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sábado, 29 de octubre de 2011

Me casé con un monstruo del espacio exterior

Me casé con un monstruo del espacio exterior (I Married a Monster from Outer Space)
(1958)              
Director: Gene Fowler Jr.
Guión   : Louis Vittes
Tom Tryon
Gloria Talbott
Peter Baldwin
Robert Ivers
Chuck Wassil
Ty Hardin
Ken Lynch
John Eldredge

Un extraterrestre se mete en el cuerpo de un hombre que está a punto de casarse y eso, tarde o temprano, se acabará notando...

Nada más ver el cartel puede dar la impresión de que vamos a asistir a una locura típica propia de la ciencia-ficción de la época: diálogos extraños, situaciones cuasi-ridículas y explicaciones alucinantes para cualquier cosa, amén de los típicos monstruos hechos con tres duros que se notan un montón. Bueno, pues debo decir, con sorpresa (pero de la buena) por mi parte, que no ha sido así.
            Estamos ante una película muy original en lo que se refiere al planteamiento cuyo título lo dice todo. Desde prácticamente la primera escena, la cinta va a lo que va, sin tiempos muertos ni parones de ningún tipo. Los alienígenas van invadiendo poco a poco la pantalla y comprendemeos que, título a parte, esta es una película de extraterrestres con muy mala baba muy bien llevada, mezclada con cierta dosis de misterio, que hacen que el producto final sea más que recomendable. Conforme avanza la trama, se van produciendo giros en el argumento (centrados sobre todo en la mujer del prota) que incrementan el interés, todo ello sin caer en las cutradas propias de las cintas del gremio. Hay extraterrestres, sí, lo mismo que pistolas de rayos, pero se respira cierta seriedad y buen hacer que hacen que la cinta cumpla a la perfección su cometido: entretener ofreciendo un buen espectáculo.
            Es cierto que, desde cierto punto de vista, a alguien le puede recordar un poco a La invasión de los ladrones de cuerpos (1956) aunque añadiendo la originalidad que supone el contexto del matrimonio. Bueno, puede ser, pero ahí queda y, la verdad, es que eso no molesta lo más mínimo.
            Con todo, setenta y cuatro minutos muy bien llevados que ofrecen un planteamiento directo, un  nudo más que interesante y un final como debe ser.
            ¿Qué más se puede pedir?
            Pasad un buen rato; merece la pena.
     

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