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domingo, 16 de octubre de 2016

La novia de Frankenstein




La novia de Frankenstein.
(Bride of Frankenstein)
(1935)
Director: James Whale.
Guión: William Hurlbut, John L. Balderston.

Boris Karloff.
Colin Clive.
Valerie Hobsin.
Ernest Thesiger.
Elsa Lanchester.


La criatura creada por Frankenstein sigue viva. El doctor Pretorius tiene la idea de crear una novia para el monsntruo...



Muy buenas, amigos.

Hoy vengo cargado con un clasicazo de esos que ya no se hacen: la segunda parte de las aventuras del barón Frankenstein y su criatura hecha a partir de trocitos de muertos.

"Frankenstein" fue todo un bombazo en su época y se consolidó, junto con Drácula, como uno de los grandes iconos del cine de terror. Culpa de ello tuvieron, entre otros, su director, James Whale, y su actor protagonista, Boris Karloff. Pues bien, el éxito fue tal que, un par de años después, se decidió hacer una jugada a la que ni Hollywood ni los espectadores estaban acostumbrados: hacer una segunda parte. Era algo arriesgado porque no era la costumbre en absoluto. Ahora puede resultar raro, que se hacen sagas por menos de nada pero, allá por los años treinta la cosa sorprendió a más de uno.

Muy bien. Repetimos director y un par de actores protagonistas.

¿Listos?

La película tiene un arranque de antología cuando vemos a Mary W. Shelley, a su marido y a Lord Byron hablar de la famosa reunión que parió la historia de Frankenstein. La dulce e inocente Mary dice que tiene pensada una segunda parte y es así como nos metemos en situación. Después de estos minutos introductorios, donde, a modo de flash-back, recordamos la peli anterior, ya solo es cuestión de dejarse llevar y disfrutar.

Quizás puede ser tentador decir que la acción comienza allí donde termina la otra peli pero lo cierto es que lo hace unos minutos antes. De hecho, "Frankenstein" termina con Henry y su prometida en una habitación estando él para sopitas, buen vino y cuidados de su novia. En la peli que nos toca, retrocedemos un poquito hasta el momento en que el molino arde y Henry se acaba de dar el gran tortazo al caer de él.

El eje de la historia no tarda en llegar cuando, al poco, aparece un
tipo tan siniestro que deja al monstruo a la altura del betún: el profesor Pretorius, que ha creado vida a partir de semillas. La cosa se nos deja clara: quiere unir fuerzas con Frankenstein para seguir donde él lo dejó. ¿Cede el buen Henry? Ni lo dudes. Sí, al principio tiene sus dudas pero, después de ver los experimentos de Pretorius y que este use cierto poder de persuasión, no hay vuelta de hoja. La trama que tenemos por delante es de sobra conocida por todos, hayan visto o no esta peli: construir una novieta para el monstruo.

Pero, aunque este resumen tan breve pueda parecer algo simple, lo cierto es que la historia que se nos va a contar tiene mucha más miga de la que parece. Y es que esta, amigos, es una historia acerca de la soledad. Como lo habéis oído, y no es que me haya puesto en plan filósofo hortera y blandito. Siempre he pensado que el argumento de la peli habla precisamente de eso: pura, simple y llana soledad centrada, claro está, en la figura del monstruo. Por un lado, como dijo alguien, no es bueno que el hombre esté solo, seas uno normalito o construido con pedacitos de muertos. Por otro, dicha soledad puede ser tu única amiga y medio de defensa contra los demás, que siempre quieren amargarte la vida. Esto, desde mi humilde opinión, es lo que le pasa a la criatura. Por un lado, descubre que todo el mundo tiene alguien con quien vivir cosas buenas y malas salvo él, que es un poquito distinto. Por otro, siempre que intenta acercarse a alguien, la respuesta es la violencia y el rechazo, de forma que solo le queda la soledad. Para mí, desde luego, es un gran punto a favor. Pudieron haber hecho un refrito de la primera peli y mostrar al monstruo gruñendo y matando gente pero, por suerte, no fue así: fueron más allá, indagaron en los personajes y los desarrollaron a través de distintas situaciones.

