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sábado, 13 de diciembre de 2014

Drácula, príncipe de las tinieblas.

Drácula, príncipe de las tinieblas (Dracula, prince of darkness)
(1966)

Director: Terence Fisher.
Guión   : Jimmy Sangster, Anthony Hinds, 

Christopher Lee.
Francis Matthews.
Charles "Bud" Tingwell.
Barbara Shelley.
Suzan Farmer.
Philip Latham.
 
 


Unos familiares, de vacaciones, acaban en el castillo del conde Drácula, muerto hace diez años...



Muy buenas a todos, vigilantes del cielo.

Hoy os traigo la segunda película de la saga del personaje de Drácula que protagonizó Christopher Lee y que, cosa curiosa, está considerada por muchos como la mejor de la saga.

La cuestión, como siempre suele ocurrir, es que el éxito de Drácula hizo que los estudios viesen en el personaje todo un filón que explotar y, de paso, reactivar viejas glorias del cine de terror que, desde los años treinta, no se lucían como merecían.

 

Repiten Christopher Lee actuando y Terence Fisher dirigiendo. Muy bien, esto es lo que os puedo decir:

La película, a pesar de no tener un metraje para tirar cohetes (no llega a la hora y media) se va a caracterizar por la parsimonia que se respira en los, más o menos, cuarenta primeros minutos. Si esperas ver vampiros, vampiras guapas enseñando cuello y hombros o algún que otro monstruo dispuesto a morder vas listo. De hecho, esta es una historia donde el vampiro en cuestión va a prodigarse poco. Eso sí, cuando sale, el tipo no tiene desperdicio. Por eso, tras un breve flash back que nos recuerda los minutos finales de la entrega anterior (esa en la que Peter Cushing se carga al vampiro) la cinta nos va a meter en situación cuando vemos a un cortejo fúnebre (adivina qué: la chica muerta es rubia y guapa) que incluye aldeanos, cura y, también, un martillo y una estaca. Y menos mal que aparece el padre Sandor para evitar que se la  claven (la estaca) a la pobre chica. Y es que los adelanos, con el cura incluido, temen que pueda haber sido mordida por un vampiro.

Después de este arranque tan prometedor, el guión va a frenar un poco bastante y va a ocupar una parte más que considerable en presentarnos a los personajes que van a ser los protas. En concreto, tenemos dos parejas: Charles, su esposa Diana y Allan y su mujer Helen, todos ellos viajeros y algo pijos. Como puedes suponer, los cuatro desgraciados van a acabar frente al castillo de cierto conde que murió hace diez años. Cosa lógica (porque, de lo contrario, no habría peli), acaban todos dentro del castillo, más que nada, porque un coche de caballos sin conductor les lleva y la cena está lista. Ah, y también hay un criado muy tétrico que lo tiene todo en orden y preparado, Klove.


 
Los minutos pasan entre discusiones familiares y cenas agradables hasta que, más o menos, en el minuto cuarenta, se produce la primera muerte. Aquí debo detenerme porque, sin duda, es una de las muertes más explícitas que he visto y que se narra con más calma. Mirad:
 

 

Sanguinariamente alucinante, ¿verdad?
A partir de este momento, como debe ser, el conde Drácula vuelve y se ve que lo hace con hambre de cuello femenino porque primero se ocupa de Helen y luego trata de hacer lo propio con Diana. Y esta es la excusa perfecta para que se desarrolle toda la epli y que, desde cierto punto de vista, guarde muchas similitudes con la entrega anterior, es decir, Drácula se emperra de una mujer, Drácula se pasa toda la peli fastidiando al personal para poner morderla a gusto y, al final, Drácula se va a tomar viento en un enfrentamiento que simboliza la eterna lucha entre el bien y el mal. Todo esto, por supuesto, al son de mucha sangre de color rojo brillante, unos decorados muy creíbles (si mal no recuerdo, el castillo era y es real) y mucha música trepidante que pega de manera perfecta con las escenas en las que alguien, sea bueno o malo, sale corriendo o persiguiendo a alguien.

