La tumba de Ligeia.
The tomb of Ligeia.
1964
Director: Roger Corman
Guión : Robert
Towne
Vincent Price.
Elizabeth Shepherd.
John Westbrook.
Derek Francis.
Oliver Johnson.
Lady
Ligeia ha muerto. Su viudo, Verden, encontrará el amor en otra mujer: lady Rowena…
Esta
película es una de las muchas que el realizador Roger Corman hizo en los
sesenta y que tuvieron como eje principal estar basadas, de manera muy libre,
claro, en los famosos relatos cortos de Edgar Allan Poe. En esta ocasión, como
en muchas (la mayoría de ellas) va a
tener como protagonista al gran Vincent Price que, otra vez, se desenvuelve
como pez en el agua en un papel a caballo entre lo dramático y lo siniestro,
personajes que, por cierto, le marcaron para el resto de su carrera.
A
favor puedo decir que…
El
comienzo está muy bien y es realmente prometedor: unos hombres llevan un ataúd.
Nos enteramos que la difunta es Ligeia y que su viudo es Verden (Price) Dicho
de otra forma: un modo estupendo de meter al espectador en situación. Y, por si
no queda claro el tipo de terror que vamos a tener por delante, atentos a las
palabras del cura: “…No puede enterrarla
en tierra sagrada, no era cristiana…” Y es aquí donde vemos un momento que
es una de los que más me gustan de la peli: un gato negro (claro) salta sobre
el ataúd y hace que el cadáver abra los ojos. Es un hecho que no afecta a la
historia en lo más mínimo pero queda muy bien, un modo de que el personal de un
pequeño respingo y, de paso, clave los ojos en la pantalla para ver qué pasa luego.
Y la sonrisa de Price después de abrir el ataúd y cerrar los ojos de su mujer,
no tiene precio. Qué grande.
A
lo largo de todo el inicio, con presentación de otros personajes incluida (Rowena,
Christopher), se va planteando toda la historia desde el punto de vista del
misterio más que desde el del terror propiamente dicho. Por eso, vemos que
Verden se muestra muy tétrico y misterioso con esas gafas y todo de negro,
teniendo una reacción muy extraña cuando Rowena le hace una visita (lo de
extraña es un modo amable de decirlo ya que intenta estrangularla) que no
presagia nada bueno. Esa sensación de misterio, de algo escondido, está presente
a lo largo de toda la cinta, como el momento en que el gato araña a la pobre
Rowena cuando van a besarse. Me parece que esto, en general, está muy bien
llevado, haciendo que el espectador se pregunte qué puede suceder o si todo
ocurre por mera, simple y siniestra casualidad.
Los
toques macabros están colocados de manera muy sutil. Ahí tenemos el momento en
el que la fecha de la muerte de Ligeia desaparece porque sí de la lápida, el
hecho de que la finca esté a nombre de la difunta o la secuencia en la que
seguimos a Rowena con la voz de Price en off hablando de Ligeia. Por eso, como
suele ocurrir en las películas de Corman adaptando a Poe, el tipo de terror que
vemos aquí se adentra más en el camino de lo gótico, ese terror basado en
ambientes opresivos, situaciones oníricas (el sueño de Rowena viene muy bien al
caso, lleno de imágenes raras y el dichoso gato negro pululando por ahí) y
hechos extraños. Sí, es cierto que Verden tiene conservado el cadáver de su
mujer (no sabemos cómo ni tampoco por qué tiene esa postura tan rara; ya lo
notarás si ves al peli) pero, con todo, lo macabro está por encima del terror
basado en lo desagradable como tal. No olvidemos que esto, a fin de cuentas,
está basado en Poe.
Otra
cosa que me gusta bastante de esta cinta (cosa que sucede en todas las
adaptaciones de Corman basadas en Poe) es lo cuidado que está el vestuario y la
ambientación que predomina a lo largo de la misma. Las ropas de los personajes,
opulentas y, a veces, extravagantes, los decorados de época y el material de
atrezzo me parece muy logrado y hace que, sin duda, te creas que la historia
está ambientada en el mil ochocientos y pico.

Destaco
también el final, esa confusión entre Ligeia y Rowena que hace que dudemos
acerca de si Verden está loco o, en realidad, la maligna difunta está jugando
con él. Tampoco hay que buscarle mucho sentido ya que una de las gracias del
maestro Poe es que sus relatos ni son muy lógicos ni tienen mucho sentido. Eso
sí, son apasionantes.
En
cuanto a los actores, me parecen muy bien. Vincent Price sigue a lo suyo,
resultando tan tétrico como cualquiera de las frases lapidarias que suelta. Su
atuendo negro en casi todas las escenas le da un aspecto imponente y su rostro
refleja a la perfección el tormento interno en el que parece debatirse entre su
amor/odio hacia la difunta Ligeia. Y sí, cuando sonríe, me recuerda un poco a
lo que le sucedía a Bela Lugosi: resulta todavía más tétrico. Elizabeth Shepherd
me parece correcta haciendo nada menos que papel doble, el de Rowena y el de
Ligeia. Claro que, al menos en mi opinión, se luce más con la primera que con
la segunda ya que esta sale bastante menos y lo que hace, en su mayoría es
estar muerta.
¿En
contra?
Bueno, hacer una película de más de hora y media de un relato de pocas páginas implica una cosa: hay que meter mucho contenido adicional para poder llevarlo a cabo. Y esta película es un ejemplo de ello, como lo son también otras de las dirigidas por Corman. Y aquí entran las opiniones personales ya que una de las máximas virtudes de las narraciones de Poe, a parte de la genialidad que destilan en sus argumentos, es que muchas de ellas son relatos muy cortos, condensados, cuya lectura vapulea al lector de manera brutal. Quizás, al convertirlos en películas de larga duración pierden un poquito de esa gracia pero, en fin, ahí quedan. Creo que algunas escenas, como la de la hipnosis, está metida con calzador, dándome la impresión de que empiezan hablando de una cosa y terminan por otra, así, porque sí. Lo mismo me sucede con el momento final: Verden está hecho un lío porque no sabe quién es Rowena o quién Ligeia. El caso es que, para él, las dos han muerto. Muy bien. ¿Cuál es la reacción ante ello? Coger un látigo y ponerse a perseguir al gato negro que, dicho sea de paso, no hace más que incordiar durante todo el metraje. Claro, era lo idóneo para poner la excusa de que si caen unas velas ardiendo en el castillo, perecen entre las llamas con los amantes dentro. Bueno, para mí, algo precipitado pero…
Eso
es todo. La película me gusta. Recuerdo que, de jovencito, pusieron en la tele
un ciclo dedicado a Roger Corman y a Poe y servidor de ustedes las grabó todas.
Tengo un especial recuerdo de esta tumba porque usé ciertos pasajes en un
proyecto personal hace muuucho tiempo. La cinta, que quede claro, no es el
colmo del cine de terror ni tampoco la considero una maravilla pero sí me hace
pasar un buen rato y, además, es la excusa perfecta para disfrutar de Vincent
Price en su salsa. Eso sí, vaya esto por delante, soy de la opinión de que a
Poe hay que leerlo, no verlo en la pantalla.
Por cierto, si te suena Elizabeth Sheperd, dale un repasito a La Maldición de Damien, la segunda parte de La Profecía, y descubrirás que es la pobre y desgraciada periodista es masacrada por un cuervo y luego machacada por un camión...
Vigilad
el cielo.


















