domingo, 27 de enero de 2013

La guerra de los mundos

La guerra de los mundos (The war of the worlds)

(1953)

Director: Byron Haskin
Guión   : Barré Lyndon

Gene Barry
Ann Robinson
Les Tremayne









 Unos extraños meteoros caen a la Tierra. Es el comienzo de una invasión marciana… 

Vamos allá con un clásico de la ciencia-ficción de los cincuenta y todo un referente en lo que se refiere a historias de marcianos malvados invadiendo la Tierra. La película, como puede suponerse, está basada en la celebérrima obra de H. G. Wells que lleva el mismo nombre y que, además de la fama como novela, también debe su difusión a la broma que el amigo Orson Wells gastó a los americanos allá por 1938 haciendo creer a todo quisque que, en efecto, nos estaban invadiendo los extraterrestres. Lo más curioso de todo es que los seres humanos, en nuestra bendita ignorancia, nos tragamos la bromita de principio a fin…
Era cuestión de tiempo que alguien se fijara en condiciones en esta historia y la llevase al cine. El problema era algo normal para la a época: los medios de los que se disponían no eran precisamente los adecuados para afrontar una trama de estas características donde se concentraban extraterrestres, aparatos de destrucción alienígena, rayos que lo volaban todo y mucha histeria colectiva mientras el mundo conocido se movía al borde del precipicio.
No obstante, como siempre suele ocurrir, la salvación vino en forma de productor competente que se tomó muy en serio la obra e hizo todo lo que pudo para sacarla adelante. A modo de historia, hay que decir que, en un primer momento, iba a ser nada menos que Cecil B. DeMille (Los diez mandamientos, Sansón y Dalila, El signo de la cruz) el encargado de llevar las riendas del proyecto como productor y este tenía en mente que Alfred Hitchcock (sí, habéis leído bien) para que la dirigiera. Pero el famoso director se negó y DeMille pasó el cargo de productor a George Pal, que ya había hecho sus pinitos en la ciencia ficción con otra obra magna, Cuando los mundos chocan. Pal escogió como director a Byron Haskin, que luego dirigió cintas  como Cuando ruge la marabunta y que había trabajado como técnico de efectos especiales en El halcón del mar o Dogde City, ciudad sin ley…. Y, el resto, ya es historia.
Una vez terminada esta breve introducción, vamos a meternos de lleno en la película. A mi modesto entender, estamos no sólo ante una clásico de la ciencia-ficción, sino ante una buena película muy bien llevada. Veamos…
A favor debo destacar varias cosas. Para empezar, me encanta la explicación que el narrador hace al comenzar la película, toda una lección magistral acerca de por qué los marcianos sopesan las posibilidades de invadir uno u otro planeta hasta que nos toca. También es mala suerte, con lo ancho que es el universo. Destaco, a parte de la narración en sí, cómo se nos muestran los planetas en forma de maquetas muy bien hechas a la vez que la voz de  Sir Cedric Hardwicke nos ilustra con su discurso. No toma más de tres minutos, pero me parecen muy bien utilizados. Y, si prestamos atención, cuando habla de Marte (hogar de los alienígenas que nos van a hacer la vida imposible), ¿vemos una ciudad iluminada en la superficie del mismo?

A partir de aquí, la cinta no pierde tiempo y va directa al grano cuando vemos que, en ese pequeño pueblecito americano (cien por cien, además) cae el primero de los meteoros. Acto seguido, haciendo gala de nuevo de esa inmediatez propia de las películas de fantasía de la época, enlazamos con los científicos que están pescando tan tranquilos. Ahí conocemos al doctor Forrester (Gene Barry), que va a ser el protagonista. Acto seguido, se nos hace una presentación formal muy buena acerca de quién es el científico (famoso, calculín, empollón y, depende del momento, cegato) y la devoción que Silvia (Ann Robinson) siente por él. Claro y escueto, pero muy efectivo; con un par de diálogos, el espectador saber quién es quién, como debe ser.
Antes.
Después.
  Siempre me han gustado mucho todas esas escenas después de la caída del meteoro que muestran lo simples que son el pueblo (por supuesto, en el buen sentido) con sus fiestas de sábado noche, sus bailes y lo bien que se llevan los vecinos (uno de los polis es el que canta en el garito de la fiesta). Y es curioso como todos, hasta el cura, piensan en sacar dinero del asunto del meteoro. A fin de cuentas, si algo que viene del espacio exterior cae en tu jardín, piensas en poner mesas, y cobrar por comidas y bebidas. Es más, uno hasta piensa en abrirlo… ¡a palazos! Los momentos previos a la invasión en la que los personajes se lo pasan pipa un sábado por la noche me resultan muy logrados; un modo muy bueno de definirlos a través de unos diálogos muy bien marcados y un ritmo en la narración exacto y muy bien llevado.
Alegres vecinos planeando...

Entonces, se produce una serie de escenas narradas de forma paralela que me parecen muy acertadas.  Por un lado, tenemos la de los tres pobres desgraciados que se quedan a hacer guardia y son testigos de cómo el meteoro se abre. Es una escena lenta, tranquila, que se recrea en la situación, en contrapunto con la que sucede a la vez en el bar, donde los habitantes del pueblo se lo están pasando genial en la fiesta y Forrester aprovecha para soltar alguna perla de físico sabio para dmeostrar que la ciencia mola  ("...Si pudiéramos reunir toda la energía que estamos derrochando aquí, acabaríamos por lanzar ese meteoro al espacio...") Así, somos testigos de pequeños detalles que presagian lo peor: relojes imantados, pérdida de luz y teléfono.
Y, al fin, vemos el meteoro no es tal, sino que está hueco. Y es aquí donde asistimos a una de las escenas más famosas del cine de ciencia-ficción de todas las épocas: del meteoro surge esa especia de ojo asociado a un tentáculo enorme que es capaz de moverse en todas las direcciones. Apunta a los tres personajes… y comienza la catástrofe (y la diversión sana para este que escribe)

