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sábado, 14 de febrero de 2015

Masters del Universo



Masters  del universo (Masters of the universe)

(1987)

Director: Gary Goddard.
Guión   : David Odell.

Dolph Lundgren.
Frank Langella.
Robert Duncan McNeill.
Courtney Cox.
Meg Foster.
Billy Barty.
James Tolkan.
Christina Pickles.                                 
John Cypher.
Chelsea Field.



El mundo de Eternia está en guerra. El conflicto, mediante una misteriosa llave cósmica, llega a la Tierra...


Vamos allá con la (hasta ahora) primera y última adaptación de los forzudos cósmicos más famosos de todo el universo... si no tenemos en cuenta las distintas series de dibujos que se han hecho a lo largo de los años.




Si, allá por mediados de los ochenta, decías a un niño que iban a hacer una peli de los Masters del Universo, seguro que habría entrado en éxtasis. Raro es el chaval de aquella época que no tuvo un He-Man o un Skeletor para darse caña mutuamente con su poderoso giro de cintura (ahora, bien mirada, esta frase puede llegar a tener connotaciones más pervertidas, pero no me dejaré llevar). Por eso, cuando servidor de ustedes entró al cine a ver Superman IV y pusieron el tráiler de los Masters casi me da algo: podría ver a He-Man pelear, sudar y machacar. Pero, sobre todo, Skeletor lucía vivito y coleando, hasta con pupilas en los ojos. Y llegó el momento: alquiler de Dvd, sábado por la mañana solo en el salón de mi casa sin distracciones inútiles, olvidándome por completo de hacer la odiosa tarea del no menos odioso colegio. Le di al play y...

Sí. Eran los guerreros de Eternia en todo su esplendor pero... ¿qué (...) hacían en la Tierra? Y, ¿quiénes eran esos dos pinganillos terrestres en torno a los cuales giraba la trama, tan enamoraditos y que, besitos por aquí y abracitos por allá se estaban diciendo todo el rato que se querían?

Y es que, ya metiéndonos en materia, esta cinta, el resultado fue tan irregular como esperado. ¿Razones? Muchas y muy variadas pero, como siempre digo, vamos por partes.

Veamos. Para empezar, la ambientación de Eternia (lo poco que sale) y toda la parafernalia de los Masters me parece muy conseguida y creo que el diseño de producción se lució con todo ello. Los trajes, las armas de rayos, las espadas y los interiores del castillo de Grayskull están muy logrados. Para ser una producción de presupuesto muy limitado (ya comentaré esto más tarde) los mostraron de manera muy realista; los uniformes y los trajes parecen muy reales, lleno de polvo, oxidados y sucios, muy alejados de mostrarlos brillantes y, en definitiva, sacados del universo de los muñecos de los que procedían.


La historia me parece bien llevada, pero una cosa es que esto sea así y otra muy distinta que fuese, al menos para mí, la mejor trama que pudieron inventar para con unos personajes como estos que, a fin de cuentas, creo que deben de ser un caramelo muy relleno y delicioso para cualquier guionista que sepa lo que tiene entre manos. Por eso, me encanta el modo que tiene de empezar, en mitad de una guerra que nos sabemos muy bien por dónde ha empezado pero que, está claro, tiene dos paladines: He-Man y Skeletor. Esa secuencia de este hablando por una especie de proyector bestial a todo Eternia anunciando su victoria y He-Man escuchándole desde el suelo siempre me ha encantado y creo que es un modo muy potente de empezar. El tema de la llave cósmica, entendida como un modo de acceder a Grayskull también creo que es muy bueno y, de haberse centrado en ella y en el planeta en sí creo que hubiera dado como resultado una peli muy distinta. No obstante, esto ya lo comentaré más adelante.

