
Hace un millón de años.
(One million years B.C)
(One million years B.C)
(1966)
Director: Don Chaffey.
Guión : Michael Carreras.
John Richardson.
Raquel Welch.
Robert Brown.
Percy Herbert.
Tumak se ve obligado a abandonar su tribu y viajará por tierras inhóspitas enfrentándose a todo tipo de peligros.
“Esta historia se remonta muy atrás en el tiempo, cuando el mundo estaba naciendo…”
Para mí, esta película es LA película de dinosaurios. Sí, claro que hay muchas más pero, repito, esta, para este que escribe es LA película. Aún recuerdo la primera vez que la vi siendo un niño, cuando la pusieron en aquel programa que se llamaba La clave. En cuanto vi aquellos parajes prehistóricos y esos personajes primitivos desfilar por la pantalla de la tele, supe que el festín de dinosaurios estaba servido…
Pero el tiempo ha pasado y aquí os traigo la reseña que corresponde. Como siempre, vamos por partes. Y la primera, es la que se refiere a las cosas que me gustan de estas aventuras que sucedieron hace nada más y nada menos que un millón de años. Vamos allá.
Muchas cosas son las que me gustan de esta peli. Para empezar, los paisajes áridos, volcánicos y, en su mayor parte, desérticos que hacen la ilusión de paisajes prehistóricos en toda regla. Resultan solitarios, secos y muy, muy peligrosos. Este realismo a nivel de ambiente también se refleja muy bien a través de las cuevas y cavernas donde viven los seres humanos de la época, ya sean la tribu de los morenos (cuevas sucias, oscuras, agobiantes) o los rubios (parajes abiertos, cuevas luminosas, con vegetación y, sobre todo, limpias) Pueden resultar algo tópicas pero a mí me gustan y me resultan creíbles. Todo, en su conjunto, da a entender que el mundo que estamos contemplando está, en realidad, naciendo.
Y del entorno pasamos a los seres humanos con los que vamos a tratar a lo largo de todo el metraje. Quede claro que aquí vamos a ver, sobre todo, dos tribus: la de los morenos y la de los rubios. La primera es la representación más típica y básica del hombre primitivo, esa que todo el mundo tiene en mente: son sucios, visten de mala forma con pieles y son morenos todos ellos. Ah, y salvajes. Pero, salvajes a lo bestia, en grado máximo además. Y es en esta tribu de amigos donde vamos a conocer a unos cuantos personajes principales. Así, tenemos a Akhoba, que es el jefe de la tribu y, con diferencia y por ello, el más bestia y sucio de todos, amén de tener una mirada de psicópata considerable. Tiene dos vástagos, igual de bestias que el padre, Sakana y Tumak. Nada más verlos pelear y discutir, sabemos que eso del amor fraternal es algo que todavía no conocen. Además, no hay problema, el narrador también nos lo aclara. Y, como muestra de lo bestias que son, vamos a acudir, durante unos cuantos minutos de metraje, a una serie de momentos que nos van a ilustrar la vida de los morenos. Por eso, les vemos cazando un jabalí de manera bastante inteligente. Si Tumak, una vez que el animal se cae en la trampa en forma de hoyo, se arroja al mismo para matar a la bestia con sus propias manos, sobran las palabras. ¿Su trofeo? Un colmillo del animal que su propio padre arranca con las manos. Ah, y por valiente, su premio es ir el primero en la fila por delante de Sakana. ¿Es todo? No, ya que el guión nos demuestra que con esta tribu, las tonterías no valen. Por eso, si un anciano se cae en un hoyo y se parte una pierna, pasan de él y que se lo coman los buitres. Pero no todo tiene que ser bestial y sucio. Algunas mujeres (al menos una) son guapas y, a su modo, muy, pero que muy femeninas.
Esto hace que el espectador se meta bien en la trama y conozca de manera bastante explícita a los personajes con los que va a hacer el viaje a lo largo de toda la película. Además, el hecho de que en la mencionada tribu prácticamente todos se lleven a matar, te da una idea de por dónde pueden ir los tiros en la trama.
Después de esta presentación, nos metemos más en el objetivo de la película a saber: las aventuras de Tumak cuando es desterrado. ¿Y por qué ocurre esto? Pues cuando el poquito amor paterno/filial se va al garete porque, durante la comida (que comen como animales salvajes), su padre le quiere quitar un poco de carne. Simple, sí, pero efectivo.
Y es aquí cuando empieza lo de veras interesante, ya que, en el camino de Tumak, vamos a saber dos cosas. En primer lugar, hay erupciones volcánicas esporádicas que no anuncian nada bueno. En segundo lugar, que la Tierra está plagada de seres enormes y peligrosos con los que hay que tener mucho cuidado. Por eso, aquí se nos da un toque con una iguana gigantesca, un diplodocus que campea por el desierto o unos insectos del tamaño de una casa. Y, lo mejor de todo esto, es que nos ofrecen un aperitivo de lo que vamos a ver en cuestión de efectos especiales.
La trama continúa y se amplía cuando aparece, ante los asombrados ojos de Tumak, otra tribu, la de los rubios. Y el amigo moreno alucina porque, para empezar, los rubios son lo opuestos a su tribu: limpios, organizados, educados a su modo. Y alucina más aún cuando, entre ellos, ve a Loana con la cara y cuerpazo de Raquel Welch. No me extraña, cualquiera alucinaría si ve una mujer primitiva como esa. Y, a partir de este momento, la trama aventurera se amplía cuando Loana y Tumak viven sus propias peripecias.
Y es que esta es una de las características (entre otras) de esta cinta: el sentimiento aventurero que impera desde que empieza hasta que acaba. No hay que buscarle tres pies al gato ni intentar ver cosas donde no las hay. Hace un millón de años es, por encima de todo, una película de aventuras que, en este caso, se enmarca dentro un marco prehistórico con todo lo que ello conlleva.

Aquí os dejo una de las secuencias más famosas de la cinta:

¿Aspectos mejorables? Cuando se habla de esta película con cualquiera de sus detractores, y yo he conocido a alguno, siempre se le suele atacar con lo mismo: es una aberración histórica (o prehistórica) ya que, sabido es por todo que los seres humanos no convivieron con los dinosaurios y que las proporciones de ciertos animales (como el triceratops) están inventadas. Esto, todo hay que decirlo, es normal. No obstante, y aquí hablo como fan, dudo mucho que los responsables de esta cinta tuvieran en mente como objetivo prioritario ponerse en plan científico. Me da que todo lo contrario. Pero, en fin, para gustos, los colores. Otra cosa que sí me gustaría comentar en este apartado es que lo único que no pega mucho (pero no me molesta) es la higuana gigante. ¿Por qué se contentaron con fotografiar una de verdad y no animarla como a los demás animales? A saber. Bueno, ahí queda y un mero apunte…

Hasta aquí hemos llegado. Yo, sin duda, recomiendo verla. A mí me encanta y me lo paso pipa siempre que la veo. No es que sea lo que podemos llamar un peliculón pero, al menos conmigo, cumple una misión muy sencilla y sana: entretener durante todo su metraje desde el comienzo al fin. Y eso, hoy día, puede llegar a ser mucho.
Un último apunte: hay una versión previa a esta, de 1940, con Victor Mature que estoy deseando ver pero parece ser muy difícil de encontrar. Ya caerá…
Vigilad el cielo.
Que gran película
ResponderEliminarY buenos efectos...
Y confirma que las rubias prefieren a los morenos, mi señora es rubia y yo un sereno moreno...jejeje
¡Peliculón!
EliminarNi una peli de dinosaurios de hoy día, con tanto efecto digital, puede compararse con esta. Eso sí, trata a los morenos de manera un poco... ruda pero, en el amor, la guerra y la Prehistoria todo vale jejejejeje.
¡Muchas gracias y nos leemos!