La Tierra se la disputan ángeles y demonios. La clave de todo será un hombre: Fausto…
Vamos allá con otro clásico de cine mudo, todo un espectáculo llevado con mano firme por F. W. Murnau, el responsable de esa obra maestra que es Nosferatu. Posiblemente, el título te sonará más por obra, gracia y pluma de Goethe. Tranquilo, a mí me pasaba igual. De hecho, claro está, sabía que la obra se había adaptado con mayor o menos fortuna pero no tenía ni idea de que había una versión muda. En cuanto me enteré de que el mismo que parió Nosferatu era el director no lo dudé.
Muy bien, os puede decir que…
La película tiene un comienzo espectacular, nada menos que con Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Así, como suena. Si esto te parece toda una hazaña para la época, creo que sería mejor que, si ves la peli, te acomodes bien en tu sillón porque aquí, las sorpresas visuales están servidas en bandeja de plata, oro y brillantes. De inmediato, vamos a asistir a unos momentos absolutamente espectaculares en los que seres de la talla del Diablo o de un arcángel se juegan el destino de la Tierra. Y, para más inri, el tamaño de ambos es descomunal; comparados con ellos, la Tierra no deja de ser lo que un balón para nosotros. Aquí la sorpresa es mayúscula cuando comprendes que, a fin de cuentas, estás viendo una película de 1926.
La trama no se hace esperar mucho y, de hecho, se puede decir que va directa al grano cuando oímos un nombre crucial en la historia: Fausto, una especia de sabio-científico-filósofo-alquimista cuya alma se disputan los cielos y las tinieblas. Y, como está visto que para los seres celestiales, bueno o malos, somos tan importantes como una pelusa al viento, hacen una apuesta con respecta a Fausto: el que gane su alma, se queda con la Tierra. Así, como suena. A partir de aquí, lo que vamos a ver son las tretas, ruines, rastreras y traicioneras que Mefisto, hecho carne y mala baba, va urdiendo para fastidiar la vida del inocentón de Fausto y, de paso, del resto de la humanidad.
Por eso, se puede decir que la cinta tiene dos partes muy bien diferenciadas. En la primera, vemos cómo el Fausto anciano, débil, atormentado y hecho polvo se las ve y se las desea para tratar de afrontar el mal que asola el planeta, léase la plaga que el Demonio suelta sobre la faz del planeta en forma de peste que no deja títere con cabeza. Me gustan mucho las escenas breves, pero intensas, en las que vemos a toda la gente volverse loca ante el funesto destino que dicha plaga tienen para ellos. Y es que, si estás viendo a un saltimbanqui que, haciendo el pino, se muere porque sí, ya puedes huir; y bien lejos, además.
Esta primera parte tiene otro momento cumbre y que es necesario comentar, ya que me ha gustado mucho: ese en el que Fausto, hasta el gorro de todo y de una Biblia muy gorda que se ve que no le sirve para nada, decide dejarse tentar por el lado oscuro de la vida y pedir ayuda a… Venga, que te dejo que lo adivines. ¡Sí, al Demonio! Y lo hace de manera muy chula: en un cruce de caminos, invoca tres veces en nombre maldito dentro de un círculo que él mismo hace. Esta escena me parece muy bien llevada y mejor rodada ya que es una de las más inquietantes, por no decir terrorífica de toda la peli. Y es que, después de la invocación, tenemos a Mefisto en persona saludando a Fausto. Y lo hace de muchas formas, en distintos sitios y con esa cara que da miedo.
El resto supongo que lo conoces: Fausto es tentado y, a cambio de poder para curar, vende su alma al diablo. Lo curioso es que curar, cura de lo lindo pero los seres humanos, tan agradecidos como siempre, le acusan de hacer tratados con el Demonio y se lían a pedradas con el pobre. Anda, eso para que te metas a ayudar a nadie.
Lo curioso es que, si bien el tema de la invocación y el trato con el Diablo lo conoce todo el mundo, me ha sorprendido ver que este, cuando el tema de la plaga acaba, vuelve a tentar a Fausto de un segundo modo mejor y más divertido: le vuelve joven. Imaginad, pasar de tener este aspecto:
A tener este otro.
