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domingo, 6 de enero de 2013

La bella durmiente


La bella durmiente (Sleeping beauty)
(1959)
Director: Clyde Geronimi
Guión    : Erdman Penner

Mary Costa
Bill Shirley
Eleanor Audley
Verna Felton
Barbara Lyddy
Barbara Jo Allen
Taylor Holmes
Bill Thompson



La princesa Aurora acaba de nacer y todo el reino es feliz. Pero la malvada Maléfica tiene reservada una siniestra profecía para ella… 

Esa trampa la puse para un campesino y, ¿qué logro? ¡Que caiga un príncipe!” (Maléfica)
Ya nos habíamos conocido antes” (Felipe)
¿De veras?” (Aurora)
Por supuesto. Tú misma lo has dicho. Una vez, en un sueño” (Felipe)


La Bella Durmiente es un ejemplo de ese tipo de películas que ya no se hacen. No sólo lo digo desde el punto de vista de la animación, que es absolutamente espectacular, sino como largometraje en sí. ¿La razón? Es una de esas cintas que los niños adoran y los adultos disfrutan y que, además, está llena de cosas, de detalles, que hacen de ella todo un espectáculo desde que empieza hasta que acaba y que la han convertido en un clásico desde el primer minuto de metraje hasta el último.

Lo primero que llama la atención, desde los títulos de crédito, es la banda sonora tan espectacular que reina a lo largo de toda la proyección. Aquí, los momentos musicales son tan protagonistas como cualquiera de los personajes y no solo están integrados en la cinta, sino que cuentan la historia y aportan humor, emoción o dramatismo. Si nos fijamos, cada protagonista tiene asignado un tema que viene determinado por la naturaleza del personaje en sí: los momentos de Maléfica están acompañados de música siniestra, trepidante y algo fantasmagórica. Los de las hadas, con temas muy saltarines y simpáticos. Y, cómo no, aquí hay que hacer referencia al tema de temas, ese que, cuando ves la peli, se te queda grabado y no olvidas. Hay personas que, incluso sin saber que corresponde a esta cinta, lo conocen. Me refiero, claro está, al tema principal, ese con el que abre la película y con el que cierra en un círculo perfecto de acontecimientos y que todo el mundo identifica con total facilidad. Creo que el término “Príncipe Azul” se lo debemos no solo a esta peli; también a la pieza musical que lo ilustra. Cosa curiosa, está presente en toda la cinta y en todos los momentos románticos. Para mostrároslo, he elegido uno de mis preferidos, cuando Aurora y Felipe están en el bosque. Escuchadlo; hay determinadas cosas que no pueden ser explicadas con palabras:


La melodía, deliciosa, la letra, exquisita. Los coros, espectaculares y la animación que acompaña a esta secuencia, sublime.
¿Más momentos musicales estelares? Prácticamente toda la peli. Si prestáis atención, toda la escena en la que las hadas debaten qué hacer ante el problema de la amenaza de Maléfica está acompañada de música que lo que hace es resaltar los gestos y movimientos de los personajes. No sólo acompaña las imágenes; las complementa y ayuda a que la historia se cuente mejor. Y, claro está, tengo que destacar otros dos números muy buenos: el de las tres campesinas preparando el traje de Aurora y su pastel y el brindis de los reyes y sus “¡Copas!” Por cierto, este último me encanta pero, sobre todo, el juglar que toca el laúd y acaba como una cuba. Y no olvidemos la secuencia en la que Aurora, hipnotizada, sigue a ese destello verde y las notas musicales que oímos parecen decir con total claridad “Aurora”. En esta última, la música es, simplemente, espectacular.



