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sábado, 8 de junio de 2013

La mano.

La mano (The hand)

(1981)
 

Director: Oliver Stone.
Guión   : Oliver Stone.

Michael Caine
Andrea Marcovicci
Annie McEnroe
Brian Ferguson
Mara Hobel







Un dibujante de cómics pierde su mano en un accidente de coche… o eso cree él.


Vamos allá con una peliculita que, a pesar de los nombres que la respaldan (nada menos que Michael Caine delante de la cámara y el mismísimo Oliver Stone tras ella) suele pasar como un producto más o menos desapercibido dentro de los cánones del género, algo así como una especie de plato de segunda categoría. Se ve que después de dirigir su primer largometraje, Tango Macabro (1974), al señor Stone le gustó eso del miedo y el suspense y se decidió por el tema de la mano sobrenatural y asesina (nada nuevo, Las manos de Orlac pueden atestiguarlo) Además, hay que decir que, después de firmar el guión de Conan el bárbaro (sí, la peli que dio fama a Arnold, dato que suele acabar eclipsado por la presencia del actor), el director adquirió fama y prestigio. Yo la he visto ya varias veces, así que aquí os traigo mis impresiones:

A favor puedo destacar que, desde luego, la peli no pierde el tiempo, ni en los personajes ni en la trama. Por eso, desde la primera escena, conocemos a los protas que van a  ser el eje de todo: Jonathan Lansdale (Caine), su esposa Ann (Andrea Marcovicci) y la pequeña de ambos, Lizzie (Mara Hobel) Si, desde ya, vemos que él se dedica a los cómics, no hace falta ser un adivino para saber qué va a pasar. No obstante, el guión se las apaña para dejarnos clara la situación familiar, ya que el matrimonio no está muy bien que digamos y la posibilidad de comprar un apartamento en Nueva York puede ser motivo para que todo se vaya al traste. A lo largo de toda la peli, los personajes se van a desarrollar, cada uno a su modo, claro. Unos por el derrotero loco/psicótico/criminal y otras por el de mujer independiente que quiere empezar de nuevo. A lo largo de la cinta, los personajes se las apañan para mostrarse todo lo humanos que pueden y debo decir que se alejan de los tópicos del héroe/heroína de turno. Sí debo decir que el de Ann, la esposa de John, no termina de caerme bien del todo ya que me da que no parece saber muy bien qué quiere pero debo admitir que es una buena excusa para que muchas de las cosas que vemos en la peli puedan suceder.

Los secundarios, por su parte, léase Brian (Bruce McGill) y Stella (Annie McEnroe), complementan, a su modo, el argumento que los principales ponen en bandeja. No más, pero tampoco menos. Y es que hay que decir que esta no es una peli en la que, precisamente, haya un elenco de personajes muy extenso (y, bien mirado, algunos, hasta me sobran)

La trama, como uno puede imaginarse, no puede ser más simple: el prota tiene un accidente, se queda sin mano y esta, como por arte de magia (muy puñetera) se dedica a masacrar al personal. Supongo que algunos te dirían que esto es un spoiler o, dicho de otro modo, datos que te pueden amargar la fiesta de la peli pero no creo que este sea el caso ya que, como dije antes, si lees el título y ves la portada, no es necesario que seas un genio para saber de qué va el asunto. Lo mismo que ya dije en el apartado de los personajes, el meollo de la cuestión no se hace esperar mucho y, si mal no he calculado, el accidente fatal (y sangriento) sucede a eso de los diez minutos, lo cual quiere decir que tienes lo que resta de metraje para deleitarte con las gracias de la mano del dibujante. No obstante, el argumento no solo va a centrarse en eso (menos mal) y es enriquecida con varias subtramas que mantienen en mayor o menos medida el interés de la cinta. Así, por un lado, está el tema de la mujer de Jonathan, Ann, que lo único que hace es amargar todavía más a su (ya amargado por circunstancias evidentes) marido. Por otro, está la historia que este tiene con una alumna (bien crecidita, por cierto) a modo de canita al aire. Y es que si tu mujer se liga a un profesor de yoga, tú haces lo propio con una alumna de psicología. Y, si no lo haces, es que eres manco y, además, tonto. De este modo, no todo en la peli son crímenes y muertes variadas: hay cierto toque de drama y, sobre todo, de misterio. Que esto guste o no, ya es cuestión de cada uno.

Ahora bien, esta es una historia que se suele englobar en el cine de terror (cosa que comentaré más abajo) Por eso, tiene una serie de escenas que me gustaría destacar. Así, me gusta esa del principio en el que la niñita juega con el rabo cortado de un lagarto mientras a este se lo manduca un gato, un modo muy curioso de mostrarnos, en forma de aperitivo, lo que ha de venir. El momento del corte de mano (que no de manga. Lo admito, chiste malo que no vienen a cuento) me parece muy bien llevado: es rápido pero se ve lo que tiene que ver y salpica lo que tiene que salpicar (que es mucho)

Sigo. Me gustan las escena del susodicho miembro arrastrándose por el campo, podrido y lleno de bichos, así como la “activación del mismo” cuando le proponen al dibujante uno que le sustituya mientras el centollo, langosta o lo que sea que tiene en el plato se mueve (cosa que, por cierto, a nadie importa un pimiento porque no dicen nada) Y es que eso de que usen un sustituto no es, a veces, buena idea. Si a esto le añadimos sueños extraños (en blanco y negro) o que los dibujos que ha hecho tu sustituto han sido tachados de manera muy poco artística, tenemos un complemento bastante bien llevado entre lo escatológico y terrorífico con lo misterioso. Eso, por supuesto, con el toquecito de drama al que he hecho mención antes.