Vamos, que cuando el amigo Fausto se ve joven, lozano y guapetón, firma lo que haya que firmar y las veces que haga falta.
Y es aquí donde se puede decir que termina la primera parte de la peli y, para mí, sin duda, la más interesante ya que, a parte de ser la más tétrica, tenebrosa y, a su modo, terrorífica, también es la que desarrolla un impacto visual más directo o, por lo menos, así es como lo he sentido yo.
Desde este momento, la historia se hace, o se me ha hecho, un pelín más lenta y un poquito menos interesante. Lo que sucede es que, desde este momento, vamos a ser testigos de los devaneos amorosos del joven Fausto, en concreto, con cierta rubia de melena larga llamada Gretchen que va a hacer mella en el corazoncito del filósofo y que, a su vez, va a ser el desencadenante del dramón tan espectacular que vamos a ver hasta que sale eso del “Fin”. En esta segunda parte destaco, por encima de todo, el papel de Mefisto y de cómo, a su modo, es decir, siendo una serpiente vil y traicionera, lo lía todo para consumir a Fausto. Por eso, si hay que matar al hermano de tu novia, se le mata; que hay que coquetear con una señora mayor regalando collares, se coquetea. Y si hay que salir volando en tu capa a modo de alfombra voladora, pues se vuela. Por eso, este segundo fragmento se me ha hecho un pelín más pesado, me resultan un poquito cargantes y, sobre todo, largas, las escenas de tonteo/cortejo que se traen Gretchen y Fausto, lo mismo que la caída en desgracia de ella. Sus momentos de soledad y amargura con el niño, la muerte de este, su condena a la hoguera… todo ello es muy dramático y, por supuesto está muy bien rodado y mejor interpretado pero, repito, se me han hecho unos instantes demasiado pesados. Quizás, después del empuje tan bestial con el que empieza la cinta, entre tanto efecto especial y momentos llamativos, todos estos episodios dramáticos me hayan aburrido un poco. Eso, por supuesto, es mi opinión y, digo yo, también estarán basados en la obra de la cual parten.
Sigo. Algo a destacar, como ya has podido observar, es la espectacularidad que, en determinados momentos, emana de esta peli. Los efectos especiales son muy llamativos y, estoy seguro, en aquella época tuvieron que dejar con la boca abierta a los afortunados que podían ir al cine a deleitarse con semejante espectáculo. Desde luego, aún hoy, no dejan de sorprender. Me gustan mucho el aspecto cósmico y gigantesco que dan al arcángel y al Demonio al principio. Fijaos que los actores están en mitad de unas alas estáticas construidas al margen del vestuario pero que, en conjunto, quedan espectaculares. Las miniaturas, en este sentido, logran una perspectiva asombrosa y, a la vez, realmente tenebrosa. ¿Más? Claro, la ya mencionada escena de invocación en el cruce de caminos es muy intrigante y, como dije antes, roza el cine de terror. Si queréis más efectos, ahí tenéis la firma del contrato y cómo las palabras aparecen surgir de la nada, la escena de vuelo sobre la capa o la aparición “humana” de Mefisto. Repito: todo esto, en 1926. Para quitarse el sombrero, vamos.
¿Y al final? ¿Qué puede contra todo mal, contra todo pecado, contra toda falta? Esa palabra mágica que hace más estragos que mil plaga, que diez mil demonios o que cien mil corazones débiles ante la tentación: amor. No, si ya lo dijeron los Beatles en su momento.
