sábado, 30 de junio de 2012

Los pitufos

Los pitufos (The smurfs)
2011
Director: Raja Gosnell
Guión   : J. David Stem, David N. Weiss, Jay Scherick, David Ronn
Hank Azaria
Neil Patrick Harris
Jayma Mays
Sofía Vergara
Jonathan Winters
Alan Cumming
Katy Perry

Los pitufos viven felices es su aldea hasta que el malvado Gargamel hace de las suyas y les hace viajar hasta Nueva York…


 Y por fin se hizo una peli de los pitufos. Durante años, se habló de la posibilidad de llevar a los personajes creados por Peyo a la gran pantalla. Ahora bien, hay que decir que, si bien son famosos en el mundo entero, también es cierto que lo son más en dos medios fundamentales: los cómics (medio del cual partieron, cosa que más de uno ignora) y la serie de televisión que todos hemos visto alguna vez en nuestra vida y que fue la principal responsable de que los personajillos azules se extendieran por todo el planeta. Pero una cosa es triunfar en un medio determinado y otra muy distinta dar el salto final al cine. Los pitufos siempre lo han tenido difícil: de hacerlo en forma de película de animación, la cuestión no hubiera variado mucho con respecto al  planteamiento televisivo que les hizo tan famosos. A esto, encima, había que añadir que, si bien funcionaban en capítulos de veinte minutos escasos, no se sabría muy bien cómo encajarían en un largometraje propiamente dicho. Por otro lado, hacer una película con ellos sin animación de por medio implicaba el difícil tema de cómo representarlos. Tuvo que venir el cine digital, que lo puede todo, para que la cosa se hiciera realidad.

La cinta es un claro ejemplo de ese tipo de cine que solemos llamar “película familiar” Lo primero que destaca está claro: los pitufos en sí. Las cosas claras; los han clavado y han tenido el sentido común de no variar un ápice ni del aspecto ni de la forma de ser de las criaturas. Me ha gustado mucho como, a parte de representarlos de manera muy fiel,  les han dado una textura de muñeco de peluche que hace que, de veras, quieras estrujarlos a todos. Y si los pitufos están bien hechos, mejor lo está la aldea pitufa (no sé si tiene algún nombre pero creo que ese vale) Las setas, el bosque… todo está clavadito y lleno de colorido, como tiene que ser. Y, cómo no, hay que rendirse a la evidencia y admitir que la animación y expresión de los personajes es de diez. Vamos, igualitos a los de la serie.
Pero si hablamos de personajes fieles, hay que hacer mención a uno en concreto. Me refiero, cómo no, a mi favorito de la serie y uno de los malvados más ruines, rastreros, malignos e incansables de la historia de las series de televisión para niños (el otro es  Pierre Nodoyuna, ¡qué gran tipo!). Me refiero, cómo no, a Gargamel el malvado, el alma en la sombra (negra como sus intenciones) de toda la serie y que aquí está interpretado de manera genial por Hank Azaria. El retorcido hechicero destila humor y mala baba a partes iguales pero, como solía ocurrir en la serie, el amigo cae simpático. Para mí, lo han representado de manera magistral, tanto en aspecto (hasta las botas rojas) como en actitud y personalidad (malo incansable porque sí, como debe ser) Azaria ha sido un gran acierto y, desde luego en mi opinión, lo mejor de la película.  Aquí os dejo una muestra:

               

