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sábado, 22 de septiembre de 2012

El alimento de los dioses


El alimento de los dioses (The food of the gods)
(1976)
Director: Bert I. Gordon
Guión   : Bert I. Gordon

Marjoe Gortner
Pamela Franklin
Ralph Meeker
Jon Cypher
Ida Lupino
Belinda Balaski
Tom Stovall

Un extraño líquido hace que los animales de una granja crezcan de manera monstruosa…

Esta película es una adaptación (digo yo que muy libre, ya que está ambientada en la época moderna) de una obra del maestro de la ciencia-ficción H. G. Wells: The food of the gods and How it came to Earth. Si bien en el libro se nos cuenta la historia acerca de cómo dos científicos inventan un alimento que hace crecer a los animales y hombres gigantes, la trama de la peli se va a centrar sólo en los animales y cómo estos acosan a los protagonistas, lo que hace que esta cinta se enmarque dentro de lo que podemos llamar película de “venganza de la naturaleza contra el ser humano” Además, el dichoso alimento que crea los problemas aquí surge solito de las entrañas del suelo.

Diferencias argumentales a parte, vamos allá con la película en sí. Debo reconocer que no la había visto pero las expectativas que me pusieron con respecto a ella fueron muy elevadas. En algunos sitios, incluso, la tildan de clásico del cine de ciencia-ficción setentero. Pues bien, me ha ocurrido lo que suele pasar cuando te ponen por las nubes algo y, lleno de gozo y emoción, acudes a verlo pensando que, durante un espacio breve de tiempo, estarás en el éxtasis del disfrute. Veamos…

Hay que admitir que la película tiene una base más que buena, ya que las posibilidades que ofrece el argumento del que parte la obra literaria son, como poco, originales. Va al grano sin mucha espera. Después de la voz en off del protagonista que nos recuerda las palabras proféticas de su padre acerca de la venganza que, tarde o temprano, se cobrará la naturaleza, conocemos a los protas, encabezados por Morgan (Marjoe Gortner) que montan a caballo por una especie de bosque. Buen detalle que los caballos parezcan asustados; eso es señal de que algo pasa. Y así sucede, más que nada porque son atacados por unos bichos enormes que creo se puede decir que son avispones del tamaño de un melón. Si uno de esos te pica, al hoyo, que es justo lo que le sucede al colega de Morgan. Aquí ya sabemos por dónde va a ir la peli: animales sacados de su contexto (y su tamaño) atacando al ser humano. Bien.

La peli sigue. Yo pensé que los avispones antes mencionados iban a ser el alma de todo el asunto ya que, admitámoslo, posibilidades daba ese argumento. Pues no porque Morgan y sus amigos se encuentran con una cabaña, se meten en ella y… una gallina del tamaño de cuatro hombres se lo quiere manducar. Así, como suena. Las avispas gigantes caen en el olvido de golpe. Aquí suceden dos cosas: caes en la cuenta de que van a ser muchos los animales raros que pululan por la pantalla y que, a juzgar por cómo está hecha la gallinita (es un modo de hablar) los efectos especiales van a cantar de lo lindo pero, voy a ser bueno y dejaré eso para el apartado de cosas mejorables.

Aquí, la dueña de la casa, la señora Skinner, que parece muy misteriosa, nos cuenta que el origen de todo es el dichoso producto que surge de la Tierra. Lo malo es que ella y su marido, que anda por ahí, cree que eso es un regalo del Señor. Pero eso no quita que se horrorice cuando unos gusanos enormes se pasean por su cocina y, de paso, tratan de devorarle la mano. Si a esto le añadimos que llega un magnate industrial, Bensington (Ralph Meeker), con su ayudante Lorna (Pamela Franklin) para hacerse rico con el producto y una pareja de futuros papis, Thomas (Tom Stovall) y Rita (Belinda Balaski), todos encerrados en la dichosa cabaña rodeado por ratas gigantescas, el argumento está más que servido.

La premisa, a parte del tema de los animales gigantes, me parece correcta. El hecho de que haya unos humanos encerrados en un sitio mientras son acosados  por monstruos, creo que está muy bien. Todo ello, secundado por muertes más o menos escabrosas (como la primera producida por el avispón) o una que se va a repetir mucho a lo largo de todo el metraje: muerte por rata. Y es que las ratas gigantescas van a ser el principal quebradero de cabeza de los pobres protas...

