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viernes, 22 de noviembre de 2019

El planeta de los vampiros




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El planeta de los vampiros.
Planet of the vampires
1965
Director: Mario Bava
Guión    : Mario Bava, Alberto Bevilacqua, Callisto Cosulich.

Barry Sullivan
Angel Aranda
Ivan Rassimov
Norma Benguell


Una nave, siguiendo unas señales de un extraño planeta, se acaba estrellando en él. No obstante, una serie de fenómenos extraños comenzarán a acosar a los astronautas…

La ciencia ficción es un género que no todo el mundo se toma en serio pero a mí siempre me ha parecido muy delicado; de los más delicados quizás. Y es que, si se hace bien salen obras maestras (El enigma de otro mundo, La guerra de los mundos, Plantea prohibido, El increíble hombre menguante…) pero si se hace mal, o no del todo bien, los resultados pueden llegar a ser chapuzas tremendas o, lo que tampoco es una cosa buena, cosas extrañas. Pues bien, este planeta de vampiros es una mezcla de los dos últimos casos que puede hacer que, cuando acabe, te plantees de manera muy, pero que muy seria, qué es lo que ha pasado durante los 86 minutos que has pasado viendo la peli.
Veamos, la premisa de la película es original y muy aceptable, creando una intriga bastante curiosa: conocemos a unos astronautas que hablan de señales extrañas en un planeta no menos extraño y van a ver qué pasa. Muy bien.  No obstante, esto dura poco, ya que, nada más pisar el misterioso planeta, todo se empieza a ir un poquito de las manos y vamos de situación rara a situación rara cada vez más deprisa de forma que, lo que empezó bien, comienza a torcerse cada vez más encaminándose por derroteros pero que muy delirantes tan propios de los casos de ciencia ficción rara y, si me apuráis, absurda. Eso sí, hay un buen golpe de efecto y parece que la cosa intenta animarse cuando las lápidas espaciales se levantan y tratan de hacer honor al título pero no deja de ser un mero intento…

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Hay que reconocerlo: esto está pero que muy bien.

Resultado de imagen de planet of the vampiresSigamos. En los años sesenta (al igual que en los cincuenta), las películas de ciencia-ficción podían ser o discretitas en lo que se refiere a atrezzo y demás (Ultimatum a la Tierra) o tremendamente cantosas (como esta que hoy nos ocupa) Por eso, nada más comenzar el visionado, los sentidos se ponen alerta cuando ves a los astronautas con ese traje de motero de cuello superalto que les da aspecto de jinetes de Harley Davidson más que de otra cosa. Tranquilos  porque, si se ponen el casco, es aún peor. Eso sí, como somos buenos es un detalle que se pasa por aquello de la época. A pesar de que los efectos especiales son de  los que cantan y las naves son maquetas que se notan a años luz aún estando en una galaxia muy, muy lejana, la atmósfera del planeta está conseguida, con esa niebla a todas horas y por todas partes que llega a agobiar y crear ese ambiente misterioso. Pero, si bien todo eso es pasable y, mientras la ves, un chip dentro de tu cabeza te recuerda que estás contemplando un producto de los sesenta, la película cae en la trampa en la que muchas del género pican: intentar dar una credibilidad desmesurada en determinadas escenas utilizando diálogos que rayan lo absurdo y que, en lugar de dar seriedad al tema, rozan lo ridículo y hacen que, en el peor de los casos, te rías. Y, como muestra vale un botón, ahí van unos ejemplos:

            “La ley de nuestro planeta es válida también aquí. Esa ley nos manda no llorar delante de la muerte, sino aceptarla como un fenómeno natural”

Quizás por eso Mark (Barry Sullivan), el mandamás, resulta tan acartonado, una especie de mezcla entre Terminator, Darth Vader y el Sheldon Cooper de The big bang tehory: el tío no reacciona ni ante la muerte ni ante nada (no hay que preocuparse mucho; el elenco de actores hace lo que puede por mostrar emociones y credibilidad en mitad de semejante delirio) No obstante, a su compañera Sanya (Norma Bengell) debe ser que le resbala esa ley porque se deshace en un mar de lágrimas. Por no hablar de las conclusiones a las que el susodicho Mark llega, a saber:

“…Si alguien manda señales son inteligentes y, si los hay, son hostiles”

Lo lógico sería plantearse que, si una civilización manda señales de socorro, tengan que ser inteligentes por fuerza pero no por ello malos. Pues nada, el tío es inflexible; debe ser lo que tiene ser el jefe. No obstante, después de la megafrase, ¿qué propone el amigo Mark? ¿Estar alerta? ¿Programar los sistemas de defensa de la nave? ¿Disparar algo?

“Todos a dormir, que falta nos hace.”

Y punto en boca. A ver este otro:

“Las fuerzas invisibles que nos rodean estrechan cada vez más su cerco y no podemos detenerlas” 

Esto está bien, lo malo es que AÚN no saben a qué se enfrentan o si se enfrentan a algo. Ni siquiera lo ven o tienen la más remota idea de a qué se enfrentan pero el tipo sabe que lo que sea está cada vez más cerca y que ningún recurso disponible vale. Y, lo que es mejor, lo dice con la expresión propio de un ladrillo. Por no hablar del discursito ante las tumbas de sus camaradas. Puro Shakespeare:

“… átomos libres dispuestos a crear nueva energía. ¡Vámonos, tenemos trabajo!” 

