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domingo, 16 de diciembre de 2012

El príncipe de las tinieblas


El príncipe de las tinieblas (Prince of darkness)
(1987)

Director: John Carpenter
Guión   : John Carpenter   

Donald Pleasence
Lisa Blount
Jameson Parker
Dennis Dun
Susan Blanchard
Anne Marie Howard
 
 
 

Unos investigadores han encontrado un cilindro en  una iglesia. El artefacto puede ser la clave para descifrar un horrible secreto…

Dad un vistazo a esto:

 

Pues sí. Hoy le toca el turno al maestro John Carpenter con un título que suele levantar pasiones e indiferencias por igual. Y es que sabido es por todos que el amigo Carpenter es un ejemplo muy claro del típico tipo que va a lo suyo y hace lo que le gusta, cosa que no tiene que coincidir con el sentir general de la industria. Esto hace que en su  filmografía se puedan encontrar títulos considerados como obras maestras (1999, rescate en Nueva York, El pueblo de los malditos, La cosa) y también otros que no lo son tanto (Christine, que a Stephen King no le hace ninguna gracia o 2013, rescate en Los Ángeles) Lo malo es que todo esto, junto y en el mismo paquete, ha hecho que la carrera del realizador sea considerada por muchos como bastante irregular y, si me apuráis, munchos califican algunas de sus películas de desastres absolutos. Con todo, creo que si hay algo que no se le puede negar a Carpenter es la originalidad que impera en sus trabajos. En este, el argumento no es una excepción; una extraña mezcla de terror y ciencia ficción que, para mí, está más que conseguida. Veamos…

Después de una inquietante escena inicial en la que no se nos revela nada, la trama comienza a presentar una serie de personajes que serán los protas de la cinta. Como suele ocurrir, Carpenter no se para mucho en temas ajenos a la misma, como la relación sentimental entre dos de los alumnos (cosa que ni pincha ni corta, todo hay que decirlo) o la preocupación del sacerdote, interpretado con la solvencia habitual de Donald Pleasance. El hecho de que al comienzo no se nos diga mucho (o nada) hace que quieras saber más y, desde ese punto de vista, la cinta se merece un sobresaliente. Es obvio que se fragua algo importante y, claro está, malo, pero no sabemos el qué. La cosa va en crescendo cuando vemos a esos inquietantes vagabundos que es obvio que no traen  nada bueno (por suerte, esto luego se confirma) La película mantiene bien el misterio hasta que se nos revela el cotarro de todo el asunto y es ahí cuando acudimos a la inclusión del elemento de ciencia ficción: la posibilidad de que Jesús y el Demonio hubiesen sido seres inteligentes de otro planeta. Como premisa, al menos para mí, sublime.

Pero, no olvidemos que, a fin de cuentas, esta es una cinta de John Carpenter y eso equivale a misterios y argumentos originales, sí, pero también a muertes más o menos espectaculares. Desde que ese pobre alumno con pinta de empollón tiene un desafortunado encuentro con los vagabundos y una bicicleta que viene que ni pintada para matar a alguien de manera que te quedes bien fijo al sofá, la sangre está servida. Y, poco a poco, aquí no se libra nadie… salvo unos pocos, claro.
De nuevo, en este Príncipe de las tinieblas (una pena que el título rebele algo de por dónde van a ir los tiros), hay una constante típica del cine del director: unos personajes anclados en un sitio (esta vez una vieja iglesia que sirve de laboratorio) asediados por el enemigo, ya sea en forma de alien cambiante con una buena dosis de mala leche (La cosa) o de enviados del mal, como sucede aquí. Pero, claro, si no puedes atacar desde fuera a través de vagabundos inmundos, lo haces desde dentro poseyendo al personal. Atentos a la escena en la que ese alumno, rodeado de bichos, muerto y resucitado, augura a los pobres estudiantes la que les espera… para después caerse a pedacitos. El efecto en sí puede notarse más o menos (ok, más más que menos) pero el golpe de efecto como tal es lo que importa. Y, en cuestión de golpes de efecto, nada como el cine de terror de los ochenta…