Hasta aquí todo bien. Como ya he dicho, el argumento es muy original y, debo admitir, que es lo mejor de todo. El problema que veo a esta película es que, a pesar de contar con una base más que buena, me falla el modo de llevarla a cabo.


Para empezar, esta es una película de monstruos. Sí, puedes interpretarlo como un aviso en plan metáfora de que la Tierra está harta del ser humano y toma venganza. Muy bien pero, el reclamo del argumento es, por encima de todo, los monstruos que esperas ver en pantalla. Por hay que hablar de una cosa fundamental: los efectos especiales. Y es en este apartado donde hay uno de los muchos peros de la peli. Escueto y al grano:  cantan y mucho. ¿El principal? Sin duda, el de las ratas. La intención era buena, claro está pero la cuestión es que, supongo que porque el presupuesto no daba para mucho, decidieron filmar ratas normales y corrientes sobre maquetas y miniaturas. Eso quiere decir que se nota muchísimo el efecto ya que es obvio que los animalitos se movían como lo que eran: ratas y las miniaturas se notaban bastante. Si a ello le añadimos que, cuando hay ataques de las mismas, enfocan solo el perfil de las cabezas de los animalitos o parte de las mismas, claramente manejadas por técnicos desde un ángulo que no se ve, el conjunto queda pelín tosco o, si estás a las malas, cutre.



Pero este detalle no sólo se aplica a las ratas (que son, repito, las que más destacan) las avispas gigantes se notan superpuestas y, a veces, hasta ligeramente transparentes. Por no hablar del efecto del agua y la inundación del final: se nota muchísimo. Bueno, supongo que, en la época, no se podía pedir mucho más.

Seguimos. Otra cosa que me ha llamado la atención es la actitud de los protagonistas, que parecen no inmutarse demasiado ante el problemón que tienen encima. Destaco aquí a Morgan que, a pesar de que se enfrenta a avispas gigantes o gallinas más gigantes aún, parece inmutable, como si se enfrentase a esto todos los días. Menos mal que la pobre embarazada es la que, al final, parce reaccionar un poquito ante la perspectiva de ser comida por una rata enorme.

Los actores me han parecido muy normalitos, cumpliendo lo justo y necesario. El principal, cómo no, es Morgan. Pues bien, debo decir que, a pesar de que es el protagonista y, por esa misma razón, el héroe, no me ha gustado mucho. El personaje me ha resultado, al menos a mí, algo antipático: resulta demasiado sabiondo, tiene una respuesta para todo y manda y ordena a los demás. Resulta extraño que, sea para lo que sea, parece tener un plan en mente. Y, por si fuera poco, cuando se trata de ratas, va a verlas o estudiarlas pero, cosa curiosa, a él no le atacan pero a su amigo, Jon Cypher, sí. ¿Por qué razón tiene un generador eléctrico para retener a las ratas? ¿De dónde lo ha sacado? Eso, por no hablar, de las caras que pone  Gortner cuando pelea contra lo que sea. Me resulta demasiado artificial y, en el peor de los casos, forzado. El resto, como ya he dicho, cumplen, sin más ni más.

¿Y el final? Una película así no puede acabar muy bien salvo que los guionistas se estrujen el cerebro en busca de soluciones originales. Y, debo admitir, que este no ha sido el caso. Planteaos esto: vuestra granja da un líquido que hace crecer a los animales hasta convertirlos en monstruos. Muy bien. Lo tenéis almacenados en botellas. Vale. Después de pasarlas pero que muy canutas y destruir CASI todo el dichoso líquido, ¿qué se puede hacer? Pues lo metes en una botella de cristal y lo tiras al agua. La botella flota y flota hasta que llega a unas vacas que, felices e ignorantes, beben agua en el borde de un río. Como poco, mal terminado.

Pues esto es todo por hoy. En conjunto, una película de que cual esperaba mucho más. El argumento daba posibilidades sobradas pero supongo que esto es lo que ocurre cuando las ideas no se tienen muy claras, dispones de efectos muy rudimentarios y, encima, la resolución para terminarla no es muy allá. En mi modesta opinión, Se pudo haber hecho mejor pero, como siempre digo, para gustos, los colores. Sorprendente que, a fecha de hoy, a nadie se le haya ocurrido eso de hacer un remake. Creo que, con la tecnología digital de hoy día y una historia mucho mejor llevada, se podría conseguir un buen producto.

