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sábado, 7 de julio de 2012

Déjame entrar

Déjame entrar (Let me in)
(2010)

Director: Matt Reeves
Guión   : Matt Reeves, John Ajvide Lindqvist


Chloë Grace Moretz
Kodi Smit-McPhee
Richard Jenkins
Elias Koteas




Un niño, acosado por la vida, ve que una nueva vecina se instala junto a su casa. Pero la niña esconde un horrible secreto…


Antes de entrar en faena, me gustaría aclarar una cosita con respecto a este título. Y digo esto porque yo mismo me he liado. Cuando se habla de Déjame entrar hay DOS películas. Una es del año 2008, sueca, dirigida por Tom Alfredson. La otra, es la que voy a reseñar, de 2010 y americana. Y es que ya sabemos que, muchas veces, cuando una película en Europa tiene éxito, en Hollywood se lanzan a por ello dando su versión. Ahí quedan los ejemplos de Vanilla Sky (Abre los ojos), The ring (Ringu), Los hombres que no amaban a las mujeres (basada en la película del mismo título) etc...

Hoy le toca el turno a una película que me ha parecido una nueva vuelta de tuerca a un tema más que conocido por todos: el vampirismo. Pero, esta vez, menos mal, nos vamos a olvidar de los tópicos de siempre (más o menos, claro. Algunos como la sangre, los mordiscos bestiales y la luz solar haciendo de las suyas imperan. Y es que no todo pueden ser vampiros guapos y despeinados con remordimientos de conciencia) y nos vamos a centrar en la historia de un par de niños en la que uno de ellos, claro está, es un vampiro de pies a cabeza… o, mejor dicho, vampira. ¿Le quita eso el carácter monstruoso que el personaje lleva implícito? Ni por asomo. Y es que, como dijo George Lucas una vez, un niño puede llegar a ser el monstruo más malvado de todo el universo.

Pues bien, esas proféticas palabras no andan muy descaminadas con la cinta que hoy nos toca. Veamos…

La película empieza muy bien, con un personaje misterioso que, al parecer, ha tenido un accidente en el que se ha deformado su rostro. Ok, todo muy oscuro y enganchando el interés del espectador, como debe ser. A fin de cuentas, es lo que pasa cuando tenemos única y exclusivamente la información que el guión nos quiere dar y no más. ¿Para qué saber más de lo necesario? Y lo de muy misterioso es algo que va a predominar, y mucho, a lo largo de la primera parte de la cinta. Entonces, desde esta escena inicial, acudimos a un flash back en el que se nos va a contar toda la historia con sus misteriosos (repito a posta, claro), acontecimientos. Y es que, lo digo de nuevo ¿para qué desvelar todo de golpe si tenemos dos horas de proyección por delante?

Aunque lo parezca, el amigo no es vampiro.
Así, sabemos quiénes van a ser los protagonistas de esta historia: nada de adultos. Ese es otro de los puntos a favor de esta película. ¿Por qué los vampiros siempre deben ser adultos o, como en cierta saga reciente, adolescentes? Por eso, conocemos a Owen (Kodi Smit-McPhee), un niño raro, friki y objeto de todas y cada una de las burlas de los gamberros del colegio. Resulta tan lastimoso que el espectador, en seguida, siente simpatía por él. La película sigue con tranquilidad. Nos presenta con calma (quizás demasiada) el entorno del chaval y todo lo que le rodea, como unos padres que se están separando y una madre que, aparte de estar obsesionada con el dogma católico, es obvio que también está hecha polvo (y a la que nunca vemos la cara. Curioso.) A ello debemos añadir que hay vecinos nuevos bastante raros y que se producen unos asesinatos muy extraños. Y así, nos damos cuenta de que han pasado veinticinco minutos de metraje y no podemos decir de qué va en realidad la peli, cuál es el meollo de todo. Es cuando conocemos a la vecinita nueva, Abby (Chloë Grace Moretz), maloliente, rarita y que no usa zapatos en mitad de la nieve, cuando comenzamos a atar cabos. Y sí, la niña es tan misteriosa como todo el aire que se respira en el ambiente.

Si digo esto parece que estoy haciendo referencia a una película aburrida donde no pasan cosas. Ojo, que no es así porque, como dije antes, hay un halo enigmático rodeando a todo el conjunto que estalla en una buena escena: el primer ataque de la pequeña vampira. Muy bien llevado; lo vemos desde la distancia en mitad de las sombras, aderezado con gritos, gruñidos y estertores variados (¿Quién ha dicho que la sangre debe salpicar por todos lados?) A partir de aquí, somos testigos de cómo la relación entre Owen y Abby se va consolidando poco a poco a pesar de que se producen otros ataques. Y es que todos lo sabemos: ninguno cala tan hondo como el primer amor. Que la que te encandile sea la niña más mona del cole o la vecina vampiro ya son variantes que no se pueden controlar. Por suerte para el espectador ávido de golpes de efecto (como este que escribe, no puedo evitarlo), destaco, sin duda, la escena en la que la segunda atacada es destruida por la luz del sol en la habitación de hospital y la que ocurre al final con los gamberros en la piscina. Son momentos más o menos truculentos pero, en mi opinión, bastante bien llevados ya que no terminan de mostrar todo (salvo la del mencionado hospital) y da pie al espectador que se pregunte (o imagine) qué demonios está pasando (sobre todo en la escena de la piscina) Muy buen detalle ya que, al menos, para mí, cala más hondo oír gritos y sombras que se mueven rápido que ver todo de manera explícita.

Abby cabreada o, mejor dicho, en su estado natural: vampírica.

Los actores cumplen, si bien es cierto que aquí el peso lo llevan los dos críos, Smit-McPhee y Grace Moretz. Él, sobre todo, tan flaquito, con cara de pena y palidez sin necesidad de ser vampiro, queda muy bien en el papel. La chica, es una buena réplica vampírica, dulce, adorable y vulnerable cuando corresponde pero, en otras ocasiones, como uno puede suponer, es un monstruo en el sentido más pleno de la palabra. Y es que siempre he dicho que así deben ser los vampiros: malos, sanguinarios, asquerosos y con su toque animal. ¡Se acabaron los gimnasios y las ropas caras!
Vampírico o no, qué bonito es el amor...

¿En contra? Pues, la verdad, no mucho porque, como puede verse, a mí esta película me ha gustado bastante. Lo único que podría señalar es que, quizás, pierda un poco de empuje a partir de la primera hora de metraje pero esto no deja de ser inevitable ya que, después de todo ese misterio en la primera mitad, ya sabemos por dónde pueden ir los derroteros de la cinta y el factor sorpresa queda un poquito menguado. Eso sí, el final me parece muy sencillito pero, también, muy original. Y es que una película de monstruos no tiene por qué acabar como uno espera, es decir, destruyendo a la bestia de turno (Vale, ya no digo más)

Con todo, recomiendo verla. Una película que, dentro de los cánones del cine de  vampiros, destaca por su originalidad al alejarse de los tópicos de siempre pero, a su vez, no se aleja de los aspectos más importantes. Y es que ser original es muy difícil y más hoy día. Menos mal que todavía hay cintas como esta que mantienen la esperanza y, sobre todo, el interés durante dos horas de proyección y, de paso, nos recuerdan que, de toda la vida, los vampiros han sido malos, feos y sanguinarios. Da igual la edad que tengan…

Pues, no lo dudéis, dejad entrar a la pequeña Abby y a pasar un buen rato. Yo, al menos, eso he hecho y no me he arrepentido en absoluto.

Vigilad el cielo… a los vecinos… y a sus hijas.

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