Sigo. Si hay algo que caracterice a las películas de la saga Lee, es que están inspiradas de manera muy, pero que muy lejana en los originales literarios. Teniendo en cuenta que Drácula es un solo libro, es obvio que todas las películas del ciclo que nos ocupa sean inventadas. Esta de hoy, claro está, no es una excepción y el argumento es totalmente libre con respecto a la novela original. No obstante, y esto sí que es una curiosidad, hay dos factores que remiten al libro y que no vimos en la peli precedente. Así, el personaje de Ludwig no es otro que Rendifield. Más que nada, porque Sandor dice que, a raíz de tener un encuentro con Drácula se volvió un poquito loco y, además, come moscas. Por otro lado, vamos a ver en una de las escenas más famosas y atrevidas del libro y que, por hache o por be, no se incluyeron en la primera entrega: Drácula, cieguito, perdido de pasión, se descamisa, se abre el pecho y manda a Diana que le succione la sangre. Siempre me ha parecido que, para la época, esta escena es muy fuerte y, desde luego, fueron valientes al incluirla.

¿Y el final? Pues, por supuesto, el mal no puede ganar nunca. Eso sí, lo de matar vampiros con la luz del sol o estacas está algo visto. Siempre he pensado que, desde luego, para estas películas, los guionistas se debían devanar los sesos para que el final del monstruo fuese original y distinto con respecto a las entregas anteriores. Aquí, cosa curiosa, hay una escena en la que Sandor enumera los modos de acabar con Drácula. Uno de ellos es el agua y de eso se aprovechan. Creo que liarse a tiros con un lago helado y que el conde se sumerja en él (atentos al plano final, mientras aparecen los títulos de crédito) es algo muy original y está muy bien mostrado.
Los actores están muy correctos. Andrew Keir como Sandor está
muy creíble como fraile, una especie de versión religiosa y bestia de Van Helsing y que hace que uno desee de veras calentarse el trasero cerquita de un buen fuego (ve la peli y entenderás lo que acabo de decir). Francis Matthews, Charles, resulta muy dinámico y ágil en su comportamiento, algo así como el gracioso del grupo. Charles "Bud" Tingwell es, quizás, el más soso pero hay que reconocer que su muerte es impresionante. Barbara Shelley cambia muy bien de mojigata y estirada a vampira sexy. Suzan Farmer es la casada joven, inocente y guapa que todo vampiro querría morder. Philip Latham está genial como Klove; una especie de criado draculín y, como dice Charles, "...no es una persona especialmente tranquilizadora"
 
 
 
Pero, por supuesto, esta es una película de Drácula y, además, de Christopher Lee. Aquí el actor está tremendo y me resulta mucho más fiero, amenazador y con más mala uva que en la anterior (que ya es decir) Si estás ojo avizor, te darás cuenta de un detallito que, en un principio parece que no es importante pero que, una vez que te das cuenta, lo es y mucho: el conde no habla en toda la cinta. Sí, mira con aversión, muerde, se le inyectan los ojos en sangre y todo lo que quieras, pero no dice ni esta boca es mía. ¿El motivo? Pues parece ser que Lee no quería volver a interpretar al conde por aquello del encasillamiento. Por unas o por otras, debía de tener alguna obligación de contrato porque le hicieron pasar por el aro. Eso sí, puso como condición no hablar nada. El resultado, cosa muy curiosa, lo que hizo fue favorecer la peli y su actuación porque otorgó un tono de animal salvaje al conde que le vino de perlas. Cosas del cine...
 
 
 

Pues esto ha sido todo. Una mera anécdota personal: cuando la vi por primera vez me dejó algo así, así (vi primero esta y luego la primera entrega) Luego, con el paso de los años, la he visto varias veces y, la verdad, entiendo que muchos la consideren una de las mejores entregas. Tiene un algo que te atrapa y hace que no quites ojo de la peli esperando eso de " a ver qué pasa ahora" ¿La recomiendo? Ni lo dudes, claro. Ideal para verla por la noche, bien con un heladito en la mano o bajo una mantita acompañado de una tacita de chocolate caliente.
Por cierto, si creéis que Drácula estira la pata y la capa en esta cinta, vais listos...

Vigilad el cielo.
 




2 comentarios:

  1. Aunque prefiero la primera entrega esta me parece una continuación muy digna. Keir cumple bien como Sandor aunque echo de menos a Van Helsing. El hecho que Drácula no hable le hace parecer más inquietante y bestial.
    Saludos! Borgo.

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    Respuestas
    1. Sandor da tanto miedo como Drácula... Por lo demás, creo que fue todo un acierto. Y, desde luego, por unas o por otras, eso de que no hable vino de perlas al personaje.

      ¡Gracias por pasarte por aquí!

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