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sábado, 10 de agosto de 2019

Drácula vuelve de la tumba



Drácula vuelve de la tumba.
Dracula has risen from the grave.
1968.
Director: Freddie Francis.
Guión: Anthony Hinds.

Christopher Lee.
Barry Andrews.
Rupert Davies.
Veronica Carlson.
Barbara Ewing.


Monseñor ha resucitado a Dracula por casualidad. Ahora, el vampiro se cobrará  venganza del modo más brutal posible...


¡Hola a todos!

Antes de empezar, da un vistazo a esto:





 ¿Menudo comienzo, verdad? 

Pues bien, hoy os traigo la tercera de las películas del conde más vampiro de todos los tiempos interpretado por Christopher Lee, que, a su modo, tuvo su propia saga de películas. Cosa curiosa, antes de empezar, la gente suele tener en mente que estas pelis son independientes unas de otras. Ojo, que en realidad no es así; de hecho, están conectadas y suelen empezar allí donde la anterior acabó. Dicho esto, os puedo decir lo siguiente. 
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La verdad, la historia no ofrece muchas novedades porque, si vemos todas las pelis en conjunto, descubrimos que hay un patrón muy marcado que, más o menos, obedece a este esquema: a Drácula se le cree muerto/resucita por la intervención casual de un desgraciado/esto afecta a unos personajes que tienen que luchar contra él/conflicto final. Pues bien, la peli que comento hoy se va a ajustar a ese patrón como si fuera el Padre Nuestro. Por eso, la trama, la verdad, es que me gusta porque la gracia radica en esos personajes que son afectados por la presencia del dichoso conde y que tienen que enfrentarse a él. Así, puedo decir que hay dos tramas principales: una es la del propio Drácula, que es la misma de siempre, y otra la de Paul y compañía, que tiene que hacer frente a la amenaza. Me gusta mucho la idea de que Paul sea un ateo empedernido y que, para más inri, se enamore de una chica cuyo tío es un alto mando eclesiástico y, por ello, un intolerante nato. Esto da lugar una subtrama muy interesante que atrapa al espectador y que hace que, a su modo, aparque de manera muy sutil lo referido al conde, aunque todos sabemos que ambos aspectos estarán enlazados al final. Las película, además, destaca porque, a pesar de no tener una duración muy larga (aproximadamente hora y media) está muy bien condensada en todos sus elementos, no deja ninguno al azar y atrapa al espectador desde el principio al final, recreándose en los aspectos que se tiene que recrear.

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 Como para no quedarse sentadito en el sofá para ver qué ocurre, ¿verdad? 

Resultado de imagen de draCULA has risen from the grave blood Esto me lleva a otro aspecto fundamental en una peli que tiene el nombrecito de Drácula en medio: la sangre. O, dicho de otro modo, la truculencia. La verdad, si has visto cualquiera de las pelis de la saga, comprobarás que, en cuestión de sangre, no se cortaban un pelo y, muchas veces, mostraban escenas fuertes sin miramientos (aquí me remito a la muerte de uno de los personajes de Drácula, príncipe de las tinieblas, y que puedes ver haciendo click aquí) Pues bien, debo decir que la peli que nos toca hoy tiene una serie de momentos bestias como ellos solos y que, desde luego, conforman la chispa de la vida (o de la muerte, toma ingenio que he desplegado en el comentario) del metraje. Si la escena inicial que he marcado más arriba te ha gustado (a mí, desde luego, sí), ahí tienes el momento en que Drácula se lleva por delante a la pobre, rolliza y guapa Zena. Todo esto está muy bien pero es que su criado (que es un sacerdote), luego la tira al fuego por aquello de que el cadáver no moleste. El momento en que Paul trata de matar al conde en la tumba con la consabida estaca en el corazón y este se revuelve en su ataúd también está muy bien, sobre todo, porque vemos al monstruo retorcerse, sufrir y alejarse de la imagen del tipo estirado y aristocrático que todos conocemos. Y, otro momento sanguinariamente divertido, el final. Que seas vampiro y mueras atravesado entre gritos y estertores agónicos vale, es lo que tiene pero, que todo eso sea porque te han atravesado con una cruz, manda narices. No obstante, hay una escena que me gusta mucho (desde siempre) y es la que hace que recuerde esta peli. No es un momento bestia como los que he comentado, pero si es muy significativo. Me refiero, claro, a esa escena en la que monseñor carga con una cruz enorme a sus espaldas para colocarla en la puerta del castillo de Drácula (también, hay que reconocer en esto una mala leche por parte del cura considerable) Siempre me ha parecido una especie de alegoría al camino del calvario. Además, me gusta que, conforme se acerca, los truenos, vientos y relámpagos hacen de las suyas. Y, de remate, la parrafada en latín que suelta frente a la susodicha puerta. Y, hablando de situaciones no violentas, también destaco la escena de la cena/ateísmo que ocurre al principio. Todo esto, y más, me parece muy bien mostrado y, sobre todo, bien narrado, de manera muy ágil y bien llevada.
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Los personajes están muy bien mostrados, desde el principio. Drácula sigue a lo suyo, es decir, matando. Eso sí, se puede ser vampiro pero no tonto: a los hombres los convierte en esclavos; a la mujeres, que no veas lo monas que son todas en estas pelis, las muerde y todo lo que tú quieras o puedas imaginar. Paul es muy significativo; un ateo combatiendo contra un vampiro y, además, juerguista como él solo. Monseñor es curioso porque el tipo es el colmo de la bondad pero, si hay que echar de tu mesa y casa a un joven porque dice que es ateo y no cree en lo mismo que tú, se le echa y en paz; nada mejor como tener una mente abierta y poner la otra mejilla. Ah, y el tipo siempre me ha recordado al padre de Zipi y Zape, léase, don Pantuflo Zapatilla. El sacerdote del pueblo es un pobre desgraciado que lo mismo resucita vampiros que es un esclavo de ellos. Zena es carne de primer plato vampírico desde que sale y María está para lo que esta: para hacer crecer (malpensado, sé lo que se ha cruzado por tu mente) los dientes al conde.