El Gargamel original. Lo admito: me encanta.
A lo largo de toda la cinta hay un humor muy suave (y muchas veces infantil, cosa lógica) que no quita que incluya momentos bastante curiosos. Lo que pasa es que todos estos corren a cargo de Gargamel, como esos en los que le encanta atravesar el humo que sale de las alcantarillas para darse a sí mismo un toque siniestro, las pelea con el gato Azrael, sus instantes en el restaurante cuando está en Nueva York o liándola en unos grandes almacenes.
Si todo esto se hubiera detenido aquí, diría que la película, dentro de los cánones en los que se mueve, es un gran acierto. A fin de cuentas, eso es lo que suele ocurrir cuando, al adaptar algo, lo respetas al cien por cien en cuanto a personajes, personalidades de los mismos, lugares y situaciones. No obstante, debo hacer referencia a lo que, para mí, es el mayor error de la película que hace que parte de la magia desaparezca. Me refiero, claro está, al hecho de situar la acción en… Nueva York. Seamos sinceros; los pitufos son unos seres tan atemporales como encantadores. Y mucha culpa de todo esto la tiene el hecho de que estén situados en una época imaginario-medieval en un país que no se nombra. Pero es sabido por todos que, en muchas películas, el sentimiento patriotero está a flor de piel y surge a la más mínima. Estupendo y bien por  ello, no cabe duda. El problema viene cuando se quiere pasar por ese filtro a todo o casi todo. Creo, y esto es una opinión del todo personal, que hacer viajar a los personajes a Nueva York quita mucho encanto a los mismos y a la historia. Un pitufo en la aldea, el bosque o en un castillo tiene su gracia; verles pasear por Central Park o cualquier calle de la ciudad, soltando perlas como “¡Toma, un pequeño recuerdo de la Gran Manzana!” al tirar una a Gargamel para mí, se la quita. No entiendo, de verdad, por qué situar la acción fuera de su contexto pero, sobre gustos, los colores (en este caso, el azul. Lo siento, tenía que decirlo)
Quizás, la respuesta a esta pregunta venga implícita en el reparto, es decir, localizar la acción en la ciudad hace posible la utilización de actores reales que, a fecha de hoy, son rostros conocidos y muy famosos. En este caso, tenemos a Neil Patrick Harris (famoso gracias a Cómo conocí a vuestra madre) como Patrick y Jayma Mays (cuyo rostro aparece en la no menos famosa Glee) haciendo de Grace. Muy bien, supongo que esto es otro medio de conseguir audiencia pero eso me lleva al segundo aspecto que no me gusta de la peli. Y es que, desde el momento en que Papá Pitufo y su banda van a Nueva York, la trama de estos queda eclipsada por la de Patrick y Grace a saber: en primer lugar, el tema del trabajo como publicista de él. En segundo lugar, el del bebé que ambos van a tener. Eso hace que, si te pones en plan picajoso, te preguntes quién es en realidad el prota, Patrick o los pitufos. De hecho, si nos fijamos, la cinta la terminan Patrick y Grace (salvo por el toque final de Gargamel claro) ¿Por qué no usaron actores reales en el contexto imaginario de los pitufos? Hubiera sido otra opción, ¿no?
¿Eso es todo? No. Como suele ocurrir en estas historias, lo que empieza con empuje y cierto sentimiento hilarante acaba diluyéndose cuando la trama se pone un poquito más seria al final. Eso, además de incluir momentos ñoños tipo “Adiós, papá” con el que se despide Papá Pitufo o frases como “¡Pitufos para todos y todos para pitufo!”, que suelta Torpe (digo yo que es el Tontín de la serie, ese que hablaba un poco raro) En fin, supongo que, en conjunto, son detallitos que atraen a los más pequeños, que son los destinatarios finales de la peli.
Pues eso es todo, amigos. Si os aburrís y queréis pasar un ratito pitufo, dadle una oportunidad. La cosa, en conjunto y después de todo, no deja de tener su gracia. Los pitufos me saben a poco pero ahí queda. No les ha ido nada mal (unos 135 millones de dólares en recaudación, toda una cifra) De hecho, en su estreno, la única que la superó fue Cowboys & Aliens. Por eso mismo, la segunda parte ya está en marcha. Ojalá y los dejen en la aldea de una vez.
¡Seguid pitufando el cielo!

 

miércoles, 27 de junio de 2012

Ulises

Ulises (Ulisse)
(1954)
Director: Mario Camerini
Guión   : Franco Brusati, Mario Camerini, Ennio De Concini, Hugh Gray, Ben Hetch, Ivo Perilli, Irwin Shaw

Kirk Douglas
Silvana Mangano
Anthony Quinn





 Ulises, rey de Ítaca, despierta en una isla extraña sin recordar nada. Poco a poco, su memoria le devuelve los recuerdos de sus viajes…

Todo el mundo sabe que los años cincuenta fueron los años dorados de las películas de aventuras o, mejor dicho, de las grandes películas de grandes aventuras. Ahí están Las minas de rey Salomón, Los caballeros del rey Arturo, El halcón y la flecha y unos cuantos buenos títulos más que hacen que, aún hoy, cuando las ves, puedas comprobar que la magia está intacta. Pues bien, si uno se pone a pensarlo en frío, resulta que hubo muchas (y, repito, muy buenas) muestras de ese cine aventurero situado en muy diferentes épocas: la Inglaterra del rey Arturo, los tiempos de Ricardo Corazón de león o los dorados años mil ochocientos y pico pero… ¿y qué pasa con los griegos?

Bueno, pues aquí tenemos una muy buena muestra de este tipo de historias. Tratamos, nada menos, con una adaptación del clásico de Homero La odisea. Pero, a pesar de que el protagonista nos pueda hacer pensar que esta es otra súper producción de Hollywood de la época, lo cierto es que no es así. En realidad, este Ulises fue una de las primeras superproducciones europeas de por aquel entonces. Por ello mismo, nada más ver la película, vemos que muchos de los responsables son italianos y no americanos. ¿Es por ello un producto de segunda fila? Ni por asomo.


La película es todo un buen espectáculo tan digno del cine aventurero que ya hoy día parece haberse perdido y que hace que, desde la primera imagen, tu mente e imaginación viajen a la antigua Grecia y, de la mano de Kirk Douglas y compañía, te dejes llevar surcando los mares en pos de aventuras tan deliciosas como espectaculares. A fin de cuentas, ¿no es eso lo que se espera del buen cine de aventuras?

Veamos, la cinta cuenta con unos cuantos buenos puntos a favor. ¿El principal? Para mí, no hay ninguna duda: Kirk Douglas. El actor (que lo admito, me encanta), está metido en el papel hasta las barbas, otra buena muestra de que su puesto en el firmamento de glorias y leyendas cinematográficas está más que ganado. Su interpretación es dinámica, ciertamente dramática en los momentos que lo requiere y heroica cuando es necesario. Aunque creo que hace un trabajo magnífico en toda y cada una de las escenas, destaco el momento en que, de vagabundo, regresa a su casa y da rienda suelta a su venganza.