Es lo bueno que debe tener no reaccionar a la muerte, sea tu hermano o no. Debe ser el equivalente galáctico a eso de El muerto al hoyo y el vivo al bollo solo que en plan estelar.

Resultado de imagen de planet of the vampiresSi a esto le añadimos sonidos raros, voces de ultratumba, explicaciones absurdas para todo, lucecitas fantasmales o diapasones que abren puertas, tenemos un producto que, en conjunto, pudo haber sido algo más pero se perdió en el camino y derivó en grillada sesentera descomunal. 

¿Cosa  curiosa? La pequeña sorpresa al final que no deja de ser interesante y que no diré, más que nada, por haceros ver la peli y no ser yo el único que ha aguantado esta traca de principio a fin.

Y dejo para el final algo que puede arruinar la fiesta a muchos pero debo decirlo porque, por una vez, la traducción del título no es una gracia de alguien sin ton ni son como a suele ocurrir; todo lo contrario, es bien fiel al título original... en inglés. Bueno, pues NO busquéis vampiros porque no vais a encontrar ni uno, un ejemplo más de que, cuando algo se hace en plan absurdo, se hace del todo. Resulta que la película tuvo al menos QUINCE títulos antes de decantarse por El planeta de los vampiros. Lo realmente curioso es que, al final, eligieran el que eligieron. Eso sí, indagando (estoy muy, pero que muy mal), resulta que en italiano, que es algo así como el título primario, la película se llamó Terrore nello spazio, algo así como Terror en el espacio, un título que le pega mucho más. ¿Marketing chapucero? A saber..

¿Os atrevéis con estos lo-que-sean espaciales? Yo, aunque sea como curiosidad, os animo a hacerlo, más que nada, por aquello de ver cómo intentaron mezclar dos géneros (terror y ciencia-ficción) en el mismo cóctel. Eso sí, tratad de tener una mente abierta y unas ganas muy sanas de pasarlo bien.

Vigilad el cielo.



sábado, 25 de mayo de 2013

Dylan Dog: los muertos de la noche

Dylan Dog: los muertos de la noche (Dylan Dog: Dead of night)

(2010)

Director: Kevin Munroe
Guión   : Thomad Dean Donnelly, Joshua Oppenheimer

Brandon Routh
Anita Briem
Sam Huntington
Taye Diggs
Kurt Angle
Peter Stormare
 
 
  