Cuando la Iglesia y sus representantes mandaban que daba gusto.



Muérdeme...



Paso a los actores. Lee, como siempre, es el Drácula perfecto: salvaje, bestia, sanguinario y dispuesto a morder tantos cuellos femeninos que se pongan a tiro como sea posible. Si yo fuera vampiro, haría lo mismo. Aquí habla un poquito más pero, digámoslo así, es un personaje que hace más que dice y sus diálogos tampoco es que sean muy necesarios. Rupert Davies está muy bien como Monseñor; tan creyente como estúpido y estirado. Barry Andrews, que me recuerda mucho a Hugh Grant, me gusta mucho como Paul. Bárbara Ewing queda muy natural como Zena mientras que Veronica Carlson cumple como María porque, la verdad, su papel no da para más. Ewan Hooper, salvo los primeros minutos de peli, se pasa la cinta agobiado y, la verdad, creo que lo hace muy bien.


Ahí que voy...



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¿Hay algo que no me ha gustado mucho? Bueno, por aquello de poner algo, voy a decir dos cositas. La primera, demasiados primeros planos de los ojos de los ojos de conde inyectados en sangre. Vale, sabemos que eso es su modo de hipnotizar (iba a poner acojonar) a las pobres víctimas pero tampoco hay que pasarse. El otro es que lo de que Paul sea ateo queda muy bien pero se ve el plumero al guión puesto que está claro que, al final, se convertirá, con santiguado incluido. A lo mejor, y esto lo digo desde mi humilde opinión personal, hubiera quedado bien que siguiera en sus trece porque, siendo prácticos, la ayuda divina recibida a lo largo de toda la peli es bastante escasa por no decir nula. Es más, si te fijas, el final de Drácula es porque este, es su ímpetu maligno, resbala y cae. Bueno, meras cositas. Pues, de verdad, te la recomiendo. Me parece una peli muy entretenida que te mantiene enganchado sin problemas y te hace pasar un ratito muy divertido; una oportunidad de ver terror a la antigua usanza cuando la sangre era de bote, de un rojo precioso y las dentelladas de los vampiros eran dos agujeros muy gordos en un (delicioso) cuello femenino. Si puedes, dale un vistacito y me cuentas.

Para leer la reseña de Drácula.
Para leer la reseña de Dracula, príncipe de las tinieblas.


 Vigilad el cielo.
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sábado, 13 de junio de 2015

Drácula


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Dracula (Horror of Dracula)
(1958)
Director: Terence Fisher.
Guión   : Jimmy Sangster.
Peter Cushing
Christopher Lee
Michael Cough
Melissa Stribling
Carol Marsh
John Van Eyssen


Jonathan Harker se hace pasar por bibliotecario para trabajar en el Castillo del conde Drácula…

¿Es necesario presentar al vampiro más cruel, odioso y, a su modo, atractivo de la historia del cine?

