El Hobbit: la desolación de Smaug (The Hobbit: the desolation of Smaug)
(2013)
Director: Peter Jackson
Guión : Fran
Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, Guillermo del Toro
Martin Freeman
Ian McKellen
Richard Armitage
Evangeline Lilly
Benedict
Cumberbatch
Orlando Bloom
Luke Evans
Bilbo
y los enanos continúan su peligroso viaje hacia la guarida del dragón Smaug…
Muy
bien, a favor puedo decir que…
La
peli sigue exactamente la misma línea de la anterior, y esta se destacó por dos
cosas: espectacularidad y aventura. En esta ocasión debo decir que ambas se ven
aún más ampliadas porque, como puedes suponer, las andanzas de los protas son
más variadas y, por ende, si cabe, más emocionantes que las que vimos en la
primera peli.
Para
empezar, me gusta la escena con la que arranca, es decir, Gandalf encontrándose
por primera vez con Thorin en la taberna de Bree y convenciéndole para que se
meta en la aventura en que se mete. Der este modo se consiguen dos cosas: si
has visto la otra peli, te refresca un poco y te mete en situación en dos minutos.
Si no la has visto, es un modo perfecto de resumirte todo el cotarro y de que
te adentres en la odisea de los enanos. Además, me parece perfecto que dicho
encuentro sea en Bree ya que, si has visto o leído El Señor de los Anillos,
ahí, años después, van a suceder una serie de cosas muy importantes en la saga.
Y, sí, ese tipo que cruza la pantalla es Peter Jackson en plan Alfred
Hitchcock. A partir de aquí, como he dicho antes, lo único que tienes que hacer
es repantigarte en la butaca del cine, tener bien a mano las chuches o las
palomitas y, literalmente, dejarte llevar. No más, pero no menos.
Sigo.
Me ha gustado mucho la inclusión, aunque cortita, de un personaje cuya ausencia
ya mencioné en la reseña de la anterior entrega y que ha sido un alivio verle
esta vez: Beorn, el tipo que, a veces es un hombre y, otras, un oso.
Gigantesco, pero oso. Y, sobre todo, espectacular. Esperaba que la cosa se
detuviera más con él pero se ve que han preferido detenerse en otros aspectos
de la historia.
Otro
de los momentos que esperaba con cierta impaciencia era lo que sucede durante
la travesía a lo largo del Bosque Negro. Si lees el libro, dichos
acontecimientos son el paradigma de las típicas aventuras que hemos visto o
leído hasta la saciedad y que suceden en un bosque tenebroso: confusión,
pérdida, sensación de miedo y muchas cosas parecidas, además de los monstruos
típicos que, cómo no, suelen acechar por esas oscuridades. Los momentos en el
mencionado bosque son tremendos. Toda la escena de las arañas es increíble; los
insectos se muestran rápidos, asquerosos, letales y, sobre todo, parlanchines,
algo que siempre me ha gustado del libro: la capacidad de hablar de ciertos
animales. Luego tenemos las aventuras que suceden con los elfos y que sirven
para la inclusión de dos personajes que no están en la novela original: Legolas
y Tauriel. Todo ello, claro está, con las vistas puestas en el objetivo primordial
de los enanos: conseguir regresar a su hogar. Pero si destaco algo de estos
momentos es, sin duda, la aventura con los toneles. En el libro es uno de mis
episodios favoritos y debo decir que, aquí, lo han tratado con la mayor acción
y el dinamismo posibles, incluyendo el hecho de los orcos liderados por Azog
fastidiando a los pobres enanos.
Paso
a Esgaroth, donde, por fin, podemos contemplar en todo su esplendor la ciudad
sobre el Lago Largo. Debo decir que me ha chocado un poquito el aspecto que le
han dado, una especie de puerto pesquero algo desaliñado y tan frío como la
nieve que no deja de caer. Conste que esto no lo digo como algo malo; todo lo
contrario. Lo que sucede es que servidor se había imaginado desde siempre el
lugar un poco más idílico y aquí se han esmerado en presentarlo como un lugar
muy realista.
Pero,
si hay algo que tengo que destacar de todo el metraje, lo cual puede llegar a
ser una labor muy difícil, es, sin duda, todos los momentos en los que aparece
Smaug. Vamos por partes. El lugar donde vive el animalito, es decir, el
interior de la montaña, rodeado de riquezas de todo tipo y oscuridad se mire
por donde se mire, me ha parecido sublime. Luego, tenemos al propio Smaug.
Aunque suene tópico, solo puedo utilizar una palabra: impresionante. Para mí,
sin duda, el mejor dragón que ha pululado jamás por la pantalla de un cine. Es
espectacular, siniestro, muy expresivo y, sobre todo, ágil y dinámico. Por
suerte, han conservado su habilidad para hablar (me remito a lo que he
comentado antes) y le han dotado de una personalidad tan poderosa como su
aspecto, resultando soberbio, arrogante y amenazador. Además, el aspecto físico
en sí, con esos dientes tan afilados, las alas enormes y ese cuello tan largo y
flexible, ha resultado, al menos para este que escribe, un gran acierto. Lo
único que puedo pedir es que, por favor, en la siguiente entrega le muestren en
toda su gloria destructiva (aquí hace de las suyas pero de otro modo más
“calmado”) Por desgracia, la peli termina cuando el amigo reptiliano sale
volando con la sana intención de matar a cuantos pueda. Es lo que tiene vivir
al lado de un dragón.
Continúo.
Las localizaciones que podemos ver a lo largo de todo el metraje siguen la
estela de lo que pudimos ver en su momento en El Señor de los Anillos y en la
primera peli de El Hobbit: espectaculares. La mezcla entre paisajes naturales y
decorados artificiales es tan perfecta que, de veras, te crees a pies juntillas
que, durante más de dos horas, estás en la Tierra Media. Si me tuviese que
quedar con alguna, a parte de la guarida de Smaug, quizá elegiría los parajes
élficos del rey Thranduil. Y es que siempre he pensado que, en cuestión de
elfos, Jackson y su equipo se han lucido siempre.
Y,
si de lucimiento hablamos, ¿qué se puede decir de los efectos especiales?
Calificarlos de impresionantes o espectaculares creo que es quedarse corto.
Todo aquí rezuma ordenador, ya sea para mostrar seres espeluznantes o para dar
un empujoncito a ciertas coreografías que son el toque perfecto para peleas
imposibles. Las arañas, los orcos, los wargos, lo poquito que sale Beorn y,
sobre todo, todo lo referido a Smaug te va a dejar clavado en la silla. ¿Hay
más cosas? Por supuesto; ahí tenemos la aparición de cierto nigromante que, en
el futuro, va a hacer la puñeta a lo largo y ancho de toda la Tierra Media. Yo
te puedo decir esto o lo otro acerca de los efectos pero, de veras, es algo que
merece verse con los propios ojos.
Y
ahora paso a los actores. Como ya sucedió en la otra entrega, todos ellos están
metidos hasta las cejas y orejas (puntiagudas o no) en sus respectivos
papeles. Martin Freeman sigue espléndido
como Bilbo. Richard Armitage se sigue luciendo lo suyo como Thorin, mostrándose
valeroso y, a la vez, amargado. Ian McKellen, que es un actor por el que siento
una predilección especial, será el mejor Gandalf que jamás haya conocido el
cine. Destacar la labor del resto de los
enanos me parce extenderse demasiado pero, todos ellos, unos en mayor medida
que otros, se ajustan muy bien a sus papeles.
Debo hacer mención especial a dos que pueden sorprender a más de uno,
más que nada, porque no salen en la novela: Orlando Bloom repite como Legolas y
Evangeline Lilly hace de Tauriel demostrando que, en la Tierra media, hay más
elfas aparte de Galadriel y Arwen. Luke Evans como Bardo es el que más sosainas me parece pero ahí queda.
¿Cosas
que me han dejado así, así?
Este
tema puede resultar más peliagudo de lo que parece y ya, con la anterior entrega,
la cosa trajo miga. Vamos a ver, si hubo algo por lo que destacó la anterior
peli, y que ya en su momento hizo correr ríos de tinta y largas entradas en
blogs variados, fue el hecho de que, partiendo de la base del libro (lógico) se
metieron cambios para parar un tren, bien en situaciones (Radagast) o en
personajes (Azog, Sauron) Aquí no han cambiado de parecer y han seguido en su
línea. Lo dije cuando hablé de su predecesora y lo digo en este caso: si haces
tres películas de unas tres horas basadas todas ellas en un libro de unas trescientas
páginas, tienes que meter mucha paja. Y aquí la han metido. Que guste o no
depende de lo abierta que tengas la mente y de cómo sean tus miras. Está claro
que la peli dura tanto porque han añadido muchas escenas y otras las han
estirado a más no poder (léase el tema de las peleas) Esto no lo considero como
algo malo pero, de nuevo, creo que se ha perseguido dar un aire demasiado épico
a una historia que tira más bien a cuento infantil que a otra cosa. La
inclusión, de nuevo, del personaje de Radagast y cómo acompaña a Gandalf para
averiguar qué pasa con ese extraño Nigromante a mí no me molestan pero dejan
cierto regusto a que están ahí para ampliar metraje y que, de no ser incluidas,
tampoco se las hubiera extrañado demasiado. Todo esto, por supuesto, no deja de
ser mi opinión y, para gusto, los colores.
El
incluir el personaje de Legolas y su compi Tauriel es, quizás, lo que más frío
me ha dejado. Creo que el primero, en esta parte, no pinta nada, salvo, quizás,
la oportunidad de utilizar como reclamo a Orlando Bloom (que, dicho sea de
paso, y un poco en plan cotilla, le veo muy raro; quizás, más mayor y más
gordete de cara. ¿Se advierte retoque digital? Mero comentario. Lo que está
claro es que, quizás, lo elfos no envejecen pero los humanos sí y Bloom
pertenece al último grupo) En lo que respecta a ella, se podría decir tres
cuartos de lo mismo. ¿Quedan mal? Repito: no. ¿Están por estar? Me da que sí. Y
eso de que haya cierta atracción sexual entre un enano y una elfa me queda
demasiado forzado, por no decir que me parece una tontería del tamaño Smaug.
Además, debo decir que la imagen de los elfos que se da aquí me ha roto un
poquito la que tenía después de ver el Señor de los Anillos ya que se les ve
muy belicosos, buscando pelea siempre y ciertamente picajosos (de nuevo, me
remito a Legolas, cuya cara, a veces, da más miedo que cualquier orco)
Pues
esto ha sido todo. ¿Recomiendo verla? Vamos; ni lo dudes. Es puro entretenimiento
y el tiempo se te va a pasar volando. La aventura en su estado más puro está
servida y creo que no hay un momento a lo largo de todo el metraje en el que no
ocurra algo. ¿Da la sensación de estar hinchada? Sí, claro, lo mismo que la
anterior y me sigue dando esa impresión de alejarse del cuento encantador que
es el libro para meterse en terrenos más
épicos. ¿Esto molesta? A mí no. Todo depende, como dije antes, de lo abierto de
miras que seas a la hora de sentarte en la butaca. Si vas dispuesto a dejarte
llevar de la mano de una aventura de la buena, tienes el buen rato asegurado. Si,
en cambio, te pones en plan tiquismiquis puede que empieces a sacar tantos
“peros” como quieras. Yo, desde luego, prefiero la primera opción.
Solo
me queda una duda: si esta peli termina cuando Smaug va a la ciudad, ¿van a
pasarse tres largas horas mostrando una batalla? No creo que esto sea así. Quizás,
se dediquen también a enlazar el fin de esta historia con el comienzo de la
siguiente trilogía. Esto, claro está, no deja de ser una frikada mía y, lo
mismo, nos sorprenden con lo que les venga en gana.
Hasta
aquí he llegado. Lo digo de nuevo: si puedes, dale una oportunidad; no lo
lamentarás.
Vigilad
el cielo.

















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