miércoles, 25 de julio de 2012

El ladrón de cadáveres

El ladrón de cadáveres (The body snatcher)
(1945)
Director: Robert Wise
Guión    : Philip MacDonald, Carlos Keith

Boris Karloff
Henry Daniell
Bela Lugosi
Rita Corday
Russel Wade



Un médico se dedica a enseñar a futuros doctores. Para ello, tiene tratos con el inquietante señor Gray, que lleva a cabo una más que detestable tarea para el doctor… 

Vamos allá con una peliculita que está incluida por muchos dentro del género de serie B y, por tanto, quizás no a la altura de otros títulos celebérrimos del género de terror. No obstante, y a pesar de ello, no deja de ser toda una joya para los que disfrutamos de este tipo de cine. Vamos allá…

La cinta no parte de un guión original, sino que es una adaptación de un relato de Robert Louis Stevenson llamado “Los ladrones de cadáveres” y que escribió allá por 1864. Hay que admitir que ya, de entrada, el título promete.

La maldad hecha rostro...
Es curioso cómo con tan poco (esto es un decir, ya que la historia que tiene de base es más que destacable) se puede hacer tanto. Lo primero que llama la atención es la buena ambientación en lo que se refiere a vestuario, atrezzo y demás localizaciones que vemos en la pantalla, mostrando el Edimburgo de 1831 con gran veracidad y aportando a toda la cinta un aire de cuento de terror más que destacable, creando una atmósfera oscura y tétrica que es la marca de fábrica de la película. Ahora bien, después de meternos en situación, acudimos a la trama principal sin miramientos. Y es que, sabido es por todos que, por aquella época, las películas no se andaban por las ramas e iban a lo que iban (ya podían aprender muchas de las modernas). Esta cinta no es ninguna excepción y, por eso, nada más presentar a los personajes que encarnan a los doctores protagonistas, en seguida salta el quid de la cuestión cuando aparece en escena el gran Boris Karloff, un irrepetible icono del terror que aquí muestra lo bien que se movía en ambientes góticos y grotescos y que es el principal responsable de que se le ponga a esta historia la coletilla de “película de terror”.  Y es que el amigo Karloff borda la interpretación de un personaje despreciable y malvado como pocos pero que, en el fondo, tiene una historia y un motivo por el que actuar. No es necesario que haya monstruos de por medio; algunos personajes, por humanos y mundanos, pueden resultar más monstruosos que cualquier criatura salida de la más horrenda de las pesadillas. Y aquí, el amigo Karloff da pruebas de que, cuando sonreía, podía ser más que demoníaco sin necesidad de tener el rostro lleno de maquillaje y electrodos a ambos lados del cuello. ¡Qué grande!



Y es que todos los actores, y no sólo el ya nombrado Boris, están más que bien en esta película. Henry Daniell como el atormentado (¿y también algo malvado? Eso ya va en los gustos de cada uno, pero lo dejo en el aire…) doctor McFarlane está muy convincente con ese rostro severo, impenetrable, al que le da igual dirigirse a un asesino, hablar con un criado algo siniestro o tratar a una niñita inválida. Su  mirada y ademanes gélidos le hacen estar muy cerca de Karlof en un duelo interpretativo más que recomendable.
A cual peor...

 Y, cómo no, si hay una razón para recordar esta cinta es que, aparte de ponerle la etiqueta de “película de terror”, también podemos ponerle otra no menos atractiva: la de “una peli de Boris Karloff y Bela Lugosi” Sí, amigos vigilantes; el gran Bela también sale aquí, a pesar de que su papel, Joseph, es un mero comparsa, un personaje secundario sin más ni más que pasa un tanto desapercibido en el conjunto pero que tiene el honor de ser el protagonista de una de las poquísimas muertes que podemos ver en esta película (a pesar del título que lleva) Y recalco lo de “ver en esta película”, ya que muertes hay, pero muchas, más que nada, se intuyen. Con todo, sólo la gozada de ver a estos dos titanes del cine de terror compartiendo escena y plano, ya merece que esta cinta se disfrute (aún) más. Luego tenemos a Russel Wade como doctor Fettes que cumple su cometido y ya está. Esto sin menospreciarle pero aquí los que llevan el timón son Daniell y Karloff. Y, como no puede ser de otra forma, seas malvado o siniestro (o un poco de ambos), debes tener a una enamorada paciente y resignada, interpretada aquí por Rita Corday.
Y, como siempre sucede, no hay personajes buenos que no tengan su dosis de frases memorables. Aquí hay unas cuantas:

“Ese hombre es el mismo diablo” (Sí, se refiere a Karloff)
 “…Me enseñaba las matemáticas de la anatomía pero la poesía de la medicina no” (Esta perla va para Daniell)

Uno lee el sugerente título y puede esperarse cualquier cosa morbosa y desagradable, ¿verdad?  Pues bien, no es así. Como dije antes, la sutileza es una de las características de esta cinta y, para mí, es algo que le hace ganar un buen puñado de puntos a los que ya tiene de por sí. No busquemos escenas truculentas. Si se sabe y se tiene el buen hacer suficiente, dice mucho más oír a una pobre chica ciega cantar una triste melodía para luego callarse para siempre o la sombra del enigmático Karloff en la tapia de un cementerio cavar una tumba (y cargarse a palazos a un perro) ¡Chapeau! Aquí os lo dejo para que lo veáis:
 
Escena de la ciega

Escena del cementerio

En lo que se refiere a la historia, está muy bien hilvanada, manteniendo el toque y equilibrio exactos de interés y misterio que se van revelando a través de enigmáticas conversaciones entre Gray y McFralane que hacen que, aunque la bruma que rodea a los personajes no se desvele hasta bien entrado el metraje, el espectador se repantingue en el sillón sin despegar los ojos de la pantalla. Como ya he dicho muchas veces, ¿qué más se puede pedir a una película?
Y, por supuesto, un buen par de golpes de efecto, como la pelea final mostrando los cuerpos a través de sombras en la pared mientras un gato asustado les contempla con los pelos de punta (detallitos que hoy día no se llevan pero... ¡qué bien quedan!) o la agobiante escena final de McFarlane en el carro, una de las más famosas de esta cinta.
Pues hasta aquí hemos llegado hoy. Como puede verse, a mi me ha encantado y así lo digo. Repito que, quizás, no tuvo muchos medios o presupuesto de cara al rodaje pero hay que admitir que se las apañaron pero que muy bien con los que dispusieron. Una cinta sencillita, sin escenas espectaculares ni sangrientas pero que, precisamente por ello, resulta tan agradable de ver, rodeada por una cosa que pesa sobre todo lo demás: una buena historia muy bien llevada.

Dadle una oportunidad  y disfrutadla; sus setenta y siete minutos no tienen desperdicio alguno.

Gracias por pasar el ratito conmigo y… ¡vigilad el cielo!


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