Siempre he pensado que, en las representaciones que ha tenido el conde Drácula en pantalla ha habido dos que son icónicas. Por supuesto que ha habido muchas más y muy buenas, pero, por el impacto y, sobre todo, por actores, sigo diciendo que hay dos. Una es la de Bela Lugosi. Otra, sin dudarlo, es este horror de Drácula y que tuvo como protagonistas, entre otros a la pareja Peter Cuching / Christopher Lee. Curiosamente, son muchos los que consideran que esta fue la primera vez que ambos actores coincidieron en pantalla y fue en este momento donde se forjó la leyenda. Pues no; ya coincidieron un año antes en La maldición de Frankenstein, otra joyita de la factoría Hammer. Y, si me apuráis, también lo hicieron en 1948 en Hamlet, la versión de Lawrence Olivier.
Pues bien, esta versión de Drácula ya es todo un clásico. Y no solo por su antológica pareja protagonista, sino por muchas otras cosas que me gustaría compartir con vosotros. ¡Vamos allá!
Lo primero que llama la atención del espectador nada más empezar es la música. No es una partitura agradable. Ni siquiera se puede decir que pertenezca a esas bandas sonoras que son tarareables Todo lo contrario. Es una música nada agradable, espectacular y, a veces, trepidante y chirriante a partes iguales. Esos “golpes musicales” tan característicos van a repetirse una y otra y otra vez a lo largo del metraje anunciando, en la mayoría de los casos, o bien una desgracia o una persecución inminente (ved la escena final para entender este último apunte) Y ya, desde el principio, la música va a tener su papel protagonista en unos títulos iniciales que me gustan mucho y que creo que es necesario destacar: vemos los distintos planos del castillo mientras oímos esa música espectral para terminar en un plano que me encanta:  la tumba de Drácula… salpicada por una sangre muy, pero que muy roja muy propia de la Hammer. Y esto es solo el principio.
Sigo. Mención especial hay que hacer en esta cinta en lo que a la ambientación se refiere. El castillo de Drácula, las escenas dentro de las casas (atentos al dormitorio de Harker, con ajedrez y todo) o en cualquier taberna reflejan de manera bastante acertada la época en la que está narrada la historia (mil ochocientos y pico) Y lo mismo puede decirse de los trajes, tanto los más refinados como los no tanto (véase aquí campesinos, taberneros o miembros de funerarias) Por cierto, el castillo está estupendo, entre otras cosas, porque era (y es) un castillo de verdad. Con todo, el modo de fotografiarlo y de iluminarlo me parece el más adecuado para una historia tan tétrica y sangrienta como esta.
Si hay por lo que destaque esta cinta es que está repleta de golpes de efecto que lo que buscan, y consiguen, es sorprender al espectador. Sería imposible enumerar todos pero ahí tengo que nombrar unos cuantos. Por ejemplo, la primera aparición de Drácula en lo alto de una escalera en las sombras, ese plano tan bestial y espectacular del conde revelándose como lo que es: un vampiro sanguinario. Me encanta esa expresión de bestia salvaje con los ojos inyectados en sangre. Ahí se demuestra que, cuando hay que crear miedo, las florituras se dejan  de lado. ¿Más? Claro. Por curioso que parezca, en esta cinta, cuando se clava una estaca en el corazón de la vampira de turno, no se convierte en polvo, sino que recupera el peso del tiempo de golpe, convirtiéndose en una anciana (de la cual se encarga Harker, por cierto) Muy  buen detalle el hecho de que un todo un príncipe de las tinieblas como lo es el conde, disponga de un carruaje de negros caballos… y un ataúd blanco como la nieve. El contraste, en el conjunto de la cinta, me parece sublime. Hay más pero espero que os haya picado la curiosidad y lo queráis descubrir por vosotros mismos.
La película, a pesar de tratar de quien trata, no solo intenta sorprender al espectador con lo típico y recurrente, a saber: sangre y muertes. Fisher se muestra muy sutil y elegante cuando quiere y, de igual forma que se las ingenió para mostrar al conde por primera vez rodeado de oscuridad y misterio, también se luce con su némesis, Van Helsing. Por eso, me gusta muchísimo una escena que suele pasar desapercibida con respecto al resto: la presentación del doctor cuando entra en la taberna. Y es que el rostro del mismo se mantiene fuera de cámara hasta que no habla directamente con el tabernero. Un modo muy curioso de mantener el misterio y, de paso, el interés por saber quién es ese nuevo personaje.
La sutilidad, como ya he dicho, es una constante en esta película. Por eso, me gusta mucho el modo que se tiene de contar al espectador las características de los vampiros y, de paso, informar de la labor de Van Helsing. Otros, quizás, se hubieran decantado por utilizar diálogos normales y corrientes en escenas normales y corrientes pero aquí son un poco más originales: oímos las anotaciones habladas a través de una grabadora propiedad de Van Helsing. Y, si de sutilezas hablamos, tengo que destacar el hecho de que unos de los episodios más terroríficos de la historia, el de Lucy con la niña pequeña, es narrada por esta mientras se deshace en lágrimas. Me resulta que, narrado por la pequeña, es más escalofriante. Muy sencillo sí pero, desde el punto de visto del golpe de efecto, al menos para mí, de diez.
Sigo. Esta película es, en cuanto a la aportación al tema del vampirismo, muy importante ya que va a dar al mismo dos de sus factores más emblemáticos y que antes, por unas o por otras, no se quisieron (o no se pudieron) manejar. Uno es el de las mujeres voluptuosas, escotadas y vampiras. Aquí lo podemos ver, por ejemplo, en la chica que pulula por el castillo de Drácula al principio (de hecho, en el minuto seis) y de la que Harker se encargará más tarde. A partir de esta cinta, el asociar al conde con mujeres bellas, voluptuosas y de gesto vicioso es tan natural como unir una mujer guapa a James Bond. Y esto lleva al segundo de los factores: el erotismo. Siempre que se habla del libro, se dice que la obra fue tremendamente erótica para la época. Aquí, dicha característica se representa con algo muy simple pero que, desde luego, hace referencia al tema sexual de manera más que explícita: los colmillos. Y es que cuando el conde ve a una mujer que le gusta y a la cual quiere esclavizar, le empiezan a crecer, sutilmente, los dos famosos colmillos a modo de “erección vampírica” Lo que ocurre es que, de manera general, cuando uno ve la peli, se olvida de erotismos y se centra en el hecho de que el amigo vampiro se va a poner las botas con el cuello de la pobre chica. Nada, se puede ser vampiro pero una chica guapa, es una chica guapa.