Continuo. Si bien "Frankenstein" es considerada una película e
historia enmarcadas ambas en el género del terror (por supuesto), lo cierto es que en esta segunda parte la cosa va un poquito más allá y, al menos yo lo veo así, se aleja de dicho género para, sirviéndose de él, narrar una serie de historias que tienen unos tintes dramáticos muy evidentes pero que uno no suele ver con la excusa de que sale el monstruo. Por un lado, tenemos, como ya he dicho, la historia de la soledad de la criatura y su afán por tener un amigo que, si puede tener faldas, mucho mejor. Por otro, está la historia de Henry. A ver, el muchacho está hecho polvo por varias razones: ha construido vida a partir de la muerte, hay una carga de blasfemia en ello considerable y, de algún modo, puede que se sienta un pelín responsables por las muertes. Todo ello, claro está, con el trasfondo fantástico del hecho de crear una mujer para el monstruo. Claro que viendo esto, a ver quién se niega a ponerse manos a la obra:





Pero, si hay algo que distingue a esta peli y que en la otra no
apareció para nada , es un factor que, a más de uno le puede sorprender pero que es así; no hace falta más que ver la cinta con atención: el humor. Como lo habéis leído. No es que aquí haya momentos para partirte el pecho pero sí es cierto que hay ciertos detallitos aquí y allí que, evidentemente, aligeran un poco la carga emocional que predomina en todo el metraje. Ahí tenemos todos los momentos de Una O'Connor cuya cara, gestos y modo de hablar son, como poco, significativos (veanse las puyas que le tira al burgomaestre, que parece sacado de una peli de Charlot) Los experimentos de Pretorius son absolutamente hilarantes y atentos a la musiquita que suena de fondo cuando aparecen. La sirena, por cierto, me encanta. Y al propio Pretorius hay que echarle de comer aparte: el tipo es siniestro como él solo y no se corta un pelo en tomarse un aperitivo en un cementerio a la luz de las velas. Y, para más inri, ahí tenso cómo a la criatura le gustan las cosas buenas de la vida, es decir, el beber, el buen comer y fumarse un buen puro ("Buuueeeeenooo....") y es que se puede ser monstruo, pero no idiota. Y, qué mejor cosa puede decir uno de los esbirros de Pretorius que "Esto no es vida para un asesino" Todo esto, repito, no es que se muestre de tal forma que el espectador se rompa de la risa pero sí es verdad que es lo que hay y marca con el resto del metraje un equilibrio que roza lo sublime.

Además, tenemos una serie de detallitos que quedan muy bien y que realzan ciertos momentos. Por comentaros unos cuantos, os recuerdo ese en que el monstruo ve su reflejo en el agua y se repele de lo feo que es, la progresiva educación del susodicho o, uno de mis favoritos, todo la secuencia con el anciano ciego. De hecho, creo que dichas escenas ofrecen uno de los momentos más dramáticos, lacrimógenos y sensibles de toda la historia del cine (o, para no pasarme, del cine de terror) Mirad:





Si no tragas saliva con  esta escena, es que eres tan monstruito como el que ves en la pantalla.

