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sábado, 5 de diciembre de 2015

Los inmortales


Los inmortales (Highlander)
(1986)

Director: Russell Mulcahy.
Guión   : Gregory Widen, Peter BellwoodLarry Ferguson.

Christopher Lambert.
Clancy Brown.
Sean Connery.
Roxanne Hart.







Unos seres inmortales pelean en Nueva York hasta que solo quede uno...



Clasicazo ochentero total. 

¿Quién no ha oído o dicho alguna vez eso de "Solo  puede quedar uno" mientras se imagina blandiendo un espadón? Si tienes más de treinta y muchos, fijo que sabes de qué te hablo.

Pues... al lío.

La peli empieza muy directa: en un combate de lucha libre hay un espectador con cara de sieso que, sin más, se va al garaje y tiene un duelo a espadones con otro tipo. Vale, le corta la cabeza y le da una especie de orgasmo vital. ¿Quién es el tipo? Pues parece ser un escocés que, en el pasado, estaba un pelín triste porque nadie le juntaba en combate... salvo una mala bestia que le clava sus espada y, oye, no le mata. ¿Por qué? Porque son inmortales, es decir, que no mueren ni a la de tres salvo que les corten la cabeza.

A partir de aquí, la peli se divide en dos tramas, una en el pasado y otra en el presente. La del pasado nos va a contar la vida del escocés Conner McLeod y cómo se entrena en su vida como inmortal. Le vemos asimilar su nueva vida, sus amores que se mueren mientras él no envejece un ápice o, lo mejor de todo, cómo una especie de mentor/amigo/Kenobi le entrena en el noble arte de la espada para que decapite a cuanto inmortal se le ponga por delante. La trama del presente, y quizás la que más peso tiene, es la que nos muestra al colega McLeod en la actualidad, con una identidad distinta y teniendo sus escarceos amorosas con la poli científica de turno mientras se prepara para el gran enfrentamiento final con la mala bestia que, hace un porrón de años le hizo inmortal.

Como puedes ver, el argumento es de lo más original y, sin duda, es uno de los platos fuertes de esta cinta. Estoy casi seguro que has visto la peli y la recuerdas por eso.  A lo largo de las dos tramas, el guión se las va a apañar para entretener sin ningún tipo de problema a lo largo de una historia cuyo principal atractivo es ese: narrar una historia de aventuras y fantasía del modo más simple y efectivo posible. Lo curioso es que el equilibrio entre ambos argumentos está muy bien llevado y la peli no parece decantarse po uno por otro, sino que se nutre de ambos de manera muy acertada. Lo bueno que tiene es que, durante buena parte del metraje hay cierto toque de misterio (sobre todo en la primera parte) que hace que el espectador se enganche sin ningún problema y, lo que es mejor, quiera saber qué pasará al final. Por eso, ¿quiénes son, en realidad, esos inmortales? ¿Por qué luchan? ¿Por qué usan espadas en lugar de una escopeta de cañones recortados? Todas estas preguntas se van respondiendo poco a poco, de manera muy sutil y natural a lo largo de los flash backs que vamos a ver y, sin duda, el conjunto, hace que sea la peli que tú, y yo, y un porrón de personas hemos visto y conocemos. Pero no todo pueden ser combates. También hay espacio para un poquito de humor (el entrenamiento de McLeod, el episodio del francés o el Kurgan con las monjas) o, por supuesto, para dar rienda suelta al toque sentimental aprovechando la historia de amor entre Conner y Heather y, de paso, dejar que Queen, en la banda sonora, se luzca de lo lindo con Who wants to live forever?





Sigo, que hay más. Y es que la parte del pasado, la de los highlanders que son muy hermanados pero, si uno sobrevive a un espadazo le tratan a puñetazos y patadas mientras lo echan del pueblo, está muy conseguida. La ambientación, los trajes y ese sentimiento de pasado sucio y remoto está muy logrado. Supongo que el rodar en tierras escocesas aportó su granito de arena de forma considerable.

Pero esta es una peli de fantasía y la cosa debe notarse en algo fundamental: los efectos. La verdad es que te puedo decir que aquí, el tema, está muy comedido ya que los rayos, los truenos y los momentos orgásmicos post-decapitaciones son todo lo más que va a mostrar la peli en ese aspecto. Eso sí, mucha de la espectacularidad se la llevan los duelos a espadas que van a ser marca registrada de la cinta. La verdad es que a mí me gustan mucho y me parecen muy logrados. Además, es un detalle muy curioso que cada inmortal tenga su propia espada; le da un toque de originalidad muy logrado. Sin duda, el gran momento espadachín es el duelo final que tiene Nash contra el malo. Muy bueno.

