(2018) Director: Taika Waititi. Guión: Eric Pearson, Craig Kyle, Christopher Yost. Chris Hemsworth. Tom Hiddleston. Cate Blanchett. Mark Ruffalo. Jeff Goldblum. Tessa Thompson. Karl Urban. Idris Elba. Anthony Hopkins.
Thor debe enfrentarse a su hermana Hela, la diosa de la guerra, que está dispuesta a destruir Asgard...
¡Muy buenas!
Hoy traigo conmigo otro bombazo, una de esas películas llenas de espectáculo y buen humor, ideal para ser acompañadas de un buen bol de palomitas y muchas chuches. Y, por supuesto, otro ejemplo de lo bien que se hacen las películas de superhéroes y que demuestra que, en efecto, este es el momento de hacerlas.
Vamos allá.
Si hay algo que me ha llamado la atención de este Thor, es que, cosa curiosa, nos plantea la película en la primera escena, esa en la que el amigo melenas está colgado de una red y habla con un ser con cuernos, Surtur. Ahí ya sale una palabra: Ragnarok, y es clave porque, aparte de formar parte del título de la cinta, se nos explica lo que es: la devastación total de Asgard sea quien sea el que trate de evitarlo, algo así como una profecía en plan Apocalipsis solo que más espectacular y divertida.
Y es aquí donde comienza la historia principal, que se puede decir que tiene dos ramas cual afluentes de un río. Por un lado está el eje principal, esto es, la toma del poder por parte de Hela, la hermana con muy mala leche de Thor. Y cornuda, por cierto. Esta vertiente de la historia me encanta porque, cosa rara, es la más cortita pero es que no hace falta más: Hela quiere destrozar Argard, tomar el poder y matar a todo el imbécil que se le ponga por delante (que los hay. Es lo que tiene ser noble) Y es eso justo lo que vemos en pantalla ya que la amiga Hela no se corta ni un pelo de su morena cabellera en hacer dos cosas: matar y mostrar a los espectadores que Asgard no es tan bonito como lo imaginamos. De hecho, hasta se puede decir que no es que sea tan mala, ya que Odín fue un pelín mentiroso al ocultar los orígenes de su poder y, sobre todo, cómo se convirtió en el padre de todos los asgardianos. Esta parte, lo repito, se centra, sobretodo, en el aspecto destructivo de Hela y lo hace de manera soberbia, ya que el espectador está ansioso porque la señora (o señorita) muestre más cosas acerca de las mentiras de Asgard.
La otra vertiente, parte, o como quieras llamarla, es la más larga y, por esto mismo, la que más matices tiene y la que la hace más disfrutable aún que la otra: las andanzas de Thor y Loki por esos mundos perdidos de Dios (o de Odín, aquí va en cuestión de gustos) y que van a ocupar buena parte del metraje. Y debo decir que esta parte me ha encantado y tiene escenas antológicas. Aquí podemos ver y disfrutar del binomio Thor-Loki hasta sus últimas consecuencias. Las peripecias de los dos hermanos son alucinantes en todos los sentidos y, por suerte, el guión se las apaña para explotar al máximo y de manera soberbia los momentos en que los dos (que son muchos) comparten escena. Aquí es evidente que la química entre personajes (y actores) se palpa sin dificultad y la historia no solo se enriquece con ella si no que le saca un partido espectacular. Y es en este apartado donde la cinta, al contrario que muchas otras, incluye un aspecto que suele dejarse un pelín de lado en las películas de superhéroes (ojo, descarto aquí al borde de Deadpool): el humor. O, mejor dicho, el cachondeo. Las situaciones humorísticas están muy bien llevadas y colocadas y sirven de manera excepcional para liberar tensiones. Ahí quedan casi todos los momentos en los que Loki y Thor comparten escena, por no hablar de las de Hulk/Banner o de todo lo que sucede cada vez que el personaje de El gran maestro abre la boca. El equilibrio entre aventuras, carácter superheroico y humor es tan perfecto que hace que no te enteres de que los minutos pasan y la peli sigue su curso. Y, por supuesto, a ello hay que añadir la acción y espectacularidad que toda película de esta naturaleza debe tener.
Los efectos especiales son tremendos y se nota que la Industrial Light and Magic anda detrás de ellos. Thor aquí se muestra en toda su gloria y lo poquito que sale el martillo es espectacular, viendo en toda su gloria ese movimiento que consiste en hacerlo girar mientras reparte caña entre el personal. A Hulk te lo crees en todas y cada una de sus escenas y se luce más que en todas las otras donde participa. Y, por supuesto, hay que añadir monstruos de todas clases, peleas donde los golpes que se dan y reciben resultan tremendos y toda clase de parafernalia propia de Marvel que aquí está tan bien hecha que no queda más remedio que creerla. Por eso, escenas para el recuerdo hay a patadas. El combate entre Hulk y Thor es una buena muestra de ello. Todo lo que hace Hela, también. Ahí queda cómo lanza espadas o el modo en que cambia su pelo por ese casco tan alucinante. Y no hay que olvidar el momento estelar de Surtur que, a su modo, me recuerda un poco a la parte final de Ira de titanes.