 Sin duda, contó con un buen presupuesto. Eso no sólo puede verse en el hecho de contratar una estrella como Douglas, sino en lo bien tratado de la ambientación (ahí está el catillo de Ítaca) un vestuario muy digno o el atrezzo que acompaña a los actores. Todo ello da a la película un aire muy cuidado y, dentro de lo que cabe, realista acorde con la época que representa.



Tiene varios momentos interesantes, como toda la estancia de Ulises en el palacio de Circe o la escena del canto de las sirenas. Yo, sin duda, me quedo con la secuencia del gigante Polifemo. Tengo que reconocer que esta es una de mis favoritas de la obra literaria y, aunque cambian alguna que otra cosita (El detalle de Ulises haciéndose pasar por Nadie para engañar al gigante, por ejemplo) creo que está muy bien lograda. Me encanta la labor del actor que hace de Polifemo con ese aire bruto y bestial a parte iguales o cómo Douglas, a pesar de saber que están en un buen lío, trata de mostrarse divertido con el asunto del vino.
Circe
Polifemo. Uno de los momentos más divertidos de toda
la película.
En el palacio de Circe...
Y, si de escenas hay que hablar, por supuesto, tengo que hacer mención especial a la que sucede al final en la que se nos muestra a Ulises vestido de mendigo viendo cómo los usurpadores y supuestos pretendientes de Penélope arrasan con todo. Me encante ese cénit que supone la escena en la que tensa el arco ante la mirada (alucinante) de los otros. Y luego… ¡que no quede ni uno!
Ulises se prepara..
La prueba de fuego: tensar el arco.
Ulises o cómo masacrar a invitados molestos.

¿Hay cosas mejorables? Claro. La Odisea es una obra complicada de adaptar al cine. Para empezar, suceden muchas cosas, casi todas de corte fantástico y aparecen muchos y muy variados personajes. Hablar de una adaptación de una obra de estas características en 1954 (ahí es nada) equivaldría, supongo yo, a encontrarse con más problemas que otra cosa. Con todo, creo que salen bastante airosos de todas estas situaciones repito, con los medios de la época.  Es cierto que se salta alguna cosa, como por ejemplo la escena de Escila y Caribdis. Me parece normal que sea así ya que, en los cincuenta, no creo que hubiera departamento de efectos especiales que pudiera afrontar la tarea de representar esto en pantalla.  Y, si bien hay cosas del libro que la peli elimina, también es cierto que hay otras que cambia ya que, aquí, vemos que Ulises no baja al Hades para buscar a Tiresias y, de paso,  encontrarse con un montón de amigos muertos (aparte de su madre, claro) Aquí vemos esta escena pero conectada con la aventura de Circe y que, según los gustos, puede parecer algo precipitada o que se la quien quitar de encima cuanto antes mejor. Bueno, ahí queda…

Otro detalle. Si bien es cierto que los actores está muy bien y que, por supuesto, Kirk Douglas es el protagonista absoluto de la cinta, hay quien piensa que el resto, salvando a Silvana Mangano que hace papel doble (muy bien ese maquillaje verdoso como Circe), está un poquito desaprovechado, sobre todo dentro del elenco de pretendientes. Yo creo que aquí tienen parte de razón, sobre todo, porque entre el grupo contamos con un Anthony Quinn como Antinoo al que, con toda probabilidad, se le podría haber sacado un poquito más de partido. En fin, cuestión de gustos…

Silvana Mangano como Penélope...

... Y como Circe.
¿Y qué tal los efectos? Porque, claro, esta es una peli de aventuras y también de fantasía. Pues a mí me parece que están muy bien como están. A ver, ¿se nota el aire de la época? Sí, claro. Lo mismo que es evidente que el ojo de Polifemo (que se mueve) es maquillaje puro y duro, que el actor está filmado sobre decorados a escala o que los barcos son maquetas movidas por ventiladores a toda pastilla. Sí, bueno, ¿y qué? ¿No cumplen con su función y ayudan a contar la historia? Pues de eso se trata…

Polifemo. Qué grande...

En resumidas cuentas, una película de aventuras, de las de siempre, con ese toque aventurero directo y simple que marcó toda una generación de películas y que, al menos servidor de ustedes, echa en falta en las producciones de hoy día (al menos, en muchas) Todo un buen ejemplo de ese cine de evasión que ves, disfrutas y, encima, se te queda grabado en la memoria bien en forma de Polifemo borracho, de héroe vestido de mendigo o de un caballo de Troya muy bien hecho. Y decidme, ¿qué más se le puede pedir a una película de aventuras? Pues eso...

Un descanso del rodaje
Como curiosidades:

-Kirk Douglas optó por esta película antes de firmar contrato con la Disney para rodar otro bombazo del cine de aventuras y clásico donde los haya: 20.000 leguas de viaje submarino.

