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sábado, 18 de julio de 2015

Horns



Horns (Horns)
(2013)

Director: Alexandre Aja.
Guión   : Keith Bunin.

Daniel Radcliffe.
Juno Temple.
Max Minghella.
Joe Anderson.








Ig está acusado de matar a su novia, Merrin. Harto de que nadie le crea, culpa a Dios de todo... y unos cuernos que sacan lo peor de todos le crecen en la cabeza...


¡Muy buenas a todos lo vigilantes del cielo!

La peli que voy a reseñar hoy me ha parecido de lo más curioso. Tengo que decir que, cuando comencé a oír hablar de ella me pareció algo, como poco raro. Hay que admitirlo: la historia de un tío al que le crecen cuernos en la cabeza es, como poco, extraña y, si os ponéis a pensar mal, una tontería del tamaño de La Estrella de la Muerte. No sabía muy bien si era seria, de terror flojito, paranormal o qué demonios me iba a encontrar ahí. El caso es que, si bien me pareció, como ya he dicho, curiosa, también tengo que decir que no es que matara por verla. Muy bien, al fin ha caído y esto es lo que os puedo decir...

Tengo algo en la cabeza...
Para empezar, tengo que reconocer que lo que más me ha gustado es la historia. Lo de que a un tipo le salgan cuernos por la frente puede llevarse de dos formas: o bien o rematadamente mal. Y, si me apuráis, hasta se podría haber caído en el más tonto de los ridículos rodando una historia estúpida (que las hay y, hoy en día, más) Pues bien, creo que ese aspecto está muy bien llevado y mejor mostrado en la pantalla. Porque, y esto es lo importante, el tema cornudo es lo que podríamos llamar un eje principal del cual parten varios más. Y es que, atentos, amigos, esta es la historia de la investigación de un asesinato. Si esperabas ver criaturas raras (amén del susodicho cornudo), sangre y efectos puede que te sorprenda porque no es así. Y debo decir que es una investigación muy bien llevada llena de giros en el argumento y sorpresas que, por lo menos me ha ocurrido a mí, ha hecho que no despegue los ojos de la pantalla. Pero, por si esto no fuera poco, también es la historia de unos amigos y familiares que, como siempre suele ocurrir, guardan más de lo que parece. Y, de remate, como colofón a todo, adornando el paquete como si un gran lazo se tratara, tenemos el motor de todo: una historia de amor romántica, trágica y lacrimógena a partes iguales pero historia de amor a fin de cuentas. Todos estos elementos y más son llevados de manera bastante digna y acertada hasta tal punto que te metes en la historia y quieres saber qué va a pasar luego.

Pero, si hay otra cosa que va a destacar, y debo decir que me ha cogido por sorpresa, es el tono de cachondeo gamberro que se respira a lo largo de toda la cinta. No es el humor tonto y absurdo que tanto está de moda hoy; es ese que hace que determinadas situaciones empiecen de un modo y acaben de otro. Y es que, amigos, los cuernos no solo salen; también sacan lo peorcito de todos y hacen que el personal suelte la primera verdad que siente o se le pase por la cabeza. Esto hace que el golpetazo trágico/romántico se vea muchas veces compensado con determinadas situaciones y diálogos que no te esperas. Como no te quiero destripar mucho el cotarro te diré que, si hago que te pique la curiosidad, prestes atención a la escena del médico que trata de cortarle al prota los cuernos, la de la confesión de la madre o cómo dos polis duros no lo son tanto. Y hasta ahí puedo leer.


Como dijo alguien: "¿Comorrrrl?"


Creo que se puede decir que la peli tiene dos partes bien diferenciadas con distintos tonos. La primera trata de cómo Ig tarar de asumir el problemón que tiene encima en forma de cuernos. La segunda, es la investigación del crimen propiamente dicha y que se dedica a despistar al espectador de manera totalmente intencionada. A mí me han gustado ambas pero reconozco que la primera tiene cierta chispa muy curiosa.

Como puedes suponer, el corte fantástico está asegurado y eso y hablar de efectos especiales es casi lo mismo. Aquí los hay pero muy, muy comedidos y justo en la escena final. Por lo demás, es más cuestión de maquillajes que de efectos digitales. Supongo que, ya que tenían presupuesto, decidieron lucirse un poco en los minutos finales.

¿Escenas que me han gustado? La verdad es que varias pero me
quedo con dos. Una, la final, cuando descubrimos lo que le pasa a un ángel caído (lo reconozco, sueno misterioso pero es que, de lo contrario, te destripo una buena sorpresa) Dos, el momento en que Ig, después de arrancarse los cuernos, se rodea de serpientes, fuego y una herramienta que recuerda de manera sospechosa a un tridente. ¿Te suena a algo la conjunción de esos tres elementos?