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La película, a pesar de ser de terror, creo que también pude encajarse a la perfección en el esquema de las películas de aventuras. Ya sé que decir esto suena un poco raro pero siempre me ha parecido que aquí podemos ver el esquema aventurero de toda la vida: Héroe (Van Helsing)/Amigo del Héroe (Holmwood)/Chica (Mina) y malo al que hay que eliminar (Drácula) De hecho, mucho del metraje de la peli, se va en las peripecias de Van Helsing y Holmwood y sus pesquisas para encontrar el ataúd de conde y así acabar con él. Por eso, la trama en conjunto me parece una conjunción bastante bien llevada entre el terror y la aventura propiamente dicha, si bien es cierto que el primero gana por puntos a la segunda. Con todo, creo que está muy bien llevada, sin dejas cabos sueltos y, además, se las arregla para mantener el interés del espectador durante toda la cinta.
Y, por supuesto, cómo no destacar la escena final en la que, después de encontrar el rastro del conde, Van Helsing no se lo piensa y sale corriendo a por él. Está claro: o uno u otro pero no pueden ganar los dos. Si al modo en que está rodada, muy ágil y dinámico, le añadimos esa música tan trepidante que te hacen querer salir corriendo con Cushing tras el conde, el golpe de efecto está logrado; todo un final muy digno a una película, para mí, sobresaliente. Por cierto, esta última escena solo a base de imagen y música. Ni un diálogo. Ni falta que hace. ¿Qué más se puede pedir?


Pasamos a los actores. Para mí, muy bien todos ellos. Vamos poco a poco. Melissa Stribling me parece bien como Mina, aunque también me resulta algo sosita. Tampoco es que su papel sea para tirar cohetes. En esta película, Mina es una mera comparsa con cierto protagonismo, sobre todo, al final. Carol Marsh es una buena Lucy vampira, porque, de normal, sale poco y lo poco lo hace en una cama enferma. Con todo, los colmillos le quedan bien. Seguimos ya con los importantes. Michael Cough (el Alfred de las cuatro primeras entregas de Batman) me parece un buen Arthur Holmwood, si bien al principio me queda algo estirado y demasiado amante de su esposa. Menos mal que luego se suelta un poco. Y, los mejores, para el final. Porque, seamos sinceros, los anteriores (y algunos más, claro) están bien y aportan su granito de arena a la peli pero si hablamos de esta versión e Drácula, dos nombres se nos vienen a la memoria. Y de veras que es difícil colocarlos el orden en que se merecen pero, aún así, ahí van: Christopher Lee como Drácula y Peter Cushing como van Helsing. Los dos, perfectos, plenos en la diana, matrícula de honor sin duda. Ambos lo hicieron  tan bien que, con esta peli, pasaron a la historia y se convirtieron en leyendas del terror. Y con méritos propios. Lee es el Drácula perfecto: alto (casi dos metros), temible, de aspecto serio y severo aunque se permite sonreír de vez en cuando. Pero, lo mejor es que, cuando se pone en plan salvaje, está increíble. Supo aportar una elegancia, frialdad y fiereza al personaje que, al menos para mí, fueron considerables; todo un icono para con el conde. Y, una cosa muy acertada en la que no se suele reparar demasiado, es que Drácula, en esta peli, habla muy poco. De hecho, sólo al principio de la cinta. Eso le da un aire de animal salvaje que viene muy bien al personaje. Cushing, por su parte, me sigue pareciendo el mejor Van Helsing de la historia del cine. Resulta erudito, académico, inteligente y muy, muy natural. Y es que Cushing sabía impregnar a sus personajes ese toque de naturalidad tan apabullante que va más allá de la mera representación del rol en sí. Se muestra valiente y temerario, sí (se lanza tras el conde sin pensárselo) pero, cuando le vemos en plan doctor, uno se cree que, de verdad, este hombre era médico. Fijaos en la escena (deliberadamente larga) en la que hace una transfusión a Arthur y su esposa. El lenguaje corporal, la naturalidad que destila mientras quita las vías o utiliza los frascos me parece soberbia. Y eso es justo lo que necesitaba esta peli. Frente a la fiereza descontrolada del vampiro, la humanidad sin igual del médico.