Un detective de los sobrenatural es contratado para un nuevo caso…

Hace unos años, en una publicación especializada en cómics que tuvo escasa vida (creo recordar que se llamaba “Viñetas”) leí un amplio artículo acerca del personaje de Dylan Dog. Una de las cosas que decía es que Umberto Eco (el autor de El nombre de la rosa), afirmaba que podría leer La Biblia y Dylan Dog sin aburrirse.
Dicho esto, me gustaría dejar una cosa clara: no todo en el mundo de las adaptaciones de cómics al cine debe provenir de cómics americanos. Por suerte, en el resto del planeta también se hacen otros cómics y muy buenos, además. Tal es el caso de Dylan Dog, un clásico de la historieta italiana, obra de Tiziano Sclavi y que cuenta con gran cantidad de admiradores. La trama general no puede ser más atractiva: Dylan Dog es una especie de detective de lo sobrenatural y, por ello se enfrenta a toda clase de bichos raros. Con semejante bagaje, era cuestión de tiempo que los olfatos de Hollywood se fijaran en la obra de Sclavi para llevarla al cine. Ahora bien, si una peli de corte fantástico se rueda y, por razones que nadie dice, el estreno comienza a retrasarse más y más, no queda más que pensar que algo huele a podrido (expresión muy propia en esta peli, como vas a leer más abajo)
La película comienza bien y va directa al grano desde la primera escena cuando vemos a la que va a ser la chica protagonista que ve que cae sangre sobre un plato. ¿De dónde viene? La peli acaba de empezar, así que tiempo al tiempo. Si le añadimos que algo mata a su padre y ese algo tiene forma de bicho humanoide peludo y saltarín, hay que admitir que el comienzo promete.
La rapidez sigue su curso cuando el personaje principal, Dylan Dog, es presentado como un detective a la antigua usanza, léase a través de su propia voz en off. Y parece un tío de lo más normal: algo descuidado, derrotado por la vida y con un compañero, Marcus, que es una especie de socio venido a menos que tira a chico para todo. Eso son los que podríamos llamar buenos.
Pero esta es una peli de fantasía. ¿Verdad? Pues bien, una cosa que me ha llamado la atención es que aquí, al menos al principio (luego te acostumbras) se habla de vampiros y hombres lobo como si tal cosa; como si fuese lo más normal del mundo. Y ahí es donde viene el toque fantástico de la peli: el amigo Dylan, al menos en el pasado, trataba con ellos. Si a esto le añadimos que ciertos vampiros están esperando una especie de objeto raro o sagrado llamado El Corazón, la trama está servida. Y, como suele ocurrir en este tipo de películas, todo depende de la maña del personal para que la cosa quede aparente o, en el peor de los casos, todo se tuerza y se vaya al garete.
Sigo. Otra cosa que es destacable de la peli es que, en mitad de ese ambiente fantasioso y sobrenatural (por mucho que hablen de hombres lobo con tanta naturalidad, la cosa destaca por sí misma), es el tufillo a peli de serie negra que, al menos, intentan dar a todo el metraje. Y, como en toda peli de serie negra que se precie, amén de misterios, se supone que tiene que haber cierta labor detectivesca, que viene dada por cortesía de Dylan y nos descubre todo tipo de clanes, mafias vampíricas y lobunas y demás seres por el estilo. Porque, como todos sabemos, cuando se desencadena un conflicto entre bandas, la cosa puede acabar en una guerra sin cuartel. Bueno, pues a esto le sumas que el conflicto conlleva garras, pelo y colmillos. Y, claro está no pueden faltar los asesinatos. Y aquí los hay, empezando por el del socio del prota, Marcus. Lo que pasa es que, mira tú por dónde, aquí muchos se mueren pero vuelven en plan zombi. Sí, lo que has leído. ¿Es todo para la trama? No. Para completarla y, digo yo, tratar de hacerla un poquito más complicada, se añade un venato suelto. Si te preguntas qué es eso, te lo digo yo: un cazador de monstruos que mata a cuantos se les pone por delante, sin control de ningún tipo.
Y esto conecta con otro aspecto que, al menos para mí, no queda mal y que supongo han sacado del cómic: se las han apañado para dar cierta profundidad al personaje de Dylan ya que se nos explica que fue un investigador, una especie de inspector imparcial… de la actividad monstruosa y sobrenatural, claro. Lo malo para el chico es que, en el proceso, perdió a su novia, Casandra. De este modo, tenemos el puntito dramático que le da cierto toque realista al personaje.
Y, cómo no, si hay algo que te va a llamar la atención de esta peli (hay otras cosas, como voy a señalar más adelante) es la incursión de dos elementos que, depende de cómo te pillen, te pueden hacer más o menos gracia: la acción y el humor. De la primera hay a patadas, ya que las ídem y los puñetazos abundan a lo largo de todo el metraje. La segunda, al igual que la anterior, se extiende por muchos minutos de la peli. Debo decir que, ni me he emocionado con la primera ni me he partido de la risa con la segunda. No es que me molesten pero ahí quedan. Que te gusten o no ya depende de ti.
¿Aspectos mejorables de esta cinta? Yo diría que unos pocos.
Para empezar, aparte de todo lo que te he contado, va a haber una cosa que va a destacar desde prácticamente la primera escena y que notarás que, conforme avanza  la peli, se hace cada vez más evidente hasta que canta por sí misma: el bajo (o, si me apuras, escaso. Mira la foto anterior) presupuesto con la que contaron. Ojo que esto no lo digo como algo malo pero sí está claro que hace que algunas escenas cojeen un poco. ¿Un ejemplo? Cualquiera de los bichos raros que salen dejan claro que aquí se trata de maquillaje y disfraz. En este sentido, y repito, no quiero decir que sea un fallo pero está claro que en cuestión de dinero, no anduvieron muy boyantes.
Más. Como dije antes, el humor va a ser algo muy evidente en esta peli. Aquí debo hacer un pequeño alto. Y es que todos sabemos que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Pues bien, aquí el supuesto humor se va a centrar en Marcus, el socio zombi de Dylan. Al principio, vaya y pase; el tipo resulta graciosito y parece aliviar un poco la tensión de la trama. Lo malo es que, desde que se convierte en muerto viviente, no hay escena en la que no haga o diga una excentricidad/tontería o que cualquiera de estas esté relacionada con él (por ejemplo, que pidan un ambientador para el coche porque, a fin de cuentas, está muerto, se descompone y apesta o que la prota lo maquille como una Barbie) Dicho de otra forma, lo han querido forzar de tal modo que, al menos a mí, me ha acabado resultando cargante, estúpido y, de veras, he deseado que se quedara muerto sin necesidad de volver como zombi.

