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sábado, 4 de febrero de 2012

La bestia debe morir

La bestia debe morir (The beast must die)
(1974)
Director: Paul Annett
Guión    : Michael Winder 
Calvin Lockhart
Peter Cushing
Marlene Clark
Charles Gray
Anton Diffring
Ciaran Madden
Michael Gambon
Tom Chadbon
Sam Mansaray
Andrew Lodge
Eric Carte 



Un cazador reúne a un variopinto grupo de personas que tiene que tienen en común un pasado desconcertante. Uno de ellos es un hombre lobo…

Antes de empezar, dejemos clara una cosa: no todo lo que lleve vampiros, hombres lobo o cualquier icono del cine de terror tiene por qué llevar la coletilla de “película de miedo” Desde este punto de vista, la saga de Crepúsculo debería ser calificada como terror, lo mismo que la de la Momia de Stephen Sommers y Rob Cohen. Y nada más lejos de la realidad.
Y es que el terror es un género de lo más moldeable y en él pueden tener cabida muchas y muy variadas cosas. Como todo en la vida, depende del buen hacer de los responsables y de cómo se salga de determinadas situaciones. Los tópicos están siempre ahí y es muy difícil encontrar una cinta que de veras sorprenda por algo más que no sean los efectos especiales. Por suerte, hay excepciones a la regla, como esta bestia que se obstina en no morir, que  hacen que el gustillo por el cine de terror se renueve y, por otra parte, nos haga recordar eso de que tiempos pasados eran mejores.
Calvin Lockhart empeñado en cazar al
hombre lobo.
 Ya desde el principio la película arranca con una premisa de lo más original: una reunión de amiguetes para desenmascarar a un hombre lobo es, como poco, digno de quitarse el sombrero. Y, al empezar, se nos deja claro que esta no es una película de terror convencional, más que nada porque el narrador te lo dice. Sí, hay una bestia de por medio ya que si no el título sería el colmo del cachondeo pero, sobre todo, estamos ante una historia de detectives. Y ahí es donde la película gana muchos puntos, ya que su atractivo no estriba en ver transformaciones llenas de gritos, pelos o uñas, sino en un afán más que evidente por hacernos partícipes de una trama que rinde un más que claro  homenaje a los planteamientos de Agatha Christie: un grupo de personas aisladas, un problema (sobrenatural) en medio y una serie de pistas falsas que hacen que, cuando la cinta ya está avanzada, se dude de todo el mundo. Ya de entrada, con la escena de persecución inicial uno se pregunta de qué puede ir todo eso pero se las apañan para que sigas mirando a ver qué pasa.
Peter Cushing en plena acción
¡Qué grande!
¿Más puntos a favor? Los actores cumplen muy bien pero, cómo no, hay que destacar al gran Peter Cushing, que irradia tal naturalidad que de veras te crees que el hombre sea médico (lo mismo sucede en Drácula. Nota curiosa, al actor le dobla en ambas películas el mismo gran profesional del doblaje español, José Guardiola) Por otra parte, no esperéis casquería porque, como ya dije antes, las buenas historias de misterio no la necesitan (ved El ladrón de cadáveres, y lo comprenderéis) Hay muertes, claro está, pero se insinúan porque no siempre hace falta que la sangre salpique la cámara. Pero, historia y actores aparte, lo más original de la película es el narrador en off que abre la cinta y, cuando queda poco, interrumpe la película no sólo para preguntarte si ya has decidido quién es el asesino: te hace un repasito de todo y te da tiempo, treinta segundos para contestar. Ahí es nada…
Pero no todo puede ser perfecto porque, por suerte, la perfección no existe. Es cierto que la película tiene un aire setentero brutal. Hay quien dice que uno de los puntos flacos de esta cinta es la escasez de presupuesto. Puede ser porque, desde luego, efectos espectaculares no hay y las pocas escenas de acción ocurren de noche donde se ve muy poco. Incluso se podría decir que no hay efectos salvo por el desenlace final. Por eso el lobo aquí es una especie de perro gigante, olvidando eso de hombres maquillados babeando tanto como aúllan. Alguno (entre ellos este que escribe) puede pensar que el personaje principal de Calvin Lockhart no es que rebose simpatía; es más, hasta puede caer un poquito gordo porque cualquiera en una situación así no hubiera aguantado más de dos minutos y le hubiera pateado la cabeza. Pues sí, es verdad pero, como ya dije, no todo puede ser maravilloso y si quitamos eso, no tendríamos película…
            En fin, un caso raro dentro del cine de terror que antepone la originalidad a la casquería y que se ve con agrado y cierta nostalgia. Toda una historia de misterio que lleva a una sorpresa final que pone la guinda a un pastel muy bien horneado y cuyo sabor es de los que no se olvidan. Y es que ojalá los estudios hoy día se currasen los argumentos tanto como los de esta cinta.
            ¡A disfrutar!                                      

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