Otra cosa a destacar es la capacidad de síntesis que tiene la película. El metraje no es muy largo (unos 85 minutos), pero el guión se las apaña para que se nos narre, sin necesidad de una voz en off propiamente dicha, lo que está sucediendo. Así, utiliza el original recurso de contar por radio lo que sucede o los preparativos del ejército dando información acerca de dónde han caído los meteoritos. Un modo, para mí, muy destacable de dar agilidad al tema.
Y entonces se produce el ataque propiamente dicho. Aquí somos testigos de lo que podían hacer los efectos especiales de la época. Las miniaturas de las naves están muy bien  trabajadas así como todo tipo de explosiones, soldados ardiendo en llamas o, una de las cosas más llamativas, el efecto de los rayos de los enemigos desintegrando todo lo que pillan. A destacar la escena en la que el pobre militar, cuando están desalojando, es alcanzado por uno de ellos. Fijaos que, aparte del tono rojizo que adquiere el cuerpo, deja entrever el esqueleto. Muy bien hecho, sí señor.
A partir de este momento, la historia se deja llevar por el lado más catastrofista. Los terrestres no somos rivales para los alienígenas (mira tú qué raro) y nos masacran. Los efectos siguen cobrando protagonismo, no sólo ya en las escenas de destrucción masiva (me encanta esa secuencia en la que los militares examinan una foto de la torre Eiffel destruida) sino en otras muy bien llevadas como, por ejemplo, esa en la que los dos, Forrester y Silvia, están en una casa abandonada y comienzan a caer cilindros por todas partes. Y es aquí dónde, al fin, vemos a los marcianos. Como es obvio, la imagen de los mismos es muy de la época pero, a la vez, eso hace que, parar mí, tenga tanta gracia.
Extraterrestre. Y feo.
 Destaco también las secuencias de las calles de la ciudad donde reina la anarquía y el descontrol mientras los marcianos destrozan todo, dando así ese todo agobiante de final trágico que todos se suponen que esperan… hasta que la situación se resuelve del modo más inesperado: las bacterias que respiramos son nuestra salvación (y que, dicho sea de paso, el narrador nos recuerda que Dios las puso ahí)

¿Aspectos mejorables? Alguno, claro.
Para empezar, las maquetas del comienzo de la película se notan demasiado, quizás más que en el resto del metraje. Los protagonistas se refieren a ellas como “enormes” pero está claro que estamos viendo un cilindro de tamaño reducido.
Si bien los diálogos, como dije antes, me encantan por lo educados y cuidados que resultan, si es cierto que siempre me ha llamado la atención lo listo que puede llegar a ser el doctor Forrester en algunos momentos. ¿Cómo es posible que sepa que los marcianos pueden tener dos cerebros o que tengan la capacidad de oler los colores? Eso sin saber nada de ellos, claro. Por no hablar de la impresión del amigo cuando ve por primera vez más naves enemigas “…gobernadas por mecanismos giroscópicos; están apoyadas en el suelo por rayos. Es una especie de corriente magnética que actúa como patas invisibles…” ¿Cómo es posible que sepa todo esto con tan solo echar una mirada? Y si, de saber cosas hablamos, un pequeño detalle que me llama mucho la atención: al comienzo de la peli, cuando los tres hombres están vigilando el meteoro para que no se produzca ningún incendio, el mejicano se refiere a los extraterrestres como “canijos” y digo yo, ¿cómo sabe que son canijos ni nadie los ha visto?
Sigamos. Yo siempre he pensado que, en este tipo de cintas, sobre todo en las consideradas clásicas, la emoción de los extraterrestres desaparece un poquito cuando son mostrados en pantalla. Es, al menos para mí, como si desapareciera un poquito la magia (como, por ejemplo, me sucedió en Invasores de Marte) Pues bien, esta película no es una excepción. Por eso, el aspecto del alien en la escena de la cabaña no me parece muy allá. Es obvio que es una persona disfrazada, claro, pero no me convence. En mi opinión, si no le hubiéramos visto en esta secuencia sólo los hubiéramos entrevisto en la escena final cuando asoma el brazo una vez destruidos y el misterio hubiera quedado intacto. Como digo, para gustos, los colores.

¿Más? Un poquito. Lo que sigue es una opinión mía pero, si hay algo que destaque en la peli (amén de lo evidente, claro) es el marcado sentimiento religioso que se respira en algunas secuencias y que, por otra parte, es un poquito fruto de la época. No sé si estos detalles están en la novela pero ahí quedan. Por ejemplo, el comentario del tío de Silvia, el sacerdote, refiriéndose a los marcianos: “…si están más avanzados que nosotros, vivirán más cerca del Creador por esta razón…”
Este diálogo tiene un pase porque, como ya digo, el personaje que lo dice es un religioso. No obstante, hay otro que ese produce cuando la cinta está más avanzada, justo en los momentos previos a lanzar a los extraterrestres la bomba H. resulta que están calculando los días que pueden tardar los marcianos en mascararnos y llegan a la conclusión de que son seis. Muy bien, aquí dice Silvia: “…El mismo tiempo que Dios tardó en crearlo…”  Como diálogo pase, puede gustar o no pero la escena que viene a continuación, con todos callados, girando la cabeza la cabeza o la mirada de la doctora en plan ñoña no me gusta nada. Y, de remate, cuando los marcianos sucumben a nuestros virus, Forrester es categórico: “…Habíamos pedido un milagro…”
Y ahora un par de detallitos curiosos. Si os fijáis, en la escena de la casa en la que Forrester y Silvia está solos y son asediados por ese tentáculo mecánico, Forrester coge un hacha y lo destroza. Muy bien pero, un par de escenas más adelante, cuando lo estudian en un laboratorio, el visor está impecable. ¿Lo han reconstruido o simplemente alguien no se dio cuenta del detalle?
Con respecto a esta escena, una cosa que siempre me ha parecido curiosa: se ponen a estudiar las lentes y un científico se dirige a Silvia haciendo referencia al hecho de que los marcianos estaban interesados en ella. Parece que enfocándola con el visor descubriremos algo pero… no se nos dice nada, tan sólo la vemos con colores algo alterados en la pantalla.
Y como curiosidades:
-Con respecto al doblaje en español: si prestamos atención, vemos que un mismo actor dobla a varios personajes. Así, la voz de Forrester (Félix Acaso) es también la de un policía, mientras que la de un piloto, el locutor de radio o la voz de los militares a través de los altavoces es la misma, Simón Ramírez (el actor de doblaje encargado de Sean Connery en las pelis de James Bond). Un mera curiosidad…
-Dad un vistazo a la escena después de lanzar la bomba H y la que se puede ver en esta misma situación en Independence Day. Clavaditas.
-Originalmente, los efectos iba a ser creados por Ray Harryhausen. De hecho, hizo pruebas con los extraterrestres. Si queréis verlas, tendréis que haceros con el DVD de Jasón y los argonautas donde, en el documental que viene como características especiales, se nombra esta peli.