Si el tema cómico terminase ahí no pasaría de ser un mero apunte anecdótico pero el asunto es mucho más grave y va más allá, haciendo que las supuesta comicidad, desde mi humilde opinión, cruce el absurdo y se convierta en ridículo y allí donde debiera haber una sonrisa hay una cara de alucine total. Por eso, los médicos que trabajan en la morgue son zombis (que apestan y se descomponen), hay un taller de recambios para zombis (sí, lo has leído bien, una especie de Norauto pero con brazos, ojos, piernas, cabezas…) o el plan de belleza que, se supone, debe seguir Marcus en su vida de zombi: legía, y friegasuelos y detergente a modo de gel. ¿Y la dieta? Bichos de basurero o gusanos. Eso sí, todos sabemos lo bonito que es, como decían los Beatles, seguir adelante con la ayuda de los amigos. Aquí, si eres zombi, tienes amigos zombis y si necesitas un grupo de ayuda/terapia, lo tienes sin problema, pero es un grupo de ayuda/terapia zombi para aquellos muertos vivientes que no se adaptan a su nueva vida. Si esto te parece chistoso, estupendo; te lo vas a pasar bien. A mí, lo digo desde mi gusto particular, me ha parecido una chorrada. Zombi, pero chorrada.
Sigo, que, como decía Súper Ratón, hay más. La trama tiene alguna cosilla que podría haberse cuidado mejor. Porque, si estás amargado por el recuerdo de tu novia muerta por algún ser de la oscuridad… chico, no te lances a por la `primera que te contrate por muy rubita y mona que sea. Al menos, aguanta el tipo un poco. ¿Es todo? Creo que la escenita de Dylan en plan Schwarzenegger, entrando con pistolas en mano disparando a todo lo que pilla queda pelín sosa y, si me apuras, hasta desfasada. ¿Cómo es posible que Dylan, que recibe golpes y patadas que le hacen volar por los aires fuera de la pantalla, siga vivo después de semejantes mamporros? Vale que el chico fue Superman pero podrían haber dado algo más de realismo. Vamos, un labio o una cejita rotos, algún moratón… Ah, y Marcus será todo lo zombi que quieran y apestará más aún pero, a lo largo de toda la peli, no le vemos descomponerse un ápice. ¿Será que el tema de la corrupción es como la barba, que a unos les sale rápido y a otros no? Es solo una teoría.
Pero, si ha habido un momento donde las alarmas de lo cutre me han sonado, ha sido en la pelea final que la chica tiene contar el monstruo de turno. Fijaos que, cuando es enfocada de frente, es una chica normal y corriente pero, cuando se le enfoca de espaldas, se ven los músculos y espaldas de lo que puede que sea un especialista  muy masculino. Tranquilos; en Red Sonja ocurre lo mismo. Vale, solo era un detalle en plan tiquismiquis pero es que, me hizo gracia.

Por delante.
 
Por detrás.
 
Paso a los actores. Todos sabemos que, en este tipo de pelis, la menos o mayor fortuna de una trama cogidita por los pelos (como esta) y un presupuesto raspadito (como este) pueden verse salvadas (al menos lo justito) por el elenco protagonista. Pues bien, este no es el caso. Siento decirlo pero no es así. Sam Huntington como Marcus acaba resultando cargante y para nada gracioso. Taye Diggs como Vargas el mafioso vampiro ni quita ni pone. Anita Briem aporta cara y cuerpo (cuando es el suyo, claro. Ok, me pasé de malo) pero nada más, resultando poco expresiva. Pero si dé poca expresión hablamos, el amigo protagonista, Brandon Routh, se lleva la palma. Routh demuestra tener, al menos en esta cinta, la personalidad de una baldosa y su mismo carisma y expresión. Le falta carácter y fuerza para interpretar a un héroe (cosa que ya demostró en esa cosa que fue Superman Returns) Hay más pero poco aportan. Creo que unos protagonistas más metidos en faena y que se crean un poquito más lo que hacen y dicen hubieran salvado un poco el cotarro. Eso, claro está, es mi opinión. Ah, como curiosidad, deciros que tanto Routh como Huntington coincidieron en la (para mí) espantosa Superman Returns como Superman y Jimmy Olsen respectivamente.
Y hasta aquí he llegado. En conjunto, una peli muy, pero que muy flojita. Tiene sus puntos originales (ver hombres lobos maquillados sin tanto ordenador, humanos adictos a la sangre de vampiros o balas con puntas de madera) pero le faltan muchas cosas y todas ellas importantes: presupuesto, una trama mejor llevada y unos protagonistas más creíbles. La impresión que me ha dado ha sido la de un quiero y no puedo, buenas intenciones pero resultados muy regulares debido a unos medios que quizás no sean los acertados para el nivel de exigencia del público de hoy día acostumbrados a estas pelis. Si la ves, seguro que te parecerá el primo lejano y cutre de productos muchos mejores como Blade, Buffy, Constantine (sobre todo esta) y, según dicen, True Blood. Con todo, creo que puedes pasar un ratito más o menos curioso viéndola pero, casi de seguro, la olvidarás nada más dar al stop.
Por cierto, en el comic, el personaje de Marcus como tal no existe (lo cual quiere decir que el resbalón es obra del estudio) ¿Quién es el compañero de Dylan? Agárrate: Groucho Marx. Sí, el de los hermanos. Lo que pasa es que, en la dimensión en la que se mueve, es uno más y, como tal, un desconocido absoluto. Chapeau por el cómic…
Y, para terminar, ¿qué habrá pensado el señor Eco si ha visto la peli? SI la ha visto…
Gracias por el ratito y vigilad el cielo.

jueves, 23 de mayo de 2013

Vampire Hunter D

Vampire Hunter D (Kyûketsuki hantâ D)
(1985)
Director: Toyoo Ashida, Carl Macek
Guión   : Yasushi Hirano

Kaneto Shiozawa
Michie Tomizawa
Seizo Kato
Kazuyuki Sogabe
Motomu Kiyokawa 
 
D, el cazador de vampiros, es requerido para acabar con el malvado conde Lee…
 
Vamos allá con un manga clásico donde los haya: la historia del enigmático cazador de vampiros que, ataviado con un sombrero de ala ancha, se lleva por delante a cuanto monstruo pilla. Muy bien…

