miércoles, 7 de marzo de 2012

Las aventuras de Tintín: el secreto del Unicornio

Las aventuras de Tintín: el secreto del Unicornio
(The adventures of Tintin)
(2011)

Director: Steven Spielberg
Guión   : Stephen Moffat, Edgar Wright, Joe Cornish

Jamie Bell
Andy Serkis
Daniel Craig
Nick Frost



El periodista Tintín compra la miniatura de un barco. Pero este contiene un secreto que hará que se embarque en una espectacular aventura… 

El Tintín de 1961
Y llegó el momento. Era cuestión de tiempo. El cine digital ha avanzado tanto en los últimos años que muchos personajes de cómic, después de mucho esperar, han sufrido en sus carnes la transición al celuloide. No obstante, había uno en concreto que parecía resistirse a pesar de que tuvo sus escarceos en forma de películas de dibujos e incluso alguna de acción real (Tintín y el misterio del Toisón dorado y Tintín y las naranjas azules) que, por unas u otras, casi todo el mundo ha olvidado. Me refiero, cómo no, a Tintín, personaje creado por el belga Hergé y que es uno de los hitos del mundo de las historietas.  Si bien es cierto que ha habido muchos que han tonteado con la posibilidad de adaptar dicho personaje al cine, también es verdad que ha habido uno que siempre ha tenido la espinita clavada con respecto a Tintín. Me refiero, claro está, a Steven Spielberg que, por variadas razones, nunca pudo echarle el guante y darse el gusto de adaptarlo.
No obstante, Tintín es un personaje complicado si se le saca del ámbito de la página impresa. Por un lado, si bien el dibujo de Hergé es muy característico y a primera vista no parece muy complicado (craso error pensar eso) puede plantear un problema representarlo de manera real en la pantalla. Pero si de problemas hablamos, el principal siempre provenía de las historias. Y esto es porque los álbumes de Tintín ofrecen unas muy bien planteadas, mejor hechas y, en definitiva, son tramas para hartarse de leer donde los personajes se pasan páginas y páginas hablando de esto o lo otro. Llevarlas al cine manteniendo este aspecto (por otro lado fundamental en el personaje) ha sido siempre muy difícil porque llega a un momento en que la duda de si son adaptables o no siempre surge.
Y eso lleva a otra cuestión: ¿cómo mostrar en la pantalla las historias de Tintín? Convertirlas de nuevo en películas de animación no tenía mucho sentido, ya que existen muchas basadas en sus álbumes. Hacer una de imagen real supondría pararse a pensar si quedaría bien un actor con flequillo puntiagudo paseándose con un perrito pensante, acompañado de un capitán cascarrabias con un serio problema con el alcohol o unos policías gemelos haciendo patochadas. Pero Spielberg es mucho Spielberg y, como perro viejo, ha sabido esperar para dar con la solución, que la ha traído el tiempo y la tecnología digital: ¿y si se mezclan las dos opciones? Manos a la obra. Para ello, el amigo Steven se ha aliado con otro de los grandes, Peter Jackson, el responsable de El señor de los anillos y El Hobbit. Y sucede lo inevitable: si se mezclan dos pesos pesados del cine en una misma película basada en un personaje que apasiona a ambos, el resultado no puede ser vulgar (que guste ya es otra cosa). Eso, además de generar una expectativas del tamaño de un sistema solar entero.
Nada más comenzar, asistimos a una curiosa escena inicial en la cual vemos los títulos de crédito, a través de una animación muy próxima a los dibujos animados tradicionales, mientras escuchamos la música de John Williams. Y, a la primera de cambio, ya somos testigos de la primera filigrana: vemos a Hergé convertido en personaje digital animado hablar con su criatura. Ya, desde el principio, asistimos a la que va a ser principal característica de esta cinta: la animación. Los personajes están generados por ordenador, sí, pero, tras ellos, está el trabajo de actores reales en los que se han basado los animadores para transcribir sus movimientos a la pantalla. Dicho de otra forma, primero, la película se ha rodado con actores reales y luego, usando los movimientos de estos, han sido traducidos a personajes digitales. Así se explica todas y cada una de las sutilezas en los movimientos, expresiones o gestos de los personajes que desfilan por la pantalla, toda una muestra de la animación más exquisita ¿Ha sido suficiente con eso? No. A todo ello, hay que añadirle la excelente ambientación que, calcada de los cómics y a su vez de la realidad (no olvidemos que Hergé era un maniático de la documentación) hace gala todo el metraje: los trajes, coches, barcos, sombreros o materiales como arena o agua, están reproducidos aquí a la perfección (fijaos en el mar cuando los personajes se quedan tirados en un bote. ¿Realidad o realidad simulada? Parece imposible distinguirlo…
Tintín y Haddock en acción...
Los personajes están calcados del cómic tanto en lo que se refiere a su aspecto como a actitudes. La única excepción que se produce, y no es algo que moleste en absoluto, es que en el caso de Milú, el perro de Tintín, han omitido el hecho de que en la historietas habla (aunque se da a entender que los personajes no son conscientes de ello) Para mí, un tanto a favor que, sin duda, hubiera infantilizado demasiado la película.