Los actores me parecen muy, pero que muy notables. Aquí, a pesar de que hay secundarios, vamos a contar con un terceto protagonista de muchos quilates. Camilla Horn es una Gretchen muy creíble que pasa de ser angelical y pura a una desgraciada de mucho calibre. Muy atentos a las escenas en la nieve con su hijo. Esos ojos transmiten mucho. Gösta Ekman, sin duda, me gusta mucho como Fausto pero, debo admitir que me llama más la atención como anciano que como joven; en el primer caso, me resulta más creíble que en el segundo. De hecho, su maquillaje es tremendo. Y, el mejor, para el final. Lo admito, tengo debilidad por los personajes malos pero es que Emil Jannings como Mefisto se come a todos, no sólo cuando está en plan deidad del mal al comienzo, sino es su papel humano, con ese aspecto maquiavélico de duende vil y traidor que, vestido de negro, orejas puntiagudas al viento y maquillaje y pluma (negra) que le delatan no da lugar a dudas: es malísimo. Fijaos en las expresiones que se pasa poniendo a lo largo de toda la peli. Hay momentos en los que mira enarcando ceja y cerrando un ojo que resultan cómicos pero, al a vez, muy divertidos y no quedan mal en absoluto.
Pues esto ha sido todo. En conjunto me ha gustado bastante y, sin duda, ha entrado a formar parte de mi colección de pelis mudas. Por supuesto que hay otras que me gustan más pero sí, te la recomiendo sin lugar a dudas. Me parece, a pasar que la trama y el interés decaen un poquito (para mí) en el segundo acto, que es toda una lección magistral del arte de contar una historia con unos medios que, ahora, pueden resultar algo precarios pero que, en aquel entonces, no fueron obstáculos para seguir adelante. Quizás, por eso, yo estoy escribiendo esto ahora y tú lo estás leyendo. Recuerda: 1926…
El agente inmobiliario Hutter es enviado a tratar con el misterioso conde Orlok la compra de una propiedad. Pero el conde esconde un terrible y maligno secreto…
Vamos allá con la primera de las películas mudas que voy a reseñar en el blog. Desde el principio lo he tenido muy claro: si tenía que estrenarme con una película muda, esa tenía que ser Nosferatu. ¿La razón? La considero una buena película pero, por encima de todo, una buena película del terror más puro y primigenio que existe: el miedo a una criatura desagradable que, como surgida de la peor de las pesadillas, nos acosa en la oscuridad de la noche más tenebrosa trayendo consigo mal, el miedo y, sobre todo, la muerte.
Pero no voy a precipitarme y vamos a ir paso por paso. Hablar de Nosferatu obliga a recalcar alguna de las consideraciones que cualquier aficionado al cine de terror o a esta cinta conoce pero que será un placer compartir con vosotros. Veamos…
Para empezar, hay que decir que esta cinta fue, en su origen, el primer intento de llevar la novela de Bram Stoker Drácula al cine. Pero, fijaros cómo son las cosas, ya por aquel entonces Murnau, el director, tuvo problemas por aquello de conseguir los derechos del copyright de cara a la adaptación al cine. Aún así, siguió adelante y cambió algunas cosas: Drácula pasó a llamarse con Orlok, la acción transcurre en Alemania o los personajes de Jonathan Harker y Mina se convierten en Hutter y Ellen. Aún así, el motor de la historia era clavadito al de la novela, es decir, Hutter es enviado a Transilvania a zanjar un acuerdo con el misterioso conde que resulta ser un vampiro amén de otras cosas, claro. Esto hizo que, cuando se exhibe la película, la viuda de Stoker pusiera una demanda que ganó. ¿El resultado? Orden de destruir todas las copias de la cinta. Por suerte para nosotros, las copias ya estaban diseminadas por muchos países y se conservaron algunas.
La película, aparte de ser de miedo, es toda una oda a dos cosas: al terror y la muerte en sus estados más puros. Por eso, lleva el subtítulo de “una sinfonía de terror” La cinta está agrupada en cinco actos en los que se nos cuenta la historia del maligno vampiro, su viaje a Wisborg y las consecuencias de su presencia. Por ello mismo, nada más empezar, se nos informa de la mortandad que asoló Wisborg en 1838 para seguir con una nota de advertencia acerca del ser conocido como Nosferatu.