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¿Aspectos que pudieron haberse hecho mejor? Bueno, con respecto a esta peli hay una cosa que es evidente y que sería absurdo negar: al igual que ya hicieran con Frankenstein el año anterior, se tomaron muchas (algunos, con razón, dirían que demasiadas) licencias con respecto a la obra original hasta tal punto que podemos decir que lo que hicieron fue coger el nombre de unos personajes y luego hacer con ellos lo que les dio la gana. Así, Johantan Harker aquí es un caza vampiros asociado a Van Helsing. Lucy es hermana de Holmwood y este sería cuñado de Harker si este no muriese, ya que (Harker) iba a casarse con Lucy y esta es hermana de Holmwood. Y, claro está, este y Mina están casados. Dicho así, esto sueña a batiburrillo de los gordos pero ahí queda. Diríase que a los únicos que respetan son a Van Helsing y a Drácula. Sobre todo, al primero.
Otra cosa que me gustaría señalar en este apartado es que esta película, aunque resulte el colmo de la obviedad decirlo, es eminentemente seria. Aquí no hay tonterías o gags pero sí vampiros, sangre, mordeduras y muertes. Por eso, hay una escena que no me cuadra mucho porque, la verdad, no me pega con el conjunto. Me refiero a esa en la que Van Helsing y Harker vana a ver al tipo de la funeraria y este resulta un ancianete chistoso que incluso cuenta una anécdota graciosa. Mal no digo que quede pero siempre que la veo, me choca. Mirad:


¿Recomiendo verla? Ni dudarlo. Con independencia de si es una adaptación o no fiel del libro (eso lo dejo a gusto del personal) sí me resulta una buena película de terror que se ha ganado la fama de clásico que tiene por méritos propios. Me parece muy bien hecha, mejor llevada e interpretada de manera magnífica. Y, por supuesto, ver a esos dos monstruos que son Lee y Cushing no tiene desperdicio. Os animo a que, si no la habéis visto, le deis una oportunidad. Y, si ya lo habéis hecho, revisitadla.
Vigilad el cielo.




sábado, 27 de diciembre de 2014

Drácula: la leyenda jamás contada





Drácula: La leyenda jamás contada (Dracula untold)
(2014)

Director: Gary Shore.
Guión: Matt Sazama, Burt Sharpless.

Luke Evans.
Dominic Cooper.
Sarah Gadon.
Charles Dance.





El príncipe Vlad, desesperado por la amenaza del sultán, decide pedir ayuda a un vampiro para que le otorgue sus poderes y, de este modo, poder salvar a su pueblo...




¡Saludos!

Filosofando un poco...

Todos sabemos que algo huele a podrido en Hollywood. Y esto se traduce en una falta de originalidad de ideas más que considerable, Vale, de vez en cuando nos viene alguna peliculita original que nos sorprende y es una especie de soplo de aire fresquito tipo Lucy o Expediente Warren (ambas incluidas en este blog) Luego están la avalancha de remakes, reinicios, adaptaciones de libros, cómics o series de televisión con los que invaden las carteleras a todas horas.
Pues bien, siguiendo esta línea, leí hace un par de meses que algún lumbreras en Hollywood ha decidido rescatar los viejos monstruos de La Universal, es decir, los de toda la vida (Drácula, Frankenstein, la momia, el hombre lobo...) pero olvidando su toque terrorífico y dándoles uno más aventurero. ¿El motivo? La taquilla. Y es que algún otro lumbreras ha debido pensar que así se cazan más entradas por aquello de dar a esos personajes un aire más actual. Y, adivináis con cuál han empezado?

Nada más saber que iban a hacer otra versión de Drácula desde el punto de vista de sus orígenes, arrugué la nariz. Cuando vi el trailer, simplemente me dediqué a comer chuches. Bueno, pues acabo de verla y esto es lo que os puedo decir...

La película es, desde luego, honesta desde el principio y te deja claro qué vas a ver: el origen de Drácula. Y lo de "origen" no es un modo de hablar porque aquí vamos a conocer al futuro vampiro desde su más tierna infancia cuando, de chiquitín, fue reclutado por el sultán turco para su ejército. Lo bueno es que el jovencito Vlad fue un alumno aventajado y descubrió que, si además de matar, empalaba, sacaba mejores notas. Luego, ya de mayor, volvió a Transilvania para gobernar a su pueblo en paz, con su mujercita e hijos.

Hasta aquí el toque original está conseguido. Sinceramente, nunca me he planteado las raíces de Drácula pero jamás lo imaginé así. Por suerte, la palabra vampiro sale pronto, cuando se enteran de que en cierta cueva vive un ser que, a lo largo de los años. bebe sangre para mantenerse vivo.

La película es rápida; ten en cuenta que dura hora y media, algo casi risible para una producción de un personaje como este. Por eso, el quid de la cuestión viene cuando el actual sultán, que es un mameluco de cuidado, exige otros mil niños para su  ejército. Vlad, algo agobiado, decide que el ser de las montañas le puede dar cierto poder para combatir.