Los personajes están mostrados de manera genial, tanto los nuevos como los ya conocidos. Pretorius es el paradigma del científico chiflado y siniestro que lo mismo brinda por los monstruos ("Por un mundo nuevo de dioses y de monstruos", dice el colega. Y luego se ríe) que se da una buena merendola rodeado de tumbas. Vale, lugar más tranquilo imposible. Pero, con respecto a los que ya vimos en la anterior entrega hay un avance descomunal. Han evolucionado y, por eso, cambiado. Henry, en la peli previa, era un arrogante niño rico, idiota y egocéntrico que se creía el centro del mundo y no se cortaba un pelo en compararse con el Creador. Aquí, en cambio, después de todo, el pobrecito está hecho una piltrafa humana y lo muestran débil, enfermo y con un sentimiento de culpabilidad del tamaño de un crucero estelar. Pero, si alguien ha avanzado, ese es el monstruo. Tremendo lo que el guión hizo con él. En la peli anterior
ya vimos que, después de todo, no es que fuera malo; es que se defendía (y, también, tenía cierto problemilla de autocontrol) Aquí vemos que, desde luego, malo no es: solo trata de sobrevivir y los vivos, que no tenemos otra cosa que hacer que fastidiar, hacen eso: hacerle la puñeta. Fijaos cómo, al principio, cuando ve a la bella, guapa e inocente pastorcita trata de salvarla. Los humanos, por ello, le pegan un tiro. Aquí queda claro que el ser es inteligente: aprende a hablar, a fumar, a beber (que bien que le gusta) y a disfrutar de la tranquilidad, pero también, tiene deseos y no son, precisamente, de matar: quiere a un igual, un amigo o, en este caso, una amiga y que los demás le dejen en paz. Me parece muy apropiado remarcar esto ya que, si coges a cualquiera por la calle y le pides que te describa al monstruo de Frankenstein, probablemente, se limitará a decirte lo de la cabeza cuadrada y a imitarle andando como si fuera imbécil. 


¿Qué puedo decir de los actores? Pues que todos de bandera. Valerie Hobsin es, quizás, la más sosita porque, todo hay que decirlo, su papel no tiene la importancia que los otros. Con todo, debo admitir que, siempre que veo esta peli, me parece una mujer guapísima, con ese pelo oscuro y ondulado bien largo (más que Mae Clarcke, con todos los respetos) Colin Clive, de nuevo, lo borda en un papel a caballo entre lo atormentado (que lo está) y lo chiflado (que, también, lo está. ¿De qué otro modo se puede meter alguien en berenjenales como esos?) La mirada, los gestos, esa expresión de dolor interior están pero que muy bien mostrados. Ernest Thesiger me entusiasma como doctor Pretorius; es el prototipo de científico chiflado y malvado de toda la vida y, además, el tipo tiene una cara de siniestro que no puede con ella. Aquí dejo salir mi lado friki y os digo que, cuando sale por primera vez, con ese sombrero, me recuerda mucho a Max Von Sydow en El Exorcista. Además, esa cara delgada, esa nariz afilada... tiene todo el aspecto de científico loco que, además, actúa como tal. Y no solo por los experimentos que hace, sino por que si al tío le entra hambre en mitad de unas catacumbas, pues se pone a cenar y brinda a la salud de los muertos. Sublime. Elsa Lanchester, adorable como Mary Shelley y como novia del monstruo. ¡Ay, ese bufido bestial cuando ve al monstruo! Y, de remate, el gran Boris Karloff como criatura nos da una lección magistral de cómo interpretar un personaje que cambia, evoluciona y tiene un mundo interior. Cómo no nombrar a Una O'Connor como Minnie, tan alocada, pizpireta y graciosa como demostró en Robín de los Bosques.





Son muchos los que dicen que esta peli superó a su predecesora. Yo, al principio, me negaba a pasar por el aro pero, a fuerza de verla un porrón de veces comienzo a entender por qué. La primera siempre tendrá el encanto de, precisamente eso, ser la primera y mostrar el cotarro del que arranca todo. Pero esta segunda tiene una poesía, un algo extraño que, cuando la veas, va a hacer que la devores y la recuerdes. Cosa curiosa, se han hecho veinte mil versiones de la creación del monstruo pero, de esta historia que os traigo hoy, quitando Frankenstein creó a la mujer, creo que no han sido muchos los que se han atrevido con ella. Por algo será.



En fin, vedla. Este tipo de cine, por desgracia, ya no se hace y el espíritu que se respira en todos y cada uno de sus minutos de metraje, tampoco. Menos mal que uno puede darse el gustazo de verla cuando le da la gana.


Vigilad el cielo.




domingo, 20 de julio de 2014

Vídeo: La criatura de Frankenstein es inocente como un niño


¡Muy buenas a todos!