Los personajes me parecen muy logrados. Eso sí, ALGUNOS personajes, y eso de ponerlo con mayúsculas va muy a posta. Aquí se puede decir que hay dos bandos: los de Eternia y los terrestres. Sin duda, yo me quedo con los primeros. He-Man está clavado, tanto por músculos como por apariencia. En la película le respetaron mucho el traje (y los músculos) y le añadieron una capa que creo reforzaba aún más esa apariencia heroica de la que hace gala. Por suerte, los de peluquería fueron sensatos y no le pusieron la melena tipo paje que lucía el muñeco. Qué queréis que os diga: Skeletor me encanta. Y digo esto porque fue una de las cosas que más controversia creó: que si el traje que le colocaron no era el que llevaba el muñeco (que, por cierto, no llevaba 
ninguno. la cuestión era lucir músculos y, para ello, la poca cantidad de ropa era indispensable) o, lo que más iras provocó entre muchos, su máscara , que se ha criticado hasta la saciedad, argumentando que es evidente que se le ven claramente los ojos y parte de la cara del actor bajo la misma o que la boca gesticula muy
poco. Ok, puede ser... pero yo sí veo a Skeletor. Creo que ele tema de los ojos le dio cierta humanidad que hizo que supieras que, a fin de cuentas, el colega, antes, fue "humano" y que, por tanto, tenía un bagaje. Con respecto a la apariencia, me gustó mucho que le embutieran en ese traje negro lleno de abalorios y con esa capucha. ¿Recuerda, a su modo, al Emperador de El retorno del Jedi? Ni lo dudes y, de hecho, ya comentaré estas semejanzas más tarde pero, repito, le da un aire espectral, enorme y malvado que tumba. Le ves y piensas, "este es Skeletor" o, al menos, es lo que a mí me sucede. Evil-Lyn me parece muy lograda y, al igual que hicieron con su jefe supremo, supieron adaptarla, no copiarla cual fotocopia del muñeco al cómic (un muñeco que, por cierto, siempre me ha encantado pero supongo que este comentario te importa una gaita) Se dejaron de colores amarillentos y optaron por unos trajes muy acertados, un peinado más acertado aún y una capa que, de nuevo, como con He-Man, ensalzó al personaje. Gwildor ahí queda y no deja de ser un personaje importante porque, a fin de cuentas, es el que inventa el cotarro de la llave y, su aspecto entre Yoda y el Amo del Calabozo es más que evidente pero tiene su gracia. Duncan está bien como guerrero y Teela, lo mismo, como su hija. Luego están los que hacen bulto pero tienen su chispa: Beast Man, que pusieron en plan bestia sin ese color naranja del muñeco, Saurod, el dinosaurio humanoide que se quitan de en medio o Blade están geniales, aunque se lucen muy poco. Como puedes comprobar, es que a mí lo malos me tiran mucho.




En el otro bando, el terráqueo, están los más sosos, a saber: Kevin y Julie. Para mí, unos sositos, qué le vamos a hacer. Muy enamorados, muy tristes y muy atragantados. Ver a He-Man y Skeletor y luego aguantar a estos dos pringadillos no tiene color. Menos mal que ahí está Lubic para poner un poco de gracia al tema. Si por mi hubiera sido, Skeletor los habría fulminado de un golpe.




Y, ahora, los actores. Vamos a ser sinceros: aquí no se trata de realizar un despliegue interpretativo propio de los grandes de la escena pero, la verdad, no creo que, tampoco, nadie lo esperase. A ver, Dolph Lundgren puede que sea un actor limitado, su carisma el de un adoquín y su capacidad para gesticular la de un ladrillo pero para mí, fue un He-Man perfecto, alto, forzudo y nada más verlo lo identificas como tal. Es más, si me apuras, hasta te digo que se parece al muñeco. Frank Langella, que creo que se llevó todavía más críticas que Lundgred, siempre me ha gustado como Skeletor y, controversia de máscara a parte, creo que supo dotar al personaje de una  maldad y cierta magnificencia considerables. Hoy, posiblemente, el tema de la cara se haría con ordenador pero no creo que eso asegurase nada bueno porque al tema de El motorista fantasma me remito. Meg Foster (por Dios, ¡qué ojos tiene esta mujer!) cumple muy bien como Evil-Lyn y supieron hacer que el personaje y la actriz se lucieran. Robert Duncan McNeill y Courtney Cox (sí, la de Friends) son los que menos me gustan; no porque lo hagan mal, sino porque son tan sosainas como los personajes que interpretan. James Tolkan como Lubic, al menos, resulta chistoso, lo mismo que Billy Barty haciendo de Gwildor. Por otro lado, siempre me ha parecido una pena que John Cypher o Chelsea Filed no se lucieran más como Duncan y Teela porque el guión no les concede mucha importancia.


Él tiene el poder, la espada y los músculos.

Él, la máscara y la capucha.


Estos no sé lo que tienen.