Vigilad el cielo…

domingo, 19 de agosto de 2012

Miedo azul

Miedo azul (Silver Bullet)
(1985)
Director: Daniel Attias
Guión   : Stephen King

Corey Haim
Everett McGill
Gary Busey
Leon Russom
Robin Groves
Terry O'Quinn
Megan Follows
Bill Smitrovich
Joe Wright
Lawrence Tierney








En un pueblecito, un  niño descubre que hay algo mucho más tenebroso tras los asesinatos que se están produciendo...
Vamos allá con otro ejemplo del tipo de peliculitas de terror que se hacían en los ochenta y que, si bien puede que no esté al mismo nivel de ciertas pesadillas que pululaban por Elm Street o determinados fenómenos Poltergeist, lo cierto es que ha quedado como ejemplo de cinta de monstruos con un toque ochentero más que evidente que se suele recordar cuando se habla del cine de monstruos de la época.
Miedo Azul es una película basada en una historia de Stephen King titulada El ciclo del hombre lobo. Lo que ocurre es que, esta vez, es el propio autor quien firma el guión, ya que se llevaba quejando en varias ocasiones de que las adaptaciones de sus libros se tomaban, a veces, demasiadas licencias (la de El resplandor, aunque suene raro, le dio cien patadas y, sobre Christine, él  mismo dijo que le dejaba frío)
Pues bien, con Dino de Laurentiis produciendo, se liaron la manta a la cabeza y se lanzaron a por ello. No era mala época ya que, por aquellos años, las películas de hombres lobo estaban en alza por títulos como Un hombre lobo americano en Londres o Aullidos (películas que, además, pusieron el listón muy alto en lo que al tema se refiere) El resultado fue una cinta de la que, quizás, por los nombres implicados en ella y la temática de la misma, muchos esperaron algo más. Con todo, como no es bueno precipitarse vamos a ir por partes.

La película comienza bien y directa al grano, poniendo en el punto de mira la atención del espectador con el ataque correspondiente y la muerte de turno. Ok, nada de perder el tiempo, como debe ser. Luego, como siempre suele pasar en cualquier historia de Stephen King, nos presenta personajes y situaciones hasta que, de nuevo, la sangre hace acto de presencia. Poco a poco, nos vamos metiendo en situación hasta que ya se hace evidente lo que uno sospecha: hay licántropos de por medio. Por eso mismo, acudimos a unos cuantos momentos curiosos entre los que destaco la escena de la niebla que me parece, a su modo,  agobiante, aunque debo admitir que, quizás, se la hubiera podido sacar algo más de partido. Por otro lado, hay otra que está muy bien pero que, a mi modo de ver, le quita algo de interés a la trama porque te descubre el pastel. Me refiero, y no voy a decir nada más, a la de la iglesia donde todos empiezan a experimentar cambios. Y esa es para mí una de las cosas más flojas de la peli ya que, en mi opinión, se pudo haber mantenido un poquito más la expectación y la intriga acerca de quién es el responsable de lo que ocurre. Y es que, más que ante una película de terror como tal, estamos ante una historia de intriga con monstruo incluido.

Los actores me parecen correctos. Corey Haim es el perfecto niño/pre-adolescente de la época que puede resultar vulnerable (no olvidemos que interpreta a un chaval en silla de ruedas) y valiente a la vez. Y, de paso, luce gesto y pose que hicieron que en los ochenta forrase carpetas de clase y paredes de habitaciones a partes iguales. Curioso es ver por estos lares a Gary Busey en un papel bastante alejado de lo que nos tiene acostumbrados: un tío majo, gracioso y simpático. Y, por supuesto, mención especial tiene el amigo Everett McGill que, a pesar de la sotana y el alzacuello, tiene un gesto y miradas que, admitámoslo, le delatan nada más verle. Con todo, me parece que hace un buen trabajo.

McGill, cura.

Busey, el tío guay.


