Mostrando entradas con la etiqueta Richard Donner. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Richard Donner. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de diciembre de 2013

Superman: The march of the villains


¡Hola a todos!

Hoy os traigo un nuevo tema para el apartado de CINE PARA ESCUCHAR. 

Esta vez, le toca el turno, de nuevo, al maestro John Williams y el trabajo tan espectacular que hizo para la película Superman (1978), dirigida por Richard Donner. 

Hablar de Superman y su banda sonora es hacer referencia obligada al tema con el que abre la cinta y que, estoy seguro, todo el mundo conoce. Pues bien, respetando esa pieza inicial (que, tarde o temprano, traeré a este espacio) y por aquello de ser un poquito más original, hoy os presento otro tema de esta banda sonora y que, como suele ocurrir con Williams, ofrece una melodía pegadiza, tarareable y que se te queda en la memoria sin problemas. "The march of the villains" es una pieza tremenda que podemos escuchar en la película para recalcar los momentos de Lex Luthor y sus secuaces, Otis y la escultural señorita Teschmacher. Se trata de una melodía pegadiza, saltarina, con su punto cómico (como muchos de la peli) pero que, después de la marcha inicial, es una de mis favoritas. 

Como siempre, os dejo un pequeño montaje. Espero que os guste y, la próxima vez que veáis la peli, fijaos cómo, desde el momento en que sale Otis y los polis le persiguen por el metro de Metrópolis, esta musiquita hace maravillas con las imágenes y los personajes.

¡Vigilad el cielo!



domingo, 6 de octubre de 2013

Los Goonies

Los Goonies (The Goonies)
(1985)
Director: Richard Donner
Guión    : Steven Spielberg, Chris Columbus
Sean Astin
Josh Brolin
Jeff Cohen
Corey Feldman
Kerri Green
Martha Plimpton
Ke Huy Quan
Robert Davi

Joe Pantoliano
Anne Ramsey
John Matuszak

Un grupo de amigos, Los Goonies, se embarcan en una aventura para recuperar un tesoro pirata…

Los Goonies es una de esas películas que todos (o casi todos) vimos en nuestra infancia dorada allá por los años ochenta y que, al igual que Los cazafantasmas, Los Gremlins y unas cuantas más, marcaron nuestros años más tiernos. Todos estos títulos (y solo he puesto unos cuantos) se grabaron a fuego en nuestra memoria y nos calaron tan hondo que es inevitable comparar lo que hoy se nos ofrece con los productos que disfrutábamos aquellos días.
La película es una oda a las aventuras de toda la vida, esas en las que pasaban muchas cosas, había tensión, los buenos eran muy buenos y los malos, malísimos. Pero, también fue un producto muy bien planeado y perfectamente elaborado por algunos de los nombres más respetados, influyentes y de más calidad de Hollywood. No hay que olvidar que, tras esta cinta, están Steven Spielberg (por entonces disfrutando de eso de “el rey Midas de Hollywood” en todo su esplendor), Richard Donner dirigiendo (que ya nos había regalado Superman o La Profecía), Chris Columbus y otros socios de Spielberg muy habituales como Kathleenn Kennedy, Frank Marshall o Michael Kahn. Con semejantes elementos en funcionamiento y perfecta coordinación y armonía no se podía fallar. Y, claro está, no lo hicieron.


