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sábado, 24 de enero de 2015

Indiana Jones y la última cruzada

Indiana Jones y la última cruzada
(Indiana Jones and the last crusade)

(1989)

Director: Steven Spielberg.
Guión   : Jeffrey Boam, George Lucas, Menno Meyjes.

Harrison Ford.
Sean Connery.
Alison Doody.
Julian Glover.
Denholm Elliott.
John Rhys-Davies.




Los nazis persiguen el Santo Grial para poder dominar el mundo. Indiana Jones y su padre estarán ahí para evitar que esto ocurra...



Y no hay dos sin tres...

Después de El Templo Maldito, estaba claro que la capacidad de conexión de Indiana Jones con el público era total y, además, se había convertido en un icono cultural y cinematográfico. La tercera aventura estaba cantada y solo era cuestión de esperar. Eso sí, tuvimos que aguantar un par de años más que con respecto a las entregas anteriores pero, al fin, en mil novecientos ochenta nueve George Lucas, Steven Spielberg y Harrison Ford nos regalaron esta Última Cruzada para goce del personal y de este que escribe.


Como siempre, hay que destacar la escena inicial. Si en El Arca teníamos el momento del ídolo y en el Templo el del club Obi-Wan, aquí vamos a ver al joven Indy convertiste en Indiana Jones, con miedo a serpientes, manejo de látigo y cicatriz en la barbilla incluidos. Y, de fondo, a figura paterna del héroe que, si bien no sale del todo, ya deja huella. Sublime. Y esto es solo el principio.

La historia que nos vamos a encontrar en esta tercera entrega tiene mucho del espíritu que vimos en la primera. Por un lado está el artefacto milagroso y bíblico que Indy tiene que arrebatar a los nazis, es decir, el Santo Grial. Desde este punto de vista, la aventura y la diversión están garantizadas al más puro estilo de la saga y que es su sello de identidad. Una de las cosas que más me gusta es que, en lugar de meterse de cabeza a lo bestia en un atolladero de proporciones tremendas, la incursión de Indy en la aventura es progresiva. Primero es contratado por Donovan, así, como quien no quiere la cosa. Luego viene el tema de las pistas misteriosas en forma de escudo, tumba de caballero o mapas sin nombre. Y, por fin, en el tramo final, la carrera contra reloj para arrebatar el Grial a los alemanes, que no hacen más que fastidiar al personal. Todo ello aderezado con los momentos de tensión y aventura propios del doctor Jones, ya sea en canoa, rodeado de ratas, liándola en un dirigible o enfrentándose a pruebas que solo el puede pasar. La peli, desde esta perspectiva, es la perfecta historia de aventuras: tiene emoción, acción, su toquecito romántico, sin llegar empalagar y alejado por completo de las otras dos entregas, y cierto aire de cachondeo que viene muy bien a la trama general. 

Pero si hay algo que destaque a lo largo de todo el metraje, aventura a parte, es una cosa que vuelve loco al amigo Spielberg y que suele ser una especie de sello que impregna a casi todos sus productos en mayor o menor medida: la relación padre/hijo. En mi modesta opinión, tiene pelis que es algo tan ñoño que uno corre el riesgo de sufrir un ataque de azúcar descomunal (La terminal es, para mí, uno de los ejemplos más cantosos) No obstante, en esta tercera entrega, se las apañaron para mostrar dicha relación de manera sublime mediante la figura del doctor Jones padre. La trama principal del Grial se ve reforzada de manera tremenda por la historia de los dos Jones y, lo que es mejor, está basada en el cachondeo que se desprende de las escenas que ambos protagonizan sin caer en el pasteleo lacrimógeno. Por eso mismo, esta tercera peli suele ser conocida como "esa en la que sale el padre" y esto lo digo como un gran acierto. El guión usa la relación entre ambos personajes de manera soberbia utilizándola como excusa perfecta para hacer avanzar la trama.

