final en la que, después de encontrar el rastro del conde, Van Helsing no se lo piensa y sale corriendo a por él. Está claro: o uno u otro pero no pueden ganar los dos. Si al modo en que está rodada, muy ágil y dinámico, le añadimos esa música tan trepidante que te hacen querer salir corriendo con Cushing tras el conde, el golpe de efecto está logrado; todo un final muy digno a una película, para mí, sobresaliente. Por cierto, esta última escena solo a base de imagen y música. Ni un diálogo. Ni falta que hace. ¿Qué más se puede pedir?


Pasamos a los actores. Para mí, muy bien todos ellos. Vamos poco a poco. Melissa Stribling me parece bien como Mina, aunque también me resulta algo sosita. Tampoco es que su papel sea para tirar cohetes. En esta película, Mina es una mera comparsa con cierto protagonismo, sobre todo, al final. Carol Marsh es una buena Lucy vampira, porque, de normal, sale poco y lo poco lo hace en una cama enferma. Con todo, los colmillos le quedan bien. Seguimos ya con los importantes. Michael Cough (el Alfred de las cuatro primeras entregas de Batman) me parece un buen Arthur Holmwood, si bien al principio me queda algo estirado y demasiado amante de su esposa. Menos mal que luego se suelta un poco. Y, los mejores, para el final. Porque, seamos sinceros, los anteriores (y algunos más, claro) están bien y aportan su granito de arena a la peli pero si hablamos de esta versión e Drácula, dos nombres se nos vienen a la memoria. Y de veras que es difícil colocarlos el orden en que se merecen pero, aún así, ahí van: Christopher Lee como Drácula y Peter Cushing como van Helsing. Los dos, perfectos, plenos en la diana, matrícula de honor sin duda. Ambos lo hicieron  tan bien que, con esta peli, pasaron a la historia y se convirtieron en leyendas del terror. Y con méritos propios. Lee es el Drácula perfecto: alto (casi dos metros), temible, de aspecto serio y severo aunque se permite sonreír de vez en cuando. Pero, lo mejor es que, cuando se pone en plan salvaje, está increíble. Supo aportar una elegancia, frialdad y fiereza al personaje que, al menos para mí, fueron considerables; todo un icono para con el conde. Y, una cosa muy acertada en la que no se suele reparar demasiado, es que Drácula, en esta peli, habla muy poco. De hecho, sólo al principio de la cinta. Eso le da un aire de animal salvaje que viene muy bien al personaje. Cushing, por su parte, me sigue pareciendo el mejor Van Helsing de la historia del cine. Resulta erudito, académico, inteligente y muy, muy natural. Y es que Cushing sabía impregnar a sus personajes ese toque de naturalidad tan apabullante que va más allá de la mera representación del rol en sí. Se muestra valiente y temerario, sí (se lanza tras el conde sin pensárselo) pero, cuando le vemos en plan doctor, uno se cree que, de verdad, este hombre era médico. Fijaos en la escena (deliberadamente larga) en la que hace una transfusión a Arthur y su esposa. El lenguaje corporal, la naturalidad que destila mientras quita las vías o utiliza los frascos me parece soberbia. Y eso es justo lo que necesitaba esta peli. Frente a la fiereza descontrolada del vampiro, la humanidad sin igual del médico.



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¿Aspectos que pudieron haberse hecho mejor? Bueno, con respecto a esta peli hay una cosa que es evidente y que sería absurdo negar: al igual que ya hicieran con Frankenstein el año anterior, se tomaron muchas (algunos, con razón, dirían que demasiadas) licencias con respecto a la obra original hasta tal punto que podemos decir que lo que hicieron fue coger el nombre de unos personajes y luego hacer con ellos lo que les dio la gana. Así, Johantan Harker aquí es un caza vampiros asociado a Van Helsing. Lucy es hermana de Holmwood y este sería cuñado de Harker si este no muriese, ya que (Harker) iba a casarse con Lucy y esta es hermana de Holmwood. Y, claro está, este y Mina están casados. Dicho así, esto sueña a batiburrillo de los gordos pero ahí queda. Diríase que a los únicos que respetan son a Van Helsing y a Drácula. Sobre todo, al primero.
Otra cosa que me gustaría señalar en este apartado es que esta película, aunque resulte el colmo de la obviedad decirlo, es eminentemente seria. Aquí no hay tonterías o gags pero sí vampiros, sangre, mordeduras y muertes. Por eso, hay una escena que no me cuadra mucho porque, la verdad, no me pega con el conjunto. Me refiero a esa en la que Van Helsing y Harker vana a ver al tipo de la funeraria y este resulta un ancianete chistoso que incluso cuenta una anécdota graciosa. Mal no digo que quede pero siempre que la veo, me choca. Mirad:


¿Recomiendo verla? Ni dudarlo. Con independencia de si es una adaptación o no fiel del libro (eso lo dejo a gusto del personal) sí me resulta una buena película de terror que se ha ganado la fama de clásico que tiene por méritos propios. Me parece muy bien hecha, mejor llevada e interpretada de manera magnífica. Y, por supuesto, ver a esos dos monstruos que son Lee y Cushing no tiene desperdicio. Os animo a que, si no la habéis visto, le deis una oportunidad. Y, si ya lo habéis hecho, revisitadla.
Vigilad el cielo.




sábado, 14 de julio de 2012

Batman

Batman (Batman)

(1989)

Director: Tim Burton

Guión   : Sam Hamm, Warren Skaaren

Michael Keaton

Jack Nicholson

Kim Basinger

Robert Wuhl

Jack Palance

Michael Cough

Pat Hingle

Billy Dee Williams



La ciudad de Gotham tiene dos problemas: por un lado, el crimen está descontrolado. Por otro, hay un murciélago gigante que impone su ley…


 
Batman fue la cinta responsable de que, a lo largo del verano y navidades de 1989, el mundo se viera en mitad de un torbellino alucinante plagado de merchadasing que se conoció como la batmanía. Efectivamente, no hubo en aquellos días estuches, cuadernos, video-juegos (yo tenía el del Commodore-64 y me parecía una pasada), camisetas, gorras… que no luciesen el símbolo del murciélago.
Debo admitir que, cuando me enteré de que estaban preparando una película en condiciones del hombre murciélago, yo era un tierno infante y casi entro en éxtasis. Y es que ver a Batman en carne y hueso repartir leña era un sueño largamente acariciado por un ávido lector de cómics como este que escribe.

La expectación era muy grande, más que nada porque en torno al proyecto había un secretismo más que cerrado. No hay que olvidar que, por aquellos tiempos, la única información que se podía tener de una peli era la que daban productores o directores  a modo de foto o entrevista. Dicho de otra forma: no había Internet que te destripara la peli en forma de copia del guión, fotos del rodaje o sus derivados. No obstante, la cosa se ponía bien. Kim Basinger, en plenitud de fama y gloria, iba a ser Vicky Vale y nada menos que Jack Nicholson como Joker. Vamos, que ni pintado. Para el papel de Batman se escogió a un actor que, al menos yo, no había oído en mi vida pero, aún así, estaba deseando verle para ver cómo le quedaría el traje de murciélago. Y aquí vino mi primer “¡¡¡OoOOooopps!!!” Recuerdo muy bien la primera vez que, estando en el pueblo de mis abuelos de vacaciones, vi a Michael Keaton en una foto publicitaria de la película. Estaba posando, vestido de traje, junto a Kim Basinger, en la escena en la que ambos se conocen al principio de la peli. Y ahí fue donde pensé: «¿¿Este es Batman??» No se le veía muy atlético pero, lo que más me llamó la atención, fue que era prácticamente de la misma altura de la Basinger... Ok, ok. No era el momento de ponerse a pensar en esas cosas y, al menos a mí, me importaban un ejército de bledos.


No puedo creer que haya encontardo aquella misma
foto...
Y llegó el momento. Después de una campaña publicitaria más que considerable, Batman aterrizó, vio y arrasó... Otra cosa muy distinta fue que convenciese. Aún así, estaba deseando ver cómo sería un Batman en la vida real.  Con todo, la película, una vez que se estrenó, despertó pasiones, fiebres, iras y críticas a partes iguales. Veamos...