En cuanto a los efectos especiales, hay que decir que esto era mil novecientos ochenta y siete y el tema de los ordenadores resultaba tan lejano como el propio Eternia. A esto, hay que añadirle que el presupuesto no fue para tirar cohetes, así que las tomas con efectos están muy medidas pero no por eso descuidadas, unas mejores y otras no tanto. La que mencioné antes del anuncio inicial de Skeletor o la llegada a la Tierra de los malos está muy bien, lo mismo que la pelea a espadones entre He-Man y Skeletor o los momentos triunfales de este. Otras, en cambio, como la carrera en esas cosas voladoras en la ciudad cantan un poco pero ahí quedan. 

Otro aspecto destacable es la música de Bill Conti que, claramente, intenta seguir la estela dejada por otros clásicos anteriores como La Guerra de las galaxias, Superman o Indiana Jones: un tema principal tarareable, muy marcado y piezas trepidantes y tensas para los momentos de lucha.


¿Todo es pasable en la película? Evidentemente no. Puedes ser un fan de los muñecos, la cinta te puede hacer más o menos gracia pero está claro que no es una adaptación como todos los fans esperábamos. Para mí, el tremendo error que se cometió fue que los verdaderos protagonistas de la historia no son He-Man o Skeletor, como todos queríamos y dábamos por hecho. De hecho, hasta se podría decir que la historia de estos queda en el trasfondo de la cinta, algo así como una trama secundaria que refuerza a la principal. Los protagonistas reales son Courtney Cox (que por más que le pongan un camisón horrible y calcetines largos no aparenta ser muy joven) y Robert Duncan McNeill (Kevin), cuyas circunstancias personales son el motor de la película y que resultan tan melosos, sosos y horteras que siempre se me han atragantado. Sí, cuando la vi por primera vez, estaba deseando que las secuencias de estos dos pringadillos pasaran rápido y saliesen He-Man y el resto de los Masters dándose caña mutuamente, como tiene que ser. Tampoco me gustó mucho cómo se pasa un poco de algunos personajes que hubieran resultado más que interesantes, como Duncan o Teela, que no son más que meros comparsas en la película. Por cierto, no me gustó un pelo lo tapadita que está ella en la película. Y es que el personaje de los dibujos y el muñeco estaban de muy buen ver y resultaban muy sexis entre tanto forzudo y tanta testosterona varonil. La Hechicera (Christina Pickles), que se pasa toda la película quieta, es quizás la que menos me recuerda al personaje en el que se basa y de los más desaprovechados (igual que Teela, lo mona y sexi que era. Aquí tiene una lámpara de mesilla de noche en la cabeza y las alitas del traje no aparecen). Lo mismo ocurre en el lado de los malos: la Bestia (Tony Carroll) se limita a rugir y poco más.

En cambio, gran parte de la carga de protagonismo se lo llevaron dos personajes secundarios y que, de algún modo, destacan tanto o igual que los principales: Gwildor (Billy Barty) y James Tolkan (Detective Lubic) aportan cierto humor infantil a la historia (véase en encuentro de Gwildor con la vaca) que hacen que muchos odien y desprecien esta película a partes iguales. No les culpo... Aquí estaba claro el afán de conseguir atraer al público infantil estaba claro.

¿E.T?


Por lo demás, comentar que hay referencias más que evidentes a la saga de La guerra de las galaxias: la aparición inicial de Skeletor recuerda mucho a la llegada del Emperador en El Retorno del Jedi por no hablar del destino final del calavera, que es clavadito al de Palpatine (túnicas a parte), es decir, los dos caen al vacío. Y observad si algún casco de la guardia de Grayskull no se parece un poquito al de Darth Vader o si la barcaza de Skeletor no es clavadita a la de Jabba, el Hutt. Por no mencionar que el mensaje de “Buen destino” suena un  poquito a “Que la Fuerza te acompañe” Y es que, esto es normal: ya que te copias de algo, hazlo de lo mejor.

Como ya dije, la película no funcionó bien en taquilla. Cosa curiosa, con ella ha sucedido lo mismo que, por ejemplo, le pasó a Flash Gordon (1980): cuando se estrenó fue un fracaso en toda regla y, con el tiempo, no sólo ha ido ganando adeptos sino que, desde cierta perspectiva, hasta se ha convertido un una peliculita de culto. Y, antes de que los chicos de Marvel nos hiciesen esperar quince minutos en la butaca para ver qué hay tras los títulos de crédito, ya lo hizo Gary Goddard con esta cinta, dejando entrever una posible segunda parte que nunca llegó. Una pena... Yo, cosas de la vida, sí recomiendo verla. No es, ni de lejos, una buena adaptación y, como peli, puede llegar a ser más que cuestionable pero, si la ponen, la veo y, si no, la tengo para, de vez en cuando, pasar un ratito entretenido, cosa que creo que consigue a las mil maravillas.