Otra de las características de esta película, como solía ocurrir en las de la época, es la inmediatez: todos los personajes son presentados en los primeros siete minutos, Maléfica incluida. Y, a pesar de que la ayuda del narrador en off ahí queda (por cierto, en inglés, habla en verso, lo mismo que muchas veces las hadas o  la propia Maléfica, algo que, de pasada, se pierde en el doblaje), nada más verlos, uno sabe cómo van a ser. El rey Estéfano, espigado y delgado, resulta paciente, afable. Huberto, bajito y gordinflón, entra en la categoría de cascarrabias que cae bien. La reina, que sale poco, está claro que se corresponde con el modelo resignado. Vale, a Felipe le vemos de niño y a Aurora de bebé pero está claro, ¿verdad? Él será guapo y valiente y ella la rubia y preciosa, como debe ser con las princesas. Sólo puedo utilizar una palabra para las hadas: encantadoras (siempre tuve debilidad por la de azul, Merryweather (Primavera en español)) Y mi favorita para el final: Maléfica. Me encanta el diseño e este personaje: de negro, de rostro verde (¿influencias de El mago de Oz?), con esos dos cuernos, la nariz afilada y esa capa que termina en punta a modo de murciélago o llama. Insuperable. Y es mala porque sí; no hay explicación alguna, como tiene que ser. Por eso, me encanta la escena en la que, dormida ya Aurora, va a la celda donde retiene a Felipe para contarle el destino fatal de todo… solo por fastidiarle y amargarle la vida (“Qué día tan encantador. Por primera vez en dieciséis años, dormiré tranquila”) Vamos, maldad pura y dura. Y, de nuevo, la música que acompaña esta escena potencia aún más la majestad de todo el momento.
Maldad, elegancia y terror en su justa medida...
 Como no podía ser de otro modo, en una historia tan deliciosa como esta, tiene que haber momentos encantadores. Por eso, aquí, la princesa Aurora habla con los animales en el bosque y les cuenta sus sueños. Y sí, ellos la entienden. Y si la cosa no queda clara, hasta se marcan un bailecito donde un búho, conejos y pájaros hacen de príncipe. Si yo fuera animalito del bosque, o un simple insecto, también me daba el gustazo de bailar Aurora.  Y si ella baila con animalitos, él habla con su caballo y le chantajea con zanahorias. Y aquí paz y después gloria.

Sigo. Otro gran acierto de la peli que me gustaría destacar: aquí, el príncipe, es protagonista. Decir esto puede sonar a ridiculez porque todo el mundo lo sabe y se puede decir que Felipe es el príncipe de los príncipes animados. Pues no es tan evidente, amigos vigilantes del cielo. Y es que, animar la figura masculina (animarla bien, quiero decir) siempre fue un problema para los animadores Disney. ¿La razón? O el príncipe quedaba muy masculino y macho o, en el lado opuesto, extremadamente femenino y afectado. Como ya comenté en su reseña, el príncipe de Blancanieves fue un buen quebradero de cabeza para todos; salía más pero cortaron sus escenas y las redujeron a lo mínimo imprescindible: el comienzo y el final. Estaba claro que si querían que Felipe fuera protagonista, se lo tendrían que currar mucho más. ¿El resultado? Un personaje que resulta valiente, atractivo y, a fin de cuentas, protagonista. Aquí le vemos hablar (el de Blancanieves no hablaba, pobre hombre), montar a caballo, bromear, bailar y luchar. Ah, y para que conste, no tiene un escudo y espada cualquieras, no. Su escudo es el de la virtud, y la espada, la de la verdad. Nada, mi príncipe favorito.


La trama, a pesar de lo encantadora que resulta a simple vista, con una princesa rubia y guapa, un príncipe enamorado, hadas buenas y brujas con una mala baba más que considerable, está tan bien desarrollada y mostrada que puede ser disfrutada por niños, claro, pero también contiene matices que hacen lo propio con los adultos. Fijaos: es una historia de cuento de hadas, eso está claro pero, lo mismo que contiene momentos propios de niños (el brindis de los reyes, el momento en que las hadas otorgan belleza y voz a Aurora, el dragón) que también sus dramáticos de una fuerza considerable. Si prestamos atención, una recién nacida es arrancada de su hogar bajo amenaza de muerte, vive engañada por tres hadas con las que protagoniza un momento más que duro, es decir, cuando le dicen quién es en realidad, su origen y destino: casarse por la fuerza con un príncipe. Si a ello le añadimos el tema que todo el mundo conoce, es decir, que se pinche el dedo hipnotizada para tener una especie de muerte/letargo en vida (mirad cuando Maléfica aparta su capa y  muestra a las hadas el cuerpo de Aurora, el cual abandona como un trapo viejo en el suelo. ¡Por Dios, si hay un momento en que las tres hadas lloran sobre el cuerpo de la princesa!), creo, al menos es mi opinión, que los elementos dramáticos o serios están servidos. La cuestión, cuando se llega a estos casos, es saber combinar y equilibrar ambas fuerzas, aquellas más ligeras con las más impactantes de la trama. Y esta, para servidor, es una de las características (entre otras muchas, claro) más admirables de la peli que hoy nos toca, porque se las apañaron tan bien, supieron narrar de manera tan acertada esta historia que, el resultado, es que décadas después, continúa tan vigente como la época en que se hizo.