Desde mi punto de vista, es obvio que esta cinta tiene muchos tantos a favor. Lo que más me gustó fue, sin duda, el diseño de producción. Anton Furst hizo pleno a la hora de dar vida a la ciudad de Gotham y todo lo que ella conlleva. Se la ve oscura, gótica, con una especie de atmósfera agobiante muy, pero que muy alejada de la simple ciudad que pudimos ver en la serie de Adam West de los años sesenta. Los gadgets que utiliza Batman, como el traje (que, debo admitirlo, me chocó porque no era el traje de los cómics. Muy espectacular, eso sí, a modo de armadura moderna, pero para nada el que yo esperaba ver. Curioso cómo la serie de Adam West ha sido la única que lo ha respetado…), el batmóvil o el bat-plano (no sé si este se llama así, pero ya sabéis a qué me refiero), están muy conseguidos, lo mismo que todo lo referido al Joker.  Hay que destacar que el maquillaje de Jack Nicholson (kilos de más a parte) está muy logrado y no hay más que mirarle a la cara para saber que es el Joker.



Creo que el trabajo de los actores es bastante correcto. Cada cual a lo suyo. Michael Keaton no es que rebose simpatía pero esa cara de sieso va que ni pintada para el personaje tal y como está planteado a lo largo de toda la película. ¿Jack Nicholson? Pues como siempre: estupendo. Su elección para el Joker estaba más que justificada y, desde luego, fue un tanto que, kilos a parte, aportó mucho al resultado final. Kim Basinger está bien y, por supuesto, aporta la típica cara bonita que suele haber en este tipo de producciones. Y, rodeando al elenco protagonista, actores de la talla de Lee Wallace como alcalde, Michael Cough haciendo de Alfred o Jack Palance en el papel de Carl Grissom. Destaco también a Billy Dee Williams como Harvey Dent que, por desgracia para él, no pudo disfrutar de las delicias que este personaje pudo haberle dado en el futuro como Dos Caras. Misterios y reveses de Hollywood, supongo. Por su parte, Robert Wuhl es Alexander Knox, un personaje tan soso como poco importante cuya labor, a priori, se supone que era aportar los toques graciosillos de turno pero que a mí siempre me ha sobrado un poco.

Elfman
Sigamos. Decir Batman implica meter el nombre de Tim Burton en medio, pero también otro. Y es que muy recomendable es la banda sonora de la película a cargo de Danny Elfman.  En ella podemos escuchar desde temas trepidantes (como el del propio Batman), pasando por otros más románticos o nostálgicos. Pero sobre todo, uno que me gusta mucho, es el denominado Waltz to the Dead, que en la película sirve de fondo a una escena muy curiosa entre Nicholson y Basinger en la torre Gotham. A parte de esta música, la cinta contó con la de otro artista: nada menos que Prince, que aportó sus temas eléctricos a muchas escenas. Con él, se inauguró esa moda que hoy es tan habitual: una película tiene la banda sonora normal, la de toda la vida y, luego, la aportación del cantante o grupo de turno. Con todo, hay a quien le encanta el granito de arena de Prince y quien lo detesta. Yo me quedo en medio pero admito que el tema Bat-Dance me pareció muy curioso y se te mete en la cabeza sin que te des cuenta.

Pero no todo puede ser bueno, ¿verdad? ¿Tiene esta cinta detalles que fueron más que mejorables? Para mí, unos cuantos…

