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domingo, 13 de enero de 2013

La maldición de Frankenstein


La maldición de Frankenstein
La maldición de Frankenstein (The curse of Frankenstein)
(1957)
Director: Terence Fisher
Guión   : Jimmy Sangster

Peter Cushing
Christopher Lee
Hazel Court
Robert Urquhart 




A las puertas de su ejecución, el barón Frankenstein relata su turbia historia a un sacerdote… 

Vamos allá con una joyita salida de aquel bazar de sorpresas que fue la Hammer y que tantos buenos ratos brindó (y brinda) a los aficionados al género de terror gótico y fantástico en general.
La maldición de Frankenstein es una adaptación muy libre de la famosa novela escrita por Mary Shelley y que allá por 1932 tuvo su máxima eclosión en forma de película de la Universal con el rostro de Boris Karloff. No obstante, a pesar de que el atractivo del monstruo (así como otros tales como Drácula, la momia o el hombre-lobo) duró unos años, es cierto que la magia y, sobre todo, la seriedad del mismo, se diluyó a lo largo de los años cuarenta y parte de los cincuenta haciéndole participar en comedias con Abbot y Costello al frente o mezclándolo con otros personajes de la misma línea. Fue la productora inglesa Hammer la que se encargó de resucitar y revisitar todos estos iconos del terror desde otra perspectiva pero conservando la esencia del original.

La maldición de FrankensteinLa película que hoy nos toca va a ir directa al grano, sin concesiones ni largas introducciones. Nada más empezar, oímos las campanas tristes sonar al fondo mientras un sacerdote se dispone a visitar una prisión, un modo estupendo de meter al espectador en faena. Ahí conocemos al barón Frankenstein esperando en una celda para ser ejecutado (“…En una hora estaré muerto…”) y ya se nos deja clara otra cosa: si esperas ver un remake de la versión del treinta y dos vas a llevarte una sorpresa (pero de las buenas) porque, como dije antes, esta es una versión muy libre de la novela y que no va a esclavizarse a la película en blanco y negro de la Universal. A partir de aquí, acudimos a un flash-back en el que va a tomar forma el cuerpo de la película y asistiremos a la truculenta historia del barón.

La película, para mí, es un cúmulo de puntos a favor, uno tras otro, que hacen de ella un espectáculo desde que empieza hasta que termina. Veamos…

La maldición de FrankensteinComencemos por la ambientación de época. Si hay algo que destaque de la cinta (además de otras muchas cosas, claro) es lo cuidada que está y cuyo protagonismo es evidente a lo largo de todo el metraje. Los trajes, vestidos, mobiliario y atmósfera en general están muy bien y recrean el momento en el que la historia está situada, mostrando algo que será la marca de fábrica de la Hammer y que hará que se la recuerde como unos de los mejores ejemplos de terror gótico que se han hecho nunca. Cosa curiosa: si nos fijamos, gran parte de la peli sucede en interiores, bien sean en forma de laboratorios, cárceles o de salones de la mansión del barón pero, salvo escenas contadas (el robo del cuerpo del ladrón muerto, la persecución del monstruo y poco más), todo sucede de puertas para dentro. Y, lo que es mejor, ni se nota ni es un inconveniente. Es lo que tiene tener un guión que te atrapa desde que empieza hasta que termina.

La maldición de FrankensteinOtra cosa que sí me gustaría señalar es la sutileza del cine en aquellos tiempos y que se puede apreciar con claridad en esta cinta. Veamos, si hoy se hiciera una versión del mito de Frankenstein (y se han hecho, claro. Recordad la de Kenneth Brannag no hace mucho) sería una excusa perfecta para dar rienda suelta a la casquería más variada y truculenta. No obstante, observad cómo en esta maldición que hoy nos toca todo, o casi todo, se sugiere de forma tan magistral que hace que no apartes los ojos de la pantalla. ¿Ejemplos? Varios: no vemos al ladrón ahorcado, pero sí su silueta recortada sobre el cielo nocturno; a través de diálogos, se nos dice qué va a hacer el buen barón (quitarle la cabeza, porque no le sirve) y le vemos trabajar, pero no asistimos a la carnicería. Entrevemos cerebros en tarros de cristal y sí, algún que otro ojo o manos cortadas pero, por encima de todo, se sugiere sin necesidad de mostrar. Y si la criatura se encuentra con un pobre ciego, es obvio que suponemos lo que va a suceder, pero, ¿para qué verlo? ¿No es ese un modo de mantener el interés del espectador? Pues eso…