A partir de ahí, comienza la trama. Conocemos a dos personajes, Ellen y Hutter, ambos enamorados y risueños (a juzgar por su rostro y expresión, él más que ella) pero este idilio no va a apagar ese aire a tétrico que predomina en todo el metraje. Por eso, a través de determinados diálogos, se nos recalca que esta es una historia de muerte se mire por donde se mire:
—¿Por qué las has matado? —pregunta Ellen ante el regalo de Hutter—. ¡Pobres flores!
—¡No corra tanto, joven amigo! —le dice un personaje a Hutter por la calle—. ¡Nadie escapa a su destino!
Ahí no queda la cosa; de hecho, sólo acaba de empezar. Sabemos que Hutter trabaja como agente inmobiliario y, por ello, su jefe, el señor Knock, de apariencia siniestra y repulsiva, le encarga la tarea de ir a negociar con un tal conde Orlok. Los augurios son tremendos:
—Sólo le costará un poco de esfuerzo, una pizca de sudor y quizás… un poco de sangre —le dice Knock. De nuevo, ese sentimiento de destino fatal. Por no decir que se refieren a Transilvania como “…el país de los fantasmas…”
Knock
Aquí es evidente que la trama recuerda a Drácula de manera más que obvia: el viaje al castillo, la reticencia de los aldeanos al hablar de Orlok, y la intención de este de ir a otro país a hacer de las suyas. Obvio que la viuda de Stoker anduviera con la mosca detrás de la oreja ante tanto “parecido casual”
Una vez que Hutter toma contacto con los aldeanos, vemos que la película, de manera bastante inteligente y eficaz, va profundizando aún más en ese sentimiento de muerte y desgracia, sólo que ahora se centra en la figura próxima del mal en su estado más puro y que es obvio que se refiere al conde. Por eso, aparte de saber de él, vemos que los caballos están asustados (buen golpe de efecto ese, como si preparara al espectador), que los aldeanos hablan de hombres lobo, que Hutter lee un libro de vampiros o una cosa que me ha llamado mucho la atención: vemos que un animal,una hiena, no para de merodear y asustar a los animales, como si vigilara todo. Y ahí va mi pregunta: ¿dicha hiena puede ser el conde transformado? Sabido es por todos que el vampiro se puede convertir en las criaturas más odiosas…
Al final, Hutter llega a su destino. Lo primero que llama la atención es que es castillo es de verdad. Según parece, el utilizar elementos reales fue algo que Murnau quiso desde el principio. En el caso del hogar del conde, puede verse a la perfección que no se trata de un decorado, sino de un castillo real que, al ser evidentemente viejo y derruido, supone la guinda perfecta a todo este ambiente de muerte.
Y, por fin, le vemos. Después de varios minutos de espera en el metraje, tras muchas referencias a él pero sin llegar a revelarse, vemos al primer vampiro de la historia del cine. Aparece de las sombras del castillo, después de que una puerta se abre a sola. La caracterización, perfecta. Es alto, espigado, de negro de pies a cabeza. En su rostro pálido de muerte, destacan dos ojos enormes cercados por una sombra que hacen el efecto de inhumanos y grandes. Las manos, recogidas sobre el pecho, ya muestran un rasgo distintivo de pesadilla: sus largas, afiladas y antinaturales uñas. Lleva un extraño sombrero pero da igual: Max Schreck interpreta al vampiro perfecto, de aspecto totalmente repulsivo, fiero y sanguinario. Debo admitir que, para mí, este es el mejor vampiro de la historia del cine. Su rostro me da literalmente asco por inhumano. Murnause recreó de manera magistral en la figura capaz de despertar nuestro miedo más primigenio: la del monstruo feo de aspecto horrible y rodeado de oscuridad que, en todos los sentidos, provoca repulsión se mire por donde se mire.
Hutter, alucinado, contempla el rostro de su anfitrión. No hay que culparle, por mucho asco que dé, uno no puede dejar de mirarle. Y así, se adentra en la oscuridad del castillo y termina el primero de los actos.