-Silvana Mangano hace papel doble: por un lado es Penélope y, por otro, Circe. ¿Por qué hicieron esto? Lo lógico sería pensar que, al tener producción y responsables italianos, era normal contar con una estrella femenina de allí y, de haber sido sólo Penélope, el papel le hubiera quedado algo escaso. Esto, lo admito, poniéndome en plan teórico. Lo mismo lo hicieron así porque les dio la real gana.

-Uno de los pretendientes en el castillo de Ítaca es Charles McGraw que, seis años después, volvería a coincidir con Kirk Douglas en Espartaco en el papel de Marcelo, el entrenador de Gladiadores (y al que Douglas, en la escena de la pelea, se dejó llevar por la emoción y rompió una costilla, pero eso es otra historia…)
McGraw, Marcelo en Espartaco

-Si queréis ver una adaptación más fiel y larga de La Odisea, hay una producción de 1997 con Armand Assante más que recomendable.

Pues hala, vamos a ofrecer en sacrificio a los dioses un buen bol de palomitas o chuches variadas que, desde luego, la peli lo merece.

¡Vigilad el cielo!

sábado, 23 de junio de 2012

Star Trek

Star Trek (Star Trek)
(2009)
Director: J. J. Abrams
Guión   : Roberto Orci, Alex Kurtzman 
Chris Pine
Zachary Quinto
Eric Bana
Karl Urban
Zoe Saldana
Simon Pegg
John Cho
Anton Yelchin 



El planeta Vulcano es atacado por una extraña nave. La joven tripulación de la nave Enterprise acudirá al rescate…


Y, después de muchos, pero que muchos años, varias películas, series de televisión y un largo etcétera, por fin asistimos al reinicio definitivo de la serie clásica de ciencia-ficción por excelencia: nada menos que la celebérrima Star Trek.





Era cuestión de tiempo, claro. En los últimos años estamos asistiendo a un montón de remakes y reinicios de lo más variado, revisitando personajes y películas que, hace tan sólo unos años, hubiera sido imposible de revisar y actualizar. Que les tocase a los miembros más famosos de la Flota Estelar era cuestión de saber esperar y, sobre todo, ponerle muchas ganas.

La cosa no pintaba fácil. Y es que, no me paso en absoluto si digo que la sombra de la Enterprise es alargada. Para empezar, la serie Star Trek (que, pese a lo que muchos consideran, tan sólo duró tres temporadas. ¡Pero qué tres temporadas!) es un clásico televisivo y de la ciencia-ficción donde los haya que arrastra seguidores acérrimos y que ha traspasado el estatus de “serie clásica” o “de culto” para convertirse en una auténtica leyenda. Luego, además, está el hecho de que la serie original ha generado cuatro películas consideradas clásicas (Star Trek, la película; Star Trek, la ira de Khan; Star Trek, en busca de Spock y Star Trek, misión: salvar la Tierra) más otras tantas (seis más, si las cuentas no me fallan) Si a ello le añadimos que el fenómeno Star Trek ha sobrepasado las ondas televisivas o el celuloide para convertirse en un auténtico fenómenos social de masas, la cosa esta clara: afrontar una nueva película de Star Trek suponía todo un reto.

Pero, para más inri, esta nueva entrega suponía un desafío aún mayor. Y es que no se iba  a tratar de una continuación de la última de las entregas, sino que se haría todo un reinicio de la saga. Gran responsabilidad porque ello no sólo implicaría empezar de cero; también supondría que personajes que han quedado anclados de manera irreversible a los actores que los interpretaron (y aquí hablo de William Shatner como Kirk o, cómo no, Leonard Nimoy interpretando a Spock) tuviesen nuevos rostros. ¿Cómo reaccionaría el público ante esto?
Pues… ¡a toda máquina y empecemos!

La película comienza con una escena trepidante en la que vemos una nave de la Flota Estelar que recuerda pero que mucho a la Enterprise. Yo aquí medio boto en la butaca ante la perspectiva de ver
Chris Hemsworth es el papá de J. T. Kirk... antes de convertirse
en Thor
la futura nave de Kirk realizada con tomas digitales en todo su esplendor. No hay tiempo para pensar mucho: el USS. Kelvin esa tacacado por una nave extraña y gigantesca. En mitad de todo ese lío, y tras ver el interior de la nave y a los miembros de la misma uniformados con un aire de serie tremendo, ya oímos un apellido familiar: Kirk. Hay que contener la emoción; más que nada, porque luego oímos otro que también nos suena: Spock. Y aquí somos testigos de un ataque estelar en toda regla y vemos la destrucción de la nave. Muy bien hecho todo, con unas tomas fantásticas de ambas naves retorcerse en el espacio mientras los phasers iluminan la pantalla. Y el ciclo de la vida se cumple: la nave de la Flota se hace añicos pero, a la vez, nace un niño: James T. Kirk. ¿Os suena?