-Uno de los científicos que acompaña a Forrester es Robert Cornthwaite, que ya interpretó a otro científico con peor humor en El enigma de otro mundo, el doctor Carrington.

-Gene Barry (Forrester) y Ann Robinson (Silvia) salen en la escena final de la versión rodada por Spielberg en 2005.

-En un principio, Cecil B. DeMille iba a ser la voz del narrador.

-Si hay algo que destaque en la novela, es que los extraterrestres nos masacran pilotando unos gigantescos trípodes (que vimos de manera soberbia en la versión de Spielberg) En la versión que nos ocupa, no hay trípodes, sino naces espaciales. ¿La razón? En aquellos tiempos fue imposible darles formas y animarlos. En mi opinión, las naves que construyeron fueron más que dignas.

-La familia de Wells quedó encantada con la peli. Tanto fue así que dijeron a George Pal que escogiera sin pagar extras otro libro para adaptar. Pal, muy hábil, se decantó por La Máquina del tiempo convirtiéndola en otro clasicazo que aquí se llamó El tiempo es sus manos.
Pues esto es todo, amigos. Ni que decir tiene que esta película me encanta y, sin duda, recomiendo. Todo un ejemplo de buen hacer dentro de un género que, por entonces, era mucho más difícil que ahora en cuestión de mostrar la espectacularidad y efectos propios de estas historias. Muchos son los que piensan que esta invasión es algo inocentona y que no ha envejecido muy bien. Vale, pueden tener razón pero también es cierto que, al margen de efectos que se noten o de explicaciones más o menos científicas, lo que queda es una película que cumple su cometido desde que empieza hasta que termina, es decir, entretener al espectador y dejar, al menos a mí, un sabor de boca de los buenos. Si podéis, vedla y dejad de un lado los prejuicios por la época en que se rodó o la calidad (que es muy buena) de los efectos especiales. Sentaos, ved y disfrutar.
Cómo no, tuvo un remake en 2005 nada menos que de la mano de Steven Spielberg y con Tom Cruise como protagonista. Espero comentarla algún día pero, para este vigilante del cielo, mucho efecto, mucha estrella y mucho Tom, pero carece de la gracia de esta. Como siempre digo, para gustos, los colores…

¡Vigilad el cielo!

 

domingo, 20 de enero de 2013

La casa encantada


La casa encantada (The haunting)
(1963)

Director: Robert Wise
Guión    : Nelson Gidding 

Julie Harris
Claire Bloom
Richard Johnson
Russ Tambly








Un científico se propone demostrar que una antigua casa está maldita. Para ello, cuenta con la ayuda de varias personas…

 “…Siempre fue una casa encantada, una casa que nació mal…”

 La casa encantada (título basado en la novela The haunting of Hill House escrita por Shirley Jackson) es una película de terror y suspense (más de lo segundo que de lo primero) que usa el famoso tema de la casa encantada para que unos personajes encerrados en ella las pasen pero que muy mal con el fin de demostrar que, a fin de cuentas, algo maligno habita entre sus muros.
La película, para mí, cuenta con varios tantos a favor. Empecemos…
Me gusta mucho cómo, nada más empezar, la voz en off del buen doctor mete hasta el cuello al espectador en faena con unas palabras que dejan fuera de toda duda por dónde va a ir la cinta que tenemos por delante: “...Una vieja casa, de esas que algunos dicen que están encantadas…” Si a eso le añadimos que, durante la charla, vemos la silueta de la casa maldita (¿o maldita casa?) de  fondo, el efecto está más que conseguido. Y esto son sólo los primeros segundos…
 
Sobresaliente por el flash-back que viene a continuación, donde se nos cuenta la trágica historia de la casa, llena de muertes, tragedias y fatalidades varias. Aquí hay determinados momentos más que destacables: comprobad el rostro muerto de la segunda señora Crane o, uno pero que muy bueno, el proceso de envejecimiento de Abigail; todo en primer plano a base, digo yo, de fundidos. Después de ver estas imágenes, no queda más remedio que sentarte a ver qué va a pasar. Chapeau.
 

Buenos golpes de efecto...
 