El acto segundo transcurre en el castillo y es donde el vampiro se luce más. Ya de entrada, asistimos a la recepción que el conde ofrece a Hutter y es donde va a suceder una de las escenas que más me gustan por curiosa y original: resulta que Hutter se pone a comer y se corta. Ojo: sangre. Fijaos en los ojos del conde por encima de la hoja que está leyendo: inhumanos, propios de un animal salvaje. Parecen tan grandes que se le van a salir de las órbitas. Pero lo mejor viene a continuación: resulta que Orlok, lento, se levanta y… ¡le chupa el dedo! Soberbio. Sólo imaginarme a ese tío horrible acercarse a mí y meterse mi dedo en su boca me da un repelús absoluto. Repito: soberbio.
¿La cosa se detiene ahí? No. De hecho, poco después, cuando Hutter está en su habitación hecho un lío, somos testigos de otra escena famosa: abre la puerta, se asoma y ve al vampiro de pie, en mitad de la oscuridad, con las uñas desplegadas y mirándole fijamente. Esta vez,contemplamos por fin su aspecto sin el gorro, la imagen más famosa de Nosferatu: calvo, extremadamente viejo pero aterrador. Lo admito: yo veo eso en mitad de un castillo de pesadilla y no tengo terreno para correr, volar o lo que sea. Más aún si, como sucede en la peli, la puerta de la habitación se abre sola y entra él… No obstante, lo mejor es que, mientras esto sucede, ocurre otra escena paralela con Ellen muy bien narrada y que nos dice que, tarde o temprano, ella jugará un papel fundamental. Después, otros momentos tremendos cuando Hutter, que cree que le han picado unos mosquitos en el cuello descubre al vampiro durmiendo (de nuevo, rostro inhumano) o, lo que es mejor, una constante de esta película y que, siempre que se habla de ella, surja la coletilla de “representante del expresionismo alemán”: el uso de la sombra del vampiro como un protagonista más sobre el cuerpo de Hutter.
La escena del dedo...
El acto tercero vemos cómo Orlok embarca rumbo a su destino y conocemos a otro personaje: el profesor Bulwer, que no es sino un sucedáneo de Van Helsing: el cuida de Ellen y, además, nos da unas lecciones magistrales de plantas carnívoras que actúan como vampiros o Pólipos con tentáculos que, si uno se pone analítico, tienen la forma de la garra de Nosferatu (“casi como un fantasma”) Y sí, de nuevo, parecidos con la novela de Stoker. Y es que el agente inmobiliario Knock está en cerrado en un manicomio y comes moscas y arañas. ¿Os suena a Rendfield? Pues eso… Todo ello, más alguna que otra escena de Ellen sentada en un playa rodeada de cruces (Detalle ajeno a la narración pero que queda sublime) hace que nos quede claro que la inquietante y mortífera presencia del asqueroso vampiro está cada vez más cerca.
Pero lo principal en este acto es lo que ocurre en el barco: los pobres desgraciados que viajan en él, aparte de estar rodeados de ratas, son masacrados por Orlok. Y aquí tenemos otra escena para la posteridad: esa en la que el conde se despierta y, como levitando, sale de su ataúd. La peste se acerca. Tremendo.
Masacrando el barco...
Seguimos. En el acto cuarto, tras llegar el barco con semejante carga a puerto (y ver esa escena en la que el conde (por cierto ¿con más pelo a los lados?) sale de las bodegas) somos testigos de que Orlok, con su presencia y ratas, ha traído la peste a la ciudad y esta está asolando todo. La muerte y tristeza se respira a lo largo de esta parte. Además, vemos que Ellen está cada vez más influida por la presencia del vampiro. Destaco las escenas en las que un personaje marca con cruces de tiza las puertas de los infectados y esas en las que se ven procesiones de hombres cargando ataúdes por las calles. Lo dicho: una forma perfecta de señalar la miseria que Nosferatu trae sobre la ciudad. No obstante, acudimos a un pequeño atisbo de esperanza: Ellen, en el libro de Hutter, lee que una mujer puede acabar con el monstruo haciéndole olvidar el canto del gallo mientras le bebe su sangre. Dicho de otra forma: la muerte del monstruo conlleva el sacrificio.