Le toca el turno a los actores. Clavados todos ellos. Chris Hemsworth amplia registros con Thor porque se muestra muy heroico (y cachas) pero, a la vez, gracioso y ocurrente. Tom Hiddleston lo clava con su Loki y, a pesar de ser un traicionero considerable, cae fenomenal hasta el punto que puede ser que robe muchos momentos al rubio guaperas. Cate Blanchett está tremenda en su papel de Hela y ese aspecto de malísima que le han dado con ese pelo negro y esos ojos pintados le vienen de perlas al personaje. Mark Ruffalo, por su parte, ha demostrado ser un Hulk/Banner idóneo hasta tal punto que hace que te olvides de los demas actores que se hicieron con el papel (a excepción, claro está, de Bill Bixby y Lou Ferrigno, que son intocables) Tessa Thompson como Valkiria me resulta correcta, aunque algo sosita en comparación con los monstruos que tiene alrededor. Jeff Goldblum, por su parte, borda el personaje de El Gran maestro y se le nota pero que muy a gusto con él. Karl Urban, como suele hacer, es un buen secundario en un papel que se le ve venir desde el principio.
Y aquí debo hacer mención a varios cameos que hay en la cinta y que, como te dejes llevar, ni los ves. Ahí están Matt Damon y Sam Neill, que hacen la obra de teatro. Luke Hemsworth, hermano del prota en la vida real, interpreta a Thor en dicha obra. El director Taika Waititi es Korg (el ser de piedra) y Surtur (el ser de fuego) Y, sí, sale Stan Lee porque, de lo contrario, no sería una película de Marvel.
Un detalle que me ha llamado la atención: la utilización de la música. Aquí no hay lo que podemos considerar como una banda sonora convencional. y esto se multiplica en las escenas de lucha. Es más, cada vez que Thor ataca (y no veas cómo lo hace) la musiquita que suena de fondo me recuerda de manera más que sospechosa a la de Wonder Woman en su peli o en Batman contra Superman.
Y poco más puedo decir. La peli me ha encantado y creo que eso se ha notado en la charla que acabas de leer. Muy bien llevada, respetando los personajes y la esencia de los mismos, con unos actores que se mueven como pez en el agua con los papeles que interpretan y con una historia que no tiene un solo punto flaco. Es un equilibrio perfecto entre fantasía, aventura y humor que han sabido mantener de principio a fin y eso se nota en cada minuto de la cinta. en mi opinión, además, es la película más marvelita hasta la fecha.
Guión:
Christopher Yost, Christopher Markus, Stephen McFeely, Don Payne, Robert Rodat.
Chris Hemsworth.
Natalie Portman.
Tom Hiddleston
Christopher Eccleston
Anthony Hopkins
Idris Elba
Rene Russo
Kat Dennings
Stellan Skargard
Los
elfos oscuros al mando de Malekith buscan un arma llamado Éter que está oculta
en la Tierra…
Después
de ver las andanzas del asgardiano más famoso enLos Vengadores, vamos allá con su segunda
aventura en solitario. La verdad es que tenía muchas ganas de ver esta peli.
Primero, porque la anterior me gustó mucho. Segundo, porque, después de ver el
tráiler, parecía que iba a ser una historia mucho más oscura.
Muy
bien. Pues la vi ayer mismo, el día de su estreno. Estas son mis impresiones…
Para
empezar, me gusta mucho que la trama empiece de golpe, justo desde la primera
escena en la que la voz de Odín nos explica la guerra que hubo entre Asgard y
los elfos oscuros y cómo estos, al mando del pérfido y feo Malekith, trataban
de usar un arma de destrucción llamada el éter. Muy bien, me parece una escena
muy conseguida que, aparte de recordarme un poco a la breve introducción de El
señor de los Anillos, capta la atención del espectador y te deja muy claro cuál
va a ser uno de los ejes principales de la peli porque, claro está, el
susodicho éter va a dar mucho juego y, de paso, hacer la vida del personal algo
difícil.
Tras
esto, la cinta no da tregua y conocemos cuál es la situación en Asgard: los
nueve reinos están en guerra y, gracias a Thor, las cosas vuelven a su sitio.
Así, conocemos la situación actual de Asgard, el devenir de los personajes y
las relaciones que hay entre ellos.
Esta
presentación de personajes y situaciones se va a prolongar un poquito más
cuando pasamos a la Tierra y vemos a la doctora Jane Foster y compañía en forma
de becarios de primera o segunda división. También recordamos al doctor Selvic,
ese científico que fue poseído en Los Vengadores por un dios chiflado y que,
cosa lógica, tiene algo de secuelas. Nada, tranquilos; no hay nada que no se
solucione quedándose en pelotas o, al menos, con los pantalones fuera. Por
tanto, creo que la peli se merece un sobresaliente tanto en la presentación de
personajes como en el planteamiento de situaciones.
A
partir de aquí, tenemos todo lo que queda de cinta para que la trama se explaye
a gusto y sin prisas en el argumento principal que, estoy seguro, no va a coger
por sorpresa a nadie: el mencionado éter es buscado y, por supuesto, encontrado
por parte de Malekith y sus hordas para ir a Asgard y dar caña a todo asgardiano
o asgardiana que se ponga por delante. No más, pero tampoco menos, claro.
Con
respecto a la trama en sí debo mencionar varias cosas que me han gustado
bastante. Para empezar, me ha encantado que no se hayan encasillado en
películas anteriores y hayan ofrecido más de lo mismo, es decir, una amenaza
para la Tierra y el héroe de turno que va al rescate. Vale, aquí hay de esto
pero hay que reconocer que mucho del metraje que vamos a encontrarnos se desarrolla
en Asgard, en mitad de intrigas, personajes y batallas variadas que, al menos a
mí, me han gustado mucho, tanto por espectacularidad como por cómo las han
mostrado y su importancia en el eje de la peli.
Sigo.