Cambiamos de tercio. Esta vez dejamos el espacio y nos vamos a uno de los planetas más emblemáticos de la serie que, al menos para este humilde aficionado, han clavado en esta entrega: Vulcano. Me ha encantado cómo lo han representado, tanto desde fuera, con esos perfiles rocosos, como por dentro (¡Al fin!) penetrando en sus construcciones y espectaculares templos. Y ahí conocemos al joven Spock que ya, desde niño, va a vivir algo que le va a perseguir el resto de su vida o, en su defecto, el resto del metraje de la peli: las emociones. A fin y al cabo, su padre es vulcaniano y su madre (Winona Rider), humana.
Tras saber que el pequeño James Kirk es cualquier cosa menos un niño tranquilo y bueno, damos un salto de tres años. Y es aquí donde la trama que nos impactó en la primera escena sufre una parada momentánea para presentarnos de manera magistral a todos los personajes principales de la que será la futura tripulación de la Enterprise. Primero, Kirk, que aquí sorprende porque, si estas acostumbrado al de la serie o el de las películas te va a chocar un poco. Y es que, el amigo es borracho, pendenciero, indisciplinado, chulo y ligón. Dicho de otra forma, lo opuesto al personaje de la serie original. Curioso esto porque, si veis la serie, hay un capítulo (no sé cual) en el que Kirk, creo que habla con Spock, y le dice que, de joven, era bastante impulsivo. ¡Y tanto! Así que muy bien el haber cuidado ese detalle. Ya de paso, conocemos a Uhura en el mismo bar que Kirk, que ya apunta maneras con su capacidad para las telecomunicaciones. Y, mostrando que han cuidado los detalles al máximo, conocemos a otro personaje que el aficionado a la serie recordará: el capitán Christopher Pike. Si no has visto la serie y no sabes quién es te lo digo yo: es un miembro de la Flota Estelar muy respetado que, en la serie original, interpretado por Jeffrey Hunter, participó en dos de los capítulos que más me gustaron por calidad y originalidad, The cage. Si podéis, vedlos; buenísimos.
Continuamos. Los detalles siguen a apareciendo cuando acudimos a la construcción de la Enterprise; es sólo un esqueleto pero ya tiene la forma que todos conocemos y te hace desear de verla completa surcando la pantalla. Conocemos a más personajes: McCoy (Karl Urban) y un Spock crecidito pero igual de impasible.



Urban (McCoy
Después de esta presentación de personajes y ambientes, muy bien hecha por cierto, se nos sigue confirmando que Kirk sigue igual de chulo y, a través de una prueba con simulación incluida, acudimos al primer enfrentamiento con Spock que va a ser una constante en la peli. No obstante, es aquí cuando, al fin, salta la trama en forma de ataque sorpresa a Vulcano y lo que ello conlleva. Esto lleva a otros buenos detalles como ver a la Flota Estelar en todo su esplendor o, lo que es mejor, el primer vuelo del Enterprise donde ya, de paso, conocemos a Chejov y el señor Sulu. La tripulación ya está al completo. 
Sulu  (John Cho)
Chejov (Anton Yelchin)
A partir de aquí, la película se deja llevar por los derroteros típicos de la fantasía y la ciencia ficción más evidentes, reinando, por encima de todo ello, el espíritu de aventura característico de la serie. Por eso, acudimos a la impresionante destrucción de Vulcano, conocemos ese extraño mundo de hielo en el que Kirk acaba siendo expulsado por la fuerza o las aventuras por las que tienen que pasar los personajes para enfrentarse a Nero. Y aquí, con respecto a ese mundo helado, hay que hacer referencia al toque nostálgico más fuerte hacia la serie que sorprendió a más de uno y desde luego, a mí me encantó: ver a Leonard Nimoy como el Spock original. Otra vez, mayor, con arrugas y con canas, pero Spock a fin de cuentas. El motivo por el que aparece en la peli lo dejo para que la veas.


Star Trek es una película de ciencia-ficción. Y eso, hoy día, supone hablar de efectos especiales. Tengo que decir que, en mi opinión, están más que bien. Una de las principales características que me ha llamado la atención a este respecto es que no saturan al espectador, no están ahí porque sí, para lucimiento de la empresa encargada de llevarlas a cabo. Por supuesto, la tecnología del futuro sigue ahí, lo mismo que alienígenas variados, naves espaciales y algún que otro monstruo alienígena que surge de los hielos. Muy bien pero, todo ello, ayuda a contar la historia, no a detenerla para hacerse destacar. Y eso, para este vigilante del cielo, supone muchos puntos a favor. Destaco, entre otras cosas, los vuelos de las naves o las batallas de las mismas en mitad del espacio.
Los actores me han gustado mucho. Todos ellos me resultan muy convincentes y metidos en sus papeles. A pesar de las dos horas más o menos que dura la cinta, se las han apañado no sólo para presentarlos de cero (cosa más que loable, más que nada, porque ya los conocíamos), sino para otorgarles el protagonismo y características propias de ellos. Así, Chris Pine me ha parecido un buen Kirk, si bien es cierto que lo primero que pensé es que se pasaron un poquito mostrándolo tan chulo y juerguista. Zachary Pinto, para mí, es el mejor de todos; está metido en el papel de joven Spock hasta



Pegg
las orejas y es capaz de mostrarse tan frío como el hielo como absorbido por las emociones contra las que todo Vulcaniano debe luchar. Un gran acierto, sin duda. Urban como McCoy me ha parecido correcto, si bien está claro que en las próximas entregas se lucirá un poco más. Lo mismo ocurre con Zoe Saldana (Uhura), John Cho (Sulu), Anton Yelchin (Chejov) o Simon Pegg (Scotty) Este, a pesar de su carácter más bien secundario, me ha parecido que tiene unja buena presentación aunque en la serie me parecía menos chistoso. Y, como malo, tenemos a Eric Bana como Nero. Quede claro que, pese a lo que muchos puedan pensar, no es un klingon, sino romulano (que no es lo mismo) Me ha parecido que su caracterización está bien pero, debo admitir, poniéndome picajoso, que el personaje, con esas orejas, tatuajes y barba de tres días, me ha parecido más bien alguien sacado de cualquier cantina galáctica que un malo como debe ser. Con todo, cuestión de gustos.