Si esto no es drama...
 
¿Momentos memorables? A patadas. Aquí hay que hacer mención a unos cuantos, esos que se te quedan grabados en la memoria y que, aunque haga muuucho tiempo que no ves la peli, sí los recuerdas. ¿Ejemplos? El baile con el príncipe, la confección del traje de cumpleaños, la larga secuencia que desemboca en que Aurora se pincha el dedo mientras sigue ese destello verde o la secuencia sublime en la que Maléfica le  muestra a Felipe (encadenado en su celda) el destino final de todo. Y el momento de momentos: todo un reino se queda dormido  bajo el hechizo de Flora, Fauna y Merryweather (acompañado, por cierto, por unos coros impresionantes, repitiendo una melodía que ya hemos escuchado en otro momento de la peli pero cambiando la letra. Ahí queda eso) ¿Es todo? No, porque no podemos olvidar la pelea con el dragón que tiene Felipe tras pasar por un campo de espinas.

Maldad de la buena.


¡A dormir!

Pasemos a los efectos. Porque, sí, esta es una peli de animación pero hay un montón de efectos especiales. Lo que ocurre es que uno está tan metido en la trama, tan absorbido por ella, que no los notas. Ahí tenemos la aparición inicial de Maléfica o cuando esta desaparece convertida en ese símbolo extraño; la hoguera con la que se queman las ruecas, el reflejo de Aurora y Felipe en el agua mientras bailan (¡perfecto!) o las hadas convertidas en meros destellos diminutos al volar.  Ah, y hay flechas que se convierten en flores o arcoíris que sirven de escudo para evitar derrumbamientos. Y si la cosa se pone mal, un campo de espinas rodea un castillo donde tendrá lugar cierta pelea con un dragón gigantesco Y todo esto… ¡sin ordenador!


Y, como todo buen cuento de hadas, todo tiene que terminar bien. Y aquí no es que las cosas acaben bien, es que la historia tiene un final perfecto donde todo se arregla, el bien gana y el amor triunfa. Como tiene que ser. Y, para celebrarlo, un buen waltz entre las nubes. Chapeau!


Hasta aquí he llegado. Esta peli debe verse y, mejor aún repetir su visionado las veces que
haga falta. Todo un clásico de la animación y del cine. Si la magia puede hacer que los adultos se conviertan en niños y estos lo sean aún más, sin duda, esta película es mágica.

Unas cuantas cosas curiosas:

-El primer guión gráfico se terminó en junio de 1952.
-Disney no estaba del todo satisfecho: el planteamiento inicial se parecía mucho a Blancanieves y temía que la peli fuera un simple calco.
-Se estudió la pintura y arquitectura medievales para dar con el enfoque adecuado.
-El gran lema que define el espíritu de la peli: “¡Una muchacha hermosa es una muchacha hermosa!”

¡Me la pido!
-Un elemento clave: Eyvind Earle, que diseñó el look de la cinta. Empezó con Disney en 1951 después de diez años de intentar trabajar para el estudio. Su modo de representar árboles, paisajes y personajes dio a la película su principal seña de identidad.
-Con respecto a los árboles, algo que suele pasar desapercibido: tiran a cuadrados.
-Disney decía: “Veamos lo que Eyvind puede hacer”
-Esta película no contiene elementos caricaturescos humanos, como el caso de los enanitos. Por eso, su complejidad fue extrema: todos los personajes principales son humanos.

