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sábado, 31 de octubre de 2015

La noche de Halloween


La noche de Halloween (Halloween)
(1978)
Director: John Carpenter.
Guión   : John Carpenter, Debra Hill.


Jamie Lee Curtis
Donald Pleasence
Nick Castle
Nancy Kyes
P. J. Soles
John Michael Graham








Un asesino psicópata se escapa del psiquiátrico donde estaba encerrado

"¡Laurie, el hombre del saco está ahí!” 


Para celebrar el día de hoy, vamos allá con una película que viene que ni  pintada y que, en muy buena parte, es la responsable de que Halloween tenga la fama que tiene… además de, claro está, ser uno de los hitos del llamado cine de terror postmodernista.

La cinta, como todo el  mundo sabe, fue dirigida por todo un maestro (y artesano) del género de terror que, por desgracia, hoy parece que Hollywood tiene olvidado pero que todo buen aficionado gusta de recordar de vez en cuando: John Carpenter, el mismo tipo que nos regaló en su momento La cosa, Asalto a la comisaría del distrito 13 o 1997, Rescate en nueva York. Hay más, por supuesto, como la Niebla, El príncipe de las tinieblas o un remake que me encanta de El pueblo de los malditos. Entre sus actores, destacamos  Jamie Lee Curtis, que se estrenó en las pantallas con esta película y con el veterano Donald Pleasence, que aportó experiencia y reconocimiento en su papel de doctor.


La película, como ya apunté, es un claro referente del terror moderno. ¿Y qué es esto? Pues el tipo de horror que desfiló por las pantallas que consistía en un maníaco/monstruo/psicópata/Como-lo-queráis llamar que, armado con el arma que fuera (en este caso, un cuchillo enorme) se merendaba a quien pillaba de por medio mientras mostraba una clara predilección por el personaje protagonista que respondía a la descripción de una chica joven, atractiva y que, de manera que nadie puede explicar, es la única que tiene la suerte o inteligencia para huir de él. Y, fijaos si tuvo importancia esta peli que todo el terror y monstruos icónicos que vinieron después, se basaron en esta idea. Por eso, ahí quedan los Jason de Viernes 13, los Freddies que pululaban por Elm Street, o los de cara fantasmal de Scream. Pues bien, repito, esta Noche de Halloween fue quien abrió  las puertas a todos ellos.


Ok, factores a favor me han parecido unos pocos:


El mejor momento de toda la peli, al menos para mí, ocurre en la primerísima escena. Después de oír el nombre de Michael, asistimos a una escena inicial rodada de manera magistral en la que, desde el punto de vista de los ojos de un niño, asistimos a la primera gracieta, léase primer crimen de Michael Myers: se carga a su hermana que, claro está , está medio desnuda. Y no hay razón para ello ni explicación ninguna; el niño la mata con un buen cuchillo, como debe ser. Luego, otro buen momento: quitan la máscara al niño y este, rubito angelical, tiene la mirada perdidísima… y, también, el cuchillo en la mano, que no lo ha soltado. Lo dicho: para este vigilante del cielo, el mejor momento y más impactante de toda la peli y, si me apuráis de toda la saga.



Me gusta cómo, de manera muy rápida, lo que viene a continuación es una presentación muy efectiva de personajes. Primero el doctor, interpretado con solvencia por Donald Pleasence y que no deja lugar a dudas de lo que opina de Michael. Y este es otro tanto a favor de la peli: sabemos de Michael a través de lo que otras personas dicen de él. Por eso, los diálogos del doctor son fundamentales y muy bien escritos, por cierto: “¿Ha visto alguna vez a un ser parecido?”, le pregunta a una enfermera. Nótese que se refiere a Michael, claro, pero como si fuera un bicho o un animal, no como un ser humano. “No se fíe de ese ser…” ¿Es todo? No, porque eso se lo dice a una simple enfermera. Atentos a lo que le cuenta al sheriff: “Ese niño tiene los ojos del diablo…” “Lo que había tras los ojos de aquel niño era pura y simplemente, maldad” Más claro, agua.