Debo de decir que otro punto a favor que me gustaría señalar es que no todo se
reduce a peleas y batallas (que las hay) Los conflictos nos son nuevos, ya que
parten de un bagaje que sucedió en el pasado (de nuevo, me ha recordado
bastante a El señor de los anillos) y el drama que se respira entre personajes
de lo más variados enriquece la trama de manera bastante notable. Y, hablando
de personajes, aquí va otro punto a favor: no se han estancado. Todo lo
contrario, porque los han hecho evolucionar y, por lo tanto, cambiar. Así, Odín
está más calmado y tranquilo (quizás, también, mayor), Thor ya no es el bocazas
orgulloso de la primer parte. De hecho, y quizás esto sea lo que salta más a la
vista, el pobre hombre está hecho polvo. Y es que puedes ser dios, fuerte y
tener un martillo con el que haces unas cosas de lo más molonas pero, si tu
corazoncito suspira por una humana muy guapa, no hay batalla ni banquete que
valga. Y aquí, el rubito musculín, está enamorado hasta las alas del casco
(que, por cierto, no lo ha lucido, con lo que a mí me gusta) de Jane Foster, la
científico que en la primera parte desencadenó todo. Y sobre ella debo hacer
referencia a otro gran acierto: aquí se sale más, se luce mucho más y, de paso,
cobra mucha más importancia de lo que vimos en la otra (y que, al menos yo,
extrañé mucho en Los Vengadores) De hecho, la amiga es el desencadenante de
algo muy importante de la trama (que no te voy a decir) e incluso viaja a
Asgard para conocer a los suegros. Ya era hora, repito, de dar mayor
protagonismo y chicha al personaje. Odín, por su parte, sigue igual de guerrero
y aquí se demuestra que, aparte de ser el padre de todos, sufre como cualquier
hijo de vecino. Es lo que debe tener (entre otras cosas) un hijo adoptivo que
ha intentado conquistar la Tierra, traicionado todos los valores de Asgard y, a
fin de cuentas, ser malo con ganas. Y es que, quizás, Loki es el que menos ha
cambiado, salvo que aquí está más chistosito (atención a la escena en la que
usa distintos cuerpos, entre ellos, el del Capitán América) y, a su modo, más
capullín.
Una
trama, en definitiva, bastante sencilla que, por eso, capta de manera
automática la atención del espectador y que, junto con unos personajes muy bien
definidos de los que sabes perfectamente qué van a darte y el toquecito de
humor adecuado (sin llegar a la estupidez o el absurdo forzado), cumple a la
perfección el objetivo de esta cinta que, claro está es el de entretener.
Pero
si hay algo que me ha gustado mucho por encima de todo, además de toda la
charla que llevo hasta ahora, es que se las han apañado para hacer tres cosas
que creo que merecen la pena comentarse. En primer lugar, han centrado gran parte
de la trama en Asgard. De este modo, hemos profundizado más en los personajes
que se nos presentaron en la primera entrega y, de este modo, conocemos más de
sus personalidades, sus deseos y sus modos de actuar. Creo que volver a centrar
toda la atención en la Tierra evitando una invasión alienígena o algo por el
estilo no solo hubiera sido poco original, sino, también repetitivo en exceso
(no olvidemos que Thor, Los Vengadores y El hombre de Acero, aunque sea de otra
franquicia, tratan de los mismo) A mí, en particular, lo que vimos de Asgard en
la otra peli me supo a poco y la oportunidad de ver y conocer más de este mundo,
me ha encantado. La segunda, que esta nueva entrega de Thor se va a diferenciar
de la otra en un aspecto fundamental: esta peli, bien mirada, no es una
historia de súper héroes. No, al menos, del modo en que solemos pensar en
ellas. De hecho, nada más comenzar, con esa explicación acerca del éter, los
elfos oscuros, que no dejan de recordar a los elfos que últimamente pululan por
las pantallas y el carácter épico que reina a lo largo de todo el metraje, con
sus luchas, batallas, ejércitos y demás, más parece una película de fantasía al
estilo de la trilogía de Tolkien que el típico producto salido de la Marvel. Y
la tercera, que le han dado a la historia un aire bastante oscuro y tétrico que
se aleja mucho de lo que vimos en la primera parte, donde todo era más
brillante y colorido. Y, en lo que a mí respecta, me ha parecido todo un logro.
¿Y
los efectos especiales? Pues tremendos. Aquí hay de todo y para todos los
gustos: seres extraños, monstruos más extraños aún, batallas muy épicas y naves
espaciales que, invisibles o no, destrozan todo lo que haya que destrozar. Y
atentos a toda la escena final donde los personajes saltan de un mundo a otro
como si tal cosa. Eso sí, dándose de palos, como está mandado.
Los
actores me parecen muy correctos y convincentes. Chris Hemsworth me sigue
pareciendo el Thor perfecto. No solo por su aspecto (que es clavado), sino
porque aporta el carácter noble, valiente y un poquito tierno que tiene el
personaje. Natalie Portman, por suerte, se luce más que en la anterior peli y
despliega la naturalidad a la que nos tiene acostumbrados. Christopher
Eccleston es un Malekith perfecto: malo, feo y despiadado, como tiene que ser.
Tom Hiddleston vuelve a demostrar que el personaje de Loki le viene como un
guante y, además, se siente cómodo haciendo lo que hace. Anthony Hopkins
(Odín), Jaimie Alexander (Sif), Zachary Levi (Fandral), Ray Stevenson
(Volstagg) Rene Russo (Frigga) o Idris Elba (Heimdall) refuerzan muy bien,
desde su puesto secundario, a los principales. Debo decir que el papel de
Heimdall me ha sorprendido porque en la otra peli el colega parecía una mezcla
de Terminator y Robocop; aquí, en cambio, parece más humano. Y que no se nos
olviden Kat Dennings (Darcy) y Stella Skasggard (Selvig) aportando un poquito
de humor al asunto.