Si seguís creyendo que la criatura de Frankenstein es un monstruo asesino sin piedad, os recomiendo que veáis este fragmento que, no solo es famoso porque es la primera vez que vemos a la creación del doctor en pantalla, sino porque demuestra que el pobrecito es tan inocente que quiere coger la luna y no entiende por qué no puede hacerlo. Si luego, a lo largo del metraje se carga a alguien, es por que le hartan y tira por la tangente...

Y, de nuevo, en el caso de que hayáis oído hablar de esta peli (que, seguro que sí) pero no la habéis visto, hacedlo; no os arrepentiréis.

Esta es la escena que, también, podéis verla en la página de Facebook:



domingo, 13 de julio de 2014

El doctor Frankenstein


El doctor Frankenstein (Frankenstein)
(1931)

Director: James Whale
Guión   : Garret Fort, Francis Edward Faragoh.

Boris Karloff
Colin Clive
Edward Van Sloan
Mae Clarke
Dwight Frye

 




Antes de nada, ved esto:




Esta película es un CLÁSICO. Así, con mayúsculas.

Todo el mundo ha oído hablar de ella, no hay nadie que no conozca al famoso monstruo de cabeza cuadrada, andares torpes y zapatos con plataformas bestiales y es de esos casos raros (junto con Drácula, Ben-Hur o Lo que el viento se llevó, entre otras, claro) en los que es muy difícil saber cuál es más famosa, si la obra literaria (su autora es Mary Shelley) en la que está basada o la peli en sí. Con todo, estamos ante una de esas obras maestras por atemporales, una obra de referencia básica en lo que se refiere al cine de terror y, por supuesto, una de esas películas que nos  recuerdan que, en determinados casos, tiempos pasados fueron mejores… o las cosas se hacían de distinta (o mejor) forma.

Antes de nada es necesario hacer una pequeña advertencia que a muchos no cogerá por sorpresa. Y es que, si bien esta cinta es muy responsable de la universalidad del monstruo en sí, poco tiene que ver con la obra literaria está basada. Por supuesto, en ambas hay un doctor que inventa un monstruo basado en trozos de cadáveres, eso está más que claro pero, a partir de ahí, no solo se cambia la época (la peli está ambientada en la que se filmó, allá por comienzo de los treinta), sino las situaciones (por ejemplo, en el libro el monstruo adquiere inteligencia y aprende a hablar. Aquí gruñe y poco más) e incluso los nombres de los personajes están alterados (en el libro el doctor se llama Victor, aquí es Henry. Lo de Victor lo dejamos para el amigo del buen doctor) Digo esto porque mucha gente suele tener en mente la idea de que esta la peli es una adaptación fiel de la novela. Y conste que no lo digo como fallo, ni mucho menos; es solo una mera curiosidad. De hecho, si queréis ver fidelidad (al menos hasta que al guión se le va la pinza un poco), ved la versión de Kenneth Branagh.

Dicho esto, y sin más preámbulos, vamos allá con la tarea que nos toca.

A favor tengo que destacar muchas cosas, y todas ellas muy variadas. Para empezar, me gusta mucho esa escena inicial, la que os he puesto al principio, (lo de escena quizás sea demasiado) en la que uno de los actores, Edward Van Sloan (que interpretó a Van Helsing en Dracula, cuya reseña puedes leer aquí) nos advierte que lo que estamos a punto de ver va a ser un plato muy fuerte: “… Es una de las historias más extrañas que se han contado…”, nos dice el amigo Sloan y, de paso, nos deja claro que en cuestión de sustos, el que avisa no es traidor. Visto hoy día, hasta más de uno se reirá al ver esto pero hay que entender que la cinta, en la época, fue el colmo del horror y de la truculencia. Si nos tuvieran que advertir en las pelis de hoy en día que vamos a ver cosas fuertes, íbamos apañados… Eso sí, como golpe de efecto me parece sublime.