Y así llegamos al acto final, el quinto. Aquí, Nosferatu está en todo su esplendor asesino y somos testigos de ciertas escenas que han pasado a la historia del cine cuya vigencia, efectismo y, al menos para mí, efecto a la hora de provocar el terror, siguen tan patentes como hace años. Me refiero a esosmomentos en los que vemos la sombra inhumana del vampiro subiendola escalera, abrir, la puerta o, mi favorita por original y efectista: la sombra de la zarpa de Orlok llega al corazón de Ellen y lo estruja. Sublime. Por no mencionar (siento aguar el final) cuando Orlok está merendándose el cuello de Ellen: quieto, sin mover un músculo, lo más parecido a un animal devorando su presa. Y, al fin, ese plano del gallo cantando al amanecer que hace que el vampiro, con ojos de pesadilla pero con la sorpresa en ellos, vea salir el sol y, de una vez, se vaya al infierno.
¿Aspectos mejorables? Alguno claro, ya que todo no puede ser perfecto. Para empezar, siempre me ha llamado la atención las caras que pone Gustav Von Wangenheim sobre todo al comienzo de la cinta; me parece que trata de expresar su alegría de manera algo forzada, desmesurada diría yo. Claro que esto es sólo una opinión ya que, a fin de cuentas, estamos hablando de una película muda (repito, 1922) Y si De Hutter hablamos, mención hay que hacer con Ellen, que siempre me ha parecido bastante poco femenina. Esto, por supuesto, con todo el respeto a su interpretación, que me parece bastante correcta a la hora de expresar la angustia que refleja su rostro. Vamos, que me contrasta mucho la cara de felicidad excesiva de Hutter con la de fantasma de Ellen pero, sobre gustos, ya se sabe…
Otro detalle: es sabido que Murnau tenía fama de apasionado, detallista e innovador. Por eso, no dudó en emplear recursos “revolucionarios” en aquella época, como la stop-motion (léase la escena en la que Orlok se mete en el ataúd) o la cámara rápida para dar más énfasis y dramatismo a determinadas escenas. Lo que ocurre, y esto no lo considero fallo en absoluto, es que ambas cosas, con el paso de los años (sobre todo la segunda), han quedado algo desfasadas y cantan demasiado. Así, el ya nombrado efecto de cámara rápida se hace más que evidente cuando Orlok recoge a Hutter en el carruaje o en la anterior escena de los ataúdes. Es más, dicen los expertos que en la stop motion en esta última secuencia el movimiento de los caballos está desincronizado. Bueno, ahí queda…
¿Más? Detallitos. Siempre he considerado que el reloj en forma de esqueleto es poco serio y no pega en el contexto de la peli. Que, cuando Hutter ve al vampiro entrar en su habitación, la reacción del amigo sea taparse la cabeza con la sábana no deja de quedar raro. Y, por cierto, ¿a quién le da Hutter la carta cuando está en el castillo? Se supone que nadie se acerca pro allí por puro miedo. Entonces, ¿quién es ese tipo al que se la da? Y ya, por último, debo admitir que las escenas posteriores a la llegada del barco o el tema de culpar a Knock desvían, para mí, claro, un poco la trama principal del monstruo.
Todo esto. Decir que esta película me encanta es quedarse corto. Seguro que lo habéis podido entrever a juzgar por todo lo que he contado. Muchos la consideran una obra maestra no sólo del género de terror, sino del cine. Y yo me uno a ellos. Se remonta a 1922 (ahí es nada) y me parece sorprendente que, en aquella época, con aquellos medios, se hiciera tanto como se hizo. ¿La mayor virtud para mí? Sin duda, el modo de expresar el terror a través de la figura de un personaje a todas luces repulsivo por aspecto y acciones pero que, a su vez, genera un hálito de muerte, tristeza y en general, miedo, que se respira a través de todo el metraje con detalles como las ratas, la peste, las frases acerca de la muerte o el final feliz porque muere el monstruo pero, a la vez, triste por el sacrificio que ello supone.