A partir de aquí, el metraje no ofrece sorpresas y no creo que tenga que explicarte nada: lo que queda de cinta es la lucha de Vlad contra el sultán mientras asume los poderes que tiene y lo que estos suponen. Y es aquí donde nos encontramos con uno de los elementos más curiosos y originales de la peli: Vlad no es un vampiro a la vieja usanza. Vale, tiene colmillitos, pone caras y demás. Pero, sobre todo, es una especie de súper héroe. No, no he bebido ni nada por el estilo. El príncipe Vlad descubre que el vampiro le ha pasado unos poderes especiales y esto no solo le coge por sorpresa, sino que debe aprender a utilizarlos. Por ejemplo, posee una fuerza excepcional, ve y oye como nadie y hace el truquito de covertirse en un grupito de murciélagos. Y, con todo eso, hace lo que cualquier súper héroe: combatir al malo para salvar a su pueblo y familia.







Y es que, por lo que acabo de escribir, ahí va otra en la frente en contra del mito: Vlad, aquí, es todo bondad y buenos sentimientos; marido amantísimo y padre de familia más amantísimo todavía. Por eso, si lo que esperas es ver cómo un conde retorcido se convierte en un monstruo más retorcido aún, vas listo. Así que te digo que, guste o no, la peli no deja de ser original en ese sentido. Y, hablando de originalidad, atentos que ahí va otra: el vampirismo tiene cura, solo tienes que estar tres días sin catar la sangre humana. Ahí queda eso...

La cinta tiene varias escenas que sí me han gustado y que, a su modo, son bastante espectaculares. La inicial, con la imágen congelada a modo de flash back está muy conseguida. La del vampiro viejo y su lengua asquerosa es bastante curiosa y toda la escena es muy interesante por lo que se cuenta en ella, es decir, todo el cotarro vampírico. Las virguerías de Vlad con los murciélagos, ya sea controlándolos o convirtiéndose en ellos me parecen bastante impactantes, lo mismo que esa batalla donde el conde, él solo, se enfrenta a los turcos y se ve todo reflejado en el filo de una espada. 





¿Y los actores? La verdad, te digo que, en mi humilde opinión, cumplen sin más. Luke Evans me sigue pareciendo algo soso, el típico actor que puede complementar a otros pero al que le falta carisma para un papel protagonista. Dominic Cooper no me pega nada como sultán; más que nada, porque con ese pelo y esa barba parece un modelo de una anuncia de colonia del siglo XXI. Sarah Gadon aporta cara bonita y poco más. Repito: es mi opinión.







¿Cosas que me han patinado? Pues, la verdad, unas cuantas. La que menos me gusta, el afán de humanizar a un personaje cuyo principal aliciente siempre ha sido lo poco humano que es. Aquí la perra de pintarle como alguien bueno y bondadoso raya lo peligroso. Con respecto al aspecto de los protas, veo que, al menos los principales (Vlad, Mirena, el sultán) son demasiado guapitos. Mucho músculo y curvas pero sigo prefiriendo los físicos normales y capas ondulando al viento. ¿Alguien se imagina a Max Schreck o Bela Lugosi marcando pectorales?

Luego están los detallitos. Por ejemplo, se supone que los tres días sin beber sangre son una agonía pero Vlad, que es un chicharrón del norte, ni se inmuta y, siempre que puede, se alivia las ganas con su mujercita. En la escena final, el sultán usa plata contra el transilvano como arma pero ¿de dónde ha sacado la información? Y, puestos a preguntar, ¿por qué el vampiro original no puede salir de la cueva aunque sea de noche? Pero, lo que más raro me ha parecido, por no decir la mayor tontería de la peli, es el razonamiento de Mehmed es decir, el sultán: no se teme lo que no se ve. Por eso, si sus soldados no ven a Vlad, no le temen. Y, lo mejor para ello, es mandarles a la batalla... con los ojos vendados. Esto, que a mí me suena a Mortadelo y Filemón, se lo toman los tipos tan en serio en la peli que, incluso al avanzar, ni se tropiezan. En fin...


Estas han sido mis humildes impresiones. ¿La recomiendo? La verdad, sí pero con condiciones. Si no tienes absolutamente nada que hacer y te pica la curiosidad por el personaje que es, yo te diría que le des un pase. Es lo que yo he hecho. Ahora bien, y te hablo desde la experiencia, si eres fan del amigo Drácula, borra de tu memoria todo lo que sabes o crees saber del personaje y, por supuesto, deja a Max Schreck, Christopher Lee o a Bela Lugosi a un lado. Si no, posiblemente la peli te parezca una pérdida de tiempo o, en en más caótico de los casos, una tontería. Eso ya lo dejo en gustos.