Una vez advertidos, empezamos con la peli en sí. ¿Qué mejor modo de comenzar que con un entierro y unas campanadas lúgubres sonando de fondo? Como diálogo, un llanto. De decorado, la Muerte en su forma más básica: un esqueleto guadaña en mano cubierto por una túnica. Lo que pinta esto ahí puede dar que pensar (si vas a un cementerio y ves eso, como poco, corres) pero lo cierto es que, en su conjunto, el efecto es tremendo. Estoy seguro que el que haya sonreído con la advertencia anterior, aquí ya no lo hace. Es parte de la magia de la peli.

Los personajes son presentados en el acto. De hecho, dicha presentación comienza en la primera escena cuando vemos ese primer plano de doctor Frankenstein y Fritz, su criado jorobado, que observan con sendas caras de locos lo que está sucediendo, un ejemplo claro de eso de que una imagen vale más que mil palabras. “Solo está descansando”, dice el buen doctor mientras desentierra al recién enterrado, “Esperando a que se le dé una nueva vida”

El espectáculo tétrico y desagradable continúa cuando hacen lo mismo con un ahorcado que, por desgracia, al descolgarlo, se rompe el cuello. No pasa nada; en la facultad de medicina seguro que tienen otro cerebro que pueda valer. Lo malo es que puedes ser todo lo Frankenstein que quieras pero, si confías en un criado algo inútil, la cosa se puede complicar más que nada porque si quieres construir una criatura a la que debes añadir un cerebro, que sea el de un tipo listo, no el de un criminal. ¿Os imagináis un monstruo inteligente y resabido en plan Sheldon Cooper? Eso sí que daría miedo…

Por todo lo que he dicho hasta ahora, está claro que la presentación del personaje principal es más que sobresaliente. Frankenstein se nos muestra como el doctor inteligente, acomodado y, sobre todo, con aires de grandeza al que no hace falta más que mirarle a la cara para saber que es el paradigma de científico chiflado con un complejo de Dios considerable para quien el trabajo es lo primero y los demás, novia incluida, son secundarios. El resto del elenco se nos presenta también de manera bastante simple y efectiva: Elizabeth está enamorada de él hasta la médula y se nos dice que es una mujer bastante decidida. Tanto que le trae al fresco que su amigo Victor le tire los tejos de manera indiscriminada. El doctor Waldman es el prototipo del sabio maestro prudente, temeroso de los riesgos que el trabajo de científico loco puede acarrear. ¿Es todo? Entre tanto tipo peculiar, es un alivio el personaje del barón, el padre de Henry, que aporta cierto tono cómico al asunto. Todo esto en un par de escenas. Como tiene que ser, de manera directa, concisa y muy efectiva. No es para menos porque resulta curioso que, al igual que Drácula un año antes, el metraje de la peli no se extiende más de sesenta y pocos minutos.





Me gustaría también destacar algo fundamental en esta peli: la ambientación. Por un lado, las escenas del pueblecito donde sucede todo están muy logradas, mostrándonos a los aldeanos de manera muy eficaz, viviendo sus vidas a la sombra de la casa Frankenstein. Por otro, los elementos básicos y propios del cine de terror están ahí y muy bien mostrados, por cierto. ¿Cuántas veces se ha copiado ese laboratorio donde Henry Frankenstein trabaja aislado de todo, lleno de instrumentos científicos y eléctricos por todas partes y rodeado siempre, en el exterior, de viento, lluvia y truenos? Y, sí, como debe ser en todo laboratorio de científico trastornado, hay un cuerpo en una camilla tapado. Claro que, en este caso, es un cuerpo hecho de muchos.