Lo
único que extraño un poco, como dije antes, es la ausencia de cascos, bien sea
el de Thor o el cornudo de Loki. En fin, no se puede tener todo…
Esto
ha sido todo. Como puedes comprobar, me ha gustado bastante y, sí, recomiendo
verla. No es sólo una muy digna sucesora de la anterior entrega, sino todo un
espectáculo lleno de aventuras, romanticismo, y mucha, mucha fantasía que
asegura que, durante todo su metraje, te olvides de todo, viajes a Asgard y te
dejes llevar.
El actor Lawrence Talbot recibe una noticia: su hermano ha desaparecido. Decide volver a su casa a investigar...
Y vamos allá con otro remake.
En una época en la que el asunto
de las nuevas versiones está a la orden del día, el que le toque a una película
es cuestión de tiempo. Por eso mismo, cuando me enteré de que iban a hacer lo
propio con nada menos que El hombre Lobo
(clasicazo de la Universal donde los haya y, dicho sea de paso, película
que me encanta), la verdad es que no me sorprendí mucho. Sí me puse un poquito
a la defensiva, más que nada por ver cómo enfocaban la trama y al personaje en
sí. Todos sabemos que los remakes están por todas partes y, a pesar de poner
medios espectaculares para contar una historia ya conocida, los resultados no
suelen ser muy acertados. ¿Qué harían esta vez? ¿Situarían la historia en un contexto
moderno? ¿Respetarían el original (u originales) por encima de todo o se
dedicarían a poner cambios aquí y allí? Terreno peligroso, ya que versionar la
cinta más famosa de hombres lobo de todos los tiempos tenía que ser, como poco,
peliagudo. Pues bien, aquí tenemos el resultado. Veamos…
Antes de nada, hay que comentar
que el tema de los remakes, aunque parezca lo contrario, no es nuevo en
absoluto. Todo depende, como muchas cosas en la vida, de la gracia con que se
hagan y si respeta más o menos las raíces de las que surgen. Y digo esto
porque, aunque muchos piensan en El
hombre lobo (1941) cuando se habla de licántropos, es cierto que, antes de
la famosa versión con
El lobo humano
Lon Chaney Jr. a la cabeza y listo para ser inmortalizado
(en un efecto más o menos tipo Bela Lugosi, pero eso es otra historia…), hubo
otra versión unos años antes que no tiene desperdicio y que a mí me gusta
mucho, El lobo humano, 1935. Por
cierto, reseñado en este blog no hace mucho tiempo) De hecho, el hombre que se
pone a aullar y masacrar a la luz de la luna es uno de los personajes que más
han vivido en sus carnes y zarpas el fenómeno del remake, ya que son muchas las
versiones que lo han revisitado (y las que quedan por delante) Por eso, que con
los medios de los que se disponen ahora le escogiesen para hacer una nueva
aproximación al mismo era cuestión de saber esperar.
Las premisas no eran nada malas.
Es más, pintaban muy bien. ¿Motivos? Joe Johnston (pupilo de George Lucas en La guerra de las galaxias) dirigiría.
Benicio Del Toro sería Talbot (motivo de alegría porque, al menos, el personaje
principal quedaba intacto) y el mago del maquillaje Rick Baker se encargaría de
la visión externa del hombre lobo. Y, de remate, Anthony Hopkins en la piel de
John Talbot, papel que ya interpretara Claude Rains. Muy bien…
El aspecto delmonstruo se mantuvo en secreto un tiempo. Eso
hizo que las expectativas se dispararan. Luego, poco a poco, se fueron
filtrando imágenes: parte de un rostro, una garra… hasta que, al fin, vimos la
imagen de la criatura, como a continuación podéis ver:
Eso hizo que, al menos yo, respirara
un poco aliviado; estaba claro que habían respetado no sólo al personaje de
Talbot, sino a su alter ego lobuno, ya que, era evidente, se habían basado en
el maquillaje creado por Jack Pierce en 1941. Y, encima, parecía que la
presencia de las tomas CGI no iban a ser la clave de todo porque, a juzgar por
las fotos, ahí había actor y maquillaje. Nada; que la cosa se ponía
interesante.
Chaney y Del Toro.
Metámonos en la peli. Nada más
empezar, la teoría del respeto al espíritu de la original deja fuera de lugar
cualquier duda. Cuando oímos una poesía acerca del hombre lobo los temores se
disipan del todo. Es algo distinta a la de la peli del cuarenta y uno pero está
claro que los tiros apuntan al mismo sitio. Si, encima, las letras del reparto
y equipo están en color rojo sangre al son de una música con mucho aire de
misterio cortesía de Danny Elfman, sólo es cuestión de dejarse llevar.
La primera escena ya te mete en
situación: un bosque tétrico (la referencia al bosque lleno de neblina es algo
que entenderán los aficionados a la peli de la Universal, toda una marca de
fábrica) y un desgraciado caminando por él. Pobre; es atacado por algo que
apenas se ve (alguna zarpa por aquí, una garra con unas uñas que tumban por
allá, al go que pasa muy rápido por la pantalla…) pero está bien claro que es
un hombre lobo. Además, nada de casquería gratuita. Muy buen comienzo.
Seguimos. Asistimos a la primera
variación. No molesta en absoluto pero ahí queda: Larry Talbot es actor. Y shakesperiano
nada menos. Eso sí, ya, cuando recibe la visita de la que debería ser su
cuñada, vemos que el hombre, feliz, feliz, no es. Ahí se nos presenta el hilo
de la trama cuando Gwen Conliffe (Blunt) le dice que su hermano (que no es otro
que el desgraciado de la escena anterior), ha desaparecido.