¿Aspectos que no me han gustado mucho? Bueno, aluno que otro…

En mi humilde opinión, creo que, si bien la trama es correcta, la peli deja muy claro desde los primeros ataques por dónde van a ir los tiros, desaprovechando un poquito el toque de intriga que puede resultar muy atractivo en una historia como esta. La trama de los niños protagonistas en plan hermana mayor/hermano pequeño es quizás un poco repetitiva e incluso pelín ñoña pero, la verdad, no llega a molestar demasiado. Y por encima de todo, ese tono ochentero con música de sintetizador bien clara por delante. Bueno, era la época y nada ni nadie puede evitar eso. Sí me parece que, a pesar de que el paso del tiempo no perdona, a esta cinta sí le ha afectado un poco, quedando demasiado desfasada en algunos momentos. Bueno, ahí queda...
Pero lo que más me ha llamado la atención es que, en cuestión de escenas cantosas, la peli tiene unas cuantas. Empezamos por el monstruo en sí, que sale poco y lo poco que lo hace se nota el disfraz a la legua. Ok, está claro que el encanto de estas películas es precisamente eso, el toque pre-tomas CGI que te dejaba claro que lo que veías, en forma de muñeco o disfraz, era real. Lo que pasa es que el traje resulta más que evidente. El disfraz es chulo pero el “elemento humano” está claro. Y es que, en cuestión de efectos especiales, no es una cinta que destaque demasiado (salvo, quizás, el momento final, claro...)

¿Más? Pues, siguiendo con la criatura, hay una escena que, bien mirada, más que miedo, angustia o como lo queramos llamar, puede producir la sonrisa de turno: en cierto momento, en lugar de masacrar al personal a base de dentelladas, zarpazos o sus derivados, el amigo licántropo se dedica a coger un bate de béisbol y abrir la cabeza a la víctima de turno. Original, desde luego, sí que es. En fin…
La película no fue un éxito, ni mucho menos. De hecho, se estrelló en taquilla porque no llegó a recuperar el dinero que invirtieron en ella. Incluso De Laurentiis se pronunció bastante mosqueado con el resultado final ya que, entre otras cosas, el hombre-lobo no le hizo ni pizca de gracia. Con todo, con el paso de los años, este Miedo Azul ha quedado como un “clásico” de segunda (algunos dirán que de tercera) división dentro del género.
Pues eso es todo, amigos. Un producto típico de su época. Dependiendo de los gustos, hay quien piensa que es un buen ejemplo del cine de terror ochentero y otros que la califican de bastante floja. En lo que a mí respecta, como los extremos no me han gustado nunca, me quedo en el medio. ¿Pudo haberse hecho mejor? Sí, qué duda cabe. ¿Es una película a la altura de Aullidos, Un hombre lobo americano en Londres (por aquello de la temática) o Pesadilla en Elm Street? No; creo que se queda un poquito por debajo y que, además, el paso de los años no la ha tratado muy bien pero, con todo, cada cierto tiempo, no me importa darle otro vistacillo y pasar un ratito entretenido quue, para mí, a fin de cuentas, es de lo que se trata. 
Por cierto, entiendo que, en inglés, la película se llame Silver Bullet (Bala de plata) porque así se llama la silla de ruedas del chico protagonista. Lo de Miedo azul fue, supongo, una licencia que alguien se tomó pensando (digo yo) en cierto protagonista de la peli. Aún así, debo admitir que la traducción que hicieron tiene su aquel...

Cuidado con la luna pero no dejéis de vigilar el cielo!


miércoles, 7 de marzo de 2012

Las aventuras de Tintín: el secreto del Unicornio

Las aventuras de Tintín: el secreto del Unicornio
(The adventures of Tintin)
(2011)

Director: Steven Spielberg
Guión   : Stephen Moffat, Edgar Wright, Joe Cornish

Jamie Bell
Andy Serkis
Daniel Craig
Nick Frost



El periodista Tintín compra la miniatura de un barco. Pero este contiene un secreto que hará que se embarque en una espectacular aventura… 