Por cierto, el veinticuatro de diciembre de dos mil catorce, se dio por finiquitado el guión de la nueva adaptación de He-Man y compañía. Siempre he pensado que, si se lo montan bien, puede salir una saga en toda regla y, además, de las buenas. Será cuestión de esperar, rezar y, en cierta medida, confiar en que hagan un buen trabajo.

Ahí van algunas curiosidades:

-Originalmente tenían mucho más presupuesto y Eternia se lucía más de lo que se ve en la película final. El problema fue que la producción de los Masters coincidió con la de Superman IV y al final, tanto una como otra, acabaron muy tocadas por recortes de dinero. De hecho, cuando se habla de cutradas salidas de la factoría Golan-Globus, el cuarto Superman y la película que nos ocupa se nombran siempre en los primeros puestos. La cosa fue tan desastrosa que, ni hubo Superman V ni Masters del Universo 2. Yo soy de los que creen que Superman IV salió mucho peor parada que los Masters.

-Mattel, la compañía de muñecos, no quedó muy contenta con el resultado.

-Billy Party (Gwildor) aparece como mago en Willow.

-Mientras rodaban y gozaban de un presupuesto holgado (antes de que lo recortaran, claro), estaban tan convencidos de que habría una segunda parte que, mientras rodaban la primera, se hicieron algunos trajes. Al fracasar, dicho vestuario se recicló en la película Cyborg, de Van Damme. Un ejemplo bien claro de que, en Hollywood, lo que no vale para un roto, sí lo hace para un descosido.

-Blade y Gwildor no tenían muñecos pero, tras la película sí los comercializaron.






-En los muñecos y en la serie de TV, Teela es una guerrera que luce tipo bien destapada. En la película, está metida en una especie de uniforme que le llega hasta el cuello. Ya lo comenté antes pero me parece bueno recordarlo (Jo...)









-Desde hace años se habla de una nueva versión que no llega. Incluso se llegó a citar a John Glover (Lionel Luthor en Smallville) como Skeletor.
         
Las comparaciones son odiosas pero no puedo resistirme a poneros algún ejemplo de la película y los muñecos. ¿Veis parecido?

        
Pues... ¡POR EL PODER DE GRAYSKULL!

















Vigilad el cielo.





miércoles, 20 de junio de 2012

Dracula (1979)





Dracula (Dracula)
(1979)
Director: John Badham
Guión   : W. D. Richter

Frank Langella
Laurence Olivier
Donald Pleasence
Kate Nelligan
Trevor Eve
Jan Francis





Un conde transilvano viaja a Londres para vivir en una extraña y vieja abadía. Pero alberga un secreto terrible que influirá a todos los que le conozcan…


Tratar de presentar una película de Dracula puede suponer algo superfluo. Todo el mundo ha oído hablar del personaje y no hay nadie que no tenga una idea clara de él: conde apuesto, colmillos de por medio y mucha, mucha maldad. Y el gran responsable de dicha imagen es el cine y las distintas imágenes que, a lo largo del tiempo y usando rostros de distintos actores, nos ha ofrecido del conde vampiro. Y es que las pantallas nos han dado muchas y muy variadas versiones (y no precisamente fieles) del personaje creado por Bram Stoker: desde la terrorífica Nosferatu, pasando por Dracula con el rostro de Bela Lugosi o los ojos inyectados en sangre de Christopher Lee. Por no hablar de la increíble caracterización de Gary Oldman. Y, entre todo eso, cosas tan curiosas como las protagonizadas por John Carradine, escarceos con karatecas variados o la inclusión del personaje en el western (sí, habéis leído bien)

Schreck
Lee
Pues bien, la versión que hoy nos toca es un Dracula que aporta su granito de arena a una imagen a la que no suele asociarse al conde pero que está ahí. Y, le pese a quién le pese, esa es la romántica. Veamos…