-Mary Costa fue la voz de Aurora. Dar con ella supuso un casting de tres años.

 
-Helene Stanley fue el modelo vivo que sirvió de referencia a los animadores, que hacían bocetos de ella mientras bailaba. Aquí os dejo el vídeo:


-Parte de la música está sacada de la obra original de Chaikovski.
 
-El número musical del brindis de los reyes fue creado en especial para la película. Según los responsables, tratando de mantener el espíritu de Chaikovski.
 
-La coreografía de la lucha entre el príncipe y el dragón se filmó primero en vivo. Observad:



-Para el efecto del dragón, se usó como referencia un lanzallamas.
-Eleanor Audley fue la voz de Maléfica… y de la malvada madrastra de La Cenicienta.
-Para las hadas, los animadores se fueron a tiendas donde las señoras que compraban y, sin que se dieran cuenta, hacían de modelos. Llegaron a la conclusión de que había tres tipos de ancianitas. Cada una de ellas, representada por cada hada en la peli.
-Fue la primera película de animación filmada en 70 mm. Por eso dibujos y fondos fueron más detallados.
-Uno seis años de producción (también ha leído siete y medio)
-Un fondo se tarda en hacer dos días o tres. Para La Bella Durmiente se tardaban entre una semana y diez días.
-Se utilizó la cámara multiplano, consistente en filmar objetos en distintos planos y superponerlos en pantalla, lo que da sensación de profundidad.
-Fue la más taquillera después de Ben-Hur.
-El personaje más complejo siempre era Felipe. Disney, para acallar a los animadores más problemáticos, les daba como tarea animar al príncipe.
-En la época en que se produjo esta cinta, en la sección de tinta y color, solo trabajaban mujeres. En un libro que servidor tiene de los años setenta donde se habla de esta producción, se denomina a dicha sección como “un delicioso paraíso femenino”
-Detalle curioso: comparad el guerrero de Maléfica (el lumbreras que sigue buscando en las cunas después de dieciséis años) con cierto guardian que pulula por el palacio de Jabba el Hutt en El retorno del Jedi...
 


Vigilad el cielo.

martes, 25 de diciembre de 2012

Blancanieves y los siete enanitos




Blancanieves y los siete enanitos (Snow White and the seven dwarfs)
(1937)
Director: Walt Disney
Guión   : Ted Sears, Richard Creedon, Otto Englander, Dick Rickard, Earl Hurd, Merrill De Maris, Dorothy Ann Blank, Webb Smith. 

Adriana Caselotti
Lucille La Verne
Harry Stockwell
Roy Atwell
Pinto Colvig









La malvada Reina, celosa por la belleza de Blancanieves, ordena matar a la princesa…



Vamos allá con una película que es especial por muchas y muy variadas razones. Por un lado, es un clásico tremendo, un cinta de la que todos hemos oído hablar y, casi con toda seguridad, raro es el que no la haya visto. Por otro, supuso un punto de inflexión de importancia colosal dentro del cine de animación porque, gracias a ella, los dibujos animados son lo que son hoy día y el concepto de “película para niños” es el que todos conocemos. Sin Blancanieves y los enanitos que la acompañan (además de otros personajes, claro) no hubiera habido nada en lo que se refiere al mundo de la  animación. Sí, antes de ella había cortos animados pero estaba claro que aquello no era suficiente y, como siempre suele suceder en todos los campos, era necesario un cambio radical que redefiniese el género para poder seguir adelante. Y, también, fue todo un riesgo que, de haber salido mal, hubiera supuesto un estropicio de proporciones considerables. Por suerte para todos, no sólo salió bien: lo clavaron.

Lo primero que llama la atención nada más comenzar la película, desde el primer segundo, es la banda sonora. La música instrumental, soberbia. Las canciones, increíbles. Si hay algo que las diferencia de las últimas producciones Disney es que las letras están cuidadas de manera absolutamente exquisita, mostrando unos contenidos románticos, poéticos (cuando la cosa se pone seria, claro) y dando al conjunto un aire absolutamente delicioso. Si bien todo el repertorio es impresionante, cómo no destacar el tema que Blancanieves canta cuando ve al príncipe, el de la fiesta con los enanitos o, cómo no, el Heigh-Ho de los enanos al salir de la mina, un tema universal donde los haya. Y si delicioso es oírlos, más lo es aún verlos combinados con esos dibujos tan bien hechos y esa animación tan exquisita.