La película tiene muchas cosas buenas a favor. Para empezar, ya, desde la primera escena, nos presenta a los malos. No a los chicos, que sería lo más lógico y tentador, no: a los malos. Y ya sabemos que forman un terceto de lo más curioso: una madre con cara de psicópata y dos hijos más o menos obedientes. Lo bueno es la escena que viene a continuación, muy bien planteada y mejor ejecutada, en la que, mientras los criminales huyen, se nos introduce a los Goonies en sí, cada uno de ellos haciendo algo que le defina: la chica es la cara mona, Data y sus inventos, Gordi (sin duda el que más promete; atentos a su súper meneo), Bocazas en plan chulo y Brandon y Mickey. El primero el machote fortachón y el segundo el debilucho y, por ende, el más normal del grupo. Y ya, de paso, nos cuenta la trama secundaria que les obligará a actuar: van a echarlos del pueblo por problemas paternos de dinero.
A partir de este momento, una vez que sabemos quién es quién y el rol que va a tener en la peli, nos adentramos en la trama en sí, es decir, la aventura pura y dura. Y esta viene dada en forma de mapa del tesoro de cierto pirata llamado Will el Tuerto. A lo largo de todo el metraje que sigue, las aventuras se suceden unas tras otras sin parar. Y tiene de todo: su toquecito justo de humor, situaciones peligrosas, algún que otro muerto, un buen toque de misterio y su aderezo justo de romance juvenil. Y, por encima de todo, aventuras, muchas aventuras. Y de las buenas, además. Los chicos se enfrascan en situaciones cada vez más difíciles que incluyen rutas subterráneas, aguas o trampas en forma de órgano. Y si a todo ello le ponemos un barco pirata de tamaño natural, rematamos una faena digan de pasar por la más grande de las puertas grandes del cine de aventuras.
Los actores me parecen pero que muy bien. Todos ellos. Y no distingo entre adultos o niños porque cada uno está metido hasta las cejas en su papel. Y esto es otra de las cosas buenas de la peli: los personajes están tan bien definidos que nadie espera que ninguno de ellos salga por derroteros extraños. Y si de niños hablamos, otro gran punto a favor: caen bien. Para mí, el gran talón de Aquiles que suelen tener las películas con niños como protagonistas (sean humanos o creados en un ordenador) es que, en la mayoría de los casos, salvo algún que otro Anakin Skywalker, Harry Potter, Hermione o Ron, suelen acabar cayendo gordos. Pues bien, al menos para mí, esto no sucede aquí a pesar de que llevan prácticamente todo el protagonismo sobre sus espaldas. Por eso, Josh Brolin (Brand) está muy bien de hermano mayor y maduro del grupo. Corey Feldman lo borda como el bocazas que es. Ke Huy Quan (sí, Tapón en Indiana Jones y el Templo maldito) es el Data perfecto: flipado, alucinado y original. Kerri Green hace muy bien de Andy sin llegar a resultar estúpida y lo mismo le sucede a Martha Plimpton como Stef. Sean Astin, el más soso para mí, ya que el personaje está escrito para que sea la voz de la razón del grupo, cumple como Mikey (pero yo le veo y no puedo evitar imaginármelo diciendo eso de “¡Señor Frodo, señor Frodo!”) Y, para este que escribe, el último y el mejor: Jeff Cohen como Gordi. Admitámoslo, desde que sale la primera vez estampado contra un cristal, echándose encima el batido y enlazar con el súper meneo, lo clava. Fijaos a las expresiones que pone cuando grita o está asustado, por no hablar de sus momentos con Sloth, el hermano deforme de los malos. Y, cómo no, destacar el momento estrella de la peli: su confesión ante los malvados. Vamos, que ni pintado.

Los adultos me parecen muy bien también.  Anne Ramsey como mama Fratelli da el punto adecuado de furia y aguante con esos dos hijos que viene muy bien al personaje y siempre me ha recordado a cualquier madre malvada y cascarrabias de dibujo animado. Robert Davi como Jake también muy bien recibiendo bofetadas de su madre o cantando en italiano. Lo mismo le ocurre a Joe Pantoliano, solo que este no recibe bofetones pero si intentos de estrangulamiento de su hermano. Y aquí debo mencionar otra de las cosas que me gusta mucho de esta cinta: los malos son muy infantiles; malvados a más no poder, pero se pelean por un trozo de pizza a punta de pistola. Y, claro está, tenemos a John Matuszak como Sloth que se defiende muy bien bajo ese maquillaje.