Nada más empezar contamos con una grata sorpresa: sentimos que la música tiene un algo especial. Lo comprendemos cuando en los títulos vemos que el responsable es John Williams, autor de La guerra de las galaxias, Superman o Indiana Jones. Estupendo. Seguimos y, si nos fijamos, vemos que esta obra no es una adaptación del libro original, si no de una obra de gran éxito en Broadway escrita por Hamilton Deane y John L. Balderston. Esto no es de sorprender porque lo mismo pasó con la versión de 1931 de Tod Browning. Una vez bien metidos en faena, acudimos a una noche tormentosa en mitad del mar y un barco repleto de marineros muertos de miedo. Y ahí se produce uno de los pocos momentos sangrientos: una mano destroza la garganta a un pobre marinero que iba a arrojar una caja repleta de tierra al mar. El barco llega a tierra y comenzamos a conocer a otros personajes.

Y aquí,comprendemos que, justo por tratarse de una adaptación basada en una obra de teatro, en esta película nos vamos a encontrar con que  todo está alterado con respecto a la obra original. Para empezar, Jonathan Harker ama a Lucy, no a Mina. Esta resulta ser hija de Van Helsing y Rendfield es un personaje casual que pasa por allí. El único que mantiene el espíritu original es el doctor Seward, responsable del manicomio. Y digo todo esto sin ánimo de atacar la cinta, ni mucho menos, ya que, repito, lo mismo, a su modo, ocurrió con el Dracula de 1931 o con la versión de 1958 de Terence Fisher. Y es que, en cuestión de fidelidad al texto original, el Dracula de los cines es un caso raro, porque creo que no hay versión que mantenga los elementos originales al cien por cien.

Una cosa a tener en cuenta es la ambientación que reina en toda la cinta, muy bien conseguida tanto en lo que se refiere al vestuario, muy de época, como a los decorados. Destaco, sobre todo, la abadía de Dracula, imagen tradicional de lugar abandonado, viejo, oscuro, derruido y repleto de telarañas (mirad la escena en la que cena con Mina, todo repleto de velas y cómo hay una toma desde el punto de vista de una tela de araña por la que vemos pasearse una araña enorme)

Otro detalle a favor es el uso del sonido para crear ambiente, recurso más que atractivo pero cuya utilización no está muy explotada en las adaptaciones del conde a la gran pantalla, ya que suele predominar lo visual-escatológico por encima de cualquier otra cosa. Si nos fijamos bien, en esta película se usa de manera muy acertada el aullido de los lobos de fondo para crear un ambiente de cuento de terror a la antigua usanza; no tiene por qué dar miedo en absoluto (una característica muy peculiar de esta peli, que ya comentaré más tarde) pero, para mí, muy efectivo.
Y llegamos al apartado de los actores. Aquí hay dos grupos: los experimentados, con muchas tablas y mucha arte actoral por delante y luego, los más “jóvenes” que los secundan. ¿Entre los primeros? Sin duda Donald Pleasence, que nos da un doctor Seward muy convincente y natural. Y, cómo no, en este grupo hay que hablar del más grande, nada menos que Lawrence Olivier interpretando al profesor Van Helsing, el enemigo de Dracula. Aquí Olivier está ya muy mayor pero, pese a todo eso, sigue destilando una naturalidad y un saber hacer impresionantes a partes iguales. Y es que, el que vale, da igual los años que le pesen. Y estos dos actores, para este humilde aficionado, valían y mucho. Acompañándoles tenemos a Kate Nelligan como Lucy, Trevor Eve haciendo de Jonathan, Jan Francis como Mina Van Helsing o Tony Haygarth como Renfield. Para mí, todos ellos cumplen bien pero debo admitir que, como personajes en sí, los de Harker y Rendfield me parecen un poquito descafeinados.