Otra cosa que entra bien por los ojos nada más empezar la película, en ese plano a modo de zoom en el que vemos la imagen del castillo acercándose, es que los fondos, lo mismo que todo, en esta película está pintado a mano. Decir esto puede parecer una obviedad pero os sugiero que os fijéis bien en este aspecto. Los colores tienen unos matices suaves propios de la aplicación a base de mano y pincel que da a todo el conjunto un aire de cuento de hadas apabullante, en contra del aspecto artificial y plano de los colores que podemos ver en muchas películas de animación hoy día donde se ha (por desgracia, al menos para mí), sustituido el pincel y la tinta por el botón del ordenador.

Seguimos, que aún queda. La animación es, simplemente, espectacular. Los movimientos de la reina, del príncipe o de Blancanieves son tremendamente realistas y, al menos para mí, tremendos. Atentos al gesto de los personajes (como los de la reina o el del cazador en el momento de matar a Blancanieves. Mirad la expresión de su cara y sus ojos) o de las ropas, como cualquier escena en la que la reina, en todo su esplendor, mueve su capa. ¿Es todo? No, porque los movimientos de Blancanieves al bailar te hacen pensar que es una persona de carne u hueso la que está moviéndose. Y lo mismo sucede con el príncipe que, aunque sale poco, siempre me ha parecido muy bien animado y, al menos siempre lo pensé, se echa en falta cierto mayor protagonismo por parte del mismo (aspecto que más tarde ampliaré en el apartado de las curiosidades) Por supuesto, los animadores, bajo la guía de Disney, supieron muy bien compaginar la animación realista de los personajes serios (basada, a su vez, en modelos vivos) con la más tradicional y cómica de los enanitos.

Otro aspecto que siempre me ha parecido impresionante en esta película es el tema de los efectos especiales que contiene. Por eso, destaco el mago del espejo, con esa cara a modo de máscara, las sombras que los personajes proyectan en cualquier suelo o  pared (sombras que, por cierto, se mueven al son del cuerpo que los proyecta. Impresionante) o cualquiera de los fondos en forma de cielos, nubes o bosques. Y ahí quedan los brillos que emiten los diamantes de la mina de los enanitos o la bruja (¡cómo me gusta este personaje!) caminando entre la bruma. Por supuesto, debo destacar uno de mis momentos favoritos: el de la transformación de la reina en bruja. Y, lo digo de nuevo: todo esto hecho a mano, sin ordenador. Ni falta que les hacía.

Si hay algo que destace para este vigilante del cielo, es que, en esta película, todo es adorable. Las palomas son deliciosas y cantan al son de Blancanieves. Y, sí, se sonrojan porque el príncipe es muy moreno y  muy guapo. El pozo emite un eco que, también, canta con Blancanieves y los animalitos del bosque, en la más pura tradición Disney, afinan voces con la princesa y acatan órdenes para limpiar la casa de los enanitos. Y punto en boca. Ni hay que buscar explicaciones ni tampoco hay por qué darlas. Ah, y los enanitos se pirran por un beso de la princesa. Venga ya, ¿quién no lo haría? Y, si hablamos de adorable, Blancanieves está en el pico de la cima de las cosas más adorables del universo cinematográfico.

Si esto no es candor...


Reparto de besos...


