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domingo, 28 de abril de 2013

El ladrón de Bagdad



 
 

El ladrón de Bagdad (The thief of Bagdad)
 
(1940)
Director: Ludwig Berger, Michael Powell, Alexander Korda
Guión    : Miles Malleson, Lajos Biró 
Sabu
John Justin
June Duprez
Conrad Veidt
Miles Malleson
Rex Ingram

 
 
El malvado visir Jaffar ha planeado un diabólico plan para acabar con el rey Ahmad…
 
 

Esta película no solo es un clásico, sino que es una peli de AVENTURAS. Así, con mayúsculas. Y, además, de las buenas, de esas donde los buenos son muy buenos, los malos malísimos y hay un montón de situaciones peligrosas y fantásticas que tienen que atravesar. Cosa curiosa, para que veáis que el fenómeno remake viene de largo, es una nueva versión de la película muda del mismo nombre protagonizada por Douglas Fairbanks y filmada, ahí es nada, en 1924 (que, por cierto, es otra gozada de ver y espero reseñar en breve)
 
Esta película, para mí, es un cúmulo de puntos a favor; cada uno, más importante y mayor que el anterior.
Para empezar, lo que primero entra por los ojos son dos cosas. Por un lado, el tremendo colorido que va a imperar a lo largo de todo el metraje. Ved el mar tan azul del principio, el color de las velas o el vestuario de cualquiera de los personajes (ese rojo tan vivo e intenso me encanta) Por otro, la espectacular ambientación de la que vamos a ser testigos. Aquí, los decorados, las casas, las calles, los palacios, el vestuario o el atrezo de los personajes es simple y llanamente sublime. Yo, de manera particular, me quedo con cualquier secuencia que ocurre  dentro de cualquier palacio o en alguna terraza de los mismos. Fijaos cómo simulan el cielo mediante decorados degradados. ¿Más ejemplos? Atentos al momento de la llegada de la princesa al palacio de su padre (montada en un elefante enorme), el palacio del propio sultán, lleno de juguetes o, uno de los más espectaculares, por decorado y miniaturas, el de la Diosa de la Luz que tiene el ojo que todo lo ve. Ah, y todo esto, sin utilizar el ordenador. Tremendo.
 
 
Todo esto puede aplicarse también al vestuario, que está cuidado con mimo hasta el más mínimo detalle. Los trajes principescos, ya sea para ellos o para ellas, resultan deliciosos. Incluso Jaffar, cuando no va de negro, luce palmito.
 
 
La película, como dije antes, es pura aventura. Aquí pasan un montón de cosas muy variadas que van desde enfrentarse a los misterios de un palacio de fantasía (en busca del Ojo que todo lo ve), enfrentarse a genios gigantescos o a malos de los de toda la vida (como debe ser) pasando por escapar de cárceles oscuras, volar en alfombras voladoras o salir pitando por robar la miel más dulce y deliciosa de la ciudad. Por supuesto, no hay que olvidar malvados visires que son tan malas personas como buenos brujos, capaces de dejar ciego a un rey o convertir en un chucho a un ladronzuelo. Por eso, si hay algo que me gusta mucho de esta peli es que, nada más empezar, el espectador se ve transportado a la mitad de la acción, es decir, no somos testigos de cómo empiezan las cosas, sino que nos vemos en mitad de todo una vez ya empezado (como sucede, por ejemplo, en La guerra de las galaxias). De ahí que la peli empiece hablando de un ciego al cual se busca y que ha sido hallado o de una princesa a la que le pasa algo. De este modo, es imposible no meterse de lleno en la trama, verte trasportado a esa maravillosa a ventura que estás a punto de vivir de la mano de los diferentes personajes.  Y esto me lleva a lo que es para mí un gran acierto: mucha parte del metraje es un buen flash back que nos cuenta por qué Ahmad está como está y qué pasa con Jaffar. Muy, muy bueno.
En una película de corte tan clásico como esta los personajes no pueden dan lugar a ambigüedades. Por eso, aquí, los buenos son buenos con ganas y los malos malvados con avaricia aunque Jaffar es vulnerable a algo mucho más poderoso que la magia o las riquezas: al amor por la princesa. Ah, y las princesas guapas con locura. Y, claro está, el malo odia al bueno, este a él y, por supuesto, la princesa está bajo un hechizo que la hace dormir y el rey todopoderoso (venido a menos) tiene por compañero de aventuras a un ladronzuelo, Abu, sinvergüenza pero fiel como él solo. Todo al más estilo clásico pero, justo por eso, qué bien queda. Y que no se me olvide, los reyes, ya sean reales o imaginarios (esos que aparecen en mitad del desierto fruto de la imaginación de los niños. ¡Señor, qué bien suena eso!) son ancianetes, de pelo blanco, rechonchos y con joyas hasta las cejas. Unos juegan como niños y otro regalan alfombras voladoras, pero ahí queda…
La princesa.


El rey.
 
 
El ladrón.
 

Pasamos a un aspecto fundamental y que, vista la fecha en que se realizó la peli, puede sorprender a más de uno: los efectos especiales. No te dejes llevar por el lado oscuro de lo tiquismiquis y despreciar la peli por “quedarse antigua”. Aquí efectos hay a patadas y son muy variados: las maquetas y miniaturas de palacios y ciudades son soberbios (repito, me quedo con el palacio del Ojo que todo lo ve y la espectacular figura por la que escala Abu), los caballos voladores está muy bien hechos, lo mismo que la aparición del genio gigantesco que no deja de reír o cuando queda confinado en su botella. El efecto de las alfombras voladoras me parece muy conseguido y, cómo no, hay sus toques monstruosos en forma de arañas gigantescas, con sus telas kilométricas o pulpos enormes (digo yo que es un pulpo) esperando en la superficie de un foso. Cosa curiosa, si bien es verdad que todo esto me encanta, yo me quedo con uno mucho más “sencillo” que todo esto: el juguete asesino en forma de mujer azul de muchos brazos que Jaffar regala al sultán. Está claro que hay muchas mujeres ahí pero… ¡qué bien hecho está! ¿Algunos se notan? Sí, como el pie enorme del genio tratando de aplastar a Abu o el efecto volador del mismo. ¿Y qué? ¿No canta la infografía hoy día que da gusto? Os dejo unas cuantas muestras porque hay cosas que hay que ver para creer:
 
 
 
No puedo pasar por alto algo fundamental en esta cinta: la banda sonora tan espectacular que el maestro Miklos Rozsa hizo para ella. Hay, desde momentos trepidantes hasta románticos como ellos solos y, como solía suceder con las obras de Rozsa (ahí tenéis Ben-Hur, Quo Vadis? o Rey de Reyes), todas ellas tarareables y hasta se atreve con canciones. Impresionante.
Paso a los actores. Para mí, todos muy bien y están metidos en sus papeles hasta el turbante o la corona, según de quién hablemos. Empiezo con John Justin como Ahmad, que me resulta muy bien, ya sea de rey incomprendido o de vagabundo en busca de su trono perdido. Quizás siempre me ha parecido un poco esquelético pero lo digo como mera curiosidad ya que, por suerte, en aquella época no era como ahora, que todos parecen pasados por el gimnasio y entrenan a lo bestia para una escena de minuto y medio donde se ven bíceps y tríceps. Ah y, no sé por qué, este hombre siempre me ha recordado un poco a  George Harrison, el de los Beatles (grillada particular mía) Con todo, buen Ahmad. Lo mismo puedo decir de June Duprez, la princesa morenaza que borda el cliché de toda princesa de cuento: guapa, frágil y, a la vez, valiente. Y paso a mis dos favoritos. El primero, claro está, Conrad Veidt como el malvado, rastrero, mentiroso y traicionero visir Jaffar. Veidt (por si no lo sabes, sale en Casablanca y es el protagonista de esa joyas mudas El gabinete del doctor Caligari o El hombre que ríe) nos da una lección magistral de cómo tiene que ser un malo a la antigua usanza. Sus gestos, su porte, sus vestiduras (casi siempre de negro) y esa mirada malvada en contraste con los ojos claros (¿azules?) del actor ofrecen una interpretación inolvidable de un personaje que puede matar a un rey por medio de un juguete, dejar ciego a otro o convertir a alguien en perro, pero ser un cachorrito dócil y obediente por poder abrazar a la bella princesa y obtener su amor. Todo hará que, desde luego, recuerdes muchas cosas de la peli pero él, seguro, será una de ellas. Y mi segundo favorito, Sabu en el papel de Abu, que brinda el “mozalbete” (como dicen en la peli) y vagabundo ideal como compañero del héroe y que, sin duda, ostenta el papel de protagonista de manera más que digna. Sabu es el héroe perfecto que cumple el ideal de siempre: empezar siendo una cosa y acabar con otra, aunque, bien mirado, al final, el muchacho haga pellas del destino que le aguarda en palacio. ¿Hay más aparte de estos cinco? Sí, claro. Me encanta Rex Ingram como genio de mirada malvada y risa de loco y, cómo no, Miles Malleson como el sultán anciano con mentalidad y gustos de niño (está muy maquillado pero te puedo decir que sale en Drácula como responsable de la morgue) y que, dicho sea de paso, firma el guión. 

 
 
¿Aspectos mejorables? Yo señalaría un par de cositas que, quizás, entren más dentro de la categoría de la curiosidad que otra cosa. Por ejemplo, creo que, para ser un vagabundillo, Abu usa, a veces, un lenguaje demasiado rebuscado y petulante (os dejo el video). A veces, la música me resulta que está demasiado alta con respecto a los diálogos, al menos, en la copia que yo tengo (y la tengo en el viejo VHS) y en DVD pero, lo admito, no sé si esto es así o por el tipo de mezcla que hicieron en su momento al doblarla. Ah, y, sí, en las escenas finales, se nota que cortaron el pelo a Sabu y contrasta con otras que tiene el pelo más largo. Esto no lo considero fallo porque, si habéis visto El ejército de las tinieblas, ocurre lo mismo con Bruce Campbell (y esta peli es de muuuchos años después)
 
 
Pero, sin duda, el gran PERO de esta peli es algo que, en realidad, no es de ella, al menos no originalmente. Me refiero, cómo no, a una cosita que, cuando la veas, te va a llamar mucho la atención y es el motivo de que en muchos foros, blogs y discusiones acerca de la misma muchos (a veces, con razón) pongan el grito en el cielo: el doblaje. Pero no el todo el doblaje de la cinta que, para mí, es soberbio. Me refiero al de un personaje en concreto: el de Abu (seguro que has lo has notado si has dado al play en el vídeo anterior). Y esto es así porque al actor le dobló una mujer y, para que no se notase, la actriz de doblaje digamos que lo hizo hablando unas veinte octavas por debajo de su tono y timbre habituales. Esto hizo que, en determinados momentos, se note que es una voz femenina y, en otros, resulte muy forzada tratando de parecer fuerte. Debo admitir que, cuando lo escuché por primera vez pensé “¿Qué es esto?” pero, a fuerza de verla (y ya van muchas veces y las que quedan) tengo que reconocer que me he acostumbrado y me gusta, de forma que lo veo como una de las señas de identidad de la peli. Quizás al principio te choque un poco pero, de veras, creo que la actriz hizo un buen trabajo. Por cierto, fue Vicky Udaeta. He investigado acerca de esta mujer y se ve que se especializó en doblar a hombres, ya que también fue la voz de Mickey Rooney en varias pelis y, de nuevo, de Sabu en El libro de la selva.
Pues hasta aquí puedo escribir. Esta peli hay que verla. Puro espectáculo, diversión de la buena y de la de siempre, una de esas cintas irrepetibles que te hacen volver a ser un crío y creer que, de verdad, el cine es pura magia porque, por encima de todo, es una excelente película donde todo cuadra a la perfección. Claro está, tuvo una nueva versión en 1961 con el cachas de Steve Reeves partiendo cabezas.
No sé vosotros, pero servidor reza para que a ningún avispado de Hollywood se le ocurra la feliz idea de hacer un remake.
Vigilad el cielo.
 

2 comentarios:

  1. A veces, la varita de la gracia toca a determinadas películas y les da un aura que sobrepasa su simple palnteamiento de entretenimiento. A pesar de los avatares de la guerrra, esta película ( como Casablanca) tiene algo especial que te engancha y vuelves a sentior la magia de ser niño.

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    1. Estoy completamente de acuerdo contigo. Esta peli es pura magia y eso lo demuestra en cada segundo de proyección.

      ¡Gracias y espero leerte pronto!

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