Los personajes me han gustado mucho porque resultan muy naturales y, sobre todo, creíbles. Aquí no hay cachitas ni guaperas, ni falta que hacen (salvo Merrin que, hay que admitirlo, es muy mona. Tanto como pelirroja) Ig está hecho polvo toda la peli y su hermano Terry igual, solo que con la ayuda de la química. Lee es el típico abogadillo de oficio y Merrin la parte femenina de la trama. Hay más, claro, pero son secundarios y refuerzan, más o menos, a estos principales. Por cierto, por aquello de la curiosidad, te diré que, todo lo que rodea a los personajes, está relacionado de manera subliminal con la Biblia. Por ejemplo, la matrícula del coche de Ig es 2036LUK (Lucas, 20:36) y la de Terry GEN138 (Génesis 13:8) Ig es el diminutivo de Ignitus y se le llama así al prota una sola vez en la peli. Pues bien, Ignitus hace referencia a "ignite", es decir, fuego. Ah, y ya puestos con los nombres, y por si no lo has notado, la chica se llama Merrin... como el sacerdote de El Exorcista.







Y de los personajes paso a los actores. La verdad es que todos ellos están pero que muy bien. Joe Anderson (Terry) lo borda como músico colocado hasta las cejas. Max Minghella (Lee) da el pego como el único que ha hecho algo de provecho en la vida y, menos mal, no es el abogado que estamos acostumbrados a ver, léase estirado, trajeado y todos los "-ados" que se os ocurran. Juno Temple sale poquito pero cumple por natural y guapa. Y, desde luego, el mejor para el final. Harry Pot... Digo Daniel Radcliffe hace, en mi humilde opinión, un gran trabajo y es obvio que el muchacho se está esforzando por demostrar que puede hacer muchas cosas más a parte de gritar "¡Expeliarmus!" Aquí se muestra hecho polvo, literalmente, y lo mismo aparece desesperado como destrozado en mitad de un mar de lágrimas por culpa del amor perdido. Creo que, desde luego, fue un gran acierto contar con él.




Esto ha sido todo por hoy. Desde luego, recomiendo verla. Me parece, por encima de todo lo que os he soltado, que la peli es muy original y eso es un soplo de aire fresco en mitad de tanto remake, reinicio y secuela que pulula hoy por las pantallas de cine. No sé lo que ha pasado con ella, si se ha estrenado tarde o, simplemente, ha pasado sin pena ni gloria. Puede que, al ver a Radcliffe en mitad de ese cartel que creo que se podían haber curado un poquito más, la gente haya pasado un poco, no lo sé. El caso es que, a mí, y esto lo dejo bien claro, me ha gustado bastante y, lo principal, me ha entretenido durante dos horas. En una peli de estas características esto ya es todo un logro, así que, hay queda.

Vigilad el cielo.






domingo, 26 de febrero de 2012

La mujer de negro

La mujer de negro (The woman in black)
(2012)
Director: James Watkins
Guión   : Jane Goldman
Daniel Radcliffe
Ciarán Hinds
Mary Stockley
Lizz White





Un abogado debe acudir a arreglar los papeles de una vieja casa que guarda un terrible secreto...

Y vamos allá con una cinta que está recién salida del horno.

Tengo que reconocer que, a pesar de que me encanta el género de terror (cosa que puede deducirse de las películas que he comentado hasta ahora), también soy prudente a la hora de fijarme expectativas cuando se estrena una nueva peli del género. Por eso, cuando comencé a oír y leer cosas de esta mujer de negro me puse un poquito a la defensiva. Por un lado, el tema de conversación de la peli era que


Dracula, un ejemplo del
buen hacer de la Hammer
Harry Potter era el prota. Mala cosa si un actor es el único reclamo de una película. Pero, cuando empezaron a llegar imágenes y vi que el tema estaba orientado al terror gótico de toda la vida, mi sensación de “a ver qué es esto” dio paso a la de “quiero ver esto” y, cuando las luces se apagaron y vi el emblema de la Hammer en mitad de la pantalla, la cosa se puso más que interesante. Y es que servidor de ustedes es un fan de esas viejas películas de la factoría Hammer que, allá por los años cincuenta y sesenta hicieron las delicias de los aficionados al cine de terror cuyos títulos, algunos en mayor medida (Dracula, la saga Frankenstein, La Gorgona, Hace un millón de años) y otros en menor (Las mujeres prehistóricas, She, la diosa de fuego), se han convertido en joyitas del género.