Otro aspecto que me gustaría destacar es que ese que, bien mirado, esta cinta puede considerarse más en la línea de En busca de Arca Perdida y que, de algún modo, rompe con lo que vimos en El Templo Maldito. Dicho de otra forma, las aventuras son "más sanas" y menos truculentas. Aquí hay muertes, claro y, algunas, con su toque sobrenatural (léase el final de Donovan) pero todo está más comedido. ¿La razón? Muchos vieron que el segundo episodio fue demasiado oscuro para el público en general y con el que Spielberg y Lucas se dejaron llevar un poquito. Bueno, para gustos, los colores. Yo creo que el haber suavizado un poco la historia aportó originalidad y, a la vez, no fue repetitiva con respecto a lo que vimos en la segunda peli (que, repito, me parece perfecta como está) Por esto, aquí volvemos a los nazis a la conquista del mundo y a la búsqueda de un artefacto que puede organizar un lio de proporciones bíblicas.

Los personajes, clavados. Indy sigue siendo Indy; igual de valiente,
aventurero y cínico. Características a las que, ahora, se les suma una nueva: es hijo. De nuevo, un personaje que es un caramelo avanza, evoluciona y se convierte en toda una tienda de chuches (toma metáfora azucarada) Donovan es el perfecto villano refinado, culto y avaricioso. Me gusta mucho que la chica de turno, Elsa, coincida en que, al igual que Marion o Willie es la chica de Indy pero, a la vez, tiene su lado malvado (muy adecuado su final) Y, cómo no, Henry Jones, padre. Es el contrapunto perfecto a Indy: académico hasta la médula, poco amigo del trabajo de campo, serio a prueba de bomba y, a su modo, borde, chistoso y aventurero. Un gran acierto y, como dije antes, un elemento que, en otras manos que no hubiesen sido las de Lucas y Spielberg, hubiera estado muy cerca del toque lagrimógeno que puede llegar a ser tan peligroso. Y, de remate, Marcus Brody, el secundario de El Arca Perdida, alcanza un protagonismo bien merecido mezclado, de manera muy hábil, con cierto tono humorístico. Lo dicho, geniales todos ellos.


Y si buenos son los personajes, para qué hablar de los actores. Lo he dicho hasta la saciedad en las otras entradas y lo seguiré haciendo: estaba escrito en algún sitio que Harrison Ford fuese Indy. Es y será el actor perfecto para el papel. Aquí, Ford amplía registros mostrando no solo ese aire aventurero, cínico y borde; a ellos añade humor y cierto tono tierno sin llegar a cansar. Sean Connery, descomunal como el doctor Jones, padre. El tipo se metió en el bolsillo al personaje con una naturalidad aplastante y el contraste entre seriedad y cachondeo lo borda de tal modo que el duelo interpretativo entre él y Ford vale muchos quilates. Julian Glover (al que podéis ver comandando un AT-AT en El imperio Contraataca) queda muy elegante y altivo como Donovan; el malo ideal a la altura de los Jones. Alison Doody maravillosa como Elsa y, además, preciosa. Me parece que el equilibrio entre doctora aventurera y mala con ganas lo borda con  esa mirada y esos ojos. Denholm Elliott lo clava como Brody; empieza muy serio, muy calmado y acaba mostrando a un personaje que cae fenomenal y con el que me río mucho.

Papi e hijo.







Como ya he señalado en las otras entregas, hablar de una peli de Indiana Jones es hacer mención obligada a la banda sonora. Aquí, de nuevo, John Williams en estado de gracia y elegancia. A la famosa marcha hay que sumarle pizas de toda clase, rápidas o lentas, que merecen la pena escucharse con un café calentito en la mano con calma y tranquilidad. Indy's very first adventure, Ah, rats!!! A Hannah, No Ticket, Finale  End Credits o, una de mis favoritas, Scherzo for Motorcycle Orchestra son, simple y llanamente, obras maestras cuya escucha es una gozada.

¿Escenas para el recuerdo? A patadas. Como dije antes, la incial es antológica y, su modo de conectarla con la siguiente (recibiendo un puñetazo en la cara) me parece una genialidad. Las del escudo con las ratas, la persecución en lancha, todo lo del desierto o la escena final en busca del Grial, para quitarse el sombrero. Pero, sin duda, me quedo con todos y cada uno de los momentos en los que Indy y su padre comparten toma. Sublimes. El de la persecución en moto, con esas caras que pone Connery en contraposición a Ford es divetidísimo, el intento de charla en el dirigible ("Entonces, ¿de qué te quejas?"), genial y el del mechero y su momento previo en el que padre e hijo descubren que compartieron chica, magistral. Y, sí, a Indiana Jones, Hitler le firma un autógrafo. Hay más, claro, pero es algo que hay que ver en pantalla.



