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domingo, 6 de octubre de 2013

Los Goonies

Los Goonies (The Goonies)
(1985)
Director: Richard Donner
Guión    : Steven Spielberg, Chris Columbus
Sean Astin
Josh Brolin
Jeff Cohen
Corey Feldman
Kerri Green
Martha Plimpton
Ke Huy Quan
Robert Davi

Joe Pantoliano
Anne Ramsey
John Matuszak

Un grupo de amigos, Los Goonies, se embarcan en una aventura para recuperar un tesoro pirata…

Los Goonies es una de esas películas que todos (o casi todos) vimos en nuestra infancia dorada allá por los años ochenta y que, al igual que Los cazafantasmas, Los Gremlins y unas cuantas más, marcaron nuestros años más tiernos. Todos estos títulos (y solo he puesto unos cuantos) se grabaron a fuego en nuestra memoria y nos calaron tan hondo que es inevitable comparar lo que hoy se nos ofrece con los productos que disfrutábamos aquellos días.
La película es una oda a las aventuras de toda la vida, esas en las que pasaban muchas cosas, había tensión, los buenos eran muy buenos y los malos, malísimos. Pero, también fue un producto muy bien planeado y perfectamente elaborado por algunos de los nombres más respetados, influyentes y de más calidad de Hollywood. No hay que olvidar que, tras esta cinta, están Steven Spielberg (por entonces disfrutando de eso de “el rey Midas de Hollywood” en todo su esplendor), Richard Donner dirigiendo (que ya nos había regalado Superman o La Profecía), Chris Columbus y otros socios de Spielberg muy habituales como Kathleenn Kennedy, Frank Marshall o Michael Kahn. Con semejantes elementos en funcionamiento y perfecta coordinación y armonía no se podía fallar. Y, claro está, no lo hicieron.


La película tiene muchas cosas buenas a favor. Para empezar, ya, desde la primera escena, nos presenta a los malos. No a los chicos, que sería lo más lógico y tentador, no: a los malos. Y ya sabemos que forman un terceto de lo más curioso: una madre con cara de psicópata y dos hijos más o menos obedientes. Lo bueno es la escena que viene a continuación, muy bien planteada y mejor ejecutada, en la que, mientras los criminales huyen, se nos introduce a los Goonies en sí, cada uno de ellos haciendo algo que le defina: la chica es la cara mona, Data y sus inventos, Gordi (sin duda el que más promete; atentos a su súper meneo), Bocazas en plan chulo y Brandon y Mickey. El primero el machote fortachón y el segundo el debilucho y, por ende, el más normal del grupo. Y ya, de paso, nos cuenta la trama secundaria que les obligará a actuar: van a echarlos del pueblo por problemas paternos de dinero.
A partir de este momento, una vez que sabemos quién es quién y el rol que va a tener en la peli, nos adentramos en la trama en sí, es decir, la aventura pura y dura. Y esta viene dada en forma de mapa del tesoro de cierto pirata llamado Will el Tuerto. A lo largo de todo el metraje que sigue, las aventuras se suceden unas tras otras sin parar. Y tiene de todo: su toquecito justo de humor, situaciones peligrosas, algún que otro muerto, un buen toque de misterio y su aderezo justo de romance juvenil. Y, por encima de todo, aventuras, muchas aventuras. Y de las buenas, además. Los chicos se enfrascan en situaciones cada vez más difíciles que incluyen rutas subterráneas, aguas o trampas en forma de órgano. Y si a todo ello le ponemos un barco pirata de tamaño natural, rematamos una faena digan de pasar por la más grande de las puertas grandes del cine de aventuras.
Los actores me parecen pero que muy bien. Todos ellos. Y no distingo entre adultos o niños porque cada uno está metido hasta las cejas en su papel. Y esto es otra de las cosas buenas de la peli: los personajes están tan bien definidos que nadie espera que ninguno de ellos salga por derroteros extraños. Y si de niños hablamos, otro gran punto a favor: caen bien. Para mí, el gran talón de Aquiles que suelen tener las películas con niños como protagonistas (sean humanos o creados en un ordenador) es que, en la mayoría de los casos, salvo algún que otro Anakin Skywalker, Harry Potter, Hermione o Ron, suelen acabar cayendo gordos. Pues bien, al menos para mí, esto no sucede aquí a pesar de que llevan prácticamente todo el protagonismo sobre sus espaldas. Por eso, Josh Brolin (Brand) está muy bien de hermano mayor y maduro del grupo. Corey Feldman lo borda como el bocazas que es. Ke Huy Quan (sí, Tapón en Indiana Jones y el Templo maldito) es el Data perfecto: flipado, alucinado y original. Kerri Green hace muy bien de Andy sin llegar a resultar estúpida y lo mismo le sucede a Martha Plimpton como Stef. Sean Astin, el más soso para mí, ya que el personaje está escrito para que sea la voz de la razón del grupo, cumple como Mikey (pero yo le veo y no puedo evitar imaginármelo diciendo eso de “¡Señor Frodo, señor Frodo!”) Y, para este que escribe, el último y el mejor: Jeff Cohen como Gordi. Admitámoslo, desde que sale la primera vez estampado contra un cristal, echándose encima el batido y enlazar con el súper meneo, lo clava. Fijaos a las expresiones que pone cuando grita o está asustado, por no hablar de sus momentos con Sloth, el hermano deforme de los malos. Y, cómo no, destacar el momento estrella de la peli: su confesión ante los malvados. Vamos, que ni pintado.