Tras esta soberbia presentación, la película no pierde el tiempo y va al grano presentándonos al doctor Markway y sus intenciones: investigar la casa y demostrar que hay poderes sobrenaturales en ella. Y, al poquito, conocemos al elenco protagonista: Eleanor, mojigata, deprimida, poca cosa y, mentalmente, hecha polvo; Theo, valiente, decidida y que tira los tejos a Eleanor de manera más que descarada (otro tanto a favor de la peli: curioso que, en aquella época, un personaje homosexual se mostrara tan claro y evidente para con otro que no lo es. “¿Has pensado en cambiarte de peinado?”, le pregunta a Eleanor. “Yo sé cuál te sentaría bien” Si, además la principal diversión de ambas es estar juntas en la misma habitación pintándose las uñas, la cosa está clara) y Luke, millonario cuasi-repelente que espera heredar la casa para venderla. Va listo el amigo…
 
 
Si hay algo que destaca en esta cinta es, como dije, el toque misterioso que destila desde que empieza hasta que acaba. Por eso mismo, debo hacer mención especial al matrimonio encargado de la casa, sobre todo a ella, la señora Dudley, interpretada por Rosalie Crutchley (que me sonaba por su papel de Actea en Quo Vadis?, la pobre que pone en la mano y pecho de Nerón el puñal (Peter Ustinov) al final de la misma)  Fijaos lo que dice mientras se queda tiesa cual estaca clavada en el suelo mientras detalla el horario de comidas y cenas. Es un personaje que me parece una especie de extraña y sutil mezcla entre la señorita Rotenmeyer, la bruja maga del mago de Oz y la peor institutriz que uno se pueda imaginar. Atentos a las perlas que suelta: “…Por la noche, no la oiríamos. Nadie la oiría. Nadie vive cerca de esta casa ni nadie quiere vivir cerca de aquí… en la noche” Lo curioso es que su discurso lo suelta la escuchen o no. Y, además, uno no sabe qué da más repelús en ese dichoso caserón: si los golpes y ruidos varios que se oyen o la mencionada ama de llaves. Os dejo un ejemplo para que comprobéis lo que acabo de decir:
 
La película tiene un ritmo muy bien medido y marcado que, además de venir dado por el aspecto visual, está muy bien llevado por los diálogos. Y es que esta, amigos vigilantes del cielo, es, ante todo, una película de hablar. De hecho, nos vamos a hinchar a escuchar conversaciones, pero de las buenas, donde los diálogos definen el modo de ser, pensar y actuar de los personajes. Todos muy bien medidos y, lo que es mejor, sin llegar a aburrir. ¿Por qué? Porque se las apañaron para compensar con dichos diálogos la ausencia de espectacularidad propias de una cinta de terror.
Y esto me lleva a destacar otro gran punto a favor de la cinta. Nada más leer el título está claro por dónde van a ir los tiros; eso es más que evidente. Ahora bien, el gran mérito de la película es que, a pesar de ser lo que podemos llamar “una peli de miedo”, no vamos a ver ni un efecto especial, nada de maquillaje truculento, ni el monstruo de turno, ni la sangre salpicando. Nada de lo anterior y nada de lo que esperes encontrar en una película típica del género. Eso sí, contiene escenas en las que, sin nada de lo anterior, consigue crear una angustia más que destacable y mucho, mucho misterio. Aquí debo señalar la escena de los golpes que atormentan a Eleanor y Theo, los cambios de plano que pueden resultar fortuitos pero que incrementan la sensación de soledad de los personajes (de pie en mitad de un salón enorme), las pintadas en la pared y mucho, muchísimo primer plano de los actores. De este modo el espectador puede ver, palpar, el desasosiego que sienten y ser partícipe de ello (aquí, vuelvo a nombrar la escena de Eleanor y “alguien” estrujando su mano) Increíble que, de modo tan “sencillo” se pueda contar, decir y expresar tanto. Ved estas dos muestras:
 
 

Los actores: muy naturales, metidos en su papel. Richard Johnson me ha parecido muy convincente como profesor y estudioso del tema sobrenatural. Clair Bloom haciendo de Theo resulta muy bien; se muestra valiente, a veces dura y, otras, bastante frágil. Russ Tamblyn en su papel de Luke es, quizás, el que menos se luce, aunque no lo hace mal. Y la más destacada para el final: Julie Harris como Eleanor, que ofrece una interpretación de un personaje extremadamente vulnerable, machacado por la vida y muy inseguro que, a veces, en momentos muy puntuales, tiene sus pequeños estallidos de personalidad. Para mí, sin duda, la más sobresaliente de todos. Por cierto, con respecto a las charlas que mantiene consigo misma a modo de pensamiento/soliloquio tengo que decir que, depende de cómo te pillen, pueden parecerte curiosas o, quizás, algo excesivas pero ahí queda…
 
 
 
 ¿Recomiendo verla? Sin duda. Me parece una peliculita muy bien llevada que, dentro del tópico en el que se mueve, se maneja más que bien. Quizás no tenga la misma fama que otras de su género pero eso no tiene que significar que sea un producto de segunda. ¡Todo lo contrario! A mí me gusta verla cada equis tiempo y pasar un ratito más de agradable. Animaos y, si no la habéis visto, dadle una oportunidad.
Por cierto, en 1999 tuvo un remake (¡cómo no!) llamado La Guarida (The haunting) contando en el reparto con Liam Neeson, Catherine Zeta-Jones, Owen Wilson y Lili Taylor. Y mucho, mucho ordenador para hacer que el personal bote en el asiento. Tengo que reconocer que también me gusta aunque esta versión que nos toca hoy tiene un toque especial que hace que, si me ponen a elegir, me quede con ella.
Pues, a por ello y vigilad el cielo…
 
 

domingo, 13 de enero de 2013

La maldición de Frankenstein


La maldición de Frankenstein
La maldición de Frankenstein (The curse of Frankenstein)
(1957)
Director: Terence Fisher
Guión   : Jimmy Sangster

Peter Cushing
Christopher Lee
Hazel Court
Robert Urquhart 




A las puertas de su ejecución, el barón Frankenstein relata su turbia historia a un sacerdote… 

Vamos allá con una joyita salida de aquel bazar de sorpresas que fue la Hammer y que tantos buenos ratos brindó (y brinda) a los aficionados al género de terror gótico y fantástico en general.
La maldición de Frankenstein es una adaptación muy libre de la famosa novela escrita por Mary Shelley y que allá por 1932 tuvo su máxima eclosión en forma de película de la Universal con el rostro de Boris Karloff. No obstante, a pesar de que el atractivo del monstruo (así como otros tales como Drácula, la momia o el hombre-lobo) duró unos años, es cierto que la magia y, sobre todo, la seriedad del mismo, se diluyó a lo largo de los años cuarenta y parte de los cincuenta haciéndole participar en comedias con Abbot y Costello al frente o mezclándolo con otros personajes de la misma línea. Fue la productora inglesa Hammer la que se encargó de resucitar y revisitar todos estos iconos del terror desde otra perspectiva pero conservando la esencia del original.