Kirk y Spock: el comienzo de una gran amistad.
Pues es eso es todo, amigos. Una película que me ha gustado mucho y que, al menos para mí, cumple sus propósitos de sobra: diversión de la buena durante un rato y, de paso, hacer que el gusanillo de la nostalgia aparezca en más de uno. La cinta recupera el espíritu de las buenas películas de aventuras: emoción, amistad, un toquecito sentimental, su dosis adecuada de humor y, sobre todo, la esencia de la serie original. En mitad de un panorama donde los remakes muchas veces son tan distintos a las películas originales que lo único que hacen es ensalzar la calidad de las raíces de las que parten más aún, ver una peli así da gusto.

Leonard Nimoy: él es Spock

¿Cosas que no me han gustado demasiado? Lo único que puedo decir es que, en un par de ocasiones, algún que otro personaje suelta un taco. No es que lo considere un fallo pero, como tengo en mente lo educados, formales y bienhablados que eran en la serie original, me choca oír alguna que otra palabra malsonante por aquí. Una mera anécdota, como podéis ver…

Y, para terminar, un apunte del todo personal que me apetece señalar. Siempre he creído que una de las características del ser humano es su capacidad de crear problemas o rivalidades allí donde no las hay o no tendría que haberlas. Si te gustan los Beatles, se supone que debes ser enemigo de los Rolling. Si te tira Batman, entonces Superman no tiene que hacerte tanta gracia y si eres fan de La guerra de las Galaxias parece que debes ser una especie de némesis con respecto a Star Trek o viceversa. Pues bien, amigos, y centrándome en el último ejemplo, servidor de ustedes será fan, seguidor, admirador y un largo e infinito etcétera de todo lo referido al universo de George Lucas hasta el final y mucho más allá, pero también debo decir que disfruto de Star Trek como el que más. Por aquello de edades, no pude ver la serie original en su momento pero sí he tenido la oportunidad de hacerlo ya de adulto y debo decir que disfruté de cada capítulo (vale, de algunos más que de otros) y me lo paso bomba cada vez que los revisito o veo alguna de las pelis que se han hecho después. Y es que, si las cosas se hacen bien, se puede disfrutar del viaje ya sea a bordo del halcón Milenario o de la Enterprise.
Pues…
¡…Preparados para despegar, Señor Sulu!

Seguid vigilando el cielo…

Curiosidades

-Abrams admite que una de las cosas más difíciles fue encontrar el reparto adecuado que diera carácter propio pero conservando la esencia del original.

-Zachary Quinto y Leonard Nimoy se conocieron en una convención de Cómic-Con en San Diego.
-Pine admite que interpretar a Kirk fue abrumador.
-Al hacer la prueba de cámara con Pine, Quinto lo tuvo claro: tenía que ser Kirk.
-Según Pine: es increíble que les paguen por hacer algo tan divertido.
-En la última escena, el director anunció que Leonard Nimoy estaba mirando. Los extras saltaron de sus asientos y le dedicaron una buena ovación. No me extraña. Yo hubiera hecho lo mismo.
-Ben Burtt es el creador de los efectos de sonido. También fue responsable en el mismo campo de las seis películas de La guerra de las galaxias. En otras palabras, eso es un tío con talento y suerte.
-Siguiendo con él, hizo sus deberes: estudió concienzudamente los archivos de sonido de la serie original. Para el amigo Burtt, la gracia de dichos sonidos estribaba en que se usaban de manera musical.
-La curiosidad por excelencia: Abrams es un fan declarado de La guerra de las galaxias. Por eso, es un momento rápido de la peli, podemos ver a R2-D2. Yo, cuando veo la peli, no me fijo en estas cosas porque estoy metido en ella hasta mis no puntiagudas orejas. No obstante, si internet sirve para algo (entre otras muchas cosas) es para esto:


-Uno de los romulanos malos del final es el hermano de Quinto.
-Colocar el tema principal de la serie original estuvo siempre presente. La cuestión era cuándo usarlo. Después de muchos intentos, se decidió por el golpe de efecto: al final. A fin de cuentas, es cuando la tripulación está al completo y es un equipo.