Antes de nada, debo decir que el comentario de “terror gótico de toda la vida” es literal. Estamos ante una historia de miedo. Pero no es ese miedo que surca (a veces con tanta pena que la gloria brilla por su ausencia) en los últimos tiempos las carteleras y que produce cualquier cosa menos lo que prodiga. Nada de eso. Este miedo es el miedo clásico, el de siempre, ese que hace que botes en el cine y, de paso, tengas cierta sensación desagradable de angustia  que tanto gusta a este que escribe.
Para empezar, la escena inicial no puede ser más simple y, por ello, efectiva: tres niñas monísimas, angelicales, de esas que parecen muñequitas de lo ricas que son, se tiran por la ventana. Genial. Y lo mejor es que no se ve, sino que escuchamos a la pobre madre de turno gritar a modo de voz en off. Buen punto a favor: para mí, una película de miedo donde la sutileza gana a la casquería da más miedo que si fuera al revés. Luego, asistimos al motor de la historia que, en sí, que no puede ser de lo más simple: un abogado (Radcliffe), un desgraciado vapuleado por la vida, debe ir a una casa a resolver unos papeles. Ok, uno ve la ambientación (muy conseguida, por cierto), el vestuario (igual de conseguido que la ambientación) y oye la palabra “casa” y ya no hay lugar a dudas: caserón enorme, encantado y con fantasmas incluidos. Predecible, sí, pero, repito, la cuestión aquí no es deslumbrar con la originalidad pero sí asustar a la antigua usanza. Si a todo esto le sumamos que la susodicha casa está en un pueblo en el que cada vecino parece más siniestro que el de la casa de al  lado (y aquí incluyo a los niños), la atmósfera de peli de miedo de las de antes está más que asegurada. Todo es cuestión de dejarse llevar… y asustar.
Y, entre susto y susto, entre ruidito y ruidito, entre sombras que te acaban por poner los nervios a flor de piel, están unos actores que, para mí, están muy bien metidos en su papel y ofrecen unos personajes creíbles. Ciarán Hinds cumple con su papel de “ayudante del héroe” si bien la aportación de su

personaje es la justa para la historia. Lo mismo sucede con Janet McTeer como su alterada esposa. Pero, si de actores se habla, hay que rendirse a la evidencia y admitir las cosas: aquí la estrella es Daniel Radcliffe o, lo que es lo mismo, Harry Potter, que ya no luce gafitas redondas ni cicatriz en la frente, pero sí una cara de amargado (pobre, el personaje no es que sea el colmo de la felicidad) y aspecto de hecho polvo muy convincente. Este es el comienzo de
la prueba de fuego para este actor, ya que ser el mago más famoso de la literatura (con el permiso de Gandalf el gris, el blanco, o el color que sea) y el cine le han dado el estrellato y los bolsillos llenos de dinero pero, como suele ocurrir, le ha anclado al personaje. Y digo que es el comienzo porque, de tener éxito esta cinta (y parece que la cosa, de momento, funciona) deberá intentar repetirlo en los sucesivos trabajos en los que se meta. Con todo, creo que aquí trabaja bastante bien y ofrece un Arthur Kipps más que digno.

Una imagen (o un grito) vale más que mil palabras
Y de los protagonistas de carne y hueso, pasamos al otro gran protagonista, el que está presente a lo largo de las dos hora más o menos que dura la cinta y que ha hecho que, en muchos y muy variados momentos, el personal de la sala del cine haya dado un bote o, en su defecto, algún que otro grito histérico: el miedo. Esta, como ya dije al principio, es una película de miedo que tiene por objetivo primordial espantar al espectador, hacerle mella y, para ello, no duda en utilizar los recursos de toda la vida, esos que son muy básicos y, por esa razón tan sencilla, efectivos al cien por cien. Por ello, aquí asistimos a un repertorio de lo más extenso de sombras que se mueven, juguetitos siniestros que dan ganas de destrozarlos, fantasmas de todas las edades, rostros que surgen de la nada a grito pelado, partes del mobiliario a la que le da por moverse y muchos, pero que muchos ruiditos y jadeos en todas su formas, intensidades y mala leche. Y es que esa es una de las virtudes de esta cinta: sabes lo que va a pasar, lo ves venir y, aún así, das el respingo en la butaca. ¿Qué más se le puede pedir a una película de miedo? Ah, y destaco ese momento en la que Radcliffe, encerrado en el dichoso caserón él solo (eso es un tío y lo demás, tonterías) pasa por todos los sustos anteriormente nombrados (y alguno más) en una secuencia sin ni una línea de diálogo. Eso sí, ruidos, a patadas.
Pues poco más puedo decir. La impresión que a mí me ha dado es una cinta que tiene el espíritu de las antiguas películas de la Hammer pero con los recursos de hoy día que, a su vez, recuerdan a los de antaño. Si os gusta el terror de siempre y pasar un mal rato de los buenos, vedla. Si tan sólo os ha despertado la curiosidad por aquello de ver a Harry Potter en una historia distinta, vedla también porque, os lo aseguro, la imagen del papel del mago se esfumará en el primer susto que os de la peli. Todo un espectáculo que consigue lo que toda una buena peli de miedo se supone que debe conseguir: amargar al espectador desde el principio, hasta el final (y a ver qué os parece este último)
¡A pasar miedo!