(1985)
Director: Richard Donner
Guión : Steven Spielberg, Chris Columbus
Guión : Steven Spielberg, Chris Columbus
Sean Astin
Josh Brolin
Jeff Cohen
Corey Feldman
Kerri Green
Martha Plimpton
Ke Huy Quan
Robert Davi
Joe Pantoliano
Joe Pantoliano
Anne Ramsey
John Matuszak
Un
grupo de amigos, Los Goonies, se embarcan en una aventura para recuperar un
tesoro pirata…
Los
Goonies es una de esas películas que todos (o casi todos) vimos en nuestra
infancia dorada allá por los años ochenta y que, al igual que Los
cazafantasmas, Los Gremlins y unas cuantas más, marcaron nuestros años más
tiernos. Todos estos títulos (y solo he puesto unos cuantos) se grabaron a
fuego en nuestra memoria y nos calaron tan hondo que es inevitable comparar lo
que hoy se nos ofrece con los productos que disfrutábamos aquellos días.
A
partir de este momento, una vez que sabemos quién es quién y el rol que va a
tener en la peli, nos adentramos en la trama en sí, es decir, la aventura pura
y dura. Y esta viene dada en forma de mapa del tesoro de cierto pirata llamado
Will el Tuerto. A lo largo de todo el metraje que sigue, las aventuras se suceden
unas tras otras sin parar. Y tiene de todo: su toquecito justo de humor,
situaciones peligrosas, algún que otro muerto, un buen toque de misterio y su
aderezo justo de romance juvenil. Y, por encima de todo, aventuras, muchas
aventuras. Y de las buenas, además. Los chicos se enfrascan en situaciones cada
vez más difíciles que incluyen rutas subterráneas, aguas o trampas en forma de
órgano. Y si a todo ello le ponemos un barco pirata de tamaño natural,
rematamos una faena digan de pasar por la más grande de las puertas grandes del
cine de aventuras.
Los
actores me parecen pero que muy bien. Todos ellos. Y no distingo entre adultos
o niños porque cada uno está metido hasta las cejas en su papel. Y esto es otra
de las cosas buenas de la peli: los personajes están tan bien definidos que
nadie espera que ninguno de ellos salga por derroteros extraños. Y si de niños
hablamos, otro gran punto a favor: caen bien. Para mí, el gran talón de Aquiles
que suelen tener las películas con niños como protagonistas (sean humanos o
creados en un ordenador) es que, en la mayoría de los casos, salvo algún que
otro Anakin Skywalker, Harry Potter, Hermione o Ron, suelen acabar cayendo
gordos. Pues bien, al menos para mí, esto no sucede aquí a pesar de que llevan
prácticamente todo el protagonismo sobre sus espaldas. Por eso, Josh Brolin
(Brand) está muy bien de hermano mayor y maduro del grupo. Corey Feldman lo borda
como el bocazas que es. Ke Huy Quan (sí, Tapón en Indiana Jones y el Templo maldito) es el Data perfecto: flipado,
alucinado y original. Kerri Green hace muy bien de Andy sin llegar a resultar
estúpida y lo mismo le sucede a Martha Plimpton como Stef. Sean Astin, el más
soso para mí, ya que el personaje está escrito para que sea la voz de la razón
del grupo, cumple como Mikey (pero yo le veo y no puedo evitar imaginármelo
diciendo eso de “¡Señor Frodo, señor Frodo!”) Y, para este que escribe, el
último y el mejor: Jeff Cohen como Gordi. Admitámoslo, desde que sale la
primera vez estampado contra un cristal, echándose encima el batido y enlazar
con el súper meneo, lo clava. Fijaos a las expresiones que pone cuando grita o
está asustado, por no hablar de sus momentos con Sloth, el hermano deforme de
los malos. Y, cómo no, destacar el momento estrella de la peli: su confesión ante
los malvados. Vamos, que ni pintado.
Hay
que decir que el director, Richard Donner, se mueve como pez en el agua con la
peli. Se muestra ágil, dinámico y saca el máximo partido de situaciones y
actores. No en vano, como dije antes, este señor sabe mucho de cómo hacer que
un producto comercial sea bueno y llegue a cuantos más mejor. No en vano en su
haber están las antes mencionadas Superman,
La profecía o la saga de Arma Letal.
Pero no hay que olvidar quién está detrás de todo el proyecto, el alma de todo
el cotarro y cuya mano se ve y se huele a la legua. Me refiero, cómo no, al señor Spielberg. Y es que, como suya
es la historia y producción, evidente es su influencia. Aquí hay de todo lo que
le gusta al amigo: niños, adultos ridiculizados por niños, aventuras a patadas,
piratas (su obsesión siempre fue Peter pan, cosa que se nota aquí ya que,
piratas a parte, los Goonies tienen mucho de niños perdidos) y el toque
esencial en este hombre a saber: la idea de “qué bonito es ser papá” que empaña
casi todos sus proyectos. Fijaos en la escena final cuando los padres se reúnen
con sus hijos y lo que le suelta el padre de Data: “Tú eres mi mejor invención”
Ahí queda.
¿Aspectos
mejorables? Alguno, pero no muchos. Las reflexiones de Mikey en voz alta
hablando con Willy el Tuerto como si este le oyera siempre me parecieron un
poquito horteras. El chico se pone tan serio que parece que corta un poco el
rollo al espíritu de la peli. Por no hablar de su momento agorero (y prota)
cuando están bajo tierra y hay un cubo salvador en un pozo: “La próxima vez que
veáis el cielo será en otra ciudad. Las próxima vez que hagáis un examen, será en otro colegio”
Hijo, qué madurez…
Por
cierto, a modo de anécdota, la escena del principio en la que Bocazas interpreta
al italiano lo que le da la real gana en versión original no es tal: en
realidad, hablan en español. Misterios del doblaje…
¿Fue
un éxito? Sí. Y también, a día de hoy, un clásico. En mi opinión, un equilibrio
perfecto de todos los elementos que el buen cine familiar debe tener:
aventuras, personajes divertidos, emociones, humor y poca ñoñería. Una pena que
hoy día no se hagan películas como esta. Así que ya sabéis: si la visteis allá
por vuestra infancia, siempre está bien recordar los buenos momentos. Si no es
el caso, te recomiendo que la veas; es la escusa ideal para pasar un rato
divertido de los buenos.