Como podéis ver, una tercera entrega que me encanta y que me parece, por supuesto, digna de la saga a la que pertenece, una maravillosa mezcla de acción, aventuras y humor que, por los menos a mí, consigue atraparme desde el principio hasta el final siempre que la veo. Durante muchos años fue el colofón de la serie pero, tiempo después, Indy volvería con otra aventura con calaveras de cristal por medio manteniendo intacto el espíritu de la saga.

Vigilad el cielo.


sábado, 10 de enero de 2015

En busca del Arca Perdida


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En busca del Arca perdida
(Raiders of the Lost Ark)
(1981)

Director: Steven Spielberg.
Guión  : George Lucas, Lawrence Kasdan, Philip Kaufman.

Harrison Ford.
Karen Allen.
Paul Freeman.
John Rhys-Davies.


El doctor Indiana Jones es requerido por el gobierno para que encuentre El Arca de a Alianza antes de que lo hagan los nazis...



¡Hola a todos!


Hoy os traigo una película que no necesita presentación alguna. Es un icono, una leyenda del cine, en cuanto a historia y personajes, repleta de escenas famosas que han hecho de ella una cinta que, me atrevo a decir, todo el mundo ha visto alguna vez en su vida.


En busca del Arca Perdida, cosa curiosa, empezó más como una peliculita de aventuras sin muchas ambiciones que, poco a poco, mientras avanzaba el rodaje, fue creciendo cada vez más y más hasta que todos se dieron cuenta de que tenían algo muy grande entre manos. Muy bien, Steven Spielberg dirigiendo, George Lucas pensando en la historia, Lawrence Kasdan dando forma en el guión a las grilladas de los dos genios y Harrison Ford poniendo rostro, gestos, sonrisa torcida y la barba de tres días más famosa de la historia del cine. 


Lo primero que hay que destacar de esta peli es la historia. Desde un primer momento, Lucas tenía en mente no solo hacer que un personaje viviera aventuras más o menos exóticas a lo largo de dos horas, sino que dichas aventuras estuvieran relacionadas, en mayor o menor medida, con un hecho o artefacto real. Por eso, tras mucho investigar, tuvo la genial idea de tomar el Arca de la Alianza (esa cajita donde Moisés, después de cabrearse un montón, guardó una copia de los Diez Mandamientos) como eje de toda la historia y situarla en un momento de la Historia de la Humanidad real, es decir, allá por los años treinta cuando Hitler, loco como él solo, se dedicó a buscar por todo el planeta artefactos sobrenaturales que le ayudasen en su intento por adueñarse del mundo. La idea en sí es genial y da para mucho. Lucas se las apañó para diseñar una trama en la que ficción y realidad se dieron la mano de forma sorprendente y que encajó de manera estupenda en el guión que todo el mundo conoce. 


La cinta siempre se ha englobado dentro del género de aventuras y creo que, desde luego, es una buena elección pero, no hay que olvidarlo, el toque fantasioso está asegurado y eso es algo innegable. Lo que sucede es que el equilibrio entre los dos géneros está tan conseguido que hace que la historia se columpie entre ambos sin que el espectador se de cuenta. Por eso, el guión se nutre mucho del género aventurero echando mano, cuando es necesario del toque de fantasía. De hecho, si nos damos cuenta, este último se da en los últimos minutos de la peli en una escena muy concreta, esa en la que abren el Arca y todo se va a tomar viento. Hasta entonces, se nos invita a gozar con las aventuras y desventuras del doctor Jones mientras le vemos hacer todo: pelearse, liarse a tiros, ser arrastrado, recibir golpes que da gusto, enfrentarse a trampas y serpientes, enrolarse en el ejército nazi y un monteó de cosas más que, al menos a este servidor, le parecen perfectamente mostradas y rodadas y hacen que, siempre que la veo, la peli se me pase volando.