Resultado de imagen de highlander christopher lambertPaso a los actores. Por supuesto, esta es la peli de Christopher Lambert. Eso sí, el tipo siempre me ha parecido un poco sosainas y tiene una mirada rara que le da un aire sieso considerable. Con todo, creo que el muchacho cumplió hasta tal punto que, si le nombras, le imaginas con un espadón en la mano. Clancy Brown como el Kurgan es el típico malo mala bestia que mata mucho y piensa poco, que pone cara de animal desfogado y que, al menos para mí, siempre me ha parecido un poquito cómico. Además, el tipo tiene unos ojos y una cara de bestia parda considerable. Sean Connery, desde luego, se luce a base de bien en un papel secundario que le viene al pelo y destila tablas por todos lados. Roxanne Hart es la que más simple me parece porque, además, sin ánimo de parecer un tiquismiquis, la doblan de manera que nunca me ha gustado. Cuestión de gustos.



Un inmortal sabio.



Un inmortal gamberro.



Un inmortal soso.




¿Cosas que me dejan frío? Bueno, creo que la peli tiene unos detallitos, como poco, llamativos. Veamos, ¿cómo es que NADIE oye nada en la pelea en el garaje? Y, ya puestos ahí, ¿por qué Nash esconde la espada en un sitio tan cutre? ¡Habertela llevado del mismo modo en que la trajiste! Por cierto, vaya registro hace la poli que no la ven. Luego están las cositas que ahí quedan: se nota a la legua que Lambert no es el que conduce el coche al dejar el garaje de la escena inicial; que, de nuevo, la policía es boba al dejarse una veta enorme en la columna del garaje o que a nadie explica cómo al tipo que va en plan duro le atraviesan con una espada y sigue vivo. Ah, y siempre he pensado (incluso cuando la vi por primera vez) que el pelucón de Lambert en el pasado no le pega ni con cola. ¿Más? Sí: la escena bajo el agua de Conner haciendo el pez y su voz en off "¡Puedo respirar!" me sobra. Por cierto, ¿el premio final se equipara con toda una vida de inmortalidad espada en mano? Como digo, cositas...

Hasta aquí. Muchos son los que opinan que la peli ha envejecido bastante mal, que es muy cutre en muchos sentidos y que pierde en comparación con otros productos de la época. Para gustos, los colores y puede que haya algo de razón en todo ello pero, lo admito, me parece que tiene un encanto especial a pesar del paso de los años. Puede que sea porque, siendo un mico, la vi tropecientas mil veces en los dorados tiempos del VHS y me viene la nota nostálgica recordando esos días maravillosos de ir al video club y esperar dando vueltas como un tonto a que alguien entrara la peli para alquilarla (snifs...) A mí me sigue entreteniendo y, con eso, me basta y me sobra.

Un detallito: según parece, en su estreno, no tuvo tanto éxito como se cree; fue el mercado del vídeo lo que la aupó hasta convertirla en el clásico que es hoy. Qué cosas.

Por cierto, como no podía ser de otra forma, se lleva hablando hace varios años de un posible remake. A ver qué hacen porque el nombre de Tom Cruise suena fuerte (...)

Vigilad el cielo.







sábado, 24 de enero de 2015

Indiana Jones y la última cruzada

Indiana Jones y la última cruzada
(Indiana Jones and the last crusade)

(1989)

Director: Steven Spielberg.
Guión   : Jeffrey Boam, George Lucas, Menno Meyjes.

Harrison Ford.
Sean Connery.
Alison Doody.
Julian Glover.
Denholm Elliott.
John Rhys-Davies.




Los nazis persiguen el Santo Grial para poder dominar el mundo. Indiana Jones y su padre estarán ahí para evitar que esto ocurra...



Y no hay dos sin tres...

Después de El Templo Maldito, estaba claro que la capacidad de conexión de Indiana Jones con el público era total y, además, se había convertido en un icono cultural y cinematográfico. La tercera aventura estaba cantada y solo era cuestión de esperar. Eso sí, tuvimos que aguantar un par de años más que con respecto a las entregas anteriores pero, al fin, en mil novecientos ochenta nueve George Lucas, Steven Spielberg y Harrison Ford nos regalaron esta Última Cruzada para goce del personal y de este que escribe.