A favor puedo decir muchas y muy variadas cosas. Para empezar, me gusta que a uno le metan en situación de golpe, desde el preámbulo en el que se nos sitúa donde va a suceder la acción: nada menos que en un futuro donde mutantes y hombres conviven un mundo de tinieblas. Mejor, imposible.
Y si de buenos comienzos hablamos, la primera escena resulta tan apetecible como cualquiera de las chicas que van a pulular por todo el metraje. Así, vemos a una, Doris, que resulta ser la protagonista. Va caminando en mitad de la noche por una sendero solitario y ya podemos descubrir dos cosas: lleva un crucifijo (lo cual quiere decir que los vampiros van a dar caña) y va vestida de un modo raro, una especie de traje futuro con ecos evidentes del pasado. Y sí, una faldita ridícula que recuerda a eso del cinturón ancho y un escote que apenas oculta lo que se supone debería ocultar.  Y, para abrir boca (y preparar colmillos), se enfrenta a un bicho raro que  me recuerda a los dragones de Willow en una escena repleta de violencia y sangre (atentos a como el susodicho bicho se carga el caballo) ¿Es todo? Ni de broma porque, acto seguido, somos testigos de la espectacular aparición de un personaje con traje, capa y unos colmillos que tumba: el conde Lee (¡Anda, se llama como el actor!) Y debo decir que la puesta en escena del mismo es impresionante: resulta amenazador y, sobre todo, enorme y sobrenatural. Y repito. Esto es solo el comienzo. Imagina lo que queda por delante.
La trama no se hace esperar mucho; de hecho, nada: contratar al cazador D para que acabe con el vampiro ya que a Doris le ha mordido. Más simple, imposible. Y esa rapidez también va a aplicarse a todos los personajes secundarios que, en mayor o menor medida, van a apoyar la trama principal. Así, conocemos a Dan, el hermano pequeño de Doris (eso de los hermanos pequeños en los manga es algo común; mirad a Shiro en Mazinger Z), al doctor Feringo o al chulo e idiota de Greco, una especie de niñato adinerado de tupé alucinante que está por Doris. Y todos ellos presentados de manera de lo más clara posible y nada más verlos en pantalla sabes por dónde van a tirar. No obstante, algo muy destacable es que, aunque aquí hay buenos muy buenos y malos malísimos, los personajes están dotados de un cierto trasfondo que los hace muy interesantes. Así, el padre de Doris era cazador de hombres lobo (lo dice como si el amigo fuera barrendero o panadero), D tiene su historia curiosa al ser hijo de un noble, léase mestizo o el lacayo Rei quiere incorporarse a la familia del conde (ya sabemos que nadie está a gusto con el puesto en que ha nacido) Por eso, al no parecer personajes simples y planos, se aporta una riqueza a través de los mismos que hace que la peli gane varios puntos.
Sigo. Tengo que hacer referencia a una cosa que me ha parecido muy notable: la ambientación. Como ya dije antes, la peli está situada en una especie de futuro raro con ecos del pasado. Por eso, la aldea recuerda a una del siglo XVII o XVIII. Las ropas de los personajes son una mezcla más rara aún de épocas (Greco, por ejemplo, lleva mocasines y unos modelitos alucinantes, amén del no menos espectacular tupé que luce) y no hay naves espaciales ni vehículos voladores, pero sí carros de los de toda la vida. Eso sí, tirados por caballos cíborgs. Todo esto hace que el conjunto tenga un aire extraño y fantasioso que, desde mi opinión, le viene muy bien a la peli.
Otra cosa que me gustaría señalar es que, a pesar de lo simple del argumento (y no lo digo en absoluto como fallo), el guión se las apaña para meter sus toquecitos de misterio haciendo referencia a ciertos hechos que ocurrieron en un lugar llamado campamento relacionados con el conde y que se llevaron por delante a un montón de personas. Así, se mantiene cierto espíritu de lo macabro relacionado con la figura del malvado Conde.
¿Más? Sí. Hablar de mangas (sobre todo en aquella época, mil novecientos ochenta y cinco, en la que, quizás, dichos cómics no eran tan habituales o no estaban tan alcance de todos como hoy día) implicaba sorprenderse con ellos por dos cosas. La primera, claro está, la violencia. Aquí hay a patadas pero muy bien dosificada y mejor mostrada. Ahí está la pelea con Rei, la entrada de D. en el castillo, que está llena de bichos raros, el rapto de Doris o alguna que otra mano cortada, sin olvidar toda la escena final. La otra cosa es el toque justo y apropiado, muy manga, de erotismo. Por eso, aquí hay mujeres serpiente de mirada lasciva que, claro está, están en pelotas tocando un harpa, el éxtasis de estas mientras chupan la energía al impasible D (que recuerda de manera descarada a una especie de orgasmo de horas), Doris en la ducha o cuando a esta le arrancan el crucifijo, motivo ideal que sirve para que le veamos de manera clara un pecho muy manga, léase grande, voluptuoso y a cámara lenta, para contemplarlo con detalle. Y es que no todo en la vida pueden ser vampiros, ¿no?
 
 
 
 
  
Esto me lleva a otra cuestión evidente. Y es que esta peli está basado en un manga y posee, amén de la violencia y el erotismo, las cualidades propias de los dibujos japoneses, es decir, ojos espectaculares, sombreros enormes y picudos (como el de D.), pelos que se mueven en el viento, peinados flipantes (como el de Rei) o lágrimas que parecen goterones. Y mucho dramatismo a la hora de reflejar golpes, saltos (con esos fondos llenos de rayas) o una lentitud deliberada en la narración, como cuando llega el cazador al pueblo. Ah, y me ha gustado mucho ese final a lo Raíces Profundas.
 