Hay que decir que el director, Richard Donner, se mueve como pez en el agua con la peli. Se muestra ágil, dinámico y saca el máximo partido de situaciones y actores. No en vano, como dije antes, este señor sabe mucho de cómo hacer que un producto comercial sea bueno y llegue a cuantos más mejor. No en vano en su haber están las antes mencionadas Superman, La profecía o la saga de Arma Letal. Pero no hay que olvidar quién está detrás de todo el proyecto, el alma de todo el cotarro y cuya mano se ve y se huele a la legua. Me refiero, cómo  no, al señor Spielberg. Y es que, como suya es la historia y producción, evidente es su influencia. Aquí hay de todo lo que le gusta al amigo: niños, adultos ridiculizados por niños, aventuras a patadas, piratas (su obsesión siempre fue Peter pan, cosa que se nota aquí ya que, piratas a parte, los Goonies tienen mucho de niños perdidos) y el toque esencial en este hombre a saber: la idea de “qué bonito es ser papá” que empaña casi todos sus proyectos. Fijaos en la escena final cuando los padres se reúnen con sus hijos y lo que le suelta el padre de Data: “Tú eres mi mejor invención” Ahí queda.

¿Aspectos mejorables? Alguno, pero no muchos. Las reflexiones de Mikey en voz alta hablando con Willy el Tuerto como si este le oyera siempre me parecieron un poquito horteras. El chico se pone tan serio que parece que corta un poco el rollo al espíritu de la peli. Por no hablar de su momento agorero (y prota) cuando están bajo tierra y hay un cubo salvador en un pozo: “La próxima vez que veáis el cielo será en otra ciudad. Las próxima vez  que hagáis un examen, será en otro colegio” Hijo, qué madurez…
Por cierto, a modo de anécdota, la escena del principio en la que Bocazas interpreta al italiano lo que le da la real gana en versión original no es tal: en realidad, hablan en español. Misterios del doblaje…
¿Fue un éxito? Sí. Y también, a día de hoy, un clásico. En mi opinión, un equilibrio perfecto de todos los elementos que el buen cine familiar debe tener: aventuras, personajes divertidos, emociones, humor y poca ñoñería. Una pena que hoy día no se hagan películas como esta. Así que ya sabéis: si la visteis allá por vuestra infancia, siempre está bien recordar los buenos momentos. Si no es el caso, te recomiendo que la veas; es la escusa ideal para pasar un rato divertido de los buenos.

Vigilad el cielo.

domingo, 22 de septiembre de 2013

La profecía


La profecía (The omen)
(1976)

Director: Richard Donner
Guión    : David Seltzer


Gregory Peck
Lee Remick
David Warner
Billie Whitelaw
Patrick Troughton
Harvey Stephens  
  

Un político adopta a un niño para paliar la pérdida del suyo. No sabe que ese niño es la reencarnación del mal…


