Páginas

sábado, 16 de enero de 2016

Cristal Oscuro



Cristal oscuro (The dark cristal)
(1982)

Director: Jim Henson, Frank Oz.
Guión : David Odell, Jim Henson.

Jim Henson.
Kathryn Mullen.
Frank Oz.
Dave Goelz.
Steve Whitmire.

Jen, un gelfling, es elegido para hacer cumplir la profecía relacionada con el Cristal oscuro que acabará con los diabólicos Skeksis…



Vamos allá con una película que suele ser recordada como la típica peli de la infancia que, en su momento, dio mucho que hablar. En su caso, esto fue por dos cosas. En primer lugar, fue el colmo de la novedad. En segundo, tenía un componente que la diferenciaba del resto y que, cosa curiosa, es lo que recuerdas de ella aunque no hayas olvidado toda la trama: está hecha de principio a fin con marionetas. Por eso, el cerebro detrás de la misma no es otro que Jim Henson (sí, el de los teleñecos). En este caso, además, está ayudado en la dirección por otro nombre clave: Frank Oz. Si no te dice nada, quizás esto sí lo haga: Oz fue la voz de la cerdita Peggy. ¿Más aún? Ahí va otra: también fue la voz (y movimientos, al menos en los episodios IV, V y VI) de nada menos que el maestro Yoda de la saga de La guerra de las Galaxias.

La película, al menos al principio, se caracteriza porque no pierde el tiempo de manera gratuita y recurre al viejo (pero efectivo) recurso de utilizar al narrador en off para meternos en situación. Muy bien, así sabemos que hay dos razas, una de muy buenos (los Místicos) y otra rematadamente mala, los Skeksis. Hay una profecía de por medio y un personaje, Jen, implicado en la misma a modo de elegido. Estupendo. De este modo, además de saber lo que hay que saber en los primeros cinco minutos de película (muy bien eso de narrar lo que les pasa a las dos razas a modo de escenas paralelas), ya se nos deja muy claro que esto va a tener un aroma a peli de siempre que tumba.

Por eso mismo, los personajes son presentados de manera bastante clara y efectiva. Además, cuenta con aliciente de que, a pesar de que estamos tratando con seres fantástico de lo más raro que te puedes imaginar (y eso de “raro” es algo que puede quedarse muy corto a lo largo de todo el metraje), nada más verlos, sabes quiénes son los buenos y quiénes los malos. Los primeros, a pesar de su aspecto, resultan afables. Los segundos, los Skeksis, son asquerosos, repulsivos y feos con ganas, una especie de mezcla entre pterodáctilos ancianos y buitres en estado de descomposición aguda. Además, los amigos quieren extraer la vida del sol, saquear tierras y engañar a la muerte. Vamos, malos con avaricia.

Y es aquí donde hay que hacer una mención especial a algo fundamental en esta peli. Y es que, como dije antes, está protagonizada con marionetas. Decir esto puede hacer que, si no la has visto, puedas creer que se trata de la típica peli de monigotes más o menos bien hechos que pasan por la pantalla sin ton ni son. Si vas por este camino, el encontronazo que vas a darte va a ser de
órdago porque, sí, son marionetas que se mueven como marionetas (esto, desde cierto punto de vista, es una de las gracias de la pelis y, de paso, comprobamos que hubo vida, efectos y ganas de innovar antes del uso abusivo del ordenador) pero es que hay que decir que son marionetas muy, pero que muy bien hechas. Olvídate del hecho de que hablemos de un producto de mil novecientos ochenta y dos (ahí es nada) Cuando las cosas se hacen bien, son imperecederas y, desde luego, estos muñecos están muy bien hechos. Sus caracterizaciones, los movimientos (a veces algo toscos, es cierto) y, sobre todo, las expresiones que lucen me siguen pareciendo sorprendentes. Yo, repito, me quedo con los Skeksis; me parecieron desagradables cuando la vi en el cine siendo un tierno infante y me lo siguen pareciendo ahora. Los místicos, a pesar de su aspecto (difícil de describir, por cierto), emanan bondad. Ah, y el realismo es tal que, incluso, parpadean de la manera más natural, otorgando a todos los personajes un toque de vida considerable.

Y, si de realismo hablamos, hay que destacar otro factor
fundamental: los decorados. Para mí, impresionantes. Todo resulta tan real que, de veras, cuesta creer que esto, a fin de cuentas, sea una peli de animación. El agua, la hierba, el interior de los palacios o las rocas (atentos a esa pared en la que Jen lee la profecía) son mostrados con un gusto exquisito y tan veraz que hace que te olvides de que solo es eso: decorado. Y decir esto en la época en que se hizo tiene el doble de mérito porque todas y cada una de las cosas que vemos fueron construidas de manera artesanal, con materiales que se pueden ver y tocar.

Sigo. Si las marionetas están muy bien hechas, mención especial tiene el atrezo que las refuerza, que es tremendo. Las ropas, las texturas de las mismas (sobre todo lo referido a los Skeksis, que son los que lucen un vestuario más variado y espectacular) son impresionantes, otro tanto a favor de la cinta. Y, además, hay que decir que no tienen por qué quedar bonitas precisamente, pero sí muy realistas.