¿Momentos memorables en esta cinta? A patadas. De hecho, raro es el que no lo es desde el momento en que todos, en tropel, van al laboratorio de Henry para molestarle y no dejarle terminar de experimentar según el canon del científico chiflado, es decir, en paz y soledad. El primero y, quizás, más grande, ese en el que eleva el cuerpo de la camilla a los cielos y los relámpagos le otorgan vida. La expresión y diálogo de Colin Clive en el papel del doctor son ya antológicos y forman parte de la historia del cine y de nuestra cultura popular. Observad:



Otra escena a tener muy en cuenta: la primera aparición del a criatura como tal me parece soberbia. Mucha gente tiene la imagen del monstruo como la de un asesino sin control (esto puede llegar a ser muy discutible) pero, como vais a ver a continuación, se aproxima más a un bebé, a un niño que a otra cosa. Por eso, obedece (“¡Siéntate, siéntate!”), actúa por impulsos o, una escena sublime (creo que ya he utilizado esta palabra, pero me da igual), ve la luna y, cuando no puede cogerla con las manos, mira al doctor sin saber por qué no puede hacerlo. Lo dicho, impresionante.




¿Más? Muchas, claro.

El asesinato de Fritz, que no vemos como tal pero sí somos testigos del pobre jorobado colgando de su propio látigo (el monstruo estaba harto de él, la verdad, después de atormentarlo) o la muerte de Waldman en la mesa de operaciones. Momentos de cierta crueldad, por supuesto, pero hay que tener en cuenta una cosa: en ambos, el monstruo reacciona defendiéndose como puede, es decir, usando la fuerza bruta. No hay que olvidar que, en el primer caso, el bueno de Fritz no paraba de acosarle y azotarle por aquello de fastidiar y, en el segundo, el buen doctor, con toda la buena intención del mundo, iba a sacrificarlo cual perro callejero. Esto, al menos para mí, da que pensar: ¿el monstruo es tal? Ahí queda el debate…

Pero si hay una escena que todo el mundo recuerde, es la de María, la niña encantadora que es asesinada por la criatura. Curiosa esta escena porque, cuando servidor era pequeño y no había visto la peli (la vi ya de adulto), oía hablar de este momento y me imaginaba al monstruo masacrando a la pobre criatura en plan bestia. Pues bien, cosa curiosa, en relación con lo que he dicho en el párrafo anterior, no es así. La niñita, todo candor, enseña a la criatura que, cuando tira flores al lago, estas flotan. Lo malo para ella es que, cuando se acaban las flores, el monstruo la usa a modo de flor, la arroja al agua para ver si flota y se ahoga. Como he señalado, no deja de ser un crimen, sí, pero fruto de la inocencia de la criatura. De hecho, cuando  la oye gritar, hasta se asusta. Ah, y que no se me olvide, la siguiente escena, en  la que el padre lleva el cadáver de su hija en brazos y los vítores del público se convierten en gritos de horror me parece, simple y llanamente, soberbia.




Todo lo que sucede a continuación me parece muy acertado y, como uno puede suponer, no va a aportar sorpresas en lo que se refiere a la trama: todo el pueblo se dedica a perseguir al monstruo en una cacería general con un único objetivo: matarle. Sin duda, un momento a destacar es todo lo que sucede en el viejo molino que sirve de contexto para el enfrentamiento final entre creador y criatura, entre padre e hijo. Atención a ese momento en que ambos se miran a través de una especie de rueda de madera, como si midieran las fuerzas. Fijaos cómo, en cuestión de continuidad, esta se aprecia mucho menos en lo referido a la criatura y su primer plano que a la del doctor, que parece que está posando. Mirad:




Y, por supuesto, ese momento final en el que el molino arde y la pesadilla ha acabado. Claro que no sé con qué me quedo sin con esa toma o con los momentos en los que el (pobre) monstruo, grita desesperado rodeado por el fuego como un animal acorralado y enjaulado. No me digáis que no da algo de pena.