Me gustaría destacar una cosa que, al menos a mí me lo parece, está perdida hoy día. Y me refiero a que esta película, aunque puede verse y, por supuesto, disfrutarse por adultos y, en definitiva, por cualquier persona de cualquier edad, está destinada de manera clara a los niños. Y esto no sólo se aprecia en personajes y situaciones (princesas, príncipes, brujas, enanitos…) sino también en algo que me parece muy interesante: los miedos infantiles. Por eso, hay un terror (suena muy fuerte utilizar esta palabra hablando de Blancanieves) muy básico e infantil en forma de sombras, un bosque espeso, troncos cuyos ojos y ramas en forma de manos resultan terroríficos, otros ojos que observan en la oscuridad, la bruja… Se trata del miedo más primigenio, ese al que todos hemos temido siempre y que todos los niños, por supuesto, evitan. Pero aquí se muestra de manera clara y, sobre todo, muy efectiva porque, a fin de cuentas, es crucial para la historia. Estoy seguro que las escenas del terror de Blancanieves en el bosque o determinados momentos de la bruja, como ese brazo del cadáver en busca de agua, no se incluirían hoy día en una película infantil por considerarse poco adecuado. Y es que esto, entre otras cosas, es prueba de que la diferencia que hay entre esta cinta y las de hoy día. Al menos, por supuesto, para mí.
Y si el terror es básico e infantil, lo mismo ocurre con la cara opuesta, esto es, el humor. Aquí los animales se caen dando trompicones por las escaleras, los ratones, enfadados, expulsan la suciedad de su casa o los enanitos se hacen nudos con las barbas para no estornudar. También las moscas entran y salen al roncar o los enanitos, en el silencio de la casa, hacen ruidos al caminar. ¿Queda bien? Para mí, de maravilla.


Y, como debe ser, la perfección, muchas veces, se logra con un perfecto equilibrio de las partes. Aquí hay humor, aventura, sentimientos y drama. Porque, desde que Blancanieves da el mordisco a esa deliciosa y suculenta manzana roja, todo es drama. Y de los gordos. Tanto es así, que es enterrada en un ataúd de cristal (recuerdo, peli para niños) y los enanitos la lloran día tras día. Pero, como se dice en cierta película, “Las lágrimas se derraman como preludio de felicidad” Y aquí la felicidad viene en forma de príncipe y beso capaz de devolver el color a las mejillas de la princesa por excelencia de las películas de animación.

Esto ha sido todo. Decir que recomiendo verla puede sonar raro porque, casi con toda probabilidad, ya lo habréis hecho, aunque sea hace mucho tiempo. Por eso, daré un pasito más allá y os diré que la revisitéis. En su hora y poco de metraje, están condensadas toda la magia y aventura que representan la infancia. Eso, aparte de ser, para mí, una excelente película.

Os dejo unas cuantas curiosidades:           

-Esta película fue un punto de inflexión: cambió todo el imperio Disney de cabo a rabo y, además,  todo lo que crearon después, se basó en su realización.

-Disney sabía que los cortos animados estaban bien pero se necesitaba algo más, un golpe de efecto apropiado para la industria: un largo. Cosa curiosa, lo mismo pensaba Chaplin y sus cortos mudos.

-Incluso de puertas del estudio para dentro, pocos, quizás nadie, salvo el propio Disney, pensaban que el proyecto fuera viable: “¿Quién quiere ver un largo de dibujos animados?”, le preguntaron a uno de los animadores gente del propio estudio.

-La animación era considerada para algo de siete u ocho minutos, no para hora y media.

-Por eso, muchos pensaron que los colores brillantes dañarían la vista y darían dolor de cabeza al espectador.

-La idea de hacer un largometraje hizo que todos tomaran a Disney por chiflado. Por eso, el proyecto fue bautizado como “La locura de Disney”

-La historia de Blancanieves obsesionaba a Disney desde que, siendo niño, vio una versión muda.

-Su idea: combinar humor y situaciones serias. Gran idea, añado yo.

-La estrategia de Disney fue elaborada y muy sutil: primero, contrató nuevos dibujantes (sobre todo de chicas bonitas). Luego, lanzó la bomba: estaban allí para hacer un largometraje.

-Una noche, invitó a los dibujantes  cenar a un bar cercano. Él no acudió; se estaba preparando para lo que sucedería cuando los primeros regresaran. Al volver al estudio, Walt les contó TODA la historia de Blancanieves tal y como la había pensado. Pero fue más allá: representó, a modo de teatro, todos y cada uno de los personajes, poniendo voces, movimientos y canciones. Tardó unas dos horas y media. Los dibujantes, alucinados.

-Disney no decidió el nombre de los enanitos hasta un año antes del estreno.