 
 
¿Aspectos mejorables? Yo solo destacaría algún que otro detallito. Por ejemplo, el enamoramiento tan bestial que le pega a D. para con Doris nada más verla (¡chico, da un poco de tiempo!) o lo oscura que es en ocasiones que hasta hace que sea difícil distinguir formas o movimientos (de nuevo, la entrada al castillo)
Esto ha sido todo. Quede clara una cosa: me ha gustado mucho y, desde luego, recomiendo verla. Me parece una película muy entretenida, para nada un producto infantil y, desde luego, una historia original que mantiene el interés de manera bastante sobresaliente. Además, te da el gustazo de recordar algo que, en los últimos tiempos, parece olvidado: los dibujos animados a base de tintas y papel.
Vigilad el cielo.
 

domingo, 10 de febrero de 2013

30 días de oscuridad


30 días de oscuridad (30 days of night)
(2007)
Director: David Slade
Guión    : Steve Niles, Stuart Beattie, Brian Nelson

Josh Hartnett
Melissa George
Danny Huston
Mark Rendall
Ben Foster
Mark Boone Junior
 
 
 

“¿Qué son?”
“No lo sabemos”


En un pueblo de Alaska, no sale el sol durante treinta días. Será la excusa perfecta para que unos vampiros lo visiten…
Esta película está basada en un cómic del mismo nombre que, escrito por Steve Niles e ilustrado por Ben Templesmith no hace muchos años, fue todo un hito dentro las historietas de terror. La idea de la que parte no puede ser más original: en un pueblo de Alaska, durante un mes, no sale el sol. Eso hace que unos vampiros se den un buen festín sin nada que temer. Por supuesto, semejante caramelo no podría pasar desapercibido para los estudios de Hollywood que vieron en el asunto muchas posibilidades. Y con razón porque, desde luego, buena idea, sí que es.

La película, como ya he dicho antes, está integrada dentro del género de terror pero comienza siendo una historia de misterio con esa escena inicial en la que un personaje está en mitad del hielo mirando embobado un barco. Quién es, lo que quiere o por qué está ahí es algo que uno se pregunta pero se mantiene la intriga no diciéndonos nada. Hay peli por delante, ¿para qué destriparla desde ya? Por eso, se nos presenta a los personajes en forma de sheriff Eben (Josh Hartnett), su ex, Stella (Melissa George) o el hermano del mismo, Jake (Mark Rendall) amén de otros más o menos secundarios. Bien porque no se pierde mucho tiempo en esto, de hecho, un par de escenas. Más que nada, porque hay que investigar perros que aparecen muertos, trituradoras que trituran cosas que no deberían o algún que otro cadáver calcinado. Todo eso en un ambiente en el que será de noche treinta largos (y jugosos, depende de para quién, claro) días.

No hay que esperar mucho. La primera muerte se produce a los diecisiete minutos. Es rápida, casi no se ve, pero uno se frota las manos con una cosa: está claro que los vampiros van a ser de los de armas tomar, léase que no van a ser guapos, cachas ni de mirada lujuriosa y pilla. Y esta es, para mí, trama a parte, una de las cosas más destacables de la cinta: el modo en que están reflejados los monstruos. Son rápidos, ágiles, sanguinarios, feo como ellos solos y no saben limpiarse la boca (gran detalle este que los caracteriza y diferencia, creo, de cualquier otra representación que hayan tenido en pantalla. Y es que, después de los chupasangres tan sexis que pululan por el cine en los últimos años, da gusto ver un vampiro así de asqueroso). Me encanta cómo les han deformado los ojos para darle ese aspecto inhumano, fiero y, a fin de cuentas, animal. Porque eso es lo que son después de todo: animales sedientos de sangre que quieren saciarse. Aquí los amigos no van necesariamente al cuello y más que beber sangre, parece que se comen al personal. Y otro buen detalle: el hecho de que hablen esa lengua gutural y extraña y que se llamen mediante gritos. Los dicho, animales. Y aquí debo hacer mención especial a una vampira que, de asquerosa y repulsiva, es la que más me gusta. Me refiero a esa morena que creo que no habla, sólo grita, gruñe y mata (Megan Franich). Si veis la peli, sabréis a cuál me refiero.
Gracias, Señor, por dejarnos ver un vampiro,
sanguinario y asqueroso.

 

La película contiene una buena ración de escenas truculentas. Y, es que, compañeros vigilantes del cielo, aquí se muerden cuellos y sus derivados pero, también, se cortan cabezas a hachazos y no precisamente de un golpe (¡qué bueno!), se usan humanos como cebos para luego recrearse en matarlos o la luz de sol hace estragos. Pero, con todo (y todo eso me encanta) una de las escenas que más me gustan es una toma aérea del primer ataque en masa de los vampiros: los vemos como hormigas masacrando humanos. Rápidos, implacables, mientras la blancura de la nieve se ve rota por la sangre. Genial. Ah, y gran detalle el hecho de que todo, claro está, suceda de noche. Eso le da un aire agobiante y opresivo (fijaos en los momentos en que están encerrados en esa casa mientras oyen gritos y no pueden hacer nada) que le viene a la cinta pero que muy bien.