Vamos allá con los actores. De menos, a más. Dwight Frye es un buen Fritz, sumiso, acosador del monstruo y fiel criado. A pesar de ser un papel cortito, creo que se luce muy bien. El actor ya nos deleitó con otro papel mucho más importante en la gran producción de terror anterior Drácula, donde daba vida nada menos que a Rendfield, el loco come moscas. Mae Clarke como Elizabeth también me gusta, pero, todo hay que decirlo, no es que aporte gran cosa a la historia. Edward Van Sloan es el perfecto mentor: sabio, disciplinado, experimentado y temeroso de las consecuencias (al contrario que su pupilo) Cosa curiosa, el actor coincidió con Frye
en Drácula haciendo de Van Helsing y es quien nos hace la advertencia al comienzo de la peli. Frederick Kerr es un barón Frankenstein muy cascarrabias y, a veces, gracioso, todo un terrateniente. Y pasamos a los platos fuertes. Por un lado, Colin Clive en el papel de Henry Frankenstein y creador del monstruo. La interpretación del actor es, para mí, espectacular. Se muestra enloquecido y obsesionado al principio para estar, al final, derrotado y débil. Pasando, claro está, por acosado por los remordimientos y la mala conciencia de saber lo que ha hecho y provocado con sus actos de científico chiflado. A lo largo del metraje, pasa de ver su experimento como algo superior a darse cuenta de la barbaridad que ha hecho. Incluso cuando Waldman sugiere el sacrificio de la criatura, él lo considera asesinato. Y creo que, todo esto, el guión lo muestra de manera muy buena y el actor lo expresa de manera soberbia.





Pero hablar de Frankenstein es hacer referencia obligada y automática a un nombre en concreto: Boris Karloff. El actor fue un factor fundamental en el éxito e impacto de la película hasta tal punto que asociar su nombre y rostro al monstruo es algo automático. Su modo de actuar, sus ademanes, los andares de criatura recién nacida, la expresión cadavérica de su cara, esa mirada de ojos entrecerrados, confirieron al personaje una universalidad tal que se puede decir que, lo mismo que otros personajes (Tarzan/Johnny Weissmuller, Superman/Christopher Reeve, Drácula/Bela Lugosi, Ben-Hur/Charlton Heston y un largo etc…), nombrar al monstruo es invocar el nombre de Karloff y viceversa. El actor ofreció una interpretación terrorífica, sí, pero también vulnerable convirtiendo al personaje en algo inmortal y, por supuesto, en un icono del cine y de la cultura popular.




Claro, recomiendo verla. No hay que dejarse llevar por la idea de que es una película de 1931 (ahí es nada) y por ello tacharla de “película antigua en blanco y negro que no da miedo” Miedo claro que dio. De hecho, en su época, horrorizó hasta tal punto que, cada vez que el monstruo salía en pantalla, las salas de cine (atestadas siempre de gente) se llenaban de gritos. Hoy ese tipo de terror, claro está, no puede causar el mismo efecto pero la película, llevada con pulso firme por el director James Whale e interpretada por unos actores bien metidos en sus respectivos papeles sigue teniendo, en mi opinión, esa mágica que te arrastra sin problemas y hace que te dejes llevar sin que te des cuenta. Cosa curiosa, es una adaptación tan libre que hace que eso te de igual y te olvides de la obra literaria de la que parte para que te empapes bien de todo el metraje que tienes por delante. Y eso, en tan solo sesenta y pocos minutos. Es parte de la magia de este doctor Frankenstein y su criatura.


Os dejo unas cuantas curiosidades:

-Algo básico pero que muchos confunden: Frankenstein es el doctor, el ser humano, no la criatura (que no tiene nombre) pero su fama es tal que la gente llama Frankenstein al monstruo. De hecho, en la edición en DVD años después, se la llamó “El doctor Frankenstein”

-Cosa rara en la época, tuvo una secuela con el mismo director y actores salvo Mae Clarke, que fue sustituida por Valerie Hobson, para mí, mucho más guapa que la anterior. Muchos consideran esta segunda parte mejor que la primera.

-Siguiendo con lo anterior, hay muchos que consideran que la historia del monstruo la componen dos cintas: esta y la de la novia. Craso error. Frankenstein es toda una saga compuesta por varias películas en las que Karloff interpretó al monstruo en solo tres de ellas.