Parece que sacarle cosas negativas a este Batman es, como poco, sacrílego. Por un lado, porque se ha convertido en una especie de clásico moderno. Por otro, su director, Tim Burton, se ha alzado como un sucedáneo de director genial y chiflado que todo lo que hace o toca debe ser calificado de maravilloso y, encima, dicha fama, quizás, comenzase con esta cinta. Bueno, quien crea así, estupendo. Yo no soy de esos. Si hay algo que caracterice a este director es su afán de pasar por una especie de filtro todos (o casi todos, considero que El Plantea de los simios es una excepción a esta regla ya que le tuvieron pero que muy vigilado) los proyectos que coge y adaptarlos a lo que le gusta. Ok, a fin de cuentas es el director y eso debe notarse. Es obvio que todo el asunto oscuro y gótico le gustan mucho y así lo ha manifestado. Claro está, Batman le dio la oportunidad de manejar estos elementos con un personaje que, desde hacía unos cuantos años, con la aparición de Batman, el regreso del señor de la noche (Frank Miller), muchos se habían empeñado en reinventar desde un punto de vista oscuro y trágico. Burton se recreó en esta imagen y nos dio un Batman que, en primer lugar, no usa el traje (al menos los colores) del original. Aquí es todo negro y se podría decir (como antes apunté) que lleva una especie de armadura y no el traje del super-héroe de toda la vida. El personaje, como aparece en la película, es una especie de monstruo de Frankenstein: está casi siempre rígido, impasible y casi nunca (¡o nunca!) gesticula. Pelear, pelea poco (dicen los expertos, y no sin cierta razón, que las escenas de acción no son el fuerte de Burton) para luego volver a su estado de rigidez. Burton alegó que lo hizo así porque “...es mi estilo...” Eso tiene cierta lógica, pero también hay que tener en cuenta que hablamos de Batman, y este salta, pega, recibe, hace piruetas y un largo etcétera porque, no hay que olvidarlo, la gracia de este personaje en los cómics se basa en que es un tipo sin poderes pero sumamente fuerte y ágil. Claro que también es estilo del director pintar al personal la cara de blanco y poner ojeras...

Y de Batman pasamos a Michael Keaton. La gran controversia. ¿Fue un buen Batman? Yo diría que cumplió. ¿Fue el actor idóneo para Batman? Ummm... Está claro que sería un tema para debatir. Particularmente creo que Keaton es un buen actor y su interpretación Batman/Bruce Wayne es correcta pero, como se puede ver, está lejos de dar la talla desde el punto de vista de la apariencia del personaje: es un actor muy bajito y su físico no se lo curraron mucho. Recuerdo que en un programa de radio de la época oí un debate acerca de este tema (para que veáis si hubo controversia) en el que el ejemplo a seguir era Superman/Christopher Reeve en comparación con Batman/Keaton. Era obvio que este siempre perdía. En un documental de 1989, Burton salió en su defensa diciendo lo siguiente:

             ... Escogí a Michael porque es un hombre normal y, a parte, muy buen actor. Batman es un hombre normal que se pone un traje. Si fuera como Arnold Schwarzenegger no necesitaría ponerse el traje de Batman...”

 Esta explicación puede pasar aunque, todo hay que admitirlo, está un poquito cogida por los pelos. Desde ese punto de vista, puedes tener un actor excelente con unas dotes interpretativas apabullantes. Pero si es calvo, bajito y regordete es posible que no sea la mejor elección para Batman. (Nota: Keaton tampoco destacaba por su melena al viento, pero eso es otro cantar...) En fin, cuestión de gustos, como siempre digo…

Por lo demás, señalar que algunos personajes me parece que están algo desaprovechados: Alfred se luce poco y Gordon (en las cuatro películas iniciales de Batman) es un mero comparsa. Quizás Vicky Vale y su amigo Knox pudieron haber dado un poquito más de intriga a la trama investigando acerca de Wayne con más intensidad, pero esto es una opinión mía.

Y llegamos a otro tema que siempre llama la atención en las películas de Burton. A parte de caras pálidas, ojeras y pelos alborotados, hay una cosa por la que el director siempre se ha destacado: le gustan los malos. Y con Batman no hay excepción. Si os fijáis, la película tiene por protagonista al súper-héroe (¡faltaba más!) pero se detiene mucho más y presta mucha atención y cuidado a todo lo que se refiere al Joker. De hecho, puestos a ser algo tiquismiquis, si la película se hubiese llamado “Joker”, no hubiera pasado nada. Fijaros bien: sabemos que Bruce es rico pero no se nos dice la razón. Tampoco se nos explica a qué se dedica o qué hace empresas Wayne (el diálogo, cuando Vicky le pregunta al principio de la película, se corta) No sabemos si Bruce tiene o no vida social, amigos, pareja... En cambio, el Joker tiene pero que muchos minutos de metraje a su disposición. Y claro, palicedes y malos a parte, otra cosa que le encanta al amigo Tim son los payasos y el mundo circense. El malo de esta peli le ofrece ambas cosas: maldad y circo. ¿Cómo se presenta el Joker en Gotham? Precedido de payasos y mimos. Vamos, ni hecho a posta.