Como siempre, hay que destacar la escena inicial. Si en El Arca teníamos el momento del ídolo y en el Templo el del club Obi-Wan, aquí vamos a ver al joven Indy convertiste en Indiana Jones, con miedo a serpientes, manejo de látigo y cicatriz en la barbilla incluidos. Y, de fondo, a figura paterna del héroe que, si bien no sale del todo, ya deja huella. Sublime. Y esto es solo el principio.

La historia que nos vamos a encontrar en esta tercera entrega tiene mucho del espíritu que vimos en la primera. Por un lado está el artefacto milagroso y bíblico que Indy tiene que arrebatar a los nazis, es decir, el Santo Grial. Desde este punto de vista, la aventura y la diversión están garantizadas al más puro estilo de la saga y que es su sello de identidad. Una de las cosas que más me gusta es que, en lugar de meterse de cabeza a lo bestia en un atolladero de proporciones tremendas, la incursión de Indy en la aventura es progresiva. Primero es contratado por Donovan, así, como quien no quiere la cosa. Luego viene el tema de las pistas misteriosas en forma de escudo, tumba de caballero o mapas sin nombre. Y, por fin, en el tramo final, la carrera contra reloj para arrebatar el Grial a los alemanes, que no hacen más que fastidiar al personal. Todo ello aderezado con los momentos de tensión y aventura propios del doctor Jones, ya sea en canoa, rodeado de ratas, liándola en un dirigible o enfrentándose a pruebas que solo el puede pasar. La peli, desde esta perspectiva, es la perfecta historia de aventuras: tiene emoción, acción, su toquecito romántico, sin llegar empalagar y alejado por completo de las otras dos entregas, y cierto aire de cachondeo que viene muy bien a la trama general. 

Pero si hay algo que destaque a lo largo de todo el metraje, aventura a parte, es una cosa que vuelve loco al amigo Spielberg y que suele ser una especie de sello que impregna a casi todos sus productos en mayor o menor medida: la relación padre/hijo. En mi modesta opinión, tiene pelis que es algo tan ñoño que uno corre el riesgo de sufrir un ataque de azúcar descomunal (La terminal es, para mí, uno de los ejemplos más cantosos) No obstante, en esta tercera entrega, se las apañaron para mostrar dicha relación de manera sublime mediante la figura del doctor Jones padre. La trama principal del Grial se ve reforzada de manera tremenda por la historia de los dos Jones y, lo que es mejor, está basada en el cachondeo que se desprende de las escenas que ambos protagonizan sin caer en el pasteleo lacrimógeno. Por eso mismo, esta tercera peli suele ser conocida como "esa en la que sale el padre" y esto lo digo como un gran acierto. El guión usa la relación entre ambos personajes de manera soberbia utilizándola como excusa perfecta para hacer avanzar la trama.

Otro aspecto que me gustaría destacar es que ese que, bien mirado, esta cinta puede considerarse más en la línea de En busca de Arca Perdida y que, de algún modo, rompe con lo que vimos en El Templo Maldito. Dicho de otra forma, las aventuras son "más sanas" y menos truculentas. Aquí hay muertes, claro y, algunas, con su toque sobrenatural (léase el final de Donovan) pero todo está más comedido. ¿La razón? Muchos vieron que el segundo episodio fue demasiado oscuro para el público en general y con el que Spielberg y Lucas se dejaron llevar un poquito. Bueno, para gustos, los colores. Yo creo que el haber suavizado un poco la historia aportó originalidad y, a la vez, no fue repetitiva con respecto a lo que vimos en la segunda peli (que, repito, me parece perfecta como está) Por esto, aquí volvemos a los nazis a la conquista del mundo y a la búsqueda de un artefacto que puede organizar un lio de proporciones bíblicas.