-La gran anécdota: el papel, en un principio, fue ofrecido a Bela Lugosi, que estaba en la cumbre por Drácula. El director iba a ser Robert Florey. El actor lo rechazó porque, en un principio, el guión que le presentaron mostraba a un  monstruo que solo gruñía y se tambaleaba de manera idiota por la pantalla… y porque se consideraba demasiado guapo y famoso par aun papel que implicaba ser muy feo. Luego, fue reescrito para Karloff. Para este, una bendición; para Lugosi, el mayor error que pagó toda su vida.

-Otra anécdota: con el paso de los años, Lugosi sí interpretó al monstruo. Lo puedes ver en Frankenstein y el hombre lobo y, de paso, en esta foto:




-En la novela original, la descripción del despertar de la criatura está narrada de manera tan vaga que uno no sabe si se trata de un elixir de la vida, magia negra o qué. Los rayos, truenos y material científico son obra de esta versión de 1931.

-Desde las representaciones teatrales a comienzo del siglo XX, el público simpatizaba con el monstruo a pesar del miedo que producía, cosa que no ocurría con Drácula o con Mr. Hyde.

-Mucha gente cree que este fue el primer papel de Karloff. Nada de eso: fue su película número ochenta y uno. Ahí queda eso.

-Dato curioso: el rostro de Karloff, en la peli, no es blanco o pálido, sino verde. Al rodarse en blanco y negro, dicho color resulta de una palidez mortecina en la pantalla.

-Karloff, cuando hizo la prueba para el papel, no sabía que se trataba de un monstruo. Por ello, se llevó un pequeño chasco porque fue a dicha prueba lo más elegante que pudo.

-Sobre el maquillaje, hay quien piensa que fue idea del genio de Jack Pierce. Otros lo atribuyen a Whale.

-El tema de la cabeza plana (más o menos) ya se vio en la versión que rodó Thomas Edison (sí, el inventor) en 1910. Aquí os dejo una foto:



-Karloff llevaba un puente en la boca para aparentar ese gesto raro que tiene.

- Tres horas y media para poner la cara y otras tantas para quitarlo.

-La escena final en la que Karloff carga con Colin Clive, más el peso del traje y botas, hicieron mella en el cuerpo del actor: problemas de espalda toda la vida y tres operaciones.

-Marilyn Harris fue la pequeña María. Todo el mundo creía que iba a estar muy asustada de ver a Karloff maquillado pero fue todo lo contrario: la niña estaba tan entusiasmada con el actor que le pidió ir en coche con él. Y Karloff, que respiró aliviado, más feliz que unas pascuas.

-Por cierto, a la niña no le daba miedo el actor maquillado de monstruo pero si le aterrorizaba su propia madre. Niños…

-Karloff, al principio, no quería que, en la peli, la niña muriese.
 
-En la primera toma, cuando el monstruo arroja a María, al lago, esta no se hundió. James Whale, el director, dijo a la pequeña: “Te daré lo que quieras si haces la escena otra vez”. La niña no se lo pensó y pidió una docena de huevos duros. ¿La razón? Su madre, que debía ser el colmo del horror, la tenía siempre a régimen. Madres… Por cierto, el director le regaló dos docenas de huevos.

-Fritz no aparece en la novela.

-Karloff tenía clara una cosa: el monstruo era una víctima, no un asesino.

-¿Quién encuentra a Waldman en el laboratorio asesinado? ¿Cómo sabe el padre de María que la niña ha sido asesinada y ahogada por accidente? Y yo añado, ¿a quién le importa?

-Curiosamente, las cosas que horrorizaron al personal, amén del monstruo en sí, fue el hecho de ver y oír cosas no agradables para la época, tales como el sonido de la arena al chocar contra el ataúd (escena inicial), un ahorcado en mitad del camino o los primeros planos del monstruo gritando.

-Su gracia, entre otras cosas, estriba en que, siendo una adaptación tan sumamente libre, mantiene el interés y ha arraigado en nuestra cultura popular de ese modo.

-Sesenta y seis minutos de peli. Y, todo ellos, magistrales.

Vigilad el cielo.