Y ahora acudimos a una serie de
detallitos que me han gustado mucho: el bastón con cabeza de plata en la escena
del tren (y con Max Von Sydow, ahí es nada) y que, cualquiera que haya visto la
peli clásica, identifica; el toque de efecto del cadáver de Ben (hermano de
Larry) o la charla en plan misterio de la taberna, donde ya se habla de hombres
lobo y balas de plata, todo en plan misterioso y tétrico.
Y, si de misterio y ambiente
tétrico hablamos, pasamos al colmo de todo ello con la mansión Talbot y su tenebroso
dueño, nada menos que Anthony Hopkins haciendo de John Talbot, amo del señorial recinto y que ya, desde el
principio, luce tan enigmático y oscuro como el que más. Por eso, el espectador
ve que la relación con su hijo no es el colmo de la dicha. Ese ambiente oscuro
y descuidado de la mansión me ha gustado bastante y creo que da el puntito
justo de misterio a la cinta (aspecto que en la peli antigua pasaba por
completo por alto); el hogar de los Talbot se presenta descuidado, casi en
ruinas, como la familia que lo habita.
Dicen los expertos que un buen
personaje no sólo se rebela en lo que hace o el aspecto que luce, sino,
también, en sus frases. Y si como muestra vale un botón, las del amigo Hopkins
no tienen desperdicio:
“Nunca
mires atrás; el pasado es un páramo de horrores”
“Solo
un hombre es capaz de infligir heridas de tal malevolencia”
Ahí es nada. Hay más, pero
tendrás que ver la peli para oírlas.
Continuamos. Destaco la escena
del campamento de los gitanos, lugar en el que se produce el primer gran ataque
de la bestia. Ahí conocemos al personaje de Maleva (Geraldine Chaplin) que ya
fue clave en la versión anterior y que, en este caso, hace algo más que soltar
poesías tétricas. Atención al ataque propiamente dicho en el que se ve poco de
la bestia pero mucho de sus actos (ojo al momento del pobre policía y su muerte.
Por cierto, el actor que lo interpreta es David Schofield, que ya tuvo un
escarceo en Un hombre lobo americano en
Londres, otro peliculón de hombres lobo)
Aquí ya estamos metidos en
situación, sobre todo cuando Talbot es herido (más que nada porque, sin esta
escena, no habría película, claro) Pero no todo puede ser vísceras o
desgarrones sangrientos ya que, mientras se recupera, somos testigos de una
subtrama dentro de la historia principal que da dramatismo al protagonista
(detalle este que no ocurría en la versión de Chaney): la de la madre Lawrence,
que nos llevará a cierta sorpresa más adelante y aportará profundidad a los
personajes, sobre todo a Talbot padre.
Pero esta es una cinta de hombres
lobo, ¿verdad? Y, ¿qué se espera de una peli así? La cosa está clara: sí,
sangre, vísceras, muertes bestiales y demás pero, sobre todo, algo fundamental:
transformaciones. Y son estas, desde mi opinión de mero aficionado, el segundo gran
reto de cualquier peli de licántropos (el otro es una historia en condiciones)
Hay que decir, que en estos lares, el listón, por unas o por otras, está muy
alto. Son muchas las cintas de hombres lobo y en todas ellas el tema de la
mutación a la bestia está tratado de manera diferente pero, admitámoslo, hay
momentos históricos (véanse aquí la de Aullidos,
la ya mencionada El hombre lobo o,
la que es la mejor para mí, Un hombre
lobo americano en Londres) Pues el amigo Johnston y su equipo lo tenían
complicado por dos cosas: en primer lugar, por el bagaje anterior. En segundo
lugar, porque a ver qué iban a hacer con los medios CGI de los que se disponen
hoy día. Pues bien, amigos, el resultado lo podéis ver aquí:
Para mí, muy buena; todo un
logro. Me encantó ver como se muestra muy poco pero, aún así, lo que se ve, está
muy bien. Y, además, está claro que, aparte de ordenador, también hay toneladas
de maquillaje y, debajo del mismo, es obvio que está el amigo Del Toro. ¿Que sabe a poco? No pasa nada, a ver esta
otra:
Esta me encantó. Valiente, como
debe ser: a plena luz, bien enfocado el rostro. Y me encanta eso que le hacen
los dedos. Si las CGI sirven para algo, que sea para esto.
Y esto me lleva a otra cuestión
que para mí sin duda, es otro punto a favor. Después de varios años (muchos,
creo) en que la imagen del hombre lobo se ha animalizado (lo admito, no pensé
que esta palabra existiese pero, mira tú por dónde…) demasiado (ahí están los
casos de Harry Potter, la saga Crepúsculo y alguno que se me
escapará), volvemos a la imagen clásica y tradicional de la bestia, esa que
todo el mundo conoce: la criatura de rasgos animales y pose humana. Me
entusiasmé al ver la primera imagen de Del Toro como bestia. Sin duda, han respetado
la imagen de la original, modernizándola un poco, vale, pero está claro que es
la misma, toda una lección de buen maquillaje a cargo de Rick Baker que rinde
un claro homenaje al trabajo de Pierce allá por los cuarenta. Y es este es otro
gran logro de la cinta: CGI, sí, pero también mucho maquillaje. Me parece
estupendo ver que, tras esas toneladas de buen maquillaje, se ven los ojos del
actor. Y eso, hoy día, al menos para este vigilante del cielo, es una gozada.
Y, si de hombres lobo bien hechos en todo su esplendor se trata, ved la escena
de la pelea final. Impresionante.
Los actores me han gustado mucho.
Benicio del Toro es un perfecto Larry Talbot: oscuro, amargado y roto por
dentro, presa de mil conflictos internos. No es para nada el protagonista
simpático y dicharachero que interpretó Chaney en el cuarenta y uno pero, justo
por eso, me gusta bastante, ya que, de otra forma, no pegaría en el espíritu de
la peli. Y, si de actores hablamos, cómo no, mencionar al gran Anthony Hopkins.