Me ha gustado bastante un momento muy fugaz que es el paso previo a la escapada de Michael. Me refiero a cuando el doctor y la enfermera llegan al psiquiátrico y los enfermos están sueltos. La escena está muy bien diseñada: es de noche, llueve a cántaros y los enfermos, con sus camisones blancos, destacan sobre todo el paisaje a modo de zombis sueltos. Muy bueno. Luego ocurre lo que tiene que ocurrir y, claro está, la paga la pobre enfermera.


Otro de los aspectos a favor es que, de nuevo en forma de diálogos de personajes ajenos a Michael, se introduce al espectador en esa especie de sentimiento de horror opresivo. Por eso, Tommy, el niño, se refiere a la casa de los Myers como “Una casa encantada” Si a eso le añadimos la respiración del colega Michael viendo y escuchando todo desde el interior a oscuras, el plan está servido.


Aunque haya muchos que crean que esta peli es el colmo de la sangre y las cuchilladas, puede que al alguno le ocurra lo que a mí (en mi caso, hacía mucho que no la veía) Y es que todo eso es más fama que otra cosa. A ver, cuchilladas hay, no lo vamos a negar, claro. Pero también es cierto que la cinta ocupa una parte del metraje muy, pero que muy larga en recrearse en el misterio y plantearlo. Por eso, al son de esa musiquita inquietante de piano, aquí acudimos a muchas escenas de coches que siguen a jovencitas, figuras que espía desde el jardín, llamadas de teléfono, víctimas en potencia viendo pelis de terror en la tele o robos en una tienda de una máscara de Halloween, cuerdas y cuchillos. Esto, desde cierto punto de vista, lo señalo como un buen logro pero, lo admito, en el siguiente apartado, en el de las cosas que me han perecido mejorables, lo destaco desde otra perspectiva.


Pero esta es una peli de miedo, un clásico dentro del género. Y eso y hablar de muertes es lo mismo. Pues bien, las que hay aquí me parecen bien mostradas. Quizás la que más llame la atención sea la de Bob, ya que eso de ensartar al amigo en la pared con un cuchillo no deja de tener mérito.


Los actores me parecen correctos. Claro que aquí hay que hacer referencia a dos principales. En primer lugar, como ya he mencionado, tenemos a Donald Pleasence que, bien mirado, no es que salga mucho pero su personaje ayuda mucho a definir a Michael. A veces parece algo listillo y mandón (maneja al sheriff como le da la gana. yo creo que es la perilla, que resulta un poco hipnótica) pero ahí queda. Por otro lado, claro está, a Jamie Lee Curtis. Su papel como adolescente inteligente y empollona me parece correcto. Gritando y huyendo, también. Por eso, adquirió el título de “Reina del grito”
¿Cosas que no me han llamado tanto?


Bueno, tengo que decir que esperaba más tensión, más terror y más agobio. Como ya dije, hacía un tiempo que no veía esta peli y la leyenda en la que se ha convertido puede haber hecho el resto. La cinta, al menos para mí, tiene una fama de cinta de culto o clásico tal que esperaba que la sangre salpicara a montones. Pues bien, no es así y, como ya comenté se centra mucho en crear el ambiente y el misterio. Lo que ocurre es que esto, por lo menos a mí, se me ha hecho algo largo. Tened en cuenta que, quitando el asesinato de la enfermera, no vuelve a haber una muerte propiamente dicha (la de Annie) hasta el minuto cincuenta y uno. Durante todo ese tiempo, mucha charla de adolescentes, mucho “me gusta este o aquel” y algún que otro momento cama. Esto, según te pille, te puede gustar o no. A mí, lo digo de nuevo, no me molesta mucho pero sí se me ha hecho un pelín largo.


Siguiendo con las muertes, debo decir que  no son muy sangrientas o, para enfocarlo de otro modo, espectaculares. La de Bob está bien pero el resto, aún sin estar mal, me han parecido algo flojas (la de Annie ocurre medio estrangulada en el coche y la de Linda igual, pero con el cable de un teléfono) Bueno, ahí quedan… Por cierto, ¿cómo es posible que el amigo Michael tenga tanto tino con todos y, en su primer ataque a Laurie, falla con su cuchillada? Lo que dije, la chica de turno siempre se escapa…
Y, lo que menos me ha gustado, que  no tiene nada que ver con la peli o la historia, las medias de Lee Curtis al principio de la peli. ¿Cosas de la época o afán de hacerla parece una chiquilla? En fin, detallito para reflexionar…


Pues eso es todo. ¿Recomiendo verla? Sí, claro. Es un clásico a fin de cuentas y la responsable de la oleada de películas de terror con psicópatas de turno haciendo la vida imposible a alguien y, además, resulta muy curioso ver de dónde partió un modelo de terror que se ha convertido en un icono dentro del género Eso sí, debo reconocer que me quedo con otras obras de Carpenter pero, para gustos, los colores.