Los adultos me parecen muy bien también.  Anne Ramsey como mama Fratelli da el punto adecuado de furia y aguante con esos dos hijos que viene muy bien al personaje y siempre me ha recordado a cualquier madre malvada y cascarrabias de dibujo animado. Robert Davi como Jake también muy bien recibiendo bofetadas de su madre o cantando en italiano. Lo mismo le ocurre a Joe Pantoliano, solo que este no recibe bofetones pero si intentos de estrangulamiento de su hermano. Y aquí debo mencionar otra de las cosas que me gusta mucho de esta cinta: los malos son muy infantiles; malvados a más no poder, pero se pelean por un trozo de pizza a punta de pistola. Y, claro está, tenemos a John Matuszak como Sloth que se defiende muy bien bajo ese maquillaje.




Hay que decir que el director, Richard Donner, se mueve como pez en el agua con la peli. Se muestra ágil, dinámico y saca el máximo partido de situaciones y actores. No en vano, como dije antes, este señor sabe mucho de cómo hacer que un producto comercial sea bueno y llegue a cuantos más mejor. No en vano en su haber están las antes mencionadas Superman, La profecía o la saga de Arma Letal. Pero no hay que olvidar quién está detrás de todo el proyecto, el alma de todo el cotarro y cuya mano se ve y se huele a la legua. Me refiero, cómo  no, al señor Spielberg. Y es que, como suya es la historia y producción, evidente es su influencia. Aquí hay de todo lo que le gusta al amigo: niños, adultos ridiculizados por niños, aventuras a patadas, piratas (su obsesión siempre fue Peter pan, cosa que se nota aquí ya que, piratas a parte, los Goonies tienen mucho de niños perdidos) y el toque esencial en este hombre a saber: la idea de “qué bonito es ser papá” que empaña casi todos sus proyectos. Fijaos en la escena final cuando los padres se reúnen con sus hijos y lo que le suelta el padre de Data: “Tú eres mi mejor invención” Ahí queda.

¿Aspectos mejorables? Alguno, pero no muchos. Las reflexiones de Mikey en voz alta hablando con Willy el Tuerto como si este le oyera siempre me parecieron un poquito horteras. El chico se pone tan serio que parece que corta un poco el rollo al espíritu de la peli. Por no hablar de su momento agorero (y prota) cuando están bajo tierra y hay un cubo salvador en un pozo: “La próxima vez que veáis el cielo será en otra ciudad. Las próxima vez  que hagáis un examen, será en otro colegio” Hijo, qué madurez…
Por cierto, a modo de anécdota, la escena del principio en la que Bocazas interpreta al italiano lo que le da la real gana en versión original no es tal: en realidad, hablan en español. Misterios del doblaje…
¿Fue un éxito? Sí. Y también, a día de hoy, un clásico. En mi opinión, un equilibrio perfecto de todos los elementos que el buen cine familiar debe tener: aventuras, personajes divertidos, emociones, humor y poca ñoñería. Una pena que hoy día no se hagan películas como esta. Así que ya sabéis: si la visteis allá por vuestra infancia, siempre está bien recordar los buenos momentos. Si no es el caso, te recomiendo que la veas; es la escusa ideal para pasar un rato divertido de los buenos.

Vigilad el cielo.