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martes, 20 de septiembre de 2011

Las mujeres-gato de la Luna


 
Las mujeres gato de la Luna (Cat-women of the moon)
(1953)
Director: Arthur Hilton
Guión   : Roy Hamilton.
Sonny Tufts
Victor Jory
Marie Windsor
William Phipps
Douglas Fowley
Carol Brewster
Susan Morrow
Suzanne Alexander
Bette Arlen
Roxann Delman


El espacio siempre ha sido un lugar peligroso. Preguntad a los tripulantes de la Nostromo, a los habitantes de Mongo o a esos que están en una galaxia muy, muy lejana. Pues bien, no sólo de aliens raros se nutre el firmamento: también hay mujeres gato. O al menos mujeres con largas pestañas, cejas marcadas y zapatillas de ballet...

¿Qué puedo decir de esta película? Lo reconozco: no tenía ni idea de que existía y, cuando me encontré con ella de casualidad, no pude sino sorprenderme ante semejante título. Sabido es por todos que, si hay algo que caracterice a las pelis de ciencia-ficción de los cincuenta, son los títulos pero, aun así... ¿qué podrían hacer unas mujeres-gato en la luna? Raudo, me lancé a descubrirlo y...
Alucinante. No se me ocurre otra palabra para calificar esta película. Pero no ese “alucinante” producto de algo que acabas de ver y te ha dejado  sin palabras, no. Es ese alucinante de “¿pero qué es esto?” o, de algo peor: "¿Me están tomando el pelo?"
Comenzamos con una narración misteriosa y poética. Ok, estamos ante una de viajes espaciales, a la Luna en concreto. Nada más meternos en escena, comienza el cutre-espectáculo que te deja claro qué clase de producto tienes delante. Dentro del cohete vemos a los protas despertar de un estado de hibernación. ¿Qué hace la única chica del grupo nada más tomar contacto con la realidad? Sacar de un cajón un espejo y maquillarse. Porque en este cohete hay mesas, escritorios, taquillas y cajones. Y gravedad, montones de gravedad.

A partir de aquí, uno ya es consciente del plan: una sucesión de cutradas cada una más grande que la anterior. Y la susodicha astronauta no se queda ahí, qué va: necesita una caja de cigarrillos y cerillas “...para sentirme segura” sobre la superficie lunar. Y es que ambas cosas van a dar mucho juego en los acontecimientos venideros. ¿Qué mejor método para saber si en la Luna hay oxígeno que encender un cigarrillo?
Sigamos explorando. Después de pasar por una serie de decorados que al menos son curiosos, entran en una cueva. Pero... ¡las botas pesan mucho! ¿Por qué? ¡Porque hay oxígeno en esa cueva! Pero, ¿cómo asegurarse? ¡¡¡Pues con las susodichas cerillas!!! Efectivamente, prenden. Ya no hay duda. Que haya arañas colgando de cables que se ven da igual: hay oxígeno en UNA cueva de la Luna. Increíble, ¿verdad? Pues aún hay más, ya que al guionista, a partir de aquí, se le tuvo que ir la pinza presa de la ralladura mental que acababa de crear porque, tras la cueva, los protas, que siguen respirando tan panchos cuando la dejan, salen al exterior y ven una ciudad.
¡Miau!
Como puede verse, un despropósito considerable. Pero ahí no acaba la cosa. ¡Por favor! De hecho, ni siquiera ha empezado ya que que dicho despropósito alcanza magnitudes galácticas cuando hacen su aparición unas mujeres que visten mallas negras: las mujeres-gato ( o lo que sean) Y este es uno de los misterios más grandes de esta película, ya que nunca se dice que se llamen de tal forma ni por qué. Si a ello le añadimos interpretaciones más que dudosas (sobre todo la de Marie Windsor, que da el cante mucho cuando hace que se enfada y Victor Jory haciendo de tipo duro y ligón), una historia sin pies ni cabeza (ni nada de nada) y situaciones risibles (o alucinantes, depende de cómo te pillen), tenemos eso: una película de lo más cutre. Como curiosidad, vale, pero nada más. Puede que te rías en muchos momentos pero, también, que haga surgir la mala baba que hay en ti porque eres consciente de que, durante su metraje, podrías haber hecho algo de provecho, por ínfimo que sea.
Y como suele ocurrir en este tipo de producciones, muchos de los diálogos son de los que dejan huella. Aquí dejo unos cuantos:

—Debe de ser una civilización inteligente para robarnos los trajes. (Es decir, si mi gata me roba un calcetín y se lo lleva (cosa que hace a menudo) es un ser inteligente. Y punto en boca)
—Cuando (los antepasados) descubrieron que nuestra atmósfera empezaba a desaparecer decidireron conservar el orígeno. Ello lleva a reducción energética máxima: genocidio planeado para reducir la población. (Explicación que una mujer-gato da a una astronauta alucinada. Ok, no le busquéis tres pies al GATO (agudo juego de palabras))
En fin. para qué seguir. Como se dice en algún momento de este viaje alucinante, la película sólo puede ser un "...ataque de locura espacial..." O eso o una cinta bien cutre. Sólo un consejo: si vais al espacio, ni pistolas láser, ni phasers ni sables de luz que valga. Cigarrillos y cerillas. ¡Esa es la clave!
PD: las mujeres podrían haberse llamado de cualquier forma: mujeres de negro, mujeres-sombra, mujeres misteriosas, malla-women...

Vigilad el cielo... por si las mujeres gato.


 

2 comentarios:

  1. es cierto, no hay chicas gato, eso quiere decir que el fenomeno de la "falsa propaganda", existe desde 1953...y yo que pense que era algo solo de la modernidad

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  2. Pues sí, amigo Capt. Leon. Y, cosa curiosa, es de las pocas veces que el título en español no es inventado, sino una traducción literal del original. Vamos, que, entre unas y otras, la película es una curiosidad... ¡Y de las grandes!
    Gracias por pasarte por aquí. Vuelve siempre que quieras...

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