Y, si de actores hay que hablar, mención especial debemos hacer a la estrella de todo el asunto: Frank Langella como Dracula. Para el actor este papel no supuso ninguna novedad, ni mucho menos. ¿La razón? Lo llevaba interpretando ya un tiempo con mucho éxito nada menos que en los famosos escenarios de Broadway durante 1978. Como actor de teatro, Langella no sólo se curtió a base de bien (fue nominado a un Tony por interpretar al vampiro, premio que ya consiguió por la obra Seascape) sino que adquirió fama por hacer una versión muy sensual del personaje. De hecho, si investigamos un  mínimo acerca del mismo, descubriremos que la palabras “sexy”, “atractivo” o “sensual” siempre van acompañadas del nombre del actor cuando se habla de este papel (aspectos que quedaron totalmente de lado en las anteriores interpretaciones de Lugosi, Lee o Schreck) Interpretar a Dracula en el cine no sólo le dio mayor éxito, sino que  le convirtió en una especia de sex symbol asociado, sobre todo, al personaje. Para mí, Langella ofrece un buen Dracula. ¿Terrorífico? No mucho, la verdad, pero sí inquietante y misterioso. Fijaos en que mantiene un rostro muy impasible pero expresivo a la vez y, además, parpadea lo mínimo. Y sí, muy sexy el hombre. ¡Hay que admitir las cosas!
No busquemos escenas truculentas o sangrientas en esta película porque no vamos a encontrar muchas. Sí, hay una mano que desgarra una garganta al principio y algún que otro vampiro pululando por ahí, pero no más. Y es que esta película es más bien una historia de terror gótico (es decir, ambientación, trajes de época, niebla rodeando todo, lobos aullando…) que de terror puro y duro, ese que hace sentir mal al espectador. Aquí se puede decir que hay golpecitos de efecto que, a mí, por lo menos, me han encantado: Langella reptando por las pareces del castillo (efecto que vemos por primera vez en el cine), caballos asustados detectando dónde hay un vampiro (¿referencia a Nosferatu?)  o cierta vampira muy bien maquillada que se encuentra con su padre (una de mis escenas favoritas)

¿Cosas mejorables? Alguna, claro. Una de las principales características que siempre me han llamado la atención de esta peli es que está demasiado anclada en la época en que se rodó, es decir, finales de los setenta. Eso se puede ver en los peinados que luce a veces en amigo Langella, el de Harker, bigote por delante o, en una de las escenas más famosas de la peli, la pseudo-psicodélica del comienzo de la “aventura” amorosa entre Lucy y Dracula, llena de tomas tumbadas, mucha niebla y, sobre todo, filtros de color naranja. Claro que dicha escena a mí me gusta porque, al fin, vemos a la prota beber la sangre del pecho del conde. Ah, y no busquéis colmillos porque no los hay. Se muerde, sí, pero no más (aspecto que hace que muchos consideren esta versión un remake de la de Lugosi, donde tampoco había colmillos. Bueno, es una teoría…)

Hay quien considera que el mayor fallo de esta cinta es que predomina el romanticismo por encima del terror. Sí, es cierto que, quizás, aquí hay mucho ligoteo; mucho beso y poco mordisco. Pero, repito, a mí siempre me ha dado la impresión de que la intención de esta cinta nunca fue el miedo, si no el golpe de efecto en general. Claro que esta es mi teoría…

En resumen, una película que recomiendo ver y que, debo admitir, me gusta mucho. Quizás, precisamente, porque se sale de la norma y se diferencia de las anteriores (y de muchas que han venido después) Una película de factura elegante muy bien llevada e interpretada que demuestra, al menos para este que escribe, que, sin necesidad de escenas desagradables ni sangre que salpique al personal, se puede contar una historia intrigante llena de misterio y pasión a parte iguales.

Langella en todo su esplendor

Os animo a verla; merece la hora y cuarenta y nueve minutos que dura.

¡Saludos vampíricos!
Curiosidades:

-John Badham, el director, fue el responsable de Fiebre del sábado noche y de otros hits de los ochenta como Cortocircuito o Juegos de guerra.

-En su época, la peli de Dracula más cara jamás filmada.

-Si veis la peli descubriréis que el color es muy tenue. Y es que el director quiso rodarla en blanco y negro (cosa que creo que la haría ganar mucho) pero el estudio dijo que no y se filmó de manera muy colorida utilizando el Technicolor. Badham se tomó la revancha cuando la peli salió en laser disc allá por 1991 y eliminó casi toda la paleta cromática. Por eso la película parece a veces en blanco y negro.

-Me acabo de enterar que, para interpretar al conde, se barajaron nombres como Clint Eastwood o Harrison Ford. ¿Os los imagináis? A mí me cuesta…

-La película no terminó de funcionar bien en taquilla. Sólo con los años se ha convertido de mera curiosidad a status casi de “película de culto”

-Esta cinta es algo curiosa por el efecto que produce: o te gusta mucho o la odias.

-Langella fue años después otro malo malísimo: Skeletor en Los Masters del universo. Eso sí, menos sensual.