La maldición de FrankensteinLa película que hoy nos toca va a ir directa al grano, sin concesiones ni largas introducciones. Nada más empezar, oímos las campanas tristes sonar al fondo mientras un sacerdote se dispone a visitar una prisión, un modo estupendo de meter al espectador en faena. Ahí conocemos al barón Frankenstein esperando en una celda para ser ejecutado (“…En una hora estaré muerto…”) y ya se nos deja clara otra cosa: si esperas ver un remake de la versión del treinta y dos vas a llevarte una sorpresa (pero de las buenas) porque, como dije antes, esta es una versión muy libre de la novela y que no va a esclavizarse a la película en blanco y negro de la Universal. A partir de aquí, acudimos a un flash-back en el que va a tomar forma el cuerpo de la película y asistiremos a la truculenta historia del barón.

La película, para mí, es un cúmulo de puntos a favor, uno tras otro, que hacen de ella un espectáculo desde que empieza hasta que termina. Veamos…

La maldición de FrankensteinComencemos por la ambientación de época. Si hay algo que destaque de la cinta (además de otras muchas cosas, claro) es lo cuidada que está y cuyo protagonismo es evidente a lo largo de todo el metraje. Los trajes, vestidos, mobiliario y atmósfera en general están muy bien y recrean el momento en el que la historia está situada, mostrando algo que será la marca de fábrica de la Hammer y que hará que se la recuerde como unos de los mejores ejemplos de terror gótico que se han hecho nunca. Cosa curiosa: si nos fijamos, gran parte de la peli sucede en interiores, bien sean en forma de laboratorios, cárceles o de salones de la mansión del barón pero, salvo escenas contadas (el robo del cuerpo del ladrón muerto, la persecución del monstruo y poco más), todo sucede de puertas para dentro. Y, lo que es mejor, ni se nota ni es un inconveniente. Es lo que tiene tener un guión que te atrapa desde que empieza hasta que termina.

La maldición de FrankensteinOtra cosa que sí me gustaría señalar es la sutileza del cine en aquellos tiempos y que se puede apreciar con claridad en esta cinta. Veamos, si hoy se hiciera una versión del mito de Frankenstein (y se han hecho, claro. Recordad la de Kenneth Brannag no hace mucho) sería una excusa perfecta para dar rienda suelta a la casquería más variada y truculenta. No obstante, observad cómo en esta maldición que hoy nos toca todo, o casi todo, se sugiere de forma tan magistral que hace que no apartes los ojos de la pantalla. ¿Ejemplos? Varios: no vemos al ladrón ahorcado, pero sí su silueta recortada sobre el cielo nocturno; a través de diálogos, se nos dice qué va a hacer el buen barón (quitarle la cabeza, porque no le sirve) y le vemos trabajar, pero no asistimos a la carnicería. Entrevemos cerebros en tarros de cristal y sí, algún que otro ojo o manos cortadas pero, por encima de todo, se sugiere sin necesidad de mostrar. Y si la criatura se encuentra con un pobre ciego, es obvio que suponemos lo que va a suceder, pero, ¿para qué verlo? ¿No es ese un modo de mantener el interés del espectador? Pues eso…

La maldición de FrankensteinLos personajes (que no hay muchos, por cierto), están perfectamente definidos y muy bien llevados por los actores que los interpretan. Robert Urquhart como Paul Krempe está muy bien, siendo la típica voz de la razón, la moralidad y el perfecto paradigma de la buena persona: sabe cuándo frenar y cuándo decir basta. Todo lo contrario que su pupilo. Hazel Court es Elisabeth, la sufrida prometida del barón y toque femenino al canto. Y los dos mejores para el final: Christopher Lee nos regala una estupenda criatura, a camino entre malvada y desamparada, de andares inseguros (fijaos en la escena de la segunda intervención, cuando Cushing le medio afeita la cabeza y está tirado en el suelo cual piltrafa “humana”) en cuyo rostro puede apreciarse cierto gesto de pena  (salvo cuando le sale la vena asesina, claro) Y el mejor para el final: el gran Peter Cushing. Aquí el amigo se mueve como pez en el agua, bordando un personaje tan siniestro, inteligente y mujeriego como malvado y horroroso pero que mantiene a la perfección el protagonismo de la cinta. Cada palabra, cada gesto, cada acto que realiza lo define como lo que es: el gran villano de la peli. En el barón no hay lugar para remordimientos ni sentimientos de culpa (algo patente en la versión de 1932), cosa que Cushing refleja a la perfección.
 