Por cierto, para que veáis que el efecto remake no es algo exclusivo del siglo XXI. La película ya tuvo el suyo allá por 1979 con nada menos que Klaus Kinski haciendo del malvado vampiro. En esta ocasión, lo de Orlok ya era cosa del pasado y se utiliza el nombre de Drácula (cosa que no me deja de parecer curiosa). Fue en color y, por supuesto, hablada. La comentaré en su momento pero debo decir que, y eso es un gusto por completo personal, ver al vampiro en color y oírle hablar quitó parte de ese encanto, de esa magia que irradia la versión de 1922. Y es que, que sea muda, ayuda mucho a crear esa atmósfera de muerte que impregna toda la cinta
Recomiendo que la veáis, por su puesto. No la subestiméis porque se trate de una peli muda. De hecho, como ya he comentado, esa es una de sus muchas virtudes. Esto es cine en su estado más puro, tanto como el terror que inspira, toda una gozada que se disfruta hoy, como hace años o, estoy seguro, como se hará en el futuro.
Curiosidades:
Hablar de las curiosidades de Nosferatu podría dar pie a varias entradas de cualquier blog. La cosa, por muy exagerada que parezca, no es para menos: se han escrito libros, rodado documentales, películas, grabados programas de radio… de todo. Y es que, a pesar de la época en que se rodó, la cinta tiene el (¿dudoso?) honor de agrupar una serie de leyendas urbanas alucinantes que, con el paso de los años, no hacen sino crecer y generar cada vez más polémica. Los que ya conocéis esta peli sabéis por donde voy y lo que sigue a continuación no os sorprenderá. Por el contrario, si no tenéis ni idea de lo que hablo, se os abrirán los ojos como platos cual vampiro Nosferatu salido de la tumba. Bien, sea por unas o por otras, vamos allá.
Hablar de Nosferatu es hablar de Max Schreck, que es el protagonista absoluto y, por supuesto, el actor encargado de hacer de vampiro. Pues bien, con respecto al amigo hay que hacer mención a dos cosas:
La primera, que, depende de con quién habléis, el libro que leáis o el documental que veáis, os dirán que, o bien se sabe muy poco acerca de quién fue y su vida fue el colmo del misterio o que, de lo contrario, fue un actor normal y corriente que participó en películas y obras de teatro como su profesión indica. Es curioso cómo, después de años de creer lo primero, se va dando cada vez más veracidad a lo segundo.
La segunda, que si traducís el nombre Max Schreck, quiere decir, literalmente, “Terror Máximo”
Juntando todo esto, da como resultado la leyenda urbana más famosa de la historia del cine y que, aunque suene raro, tiene adeptos a patadas. Resulta que hay muchos que creen, y así lo afirman, que la veracidad de Schreck a la hora de interpretar Orlok y mostrar su apariencia monstruosa se debe a que, en realidad… se trataba de un vampiro real.
Alucinante, ¿no?
Pues sí, amigos vigilantes del cielo. Muchos adeptos y estudiosos de la cinta recalcan una y otra vez que la peli salió tan bien y el personaje resultó tan real porque, después de todo, estábamos viendo un vampiro de verdad que Murnau contrató para dar más veracidad a la cinta e impactar al espectador. ¿Datos que sustentan esta teoría? Los más famosos dicen que, en primer lugar, NADIE vio a Schreck sin maquillar; siempre estaba preparado y maquillado cuando el resto del equipo llegaba al plató. Según se dice, el actor (no sé si, después de lo escrito, debería llamarlo así) estaba metido CONTINUAMENTE en su papel hasta el punto de que hablaba, reaccionaba y, sobre todo, miraba, como un vampiro y, por si fuera poco, dormía en un ataúd. A todo esto hay que añadir que, durante la filmación, desaparecieron varios miembros del equipo sin que nadie explicase por qué. Los que defienden esta teoría dicen que el vampiro se los llevó por delante.
¿Queda ahí la cosa? No, porque, en relación con lo anterior, hay otro dato que, como poco, pone los pelos de punta.