Pero, por encima de todo, esta primera peli de las aventuras del colega Indy marcó una pauta a seguir en las tres (y digo TRES, porque la aventura de la Calavera de Cristal me encanta) y que es uno de los sellos de marca de la saga: el espíritu de peli clásica que tiene. Aquí se dan todos y cada uno de los detalles y tópicos de las antiguas cintas de aventuras y, cosa curiosa, siguen funcionando a la perfección. Por un lado, está el héroe que tiene una misión que, a priori, se sale de lo normal. Luego está el compañero del mismo, es decir, el comodín que le ayuda siempre que es necesario. En este caso, hablo de Sallah, que lo mismo está para un roto que para un descosido. Luego está la novia que todo héroe debe tener, léase Marion (luego hablaré de ella) En la parte opuesta, el malo de toda la vida que, en este caso, trabaja para otros más malos aún: Belloq. Luego está el objetivo a conseguir que, sobra decirlo, es el Arca. Como se puede ver, el esquema Héroe/compañero/novia/malo de toda la vida que siempre ha funcionado y que siempre lo hará... cada vez que caiga en manos de gente competente que sepa manejarlo y los responsables de esta cinta (todos) fueron, y son, gente número uno en lo suyo. 


Vamos con los personajes. Tan icónicos como la peli en sí. Si dices "Indiana" la gente responde "Jones" y si sueltas "Jones" el otro te dice "Indiana" El doctor Jones es lo que yo llamo un personaje perfecto; el tipo es ligón, duro, sarcástico, aventurero, con un sentido del deber a prueba de bomba pero, también, cínico, un poquito rastrero (a las peleas con el tipo del espadón o el del avión me remito) y, a su modo, marrullero ya que, si hay que huir, se huye cuando los malos no miran (escena inicial y que ya define al personaje) Lucas lo clavó, Spielberg lo bordó y Kasdan y Kaufman dieron en el clavo. ¿El resultado? Un personaje para la historia Si haces un cóctel de Robin de los bosques (Errol Flynn), Quatermain (Stewart Granger) Dobbs y Curtin (Bogart y Holt), Harry Steele o Leiningen (ambos con cara de Charlton Heston) y muchos más de la época clásica, se puede decir que el hijo de todos ellos es Indy, solo que el amigo Jones se ha alzado com personaje aventurero por excelencia y encabeza todas las listas que se hacen de los mismos. Pero si hay algo que siempre me ha gustado, y esto lo digo de manera totalmente personal, es lo humano que es. Y es que Indy da, pero también recibe lo suyo, se despeina, le hieren, se emborracha o hace cualquier cosa para salir de los atolladeros donde se mete (léase tirar arena a la cara del malo o ser rescatado, detalle sublime este, por unos niños en un bar) 



Y no hay prota que no esté bien arropado por unos buenos compis. Marion da el toque romántico adecuado pero, y esto es un detalle que siempre me ha encantado, está muy lejos de ser la típica mujer en peligro que necesita ser rescatada. A ver, aquí hay que rescatarla, ya que es uno de los detalles importantes ella trama pero, también, se las apaña muy bien solita, bien echando una partida a base de chupitos o a sartenazo limpio. Siempre he pesando que la mano de Lucas se nota y mucho ya que veo cierto eco de la princesa Leia, es decir, prota femenino pero no por ello tontita. Además, es un personaje muy ponente al que, por suerte, se recurre en la cuarta parte. Sallah es el perfecto amigo del héroe cuya ayuda es imprescindible en ciertos momentos. Y, por supuesto, un héroe de altura necesita un malo como Dios manda. Por eso, Belloq es el perfecto antagonista: vendido, refinado y señorito pero, también, tan listo como Indy. En conjunto, personajes arquetípicos que, por eso, funcionan a la perfección.


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Paso a los actores. ¿Qué se puede decir? Harrison Ford es el perfecto Indiana Jones. El actor, que es uno de mis favoritos, supo dar al personaje ese heroísmo mezclado con el toque justo de cinismo y humor que parieron un personaje ideal, el aventurero con mayúsculas. Además, el amigo se mueve como pez en el agua en las escenas de acción y supo aportar una imagen alejada del estereotipo  que se lleva tanto hoy día del tipo guapito y cachas que, hasta cuando se arrastra por el suelo, luce perfecto. Nadie ha lucido sombrero y barba de varios días como él. Ford es y será el perfecto Indiana Jones, absolutamente inigualable. Karen Allen está muy bien como Marion y, desde luego, es ideal en su papel de novia aventurera. Paul Freeman está magnífico como Belloq, refinado y malvado a partes iguales y que, además, tiene su corazoncito. John Rhys-Davies cumple muy bien como Sallah. Tanto, que se recurrió a ambos, actor y personaje para recuperarlo en la tercera entrega.