-Disney era visionario en cuanto a proyectos pero pasaba un poco de dineros y cifras. Calculó a ojo el  presupuesto: 250.000 dólares. Muy pronto, la cosa subió a 400.000.

-Eso hizo que su hermano Roy, encargado de finanzas, lo viera todo cada vez más difícil.

-Se tardó cuatro años y medio en rodarla. ¿Os parece mucho? Para La Bella durmiente fueron siete y medio…

-Para conseguir dinero, se optó por una opción muy común hoy día: mostrar la peli a los banqueros para convertirlos en inversores.

-Por eso, invitaron a un banquero a ver en lo que estaban trabajando. Muchos pensaron que aquello sería el tiro de gracia al proyecto y todo se cancelaría. Cuando terminó el pase, el mencionado banquero dijo: “Os vais a forrar con esto” Ahí, todos respiraron aliviados.

-Disney sabía que iba a necesitar más animadores. En 1928 trabajaban diez en el estudio. Se hizo una campaña para atraer a más. Para Blancanieves se convocaron unos trescientos más. Todo eso, en plena depresión. De hecho, el único que ofrecía trabajo era Disney.

-A los dibujantes no solo se les contrataba; también se les formaba para perfeccionar el estilo a través de clases nocturnas.

-Para incentivar el ánimo creativo de los dibujantes, Disney les daba un par de monedas si inventaban un buen chiste que encajara con la historia. La escena en la que los enanitos se asoman a la cama de blancanieves sacando sus narices no estaba en el guión; fue obra de uno de los animadores y cobró por ello.

-Al estreno acudieron estrellas como Carole Lombard o Clark Gable. De ese modo, Blancanieves se convirtió en un acontecimiento social, algo de lo que hablar y que, desde luego, había que ver.

-El éxito de Blancanieves fue el motor que inspiró la adaptación de El mago de Oz e inauguró el concepto de “película familiar”

-Los enanitos, Blancanieves o la bruja plantearon problemas normales y corriente desde el punto de la animación, algo con lo que se podía tratar. El príncipe fue harina de otro costal. La animación masculina siempre fue mucho más difícil que la del resto. En un principio, el personaje salía más pero alguien pensó que sus movimientos, poses y gestos quedaban muy afeminados. Por eso, su participación en el metraje se redujo a lo mínimo imprescindible: el comienzo y el final. Y nada de darle diálogo.


-Con respecto a esto, cuando años más tardes algún animador hartaba a Disney, este le castigaba mandándole animar al príncipe. Esto le ocurrió al animador que se responsabilizó del príncipe Felipe en La bella durmiente. Y, por si no lo habéis notado, ambos personajes tienen cierto parecido.

-Disney dio importancia fundamental al as voces de los personajes. Buscó actores especializados en estornudar o reír. Con respecto a los estornudos, hacía castings a actores haciéndoles única y exclusivamente estornudar. El actor que seleccionado tuvo que estornudar unas cinco veces ante el director.

-Siempre que se habla de Blancanieves sale el nombre de Disney a relucir, cosa obvia por otra parte. Pero, casi en todos los casos, se olvida uno fundamental cuya participación en la película y relación con el personaje principal fue crucial para que el proyecto fuera un éxito: Adriana Caselotti fue la voz de Blancanieves. Su padre, profesor de canto, recibió una llamada de los estudios Disney en busca de una voz para el personaje. Adriana escuchó todo y dijo “Papá, ¿qué tal yo?”

-Disney buscaba una voz con toque de cuento de hadas, que hablara y cantara como una niña y que tuviera cierto tono de parecer de otro mundo. Desde luego, dieron en el clavo.

-Lucille Verne fue la reina. Para ciertos momentos, se quitó la dentadura postiza y el resultado, al hablar, quedó genial.

-La voz de Gruñón era la misma que la de Goofy.

-Las expresiones, vestimentas y gracias de Mudito estaban basadas en Harpo Marx, el mudo de los hermanos Marx. También contrataron a un actor de variedades para copiar movimientos y gestos.

-La apariencia de la reina recuerda de manera más que sospechosa al personaje de She, la diosa de fuego. Mirad:




Feliz Navidad... y Vigilad el cielo.