-Todos los utensilios, armas… están basados en los de la serie original.
-Michael Kaplan, responsable de vestuario, debutó en Blade Runner.
-Sí. Habrá una segunda parte. (¡YUJUUUUU!)

miércoles, 20 de junio de 2012

Dracula (1979)





Dracula (Dracula)
(1979)
Director: John Badham
Guión   : W. D. Richter

Frank Langella
Laurence Olivier
Donald Pleasence
Kate Nelligan
Trevor Eve
Jan Francis





Un conde transilvano viaja a Londres para vivir en una extraña y vieja abadía. Pero alberga un secreto terrible que influirá a todos los que le conozcan…


Tratar de presentar una película de Dracula puede suponer algo superfluo. Todo el mundo ha oído hablar del personaje y no hay nadie que no tenga una idea clara de él: conde apuesto, colmillos de por medio y mucha, mucha maldad. Y el gran responsable de dicha imagen es el cine y las distintas imágenes que, a lo largo del tiempo y usando rostros de distintos actores, nos ha ofrecido del conde vampiro. Y es que las pantallas nos han dado muchas y muy variadas versiones (y no precisamente fieles) del personaje creado por Bram Stoker: desde la terrorífica Nosferatu, pasando por Dracula con el rostro de Bela Lugosi o los ojos inyectados en sangre de Christopher Lee. Por no hablar de la increíble caracterización de Gary Oldman. Y, entre todo eso, cosas tan curiosas como las protagonizadas por John Carradine, escarceos con karatecas variados o la inclusión del personaje en el western (sí, habéis leído bien)

Schreck
Lee
Pues bien, la versión que hoy nos toca es un Dracula que aporta su granito de arena a una imagen a la que no suele asociarse al conde pero que está ahí. Y, le pese a quién le pese, esa es la romántica. Veamos…

Nada más empezar contamos con una grata sorpresa: sentimos que la música tiene un algo especial. Lo comprendemos cuando en los títulos vemos que el responsable es John Williams, autor de La guerra de las galaxias, Superman o Indiana Jones. Estupendo. Seguimos y, si nos fijamos, vemos que esta obra no es una adaptación del libro original, si no de una obra de gran éxito en Broadway escrita por Hamilton Deane y John L. Balderston. Esto no es de sorprender porque lo mismo pasó con la versión de 1931 de Tod Browning. Una vez bien metidos en faena, acudimos a una noche tormentosa en mitad del mar y un barco repleto de marineros muertos de miedo. Y ahí se produce uno de los pocos momentos sangrientos: una mano destroza la garganta a un pobre marinero que iba a arrojar una caja repleta de tierra al mar. El barco llega a tierra y comenzamos a conocer a otros personajes.

Y aquí,comprendemos que, justo por tratarse de una adaptación basada en una obra de teatro, en esta película nos vamos a encontrar con que  todo está alterado con respecto a la obra original. Para empezar, Jonathan Harker ama a Lucy, no a Mina. Esta resulta ser hija de Van Helsing y Rendfield es un personaje casual que pasa por allí. El único que mantiene el espíritu original es el doctor Seward, responsable del manicomio. Y digo todo esto sin ánimo de atacar la cinta, ni mucho menos, ya que, repito, lo mismo, a su modo, ocurrió con el Dracula de 1931 o con la versión de 1958 de Terence Fisher. Y es que, en cuestión de fidelidad al texto original, el Dracula de los cines es un caso raro, porque creo que no hay versión que mantenga los elementos originales al cien por cien.

Una cosa a tener en cuenta es la ambientación que reina en toda la cinta, muy bien conseguida tanto en lo que se refiere al vestuario, muy de época, como a los decorados. Destaco, sobre todo, la abadía de Dracula, imagen tradicional de lugar abandonado, viejo, oscuro, derruido y repleto de telarañas (mirad la escena en la que cena con Mina, todo repleto de velas y cómo hay una toma desde el punto de vista de una tela de araña por la que vemos pasearse una araña enorme)

Otro detalle a favor es el uso del sonido para crear ambiente, recurso más que atractivo pero cuya utilización no está muy explotada en las adaptaciones del conde a la gran pantalla, ya que suele predominar lo visual-escatológico por encima de cualquier otra cosa. Si nos fijamos bien, en esta película se usa de manera muy acertada el aullido de los lobos de fondo para crear un ambiente de cuento de terror a la antigua usanza; no tiene por qué dar miedo en absoluto (una característica muy peculiar de esta peli, que ya comentaré más tarde) pero, para mí, muy efectivo.
Y llegamos al apartado de los actores. Aquí hay dos grupos: los experimentados, con muchas tablas y mucha arte actoral por delante y luego, los más “jóvenes” que los secundan. ¿Entre los primeros? Sin duda Donald Pleasence, que nos da un doctor Seward muy convincente y natural. Y, cómo no, en este grupo hay que hablar del más grande, nada menos que Lawrence Olivier interpretando al profesor Van Helsing, el enemigo de Dracula. Aquí Olivier está ya muy mayor pero, pese a todo eso, sigue destilando una naturalidad y un saber hacer impresionantes a partes iguales. Y es que, el que vale, da igual los años que le pesen. Y estos dos actores, para este humilde aficionado, valían y mucho. Acompañándoles tenemos a Kate Nelligan como Lucy, Trevor Eve haciendo de Jonathan, Jan Francis como Mina Van Helsing o Tony Haygarth como Renfield. Para mí, todos ellos cumplen bien pero debo admitir que, como personajes en sí, los de Harker y Rendfield me parecen un poquito descafeinados.