Aquí os dejo algunas curiosidades: 


-Para el papel de Pleasence, el doctor Loomis, fueron tentados Peter Cushing y Christopher Lee. Ambos rechazaron porque el sueldo era escaso.
-Y es que, dicho sea de paso, esta película es de presupuesto bajo, bajísimo: unos 325.000 dólares.
-Por eso, no hubo dinero para ciertas cosas: el vestuario, por ejemplo.
-Por esta razón Jamie Lee Curtis se compró su propia ropa para la peli en una tienda normal y corriente.
-Pero a las estrellas siempre se las distingue como tal. Por eso, Donald Pleasence cobró 20.000 dólares. Lee Curtis 8.000. Carpenter, como director, 10.000.
-Sigo con la pasta. El niño del comienzo cobró 25 dólares. Nick Castle, Michael con máscara, 25 al día.
-Revancha en taquilla: la cinta recaudó 47 millones de dólares sólo en EE.UU. En el resto del mundo, unos ochenta. Ahí es nada.
-Se escogió a Lee Curtis por ser hija de Janet Leight, la actriz que interpretó al personaje que muere en la ducha de Psicosis. Alguien pensó que aquello daría morbo y publicidad.
-En la escena inicial, cuando vemos a través de los ojos de Michael, observamos que su mano coge el cuchillo. Si hay algo que os resulta extraño tenéis razón, a mí me ocurrió. Y es que las manos y brazos que vemos son los de una mujer: Debra Hill, productora de la película.
-La música, como es habitual, fue obra del propio Carpenter. Se basó, en parte, en la melodía de El exorcista.
-Las películas que los niños ven en la tele son Planeta prohibido y El enigma de otro mundo.
-De esta última, Carpenter rodó un remake en 1982: La cosa.
-Judith Myers, Sandy Johnson, es la chica a la que se carga Michael al principio, fue Playmate en junio de 1974. ¿Por eso está medio desnuda? Tampoco es que esto moleste, que conste...
-Hubo un total de ocho Michaels. Incluso Carpenter se puso la máscara.
-Detalle curioso: la máscara de Michael era en realidad una que representaba al capitán Kirk de Star Trek. Increíble, pero cierto. Su precio no llegó  a los dos dólares. Si uno se fija, tiene un aire al capitán de la Enterprise.
-Once secuelas después de esta.




Vigilad el cielo.

domingo, 16 de diciembre de 2012

El príncipe de las tinieblas


El príncipe de las tinieblas (Prince of darkness)
(1987)

Director: John Carpenter
Guión   : John Carpenter   

Donald Pleasence
Lisa Blount
Jameson Parker
Dennis Dun
Susan Blanchard
Anne Marie Howard
 
 
 

Unos investigadores han encontrado un cilindro en  una iglesia. El artefacto puede ser la clave para descifrar un horrible secreto…

Dad un vistazo a esto:

 

Pues sí. Hoy le toca el turno al maestro John Carpenter con un título que suele levantar pasiones e indiferencias por igual. Y es que sabido es por todos que el amigo Carpenter es un ejemplo muy claro del típico tipo que va a lo suyo y hace lo que le gusta, cosa que no tiene que coincidir con el sentir general de la industria. Esto hace que en su  filmografía se puedan encontrar títulos considerados como obras maestras (1999, rescate en Nueva York, El pueblo de los malditos, La cosa) y también otros que no lo son tanto (Christine, que a Stephen King no le hace ninguna gracia o 2013, rescate en Los Ángeles) Lo malo es que todo esto, junto y en el mismo paquete, ha hecho que la carrera del realizador sea considerada por muchos como bastante irregular y, si me apuráis, munchos califican algunas de sus películas de desastres absolutos. Con todo, creo que si hay algo que no se le puede negar a Carpenter es la originalidad que impera en sus trabajos. En este, el argumento no es una excepción; una extraña mezcla de terror y ciencia ficción que, para mí, está más que conseguida. Veamos…