La maldición de FrankensteinLos personajes (que no hay muchos, por cierto), están perfectamente definidos y muy bien llevados por los actores que los interpretan. Robert Urquhart como Paul Krempe está muy bien, siendo la típica voz de la razón, la moralidad y el perfecto paradigma de la buena persona: sabe cuándo frenar y cuándo decir basta. Todo lo contrario que su pupilo. Hazel Court es Elisabeth, la sufrida prometida del barón y toque femenino al canto. Y los dos mejores para el final: Christopher Lee nos regala una estupenda criatura, a camino entre malvada y desamparada, de andares inseguros (fijaos en la escena de la segunda intervención, cuando Cushing le medio afeita la cabeza y está tirado en el suelo cual piltrafa “humana”) en cuyo rostro puede apreciarse cierto gesto de pena  (salvo cuando le sale la vena asesina, claro) Y el mejor para el final: el gran Peter Cushing. Aquí el amigo se mueve como pez en el agua, bordando un personaje tan siniestro, inteligente y mujeriego como malvado y horroroso pero que mantiene a la perfección el protagonismo de la cinta. Cada palabra, cada gesto, cada acto que realiza lo define como lo que es: el gran villano de la peli. En el barón no hay lugar para remordimientos ni sentimientos de culpa (algo patente en la versión de 1932), cosa que Cushing refleja a la perfección.
 
La maldición de Frankenstein
 

¿Y el monstruo qué tal? Seamos sinceros: decir Frankenstein es invocar la imagen de Boris Karloff. Eso ha sido, es y será así. No obstante, hay que señalar que, mientras en la cinta de Whale el protagonista absoluto era el monstruo, aquí no ocurre lo mismo ya que quien se lleva casi toda la importancia es el barón. Por supuesto que la criatura interpretada por Lee tiene importancia, claro, pero no tanta como el personaje de Cushing. De hecho, si prestamos atención, los minutos en pantalla de la creación no son muchos y tampoco es que tenga tantos momentos de lucimiento (de hecho sus crímenes no salen y hay que admitir algunos son inducidos por el propio barón, como el caso de Justine y su hijo) porque es más un factor secundario que otra cosa. Por suerte, fueron lo suficientemente listos como para no dejarse arrastrar por la imagen de Karloff y el maquillaje de Pierce en el treinta y dos y aquí nos ofrecieron un monstruo que tira más a una imagen de cuerpo en descomposición (buen maquillaje el del rostro) que a alguien hecho a base de recortes y trozos de otras personas. Como nota personal, debo decir que Lee, con su estatura, abrigo negro y físico espigado incluso me ha recordado en ciertos momentos a una extraña mezcla entre el Nosferatu de Murnau y el protagonista de El gabinete del doctor Caligari.
 


La maldición de Frankenstein
 
¿Golpes de efecto? Varios. Destaco, sin duda, el momento en el que vemos a la criatura por primera vez y se quita la máscara (¿hay cierto efecto de cámara rápida ahí?), el final de la misma en el tanque de ácido que aporta el secretismo absoluto de lo que ha ocurrido o, uno que me encanta y era muy propio de la Hammer: terminar la película con los títulos de crédito mientras la acción sigue. En este caso, se trata de la preparación de la guillotina mientras Frankenstein es llevado a su destino final.
 
La maldición de Frankenstein
 
Como puede deducirse de todo lo que he escrito, me encanta esta peli. Toda una joyita del género, un notable ejemplo de buen hacer con un buen guión, una dirección más que destacable y unos actores metidos hasta las cejas en sus papeles. Todo ello tenía que dar un buen producto sí o sí y eso fue justo lo que ocurrió. Por supuesto, os recomiendo verla; merecen la pena todos y cada uno de los casi noventa que dura.

Como curiosidades, comentaros que…

…El éxito de las diabluras del barón dio como resultado un resurgir del género de terror de corte gótico utilizando personajes clásicos y el director, Terence Fisher tuvo mucho que ver en esto, ya que participó en la revisión de Drácula o el Hombre lobo.

…Al año siguiente, en 1958, Fisher escogió a Lee y Cushing para otra joya de muchos quilates: Drácula (Horror of Dracula), dando lugar a otra leyenda.

…Lee y Cushing cimentaron su amistad con esta peli. La comenzaron del modo menos terrorífico: apostando cuál de los dos imitaba mejor a los personajes de Loony Tunes, es decir, Bugs Bunny y compañía. Lo dicho, menos terrorífico imposible.

…Las barbaridades del barón Frankenstein gustaron, y mucho. De hecho, dieron lugar a una saga protagonizada por Cushing pero espaciada en el tiempo, a saber: El castigo de Frankenstein (1964), Frankenstein creó a la mujer (1967), El cerebro de Frankenstein (1969) y Frankenstein y el monstruo del infierno (1974)

¡Seguid vigilando el cielo y gracias por leerme!
 
La maldición de Frankenstein
 

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