La maldición de Frankenstein
 

¿Y el monstruo qué tal? Seamos sinceros: decir Frankenstein es invocar la imagen de Boris Karloff. Eso ha sido, es y será así. No obstante, hay que señalar que, mientras en la cinta de Whale el protagonista absoluto era el monstruo, aquí no ocurre lo mismo ya que quien se lleva casi toda la importancia es el barón. Por supuesto que la criatura interpretada por Lee tiene importancia, claro, pero no tanta como el personaje de Cushing. De hecho, si prestamos atención, los minutos en pantalla de la creación no son muchos y tampoco es que tenga tantos momentos de lucimiento (de hecho sus crímenes no salen y hay que admitir algunos son inducidos por el propio barón, como el caso de Justine y su hijo) porque es más un factor secundario que otra cosa. Por suerte, fueron lo suficientemente listos como para no dejarse arrastrar por la imagen de Karloff y el maquillaje de Pierce en el treinta y dos y aquí nos ofrecieron un monstruo que tira más a una imagen de cuerpo en descomposición (buen maquillaje el del rostro) que a alguien hecho a base de recortes y trozos de otras personas. Como nota personal, debo decir que Lee, con su estatura, abrigo negro y físico espigado incluso me ha recordado en ciertos momentos a una extraña mezcla entre el Nosferatu de Murnau y el protagonista de El gabinete del doctor Caligari.
 


La maldición de Frankenstein
 
¿Golpes de efecto? Varios. Destaco, sin duda, el momento en el que vemos a la criatura por primera vez y se quita la máscara (¿hay cierto efecto de cámara rápida ahí?), el final de la misma en el tanque de ácido que aporta el secretismo absoluto de lo que ha ocurrido o, uno que me encanta y era muy propio de la Hammer: terminar la película con los títulos de crédito mientras la acción sigue. En este caso, se trata de la preparación de la guillotina mientras Frankenstein es llevado a su destino final.
 
La maldición de Frankenstein
 
Como puede deducirse de todo lo que he escrito, me encanta esta peli. Toda una joyita del género, un notable ejemplo de buen hacer con un buen guión, una dirección más que destacable y unos actores metidos hasta las cejas en sus papeles. Todo ello tenía que dar un buen producto sí o sí y eso fue justo lo que ocurrió. Por supuesto, os recomiendo verla; merecen la pena todos y cada uno de los casi noventa que dura.

Como curiosidades, comentaros que…

…El éxito de las diabluras del barón dio como resultado un resurgir del género de terror de corte gótico utilizando personajes clásicos y el director, Terence Fisher tuvo mucho que ver en esto, ya que participó en la revisión de Drácula o el Hombre lobo.

…Al año siguiente, en 1958, Fisher escogió a Lee y Cushing para otra joya de muchos quilates: Drácula (Horror of Dracula), dando lugar a otra leyenda.

…Lee y Cushing cimentaron su amistad con esta peli. La comenzaron del modo menos terrorífico: apostando cuál de los dos imitaba mejor a los personajes de Loony Tunes, es decir, Bugs Bunny y compañía. Lo dicho, menos terrorífico imposible.

…Las barbaridades del barón Frankenstein gustaron, y mucho. De hecho, dieron lugar a una saga protagonizada por Cushing pero espaciada en el tiempo, a saber: El castigo de Frankenstein (1964), Frankenstein creó a la mujer (1967), El cerebro de Frankenstein (1969) y Frankenstein y el monstruo del infierno (1974)

¡Seguid vigilando el cielo y gracias por leerme!
 
La maldición de Frankenstein
 

domingo, 6 de enero de 2013

La bella durmiente


La bella durmiente (Sleeping beauty)
(1959)
Director: Clyde Geronimi
Guión    : Erdman Penner

Mary Costa
Bill Shirley
Eleanor Audley
Verna Felton
Barbara Lyddy
Barbara Jo Allen
Taylor Holmes
Bill Thompson



La princesa Aurora acaba de nacer y todo el reino es feliz. Pero la malvada Maléfica tiene reservada una siniestra profecía para ella… 

Esa trampa la puse para un campesino y, ¿qué logro? ¡Que caiga un príncipe!” (Maléfica)
Ya nos habíamos conocido antes” (Felipe)
¿De veras?” (Aurora)
Por supuesto. Tú misma lo has dicho. Una vez, en un sueño” (Felipe)


La Bella Durmiente es un ejemplo de ese tipo de películas que ya no se hacen. No sólo lo digo desde el punto de vista de la animación, que es absolutamente espectacular, sino como largometraje en sí. ¿La razón? Es una de esas cintas que los niños adoran y los adultos disfrutan y que, además, está llena de cosas, de detalles, que hacen de ella todo un espectáculo desde que empieza hasta que acaba y que la han convertido en un clásico desde el primer minuto de metraje hasta el último.

Lo primero que llama la atención, desde los títulos de crédito, es la banda sonora tan espectacular que reina a lo largo de toda la proyección. Aquí, los momentos musicales son tan protagonistas como cualquiera de los personajes y no solo están integrados en la cinta, sino que cuentan la historia y aportan humor, emoción o dramatismo. Si nos fijamos, cada protagonista tiene asignado un tema que viene determinado por la naturaleza del personaje en sí: los momentos de Maléfica están acompañados de música siniestra, trepidante y algo fantasmagórica. Los de las hadas, con temas muy saltarines y simpáticos. Y, cómo no, aquí hay que hacer referencia al tema de temas, ese que, cuando ves la peli, se te queda grabado y no olvidas. Hay personas que, incluso sin saber que corresponde a esta cinta, lo conocen. Me refiero, claro está, al tema principal, ese con el que abre la película y con el que cierra en un círculo perfecto de acontecimientos y que todo el mundo identifica con total facilidad. Creo que el término “Príncipe Azul” se lo debemos no solo a esta peli; también a la pieza musical que lo ilustra. Cosa curiosa, está presente en toda la cinta y en todos los momentos románticos. Para mostrároslo, he elegido uno de mis preferidos, cuando Aurora y Felipe están en el bosque. Escuchadlo; hay determinadas cosas que no pueden ser explicadas con palabras:


La melodía, deliciosa, la letra, exquisita. Los coros, espectaculares y la animación que acompaña a esta secuencia, sublime.
¿Más momentos musicales estelares? Prácticamente toda la peli. Si prestáis atención, toda la escena en la que las hadas debaten qué hacer ante el problema de la amenaza de Maléfica está acompañada de música que lo que hace es resaltar los gestos y movimientos de los personajes. No sólo acompaña las imágenes; las complementa y ayuda a que la historia se cuente mejor. Y, claro está, tengo que destacar otros dos números muy buenos: el de las tres campesinas preparando el traje de Aurora y su pastel y el brindis de los reyes y sus “¡Copas!” Por cierto, este último me encanta pero, sobre todo, el juglar que toca el laúd y acaba como una cuba. Y no olvidemos la secuencia en la que Aurora, hipnotizada, sigue a ese destello verde y las notas musicales que oímos parecen decir con total claridad “Aurora”. En esta última, la música es, simplemente, espectacular.