En fin, como puede verse, para mí esta película tiene tantos a favor y en contra. ¿Es una buena película? Yo diría que sí porque creo que está bien hecha y cumple su objetivo, que es entretener. Ahora bien, ¿me parece una buena adaptación del personaje? Bueno… Opino que se pudo haber hecho mucho mejor. Con todo, opino que es una película que hay que ver. 

Y. de remate, unas cuantas bat-curiosidades: 

-En un principio, Jon Peters y Peter Guber, productores de la película, pensaron en Bill Murray como Batman. ¿Alguien se imagina al cazafantasmas como el hombre murciélago? Yo no.

-Sean Young era Vicky Vale pero un accidente la obligó a pasarle en relevo a Basinger.

-Cuando vi la película me pareció que Batman tiene una cara algo extraña. Según se supo después, Keaton no sólo utilizó prótesis en el cuerpo (amén de alzas en los pies) sino también en el rostro. Comparad algunas tomas cuando está como Batman con otras de Bruce Wayme. Parece que este tiene la cara más delgada.

-Kim Basinger quería lucir cuerpo en algún momento de la película. Por eso, intentó convencer a Burton de salir con poca ropa en alguna escena. Michael Keaton se negó ya que consideraba que era una película sobre todo para niños. Jack Nicholson apoyó entusiasmado a la actriz.

-Se dice que, durante el rodaje, Michael Keaton sufrió un resfriado de los que dejan huella. Por ello, gesto fruncido a parte, lucía aspecto de haber sido bat-aplastado.

-Burton se negó en redondo a incluir a Robin ya que un tipo con traje de colores no pegaba junto al Batman que tenía preparado. Y tenía razón.

-Jack Nicholson se enteró del proyecto cuando John Peters se lo dijo en el rodaje de Las brujas de Eastwick.

-Nicholson demostró ser el más listo y tuvo que oler el negocio por alguna parte. Por eso, firmó el contrato con una cláusula que incluía un porcentaje de los beneficios. Vamos, que se hizo de oro.

-Michael Keaton no oía la mayor parte de los diálogos: se los tapaba la caperuza.

-Mientras se preparaba la película, se recibieron montones de cartas de admiradores pidiendo que Adam West (Batman en la serie de los sesenta) fuese Batman. Las escribió el propio Adam West.

-Un actor hace de Bob Kane, creador de Batman, en el periódico de Knox. El dibujo que se ve lo hizo el propio Kane.

-Si hay algo que me descoloca es la época en la que se supone sucede esta peli. Si uno se fija en Kim Basinger y los modelos que lleva, parece moderna. No obstante, los hombres llevan traje y sombrero como en los años treinta. Por no hablar de los uniformes de la policía.

- En el video “Bat-dance” de Prince hay tipos vestidos de murciélagos a patadas. Uno de ellos es Michael Keaton.

-El maquillaje de Jack Nicholson fue un secreto. Como ya apunté antes, hay que contar que, en aquella época, no se contaba con eso de filtrar fotos por Internet.

-El propio Bob Kane alucinó en bat-colores cuando vio a Michael Keaton por primera vez. «¿Dónde está el tipo de mandíbula cuadrada que yo imagine?», pensó.

-Prácticamente todas las escenas de acción de Batman las hizo un doble.

-Hay una escena un tanto extraña: Joker manda a su número uno a investigar a Knox. Este obedece y, un par de escenas después, viene con unas fotos. Joker coge la de Knox y pregunta “¿Quién es este lelo?” “Un tal Knox”, responde su ayudante. Ahora bien, ¿manda investigarle y luego pregunta por él como si no le conociese?

-Al principio, Michael Keaton estaba abrumado por el peso de interpretar a un personaje de esta magnitud. Nicholson le dio un buen consejo: deja que actúe el traje.

-Batman no mueve el cuello. Para volverse, gira todo el cuerpo. Esto es porque la caperuza era enteriza y no permitía ningún movimiento. ¿Cómo no pensaron en eso? Lo curioso es que esto se dio en las tres películas siguientes…

-Con todo ello, guste o no, un auténtico taquillazo.

Vigilad el cielo...