Pero no todo puede ser un espectáculo donde la sangre salpique así porque sí. Así, tenemos unos cuantos momentos que, a su modo, “rebajan la tensión”. Y uso las comillas porque esto es muy relativo. Son pequeños toquecitos dramáticos que, a su modo, tratan de compensar los litros de sangre perdidos. Me refiero al momento en que uno de los personajes es mordido y pide ser sacrificado, la escena de la niña vampiro o el anciano con mala memoria que mete en líos al personal que trata de ocultarse pro aquello de no ser devorado.

La película sigue pero es cierto que, en su tramo final, el toque de terror queda algo apagado por uno más heroico que lleva al desenlace en forma de pelea final entre Eben y el vampiro malo, Marlow. Me sigue gustando el hecho de que, para ello, Eben tenga que ponerse al mismo nivel que el otro de manera biológica y, de seste modo, haya  una lucha entre iguales de las buenas.
Los actores me parecen bastante correctos, si bien es cierto que, por encima de todos, hay que destacar a Josh Hartnett que es quien, en realidad, lleva el peso de todo el asunto. Melissa George, Ben Foster (el extraño de la primera escena del barco), Mark Boone Junior o Mark Rendall le secundan en mayor o menor medida. Y, por supuesto, nombrar a Danny Huston como Marlow (¿referencia al personaje de Misterio en Salem’s Lot?) como jefe vampírico.
¿Y el final? Siempre me resultó muy curioso porque, generalmente, o gusta o no. Yo creo que no está mal (la eterna historia del auto sacrificio) y me parece que su puesta en escena está muy lograda (esperando mientras sale el sol) La cuestión es si a la peli le viene bien o no. Ignoro si es así en los cómics pero el caso es que no deja de resultarme llamativo que, después de que los personajes pasan lo que pasan la cosa acabe de manera tan amarga. Esto, claro está, es una opinión personal pero ahí queda, que ya sabemos que, para gustos, los colores.
Vampiro o no, eso duele.


Con todo, recomiendo verla. Asegura de manera perfecta casi dos horas de puro entretenimiento bien aderezado con algún que otro momento de tensión y mucha, mucha sangre salpicando, una excusa perfecta para ver vampiros en su estado más puro, sanguinario y maligno que nos recuerda que, a fin de cuentas, tratamos con monstruos. Los de la clase guapa, adolescente y atormentada llegarían al año siguiente.

Sólo dejo una pregunta en el aire: ¿por qué Marlow no tiene el rostro deformado como los demás?

Vigilad el cielo…

sábado, 10 de noviembre de 2012

Crepúsculo


Crepúsculo (Twilight)
(2008)
Director: Catherine Hardwicke
Guión   : Melissa Rosenberg 

Kristen Stewart
Robert Pattison
Billy Burke
Sarah Clarke
Taylor Lautner
Ashley Greene
Nikki Red
Kellan Lutz
Edi Gathegi
Peter Facinelli
 
Una chica se enamora de un chico que resulta ser vampiro… como toda su familia.


Vamos allá con la primera película basada en todo un fenómeno literario que, junto con los libros de Harry Potter, han arrasado librerías y salas de cine a partes iguales.

Para quien no lo sepa, la saga Crepúsculo es obra de la escritora Stephanie Meyer y consta de cuatro libros, a cual más tocho que el anterior, que narra la historia de amor entre una chica humana y un vampiro. ¿Es todo? No, porque el triángulo amoroso final también incluye a un hombre-lobo.  Todo ello, aderezado con el hecho (fundamental) de que el asunto está enfocado desde el punto de vista del amor entre adolescentes, aspecto que ha sido fundamental para que se convierta en todo el fenómeno de masas que es. Como es obvio, Hollywood no iba a dejar pasar semejante caramelo y se lanzaron a las adaptaciones de los libros. Esta cinta que hoy nos ocupa es la primera de las cinco películas (ya que del último libro han hecho dos). Bien, afilemos colmillos, saquemos las garras y vamos a por ello…

Ya, nada más empezar, y aún a sabiendas que esta es una historia de amor monumental, tenemos una escena inicial en la que vemos a alguien, muy rápido, cazar un ciervo. ¿Quién es? Bueno, sólo son los primeros segundos, demos tiempo al tiempo.

A partir de aquí, comenzamos con la adaptación a través de la voz en off de Bella, la protagonista. Así, se presenta ella misma, a su padre y el cambio de residencia que acaba de vivir en sus carnes. Lo mismo sucede con los secundarios en forma de nuevos amigos de instituto. Y este es un de los buenos tantos que, para mí, tiene esta cinta: respeta el hecho de que, en el libro, todo está basado en los pensamientos de Bella y, aún así, se las apañan para narrar todos ellos en forma de película que, además, mantiene el interés.

Si de presentaciones hablamos, me gusta mucho cómo muestran a los Cullen: a través del diálogo que Jessica tiene con Bella. Y no hay nada más que verlos para saber que, muy normales, desde luego no son. No por pálidos, que lo están, sino por el aspecto que les han dado: demasiado perfectos para ser seres humanos normales y corrientes. Admitámoslo, ningún ser humano luciría tan bien como ellos a no ser que hubiera algo sobrenatural de por medio.