Aquí se mueve como pez en el agua metido hasta las garras en un papel que le
viene que ni pintado: John Talbot es misterioso, amargado, cínico como el solo
y, por encima de todo, cruel y malvado, desposeído de cualquier sentimiento
humano (fijaos en esa escena en la que se cruza con Gwenn y se le queda mirando
mientras come una manzana: resulta inhumano, distante) Vamos, todo un lujo.
Emily Blunt como Gwenn Conliffe está bien y, creo yo, no desmerece para nada
ante los otros dos, protagonistas absolutos de todo. Y, a modo de lazo final,
nada menos que Hugo Weaving como el detective Abberline solo que, claro está,
en un personaje que no pasa de ser secundario.
¿Aspectos mejorables? Alguno,
claro, pero tampoco muchos. Si veis la versión extendida (o desclasificada,
como más gustéis) hay una escena en el vagón de un tren en la que se nos
presenta el famoso bastón. Como guiño al aficionado, estupendo. De lo
contrario, si no has visto la versión del cuarenta y uno, la escena en cuestión
no te dirá nada y te preguntarás a qué viene. Bueno, cuestión de gustos…
Otra cosa. Los flash backs de la
infancia de Talbot están bien pero, debo admitir, que dan demasiadas pistas
acerca de lo que en realidad significan. Lo mismo me parecen esas escenas en
las que Hopkins va a esconderse en mitad de la noche. Vamos, que es cuestión de
sumar dos y dos. Claro que también puede ser que los responsables hicieran esto
a posta sin intención clara de dar la sorpresa al final. Quién sabe…
¿Algo más? Bueno, como dije antes,
el personaje de Abberline me parece demasiado secundario y creo que, en la
historia, no pone ni quita mucho: sólo pasa sin más a modo de refuerzo. Quizás
se le podría haber dado un poquito más de protagonismo pero esto es una opinión
mía. Por cierto, si te preguntas qué pasa con él al final de la peli o de quién
demonios es el aullido que se escucha de fondo, tranquilo, que no has sido el
único. Me ha dado que, o bien lo han dejado a medio hacer o, tan sólo, ha sido
un golpecito de efecto acerca del que no hay que cuestionarse mucho.
¿Más? Que muchas escenas sean de
noche es algo inevitable en el mundo de la tecnología digital y, sí, la
historia de amor Talbot/Conliffe me queda pelín forzada pero, debo admitir, que
en este aspecto aún estoy anclado a la película de Chaney, donde el tío era un
ligón de campeonato. En fin…
La película, por aquello de las
rarezas de Hollywood, no fue ni mucho menos el gran éxito que esperaban. De
hecho, según he leído, perdió dinero. Una pena. Parece ser que mucho del
presupuesto se fue en algo fundamental: la ambientación histórica de la cinta. Y,
fijaos qué cosas, este es uno de los detalles que, aparte de todo lo dicho, más
destaca de toda la cinta, ya que esa ambientación victoriana está más que
conseguida pero, a efectos de ingresos, se ve que fue demasiado el coste de
tanto traje, tanta casa y tanto carruaje con respecto a lo ingresado en
taquilla. Lo dicho, una lástima pero es lo que tiene este negocio.
A mí me gustó, y mucho, cuando la
vi en el cine y me sigue gustando ahora que la revisito en formato doméstico.
Una película, desde mi punto de vista, muy bien llevada, que entretiene sin
problemas y que, además, me resulta muy respetuosa para con las raíces de las
cuales parte. ¿Recomiendo verla? Sin duda.
Pues eso es todo. Afilad las
garras, sacada los colmillos y… ¡a vigilar el cielo!
Ahí van unas cuantas curiosidades
lobunas:
-En la película de 1941, el
hombre lobo (Chaney) ve una marca en forma de estrella en la mano de la que
será su próxima víctima. Aquí no se nombra pero, cuando Talbot se convierte por
primera vez, se ve dicha marca en su mano izquierda (puedes ver el video de
antes. Sutil, pero ahí queda) -El famoso bastón es clavadito al
de la peli original. -La historia de Hopkins cuando es
mordido por primera vez enlaza de manera más que sospechosa con la de la
historia de El lobo humano. -La peli comienza con el logotipo
original de la Universal en los cuarenta.
-Rick Baker, responsable del
maquillaje, es un obsesionado de Jack Pierce, autor de los maquillajes de Frankenstein, El hombre lobo o La momia.
Por eso, lo de trabajar en esta peli fue un sueño para él. Además, el tipo
aparece en los documentales de los extras en DVD de las pelis anteriores. Oírle
hablar de Pierce (además de la cara de alucine que pone), no tiene desperdicio.
-Durante el rodaje, Benicio del
Toro, maquillado de hombre lobo hasta las cejas, calzaba zapatillas de deporte.
No era un problema ya que, durante la post-producción, serían eliminadass de
manera digital para ser sustituídas por las patas correspondientes.
-Debido a la prótesis de la boca
(léase colmillos), Del Toro no podía hablar, sólo rugir.
-Seguimos con el actor:
necesitaba unas tres horas de maquillaje todos los días.
-Anthony
Hopkins aceptó comenzar a someterse a pruebas de maquillaje antes de firmar
contrato. Esto no le hizo gracia ninguna a su agente.
-Del
Toro tenía en su casa un cartel de El hombre Lobo, de Chaney. Su representante
lo vio y le preguntó “¿Te gustaría hacer un remake de El hombre Lobo?”
-Una de las condicones del actor fue no calcar la película original.