Los personajes, clavados. Indy sigue siendo Indy; igual de valiente,
aventurero y cínico. Características a las que, ahora, se les suma una nueva: es hijo. De nuevo, un personaje que es un caramelo avanza, evoluciona y se convierte en toda una tienda de chuches (toma metáfora azucarada) Donovan es el perfecto villano refinado, culto y avaricioso. Me gusta mucho que la chica de turno, Elsa, coincida en que, al igual que Marion o Willie es la chica de Indy pero, a la vez, tiene su lado malvado (muy adecuado su final) Y, cómo no, Henry Jones, padre. Es el contrapunto perfecto a Indy: académico hasta la médula, poco amigo del trabajo de campo, serio a prueba de bomba y, a su modo, borde, chistoso y aventurero. Un gran acierto y, como dije antes, un elemento que, en otras manos que no hubiesen sido las de Lucas y Spielberg, hubiera estado muy cerca del toque lagrimógeno que puede llegar a ser tan peligroso. Y, de remate, Marcus Brody, el secundario de El Arca Perdida, alcanza un protagonismo bien merecido mezclado, de manera muy hábil, con cierto tono humorístico. Lo dicho, geniales todos ellos.


Y si buenos son los personajes, para qué hablar de los actores. Lo he dicho hasta la saciedad en las otras entradas y lo seguiré haciendo: estaba escrito en algún sitio que Harrison Ford fuese Indy. Es y será el actor perfecto para el papel. Aquí, Ford amplía registros mostrando no solo ese aire aventurero, cínico y borde; a ellos añade humor y cierto tono tierno sin llegar a cansar. Sean Connery, descomunal como el doctor Jones, padre. El tipo se metió en el bolsillo al personaje con una naturalidad aplastante y el contraste entre seriedad y cachondeo lo borda de tal modo que el duelo interpretativo entre él y Ford vale muchos quilates. Julian Glover (al que podéis ver comandando un AT-AT en El imperio Contraataca) queda muy elegante y altivo como Donovan; el malo ideal a la altura de los Jones. Alison Doody maravillosa como Elsa y, además, preciosa. Me parece que el equilibrio entre doctora aventurera y mala con ganas lo borda con  esa mirada y esos ojos. Denholm Elliott lo clava como Brody; empieza muy serio, muy calmado y acaba mostrando a un personaje que cae fenomenal y con el que me río mucho.

Papi e hijo.







Como ya he señalado en las otras entregas, hablar de una peli de Indiana Jones es hacer mención obligada a la banda sonora. Aquí, de nuevo, John Williams en estado de gracia y elegancia. A la famosa marcha hay que sumarle pizas de toda clase, rápidas o lentas, que merecen la pena escucharse con un café calentito en la mano con calma y tranquilidad. Indy's very first adventure, Ah, rats!!! A Hannah, No Ticket, Finale  End Credits o, una de mis favoritas, Scherzo for Motorcycle Orchestra son, simple y llanamente, obras maestras cuya escucha es una gozada.

¿Escenas para el recuerdo? A patadas. Como dije antes, la incial es antológica y, su modo de conectarla con la siguiente (recibiendo un puñetazo en la cara) me parece una genialidad. Las del escudo con las ratas, la persecución en lancha, todo lo del desierto o la escena final en busca del Grial, para quitarse el sombrero. Pero, sin duda, me quedo con todos y cada uno de los momentos en los que Indy y su padre comparten toma. Sublimes. El de la persecución en moto, con esas caras que pone Connery en contraposición a Ford es divetidísimo, el intento de charla en el dirigible ("Entonces, ¿de qué te quejas?"), genial y el del mechero y su momento previo en el que padre e hijo descubren que compartieron chica, magistral. Y, sí, a Indiana Jones, Hitler le firma un autógrafo. Hay más, claro, pero es algo que hay que ver en pantalla.



Como podéis ver, una tercera entrega que me encanta y que me parece, por supuesto, digna de la saga a la que pertenece, una maravillosa mezcla de acción, aventuras y humor que, por los menos a mí, consigue atraparme desde el principio hasta el final siempre que la veo. Durante muchos años fue el colofón de la serie pero, tiempo después, Indy volvería con otra aventura con calaveras de cristal por medio manteniendo intacto el espíritu de la saga.

Vigilad el cielo.


sábado, 1 de diciembre de 2012

El caballero verde


El caballero verde (Sword of the Valiant: The Legend of Sir Gawain and the Green Knight)
(1984)
Director: Stephen Weeks
Guión    : Stephen Weeks, Howard C. Pen, Phillip M. Breen 

Miles O’Keeffe
Cyrielle Clair
Sean Connery
Leigh Lawson
Peter Cushing
Trevor Howard
John Rhys-Davies



 Un miembro de la corte del rey acepta el desafío del misterioso Caballero Verde: deberá resolver un acertijo o perderá su cabeza…