Vamos allá con una de las películas por excelencia del género de terror y uno de los referentes más básicos, junto con El Exorcista, de un subgénero que podríamos denominar como horror referido a la figura del Maligno antonomasia. Historias como esta hemos visto a patadas pero aquí está la base de todo. No hablamos de posesiones de demonios que andan perdidos ni de una posesión directa por parte del Demonio. Nada de eso; aquí hablamos de parentescos directos ya que tratamos, nada menos, con el mismísimo hijo del Diablo.
Lo digo desde ya: esta película me gusta mucho y, al menos para mí, tiene en su haber una serie de puntos a favor que hay tener muy en cuenta. Vamos a ello:
El argumento me parece soberbio y, a su modo, muy simple, sin cosas raras ni zarandajas: aquí vamos a ver la historia del hijo del Demonio. Así, sin tapujos. Por eso, la trama comienza de manera magistral cuando vemos al embajador Thorn en su coche mientras unas palabras en off nos taladran: “El niño ha muerto”. Que así, de golpe, sepamos que su mujer ha perdido a un niño y que Thorn, para evitar el disgusto adopta al primero que pilla, me parece una forma soberbia de meter al espectador en faena. Y eso son los primeros cinco minutos de la peli. Imagínate lo que tienes por delante.
Me gusta cómo, tras ese comienzo, el argumento se ralentiza para mostrarnos a la típica familia feliz: ricos, elegantes, guapos y algo pijos. Y, encima, al padre de familia le ascienden a un buen puesto; nada menos que el nuevo embajador de Inglaterra. Vamos, además de lo anterior, son suertudos. Todo esto se muestra en unos pocos minutos pero la narración me parece muy bien llevada, sin cansar ni hacer que el espectador se aburra. Entonces, a partir de aquí, la cosa se acelera. Poco a poco, de menos a más. Por eso, pasamos a una fiesta de cumpleaños que, más bien, parece la celebración del final de la Segunda Guerra Mundial. Una voz, una niñera que se suicida… y empieza el festín satánico.
Lo que sigue a continuación, como he dicho más arriba, va poco a poco, de manera que cada acontecimiento en la vida de los Thorn es más dramático y terrorífico que el anterior. Allí donde se ahorca una niñera, viene otra con perro satánico incluido y que da un mal rollo que no veas. Si a ello le sumas que un sacerdote que mira de manera desencajada te advierte usando frases del libro del Apocalipsis, ponte a temblar. Si el pobre hombre muere empalado por un pararrayos de una iglesia, ya comienzas a pensar que puede que estén pasando cosas raras.
Pero una de las cosas buenas que tiene esta peli es que no se reduce a escenas truculentas (que no hay muchas, quitando la del desgraciado del cura), ni sangrientas ni desagradables (aquí me remito, de nuevo, a El Exorcista) El tipo de terror que vamos a ve en esta Profecía está más bien basado en golpes de efecto cuya misión principal es hacer que el espectador desee que acabe el mal trago de determinadas escenas pero que no pueda quitar los ojos de la pantalla. Por eso, en lugar de que el guión se reduzca a sangre, caras desagradables o sustos, vamos a acudir a una investigación muy bien llevada por parte de Thorn y su amigo el periodista. Así, vamos a descubrir, poco a poco, detalles acerca del pequeño y malvado Damien que van a eclosionar en la famosa escena final. Todo esto llevado con mano firme por parte de Richard Donner que, como es habitual en él, no solo saca partido de los actores sino que se recrea en una trama muy bien llevada, hilvanada y contada.
La película contiene unas cuantas escenas que merecen tenerse en cuenta y que captan el interés del espectador de manera directa. Unas son más impactantes que otras, claro pero, en el conjunto, quedan muy bien. Como ya he dicho antes, me gusta mucho el momento inicial nada más empezar la peli. No es nada raro ni terrorífico pero es una puesta en escena magistral. Cualquiera de los momentos de Damien son dignos de tener en cuenta (el de los monos, el de la iglesia…) y, claro está, mi favorito: la muerte del sacerdote, toda una lección magistral de montaje acompañado de una espectacular banda sonora (ya comentaré esto luego) Pero, como siempre digo, hay determinadas cosas que hay que ver. Observad:
Bueno, ¿eh? Hay más momentos estelares muy impactantes (como el descubrimiento de cierta losa que contiene cierto niño y ya me callo) y unas cuantas muertes a tener en cuenta pero esos los dejo que los veas y compruebes por ti mismo. Ah, y estoy seguro de que todos hemos oído hablar del famoso numerito 666 pero si preguntas por ahí qué significa o por qué es así, no creo que obtengas muchas respuestas. Muy bien, la peli da una contestación magistral en el minuto setenta más o menos. Simple pero efectivo.