Otra de las características de esta película, como solía ocurrir en las de la época, es la inmediatez: todos los personajes son presentados en los primeros siete minutos, Maléfica incluida. Y, a pesar de que la ayuda del narrador en off ahí queda (por cierto, en inglés, habla en verso, lo mismo que muchas veces las hadas o  la propia Maléfica, algo que, de pasada, se pierde en el doblaje), nada más verlos, uno sabe cómo van a ser. El rey Estéfano, espigado y delgado, resulta paciente, afable. Huberto, bajito y gordinflón, entra en la categoría de cascarrabias que cae bien. La reina, que sale poco, está claro que se corresponde con el modelo resignado. Vale, a Felipe le vemos de niño y a Aurora de bebé pero está claro, ¿verdad? Él será guapo y valiente y ella la rubia y preciosa, como debe ser con las princesas. Sólo puedo utilizar una palabra para las hadas: encantadoras (siempre tuve debilidad por la de azul, Merryweather (Primavera en español)) Y mi favorita para el final: Maléfica. Me encanta el diseño e este personaje: de negro, de rostro verde (¿influencias de El mago de Oz?), con esos dos cuernos, la nariz afilada y esa capa que termina en punta a modo de murciélago o llama. Insuperable. Y es mala porque sí; no hay explicación alguna, como tiene que ser. Por eso, me encanta la escena en la que, dormida ya Aurora, va a la celda donde retiene a Felipe para contarle el destino fatal de todo… solo por fastidiarle y amargarle la vida (“Qué día tan encantador. Por primera vez en dieciséis años, dormiré tranquila”) Vamos, maldad pura y dura. Y, de nuevo, la música que acompaña esta escena potencia aún más la majestad de todo el momento.
Maldad, elegancia y terror en su justa medida...
 Como no podía ser de otro modo, en una historia tan deliciosa como esta, tiene que haber momentos encantadores. Por eso, aquí, la princesa Aurora habla con los animales en el bosque y les cuenta sus sueños. Y sí, ellos la entienden. Y si la cosa no queda clara, hasta se marcan un bailecito donde un búho, conejos y pájaros hacen de príncipe. Si yo fuera animalito del bosque, o un simple insecto, también me daba el gustazo de bailar Aurora.  Y si ella baila con animalitos, él habla con su caballo y le chantajea con zanahorias. Y aquí paz y después gloria.

Sigo. Otro gran acierto de la peli que me gustaría destacar: aquí, el príncipe, es protagonista. Decir esto puede sonar a ridiculez porque todo el mundo lo sabe y se puede decir que Felipe es el príncipe de los príncipes animados. Pues no es tan evidente, amigos vigilantes del cielo. Y es que, animar la figura masculina (animarla bien, quiero decir) siempre fue un problema para los animadores Disney. ¿La razón? O el príncipe quedaba muy masculino y macho o, en el lado opuesto, extremadamente femenino y afectado. Como ya comenté en su reseña, el príncipe de Blancanieves fue un buen quebradero de cabeza para todos; salía más pero cortaron sus escenas y las redujeron a lo mínimo imprescindible: el comienzo y el final. Estaba claro que si querían que Felipe fuera protagonista, se lo tendrían que currar mucho más. ¿El resultado? Un personaje que resulta valiente, atractivo y, a fin de cuentas, protagonista. Aquí le vemos hablar (el de Blancanieves no hablaba, pobre hombre), montar a caballo, bromear, bailar y luchar. Ah, y para que conste, no tiene un escudo y espada cualquieras, no. Su escudo es el de la virtud, y la espada, la de la verdad. Nada, mi príncipe favorito.


La trama, a pesar de lo encantadora que resulta a simple vista, con una princesa rubia y guapa, un príncipe enamorado, hadas buenas y brujas con una mala baba más que considerable, está tan bien desarrollada y mostrada que puede ser disfrutada por niños, claro, pero también contiene matices que hacen lo propio con los adultos. Fijaos: es una historia de cuento de hadas, eso está claro pero, lo mismo que contiene momentos propios de niños (el brindis de los reyes, el momento en que las hadas otorgan belleza y voz a Aurora, el dragón) que también sus dramáticos de una fuerza considerable. Si prestamos atención, una recién nacida es arrancada de su hogar bajo amenaza de muerte, vive engañada por tres hadas con las que protagoniza un momento más que duro, es decir, cuando le dicen quién es en realidad, su origen y destino: casarse por la fuerza con un príncipe. Si a ello le añadimos el tema que todo el mundo conoce, es decir, que se pinche el dedo hipnotizada para tener una especie de muerte/letargo en vida (mirad cuando Maléfica aparta su capa y  muestra a las hadas el cuerpo de Aurora, el cual abandona como un trapo viejo en el suelo. ¡Por Dios, si hay un momento en que las tres hadas lloran sobre el cuerpo de la princesa!), creo, al menos es mi opinión, que los elementos dramáticos o serios están servidos. La cuestión, cuando se llega a estos casos, es saber combinar y equilibrar ambas fuerzas, aquellas más ligeras con las más impactantes de la trama. Y esta, para servidor, es una de las características (entre otras muchas, claro) más admirables de la peli que hoy nos toca, porque se las apañaron tan bien, supieron narrar de manera tan acertada esta historia que, el resultado, es que décadas después, continúa tan vigente como la época en que se hizo.