El Tintín de 1961
Y llegó el momento. Era cuestión de tiempo. El cine digital ha avanzado tanto en los últimos años que muchos personajes de cómic, después de mucho esperar, han sufrido en sus carnes la transición al celuloide. No obstante, había uno en concreto que parecía resistirse a pesar de que tuvo sus escarceos en forma de películas de dibujos e incluso alguna de acción real (Tintín y el misterio del Toisón dorado y Tintín y las naranjas azules) que, por unas u otras, casi todo el mundo ha olvidado. Me refiero, cómo no, a Tintín, personaje creado por el belga Hergé y que es uno de los hitos del mundo de las historietas.  Si bien es cierto que ha habido muchos que han tonteado con la posibilidad de adaptar dicho personaje al cine, también es verdad que ha habido uno que siempre ha tenido la espinita clavada con respecto a Tintín. Me refiero, claro está, a Steven Spielberg que, por variadas razones, nunca pudo echarle el guante y darse el gusto de adaptarlo.
No obstante, Tintín es un personaje complicado si se le saca del ámbito de la página impresa. Por un lado, si bien el dibujo de Hergé es muy característico y a primera vista no parece muy complicado (craso error pensar eso) puede plantear un problema representarlo de manera real en la pantalla. Pero si de problemas hablamos, el principal siempre provenía de las historias. Y esto es porque los álbumes de Tintín ofrecen unas muy bien planteadas, mejor hechas y, en definitiva, son tramas para hartarse de leer donde los personajes se pasan páginas y páginas hablando de esto o lo otro. Llevarlas al cine manteniendo este aspecto (por otro lado fundamental en el personaje) ha sido siempre muy difícil porque llega a un momento en que la duda de si son adaptables o no siempre surge.
Y eso lleva a otra cuestión: ¿cómo mostrar en la pantalla las historias de Tintín? Convertirlas de nuevo en películas de animación no tenía mucho sentido, ya que existen muchas basadas en sus álbumes. Hacer una de imagen real supondría pararse a pensar si quedaría bien un actor con flequillo puntiagudo paseándose con un perrito pensante, acompañado de un capitán cascarrabias con un serio problema con el alcohol o unos policías gemelos haciendo patochadas. Pero Spielberg es mucho Spielberg y, como perro viejo, ha sabido esperar para dar con la solución, que la ha traído el tiempo y la tecnología digital: ¿y si se mezclan las dos opciones? Manos a la obra. Para ello, el amigo Steven se ha aliado con otro de los grandes, Peter Jackson, el responsable de El señor de los anillos y El Hobbit. Y sucede lo inevitable: si se mezclan dos pesos pesados del cine en una misma película basada en un personaje que apasiona a ambos, el resultado no puede ser vulgar (que guste ya es otra cosa). Eso, además de generar una expectativas del tamaño de un sistema solar entero.
Nada más comenzar, asistimos a una curiosa escena inicial en la cual vemos los títulos de crédito, a través de una animación muy próxima a los dibujos animados tradicionales, mientras escuchamos la música de John Williams. Y, a la primera de cambio, ya somos testigos de la primera filigrana: vemos a Hergé convertido en personaje digital animado hablar con su criatura. Ya, desde el principio, asistimos a la que va a ser principal característica de esta cinta: la animación. Los personajes están generados por ordenador, sí, pero, tras ellos, está el trabajo de actores reales en los que se han basado los animadores para transcribir sus movimientos a la pantalla. Dicho de otra forma, primero, la película se ha rodado con actores reales y luego, usando los movimientos de estos, han sido traducidos a personajes digitales. Así se explica todas y cada una de las sutilezas en los movimientos, expresiones o gestos de los personajes que desfilan por la pantalla, toda una muestra de la animación más exquisita ¿Ha sido suficiente con eso? No. A todo ello, hay que añadirle la excelente ambientación que, calcada de los cómics y a su vez de la realidad (no olvidemos que Hergé era un maniático de la documentación) hace gala todo el metraje: los trajes, coches, barcos, sombreros o materiales como arena o agua, están reproducidos aquí a la perfección (fijaos en el mar cuando los personajes se quedan tirados en un bote. ¿Realidad o realidad simulada? Parece imposible distinguirlo…
Tintín y Haddock en acción...
Los personajes están calcados del cómic tanto en lo que se refiere a su aspecto como a actitudes. La única excepción que se produce, y no es algo que moleste en absoluto, es que en el caso de Milú, el perro de Tintín, han omitido el hecho de que en la historietas habla (aunque se da a entender que los personajes no son conscientes de ello) Para mí, un tanto a favor que, sin duda, hubiera infantilizado demasiado la película.