-Mark
Romanek era la primera opción para dirigirla. Según parece, se pasó pidiendo
más presupuesto. Cosas del cine…
-Al
principio, Del toro se sentía tan intimidado por trabajar con Hopkins que no
disfrutaba nada del rodaje. Cuando el veterano actor le hacía sugerencias, Del
Toro comenzó a sentirse mejor y a pasarlo bien.
-Rick Baker tiene seis Oscars.
-Se
encargó del maquillaje de Un hombre lobo
Americano en Londres.
-Siguiendo
con Baker, probó en sus carnes las prótesis para minimizar al máximo el tiempo
de colocación de las mismas.
-El
aullido del hombre lobo lo hace un cantante de ópera, un bajo en concreto.
-El BluRay (y digo yo que también
el DVD) contiene varios finales alternativos.
-El detective Abberline existió en
la realidad y, como se dice en la cinta, investigó los asesinatos de Jack el
Destripador.
-Curiosidad: no hace mucho,
navegando por Internet, leí que estaba preparando otra versión del personaje
pero que, esta vez, tendría menso presupuesto y la historia estaría más cercana
a la cinta de Lon Chaney Jr.
Un joven sacerdote siente dudas acerca de su
fe. Conocerá al padre Lucas, que está llevando a cabo un exorcismo, para que le
ayude en su camino…
Antes de nada, echa un vistazo a esto:
La cosa promete y parece más que obvio los derroteros por dónde va a ir esta cinta, ¿verdad?
Pues vamos
a aclarar una cosa aún a riesgo de fastidiar el asunto a quien no haya visto la
película: esta no es una cinta de terror. No al menos como lo que uno espera al
ver un cartel semejante o al leer el título (por no hablar del tráiler). Y es que, más que una película de
miedo (que repito, no es), es más una historia de intriga con algún que otro
momento curioso (sobre todo al final)
Hauer a lo suyo...
La
película empieza bien y se nos da una lección magistral de cómo preparar un
cadáver para su posterior velatorio (qué grima me da ese momento en que a la
pobre mujer le llenan la boca de paja y se la cosen) Asistimos entonces a la
presentación de los protagonistas es un entorno de lo más triste: un padre
(Hauer, siniestro total) y su hijo (O'Donoghue, cara de pena absoluta) como encargados de una funeraria.
Vamos, más tétrico imposible. Aquí uno se frota las manos porque la cosa mal no
pinta. Luego vemos que el chico crece y, a pesar de sus dudas, parece que opta
por el sacerdocio. Muy bien, aquí el interés se mantiene pero es en forma de
accidente con víctima en forma de ciclista de por medio cuando asistimos al
meollo de la cuestión: las dudas de Michael se disparan y, para ello, le
aconsejan ver a un sacerdote, el padre Lucas, interpretado por Anthony Hopkins.
Una
vez dicho esto, tengo que destacar que, si bien es una historia con exorcismo
de por medio y todo lo que ello implica (contorsiones, voces raras y mucho
latín (e italiano)), el verdadero protagonista de la trama no es el
exorcismo en sí, sino las dudas que tiene Michael con respecto a la
tarea que tiene por delante. Buen punto a favor porque, de otro modo, la
película no hubiera sido otra cosa más que lo mismo de siempre. Y es que hay que
admitir que, dentro del género de terror, el subgénero de los exorcismos no
deja de ser curioso pero también es cierto que las posibilidades de acción son
pocas y se suele caer en los tópicos de siempre (de nuevo, contorsiones, voces
raras e idiomas desfasados). Por eso, mucho metraje de la cinta se va
precisamente en dichas dudas (pese a quien le pese, ya que esto ha sido el
motivo principal por el que muchos han atacado esta peli) y no en escenas
truculentas o desagradables. Debo decir con respecto a estas que, las que más
me han gustado, son esa inquietante llamada de teléfono que Michael recibe de su
padre o la dichosa escena de los clavos. No obstante, si lo que esperáis es ver
caras demoníacas en todo su esplendor, hay que esperar un poquito al final a
que el amigo Hopkins se suelte la melena
y se meta pero que muy hondo en su lado oscuro…
¿Y
los actores? Pues bien, al menos, para mí. Anthony Hopkins, como siempre,
derrocha tablas por los cuatro costados y hay que admitir que es el principal
reclamo de la película. ¿Sin él hubiera suscitado igual interés? Quién sabe pero ahí queda y, lo que hace, está muy bien. El chico protagonista, Colin O'Donoghue, tiene cara de estar
muriéndose lentamente pero no termina de hacerlo aunque, debo admitir que eso
le va bien al papel. Alice Braga aporta cara bonita sin más ni más en un papel
que ni pincha ni corta pero supongo que en Hollywood eso de poner a una chica
es casi un mandamiento. Por lo demás, destacar a Rutger Hauer o Ciarán Hinds
que, si bien no hacen mucho, sí aportan cierto caché al resultado final y, sin
duda, sirven de respaldo a los anteriores.
El exorcismo en la sombra...
¿Es
mejorable esta cinta? Sí, sin duda. De hecho, fueron muchas las voces que se
alzaron contra ella nada más estrenarse y que hicieron que el boca a boca se
encargase del resto. ¿El principal motivo? La gente la tachaba de floja, de
ofrecer mucho y acabar dando poco. ¿Tenían razón? Bueno, en parte… Para
empezar, es cierto que se espera algo más de sustos y sus derivados (por otra
parte, tan habituales en estas historias pero, también es cierto, tan difíciles
de conseguir. Y es que la sombra de El
exorcista es alargada), sobre todo después de ver el tráiler. Es
comprensible que si uno tiene las expectativas algo altas (por los actores, el
tráiler, la trama y el género en sí) puede ocurrir que,una vez metido en faena y comprenda por dónde
van a ir los tiros, es posible sentirse un poquito defraudado y creas que sobra
tanta duda y tanto diálogo y hace falta más emoción. Yo creo que todo esto es verdad pero, por otra
parte, también hay que admitir que, precisamente por ello, se diferencia de
otras cintas de la misma naturaleza.