Si esto no es drama...
 
¿Momentos memorables? A patadas. Aquí hay que hacer mención a unos cuantos, esos que se te quedan grabados en la memoria y que, aunque haga muuucho tiempo que no ves la peli, sí los recuerdas. ¿Ejemplos? El baile con el príncipe, la confección del traje de cumpleaños, la larga secuencia que desemboca en que Aurora se pincha el dedo mientras sigue ese destello verde o la secuencia sublime en la que Maléfica le  muestra a Felipe (encadenado en su celda) el destino final de todo. Y el momento de momentos: todo un reino se queda dormido  bajo el hechizo de Flora, Fauna y Merryweather (acompañado, por cierto, por unos coros impresionantes, repitiendo una melodía que ya hemos escuchado en otro momento de la peli pero cambiando la letra. Ahí queda eso) ¿Es todo? No, porque no podemos olvidar la pelea con el dragón que tiene Felipe tras pasar por un campo de espinas.

Maldad de la buena.


¡A dormir!

Pasemos a los efectos. Porque, sí, esta es una peli de animación pero hay un montón de efectos especiales. Lo que ocurre es que uno está tan metido en la trama, tan absorbido por ella, que no los notas. Ahí tenemos la aparición inicial de Maléfica o cuando esta desaparece convertida en ese símbolo extraño; la hoguera con la que se queman las ruecas, el reflejo de Aurora y Felipe en el agua mientras bailan (¡perfecto!) o las hadas convertidas en meros destellos diminutos al volar.  Ah, y hay flechas que se convierten en flores o arcoíris que sirven de escudo para evitar derrumbamientos. Y si la cosa se pone mal, un campo de espinas rodea un castillo donde tendrá lugar cierta pelea con un dragón gigantesco Y todo esto… ¡sin ordenador!


Y, como todo buen cuento de hadas, todo tiene que terminar bien. Y aquí no es que las cosas acaben bien, es que la historia tiene un final perfecto donde todo se arregla, el bien gana y el amor triunfa. Como tiene que ser. Y, para celebrarlo, un buen waltz entre las nubes. Chapeau!


Hasta aquí he llegado. Esta peli debe verse y, mejor aún repetir su visionado las veces que
haga falta. Todo un clásico de la animación y del cine. Si la magia puede hacer que los adultos se conviertan en niños y estos lo sean aún más, sin duda, esta película es mágica.

Unas cuantas cosas curiosas:

-El primer guión gráfico se terminó en junio de 1952.
-Disney no estaba del todo satisfecho: el planteamiento inicial se parecía mucho a Blancanieves y temía que la peli fuera un simple calco.
-Se estudió la pintura y arquitectura medievales para dar con el enfoque adecuado.
-El gran lema que define el espíritu de la peli: “¡Una muchacha hermosa es una muchacha hermosa!”

¡Me la pido!
-Un elemento clave: Eyvind Earle, que diseñó el look de la cinta. Empezó con Disney en 1951 después de diez años de intentar trabajar para el estudio. Su modo de representar árboles, paisajes y personajes dio a la película su principal seña de identidad.
-Con respecto a los árboles, algo que suele pasar desapercibido: tiran a cuadrados.
-Disney decía: “Veamos lo que Eyvind puede hacer”
-Esta película no contiene elementos caricaturescos humanos, como el caso de los enanitos. Por eso, su complejidad fue extrema: todos los personajes principales son humanos.

-Mary Costa fue la voz de Aurora. Dar con ella supuso un casting de tres años.

 
-Helene Stanley fue el modelo vivo que sirvió de referencia a los animadores, que hacían bocetos de ella mientras bailaba. Aquí os dejo el vídeo:


-Parte de la música está sacada de la obra original de Chaikovski.
 
-El número musical del brindis de los reyes fue creado en especial para la película. Según los responsables, tratando de mantener el espíritu de Chaikovski.
 
-La coreografía de la lucha entre el príncipe y el dragón se filmó primero en vivo. Observad:



-Para el efecto del dragón, se usó como referencia un lanzallamas.
-Eleanor Audley fue la voz de Maléfica… y de la malvada madrastra de La Cenicienta.
-Para las hadas, los animadores se fueron a tiendas donde las señoras que compraban y, sin que se dieran cuenta, hacían de modelos. Llegaron a la conclusión de que había tres tipos de ancianitas. Cada una de ellas, representada por cada hada en la peli.
-Fue la primera película de animación filmada en 70 mm. Por eso dibujos y fondos fueron más detallados.
-Uno seis años de producción (también ha leído siete y medio)
-Un fondo se tarda en hacer dos días o tres. Para La Bella Durmiente se tardaban entre una semana y diez días.
-Se utilizó la cámara multiplano, consistente en filmar objetos en distintos planos y superponerlos en pantalla, lo que da sensación de profundidad.
-Fue la más taquillera después de Ben-Hur.
-El personaje más complejo siempre era Felipe. Disney, para acallar a los animadores más problemáticos, les daba como tarea animar al príncipe.
-En la época en que se produjo esta cinta, en la sección de tinta y color, solo trabajaban mujeres. En un libro que servidor tiene de los años setenta donde se habla de esta producción, se denomina a dicha sección como “un delicioso paraíso femenino”
-Detalle curioso: comparad el guerrero de Maléfica (el lumbreras que sigue buscando en las cunas después de dieciséis años) con cierto guardian que pulula por el palacio de Jabba el Hutt en El retorno del Jedi...
 


Vigilad el cielo.