Con respecto a la historia, hay que decir que, si bien en general se respeta el contenido aún tomándose ciertas licencias, esta película no es el resultado de adaptar un álbum de Tintín, sino dos: El secreto del Unicornio y El tesoro de Rackham, el rojo, que en los comics suceden uno a continuación del otro.  Como ocurre en las historias impresas, el humor que predomina a lo largo de toda la cinta es sencillo, muy ajustado, el de toda la vida, basado, muchas veces, en la originalidad de los diálogos, las barbaridades que suelta Haddock, algún que otro trompicón que deja K.O a alguno o ciertos eructos llenos de alcohol de cierto capitán.
Pero, por supuesto, esto es una película de Steven Spielberg y eso debe notarse. Yo soy de la opinión de que el amigo a veces da una de cal y otra de arena pero,  para lo bueno, que suele ser cuando le da la real gana, este hombre es un peso pesado. Y eso, en esta cinta, se aprecia en determinadas secuencias que se nota que están dirigidas con auténtico esmero buscando la calidad y la espectacularidad aderezadas con unos movimientos de cámara alucinantes, como podemos ver en cualquiera de las peleas o persecuciones con las que nos deleita en esta peli. Ved la escena de la persecución del águila o el enfrentamiento usando grúas del final de la cinta y me decís.
Pero no todo es perfecto. Al menos, no para mí. Y es que soy de los que creen que una peli no sólo debe basarse en el nombre (o nombres) que la sustentan.  Para empezar, la película me ha parecido muy lineal, es decir, es obvio que uno sabe de antemano lo que va a pasar. Por ello mismo, en cuestión de sorpresas y emociones, esta peli se me ha quedado algo simple y predecible pero, por supuesto, es una opinión mía y, a fin de cuentas, estamos hablando de una adaptación de un cómic que le sirve de guía.
Otro detalle a tener en cuenta, y esto se deriva del comentario de las escenas espectaculares a las que me he referido antes, es que ciertos momentos de la película se me han hecho un poquito largos, como si el objetivo hubiera sido lucirse demasiado para potenciar la espectacularidad de la animación. Y aquí me refiero, por ejemplo, a la escena en la que Tintín se mete en ese camarote enorme lleno de marineros y trata de coger las llaves (cuyos momentos cumbres son el reflejo del prota en el filo de las navajas o ver a algún que otro marinero abrazado a una rata) o la escena del avión y el licor flotando por la cabina. Cosas que, desde luego están muy bien, pero nada más.
Haddock en el cine...
¿... O Haddock en el cómic?
Pero, si hay una cosa que me ha dejado algo frío (y admito que esto puede quedar raro) es la representación de los personajes del universo de Hergé a la pantalla. Veamos. Como dije antes, la traducción del aspecto de los personajes es literal. Eso sí, en forma digital. Y esto es lo que más extraño me ha resultado. Ver toda esa jungla de personajes, con ese aire a cómic tan evidente (narizotas, cabezas alargadas, paticortos, ojos diminutos, etc…) pero tratados de manera tan realista se me hace algo raro y, desde cierto punto de vista, me ha resultado artificial. No me pegan los rasgos tan caricaturescos (de nuevo, narizotas, cabezas enormes, pies pequeños) con los detalles ultra-realistas con lo que los adornan (pelo en la nariz, vello en las manos, arrugas, lunares…) Pero, repito, esto es una cuestión de gustos y no pasa de ser una opinión. Y he aquí una cuestión que siempre se me plantea cada vez que sale al mercado una cinta de esta naturaleza: quieren el realismo de los actores de carne y hueso pero sin utilizarlos. Eso sí, recurren a ellos para luego sustituirlos por gráficos por ordenador. Entonces, ¿por qué no rodar con personas desde el principio? En fin, misterios de la técnica…
En resumidas cuentas, una película que, para mí, tiene su principal atractivo en la espectacular animación que ofrece. La historia, si bien está bien llevada y no deja cabos sueltos, me ha resultado algo sosita pero creo que, al menos sólo por curiosidad, es una cinta que debe verse. A mí me ha dado la impresión de que, más que ser para todos los públicos, está más orientada al sector adulto que, a fin de cuentas, es el que forma gran parte de los lectores de Tintín. Y, como es obvio, a juzgar por el final abierto que tiene, habrá Tintín para rato.
¿Qué opináis? ¿A Tintín hay que leerlo o verlo animado? Yo, lo admito,  me decanto más por la primera opción pero, como siempre digo, cuestión de gustos.
¡Saludos y a disfrutar con la búsqueda de estos Unicornios!