Después de una inquietante escena inicial en la que no se nos revela nada, la trama comienza a presentar una serie de personajes que serán los protas de la cinta. Como suele ocurrir, Carpenter no se para mucho en temas ajenos a la misma, como la relación sentimental entre dos de los alumnos (cosa que ni pincha ni corta, todo hay que decirlo) o la preocupación del sacerdote, interpretado con la solvencia habitual de Donald Pleasance. El hecho de que al comienzo no se nos diga mucho (o nada) hace que quieras saber más y, desde ese punto de vista, la cinta se merece un sobresaliente. Es obvio que se fragua algo importante y, claro está, malo, pero no sabemos el qué. La cosa va en crescendo cuando vemos a esos inquietantes vagabundos que es obvio que no traen  nada bueno (por suerte, esto luego se confirma) La película mantiene bien el misterio hasta que se nos revela el cotarro de todo el asunto y es ahí cuando acudimos a la inclusión del elemento de ciencia ficción: la posibilidad de que Jesús y el Demonio hubiesen sido seres inteligentes de otro planeta. Como premisa, al menos para mí, sublime.

Pero, no olvidemos que, a fin de cuentas, esta es una cinta de John Carpenter y eso equivale a misterios y argumentos originales, sí, pero también a muertes más o menos espectaculares. Desde que ese pobre alumno con pinta de empollón tiene un desafortunado encuentro con los vagabundos y una bicicleta que viene que ni pintada para matar a alguien de manera que te quedes bien fijo al sofá, la sangre está servida. Y, poco a poco, aquí no se libra nadie… salvo unos pocos, claro.
De nuevo, en este Príncipe de las tinieblas (una pena que el título rebele algo de por dónde van a ir los tiros), hay una constante típica del cine del director: unos personajes anclados en un sitio (esta vez una vieja iglesia que sirve de laboratorio) asediados por el enemigo, ya sea en forma de alien cambiante con una buena dosis de mala leche (La cosa) o de enviados del mal, como sucede aquí. Pero, claro, si no puedes atacar desde fuera a través de vagabundos inmundos, lo haces desde dentro poseyendo al personal. Atentos a la escena en la que ese alumno, rodeado de bichos, muerto y resucitado, augura a los pobres estudiantes la que les espera… para después caerse a pedacitos. El efecto en sí puede notarse más o menos (ok, más más que menos) pero el golpe de efecto como tal es lo que importa. Y, en cuestión de golpes de efecto, nada como el cine de terror de los ochenta…

Y, como no puede ser de otra forma, el bueno de JC se agarra a lo que sea para no dejar indiferente al espectador, ya sea haciendo que la sangre salpique, bien con primeros planos del personal poseído (aquí me remito, de nuevo, a los vagabundos o a estudiantes poseídas y ensangrentadas) o con una banda sonora igual de inquietante. Como siempre hace, él mismo firma la música. Pero, ojo, no busquemos aquí una banda sonora tipo John Williams o Basil Poledouris por poner dos ejemplos, es decir, temas tarareables. La música de Carpenter tira más a ruido que a otra cosa. Y no lo digo como algo despectivo (¡ni mucho menos!) Simplemente sirve para acompañar a imágenes y crear o potenciar más el golpe de efecto y, desde luego, lo consigue al cien por cien. En una cinta de esta naturaleza encontrarse con bellas melodías sería lo que menos le hiciese falta.
 
Muy mal rollo...
 