Pero no se puede hablar de Indiana Jones sin hacer referencia a un aspecto fundamental en todo lo que Lucas y Spielberg tocan: la música. Cómo no, la batuta de John Williams se nota en todas y cada una de las notas que adornan la banda sonora. La más famosa es la celebérrima Raiders March, esa pieza que todos hemos tarareado alguna vez. Marion's theme es la pieza romántica que necesita toda peli de aventuras y una gozada de escuchar (con cierto toque de Han Solo and the princess) No obstante, hay otras piezas sublimes como The map room, que, además, acompaña a una de las escenas clave de la peli. Si podeís, dad una buena escucha a toda la banda sonora; no tiene desperdicio; John Williams en estado de gracia.

¿Escenas destacables? Esta cinta está repleta de ellas y es muy difícil escoger. ¿Cómo elegir entre la de la piedra enorme que rueda tras Indy, la de la pelea en el avión, el tiro que le pega al tipo del espadón o toda la escena final? Por no mencionar el momento final cuando el encargado guarda el Arca como un objeto más en el almacén. Yo soy más sencillo: me quedo con toda la peli y listos.




¿Entendéis lo que quería decir con "rastrero"?



Era mil novecientos ochenta y uno y los efectos especiales, si bien estaban en plena eclosión después de La guerra de las galaxias, se caracterizaban por una cosa: eran artesanales o, dicho de otra forma, pre-tomas digitales. Eso no quiere decir que, en esta cinta, fuesen malos; ¡en absoluto! Las explosiones, los soldados que vuelan, los submarinos  o la sangre que salpica es real, se ve que está ahí y eso le da un toque que muchas de las producciones de hoy día no tienen. Uno de los momentos más destacables es la espectacular escena final. ¿Se notan los muñecos cuando se deshacen? Sí pero, repito, eso no quiere decir que sean malos efectos; solo lo que se tenía entonces. Eso sí, me encantan esas hadas malignas que salen del arca y que, claro está, son actrices fotografiadas de manera especial; hoy serían generadas por ordenador. 







Pues esto ha sido todo. Deciros que os recomiendo esta peli sería repetirme porque lo llevo haciendo desde la primera línea de la entrada. Me parece la perfecta película de aventuras: muy bien pensada, mejor escrita, dirigida de forma maestra y con unos actores metidos hasta el sombrero en sus papeles mientras una banda sonora de bandera la adorna. ¿Se puede pedir más? Sí, otras tres pelis para completar (de momento) la saga.

Vedla. Si no lo habéis hecho, cosa que dudo, nunca es tarde si la dicha es buena. Yo la he visto millones de veces y las que quedan por delante. Y, lo bueno, es que me lo paso pipa todas ellas. Por algo será.


Vigilad el cielo.





sábado, 1 de diciembre de 2012

El caballero verde


El caballero verde (Sword of the Valiant: The Legend of Sir Gawain and the Green Knight)
(1984)
Director: Stephen Weeks
Guión    : Stephen Weeks, Howard C. Pen, Phillip M. Breen 

Miles O’Keeffe
Cyrielle Clair
Sean Connery
Leigh Lawson
Peter Cushing
Trevor Howard
John Rhys-Davies



 Un miembro de la corte del rey acepta el desafío del misterioso Caballero Verde: deberá resolver un acertijo o perderá su cabeza…