Pero, si bien todo lo que he mencionado creo que son puntos a favor de la peli, debo destacar uno por encima de todos, algo que esta cinta destila por los cuatro costados y que hay que tener muy en cuenta. Me refiero, claro está, a la magia, la maravillosa magia que emana de cada uno de sus (más o menos) cien minutos. Magia de la buena, de esa que es absolutamente fantasiosa e imaginativa pero que no cae en lo absurdo ni ridículo. Y es que, aquí, todo está atado y bien atado y, aunque haya seres raros, monstruos muy feos y nombres de lo más extraño, estamos ante la típica historia de siempre, esa que está presente en muchas y muy buenas historias: la del viaje del héroe. Aquí Jen empieza siendo una cosa y acaba con otro rol. Y, claro está, para ello, deberá pasar un viaje lleno de aventuras. Lo de siempre, sí, pero con un toque fantástico tremendo y, claro está, llevado de manera muy efectiva.

Siempre que hago una reseña de cualquier peli, suelo hablar un
poquito de los actores. Aquí, como puedes suponer, la labor de los mismos se puede apreciar a través de las voces con que los interpretan. Hay que decir que, en este aspecto, la cinta es espectacular ya que dichas voces están muy bien definidas y, en ocasiones, un actor se encarga de poner voz a varios personajes (Frank Oz es Aughra y el Chambelán. Henson es Jen y al Alto sacerdote) Pero me gustaría comentar, aunque sea por encima, a los protagonistas en sí. Como ya dije, están muy bien representados y dieron en el clavo con las marionetas y sus correspondientes aspectos. Los Skeksis resultan repulsivos y no hay ni una secuencia en la que no hagan algo que refuerce esa imagen. De todos, me quedo con el personaje del Chambelán, que me parece el más vomitivo de todos, sobre todo con ese gemidito que suelta a todas horas y que parece que no le pega (por eso queda tan bien) con su aspecto. Aughra, a pesar de ser de los buenos, parece cualquier cosa menos eso y debo decir que a mí me parece una versión momificada de Cruella De Ville. Jen y Kira, por su parte, si bien están muy bien hechos, son los que más sosos me parecen y, quizás, los menos expresivos pero, claro está, esto es una opinión mía.

¿Momentos para recordar? Uno que me gusta mucho es la de la muerte del Emperador al principio, donde el amigo está enfermo, moribundo y su aspecto es aún más asqueroso de lo normal. Me gusta mucho cómo se aferra al cetro y el modo en que los demás, como buitres carroñeros, están alrededor de la cama esperando a que se muera de una vez. La escena del duelo en la piedra del juicio también es destacable porque se entrevé de manera evidente cómo esas marionetas están manejadas por manos humanas. Pero, con respecto a este momento, me encanta cuando el Chambelán, a modo de castigo, es despojado de sus ropas y podemos ver lo asquerosos que son esos seres desnudos. 



¿Más? Sí, claro. Muy notable es la secuencia en la que Jen y Kira comparten recuerdos mentales al tocarse o el momento en que el Emperador y el maestro de Jen mueren. El primero, se cae a trozos, el segundo, desaparece cual maestro Yoda (¿homenaje evidente?) Ah, y que no se me olvide el banquete de los Skeksis; repulsivo al cien por cien y toda la escena final donde buenos y malos se funden (no digo más por si os animáis a verla pero esto me parece un buen detalle)

Cosa curiosa, la película, a pesar de unas claras virtudes y de tener elementos muy interesantes, no fue ni mucho menos el éxito que se le auguraba. ¿El motivo? Bueno, te puedo decir que, en su época, la vendieron como el producto infantil perfecto para ser visto en familia. Y es ahí donde está la trampa porque no es así. Hay seres extraños, aventuras y efectos especiales pero esta cinta no es para niños. Por eso, y esto lo recuerdo muy bien, cuando la gente iba verla, entraba al cine esperando una cosa y, al salir, lo hacían con cierto aire de “está bien pero no es lo que esperaba” Y es que, en su conjunto, es una cinta muy oscura, tétrica, con sus momentos desagradables, sus dosis de violencia más que evidentes y lenta en algunos momentos (por ejemplo, la escena en la que Jen y Kira están en el poblado de esos seres diminutos que cantan y bailan sin parar) Hay mucha muerte y destrucción y la palabra “matar” abunda a lo largo de todo el guión sin tapujos. A fin de cuentas, los Skeksis masacraron al pueblo de Jen solo porque sabían que uno podría acabar con ellos. Aquí, los malos extraen la esencia vital a los buenos (mientras estos quedan demacrados) y luego se la beben y cierto personaje principal es apuñalado sin miramientos por la espalda. Todo esto (y más cosas), en su conjunto, hicieron que los niños (y padres) vieran un producto, quizás, demasiado oscuro. Y es que, bien mirada, y esto lo digo desde mi humilde opinión, esta peli tira mucho más a los adultos que a los niños.

¿El resultado? Cinco años de producción y batacazo en taquilla. Sí es cierto que, con el tiempo, ha ido ganando status y se ha convertido en una especie de clásico menor incomprendido. A mí me ha gustado, me parece que está hecha de manera genial pero no entra dentro de mis favoritas. Cuestión de gustos.

Dato curioso: desde hace años, se lleva oyendo un rumor que dice que están preparando un remake. A ello hay que añadir que, para 2011, estaba previsto hacer una secuela. Ambas, digo yo, utilizarían tomas digitales en lugar de marionetas. No obstante, la lógica más aplastante dice que hacer una nueva versión o una secuela de una película que en su momento no dio dinero es, a fin de cuentas, una pérdida de tiempo. ¿Quién sabe?

Pues eso ha sido todo. Os animo a verla. Si, cuando termine, tenéis una impresión de sentimientos encontrados, creo que me entenderéis. 



Vigilad el cielo.



2 comentarios:

  1. ¡Hola, Israel!

    Te he concedido un premio. Si quieres tener más información pásate por mi blog :)

    ¡Nos leemos!

    ResponderEliminar