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sábado, 17 de marzo de 2012

La saga Crepúsculo: Amanecer Parte I

La saga Crepúsculo: Amanecer Parte I (The twilight saga: Breaking down – Part I)


Director: Bill Condon
Guión   : Melissa Rosenberg
Robert Pattison
Kristen Stewart
Taylor Lautner



Bella y Edward, al fin, contraen matrimonio. Pero algo con lo que nadie contaba va a suceder: Bella se queda embarazada…

Y vamos allá con la primera parte del último de los libros de la saga de vampiros más famosa de los últimos tiempos. Y la cosa está más que interesante porque, después de tres películas de tonteo amoroso (además de otras cosas, claro) entre Bella, humana del montón y Edward, vampiro perteneciente a la familia de más estilizada de la historia de los vampiros, ya era el momento de dar el paso.
Por eso mismo, nada más empezar la peli, acudimos al gran cotarro: el anuncio de la boda. Cómo se lo tome el amigo Jacob (el licántropo cachas enamorado de Bella) o el propio padre de la novia, Charlie, ya es otra cosa. Pero, por si alguno no lo sabe, vamos a dejar una cosa muy clara: la historia de Crepúsculo y sus derivados es, ante todo, de amor. No hay que darle más vueltas porque hacerlo sería una pérdida de tiempo. Calificar estas películas de terror sólo por la naturaleza de los personajes sería absurdo. Hay vampiros, sí, y hombres lobo también. Pero el gran punto a favor de estos libros se basa en el tratamiento que se ha dado a dichos personajes para contar la vieja historia de amor imposible de toda la vida. Y eso, desde mi humilde punto de vista, es digno de quitarse el sombrero. La autora, Stephanie Meyer, no lo ha hecho nada mal porque, junto con Harry Potter, estamos ante el fenómeno literario más espectacular  de la primera mitad del siglo XXI. Y negar lo evidente es querer estar ciego.
Hija, que ya tocaba...
Lo que ocurre es que más de uno puede pensar que aquí  (y hago especial mención en esta entrega) hay demasiado amor. Vamos, a toneladas. En las otras había los tonteos básicos, claro, pero, también, problemas entre familias de vampiros, roces con el poblado licántropo o vampiras psicópatas buscando venganza sangrienta, amén de una batalla entre vampiros y lobos que me gustó mucho al final de la tercera entrega. Y lo digo porque, cuando vi esta cinta por primera vez, fue la impresión que saqué; la primera parte de la película me resultó un tanto pastelona (demasiado, diría yo) y lenta porque, boda a parte, no ocurre nada salvo muchos “te quiero”, más besos, un montón de miraditas cargadas de muuuuucho amor o habitaciones destrozadas por el frenesí vampírico-sexual. Por suerte, algunos momentos son aliviados por el personaje de Charlie, el padre de Bella, interpretado por Billy Burke, que aporta un toquecillo gracioso al tema.
No sabes la que se te viene encima...
Por fortuna, esta parte sensiblera termina en forma de vomitona matinal. Y es a partir de este momento cuando la peli se empieza a lanzar y el interés aumenta. Como es obvio, todos sabemos lo que significa que una recién casada vomite por la mañana, ¿verdad? El problema es que su marido es un vampiro y ellos no suelen fecundar a nadie (no olvidemos el detalle de que están muertos), lo que hace que la cosa se ponga aún mejor. Y de aquí pasamos a un gran punto a favor: el calvario por el que tiene que pasar Kristen Stewart para llegar a ser mamá, sufrimiento que al espectador no deja impasible gracias al maquillaje demacrado que luce hasta casi el final. La actriz se va consumiendo cada vez más y más hasta convertirse en una sombra de lo que vimos al comienzo del metraje, una labor más que destacable que me da que es una mezcla de maquillaje y retoques por ordenador porque, de otro modo, me parecen imposibles esos pómulos salientes, los brazos escuálidos o esas piernas raquíticas que luce durante su dolencia. Vamos, que al lado del estilismo, belleza y glamour que lucen las vampiras Alice o Rosalie, la pobre Bella es un grano en el culo vampírico de cualquiera de ellas.
 Pero no todo puede centrase en amores y embarazos. Por suerte, estas historias cuentan con una serie de personajes que refuerzan, de uno u otro modo, la trama principal. Por ello mismo, aquí sabemos que, Jacob, al fin deja la manada de hombres lobo cachitas y descamisados para fundar la suya propia. Una trama secundaria que, sin duda, puede resultar un alivio para los que piensen que tanto amor y paternidad indecisa son algo pesado y cargante.
Si no se quita la camiseta, revienta...
Y pasamos a los actores que, para mí, están bien. Cada cual a lo suyo, claro. Los hombres lobo aquí salen poco, es cierto, y la trama se centra sobre todo en los vampiros. Hay que admitir que personajes como Alice y demás miembros de su familia quedan relegados a un segundo plano más que evidente. Cosa normal porque esta entrega se centra en exclusiva en Edward y Bella. Como uno puede suponer, Robert Pattinson sigue a lo suyo, lo cual quiere decir ciertamente inexpresivo (aquí, lo admito, gesticula un poco más y se ríe unas cuantas veces. Ya sabéis, la ilusión del recién casado) y pálido como él solo. Eso sí, todo hay que admitirlo: aquí el muchacho sale mucho más peinado. Kristen Stewart se luce un poquito más ya que en las otras tres películas emanaba, sobre todo, gesto de amargada integral mezclado con cierto sentimiento de mosquita muerta  a todas horas. Destaco su trabajo en especial cuando está en mitad de su sufrimiento antes de convertirse en lo que se convierte. Taylor Lautner como Jacob ofrece lo que ya sabemos si hemos visto cualquiera de las películas anteriores. En esta ocasión luce gesto algo más duro por aquello, supongo, de ver que la chica que quiere va a convertirse en inmortal de la mano de su recién estrenado marido. Eso, a parte de músculos que hacen que muchas, en el cine, suelten las cosas que sueltan cuando se quita la camiseta y muestra tableta de chocolate (y, de paso, hace que el resto de los mortales nos sintamos como eso: mortales. En fin, cosas del entrenamiento y, digo yo, de otras cosas más.) Con todo, creo que lo hace bien. El resto  de actores, vampiros, licántropos y humanos, cumplen lo poquito que salen y, de nuevo, destaco a Billy Burke como Charlie.
En fin, una película de la saga Crepúsculo y con eso se puede decir todo. Bien es cierto que estas cintas (y libros) suelen despertar tantas pasiones como gestos de indiferencia. Bueno, para gustos, los colores. Yo debo decir que me gustan y las considero unas buenas adaptaciones de los libros. Sí, claro, se toman licencias en algunas cosillas porque, de otro modo, adaptar al cine los pensamientos de una chica de dieciocho años sería más que difícil. Con respecto a esta última entrega, si bien la primera vez que la vi me dejó algo de regusto pastelón y ñoño, también admito que, tras verla otra vez, la he disfrutado bastante más y veo que, en conjunto, está muy bien llevada. Os animo a verla pero, si dais un repaso a las otras tres primero, mejor que mejor. Ya sabéis, en conjunto, las cosas se ven con otros ojos.
Ah, y un consejo: cuando empiecen los títulos de crédito, no deis al stop. Dichosa última moda de Hollywood…
Pues…
¡… Preparados para esa parte II!


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