Y, como no puede ser de otra forma, el bueno de JC se agarra a lo que sea para no dejar indiferente al espectador, ya sea haciendo que la sangre salpique, bien con primeros planos del personal poseído (aquí me remito, de nuevo, a los vagabundos o a estudiantes poseídas y ensangrentadas) o con una banda sonora igual de inquietante. Como siempre hace, él mismo firma la música. Pero, ojo, no busquemos aquí una banda sonora tipo John Williams o Basil Poledouris por poner dos ejemplos, es decir, temas tarareables. La música de Carpenter tira más a ruido que a otra cosa. Y no lo digo como algo despectivo (¡ni mucho menos!) Simplemente sirve para acompañar a imágenes y crear o potenciar más el golpe de efecto y, desde luego, lo consigue al cien por cien. En una cinta de esta naturaleza encontrarse con bellas melodías sería lo que menos le hiciese falta.
 
Muy mal rollo...
 
¿Detalles que hacen que esta cinta merezca la pena? Todos los que he mencionado anteriormente amén de los efectos especiales propios de la época. Aquí no se trata de quedar bien o de que el asunto quede bonito o espectacular porque sí; lo que cuenta es ser desagradable, como dictan los cánones de las películas de terror. Y, a pesar de que han pasado unos buenos años y los efectos se notan, para mí cumplen lo que tienen que cumplir. Y mucho ojo a la escena final de la estudiante y el espejo. Me encantó ese plano cortísimo en que se ve a la chica al otro lado… y no digo nada más, así la veis.
Y ahora pasamos a los aspectos que no me llamaron mucho, esos pequeños detallitos que están y me gusta comentar para que no todo sea alabanzas (que, las que están mencionadas, figuran para mí con toda la justica del mundo) Para empezar, no me queda muy claro qué tipo de estudiantes son estos. Más que estudiantes parecen los padres de los estudiantes (al menos muchos) por la edad, los bigotes y las barbas. El caso es que uno de los profesores se refiere a ellos diciendo “…Sois físicos competentes aunque no tenéis título que lo demuestre…” Vamos, a mí eso me suena a alumnos… 
El sacerdote y los alumnos
 Otra cosa a tener en cuenta es que, como dije antes, se toma su tiempo en mantener el misterio… aunque quizás a más de uno le parezca demasiado. Servidor detuvo la peli y en el minuto veintiséis la trama aún no estaba presentada de manera clara. Claro que esto se puede ver como algo que pudo mejorarse o, como dije antes, una virtud. Cuestión de gustos…
¿Y qué pasa con los efectos? Pues ochenteros o, dicho de otra forma, artesanales. Los que implican sangre y miembros cortados me siguen gustando (bichos incluidos) Ahora bien, reconozco que lo del chorrito (no diré nada más) queda pelín cutre pero…
En fin, una muestra del cine de antes y que, en su momento, estuvo a la vanguardia. Terror del clásico con elementos de ciencia ficción. Como ya dije al principio, según la fuente que consultes, la calificarán de buena película o de desastre absoluto. De hecho, recaudó lo invertido en ella y lo superó pero la industria fue tajante: desastre. Y de los malos, ya que siguió a un mega desastre llamado Golpe en la pequeña China. En lo que a mí respecta, no es de mis películas preferidas de John Carpenter pero, debo decir que la veo con agrado y me entretiene en su justa medida, por lo que no tengo reparo en recomendarla.
Si os animáis, vedla. Estoy seguro de que, indiferentes, no os dejará.
Por cierto, la película se suele incluir en la denominada Trilogía del apocalipsis de John Carpenter, compuesta por La cosa, esta película y En la boca del miedo.
Vigilad el cielo.

             

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