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sábado, 24 de marzo de 2012

El ejército de las tinieblas

El ejército de las tinieblas (Army of darkness)

(1992)
Director: Sam Raimi
Guión   : Sam Raimi, Ivan Raimi.


Bruce Campbell

Embeth Davidtz

Marcus Gilbert

Ian Abercrombie

Richard Grove







Ash es transportado al pasado, a la Inglaterra del 1300 d.C. Los habitantes de una aldea le toman por un héroe. Para volver a su época, deberá buscar el Necronomicón, el libro que tantas penurias le ha hecho pasar...


Gamberrada.

Esa es la palabra que me inspiró esta película la primera vez que la vi y la que me sugiere siempre que la veo (y puedo garantizar que han sido muchas… y las que quedan por delante); una gamberrada desde que empieza hasta que termina. Pero hay gamberradas que ofenden y son desagradables. Otras, en cambio, son divertidas. Desde mi punto de vista, El ejército de las tinieblas pertenece de manera más que descarada al último grupo y, además, se recrea en ello de principio a fin.

Estaba claro que, tras el estreno y éxito de Terroríficamente muertos, iba a haber más posesiones infernales. No obstante, cualquiera que haya visto las dos primeras entregas nota que la segunda ya varía bastante con respecto a la anterior en la redefinición del concepto del terror “made in Raimi”. Pero la principal diferencia entre ambas fue un factor que, si bien en la primera se sugería con mayor o menor sutileza (claro que esto puede llegar a ser muy discutible), en la segunda ya se mostraba sin ningún tipo de pudor: el humor. Raimi se dedicó a rematar muchas escenas con toquecitos de humor negro y se quedó tan a gusto (cualquiera que la haya visto recuerda la escena de las carcajadas) Ahora bien, la pregunta quedó en el aire: ¿si filmaban otra entrega el asunto volvería  a sus raíces terroríficas o el humor negro y gamberril iría a más? Pues la respuesta vino con este ejército tenebroso: si hubo un toque de humor negro en la primera parte que luego se multiplicó en la segunda, la tercera entrega no iba a ser una excepción. Lo que ocurre es que el más negro de los humores aquí se eleva a la máxima potencia. Raimi ya no se corta ni un pelo y va a lo que va: a pasarlo bien y a tratar que el confundido espectador alucine ante semejante espectáculo. Y lo consigue. Ya no estamos ante una historia de terror porque el miedo y sus derivados son ya cosas del pasado. Ni siquiera ante una de misterio con toques inquietantes. Para mí, El ejército de las tinieblas es, ante todo, una película de aventuras con grandes dosis de cachondeo.... ¿o quizás al revés? De hecho, no sé si es mucho decir que no hay escena en la que Raimi y su hermano no aporten una burla o chiste marca de fábrica. Que guste o no es ya harina de otro costal pero ahí queda la intención.

Ash y los aldeanos
El comienzo es dramático: Ash está cautivo y es condenado a muerte. Pero una muerte horrible, con demonio de por medio, como debe ser. A partir de ahí, comienza el desenfreno, ya que el protagonista debe adaptarse a un pueblo lleno de aldeanos típicos de la Edad Media, ligar con la chica de turno o hacer que el herrero le construya una mano artificial. No hay que olvidar que Ash es el elegido (suena raro, pero es así) y tiene un deber supremo: para volver a su época, tiene que viajar a un bosque y encontrar el Necronomicón (es curioso los quebraderos de cabeza que puede dar un libro) Lo malo para él (pero lo bueno y divertido para el espectador) es que debe pasar por todo tipo de aventuras para conseguir su objetivo. Y cuando digo “todo tipo” no exagero, aunque muchas de ellas sean absolutamente surrealistas: pelear con esqueletos que hacen de todo para retenerle (hasta burla), pasando por hacer lo propio con mini-Ashes que tienen muy mala idea y cuyo enfrentamiento me recuerda mucho a cualquier trifulca propia de los Looney-Tunes (fijaos en la escena en que bebe agua hirviendo, de dibujo animado total) o contra un Ash que le crece del hombro (Sí, habéis leído bien) y contra el que tiene un duelo al borde de la paranoia (“¡Tu eres el Ash bueno, yo soy el Ash malo…”) Y, por supuesto, esta cadena de acontecimientos (repito, a cual más desenfrenado que el anterior) culmina en la, para mí, gran escena, esa que todo el mundo recuerda cuando ve esta película: Ash (después de determinar cuál de las tres posibles copias es la correcta… aunque arriesgue su vida en ello) coge el libro y debe decir tres palabras. Simple, ¿no? Pues no, porque Ash no es un héroe convencional. De hecho, ni siquiera sé si encaja en el modelo de héroe, pero es el prota y punto. Y, como esto hay que verlo, os dejo este vídeo para que deis fe de que lo que acabo de escribir es cierto:


Después de esto pueden ocurrir dos cosas: una, que estés al límite de tu paciencia y mandes la película a tomar viento porque no aguantas más ralladas mentales del amigo Ash y compañía. Otra, que por curiosidad sigas viendo la peli para saber qué pasa y a qué más se puede enfrentar Campbell y sus colegas. Si optas por lo primero, te puedo entender (conozco a varios que lo hicieron). Si te decantas por lo segundo, te verás en mitad de una batalla de demonios, esqueletos que blanden lanzas al son de tambores, reinas-brujas o malvados que, a lomos de terroríficos caballos, se enfadan porque la mandíbula se les descoloca de sitio.  En resumidas cuentas, de todo contra los aldeanos. Pero, ojo, que Ash es mucho Ash.

En fin, no hay que esperar un espectáculo de los serios con esta cinta porque, si haces eso, puedes llevarte una buena bofetada (y no de un esqueleto, precisamente) cuando la veas. Si vas con la mentalidad abierta de pasar un buen rato saldrás mucho mejor parado de lo que imaginas. Debo admitir que me divertí de lo lindo cuando la vi por primera vez y, aun hoy, me lo sigo pasando bien. Para mí, la gracia de esta cinta (si pasamos por alto casi todo el metraje en sí) es que no pasa desapercibida para nadie: o te encanta y te lo pasas pipa, o te parece una tomadura de pelo. Claro que los que piensan esto último no van muy desencaminados, pero yo opino que es una tomadura de pelo con chispa.

Posesión infernal se rodó en 1981. Esta última entrega es de 1992. Han pasado años y varias películas (Terroríficamente muertos o Darkman lo demuestran) pero Raimi sigue fiel a su estilo y nos regala un metraje de hora y media más o menos repleto de criaturas, demonios, chistes y toneladas de humor negro. Sigue habiendo maquillaje, stop-motion y efectos artesanales que se notan a la legua pero que a mí, al menos, no me molestan. Y es que no me imagino esta película repleta de tomas CGI apestando a informática por todas partes porque, una de las gracias de toda la saga de Posesión infernal es que en ella, terror, sustos y chorradas a parte, reina un toque cutrecillo encantador que, repito, a mí no me molesta en absoluto. Eso sí, para gustos, los colores…

¿Cosas made in Raimi? Ni dudarlo. El tiempo pasa y él toma experiencia como director, pero el tío sigue con esos toquecillos que hace que estas películas tengan un adorable toque especial al que antes me refería: hay unas cuantas tomas de Ash montando a caballo que se notan que fueron insertadas después, ya que Bruce Campbell tiene el pelo más corto que en el resto de la película (ok, va a toda velocidad a caballo y CASI no se nota); al comienzo, hay unas escenas que nos recuerdan cómo termina la segunda entrega. Si os fijáis, cuando Ash sale disparado, se le ve perfectamente el arnés. Y cuando el prota va a cuatro patas pegado a su “yo diabólico” está claro que uno es un muñeco. Sí, vale. ¿Y qué? También hay películas hoy día en las que el ordenador canta más que un vinilo, pero ahí están.

Resumiendo diabólicamente, un espectáculo desde que empieza hasta que se acaba, una diversión gamberra que se ve con agrado (al menos yo) y, lo más importante, no deja nada al azar y va a lo que va: que el espectador se lo pase bien durante ochenta y tantos minutos y, si de paso sonríe (o suelta una carcajada), mejor que mejor.
Como anécdota, hay un final alternativo en el que Ash debe tomar unas gotas de una poción para volver al presente. Por supuesto, mete la sierra eléctrica hasta el fondo y bebe de más, así que aparece en el siglo XXI en mitad de una Inglaterra asolada por la guerra nuclear. También comentar que, en español, hay dos versiones dobladas. Sobre cuál gusta más, depende de cada uno… Y no me digáis que el cartel de la película no es impresionante y te puede hacer pensar que la peli es algo serio, pero de verdad.
Lo dicho, ¡disfrutad!.  

¡¡¡KlaaAAAtuuu, BaradaaaAAAaaa, NikEJEMEJMEJEMEGHRRGH...!!!


Otro de los carteles de la peli.


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