¿Detalles que hacen que esta cinta merezca la pena? Todos los que he mencionado anteriormente amén de los efectos especiales propios de la época. Aquí no se trata de quedar bien o de que el asunto quede bonito o espectacular porque sí; lo que cuenta es ser desagradable, como dictan los cánones de las películas de terror. Y, a pesar de que han pasado unos buenos años y los efectos se notan, para mí cumplen lo que tienen que cumplir. Y mucho ojo a la escena final de la estudiante y el espejo. Me encantó ese plano cortísimo en que se ve a la chica al otro lado… y no digo nada más, así la veis.
Y ahora pasamos a los aspectos que no me llamaron mucho, esos pequeños detallitos que están y me gusta comentar para que no todo sea alabanzas (que, las que están mencionadas, figuran para mí con toda la justica del mundo) Para empezar, no me queda muy claro qué tipo de estudiantes son estos. Más que estudiantes parecen los padres de los estudiantes (al menos muchos) por la edad, los bigotes y las barbas. El caso es que uno de los profesores se refiere a ellos diciendo “…Sois físicos competentes aunque no tenéis título que lo demuestre…” Vamos, a mí eso me suena a alumnos… 
El sacerdote y los alumnos
 Otra cosa a tener en cuenta es que, como dije antes, se toma su tiempo en mantener el misterio… aunque quizás a más de uno le parezca demasiado. Servidor detuvo la peli y en el minuto veintiséis la trama aún no estaba presentada de manera clara. Claro que esto se puede ver como algo que pudo mejorarse o, como dije antes, una virtud. Cuestión de gustos…
¿Y qué pasa con los efectos? Pues ochenteros o, dicho de otra forma, artesanales. Los que implican sangre y miembros cortados me siguen gustando (bichos incluidos) Ahora bien, reconozco que lo del chorrito (no diré nada más) queda pelín cutre pero…
En fin, una muestra del cine de antes y que, en su momento, estuvo a la vanguardia. Terror del clásico con elementos de ciencia ficción. Como ya dije al principio, según la fuente que consultes, la calificarán de buena película o de desastre absoluto. De hecho, recaudó lo invertido en ella y lo superó pero la industria fue tajante: desastre. Y de los malos, ya que siguió a un mega desastre llamado Golpe en la pequeña China. En lo que a mí respecta, no es de mis películas preferidas de John Carpenter pero, debo decir que la veo con agrado y me entretiene en su justa medida, por lo que no tengo reparo en recomendarla.
Si os animáis, vedla. Estoy seguro de que, indiferentes, no os dejará.
Por cierto, la película se suele incluir en la denominada Trilogía del apocalipsis de John Carpenter, compuesta por La cosa, esta película y En la boca del miedo.
Vigilad el cielo.

             

miércoles, 20 de junio de 2012

Dracula (1979)





Dracula (Dracula)
(1979)
Director: John Badham
Guión   : W. D. Richter

Frank Langella
Laurence Olivier
Donald Pleasence
Kate Nelligan
Trevor Eve
Jan Francis





Un conde transilvano viaja a Londres para vivir en una extraña y vieja abadía. Pero alberga un secreto terrible que influirá a todos los que le conozcan…


Tratar de presentar una película de Dracula puede suponer algo superfluo. Todo el mundo ha oído hablar del personaje y no hay nadie que no tenga una idea clara de él: conde apuesto, colmillos de por medio y mucha, mucha maldad. Y el gran responsable de dicha imagen es el cine y las distintas imágenes que, a lo largo del tiempo y usando rostros de distintos actores, nos ha ofrecido del conde vampiro. Y es que las pantallas nos han dado muchas y muy variadas versiones (y no precisamente fieles) del personaje creado por Bram Stoker: desde la terrorífica Nosferatu, pasando por Dracula con el rostro de Bela Lugosi o los ojos inyectados en sangre de Christopher Lee. Por no hablar de la increíble caracterización de Gary Oldman. Y, entre todo eso, cosas tan curiosas como las protagonizadas por John Carradine, escarceos con karatecas variados o la inclusión del personaje en el western (sí, habéis leído bien)

Schreck
Lee
Pues bien, la versión que hoy nos toca es un Dracula que aporta su granito de arena a una imagen a la que no suele asociarse al conde pero que está ahí. Y, le pese a quién le pese, esa es la romántica. Veamos…

Nada más empezar contamos con una grata sorpresa: sentimos que la música tiene un algo especial. Lo comprendemos cuando en los títulos vemos que el responsable es John Williams, autor de La guerra de las galaxias, Superman o Indiana Jones. Estupendo. Seguimos y, si nos fijamos, vemos que esta obra no es una adaptación del libro original, si no de una obra de gran éxito en Broadway escrita por Hamilton Deane y John L. Balderston. Esto no es de sorprender porque lo mismo pasó con la versión de 1931 de Tod Browning. Una vez bien metidos en faena, acudimos a una noche tormentosa en mitad del mar y un barco repleto de marineros muertos de miedo. Y ahí se produce uno de los pocos momentos sangrientos: una mano destroza la garganta a un pobre marinero que iba a arrojar una caja repleta de tierra al mar. El barco llega a tierra y comenzamos a conocer a otros personajes.