Y, si de actores hay que hablar, mención especial debemos hacer a la estrella de todo el asunto: Frank Langella como Dracula. Para el actor este papel no supuso ninguna novedad, ni mucho menos. ¿La razón? Lo llevaba interpretando ya un tiempo con mucho éxito nada menos que en los famosos escenarios de Broadway durante 1978. Como actor de teatro, Langella no sólo se curtió a base de bien (fue nominado a un Tony por interpretar al vampiro, premio que ya consiguió por la obra Seascape) sino que adquirió fama por hacer una versión muy sensual del personaje. De hecho, si investigamos un  mínimo acerca del mismo, descubriremos que la palabras “sexy”, “atractivo” o “sensual” siempre van acompañadas del nombre del actor cuando se habla de este papel (aspectos que quedaron totalmente de lado en las anteriores interpretaciones de Lugosi, Lee o Schreck) Interpretar a Dracula en el cine no sólo le dio mayor éxito, sino que  le convirtió en una especia de sex symbol asociado, sobre todo, al personaje. Para mí, Langella ofrece un buen Dracula. ¿Terrorífico? No mucho, la verdad, pero sí inquietante y misterioso. Fijaos en que mantiene un rostro muy impasible pero expresivo a la vez y, además, parpadea lo mínimo. Y sí, muy sexy el hombre. ¡Hay que admitir las cosas!
No busquemos escenas truculentas o sangrientas en esta película porque no vamos a encontrar muchas. Sí, hay una mano que desgarra una garganta al principio y algún que otro vampiro pululando por ahí, pero no más. Y es que esta película es más bien una historia de terror gótico (es decir, ambientación, trajes de época, niebla rodeando todo, lobos aullando…) que de terror puro y duro, ese que hace sentir mal al espectador. Aquí se puede decir que hay golpecitos de efecto que, a mí, por lo menos, me han encantado: Langella reptando por las pareces del castillo (efecto que vemos por primera vez en el cine), caballos asustados detectando dónde hay un vampiro (¿referencia a Nosferatu?)  o cierta vampira muy bien maquillada que se encuentra con su padre (una de mis escenas favoritas)

¿Cosas mejorables? Alguna, claro. Una de las principales características que siempre me han llamado la atención de esta peli es que está demasiado anclada en la época en que se rodó, es decir, finales de los setenta. Eso se puede ver en los peinados que luce a veces en amigo Langella, el de Harker, bigote por delante o, en una de las escenas más famosas de la peli, la pseudo-psicodélica del comienzo de la “aventura” amorosa entre Lucy y Dracula, llena de tomas tumbadas, mucha niebla y, sobre todo, filtros de color naranja. Claro que dicha escena a mí me gusta porque, al fin, vemos a la prota beber la sangre del pecho del conde. Ah, y no busquéis colmillos porque no los hay. Se muerde, sí, pero no más (aspecto que hace que muchos consideren esta versión un remake de la de Lugosi, donde tampoco había colmillos. Bueno, es una teoría…)

Hay quien considera que el mayor fallo de esta cinta es que predomina el romanticismo por encima del terror. Sí, es cierto que, quizás, aquí hay mucho ligoteo; mucho beso y poco mordisco. Pero, repito, a mí siempre me ha dado la impresión de que la intención de esta cinta nunca fue el miedo, si no el golpe de efecto en general. Claro que esta es mi teoría…

En resumen, una película que recomiendo ver y que, debo admitir, me gusta mucho. Quizás, precisamente, porque se sale de la norma y se diferencia de las anteriores (y de muchas que han venido después) Una película de factura elegante muy bien llevada e interpretada que demuestra, al menos para este que escribe, que, sin necesidad de escenas desagradables ni sangre que salpique al personal, se puede contar una historia intrigante llena de misterio y pasión a parte iguales.

Langella en todo su esplendor

Os animo a verla; merece la hora y cuarenta y nueve minutos que dura.

¡Saludos vampíricos!
Curiosidades:

-John Badham, el director, fue el responsable de Fiebre del sábado noche y de otros hits de los ochenta como Cortocircuito o Juegos de guerra.

-En su época, la peli de Dracula más cara jamás filmada.

-Si veis la peli descubriréis que el color es muy tenue. Y es que el director quiso rodarla en blanco y negro (cosa que creo que la haría ganar mucho) pero el estudio dijo que no y se filmó de manera muy colorida utilizando el Technicolor. Badham se tomó la revancha cuando la peli salió en laser disc allá por 1991 y eliminó casi toda la paleta cromática. Por eso la película parece a veces en blanco y negro.

-Me acabo de enterar que, para interpretar al conde, se barajaron nombres como Clint Eastwood o Harrison Ford. ¿Os los imagináis? A mí me cuesta…

-La película no terminó de funcionar bien en taquilla. Sólo con los años se ha convertido de mera curiosidad a status casi de “película de culto”

-Esta cinta es algo curiosa por el efecto que produce: o te gusta mucho o la odias.

-Langella fue años después otro malo malísimo: Skeletor en Los Masters del universo. Eso sí, menos sensual.