 Recuerdo que, allá por mediados de los ochenta, cuando el VHS brillaba con todo su esplendor, las puertas y las paredes de los video-clubs (qué tiempos, Señor…) se llenaron con el cartel de esta película. Ya sólo por el título, la cosa se ponía interesante pero, sobre todo, el reclamo era que Sean Connery era el protagonista. Con todo, tengo un vago recuerdo de ella porque, si la memoria no me falla, a pesar de lo pequeño que era por aquel entonces, algo no vi claro en la peli porque no me llamó demasiado. Con todo, es el tipo de  cinta que siempre he tenido en mente para revisitar y, de paso, compartir con vosotros.  Pues muy bien, el tiempo ha pasado y yo no soy tan infante pero la peli, para bien o para mal, sigue siendo la misma, claro. Ok, vamos allá…
Antes de nada, hay que hacer una advertencia. Y es que esta cinta es un vástago de la productora Cannon. Quizás no os diga mucho con esto pero, para muchos aficionados del mundillo, dicha compañía era sinónimo de películas de poco presupuesto, acción a raudales y, muchas veces, terminadas rápido y no muy bien. Si queréis ejemplos, ahí están las cintas de Chuck Norris, Los Masters del Universo o Superman IV (ojo, que en absoluto quiero juzgarlas porque, servidor de ustedes, se lo pasa pipa con todas y cada una de ellas) No tenía ni idea de que este caballero que viste de verde procediera de dicha productora pero, una vez que he visto el resultado, no me extraña lo más mínimo que la compañía tenga la (para muchos infame) fama que tiene. Pero vamos por partes…
Si nos fijamos en el argumento (ya que si, desde el principio, te fijas en otras cosas, puedes pensar de otro modo), la cosa no está mal: un rey (¿Arturo? A saber, porque no se dice) está hasta la corona de que sus caballeros sean unos vagos y el reino ya no reluzca como antes. Desde la primera escena conocemos al extraño personaje de Connery, El caballero verde, y ya tenemos argumento: el protagonista, Gawain, debe resolver un acertijo porque, de no ser así, perderá la cabeza. Literalmente.
 
 
 