Y aquí,comprendemos que, justo por tratarse de una adaptación basada en una obra de teatro, en esta película nos vamos a encontrar con que  todo está alterado con respecto a la obra original. Para empezar, Jonathan Harker ama a Lucy, no a Mina. Esta resulta ser hija de Van Helsing y Rendfield es un personaje casual que pasa por allí. El único que mantiene el espíritu original es el doctor Seward, responsable del manicomio. Y digo todo esto sin ánimo de atacar la cinta, ni mucho menos, ya que, repito, lo mismo, a su modo, ocurrió con el Dracula de 1931 o con la versión de 1958 de Terence Fisher. Y es que, en cuestión de fidelidad al texto original, el Dracula de los cines es un caso raro, porque creo que no hay versión que mantenga los elementos originales al cien por cien.

Una cosa a tener en cuenta es la ambientación que reina en toda la cinta, muy bien conseguida tanto en lo que se refiere al vestuario, muy de época, como a los decorados. Destaco, sobre todo, la abadía de Dracula, imagen tradicional de lugar abandonado, viejo, oscuro, derruido y repleto de telarañas (mirad la escena en la que cena con Mina, todo repleto de velas y cómo hay una toma desde el punto de vista de una tela de araña por la que vemos pasearse una araña enorme)

Otro detalle a favor es el uso del sonido para crear ambiente, recurso más que atractivo pero cuya utilización no está muy explotada en las adaptaciones del conde a la gran pantalla, ya que suele predominar lo visual-escatológico por encima de cualquier otra cosa. Si nos fijamos bien, en esta película se usa de manera muy acertada el aullido de los lobos de fondo para crear un ambiente de cuento de terror a la antigua usanza; no tiene por qué dar miedo en absoluto (una característica muy peculiar de esta peli, que ya comentaré más tarde) pero, para mí, muy efectivo.
Y llegamos al apartado de los actores. Aquí hay dos grupos: los experimentados, con muchas tablas y mucha arte actoral por delante y luego, los más “jóvenes” que los secundan. ¿Entre los primeros? Sin duda Donald Pleasence, que nos da un doctor Seward muy convincente y natural. Y, cómo no, en este grupo hay que hablar del más grande, nada menos que Lawrence Olivier interpretando al profesor Van Helsing, el enemigo de Dracula. Aquí Olivier está ya muy mayor pero, pese a todo eso, sigue destilando una naturalidad y un saber hacer impresionantes a partes iguales. Y es que, el que vale, da igual los años que le pesen. Y estos dos actores, para este humilde aficionado, valían y mucho. Acompañándoles tenemos a Kate Nelligan como Lucy, Trevor Eve haciendo de Jonathan, Jan Francis como Mina Van Helsing o Tony Haygarth como Renfield. Para mí, todos ellos cumplen bien pero debo admitir que, como personajes en sí, los de Harker y Rendfield me parecen un poquito descafeinados.