 Recuerdo que, allá por mediados de los ochenta, cuando el VHS brillaba con todo su esplendor, las puertas y las paredes de los video-clubs (qué tiempos, Señor…) se llenaron con el cartel de esta película. Ya sólo por el título, la cosa se ponía interesante pero, sobre todo, el reclamo era que Sean Connery era el protagonista. Con todo, tengo un vago recuerdo de ella porque, si la memoria no me falla, a pesar de lo pequeño que era por aquel entonces, algo no vi claro en la peli porque no me llamó demasiado. Con todo, es el tipo de  cinta que siempre he tenido en mente para revisitar y, de paso, compartir con vosotros.  Pues muy bien, el tiempo ha pasado y yo no soy tan infante pero la peli, para bien o para mal, sigue siendo la misma, claro. Ok, vamos allá…
Antes de nada, hay que hacer una advertencia. Y es que esta cinta es un vástago de la productora Cannon. Quizás no os diga mucho con esto pero, para muchos aficionados del mundillo, dicha compañía era sinónimo de películas de poco presupuesto, acción a raudales y, muchas veces, terminadas rápido y no muy bien. Si queréis ejemplos, ahí están las cintas de Chuck Norris, Los Masters del Universo o Superman IV (ojo, que en absoluto quiero juzgarlas porque, servidor de ustedes, se lo pasa pipa con todas y cada una de ellas) No tenía ni idea de que este caballero que viste de verde procediera de dicha productora pero, una vez que he visto el resultado, no me extraña lo más mínimo que la compañía tenga la (para muchos infame) fama que tiene. Pero vamos por partes…
Si nos fijamos en el argumento (ya que si, desde el principio, te fijas en otras cosas, puedes pensar de otro modo), la cosa no está mal: un rey (¿Arturo? A saber, porque no se dice) está hasta la corona de que sus caballeros sean unos vagos y el reino ya no reluzca como antes. Desde la primera escena conocemos al extraño personaje de Connery, El caballero verde, y ya tenemos argumento: el protagonista, Gawain, debe resolver un acertijo porque, de no ser así, perderá la cabeza. Literalmente.
 
 
 