A partir de aquí, acudimos a una serie de aventuras, algunas bastante ingenuas, donde destaco ciertos decorados, sobre todo lo referido a los castillos, que queda claro que muchos de ellos eran de verdad y se ve que los adecentaron para determinadas escenas. Si no queires complicarte mucho la vida, lo único que puedes hacer es dejarte llevar (o tratar de dejarte llevar) por las aventuras, más o menos entretenidas que tenemos por delante.
Me gustaría destacar más cosas a favor pero es imposible. Y es que esta película no tiene muy buena fama y, depende de con quién se hable, incluso puede decir que es mala con ganas. Por eso, la lista de “peros” que se puede poner puede llegar a ser muy larga.
Empezamos por los pequeños detalles que, no por ello, dejan de ser muy llamativos. Para comenzar, nada más ver a Miles O’Keefe, futuro protagonista, con esa peluca rubia platino las alarmas cantan. Le queda fatal, resulta hortera, hace el efecto de una cabeza enorme y, para colmo, todo ello destaca mucho más por el hecho de que el amigo O’Keefe tiene las cejas oscuras. Y es que el tema del vestuario es un detalle que en esta cinta o bien no cuidaron, o pasaron de él, o se las apañaron con lo único que tenían a mano y que el presupuesto podía permitirse, es decir, algo del montón. Si ya la peluca del amigo canta a lo bestia, mirad el modelito que luce durante todo el metraje: vestido de blanco de pies a cabeza (salvo unas botas oscuras) con una camisa que tiene unas hombreras más grandes y afiladas que cualquiera de las espadas. Y os perdáis el vestuario del hijo de Fortimbrás: turbante y pieles. Alucinante…
Pero, si de apariencias raras y horteras hablamos, no hay que perder de vista las pintas de Sean Connery, que no tienen desperdicio: peluca tremenda y abultada, rostro maquillado de un color extraño, armadura de tonos verdosos que deja al aire el pecho peludo y unos cuernecitos tipo reno que resultan ridículos. Y, por si fuera poco, pelo y rostro tienen una especie de… ¿purpurina? Tremendo…
El guión, si bien parte de una idea que no está mal, ya que no deja de ser la historia típica de superación del héroe, me ha parecido poco trabajado. Por eso, la impresión que me ha dado es que salta de una cosa a otra, de una aventura a otra sin estar hilvanado del todo.  Así, pasamos de la corte, al episodio de la bruja de la tienda. De ahí a la pelea contra el guardián de Lionés o las aventuras en este pueblo que, por cierto se me han hecho muy pesadas. Luego, los episodios con el monje, el enano sabio, la historia de Linet… Vamos, un batiburrillo de cosas que, de algún modo, hace que te olvides del propósito real del protagonista, que se supone que es averiguar el significado del acertijo.
¿Es todo? No. La película, como buen ejemplo de ese tipo de cine que se queda pero que muy corto, tiene ciertos detallitos en el guión  que, según te pillen, te pueden hacer reír o, si tienes el día malo, coger el mando a distancia y darle al stop (cosa que, lo admito, he estado a punto de hacer en un par de ocasiones) Por ejemplo, la primera preocupación del recién nombrado caballero no es preparase para pelear o aprender a usar una espada, no. Hay otro asunto más importante (y, desde cierto punto de vista, muy lógico): saber por dónde puede orinar con la armadura puesta. No hay problema, su arma más poderosa será una especie de abrelatas que, por cierto, también puede ser muy útil si te ligas a la prota de turno y te vas a una alcoba con intimidad. Ah, y sabido es por todos que los caballeros andantes se dejan guiar por la aventura y, como se dice en la peli, “…cazan sus propias viandas…” Pues bien, el amigo Gawain cree que eso es prepotencia pero el hambre le puede y al tío no se le ocurre opta cosa que cazar un unicornio para zampárselo. No se contenta con un conejo, un venado, un pájaro o una lagartija, no; un unicornio. Y es que, cuando hay hambre, hay hambre. Si a todo ello le añadimos unas peleas con espadas muy mal coreografiadas, unos efectos que se han quedado muy antiguos y que ya en la época cantaban (me remito a la cabeza cortada de Connery) , un rey malo (Fortimbrás) que juega con maquetas a gran escala como un energúmeno y que todo está aderezado por una musiquita de sintetizador que no pega ni con cola, el resultado es una película floja con tintes muy chapuceros que, como dije antes, puede hacer que te den ganas de ponerte a hacer cualquier cosa por poco interesante que sea. Que un pañuelo verde salve el cuello del prota porque sí o que, después de todo, se quede sin la chica porque esta se convierte en paloma, es algo que dejo al gusto del personal.
Los actores los dejo para el final porque, de veras, no me han dejado de sorprender. Miles O’Keeffe, por si te suena de algo la cara, fue el responsable de poner rostro y músculos a Ator, aquel sucedáneo de Conan y que trató de hacer sombra a Arnold Schwarzenegger en nada menos que dos entregas. También fue Tarzan en esa adaptación pseudo erótica que tuvo a Bo Derek como Jane. O’Keeffe, como en Ator, se muestra pelín impasible, de rostro duro y pose heroica que tumba, pero poco más. Cyrielle Clair como Linet cumple sin más ni más, si bien creo que le falta algo, quizás más protagonismo y carisma. Pero, sin duda, quien más destaca, no  por interpretación, sino por su mera presencia en la película, es Sean Connery. Está claro que le utilizaron como reclamo de la cinta (cosa lógica por otra parte, claro) pero está lejos de ser un papel decente en su carrera. De veras, no entiendo qué hace en esta película. Lo mismo me ocurre con la presencia de Peter Cushing. Quizás, sobre el papel, la cosa pintaba de otra forma…
En resumidas cuentas, amigos, una película, al menos para mí, irregular se mire por donde se mire. Quizás la idea y las intenciones fueron buenas pero, por desgracia, el modo de desarrollarla, dirigirla y, por qué no, interpretarla, dieron al traste con una cinta que, un poquito más trabajada, hubiera podido ser otra cosa. Yo, después de muchos años, he conseguido verla. ¿La recomiendo? Lo único que puedo decir es que, como curiosidad, ahí queda. El resto, lo dejo a gusto del espectador.
Y ya, de remate, comentar que todos sabemos que, muchas veces, una película se define por sus diálogos. Os dejo uno que dice uno de los personajes, un fraile, acerca de unos monjes que hacen voto de silencio:
“… Estos hermanos son muy aburridos. Pasan los días y ni un solo eructo, ni un cuesco…”
Pues eso…
Ánimo y, con caballeros verdes o del color que sean, seguid vigilando el cielo.
Os dejo un pequeño montaje con algunos de los momentos de Gawain. Hay muchos más, claro pero te pueden serivir de aperitivo para abrir boca.