Los actores me parecen normalitos, si bien es cierto que todo el peso de esta peli recae sobre Michael Caine y creo que, de no estar él, la cinta estaría en un olvido más oscuro aún del que está habitualmente.  Andrea Marcovicci, como Ann, me queda un poquito simple y sosa y debo reconocer que el personaje me cae mal porque no sé muy bien qué quiere: al principio dice que quiere hablar y quince minutos después quiere poner tierra de por medio largándose a la ciudad. Bruce McGill como Brian es un mero apoyo y una excusa perfecta para ser cadáver. Annie McEnroe haciendo de Stella aporta un pelín de drama y tensión y es el personaje ideal para que haya desnudo y sexo de por medio (eso sí, me gusta los ojos que pone cuando la vemos en el maletero del coche) Y la chica es arrojada ya que se queja a su profesor (un desconocido) que el chico que le mola no la mira el culo y, segundos después, se queda en pelotas ante el primero. Misterios de la docencia…

En cuanto a Michael Caine, debo decir que sí me gusta y, repito, sin él, ya veríamos dónde hubiera acabado la peli. Bien cierto es que, si buscas en Internet, las opiniones acerca de su actuación en esta peli están divididas: unos creen que lo hace muy bien y otros, si bien no es que digan que lo hace mal, sí opinan que se pasa de histriónico y que, en definitiva, sobreactúa un pelín. Yo creo que me pongo con los del primer grupo. Me gusta cómo lo hace y tengo que mencionar de manera especial sus momentos de lunático entre los que incluyo ese en el que se entera de que Stella se va (vaya cara de Lado Oscuro) y la escena final con la doctora (que no sé de dónde sale) Eso sí, reconozco que en las dos escenas en las que hace el amor, el amigo Caine peca un poquito de impasible y cara de cartón (entiendo que tu mano sea artificial pero SOLO tu mano)

Como aspectos que no me han gustado mucho debo destacar unos cuantos. Para empezar, la total ausencia de sorpresa que supone la totalidad de la peli. Si la ves sabes a lo que te vas a enfrentar y, digo yo, debió de ser muy difícil dar originalidad al tema pero lo que se dice sorprenderte, no te vas a sorprender. Como dije antes, suele hablarse de esta cinta dentro del tópico de cine de terror pero yo la enmarcararía más bien en el de misterio o, si lo queréis, un drama considerable (un tío al que le amputan su mano, instrumento de trabajo, cambio de profesión (de dibujante de éxito a profe rutinario, oscuro y desmotivado), situación familiar desastrosa, cuernos por ambas partes, amnesia peligrosa…) con puntos de misterio basados en un aspecto demasiado sobrenatural. Para mí, le hace falta emoción, terror y sustos. Siempre me ha parecido que la acción se enrolla mucho con las grilladas del dibujante y deja de lado el tema terrorífico propiamente dicho pero, por supuesto, es mi opinión.  Y, sí, para mí, el final tiene mucho de Psicosis. Con sus variaciones, pero ahí queda.

¿La recomiendo? Para pasar un ratito curioso, sí. No es el colmo del terror (¡ni mucho menos!) pero estoy seguro de que pasarás ciento y poco minutos más o menos distraído. Eso sí, puede que la olvides rápido y, como mucho, se te quede alguna escenita de con mano incluida, pero poco más.

Como curiosidades os digo que:

-El tema de la mano que hace de las suyas es cualquier cosa menos novedoso. Ahí tenemos Las manos de Orlac, Ahora empiezan los gritos (puedes leer la reseña aquí) o una de las historias de El doctor Terror y la casa de los horrores, en concreto, el episodio del crítico de arte con Christopher Lee y Michael Cough (reseña disponible aquí)

-Michael Caine no fue la primera opción. Primero se pensó en Jon Voight, Christopher Walken o Dustin Hoffman. Todos ellos rechazaron el papel.

-Caine es un tipo sincero: aceptó hacer la peli para pagarse las obras de su nuevo garaje, cosa que demuestra que el glamour de Hollywood, a veces, no lo es tal. Y al amigo ha confesado que ha hecho algunas pelis para pagarse caprichos. Si yo pudiera, haría lo mismo.

-Una cosa que no me queda clara: cuando Stella va a ver a Jonathan, le entrega un bloc de dibujo conde vemos el dibujo de una chica montada (sexualmente hablando) en una mano. Luego se dice que el dibujo lo hizo él. A ver, ¿quién de los dos hizo el dibujo?

-Al final, ¿él está en un psiquiátrico? A mí me parece cualquier sala de interrogatorios de Expediente X.

-Hablando de esta escena, vaya seguridad cutre: un lunático a solas con una doctora.

-Bien mirado, el amigo dibujante escondía un lado oscuro y asesino considerable, ¿no?

-Como nota personal: ojalá se hubiera cargado a Ann y al profe de Yoga. Cuestión de gustos.

-El borracho de la calle es Oliver Stone.
Vigilad el cielo.
  

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