A partir de aquí, acudimos a una serie de aventuras, algunas bastante ingenuas, donde destaco ciertos decorados, sobre todo lo referido a los castillos, que queda claro que muchos de ellos eran de verdad y se ve que los adecentaron para determinadas escenas. Si no queires complicarte mucho la vida, lo único que puedes hacer es dejarte llevar (o tratar de dejarte llevar) por las aventuras, más o menos entretenidas que tenemos por delante.
Me gustaría destacar más cosas a favor pero es imposible. Y es que esta película no tiene muy buena fama y, depende de con quién se hable, incluso puede decir que es mala con ganas. Por eso, la lista de “peros” que se puede poner puede llegar a ser muy larga.
Empezamos por los pequeños detalles que, no por ello, dejan de ser muy llamativos. Para comenzar, nada más ver a Miles O’Keefe, futuro protagonista, con esa peluca rubia platino las alarmas cantan. Le queda fatal, resulta hortera, hace el efecto de una cabeza enorme y, para colmo, todo ello destaca mucho más por el hecho de que el amigo O’Keefe tiene las cejas oscuras. Y es que el tema del vestuario es un detalle que en esta cinta o bien no cuidaron, o pasaron de él, o se las apañaron con lo único que tenían a mano y que el presupuesto podía permitirse, es decir, algo del montón. Si ya la peluca del amigo canta a lo bestia, mirad el modelito que luce durante todo el metraje: vestido de blanco de pies a cabeza (salvo unas botas oscuras) con una camisa que tiene unas hombreras más grandes y afiladas que cualquiera de las espadas. Y os perdáis el vestuario del hijo de Fortimbrás: turbante y pieles. Alucinante…
Pero, si de apariencias raras y horteras hablamos, no hay que perder de vista las pintas de Sean Connery, que no tienen desperdicio: peluca tremenda y abultada, rostro maquillado de un color extraño, armadura de tonos verdosos que deja al aire el pecho peludo y unos cuernecitos tipo reno que resultan ridículos. Y, por si fuera poco, pelo y rostro tienen una especie de… ¿purpurina? Tremendo…
El guión, si bien parte de una idea que no está mal, ya que no deja de ser la historia típica de superación del héroe, me ha parecido poco trabajado. Por eso, la impresión que me ha dado es que salta de una cosa a otra, de una aventura a otra sin estar hilvanado del todo.  Así, pasamos de la corte, al episodio de la bruja de la tienda. De ahí a la pelea contra el guardián de Lionés o las aventuras en este pueblo que, por cierto se me han hecho muy pesadas. Luego, los episodios con el monje, el enano sabio, la historia de Linet… Vamos, un batiburrillo de cosas que, de algún modo, hace que te olvides del propósito real del protagonista, que se supone que es averiguar el significado del acertijo.
¿Es todo? No. La película, como buen ejemplo de ese tipo de cine que se queda pero que muy corto, tiene ciertos detallitos en el guión  que, según te pillen, te pueden hacer reír o, si tienes el día malo, coger el mando a distancia y darle al stop (cosa que, lo admito, he estado a punto de hacer en un par de ocasiones) Por ejemplo, la primera preocupación del recién nombrado caballero no es preparase para pelear o aprender a usar una espada, no. Hay otro asunto más importante (y, desde cierto punto de vista, muy lógico): saber por dónde puede orinar con la armadura puesta. No hay problema, su arma más poderosa será una especie de abrelatas que, por cierto, también puede ser muy útil si te ligas a la prota de turno y te vas a una alcoba con intimidad. Ah, y sabido es por todos que los caballeros andantes se dejan guiar por la aventura y, como se dice en la peli, “…cazan sus propias viandas…” Pues bien, el amigo Gawain cree que eso es prepotencia pero el hambre le puede y al tío no se le ocurre opta cosa que cazar un unicornio para zampárselo. No se contenta con un conejo, un venado, un pájaro o una lagartija, no; un unicornio. Y es que, cuando hay hambre, hay hambre. Si a todo ello le añadimos unas peleas con espadas muy mal coreografiadas, unos efectos que se han quedado muy antiguos y que ya en la época cantaban (me remito a la cabeza cortada de Connery) , un rey malo (Fortimbrás) que juega con maquetas a gran escala como un energúmeno y que todo está aderezado por una musiquita de sintetizador que no pega ni con cola, el resultado es una película floja con tintes muy chapuceros que, como dije antes, puede hacer que te den ganas de ponerte a hacer cualquier cosa por poco interesante que sea. Que un pañuelo verde salve el cuello del prota porque sí o que, después de todo, se quede sin la chica porque esta se convierte en paloma, es algo que dejo al gusto del personal.
Los actores los dejo para el final porque, de veras, no me han dejado de sorprender. Miles O’Keeffe, por si te suena de algo la cara, fue el responsable de poner rostro y músculos a Ator, aquel sucedáneo de Conan y que trató de hacer sombra a Arnold Schwarzenegger en nada menos que dos entregas. También fue Tarzan en esa adaptación pseudo erótica que tuvo a Bo Derek como Jane. O’Keeffe, como en Ator, se muestra pelín impasible, de rostro duro y pose heroica que tumba, pero poco más. Cyrielle Clair como Linet cumple sin más ni más, si bien creo que le falta algo, quizás más protagonismo y carisma. Pero, sin duda, quien más destaca, no  por interpretación, sino por su mera presencia en la película, es Sean Connery. Está claro que le utilizaron como reclamo de la cinta (cosa lógica por otra parte, claro) pero está lejos de ser un papel decente en su carrera. De veras, no entiendo qué hace en esta película. Lo mismo me ocurre con la presencia de Peter Cushing. Quizás, sobre el papel, la cosa pintaba de otra forma…
En resumidas cuentas, amigos, una película, al menos para mí, irregular se mire por donde se mire. Quizás la idea y las intenciones fueron buenas pero, por desgracia, el modo de desarrollarla, dirigirla y, por qué no, interpretarla, dieron al traste con una cinta que, un poquito más trabajada, hubiera podido ser otra cosa. Yo, después de muchos años, he conseguido verla. ¿La recomiendo? Lo único que puedo decir es que, como curiosidad, ahí queda. El resto, lo dejo a gusto del espectador.
Y ya, de remate, comentar que todos sabemos que, muchas veces, una película se define por sus diálogos. Os dejo uno que dice uno de los personajes, un fraile, acerca de unos monjes que hacen voto de silencio:
“… Estos hermanos son muy aburridos. Pasan los días y ni un solo eructo, ni un cuesco…”
Pues eso…
Ánimo y, con caballeros verdes o del color que sean, seguid vigilando el cielo.
Os dejo un pequeño montaje con algunos de los momentos de Gawain. Hay muchos más, claro pero te pueden serivir de aperitivo para abrir boca.