Con respecto a la historia, hay que decir que, si bien en general se respeta el contenido aún tomándose ciertas licencias, esta película no es el resultado de adaptar un álbum de Tintín, sino dos: El secreto del Unicornio y El tesoro de Rackham, el rojo, que en los comics suceden uno a continuación del otro.  Como ocurre en las historias impresas, el humor que predomina a lo largo de toda la cinta es sencillo, muy ajustado, el de toda la vida, basado, muchas veces, en la originalidad de los diálogos, las barbaridades que suelta Haddock, algún que otro trompicón que deja K.O a alguno o ciertos eructos llenos de alcohol de cierto capitán.
Pero, por supuesto, esto es una película de Steven Spielberg y eso debe notarse. Yo soy de la opinión de que el amigo a veces da una de cal y otra de arena pero,  para lo bueno, que suele ser cuando le da la real gana, este hombre es un peso pesado. Y eso, en esta cinta, se aprecia en determinadas secuencias que se nota que están dirigidas con auténtico esmero buscando la calidad y la espectacularidad aderezadas con unos movimientos de cámara alucinantes, como podemos ver en cualquiera de las peleas o persecuciones con las que nos deleita en esta peli. Ved la escena de la persecución del águila o el enfrentamiento usando grúas del final de la cinta y me decís.
Pero no todo es perfecto. Al menos, no para mí. Y es que soy de los que creen que una peli no sólo debe basarse en el nombre (o nombres) que la sustentan.  Para empezar, la película me ha parecido muy lineal, es decir, es obvio que uno sabe de antemano lo que va a pasar. Por ello mismo, en cuestión de sorpresas y emociones, esta peli se me ha quedado algo simple y predecible pero, por supuesto, es una opinión mía y, a fin de cuentas, estamos hablando de una adaptación de un cómic que le sirve de guía.
Otro detalle a tener en cuenta, y esto se deriva del comentario de las escenas espectaculares a las que me he referido antes, es que ciertos momentos de la película se me han hecho un poquito largos, como si el objetivo hubiera sido lucirse demasiado para potenciar la espectacularidad de la animación. Y aquí me refiero, por ejemplo, a la escena en la que Tintín se mete en ese camarote enorme lleno de marineros y trata de coger las llaves (cuyos momentos cumbres son el reflejo del prota en el filo de las navajas o ver a algún que otro marinero abrazado a una rata) o la escena del avión y el licor flotando por la cabina. Cosas que, desde luego están muy bien, pero nada más.
Haddock en el cine...
¿... O Haddock en el cómic?
Pero, si hay una cosa que me ha dejado algo frío (y admito que esto puede quedar raro) es la representación de los personajes del universo de Hergé a la pantalla. Veamos. Como dije antes, la traducción del aspecto de los personajes es literal. Eso sí, en forma digital. Y esto es lo que más extraño me ha resultado. Ver toda esa jungla de personajes, con ese aire a cómic tan evidente (narizotas, cabezas alargadas, paticortos, ojos diminutos, etc…) pero tratados de manera tan realista se me hace algo raro y, desde cierto punto de vista, me ha resultado artificial. No me pegan los rasgos tan caricaturescos (de nuevo, narizotas, cabezas enormes, pies pequeños) con los detalles ultra-realistas con lo que los adornan (pelo en la nariz, vello en las manos, arrugas, lunares…) Pero, repito, esto es una cuestión de gustos y no pasa de ser una opinión. Y he aquí una cuestión que siempre se me plantea cada vez que sale al mercado una cinta de esta naturaleza: quieren el realismo de los actores de carne y hueso pero sin utilizarlos. Eso sí, recurren a ellos para luego sustituirlos por gráficos por ordenador. Entonces, ¿por qué no rodar con personas desde el principio? En fin, misterios de la técnica…
En resumidas cuentas, una película que, para mí, tiene su principal atractivo en la espectacular animación que ofrece. La historia, si bien está bien llevada y no deja cabos sueltos, me ha resultado algo sosita pero creo que, al menos sólo por curiosidad, es una cinta que debe verse. A mí me ha dado la impresión de que, más que ser para todos los públicos, está más orientada al sector adulto que, a fin de cuentas, es el que forma gran parte de los lectores de Tintín. Y, como es obvio, a juzgar por el final abierto que tiene, habrá Tintín para rato.
¿Qué opináis? ¿A Tintín hay que leerlo o verlo animado? Yo, lo admito,  me decanto más por la primera opción pero, como siempre digo, cuestión de gustos.
¡Saludos y a disfrutar con la búsqueda de estos Unicornios!

1 comentario:

  1. Yo también me decanto por leerlo, verlo robotizado le resta encanto, de todas formas espero Tintín en el Tibet, me encantan las culturas lejanas. Sigue vigilando el cielo...

    ResponderEliminar