Por suerte, después de todo esto, conocemos a los vampiros que van a dar la lata y que, por supuesto, son malos. Por eso, asistimos al asesinato de uno de los amigos del padre de Bella. Bien porque, de este modo, tenemos una pausa en mitad de todo el despliegue amoroso. No obstante, un punto a favor de la capacidad para insinuar en lugar de mostrar: nada de sangre ni truculencias varias: se intuye en lugar de verse.

Ahora bien, tengamos en cuenta una cosa: en esta peli hay, sobre todo, vampiros (los hombres lobo los dejamos para la siguiente entrega, Luna Nueva) y eso quiere decir que el toque fantástico está asegurado. Y, si nos referimos a dicho toque, tenemos que hacer referencia a algo fundamental: los efectos especiales. Pues bien, aunque aquí pasan muy desapercibidos, eso no quiere decir que sean malos. ¡En absoluto! Lo que sucede es que tenemos que tener en cuenta que las novelas de la saga no están en la línea habitual de vampiros y  hombres lobo a la que estamos acostumbrados. En ellas, el toque vampírico y lobuno supuestamente espectacular cede el paso a la sutilidad. Pues bien, para mí, la película refleja muy bien ésta través de determinados toquecitos muy bien llevados y mejor realizados. Destaco la escena de la camioneta, muy rápida. También el detallito de Edward atrapando la manzana de Bella antes de caer (puedes ser vampiro pero eso no quita que chulees un poco con la nena que te gusta), el partido de baseball, las escaladas por los árboles o, un efecto que me gusta bastante, la luz sobre la piel de Edward. Estupendo este ya que en el libro se describe de ese modo, como el sol dando de pleno a diamantes (y, de paso, nadie se derrite)
 
Baseball vampírico
 
La película, en su conjunto, me parece narrada de manera bastante ágil. Siempre suceden cosas (no necesariamente espectaculares) pero se las apañan muy bien, como ya comenté antes, para contar lo que en una novela de un motón de páginas son pensamientos de una adolescente. A tener en cuenta aquí el modo de mostrar la investigación de Bella para averiguar que Edward es vampiro, muy bien llevada. Y sólo utilizan la voz en off al principio. Como poco, muy bien…

Y, por último, destacar la pálida fotografía que impera a lo largo de todo el metraje. Aquí no hay colorines; todo tiene cierto aire lúgubre, triste y descolorido. Vamos, el ambiente ideal para que una familia de vampiros pueda vivir camuflada entre humanos, normales, vulgares y corrientes (y, digo yo, apetitosos)

Vamos con los actores. Para mí, muy bien. Creo que dieron en la diana con todos pero, sobre todo, claro está, con los protagonistas. Kristen Stewart es la perfecta Bella. Nunca pensé que esta chica fuera el típico bellezón de Hollywood  en la línea de otras actrices y, al menos para mí, es justo por eso por lo que encaja tan bien en el papel. Además, se muestra insegura y, a su modo, débil de manera bastante convincente. Muy buen toque que la hayan oscurecido los ojos a base de lentillas. Y, ¿qué se puede decir de Robert Pattison? La verdad, a mí siempre me ha resultado muy, pero que muy soso, con ese aspecto de tirillas que tiene y su mirada de estreñimiento perpetuo pero debo reconocer que eso le viene muy bien al personaje. Menos mal que, de vez en cuando, el amigo sonríe un poquito. Y sí, aquí también sale Jacob (Taylor Lautner) solo que con melena al viento y bien tapadito. El colega se reserva para, a partir de la segunda entrega, lucir músculos variados, deleitar al personal femenino y recordarnos a los tíos normales que somos eso: tíos normales y corrientes.
  
Los personajes secundarios en forma de amigos están bien conseguidos. Con todo, al margen de ellos, debo destacar a Billy Burke como Charlie. Creo que, con él, dieron con el actor perfecto.

Y, como colofón, la película tiene dos bandas sonoras: una, la instrumental y otra hecha a base de canciones donde incluso Pattison pone su granito de arena cantando Never Think. En conjunto, me parecen que todas están pero que muy bien. Destaco Supermassive Black Hole, de Muse o Flightless Bird, American Mouth, de Iron and Wine.

Crepúsculo inauguró una nueva era dentro de la literatura fantástica. Novelas de vampiros, hombres lobo, mezcla de ambos y sus posibles combinaciones hubo a patadas desde esta primera novela. Por supuesto, como película, fue (y es) todo un fenómeno cinematográfico, haciendo que cada estreno se convierta en un auténtico acontecimiento mediático y, claro está, Stewart y Pattison se han convertido en estrellas de estrellas. También es cierto que novelas y películas despiertan tantas pasiones como iras e indiferencias. Muchos de los que las atacan argumentan que, ante todo, son algo ñoñas, mucho amor y mucho romanticismo. Bueno, razón no les falta pero, también, hay que tener en cuenta que las cuatro novelas narran eso, por encima de todo: una relación amorosa tan grande que no puede pararla nada (ni razones vampíricas ni lobunas)

A mí, las novelas, me gustaron bastante y me parecen muy conseguidas. ¿La película? Pues también. Se toma unas cuantas licencias (obvio) pero, en conjunto, me parece una buena adaptación y, sobre todo, una película que cumple con su cometido: entretenerme durante todo el metraje. ¿Qué más puedo pedir?
Os dejo un vídeo con el momento de la confesión:

 

Pues eso, vigilad el cielo.