Y, si de actores hay que hablar, mención especial debemos hacer a la estrella de todo el asunto: Frank Langella como Dracula. Para el actor este papel no supuso ninguna novedad, ni mucho menos. ¿La razón? Lo llevaba interpretando ya un tiempo con mucho éxito nada menos que en los famosos escenarios de Broadway durante 1978. Como actor de teatro, Langella no sólo se curtió a base de bien (fue nominado a un Tony por interpretar al vampiro, premio que ya consiguió por la obra Seascape) sino que adquirió fama por hacer una versión muy sensual del personaje. De hecho, si investigamos un  mínimo acerca del mismo, descubriremos que la palabras “sexy”, “atractivo” o “sensual” siempre van acompañadas del nombre del actor cuando se habla de este papel (aspectos que quedaron totalmente de lado en las anteriores interpretaciones de Lugosi, Lee o Schreck) Interpretar a Dracula en el cine no sólo le dio mayor éxito, sino que  le convirtió en una especia de sex symbol asociado, sobre todo, al personaje. Para mí, Langella ofrece un buen Dracula. ¿Terrorífico? No mucho, la verdad, pero sí inquietante y misterioso. Fijaos en que mantiene un rostro muy impasible pero expresivo a la vez y, además, parpadea lo mínimo. Y sí, muy sexy el hombre. ¡Hay que admitir las cosas!
No busquemos escenas truculentas o sangrientas en esta película porque no vamos a encontrar muchas. Sí, hay una mano que desgarra una garganta al principio y algún que otro vampiro pululando por ahí, pero no más. Y es que esta película es más bien una historia de terror gótico (es decir, ambientación, trajes de época, niebla rodeando todo, lobos aullando…) que de terror puro y duro, ese que hace sentir mal al espectador. Aquí se puede decir que hay golpecitos de efecto que, a mí, por lo menos, me han encantado: Langella reptando por las pareces del castillo (efecto que vemos por primera vez en el cine), caballos asustados detectando dónde hay un vampiro (¿referencia a Nosferatu?)  o cierta vampira muy bien maquillada que se encuentra con su padre (una de mis escenas favoritas)

¿Cosas mejorables? Alguna, claro. Una de las principales características que siempre me han llamado la atención de esta peli es que está demasiado anclada en la época en que se rodó, es decir, finales de los setenta. Eso se puede ver en los peinados que luce a veces en amigo Langella, el de Harker, bigote por delante o, en una de las escenas más famosas de la peli, la pseudo-psicodélica del comienzo de la “aventura” amorosa entre Lucy y Dracula, llena de tomas tumbadas, mucha niebla y, sobre todo, filtros de color naranja. Claro que dicha escena a mí me gusta porque, al fin, vemos a la prota beber la sangre del pecho del conde. Ah, y no busquéis colmillos porque no los hay. Se muerde, sí, pero no más (aspecto que hace que muchos consideren esta versión un remake de la de Lugosi, donde tampoco había colmillos. Bueno, es una teoría…)

Hay quien considera que el mayor fallo de esta cinta es que predomina el romanticismo por encima del terror. Sí, es cierto que, quizás, aquí hay mucho ligoteo; mucho beso y poco mordisco. Pero, repito, a mí siempre me ha dado la impresión de que la intención de esta cinta nunca fue el miedo, si no el golpe de efecto en general. Claro que esta es mi teoría…

En resumen, una película que recomiendo ver y que, debo admitir, me gusta mucho. Quizás, precisamente, porque se sale de la norma y se diferencia de las anteriores (y de muchas que han venido después) Una película de factura elegante muy bien llevada e interpretada que demuestra, al menos para este que escribe, que, sin necesidad de escenas desagradables ni sangre que salpique al personal, se puede contar una historia intrigante llena de misterio y pasión a parte iguales.

Langella en todo su esplendor

Os animo a verla; merece la hora y cuarenta y nueve minutos que dura.

¡Saludos vampíricos!
Curiosidades:

-John Badham, el director, fue el responsable de Fiebre del sábado noche y de otros hits de los ochenta como Cortocircuito o Juegos de guerra.

-En su época, la peli de Dracula más cara jamás filmada.

-Si veis la peli descubriréis que el color es muy tenue. Y es que el director quiso rodarla en blanco y negro (cosa que creo que la haría ganar mucho) pero el estudio dijo que no y se filmó de manera muy colorida utilizando el Technicolor. Badham se tomó la revancha cuando la peli salió en laser disc allá por 1991 y eliminó casi toda la paleta cromática. Por eso la película parece a veces en blanco y negro.

-Me acabo de enterar que, para interpretar al conde, se barajaron nombres como Clint Eastwood o Harrison Ford. ¿Os los imagináis? A mí me cuesta…

-La película no terminó de funcionar bien en taquilla. Sólo con los años se ha convertido de mera curiosidad a status casi de “película de culto”

-Esta cinta es algo curiosa por el efecto que produce: o te gusta mucho o la odias.

-Langella fue años después otro malo malísimo: Skeletor en Los Masters del universo. Eso sí, menos sensual.