Los actores me parecen muy buenos y bien metidos en sus papeles. Gregory Peck destila tablas en un papel donde rebosa naturalidad que le permite interpretar a un antihéroe, aunque siempre me ha parecido un poquito mayor para tener un hijo (impresión mía personal) Lee Remick, aunque se luce un poquito menos, queda muy bien como la sufrida Katherine (bien mirado, solo es feliz al comienzo de la peli). David Warner está muy correcto como Jennings, resultando el compañero del prota ideal en esta aventura tan oscura. Y, claro está, Billie Whitelaw y  Patrick Troughton lo clavan como la tenebrosa Señora Baylock y el padre Brennan respectivamente. Harvey Stephens es un muy buen Damien; chiquito pero matón. Y esos ojos claros le vienen que ni pintados para mostrar candidez y mala baba a partes iguales.
Pero estoy seguro que, si ves esta peli, vas a recordar algo de manera especial. Me refiero, cómo no, a la impresionante banda sonora compuesta por Jerry Goldsmith. Simple y llanamente magistral. Tiene momentos muy tranquilos y relajados (léase los del principio) pero los siniestros y tenebrosos, con esos coros de iglesia en plan tétrico resultan espeluznantes. Comprobad la música del video del sacerdote o la de la escena en la que Thorn y Jennings se meten en el cementerio a buscar una explicación a todo lo que está sucediendo. El acompañamiento de esos sonidos de violín y, de nuevo lo digo, la utilización de los coros, realzan los momentos de tensión de manera admirable, un buen ejemplo de que unas buenas imágenes se convierten en memorables con una banda sonora que las realce y las convierta en momentos inolvidables.
La película fue un éxito considerable y, aún hoy, a pesar de los pantalones de campana y los jerséis de cuello alto con americana, sigue teniendo, por lo menos para mí, un embrujo especial. Me parece muy bien llevada, contada de manera magistral e interpretada de manera muy convincente. ¿Qué más se le puede pedir a una historia de miedo? Por eso, fue el comienzo de una trilogía que se completó a lo largo de los años con dos cintas más: La maldición de Damien y El final de Damien, que cuenta, la juventud y madurez del heredero de los Thorn. Ambas me gustan bastante pero esta primera sigue siendo mi favorita.
Por supuesto, si no la has visto, te recomiendo que lo hagas. Yo lo he hecho un porrón de veces y las que quedan por delante pero me sigue gustando y continúa atrapándome siempre que le doy un vistazo. De hecho, mientras escribo lo que lees, estoy disfrutando de las andanzas del niño más malvado de la historia del cine de terror (con permiso de Michael Myers)
Por cierto, el buen hacer de Richard Donner, amén de otras casualidades del destino, hicieron que se le abriesen la puertas de par en par de su siguiente proyecto. Nada terrorífico pero sí bastante espectacular: Superman. Pero eso es otra historia…
Como suele ocurrir, la peli contiene una serie de curiosidades que pueden resultar interesantes. Os dejo unas cuantas: 

-Los actores considerados para el papel de Thorn fueron, entre otros, Charles Bronson y Charlton Heston.

-Lee Remick, durante la escena de los monos, no actúa: estaba asustada de verdad.



-Harvey Stephens, Damien, era rubio, por lo que le tuvieron que teñir. ¿Os imagináis al Anticristo rubito?

-Goldsmith se llevó un Óscar por la música. No creo que esto coja por sorpresa a nadie.

-La escena del cementerio, que es aterradora, tuvo un rodaje curioso: los perritos, en vez de morder, se pusieron a copular, alegres de la vida.

-Hablando de los perros: gracias a esta peli, los rottweiler se hicieron famosos.

-Gregory Peck perdió a su hijo antes de comprometerse al rodaje. Ofrecerle un papel de un padre cuyo hijo muere fue considerado algo morboso.

-Decisiones de estudio que no cuadran con la de directores y actores: la peli se vendió a bombo y platillo como historia de terror; Peck y Donner la querían ofertar como thriller.

-La peli tiene varias portadas. Una es la más famosa donde vemos a Damien y su sombra en forma de cruz inversa. Otra es un ángel que llora sangre.



-La niñera que se ahorca y agua la fiesta de cumpleaños es la hija de Jack Palance, Holly Palance.

-Parece que no hay peli de miedo sin detalles morbosos: Gregory Peck viajaba en un avión y a este le golpeó un rayo. Días después, al guionista David Seltzer tomó el mismo vuelo y le ocurrió lo mismo.

-Si de aviones va la cosa, el estudio contrató otro que, previamente hizo un vuelo comercial… en el que se estrelló y murieron todos los pasajeros.

-Donner casi fue atropellado por un coche.

-Y el más morboso de todos: un miembro de los efectos especiales diseñó la escena de decapitación de la peli. Antes de rodarla, él y su novia tuvieron un accidente de coche; ella murió decapitada.

-Escena de prueba de Stephens: Donner le pidió que le demostrase que sabía pelear (por la escena de la iglesia) El pequeño se lo demostró soltándole un puñetazo en los mismísimos. Una prueba más que demuestra que un niño puede ser mucho peor en la realidad que en la ficción.

-Para el primer plano final de la peli, donde vemos a Damien sonreír, Donner le pidió que se quedara serio. El niño, muy majo, soltó la sonrisa que vemos. Gustó tanto a todos que la dejaron.




-Claro está, tuvo un remake en 2006. Para mí, olvidable. 

¡Vigilad el cielo!