Admitámoslo:
hacer una película de terror con la temática del exorcismo de por medio es, hoy
día, muy difícil porque es casi imposible no caer en los tópicos que todo el mundo conoce desde que vimos a Linda Blair retorciéndose en la cama a la vez que soltaba tacos a diestro y siniestro.
Esta, al menos, y aun manteniendo el exorcismo, intenta aportar cierto toque de
originalidad con el joven cura y sus dudas acerca de todo. ¿Quedó bien? ¿Fue
buena idea? Bueno, a mí, personalmente,
aunque esperaba un poquito más, sí me ha gustado. Con todo, para gustos, los
colores.
¿Os
atrevéis con este rito?
¡Pues
a por ello!
Por
cierto, si tienes un móvil y te lo dejas encendido, es posible que te suene; ya
sea en el cine, en la consulta delmédico o en mitad de un exorcismo.
Guión: Ashley Edward Miller, Zack Stentz, Don Payne
Chris Hemsworth
Tom Hiddleston
Anthony Hopkins
Stellan Skarsgård
Natalie Portman
Los fans de los súper-héroes estamos de enhorabuena. Después de muchos años de oscuridad, (quitando alguna que otra luz en forma de Superman con el rostro de Christopher Reeve), por fin podemos ver a nuestros forzudos favoritos lucirse en la gran pantalla. Gracias a los avances tecnológicos, ya es posible creerse que un hombre vuela, se transforma en algo o se enfunda un traje (o armadura) y se lía a mamporros con quien se ponga por delante.
Hay que reconocerlo: hasta hace relativamente pocos años, la factoría Marvelsí vendía cómics pero, en lo que a adaptaciones a la gran pantalla se refiere, estaba algo gafada. Vale, tuvimos al Increíble Hulk en forma de serie de televisión pero se diluyó en capítulos sin ton ni son. La serie de películas de Spiderman a finales de los setenta y principios de los ochenta con Nicholas Hammond a la cabeza no fueron para tirar cohetes. Ya en 1990, a raíz del bombazo de Batman, vimos al Capitán América en una versión tan mala que el propio Stan Lee se negó a estrenarla. Los 4 fantásticos de Roger Corman en 1994 fue directamente al video de lo cutre que era. Tuvieron que pasar unos cuantos años y que cierto caza vampiros llamado Blade abriera la puerta para que los personajes de Marvel entraran en los cines como realmente se merecen.
Thor era un proyecto largamente acariciado pero ya el personaje en síplanteaba problemas en el caso de verlo en el cine. ¿Quedaría bien ver a un tío cachas con un casco con alas a ambos lados y un martillo en la mano derecha? Ya lo intentaron en la película para televisión El regreso del increíble Hulk allá por 1988 y el resultado no convenció a nadie. Tuvo que venir Iron Man y su correspondiente secuela para comprender que, adaptando aquí, cambiando allá, pero siempre respetando la esencia del héroe de las viñetas, podría salir un buen producto.
Debo admitir que, cuando me enteré de que Kenneth Branagh iba a dirigirla pensaba que era una broma. Este hombre es buen actor y director pero… ¿un shakesperiano confeso al timón de una película de súper-héroes?La cosa estaba bien nebulosa hasta que se comenzaron a filtrar las primeras fotos de actores y decorados. Y ahí es donde se pudo ver que Branagh aportó su toque al producto. Estamos ante una historia con tintes Shakesperianos más que evidentes con reyes, traiciones, paisajes espectaculares y príncipes destronados. Asgard, sus castillos, los vestuarios, incluso el lenguaje y ademanes de los personajes tienen aroma a Shakespeare por los cuatro costados. Y creo que el experimento funciona a la perfección precisamente porque eso hace que la película no caiga en los tópicos de siempre.
Los actores están muy bien. Chris Hemsworth es un buen Thor, por físico (evidente) y por actitud, no exenta de cierto toque de humor que no le va nada mal. Lo mismo le ocurre a Tom Hiddleston o Anthony Hopkins como Loki y Odín respectivamente. Stellan Skarsgård aporta su toque y da a entender que, quizás, le veamos en otras producciones de la compañía. Y luego, por supuesto, en el papel femenino, Natalie Portman como Jane Foster. Y este es uno de los pocos peros que le podría poner a esta cinta. Portman me encanta y lo que hace aquí, para mí, está muy bien hecho. Lo único es que su personaje se luce poquito. Bueno, he leído por ahí que estará en la secuela. Espero que ahí salga más…
Por supuesto, en una película de súper-héroes debe haber forzudos y caras guapas por todos lados, pero también efectos especiales. Y Thor no es una excepción. Aquí los hay y buenos, con el aliciente de que no saturan al espectador durante las dos horas de película: sirven para contar la historia y están cuando deben estar ya sea en forma de martillo volador (qué ilusión verlo en vivo), de villano helado (buen maquillaje por cierto) o de ciudad asgardiana con paisajes increíbles.
En resumen, una película que yo calificaría más de aventuras que de súper-héroes tal y como solemos entender estas últimas. Todo un espectáculo que cumple a base de bien el viejo (pero delicioso) principio que nos hace ir al cine: estar bien entretenidos durante dos horas de metraje, pasar un buen rato y, de paso, abrir boca para lo que viene en año que viene, ya que, como se despide la cinta: