lunes, 30 de abril de 2012

Los Vengadores

Los vengadores (The Avengers)
(2012)
Director: Joss Whedon
Guión   : Joss Whedon
Chris Evans
Robert Downey Jr.
Chris Hemsworth
Scarlett Johansson
Mark Ruffalo
Jeremy Renner
Samuel L. Jackson
Tom Hiddleston


La tierra se ve amenazada por el asgardiano Loki, que planea conquistarla con la ayuda de un ejército extraterrestre. Los Vengadores tratarán de impedírselo…

¡Al fin!

Lo reconozco: jamás creí que pudiera llegar a ver este cómic adaptado a la pantalla. Pero, cuando se empezaron a estrenar las pelis de los distintos personajes y vi esa escena sorpresa al terminar Iron Man, una luz muy lejana se hizo en mitad del túnel. La cosa se fue poniendo bien, los medios hablaban de la posibilidad de convertir el título en realidad y, encima, desde Marvel, parecían estar encantados con la idea hasta tal punto que la cosa siguió sugiriéndose en Iron Man 2. Cuando Thor y El Capitán América se hicieron realidad ya no había ningún tipo de duda: los Vengadores serían el próximo gran proyecto de Marvel en el cine para gozo y alborozo de este que escribe.
Ahora bien, fue obvio que en las adaptaciones de los súper-héroes de la Casa de las Ideas hubo un progreso en forma de crescendo más que evidente: desde Iron Man hasta el capitán América el tema se puso cada vez más interesante; las historias parecían entrelazadas (al igual que sucede en los cómics de Marvel) y todas con vistas al cenit de la cuestión: reunir a todos los personajes en una sola película a modo de orgasmo súper-heroico como nunca se conoció.
¿Objetivo cumplido?
¡NI DUDARLO!

Para empezar, asistimos al meollo del problema desde la primera escena: ya sabemos que el dichoso cubo místico va a ser el eje y problema de toda la cinta; está en Shield y parece descontrolado. Pero la cuestión es que, una vez que la cosa se va de las manos, resulta que aparece Loki, el hermanastro de Thor que, con la intención de liderar un ejército extraterrestre, los Chitauri, quiere conquistar la Tierra. Muy bien, ¿a quién vamos a llamar?
Loki en su salsa
Pues, uno a uno, se nos presenta el futuro equipo.
Por un lado, comenzamos con el Capitán América que, si bien ya tiene los pies en el suelo, se nos regala ciertos flash-backs de su aventura en solitario. Me ha gustado que incluyan, aunque se ve poco, ese momento en que aún está congelado. Pasamos a Iron Man. Tony Stark sigue igual de chulo, borde e irónico y es el que arranca más carcajadas a la sala. Turno de Hulk. Bruce Banner está de incógnito y parece que vive feliz hasta que la Viuda Negra le recluta. ¿Es suficiente? No. Falta Thor que, a fin de cuentas, es familia (más o menos) del amigo Loki y regresa a la Tierra para hacer entrar en razón a su hermanastro. Ojo de Halcón, sin la máscara de los cómics (una pena, porque a mí me gustaba mucho), cierra el grupo. Nick Furia, a modo de mandamás, tratará de coordinarlos… aunque eso no quiere decir que ponga todas las cartas sobre la mesa.
Con semejantes personajes, icónicos del universo Marvel donde los haya, cualquier guionista se volvería loco sólo con la ansiedad que puede provocar manejarlos para que se luzcan a la vez en una pantalla de cine evitando que uno o dos destaquen sobre los demás (al ejemplo de Lobezno en los X Men me remito) No obstante, Joss Whedon se las apaña para manejarse muy bien con todos ellos, potenciar cada uno de sus puntos fuertes y dotarles  de un protagonismo que da a la peli un sentimiento de coherencia más que destacable. Eso, aparte de regalar al alucinado espectador (como yo mismo) tres cosas: diversión, acción y toques de humor en su justa cantidad. Todo ello en una película en la que los cánones de siempre se cumplen y, por supuesto, dan buenos resultados: el malo (y los malos con él) es malo con avaricia, los buenos, muy buenos (y nobles, graciosos, prudentes y heroicos). Los malos quieren conquistar la Tierra y los buenos tienen que emplearse a fondo para evitarlo. Sí, amigos, el viejo cliché de siempre, vale, pero también el que da mejores resultados.
Ahora bien, no hay que olvidar que esta película es un cómic adaptado y, para más inri, uno de súper-héroes. Eso quiere decir que, amén de tíos cachas, héroes, heroínas y malos que lo demuestran a cada paso que dan o palabra que dicen, debe de haber algo fundamental: efectos especiales. Por suerte, el campo ha avanzado tanto que, si se llevan bien y se usan para no apabullar la peli y contar la historia como debe ser, la cosa sale redonda. Y es eso justo lo que ha pasado aquí. Los efectos están desde la primera escena y no sé si me paso al decir que rara es la toma que no los lleva. ¿Eso es malo? No, porque, aparte de muy bien hechos y espectaculares se les mire por donde se les mire (qué gozada esa batalla final), ayudan a hacer avanzar la historia, contarla y hacerse destacar cuando se tienen que hacer destacar, que es para lo que se supone que sirven. La transformación de Hulk está muy bien llevada (rápida, al grano. Total, ya sabemos que las camisetas las rompe, ¿no?) El propio Hulk me ha encantado y es, de todas las versiones, el que quizás más me recuerde a los cómics. Y, sí, aquí habla; poco pero lo hace (en un momento muy divertido, debo añadir) No obstante, como podréis comprobar, el tema de la espectacularidad queda relegado, al menos en la primera parte de la peli, al tema e importancia  de cada uno de los personajes en sí (el Capi y su escudo, Thor y su martillo, Iron Man y sus vuelos…) Hay que esperar a la secuencia final del ataque alienígena para sorprendernos con lo que nos tienen preparado, toda un caramelo, en la que se mezcla acción, espectacularidad y mucha aventura. Los momentos de esas serpientes espaciales voladoras destrozando edificios son, sencillamente,  increíbles.
Pero una película no debería alimentarse sólo de efectos o secuencias de acción (que las hay, repito, y muy bien hechas) Hay que destacar también el trabajo de los actores que, al menos para mí, no tiene desperdicio. Robert Downey Jr. es el perfecto Tony Stark: borde y chulesco a partes iguales, irónico como el que más pero aportando ese toque cínico e inteligente que le viene tan bien al personaje y es el responsable de que la gente suelte alguna que otra carcajada en el cine. Chris Evans cumple a la perfección como Capitán América, no sólo con el físico (espectacular, por cierto), sino por carácter, remarcando la nobleza que destila el Capi por los cuatro costados. Chris Hemsworth sigue estando muy bien como Thor. Aquí, al menos esa es mi impresión, le he visto más dios que en la película en solitario pero también es cierto que, cualquiera que haya leído un cómic del grupo sabe que, en realidad, el personaje es así. Una pena que no luzca el casco. Ah, y sí, también muy cachas. Mark Ruffalo es un buen doctor Bruce Banner, transmitiendo cierta sensación de inquietud en sus ademanes y gestos, como si el hombre procurase no estallar (cosa que, al final, por suerte, hace) Scarlett Johansson me ha parecido una muy buena Viuda Negra. Aquí sigue igual de inalterable salvo en cierta escena con cierto dios encerrado y se demuestra que, a fin y al cabo, es letal pero también humana.  Jeremy Renner me ha gustado como Ojo de halcón si bien, lo repito, he echado en falta algo parecido a la máscara del personaje original pero me ha parecido un buen trabajo. Tom Hiddleston está metido hasta los cuernos en el papel de Loki, ofreciéndonos un malo perfecto: malvado, traicionero, rastrero y, claro está, con cierto toque cínico que tan bien le viene a los malos. Y luego, claro está, Samuel L. Jackson tiene al fin su momento de gloria como Fury. Cobie Smulders como Maria Hill ha estado bien pero su personaje me ha sabido un poquito a poco. Desventajas de acostumbrarte a los cómics, supongo. Estoy seguro de que en las próximas entregas (que las habrá), se lucirá un poquito más.
¿Es todo? No. La película, amén de una historia que está muy bien llevada, tiene la virtud de regalar al espectador unos cuantos momentos muy buenos que me han gustado mucho, auténticos momentazos que yo, como aficionado a los cómics, he agradecido de veras. Sin destripar mucho la peli para quien no la haya visto: todos y cada uno de los momentos de Thor, sobre todo, en su primer encontronazo con Hulk, las broncas que tienen los héroes (al principio), las chorradas de Tony Stark, el momento Hulk/Loki y la cara de este último al final de dicha escena (en cuanto o veáis sabréis a qué me refiero) o los toquecitos de humor que salpica el metraje aliviando así tensiones (y aquí hago especial mención a ese segundo Hulk/Thor después del momento de pelea) Eso sí, no hay que temer tonterías porque sí, sino toquecitos de humor ingenioso y ocurrente que te puede soltar el personaje que menso te esperas y que, precisamente por eso, son bienvenidos.
Whedon, el padre de la criatura
Y no se puede hablar de estos Vengadores adaptados al cine sin hacer mención al hombre que ha tenido el valor de enfrentarse al proyecto y, desde mi opinión, salir más que airoso. Admitámoslo: no son muchos los directores que se han atrevido a llevar esto a la pantalla ya que la tarea por delante ha tenido que ser más que abrumadora. Cosa curiosa, Joss Whedon no estaba en los primeros puestos de cara a colocarse en la silla de director y, como siempre suele ocurrir, las cosas vienen un poco de rebote. Para empezar, la carrera en el cine del director no ha sido, hasta la fecha, muy abundante ya que el amigo venía del mundo de la televisión: no hay que olvidar que Whedon fue el creador, guionista y (en muchos episodios), director de la famosa serie de televisión Buffy cazavampiros o su spin-off Angel. En cine, hasta la fecha, destaco hace unos años sobre todo por la Serenity, pero poco más (fue el guionista de Alien resurrección pero, en m i opinión, algo olviodable) Lo que son las cosas, Whedon iba a dar el salto definitivo al estrellato cinematográfico con otro personaje de cómic, la súper-heroína Wonder Woman. Pero hay que decir que adaptar a la amazona a la pantalla se está convirtiendo en un auténtico calvario ya que todo parece torcerse con ella (serie de televisión incluida) y los retrasos, los cambios de guión, las idas y venidas del proyecto hicieron que Whedon se desmarcara y se olvidase del asunto. Fue entonces cuando la posibilidad de dirigir los Vengadores se le puso en bandeja de plata. Al final, no sólo ha dirigido, sino que también la ha escrito, habiéndose implicado desde el primer momento y coordinando lo que sucedería en las otras películas de los héroes para que en estos Vengadores la cosa tuviera la máxima coherencia. De hecho, mientras preparaba el guión, incluso solicitó que se cambiaran determinadas escenas de El Capitán América para encajarle mejor en la reunión del grupo ¿El resultado? Increíble, todo un acierto se mire por dónde se mire. Whedon se ha mostrado dinámico, seguro de lo que se hace y nos ha regalado esta película que, repito, desde mi opinión, aparte de estar pero que muy bien, se lo ha puesto muy difícil a las futuras adaptaciones de súper-héroes venideras. Lo dicho, diana de pleno.
Pues esto es todo, vigilantes del cielo. ¿Es necesario decir que hay que verla? No pero, por si acaso, lo digo: HACEDLO, merece la pena. Si alguno se excusa en que no ha visto las entregas de los héroes en solitario, os puedo decir que no es problema: se las han apañado tan bien que no hace falta verlas (si podéis, hacerlo, que están muy bien) para saber de dónde vienen estos vengadores. Todo un espectáculo pero de los buenos, des esos que suceden de vez en cuando en los cines y que, cuando llegan, son para disfrutarlos al cien por cien; un cóctel perfecto de acción, espectacularidad, aventuras, emoción y humor muy bien hecho que se digiere sin problemas y consigue que, durante dos horas y media (que se me han pasado en nada), te pegues a la butaca del cine y no quites los ojos de la pantalla. ¿No es eso lo que se supone debe conseguir una película de este tipo? Pues eso…
Ah, y si de momentos hay que hablar, mención especial hay que hacer al MOMENTAZO después de unos segundos de títulos de crédito. Cuando lo he visto, no me lo podía creer, pero lo reconozco: he botado en la butaca cuando ÉL se ha girado y ha mirado al público.
Pues, hala… ¡VENGADORES, REUNIOS!          
(Pero que sea pronto)




sábado, 28 de abril de 2012

Percy Jackson y el ladrón del rayo

Percy Jackson y el ladrón del rayo (Percy Jackson & the Olympians: The lightning thief)
(2010)
Director: Chris Columbus
Guión   : Craig Titley
Logan Lerman
Brandon T. Jackson
Alexandra Daddario
Jack Abel
Pierce Brosnan
Sean Bean


El joven Percy Jackson descubre que es hijo del dios Poseidón. Hades secuestra a su madre: la liberará si le entrega el rayo de Zeus, pues cree que lo ha robado. Jackson y sus amigos se embarcarán en una aventura alucinante…

 No falla. En este universo hay un absoluto: si algo tiene éxito, le surgen imitadores por todos lados. Estoy seguro que el aficionado recordará cómo La espada salvaje de Krotar o Ator, el poderoso, nacieron al auspicio de la alargada sombra de Conan, el bárbaro. Por no hablar de las muchas y variadas formas que las naves de La guerra de las galaxias, amén de espadas y monstruos variados, han pasado, bien con pena, bien con cierta gloria, por el metraje de diversas cintas a lo largo de los años.
Hoy día  estamos asistiendo a un fenómeno que ya viene de largo pero que es, cuanto menos curioso: alguien se tuvo que dar cuenta de que la literatura infantil/juvenil puede llegar a ser un filón más que considerable con vistas a convertir las historias impresas en películas. Tuvo que venir Harry Potter y su piedra filosofal para que el fenómeno saltase en las narices de todos, cosa que luego alcanzó cotas impresionantes cuando Peter Jackson se ató la manta a la cabeza y nos regaló El señor de los anillos. La cuestión fue que se empezaron a adaptar de manera casi masiva libros destinados al público joven a la pantalla. Pero, como suele ocurrir, no todo fue Harry Potter o la Compañía del anillo y no siempre dichas adaptaciones fueron sinónimo de éxito (ahí están los casos de La brújula dorada, Stardust o Corazón de tinta, auténticos ejemplo de trastazos taquilleros que muchos pensaban que funcionarían sin problemas) Bien, pues vamos allá con otro ejemplo de esa literatura juvenil adaptada al cine a través de una película de aventuras con titntes fantásticos y, cómo no, con unos protagonistas jóvenes metidos en muchos líos, basada en la obra de Rick Riordan.
Hay que ser sincero y admitir las cosas: nada más comenzar a ver Percy Jackson y el ladrón del rayo es imposible no tener en mente otro nombre ya mega-famoso: el anteriormente nombrado Harry Potter. En efecto, esta historia que nos ocupa comparte muchos puntos con la del mago de Howarts que nos puede hacer pensar que, quizás, si nos ponemos un poco en plan malo, sean más que mera casualidad: un chico que tiene un pasado alucinante con relación sobrenatural con los padres de por medio; dos amigos, chico y chica, que le apoyan, uno de ellos aporta el toque gracioso de turno; seres sobrenaturales (dioses en este caso. Menos mal que no son magos o sus derivados…) en mitad de todo; un  montón de aventuras que le van a servir para aceptar su destino místico… Vamos, que todo esto nos puede sonar y mucho. Y, si llevamos el caso al extremo, hasta hay cierto parecido en lo que al título se refiere: Harry Potter y… / Percy Jackson y…
Ahora bien, ¿quiere esto decir que las aventuras de Percy Jackson sean un mal producto o (no sé si esto es peor) uno de segunda categoría?
En absoluto. No al menos para mí.
Esta es una película de aventuras en toda regla que contiene todos los ingredientes para que logre su objetivo: que el espectador, durante dos horas, se olvide de sus problemas y se meta de lleno en una aventura de las buenas y pase un ratito agradable.


Nada más empezar la cinta, vemos a Sean Bean y descubrimos que es un dios. Pero no uno cualquiera, qué va: nada menos que Zeus. Y, encima, tiene una charla con otro inmortal, nada menos que con Kevin McKidd en su papel de Poseidón. Ahí es nada, vamos. Y, puedes ser dios olímpico o no, pero si eres pelín despistado,  pierdes cosas como cualquier otro mortal. Y el amigo ha perdido nada menos que su rayo o, más bien, se lo han robado. Así que, desde el principio, se nos deja claro cuál va a ser el centro de la trama y el espectador se sumerge en la aventura que está a punto de suceder.
Pero, tras esta sorpresa inicial con dioses incluidos, descubrimos que eso sólo es la puntita del iceberg porque, amigos, aquí hay de todo: dioses, monstruos, un poquito de humor muy inocente, acción, mitología, traidores, novios vagos... Vamos, que si se saben llevar todos estos elementos no se puede fallar. Y, amigos, tenemos detrás de las cámaras a un director que entiende de cine y de entretenimiento: Chris Columbus, que ya nos dio en su momento Solo en casa y, cosa bien curiosa, Harry Potter y la piedra filosofal y Harry Potter y la cámara secreta. Nada, que el mundo es un pañuelo… Columbus se las apaña, al menos para mí, muy bien, sabiendo dosificar en su justa medida todos los elementos anteriores que, si bien son típicos como ellos solos, no por ello dejan de ser efectivos. Y aquí lo son, ya lo creo. La acción está muy bien repartida, habiendo momentos más o menos más reposados, como el panorama “familiar” de Jackson o su amistad con Grover, con otros más vibrantes y, sin duda, atractivos para el gran público en forma de Medusas muy elegantes, monstruos voladores o hidras variadas. Eso sin nombrar los viajecitos al inframundo, donde conocemos un  Hades pero que muy Heavy Metal.
¿Y los actores? Pues, al menos, para mí, bien. Logan Lerman es Percy, aportando el toque aventurero y juvenil que le toca al personaje. Brandon T. Jackson (Grover) y Alexandra Daddario (Annabeth) le respaldan en los papeles de amigo gracioso del héroe y la chica (futura, digo yo) del mismo. Y rodeándoles, supongo que para dar más prestigio a la cinta y, de paso, hacer de reclamo publicitario, nombres como Pierce Brosnan haciendo del cuadrúpedo Mr. Brunner, Sean Bean (Zeus), Steve Coogan (Hades) , Uma Thurman (Medusa) o Rosario Dawson (Perséfone) Vamos, que de reparto no se puede quejar la peli…
Alexandra Daddaria en su salsa
Y, como no puede ser de otra forma, no se puede hablar de una película de estas características sin mencionar los efectos. Ya sabemos que en las películas de este tipo pueden ocurrir dos cosas: que los efectos lo tapen todo y lo demás sea una mera excusa por donde pasan los actores o que no. Pues bien, en esta cinta lo que hacen es ayudar a contar la historia y aparecer cuando son necesarios. Esa es, al menos, la opinión que a mí me merecen. Destaco la escena del jardín de medusa o el monstruo de varias cabezas del museo. Eso por no hablar de los sátiros o minotauros que pululan por la historia…
Dicen que la película no fue el colmo del éxito pero que sí obtuvo el suficiente como para que en breve venga la segunda parte, Percy Jackson y el mar de los monstruos. Ojalá sea así. Supongo que si esta segunda entrega tiene éxito, habrá posibilidad de ver la saga completa en los cines. Vamos a ver qué pasa.
Pues esto es todo. Dadle una oportunidad, creo que la merece. Gracias por leerme y... seguid vigilando el cielo… por aquello de los dioses y los rayos perdidos.



miércoles, 25 de abril de 2012

El enigma de otro mundo

El enigma de otro mundo (The thing from another world)
(1951)
Director: Christian Nyby
Guión   : Charles Lederer

Kenneth Tobey
Robert Cornthwaite
Margaret Sheridan
Douglas Spencer
James Arness





Unos miembros del ejército son llamados para investigar un misterioso objeto que ha caído en el Polo Norte…

 Los dorados años cincuenta fueron un campo de cultivo muy prolífico para el género de la ciencia ficción. En aquella época se rodaron toneladas de películas que definieron el género tal y como hoy lo conocemos: asistimos a invasiones de platillos volantes, monstruos mutantes, maridos espaciales u hombres menguantes que, en mayor o menor medida, siguen haciendo las delicias de los aficionados al género y, a veces, las tomamos como modelo para medir las que ahora se hacen.  Muchas hoy pueden destilar cierto aire cutrecillo pero adorable. Otras, en cambio, se han alzado como auténticos clásicos… como la película que hoy tenemos entre manos.

El grupo al trabajando...

El enigma de otro mundo es un caso raro dentro de la ciencia ficción de la época; está demasiado bien hecha y, encima, envejece con total dignidad. Muchos fueron los factores que intervinieron en este fenómeno.
Nada más empezar la película uno agradece que el típico narrador con voz en off tan usual en los cincuenta en las cintas de ciencia ficción no haga su aparición. Menos mal. En la primera escena asistimos a la presentación de los personajes y se nos deja clara una cosa: esta es una película de diálogos. Y diálogos muy bien escritos y mejor llevados. Pronto nos damos cuenta de que es esta característica la que da a la cinta en general ese ritmo tan bien marcado que hace que te pegues al sofá y no quites ojos de la pantalla. Sin prisa, pero sin pausa, pasamos a la siguiente escena donde ya nos ponemos alerta: un avión no identificado se ha estrellado. Nada raro si no fuera porque eso no tiene que producir perturbaciones magnéticas de ningún tipo. Seguimos con más personajes y conocemos a la chica de turno, Margaret Sheridan, que no encaja en el modelo “novia del héroe-desdichada”  Es más, es ayudante de alguien importante que se nos presenta de inmediato: el doctor Carrington, un científico muy bien interpretado por Robert Cornthwaite y que ya nos deja claro que de avión nada. Unas fotos lo demuestran.



La acción transcurre tranquila pero sin dejar ningún cabo suelto. Y en ello, de nuevo, los diálogos tienen una importancia más que fundamental: bien medidos, definiendo cada personaje y haciéndoles notar. Ya, cuando vamos al hielo y vemos el panorama, no queda más que dejarnos llevar por lo que dicen unos personajes:


A partir de aquí, la acción está muy bien medida, mostrándonos las interacciones entre los personajes que, en la mayoría de los casos, no hacen más que discutir. Muy educados todos, eso sí, pero discutiendo. Y es que, lo repito, pocas películas de esta clase, si no ninguna, tienen unos diálogos tan buenos como estos.


Otra factor a tener en cuenta es la sutiliza que reina en todo el metraje. No tenemos que olvidar que, a fin de cuentas, estamos hablando de una historia bien simple: un extraterrestre viene a la tierra y empieza a hacer de las suyas entre unos científicos en el Polo Norte. El tema hubiera dado más que de sí para maquillajes variados, monstruos mejor o peor hechos y todo un despliegue de efectismo barato propio de la época. Pues bien, aquí todo se insinúa, muchas veces, usando los diálogos. ¿Vemos al extraterrestre en cuestión? De pasada (muchos dirán que eso y nada es lo mismo). De hecho, una vez encerrado en hielo (me encanta esa toma) y una escena rápida machacando una puerta (luego sale, sí, pero visto de lejos o envuelto en llamas) Pues bien, es un personaje, uno de los militares, quien dice al capitán (y de paso a nosotros) cómo es, qué aspecto tiene… ¿Por qué mostrar con efectos que hubieran sido algo primitivos lo que se puede insinuar? Y lo mismo ocurre cuando el brazo cortado del alien cobra vida. Si nos fijamos bien, hay un actor con la cabeza en medio del miembro en cuestión pero se entrevén los dedos moverse mientras el doctor Carrington y su equipo nos describen con palabras qué sucede. Insuperable.



La tensión en la película se palpa en todo momento, no sólo porque el monstruo está libre y es una amenaza brutal, sino porque los personajes, al chocar entre sí, hacen que las chispas inunden el ambiente. Y todo, lo digo otra vez, a través de un ritmo perfecto, marcado y llevado de forma magistral.

Tobey
Como ya he mencionado antes de pasada, otra cosa a tener en cuenta en esta película son los actores. Todos está muy bien, muy naturales, ya sean protagonistas o secundarios. Yo destaco, sobre todo, Cornthwaite como el doctor, estirado, brutalmente educado pero que no puede evitar dejarse llevar. Kenneth Tobey  está muy bien como el capitán Hendry, que mantiene el rango y las distancias pero, a la vez, resulta muy cercano. Y, por supuesto Douglas Spencer como Scott, el periodista bocazas y verborréico que no para de meter baza en cualquier situación. Debo admitir que a mí, al principio, era un personaje que no me terminaba de gustar; es más, hasta me caía un poquito gordo, siempre en mitad de todos los fregados y despilfarrando aire periodístico pero, a fuerza de verla muchas veces (y las que quedan…) hasta me empieza a caer bien. El resto, como secundarios, bastante correctos. Destaco el papel de la chica, Nikki, interpretado por Margaret Sheridan, que sale poco pero es una más del equipo de los buenos, sin amilanarse ni gritar porque sí.
La película, a pesar de ser de ciencia ficción e incluir naves, explosiones y extraterrestres con mucha mala savia espacial, no tiene muchos efectos especiales. No, al menos en la línea de las producciones de la época. De hecho, quitando la explosión con cargas térmicas y los electrodos que aplican al alien vegetal al final, pocos más vamos a encontrar (si no tenemos en cuenta la escena en la que arde) Pero, a fin de cuentas, ¿quién los necesita cuando se tienen todos los cabos bien atados como aquí? Lo dicho, sutileza y elegancia…
Hablar de curiosidades acerca de esta película implica caer en los comentarios de siempre acerca de la misma. ¿El principal? La dirección. Está firmada por Christian Nyby y producida por Howard Hawks, todo un monstruo en lo suyo. Ahora bien, la cuestión es quién hizo qué. Muchos dicen que fue el primero quien la dirigió bajo las órdenes bien claras del segundo. Otros opinan que Nyby hizo un aporte mínimo y que Hawks la dirigió a pesar de no estar acreditado. Los que respaldan esta versión se apoyan, sobre todo, en la temática de la cinta (personajes encerrados sin ayuda posible bajo una amenaza) y en el ritmo que marcan los diálogos, muy propios de Hawks. Con todo, si la controversia no fuera suficiente, hay que mencionar dos leyendas urbanas: una, que mientras James Arness (el alien) sostiene que era Nyby quien dirigía a pesar de que Hawks siempre rondaba el rodaje, el protagonista, Kenneth Tobey, decía lo contrario. Y yo digo que a saber y qué más da a fin de cuentas. El caso es disfrutar de esta joya, que tiene muchos quilates en su haber.
Otro detalle curioso es el monstruo en sí. Hawks (de nuevo mandando en su labor de productor), no estaba nada satisfecho con los diseños que hacía para el monstruo Lee Greenway y que pasó varios meses probando y probando hasta que hubo un diseño que le gustó al productor. Sugerido por este, le puso a James Arness una especie de frente tipo Frankenstein. No obstante, uno duda de si la cosa le gustó o no al jefe porque, al final, el rostro del alien sale muy poco.

Cosas de Hollywood:

Hawks quería algún tipo de seguro para la película pero nadie le tramitaba ninguna póliza. ¿Cómo asegurar a los actores que en pleno rodaje iban a simular ser congelados, quemados y atacados por perros hambrientos? Al final, lo consiguió.
Arness medía dos metros. Fue conocido por trabajar en otras series como Gunsmoke o La conquista del oeste.
En cuanto a presupuestos, hay diferentes teorías: unos dicen que tuvieron el equivalente a una peli de clase A, es decir, pasando del millón de dólares y otros que ni de broma sucedió eso. Ni soy experto ni quiero serlo pero vista la sencillez de todo en la peli, sin estrellas de primera fila en el reparto ni efectos espectaculares, yo me inclinaría pero lo segundo pero, repito, digo esto desde la ignorancia. Sea como fuere, ¡qué dinero más bien empleado!
No se puede hablar de esta película sin mencionar el remake de 1982 de John Carpenter, La Cosa, todo un acierto y una cosa rara dentro del mundo de lo remakes por lo bien que está. Eso sí, donde aquí se insinuaba, en la peli del 82 veíamos al monstruo en todo su esplendor, arropado por una buena dosis de casquería variada.
Nota personal: en la edición en vídeo que compré hace años, hay una escena de tonteo romántico entre el prota y la chica en la que ella le ata a una silla. En Dvd no he visto esa escena…
Pues todo esto, amigos. Y. como colofón, quiero cerrar esta reseña haciendo mención del diálogo que el personaje de Scott dice al final de la película (tras una introducción algo pedante aludiendo a Noé pero, no todo puede ser perfecto) y que me inspiró para nombrar este blog:

          
Pues eso, amigos: ¡Vigilad el cielo! ¡Vigilad!
Yo, por mi parte, lo seguiré haciendo. Y muy a gusto además.



sábado, 21 de abril de 2012

Immortals

Immortals (Immortals)
(2011)
Director: Tarsem Singh
Guión    : Charley Parlapanides, Vlas Parlapanides 

Henry Cavill
Mickey Rourke
John Hurt
Stephen Dorff
Freida Pinto
Luke Evans 

Hiperión está decidido a liberar a los titanes para que masacren a los dioses. En su camino, se interpondrá Teseo…


Y vamos allá con otra película de un género que, por unas o por otras, parece estar de nuevo en auge y que parece que gusta al personal: el de los griegos.
Sólo con verle, sabemos que es el malo
La película empieza bien, directa al grano. Y es que, desde la primera escena, sabemos qué es lo que va  a pasar: el amigo Hiperión, interpretado por Mickey Rourke, con su flamante arco en la mano, libera a los titanes. No obstante, podemos oír una voz de fondo que parece que no está de acuerdo con eso. A partir de ahí, asistimos a un flash-back que ocupa la mayor parte del metraje  donde vamos a conocer a los protagonistas y el meollo en cuestión de la historia.
Immortals es, por encima de todo, una película de aventuras. Y, como todas las de este género, cumple con todos y cada uno de los cánones: tenemos un malo malísimo y bestia (Rourke) y un bueno buenísimo y noble (Cavill, interpretando a Teseo) Luego, por supuesto, hay un mentor del héroe que resultar ser algo más (el anciano interpretado por John Hurt), los compañeros del héroe (Stephen Dorff, que pinta poco, pero ahí va) y los secundarios que respaldan todo lo dicho y que, en este caso, tienen forma de dioses cachas y muy guapos. Y es que no hay que darle vueltas, amigos, si eres dios o diosa, eres guapo y vas al gimnasio. Por supuesto, hay cara bonita incluida en forma de oráculo con rostro de Freida Pinto.
Como no podría ser de otro modo en una película actual como esta, destaco la ambientación, vestuario y atrezzo, muy bien cuidado, dando un aire sucio y realista que es marca de toda la peli. Buen punto a favor ya que la mezcla entre fantasía y toques de realidad está muy bien cuidada.
 
Cavill (Teseo) en pleno desenfreno


Los actores, para mí, cumplen sin más ni más. Seamos sinceros, esta no es una película para un lucimiento interpretativo aplastante (hay otras cosas que lucir, como los bíceps o un abdomen bien marcado, una constante en esta cinta y que canta más que un vinilo rayado) Cuando uno va a ver una peli como esta sabe a lo que va y, si te pueden sorprender un poco con algo que no esperas, pues mejor. Para empezar, Henry Cavill (futuro Superman, por cierto) me parece que, si bien hace el papel de héroe, me ha resultado pelín inexpresivo. Sí, hay veces que se ríe (poco, al principio de la peli) y que incluso pone cara de pena, pero me ha dado la impresión de que pasa por la cinta sin más ni más, faltándole un poquito de carisma y emoción en lo que hace. Rourke cumple en lo suyo, es decir, malo bestia donde los haya que si tiene que sacar los ojos a uno o quemar vivo a otro lo hace y en paz
Zeus luciendo capa y horas de pesas
. Cómo no, cachas hasta la médula. Stephen Dorff sigue la línea de los anteriores: ladrón, algo borde y forzudo. Pelín ligón al principio pero, donde esté Teseo, que se quiten todos, que para algo es el prota. Y no puede haber peli de aventuras sin un rostro femenino que alegre la vista al personal entre tanto músculo marcado. Por eso, tenemos a Freida Pinto como el oráculo que luce palmito, curvas y ojos grandes como platos. Mención especial tienen los dioses como Zeus (Luke Evans), Atenea (Isabel Lucas) o Poseidón (Kellan Lutz) que, aparte de lucir gimnasio (me repito, pero es cierto. ¿Por qué en las películas de hoy de esta clase los actores parece que han salido de la sala de pesas? ¿No se puede ser héroe sin necesidad de estar cachas?), tienen un tono dorado muy curioso. Por cierto, destaco el modo en que los han representado ya que lo han hecho de manera muy tradicional y típica (vestidos raros, orlas en la cabeza o armas pesadas) en un Olimpo tan usual como idílico.
Pero, ¿quién es el protagonista en la sombra por encima de todos y todas? Sin duda, el toque digital en forma de efectos especiales. Aquí hay ordenador a todas horas y en casi todas las cosas. A tener en cuenta la escena en la que el dios impacta sobre el mar y provoca una especie de maremoto, el del arco de Epiro (que me recuerda al de Dragones y mazmorras, nota nostálgica) o las peleas. Y por supuesto, si hay algo que contenga esta peli es pantalla azul (o verde, siempre me he liado con ellas) porque, si os fijáis, raro es el paisaje o lugar que no está generado por ordenador. Algo, supongo inevitable en una producción como esta y que, sin duda, le da ese toque espectacular que tiene.
Y seguimos. Si hay una cosa que destaque en esta película es lo híper violenta que es. Aquí la violencia y la saña se manifiestan de múltiples y diferentes modos: bien en forma de peleas muy bien coordinadas y sincronizadas (y que recuerdan a 300 que tumban), bien cuando el amigo Hiperión manda castrar a un pobre desgraciado de un martillazo bestial en los mismísimos o cuando saca a uno de sus generales los ojos porque sí. Ah, y si un monje no puede hablar o las sacerdotisas no sueltan prenda, nada más fácil: el primero se corta la lengua y a las segundas se les mete en un toro metálico y se las pone a cocer a fuego lento.  Y, si de violencia se habla, observad la escena final en la que los titanes, muy originales por cierto, alejados de la idea de gigantes con poco cerebro y ganas de destruir cosas, son liberados y tienen una pelea (espectacular por otra parte) con los dioses. Las cabezas se parten (literalmente hablando) que da gusto, y el personal es atravesado por lanzas o cortado con espadas cual si fueran mantequilla. Ah, y aquí de dar mamporros no se libra nadie, ni el mismo Zeus ya que, si sus hijos le desobedecen, un buen latigazo inhumano y se estampa al pobre dios contra la pared (de nuevo, literal) Y es que todos sabemos que un azote a tiempo (expresión que viene que ni pintada) soluciona muchos futuros problemas.
 Una inmortal                       Una mortal

¿Es mejorable esta sesión de Inmortales? Desde mi humilde opinión, sí, sin duda. Me ha dado la impresión que, en general, es un producto demasiado artificial que, de un modo u otro, recoge la cosecha restante de otros como 300 o Furia de titanes. La historia en sí no está mal pero el modo de llevarla a escena me ha dejado pelín frío. Sí, mucha cabeza estallando, alguna que otra escenita de cama puesta con calzador y cierta filosofía de creer en la nobleza de uno mismo. Vale, intenciones no le falta pero, en general, se me ha quedado algo coja, muy centrada en sorprender al personal con escenas espectaculares y no en contar la historia de manera más efectiva.  En mi opinión, se ve, pasas un rato más o menos agradable y adiós muy buenas.
Por cierto, la escena final con niño incluido, ¿sugiere una segunda parte?
A saber.
Vigilad el cielo por si los dioses o titanes siguen tan cabreados.
Como curiosidades:

Stephen Dorff afirma ser el Han Solo de la peli. No te queda nada aún, chaval…
De nuevo, el actor señaló en una entrevista que Cavill era muy soso y no sabía de qué hablar con él. ¿Será que la cara de sieso del amigo Teseo le viene de pura cepa?
Henry Cavill ha tenido una trayectoria curiosa de rechazos: fue demasiado joven para ser James Bond, pero demasiado viejo para interpretar al Edward Cullen de Crepúsculo. Sonó para Batman, pero no cuajó. Al final, el chico no puede quejarse: será el nuevo Superman.
Luke Evans (Zeus) ya interpretó a otro dios, Apolo, en Furia de Titanes. Por cierto, casi todas las escenas que rodó en esta última fueron eliminadas. Cosas del montaje.
Los responsables de la película son los productores de 300. Ahora te explicas tanto parecido.
Rourke aparece con un brazo tapado porque se acababa de operar de un tendón.

miércoles, 18 de abril de 2012

La garra gigante

La garra gigante (The giant claw)
(1957)
Director: Fred F. Sears
Guión   : Samuel Newman, Paul Gangelin

Jeff Morrow
Mara Corday
Morris Ankrum 










El cielo se ve surcado por una extraña y gigantesca ave que siembra el terror…

Cualquier aficionado a esas peliculillas que marcaron el espíritu de la ciencia ficción allá por los cincuenta sabe que puedes encontrarte con tres grupos. Por un lado, las obras maestras (Planeta prohibido, El enigma de otro mundo). Luego vienen las regularcitas, las que ves y ya (La semilla del espacio). Y, por último, esas que, dentro de los márgenes del género, resultan una extraña mezcla entre cutre, curiosa y, en definitiva, un espectáculo difícil de calificar y que tienen un par de momentos que, para bien o para mal, se te quedan a fuego en la memoria.
Pues esta garra gigantesca espacial es un ejemplo del último grupo, un producto cincuentero que tiene ese aire cutrecillo a pesar de las buenas intenciones iniciales que hace que, cuando lo ves, se te dibuje cierta sonrisa en los labios mientras asistes a un cúmulo gigantesco de situaciones raras que rozan lo delirante.
Comenzamos por la dramática introducción de un narrador en off con una voz más dramática aún. ¡Alarma! Casi por norma, cuando hay narrador serio de por medio, la peli acaba siendo un sucedáneo de ralladura mental. Pero hay que decir que este no sólo te introduce el tema, no. Hasta te dice lo que hacen los personajes que van a ser los protas,  a qué se dedican y, lo que es más curioso,  qué piensan… Un modo estupendo de ahorrarse diálogo, creo.
Y así, asistimos al primer avistamiento de algo desconocido y, por ende, a la primera de las situaciones raras de la cinta que te hacen pensar en el despiporre que tienes por delante: el prota, Mitch (Jeff Morrow), comunica a la base que ha visto un objeto volante no identificado. ¿Qué hacen los militares de turno? Como no pueden confirmarlo porque ellos no han visto nada, le sueltan una bronca mayúscula cuando regresa acusándole de gastar bromas. Y es que, si un piloto te dice que ve un ovni y tú no lo ves, eso quiere decir que el otro bromea sin necesidad de darle un margen de duda.
Pero el Mitch es duro y no se deja llevar: se monta en un avión y asistimos a una demostración de cómo ligar surcando las nubes. Tan inspirado está que, en mitad del ligoteo con Sally, la matemática (Mara Corday), descubre DE GOLPE, la ruta en espiral (ahí queda eso) del objeto volador no identificado por el que se ha llevado la bronca. Eso sí, con la ayuda de un periódico que, casualidades de la vida, alguien ha dejado abandonado en mitad del avión con la noticia que importa al amigo piloto (nota: ¿cómo se han hecho eco los periódicos si ni los militares se lo han creído? ¿No sería motivo para conceder el beneficio de la duda al prota? Pues no) Luego, una escena más bien larga con metáforas de beisbol y amor incluidas para que el ligoteo siga. Y es que, el que no liga, es porque no quiere.
Y, al fin, vemos al bicho alado en cuestión. Observad la foto del colega:


 Sí. Tiene aspecto de teleñeco cabreado con ojos de psicópata salido e incluye una cresta en la cabeza y un pico que posee dos orificios nasales que se hinchan que da gusto, además de dientes varios. No hay que darle vueltas, amigos: el monstruo es feo con avaricia, cutre y su mirada descolocada te da ganas de reír pero eran los medios de la época y sus correspondientes presupuestos ínfimos. Por eso, la marioneta canta que da gusto y es obvio que está colgada de hilos sobre una pantalla que hace el efecto del movimiento. He ahí que unas veces mueva las alas y otras no. Y ya se hacía de rogar porque, después de mucho diálogo y manchas que surcan la pantalla a toda velocidad, ya era hora de ver el centro del problema.
 No obstante, aquí asistimos a una escena que me gusta mucho y que suele ser famosilla dentro del género. Dad un vistazo a esto:


 Y así sabemos que, además de fea y cabreada, la criatura también debe alimentarse. Y es que, vengas de dónde vengas, sea cómo seas, las ganas de comer son las ganas de comer.         
Todo esto podría resultar salvable, e incluso divertido, si el modo de llevar adelante la historia fuera seria, es decir, coherente o aceptando con humildad los recursos de los que disponían y moviéndose en el margen que estos pudieran permitir. Todos sabemos que hay películas que, con muy poco, fueron capaces de contar mucho. Lo malo es que, en esta cinta, la palabra “seria” trata de manifestarse a través de unas situaciones y diálogos, que rozan lo absurdo. ¿Ejemplos? Tantos como plumas tiene el bicho volador: un piloto ataca al pájaro y narra todo por radio, contando cómo sus hombres son masacrados uno tras otro. ¿Qué hacen en la base cuando escuchan que al pobre desgraciado le va a llegar el turno? Apagan la radio  para no oírlo. Y es que ojos que no ven (y orejas que no oyen), corazón que no siente. Y se olvidan de él… Luego tenemos las tomas estáticas del pajarito detectado por satélite y vemos que en una de ellas mira a la cámara. Será que, aunque seas feo, si hay que posar, se posa. Ah, y atentos: saben de dónde viene y qué es en realidad estudiando los restos de un avión atacado ¡Ahí es nada…! Y, por supuesto, analizando una pluma del bicho, deducen que está hecho de antimateria (mira tú, lo mismo que dio quebraderos de cabeza a los  protas de Angeles y demonios) y claro, la galaxia de la que procede está hecha de de la misma sustancia. ¿Qué puede  hacer o decir el mandamás militar ante semejante derroche explicativo? Pues se lamenta porque no se tiene línea con un cura para recibir ayuda de alguien de los cielos. Y aquí paz y después gloria (nunca mejor dicho). Todo esto, con unas buenas dosis de los discursos del narrador en mitad de todo. Ah, y que no se nos olvide: la novia del prota descubre así, porque sí, que el pájaro no para de volar porque busca hacer un nido. Y es que todos los personajes en esta cinta están de un inspirado que tumban.

Pero, como dije antes, lo más destacado de la película es el afán de mezclar el toque fantástico con la más intelectual de la ciencia moderna y, para ello, recurre a usar  diálogos científicos llenos de vocabulario técnico y enrevesado para exponer las explicaciones más retorcidas. Atentos; sé que es largo de ller pero no tiene desperdicio:
El prota, Mitch, descubre un rastro de algo llamado u-mesón con núcleo de hidrógeno con electrones que gravitan alrededor del núcleo a distancia inferior a la habitual

 (Tomemos aire)
Pero es tan pequeño que puede atravesar la barrera de electrones de un átomo ordinario y fusionarse con su núcleo en átomos de materia… ¡o antimateria!
(Volvemos a tomar aire. Yo mismo lo estoy escribiendo copiándome de los diálogos de la peli y reconozco que no sé qué demonios estoy escribiendo)
Si pueden bombardear la barrera de antimateria del bicho con átomos mésicos, ¡podrían derribar su barrera! ¡Sí! ¡Podrían bombardearlo o usar, si quieren, en palabras del iluminado piloto “el fregadero de la cocina” “¡Nos sobran fregaderos!”, responde orgulloso el general (Morris Ankrum. Sí, este diálogo es de traca pero ahí queda)

Todo esto, repito, de golpe y porque sí. Y, lo digo de nuevo, el amigo es piloto (y todos los científicos del ejército (lo de todos es relativo porque sale uno), deben de ser tontos de baba integrales por no caer en algo tan básico) Eso sí, luego el narrador nos cuenta todos los fallos que tienen al experimentar. Menos mal que Mitch descubre la solución pero, como sus amigos dormían, prefiere decírselo en forma de explosión en mitad del laboratorio (lo que acabáis de leer es real, aunque cueste creerlo)
Por fin, luego asistimos a un ataque en toda escala del ave alienígena y vemos una toma bastante curiosa del mismo subido al Empire State mientras despliega sus alas en todo su esplendor.

Y, al final, como debe ser, el súper piloto tiene razón y las cosas acaban como deben acabar.
En fin, por todo lo dicho (y he dicho mucho, siento los spoilers) sólo puedo decir que esta peliculita parte de una premisa más o menos interesante pero, cuando remonta el vuelo (agudo juego de palabras) no sabe muy bien qué rumbo tomar y se acaba estrellando con todo el equipo. Quizás un guión mejor, unas escenas más trabajadas y, desde luego, una producción mejor hubieran dado otro resultado. Para mí, se ve y se olvida sin más. Eso sí, del bicho te acordarás durante mucho tiempo.
Como curiosidades:
En un principio, según parece, el maestro Ray Harryhausen iba a hacer los efectos especiales, cosa que hubiera dado como resultado una cinta completamente distinta a lo que surgió al final. Cuando el presupuesto se disparó, el productor, poco amigo de gastos, encargó el bicho volador a un estudio de México. El resultado fue el que podréis ver si os animáis a dar un vistazo a la peli.
El día del estreno, el actor protagonista, Jeff Morrow, se vio obligado a dejar la sala de cine. ¿El motivo? Las carcajadas que soltaba el público cada vez que el ave alienígena aparecía en pantalla. Pobre hombre.

Pues... ¡vigilad el cielo!