Resulta que, ya que el supuesto vampiro sólo trataba con Murnau, cuenta la leyenda que el precio que puso la criatura no fue dinero, sino sangre. En este caso, la de la actriz Greta Schröeder (Ellen) que, según dice la leyenda, fue asesinada de verdad en la escena en la que Nosferatu bebe su sangre. Dicho de otra forma, lo que vemos en pantalla es de verdad: el vampiro está bebiendo la sangre la chica muerta. Muchos de los que apoyan esta teoría se basan en que, si nos fijamos, Murnau se recrea quizás demasiado y de forma más que sospechosa en el plano del monstruo quieto, entre sombras, bebiendo su preciado líquido.
Como ya he dicho, leyendas ya que, si nos ponemos en plan realista, podemos averiguar sin problemas que Greta Schröeder siguió con su carrera como actriz y falleció en 1948 mientras que Schreck en 1936, participando en varias películas.Si uno se quiere ir por la vía del misterio y lo raro, ya es una cuestión personal…
Sigamos, que la cosa no acaba aquí. Otro de los motivos por los que esta cinta está siempre rodeada de un halo de misterio (aparte de Schreck, claro) es que se comenta que algunos de sus responsables estaban metidos en logias de carácter esotérico, muy en boga en la época. De hecho, he leído comentarios que dicen que la carta que tiene Knock llena de símbolos raros al principio de la película tiene un significado determinado, al igual que todo el metraje, significados ambos que sólo pueden descifrar los que conozcan dichos detalles esotéricos.
Relacionado con lo anterior, la productora de Nosferatu es Prana Films, integrada por miembros ocultistas relacionados con corrientes teosóficas. “Prana”, en indio, sánscrito y en yoga se refiere al término “energía vital” La cosa no queda ahí. Henrik Galeen, que también se hizo cargo del guión de El Golem, hizo lo propio con Nosferatu. Por cierto, según parece, era miembro de la orden Rosacruz.
Albin Grau diseñó un montón de bocetos en los que se inspiró la peli que, a su vez, tomó como inspiración los que hizo Hugo Steiner-Prag para El Golem. Hasta la cara nauseabunda del vampiro está basada en un diseño de Steiner.
Antes del rodaje, se convocó un casting de ratas, solicitando 40 ó 50 de ellas bien cuidadas, dejando claro que se pagarían muy bien. Decía así “Para el inmediato rodaje de una película se precisan 30-50 ratas vivas y bien alimentadas. Se pagará generosamente” Dicho anunció apareció en un periódico local el 31 de Julio de 1921.
Murnau era cuidadoso y le gustaba experimentar: en la escena del carromato de Orlok recogiendo a Hutter, trabajó con un negativo: cubrió al carromato y al actor de ropa blanca. Al ser proyectada la cinta en negativo, el blanco se convirtió en negro, favoreciendo así, a los ojos del espectador, cierto tono raro y extraño en esa secuencia.
Greta Schröeder participó en 1920 en otro clásico del cine mudo: El Golem.
Con respecto a las leyendas urbanas comentadas, en el año 2000 se rodó una película llamada La sombra del vampiro en la que se narra la historia del rodaje de Nosferatu dejando bien claro que, en efecto, Schreck fue un vampiro de verdad. Como curiosidad, recomiendo verla.
Terminando este apartado de curiosidades, comentar que la película, a lo largo de los años, ha sufrido muchos y muy variados recortes, lo que ha hecho que, dependiendo del país, la extensión de la misma sea variable. Y si de cambios hablamos, también debo decir que la banda sonora que han incluido en las sucesivas copias y ediciones ha sido de lo más variable. En la edición que dispongo yo, la banda sonora está a cargo de Hans Erdmann. Cuestión de personal pero debo admitir que no me gusta nada; me parece demasiado estrambótica.
Os dejo una foto del actor Max Schreck sin y con maquillaje. ¿Qué pensáis vosotros?
Y, para terminar, un pequeño vídeo con unos cuantos momentos de la peli. Hay más, claro pero espero que os pique la curiosidad (aún más) y verla: