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sábado, 3 de noviembre de 2012

La galaxia del terror



La galaxia del terror (Galaxy of terror)
(1981)
Director: B. D. Clark
Guión   : Marc Siegler, B. D. Clark

Edward Albert
Erin Moran
Zalman King
Taaffe O’Connell
Bernard Behrens
Grace Zabriskie
Sid Haig
Robert Englund







En una misión de rescate, unos astronautas deberán enfrentarse a monstruos en un extraño y hostil planeta…
En este universo hay una máxima fuera de toda duda: si alguien hace algo con mucho éxito, le salen imitadores a patadas. Pensad cuántas veces hemos visto sucedáneos de las naves de La guerra de las galaxias, gremlins variados o extraterrestres haciendo de las suyas. Pues esta vez le toca el turno a un “afluente” de Alien, el octavo pasajero. ¿A qué os recuerda una expedición de astronautas que va en busca de otros desaparecidos a un planeta tenebroso y son atacados por entes extraterrestres? Pues eso…

Veamos. La película no es ninguna maravilla del séptimo arte y, según donde mires, la califican de cutre, mal hecha, pasable o mala con ganas. Bueno, lo único que puedo decir es lo que sigue:

Hay que admitir que la empieza bien: un tipo huye mientras es acosado por algo que, como es obvio, le atrapa. Muy bien. Luego pasamos a los que van a ser los protas y, de paso, asistimos al despliegue de ciencia ficción tan propio de la época: nombres raros, terminología extraña y naves espaciales. Por cierto, vale, estas son maquetas pero, lo poco que salen en vuelo, me parece bastante bien conseguido, las cosas claras. Lo mismo que el misterioso planeta Morgantus y que, sí, nada más ver su superficie, recuerda al de alien que tumba, sonido de viento de fondo incluido.

Pero no olvidemos que esta es una película de ciencia ficción con toques de terror de la época (1981, ahí es nada) Y eso quiere decir que aquí, por narices, debe de haber monstruos, sangre y casquería. Y de la que se ve, que esto es una cinta pre-CGI y eso debe notarse. Ved el ataque a Cos (que se pasa gritando casi todo lo poco que sale pero bueno, eso tampoco importa mucho),  el ataque del gusano gigante a Dameia (y que más tarde comentaré por otra razón) o la escena que más me ha gustado de toda la película: Quod con su brazo mutilado que, por cierto, está muy bien hecho.

La película, dentro de sus posibilidades (que me da que, con respecto al presupuesto no eran muchas) mantiene el misterio todo lo que puede ayudándose de algún que otro golpe de efecto y de una atmósfera bastante lúgubre que está muy bien conseguida, como, por ejemplo, las tomas exteriores de la pirámide misteriosa. No se sabe muy bien lo que es y los personajes lo único que pueden hacer es especular acerca de ella pero eso viene bien porque todo ello obliga al espectador a hacer los mismo. ¿Para qué dar más información de la necesaria si, de este modo, puede mantenerse el misterio?

 
Pero la fama que tiene esta cinta (léase como dije antes cutre, imitadora de otras…) no puede ser casual y, como todo en la vida, debe tener una explicación. Bueno, en este caso, varias. Todas ellas en forma de momentos raros que muchos (y no sin cierta razón) no dudan en calificar (de nuevo) de cutres, esas pequeñas cositas que hace años lo mismo pasaban desapercibidas pero que hoy día cantan como un CD chirriante. ¿Ejemplos? Ahí van unos pocos: música de sintetizador al parecer el título de la peli, acompañado por el sonidito láser de turno, el pelo gris de la capitana se nota que no corresponde con las facciones de la actriz o muchos colorines, botones y gráficos desfasados (que en la época quedarían chulísimos, esto hay que admitirlo) al comienzo. Pero, si nos metemos ya en la narración e historia propiamente dichas, podemos encontrarnos con algunas cosillas que puede que  no nos cuadren demasiado. Por ejemplo, ¿por qué Cos tiene tanto miedo y vomita cuando ve algo extraño? Resulta que los muchachos encuentran el primer cadáver y, sin pensárselo dos veces, lo queman porque sí (menos mal que luego, con otros, deciden analizarlos) Pero, una cosa muy curiosa acerca de la trama en sí, es que, si uno se para a pensarlo en frío, no sabemos muy bien qué buscan. Vale, iban por la tripulación desaparecida pero, una vez confirman que todos están muertos, ¿para qué se quedan ahí y siguen explorando, metiéndose en esa pirámide extraña y tenebrosa donde las cosas se complican mucho? Pero, si de ralladuras mentales  hablamos(al margen de la de la capitana, que juega a las maquinitas, o la de Baelon, que tiene instintos asesinos y le gusta disparar más que las vacaciones a un profe) tengo que hacer referencia a la escena más rara de toda la peli: me refiero a cuando el gusano gigante extraterrestre ataca a la rubia, guapa y maciza del grupo, Dameia, ejemplo de personaje arquetípico de la época y que, bajo distintos roles, siempre aparecía en producciones de este tipo. ¿Qué hace el bicho? La babea, vale, pero ¿por qué la despelota? Que la chica está de buen ver es obvio pero que usen al pobre monstruito como excusa para dejarla como Dios la trajo al mundo (nótese que ni se la come, ni la devora, ni nada de nada; sólo la babea, supongo que por aquello de que las ropas se deslicen mejor) está un poco traído por los pelos pero en fin… Vamos, que seas gusano espacial o no, una rubia potentorra, es una rubia potentorra. Os dejo el fragmento:

 

Con respecto a los actores, lo único que puedo decir es que están sin más ni más. Alguno, como Zalman King haciendo de Baelon, quizás, se pase poniendo caras de duro enloquecido. Grace Zabriskie da un poquito el cante cuando le afecta la locura. El resto, como digo, ahí queda. Ah, sí, habéis visto bien: uno de la tripulación, Ranger, es Robert Englund, nada menos que Freddy Krueger.

¿Y el final? ¿Puede una película así terminar bien? Pues no sabría explicarlo porque si digo que todo es, a fin de cuentas un juguete de niños (y si veis la peli lo entenderéis) y hay personajes que dan la sorpresa  (léase Kore o Cabren), dicho queda. Otra cosa es que todo tenga sentido que, lo admito, no me resulta fácil de comprender.

En fin, toda una película de serie B en todos y cada uno de sus aspectos que, como puede verse, nació y creció (¿y murió?) a la sombra de otra mucho más famosa, un producto típico de la época que en su momento, casi con toda seguridad, alquilamos, vimos y olvidamos. Por suerte o por desgracia, eso va en gustos, no lo olvidemos. Aquí la tenemos para, al menos, recordarla.

Vigilad el cielo…

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