Vigilad el cielo.




sábado, 12 de noviembre de 2011

Drácula (1931)

Drácula (Dracula)

(1931)

Director: Tod Browning

Guión   : Garrett Fort


Bela Lugosi
Helen Chandler
Edward Van Sloan
David Manners
Dwight Frye
Herbert Bunston




 

Primera versión hablada de la obra de Bram Stoker y, quizás, una de las más famosas de toda la historia. Muchos fueron los factores que intervinieron para que esto fuese así. Vamos a repasar unos cuantos:
            En primer lugar, si se habla del Drácula de 1931, hay que hacer referencia obligada al actor que interpretó al malvado conde transilvano. Y lo hizo tan bien que hoy día, años después, sigue siendo conocido por ese papel y ningún actor posterior ha logrado arrebatarle la fama como Drácula. Me refiero, cómo no, a Bela Lugosi, el gran Bela. Y es que Drácula, sin Lugosi, no hubiera sido lo mismo. El actor ya había interpretado al personaje con éxito en el teatro y, cuando lo hizo en la pantalla, dio el salto al estrellato y de ahí a la leyenda. Lugosi, de procedencia húngara, fue el Drácula perfecto. Su fuerte acento al hablar inglés confirió al conde una dimensión que le ha distinguido de cuantas versiones se han hecho después. Rehusó por iniciativa propia usar los colmillos que siempre se asocian al monstruo y los sustituyó por una marca de fábrica, algo que, cuando se ve la película, te llega a lo más hondo: la mirada. Los ojos de Lugosi, su expresión, hacen que este Drácula algo tremendo, amenazante, terrorífico. Con él vimos por primera vez la imagen del conde vestido de frac con esa capa tan característica con la que se le sigue identificando hoy día (esto de la capa, al final de su vida, es centro de cierto detalle morboso que comentaré al final) Claro que no se sabe muy bien qué es más aterrador, si contemplar en rostro del actor cuando está serio o cuando a veces, muy pocas, deja entrever una leve sonrisa.
            Acampanándole, un elenco de actores muy digno. Edward Van Sloane es el perfecto Van Helsing: académico, severo, valiente. Helen Chandler (atentos a los ojos de esta mujer) y David Manners los secundan como Mina y Jonathan Harker respectivamente y Herbert Bunston haciendo de Seward Y, como secundario, otra grata sorpresa: Dwight Frye es un Rendfield tremendo, espectacular en su papel de loco. Bien es cierto que muchos, cuando ven la película por primera vez, hasta se burlan del modo de actuar de este hombre pero yo creo que lo que hace es más que digno. Contemplad su rostro cuando le descubren en la bodega del barco o en la escena en la que la pobre enfermera se desmaya y él, como un animal salvaje, se acerca cada vez más y más. Sus ojos lo dicen todo. ¡Y esa risa enloquecida…!
            Tod Browning era ya un experimentado director que tenía en su haber unas cuantas películas mudas y, de hecho, eso se nota en esta cinta. Si os fijáis, algunas escenas bien pueden pasar por propias del cine mudo. La que más destaca en este sentido es esa en la que Rendfield, después de beber el vino, se desmaya. Las novias de Drácula aparecen en escena cuando el conde les corta el paso y, con un gesto, les manda retroceder. Ni música, ni diálogos, ni efectos ni sonidos: imagen en estado puro. En general, la película tiene una factura muy elegante y no cae en escenas truculentas. De hecho, se puede decir que no hay ninguna salvo la muerte de Rendfield, dejando a la imaginación del espectador lo que ha sucedido en otro momento y no se ha visto.
Si nos fijamos bien, podremos comprobar que, salvo escasas ocasiones, la cámara está fija enfocando a los personajes mientras dialogan, salvo excepciones, como la escena en la que Drácula aparece por primera vez que parece que el actor (de manera absolutamente intencionada y planeada) mira al espectador. Añadir que contó como operador de cámara con Karl Freund que, posteriormente, rodaría La Momia, con Boris Karloff y echó más de una mano a Browning durante el rodaje.
            Una cosa a tener en cuenta cuando se habla de este Drácula es que, a pesar de que hablemos del vampiro más famoso de todos los tiempos, esta versión no es una adaptación de la novela de Stoker. De hecho, es una adaptación de una versión teatral que tuvo un sonado éxito de la mano de Hamilton Deane y John L. Balderston. De ahí el antes mencionado aire a obra de teatro que se respira a lo largo de la proyección (los personajes, por ejemplo, narran lo que ha sucedido para que el espectador se entere de ciertos acontecimientos) Ese tono de teatro también puede comprobarse sin problemas en la escena en que Lugosi es descubierto como vampiro en el salón del doctor Seward.
            Con respecto a la música, poca vamos a oír a lo largo de la película, salvo al principio, con el Lago de los cisnes, y al final, como colofón de la historia.
            Por supuesto, dada la naturaleza de la cinta,  y de la época, no encontraremos efectos especiales espectaculares en ella. Ni falta que hacen. Es más, se podría decir que NO veremos ningún efecto especial salvo niebla y vampiros de goma flotando en alguna que otra escena. Pues bien; cumplen su cometido y eso es más que suficiente.
            ¿Se puede decir más de este Drácula? Sí, y mucho porque, por si no lo habéis notado, estamos hablando de una película de hace más de setenta años que sigue vigente como el primer día y eso será por algo. Ya quisieran muchas de las de hoy, al menos, parecerse un poquito. Os animo a verla; merece la pena.
            Si hay algo que caracterice a Drácula es el montón de curiosidades que plantea. Señalo unas pocas para abrir boca:

-Bela Lugosi no era la primera opción para el papel del conde. La productora quería a Lon Chaney, todo un icono del cine de terror cuyos maquillajes en El fantasma de la ópera o El jorobado de Notre-Dame dejaron huella. La pena fue que Chaney se fue por culpa de un cáncer de garganta. Y de hecho, tras su muerte, muchos fueron los actores en los que se pensó antes que en Lugosi.
-Esto ha planteado una duda que nunca descifraremos: Chaney era un experto en el maquillaje mientras que Lugosi pasó de él. ¿Qué tipo de Drácula hubiera interpretado Chaney? ¿Monstruoso? ¿Asqueroso, en la misma línea que el Nosferatu de Murnau?
-Leyenda urbana al canto: se dice, siempre que se habla de Bela Lugosi, que aprendió las frases en inglés de manera fonética, ya que no controlaba el idioma. Según parece, esto no es más que un rumor ya que el actor llevaba ya mucho tiempo en América y controlaba el inglés... siempre son su acento característico.
-Esta, quizás, fue la primera película a la que se le dio publicidad más allá de lo cinematográfico para atraer al público a las salas. De hecho, en los pases iniciales, se contrataron ambulancias y enfermeras para que se quedaran cerca de la puerta del cine por si pasaba algo. Sea como fuere, las salas se llenaron.
-Efectivamente, hubo varios colapsos nerviosos por los sustos.
-En una entrevista, Bela Lugosi quiso gastar una broma a una periodista, dejó de hablar y la miró con la cara de Drácula. La pobre mujer salió huyendo despavorida.
-David Manners también sale en La Momia o Satanás (También llamada El gato negro)
-Edward Van Sloane hace su aparición en Frankenstein o El hijo de Drácula, película que conecta directamente con esta.
-A esta versión le debemos la imagen del conde repeinado, vestido con frac y capa.
-Sí, el muñeco de Barrio Sésamo que no para de contar, está inspirado en Lugosi.
-Fue de las pocas películas de terror que no incluía gags. Aquí se viene a pasar miedo y punto.
-Siempre se dice pero, desgraciadamente, fue así: este fue el primer gran papel de Lugosi y también el último. Se encasilló de tal forma en el personaje que nunca logró zafarse de él. Es más, lo interpretó de muchas formas y bajo distinto nombres a lo largo de distintas películas.
-Al año siguiente Lugosi metió la pata hasta el fondo cuando le ofrecieron interpretar al monstruo de Frankenstein. El actor rechazó porque, en el guión, el monstruo solo rugía y se tambaleaba como un idiota. Hay que reconocer que tuvo razón. Luego, el papel se reescribió para Boris Karloff. El resto es historia...
-Todd Browning no estaba en su mejor momento pues la muerte de su amigo Lon Chaney le afectó mucho. Eso hizo que, alguna que otra escena, la dirigiera bajo los efectos del alcohol o con desgana. Se dice que Karl Freund, no acreditado como tal, dirigió buena parte de las escenas.
-Ya que la película tenía ese aire, se estrenó como película muda en algunos cines.
-A la par que se rodó esta versión, se filmó otra hispana dirigida por George Melford con los mismos decorados y por la noche. Esta práctica era muy habitual en la época. Conocida como el “Drácula hispano”, se trata de una versión pero que muy interesante y que muchos consideran que, a veces, es mejor que la de Browning.
-Con respecto al detalle morboso de la capa: Lugosi, ya enfermo en su delirio, se creía en conde Drácula de verdad. Por eso, fue enterrado con la capa. La leyenda urbana dice que esto fue idea de su amigo Ed Wood (Sí, el de plan 9 del espacio exterior) pero Bela Lugosi Jr., hijo del actor, ha confesado que fue decisión suya y de su madre.
-Si nos fijamos bien, cuando Lugosi mira con esos ojos a la pobre víctima de turno, podemos ver que reciben luz de manera casi directa. Browning consiguió esto haciendo unos agujeritos sobre una superficie de madera y enfocándolos a la cara del actor. Simple, sí, pero muy efectivo.
-El símbolo del murciélago-vampiro, copiado hasta la saciedad, sale aquí para presentar la película.
-Según el hijo de Lugosi, el actor siempre dijo que interpretar al conde fue una bendición y, a la vez, una maldición.
-Un consejo: soy gran defensor del doblaje español pero, si podéis, vedla en versión original. Bela Lugosi, Frye y Van Sloane no tienen precio.