sábado, 31 de marzo de 2012

Ira de titanes

Ira de titanes (Wrath of the titans) (2012)
Director: Jonathan Liebesman
Guión   : David Mazeu, David Johnson, Greg Berlanti
Sam Worthington
Rosmaud Pike
Édgar Ramírez
Bill Nighy
Liam Neeson
Ralph Fiennes
Toby Kebbel
John Bell


Hades y Ares han unido fuerzas para liberar a Cronos y destruir a Zeus…


Y aquí tenemos la segunda parte de la historia de los titanes y su relación con los humanos. Ya nada más estrenar Furia de titanes (2010) se dijo que iba a haber una trilogía basada en la mitología griega y, por lo que se ve, los dioses griegos y sus derivados siguen igual de enfadados (o más) que en la primera parte.

Nada más empezar, ya se nos mete en situación sabiendo que el amigo Hades ha vuelto a hacer de las suyas. Bien porque siempre he dicho que, en este tipo de películas, cuanto menos se tarde en presentar el meollo de la cuestión, mucho mejor. Así, asistimos al hecho de que los dioses andan muy mal por el Olimpo y que Zeus es traicionado al instante.

Pero las novedades no acaban ahí. ¿Qué fue de Perseo? Ese héroe/semi-dios que en la anterior entrega hace de todo (salva el reino de Argos, se carga a Medusa, manda a paseo a su padre Zeus o se liga a una semidiosa, Io) Pues vemos que al muchacho no es que le vaya muy bien. Es pescador, viudo, papi y se ha dejado crecer el pelo. Vamos, más anti-héroe imposible. Pero, en cuanto se produce el ataque de unas quimeras con ganas de masacrar al personal, Perseo saca la espada (¿dónde quedó aquel sucedáneo de sable láser que, cuando lo portaba, salía un filo divino?) y vuelve a demostrar que, quiera o no, pesque o no, es hijo de Zeus.

De este modo, la trama va un poquito más allá con respecto a la primera peli y nos deja claro que aquí va a haber aventuras pero también un componente humano fundamental: el amor entre padres e hijos, ya sean humanos o divinos. Supongo que, con ello, los responsables han querido mostrar una faceta más ampliada del héroe y no limitarse a hacer lo mismo: pelear, pelear y más pelear. Qué guste esto o no depende del respetable.

Impresionante
Nada más entrar las quimeras en escena, vemos que si en la anterior los efectos eran increíbles, aquí son, simple y llanamente apabullantes. Seamos realistas, si los efectos digitales se hacen como los dioses mandan, están clavados y ni se notan. Pues eso ocurre con esta entrega. Los monstruos voladores, los gigantes y todo lo que se deriva de la parafernalia de personajes mitológicos están perfectos. Hago mención especial a los gigantes de un solo ojo (que podrían haber salido más, dicho sea de paso) o al mismísimo Cronos, espectacular por los cuatro costados. Y si de criaturas digitales hablamos, no hay que olvidar los decorados tan impresionantes de los que podemos gozar aquí, algunos de las canarias o la Patagonia pero otros, creados por ordenador y espectaculares, como el lugar donde Zeus está preso y Cronos decide despertar.

Pero la principal diferencia, para mí, no radica en el avance del argumento, los efectos o la concepción de los personajes, que, repito, van un poquito más allá (Perseo parece más razonable, Zeus no resulta tan dictatorial y Hades… no sé cómo calificarlo) Y es que esta segunda parte es mucho más oscura que la anterior. Furia de titanes era, ante todo, una peli de aventuras en su sentido más pleno. Aquí también las hay, sí, pero con un tono mucho más siniestro que en la otra. El hogar de Hades es oscuro, tétrico. El laberinto por el que tienen que cruzar los protagonistas, además, es agobiante e incluso el colorido que impera a lo largo de la película es oscuro, gris. Y lo digo como punto a favor ya que, de este modo, no se cae en la repetición gratuita de logros anteriores.

La nueva Andrómeda
Los actores cumplen su cometido. Sam Worthington sigue estando bien como Perseo y esta vez aporta cierta melancolía y tristeza al personaje debido a las circunstancias que le rodean. Buen cambio porque, en la entrega anterior, estaba algo desatado y tiraba más a Conan el bárbaro en su afán de llevarse a cuantos más dioses por delante mejor (Como apunte, decir que muchos le atacaron por su interpretación en la primera entrega y él prometió actuar mejor en la segunda parte) Tenemos a una actriz nueva haciendo de Andrómeda, Rosmaud Pike, que muestra una princesa más guerrera que la de la otra peli. Otros que se suman al elenco son Toby Kebbel como Agenor, dando un toque de humor más o menos graciosito, Bill Nighy como Hefestos, al cual creo que se le pudo haber sacado más partido y Édgar Ramírez haciendo de Ares, malo de esta entrega que dice poco pero suelta cada golpe que tiembla el Olimpo entero. Y me pasa lo que con Hefestos: en este caso, para ser el malo, se le podría haber exprimido mucho más. ¡Ays, esos malos desaprovechados, con lo divertidos que son! Y, por encima de todos ellos, claro está, Ralph Fiennes sigue siendo Hades, no tan malo como en la primera (y, para mí, un grave error) y mi favorito, Liam Neeson, un Zeus perfecto, aunque aquí está algo debilitado.

¿Cosas que me han parecido mejorables? Alguna que otra, claro. Para empezar, no entiendo esa manía que se tiene en ciertas sagas de colocar un hijo en la segunda entrega, cosa que me parece un lastre en la trama y en la situación del protagonista. Y es que eso de poner progenie no suele dar buenos resultados. Preguntad al señor O’Connell mientras persigue momias con mala leche egipcia o al mismísimo King Kong. Aquí el vástago de Perseo, Heleo, se supone que aporta madurez y apoyo emocional a su padre que le influirá en su relación con Zeus. A mí  me parece que la inclusión del niño, Heleo (John Bell) ni pincha ni corta (y, menos mal que no han sido fieles a la mitología porque, según esta, Perseo se casa con Andrómeda y tiene SIETE hijos, entre ellos, Heleo) De hecho, sale muy poco pero, como dijo aquel,  para gustos, los colores.

Otra cosa que destaco es que el argumento me ha parecido mucho más simple que el de al anterior peli (que, recordemos, estaba a su vez basado en una joyita de 1981 muy bien hecha y un guión de quitarse el sombrero… o el casco que te hace invisible) En ella había que destruir al Kraken, sí, pero, antes, había que cargarse a Medusa y antes había que ver a las brujas y, previos a eso, tenían que armarse y, antes, conquistar a Pegaso, pasando por enfrentarse a escorpiones gigantescos…. En esta, si bien el argumento me parece correcto, creo que todo es más sencillo: narra un hecho puntual y se acabó: hay que rescatar a Zeus y enfrentarse a Crono. Bueno, ahí queda.

Zeus y Hades codo con codo.
¿Y qué pasa con los otros dioses? Sí, aquí salen Hefestos o Poseidón (poco, pero salen) pero… ¿y los demás? En Furia… salía Apolo, por ejemplo, amén de otros más. Aquí el problema es que están desapareciendo, vale, pero me da la sensación de que se los han quitado de encima de un plumazo y muy rápido además. Además, debo reconocer que Hades me gustaba mucho más de malo, traicionero, rencoroso y vengativo… como tienen que ser los malos. Aquí el corazoncito se le ablanda un poco. Vale, supongo que, como dije antes, la cuestión era no repetirse demasiado.

Y ya, para terminar, sólo hacer un apunte personal: sigo sin entender la manía que, a vecs, se tiene en Hollywood de acercar tanto la cámara cuando hay peleas hasta tal punto que no ves casi nada. Que las peleas aquí son espectaculares queda fuera de toda duda (fijaos en la de la quimera al principio de la cinta o en la que mantiene Perseo con ese monstruo cornudo dentro del laberinto) Son endiabladamente rápidas y el efecto digital ni se nota pero, la cámara se pone tan cerca que, al menos yo, me pierdo y no sé dónde mirar. En fin, repito, cuestión de gustos…

Pues esto es todo. En general, para mí, una segunda parte digna de su sucesora. Quizás el argumento se lo han currado un poquito menos pero, desde luego, cumple su propósito sin ningún problema: entretenerte durante hora y media larga  y pasártelo pipa con estos dioses (y humanos) llenos de ira y con muchas ganas de partir cabezas.

Aquí no hay Kraken que liberar pero, ¡por los dioses, sentid la ira y a disfrutar!



miércoles, 28 de marzo de 2012

El lobo humano

El lobo humano (Werewolf of London)
(1935)
Director: Stuart Walker
Guión   : John Colton
Henry Hull
Valerie Hobson
Warner Oland
Spring Byington
Lester Matthews
Ethel Griffies
Clark Williams




Un botánico viaja al Tíbet en busca de una extraña flor. Allí es atacado por una criatura extraña…

Cuando se habla de hombres lobo, mucha gente suele tener en mente la película de 1941, ya que es la más famosa y la que más rango de clásico tiene. Pues no, señores. Unos cuantos años antes de que Lon Chaney Jr. se pusiera a aullar a la luz de la luna, ya se hizo este lobo humano y fue el que en realidad abrió las puertas del cine a la licantropía tal y como la conocemos hasta la fecha presente.

Esto sólo es el comienzo...
La película abre con una expedición al Tíbet donde el protagonista, Henry Hull, es mordido por una criatura extraña que es la que provoca todo el conflicto y que, desde luego, es un hombre lobo. A partir de ahí, asistimos a la presentación de personajes y vemos cómo todo se va complicando hasta el clímax final donde todos sabemos lo que va a suceder.
La cinta, en su conjunto, tiene un aire tradicional y entrañable más que evidente pero no por ello se convierte en un producto menor. Resulta muy curioso  ver, con los medios tan limitados que se tenían en este género por aquel entonces, cómo eran capaces de resolver ciertas escenas y situaciones para salir airosos. Pero, por encima de todo, hay que dejar bien clara una cosa: aquí lo principal no es la casquería, el golpe de efecto o la espectacularidad. Todas estas cosas, en 1935, podían ser consideradas como problemas muy difíciles de evitar por, repito, los medios de la época, pero, a fin de cuentas, cuestiones a resolver de uno u otro modo. ¿Qué hicieron entonces? Pues las dos únicas cosas posibles. En primer lugar, se las apañaron para construír un maquillaje que, aún lobuno, recordase a todo el mundo que, debajo del monstruo, había un hombre. Lo segundo, centrarse (y muy bien, diría yo) en una cosa fundamental y que muchas producciones de hoy día parecen olvidar: contar la historia lo mejor que pudieron. Con maquillaje, transformaciones, un poquito de misterio, amores y celos pero, por encima de todo, contar la historia. Y eso es lo que, al menos para mí, destaca por encima de todo esta cinta: narra la historia de este botánico del modo más efectivo y dramático posible. Por supuesto, hay mucho más donde ahondar. Destaco las escenas en el Tíbet, cuyos decorados están bien logrados y resultan muy entrañables en lo que al aspecto se refiere. La ambientación de época, en general, está muy bien conseguida y resulta bastante creíble. Los personajes están muy bien descritos, dando al espectador la oportunidad de conocerlos de pies a cabeza, recreándose en cada uno de ellos (ojo, que esto es motivo de que muchos piensen que esta cinta peca de un poco lenta. Como siempre digo, cuestion de gustos.) 
Hull y Oland
En lo que se refiere a los actores, todos están muy bien. Cómo no, hay que destacar por encima de todo al hombre que lleva trabajo por partida doble: Henry Hull, el desgraciado que, de todo el Tíbet, se va a encontrar con un hombre lobo. Pero ahí no queda la cosa, ya que Hull está muy convincente en cada uno de sus roles, ya sea el de botánico serio y estudioso, el de hombre bien casado que teme que su mujer le ponga los toriles con cierto amigo de la infancia (puedes ser licátropo, pero no idiota) y, sobre todo, como hombre lobo. Warner Oland es Yogami, otro botánico que, nada má verlo, uno ya empieza a olerse (u olfatearse, por quello de los términos lobunos) que no es trigo limpio. La guapa Valerie Hobson es la esposa del doctor y aporta el toque femenino que toda buena historia debe tener.
Por suerte, no todo tiene que ser
hombres estirados. La guapísima Valerie Hobson
es una prueba de ello.
Pero, como uno puede suponer, esta es una peli de hombres lobo. Y, ¿qué se espera de una historia de licántropos? Transformaciones, claro. Pues bien, aquí las hay y muy curiosas, además. Eso sí, olvidaros de lo que habéis visto acerca del tema hasta ahora. La que nos toca aquí es muy sencilla, sí, pero lograda. Echad un vistazo a este video y lo comprenderéis:




Curiosa, ¿verdad? Me encantan esos preliminares en forma de gato que se enfurruña y que suele ser la antesala de que algo malo va a venir. Y, sí, el personaje va pasando por pilares cambiando, cada vez más. Por supuesto, en producciones posteriores, el truco se basaría en los típicos fundidos. Debo decir que, a pesar de que estamos ante una película de 1935, el maquillaje y el tránsito a hombre lobo me parecen pero que muy conseguidos y, sin duda, es un detalle que te hace recordar esta cinta. Curiosamente, a pesar de que, como dije antes, esta película fue algo así como la piedra angular del cine de licántropos, hay ataques, transformaciones y demás parafernalia propia de las historias que rodean a este personaje, pero no el recurso de las balas de plata. Se ve que eso vino después o, simplemente, aquí no lo pusieron porque no quisieron. Eso sí, utilizaron otro recurso que, desde luego, me aprece muy original: la herbología como posible cura de la maldición.

¿Aspectos a mejorar? Generalmente se dice que esta película, si bien está muy conseguida, tiene un punto flaco bastante gordo: lo largo y tedioso de algunas escenas. Lo admito, esto es verdad. Si bien la trama avanza, es cierto que, si prestamos atención, hay escenas que, o bien no dicen nada o, tan sólo, se podrían haber recortado y dar un poquito más de vida al conjunto. Prestad atención a la larga escena de la fiesta cuyo objetivo primordial está claro que es presentar a cuantos más personajes mejor y, para ello, recurre a que el espectador los observe hablar y hablar y hablar. Vale, la intención es buena pero la cosa se hace un poquito larga y te empiezan a entrar ganas de que la cosa acabe y comience la masacre de turno. También tenemos un diálogo entre el criado y ayudante del doctor que nos deja igual o las escenas de las caseras cotillas contándonos la vida. No es que queden mal, pero, repito, se hacen un poco largas. Y de aquí, y esto lo digo como apunte personal, paso al uno de los personajes en cuestión, el doctor Yogami. Veamos, me gustan los malos, lo admito. Por eso creo que quizás, se le podría haber sacado un poquito más de jugo, que eso con los villanos de turno nunca viene mal. Eso a parte de haber disimulado y reservado de mejor manera la sorpresa final que viene implícita con el personaje pero que, al ver la peli, la ves venir desde lejos.

¿Y el licántropo? Si esperas la imagen habitual babeante y sanguinaria que hoy todo el mundo conoce, quizás este te defraude un poquito. Aquí hay mucho lobo, pero también mucho hombre. Debo admitir que, por eso, a mí me gusta mucho, ya que se sale un poquito de la norma por su carácter primigenio y originalidad (todos sabemos que, a partir de Lon Chaney y el maquillaje de Jack Pierce, los hombres lobo fueron igulaes durante décadas) Y hablando de originalidades, sí, lo habéis visto bien: aquí el hombre lobo va vestido, se coloca bien la gorra (puedes ser lobo pero eso no implica que no seas coqueto, ¿no?) y, lo que más me gusta, tiene conciencia humana aún en su faceta de lobo. La escena final así lo demuestra. Y, por si fuera poco, aludiendo al comentario que hice antes de una posible cura, hay algo que no suele suceder en las películas posteriores: la licantropía es una infección que tiene remedio… en forma de flor tibetana. Ahí queda eso…

Como curiosidades:
Se la conoce como El lobo humano o El lobo humano de Londres.
Valerie Hobson no era la primera vez que se las veía con monstruos horrendos. Ese mismo año, antes que en esta peli, trabajó en La novia de Frankenstein como sufrida esposa de Henry Frankenstein, sustituyendo a Mae Clarke.
Boris Karloff rechazó el papel de licántropo.
Lo mismo hizo Bela Lugosi. El amigo, rechanzando, era tremendo, porque también rechazó ser el monstruo de Frankenstein.
Con respecto a la escena de las caseras hablando sin parar, hay quien ve cierto eco de El hombre invisible, cuanod el protagonista va en busca de soledad para curar su problemilla de invisibilidad.
Jack Pierce, famoso por el maquillaje de Frankenstein o El hombre lobo que interpretó Lon Chaney, hizo también lo propio en esta cinta. Hull, horrorizado ante las horas que supondría las sesiones, no quiso saber nada del tema y exigió algo más ligero y menos engorroso. Aquí os dejo un afoto de esa prueba. particularmente, prefiero el que vemos en la cinta. 

Lo dicho. Vedla y disfrutad, que los setenta y dos minutos de metraje están pero que muy bien justificados. Increíble que, en tan poquito tiempo, se digan tantas cosas.


sábado, 24 de marzo de 2012

El ejército de las tinieblas

El ejército de las tinieblas (Army of darkness)

(1992)
Director: Sam Raimi
Guión   : Sam Raimi, Ivan Raimi.


Bruce Campbell

Embeth Davidtz

Marcus Gilbert

Ian Abercrombie

Richard Grove







Ash es transportado al pasado, a la Inglaterra del 1300 d.C. Los habitantes de una aldea le toman por un héroe. Para volver a su época, deberá buscar el Necronomicón, el libro que tantas penurias le ha hecho pasar...


Gamberrada.

Esa es la palabra que me inspiró esta película la primera vez que la vi y la que me sugiere siempre que la veo (y puedo garantizar que han sido muchas… y las que quedan por delante); una gamberrada desde que empieza hasta que termina. Pero hay gamberradas que ofenden y son desagradables. Otras, en cambio, son divertidas. Desde mi punto de vista, El ejército de las tinieblas pertenece de manera más que descarada al último grupo y, además, se recrea en ello de principio a fin.

Estaba claro que, tras el estreno y éxito de Terroríficamente muertos, iba a haber más posesiones infernales. No obstante, cualquiera que haya visto las dos primeras entregas nota que la segunda ya varía bastante con respecto a la anterior en la redefinición del concepto del terror “made in Raimi”. Pero la principal diferencia entre ambas fue un factor que, si bien en la primera se sugería con mayor o menor sutileza (claro que esto puede llegar a ser muy discutible), en la segunda ya se mostraba sin ningún tipo de pudor: el humor. Raimi se dedicó a rematar muchas escenas con toquecitos de humor negro y se quedó tan a gusto (cualquiera que la haya visto recuerda la escena de las carcajadas) Ahora bien, la pregunta quedó en el aire: ¿si filmaban otra entrega el asunto volvería  a sus raíces terroríficas o el humor negro y gamberril iría a más? Pues la respuesta vino con este ejército tenebroso: si hubo un toque de humor negro en la primera parte que luego se multiplicó en la segunda, la tercera entrega no iba a ser una excepción. Lo que ocurre es que el más negro de los humores aquí se eleva a la máxima potencia. Raimi ya no se corta ni un pelo y va a lo que va: a pasarlo bien y a tratar que el confundido espectador alucine ante semejante espectáculo. Y lo consigue. Ya no estamos ante una historia de terror porque el miedo y sus derivados son ya cosas del pasado. Ni siquiera ante una de misterio con toques inquietantes. Para mí, El ejército de las tinieblas es, ante todo, una película de aventuras con grandes dosis de cachondeo.... ¿o quizás al revés? De hecho, no sé si es mucho decir que no hay escena en la que Raimi y su hermano no aporten una burla o chiste marca de fábrica. Que guste o no es ya harina de otro costal pero ahí queda la intención.

Ash y los aldeanos
El comienzo es dramático: Ash está cautivo y es condenado a muerte. Pero una muerte horrible, con demonio de por medio, como debe ser. A partir de ahí, comienza el desenfreno, ya que el protagonista debe adaptarse a un pueblo lleno de aldeanos típicos de la Edad Media, ligar con la chica de turno o hacer que el herrero le construya una mano artificial. No hay que olvidar que Ash es el elegido (suena raro, pero es así) y tiene un deber supremo: para volver a su época, tiene que viajar a un bosque y encontrar el Necronomicón (es curioso los quebraderos de cabeza que puede dar un libro) Lo malo para él (pero lo bueno y divertido para el espectador) es que debe pasar por todo tipo de aventuras para conseguir su objetivo. Y cuando digo “todo tipo” no exagero, aunque muchas de ellas sean absolutamente surrealistas: pelear con esqueletos que hacen de todo para retenerle (hasta burla), pasando por hacer lo propio con mini-Ashes que tienen muy mala idea y cuyo enfrentamiento me recuerda mucho a cualquier trifulca propia de los Looney-Tunes (fijaos en la escena en que bebe agua hirviendo, de dibujo animado total) o contra un Ash que le crece del hombro (Sí, habéis leído bien) y contra el que tiene un duelo al borde de la paranoia (“¡Tu eres el Ash bueno, yo soy el Ash malo…”) Y, por supuesto, esta cadena de acontecimientos (repito, a cual más desenfrenado que el anterior) culmina en la, para mí, gran escena, esa que todo el mundo recuerda cuando ve esta película: Ash (después de determinar cuál de las tres posibles copias es la correcta… aunque arriesgue su vida en ello) coge el libro y debe decir tres palabras. Simple, ¿no? Pues no, porque Ash no es un héroe convencional. De hecho, ni siquiera sé si encaja en el modelo de héroe, pero es el prota y punto. Y, como esto hay que verlo, os dejo este vídeo para que deis fe de que lo que acabo de escribir es cierto:


Después de esto pueden ocurrir dos cosas: una, que estés al límite de tu paciencia y mandes la película a tomar viento porque no aguantas más ralladas mentales del amigo Ash y compañía. Otra, que por curiosidad sigas viendo la peli para saber qué pasa y a qué más se puede enfrentar Campbell y sus colegas. Si optas por lo primero, te puedo entender (conozco a varios que lo hicieron). Si te decantas por lo segundo, te verás en mitad de una batalla de demonios, esqueletos que blanden lanzas al son de tambores, reinas-brujas o malvados que, a lomos de terroríficos caballos, se enfadan porque la mandíbula se les descoloca de sitio.  En resumidas cuentas, de todo contra los aldeanos. Pero, ojo, que Ash es mucho Ash.

En fin, no hay que esperar un espectáculo de los serios con esta cinta porque, si haces eso, puedes llevarte una buena bofetada (y no de un esqueleto, precisamente) cuando la veas. Si vas con la mentalidad abierta de pasar un buen rato saldrás mucho mejor parado de lo que imaginas. Debo admitir que me divertí de lo lindo cuando la vi por primera vez y, aun hoy, me lo sigo pasando bien. Para mí, la gracia de esta cinta (si pasamos por alto casi todo el metraje en sí) es que no pasa desapercibida para nadie: o te encanta y te lo pasas pipa, o te parece una tomadura de pelo. Claro que los que piensan esto último no van muy desencaminados, pero yo opino que es una tomadura de pelo con chispa.

Posesión infernal se rodó en 1981. Esta última entrega es de 1992. Han pasado años y varias películas (Terroríficamente muertos o Darkman lo demuestran) pero Raimi sigue fiel a su estilo y nos regala un metraje de hora y media más o menos repleto de criaturas, demonios, chistes y toneladas de humor negro. Sigue habiendo maquillaje, stop-motion y efectos artesanales que se notan a la legua pero que a mí, al menos, no me molestan. Y es que no me imagino esta película repleta de tomas CGI apestando a informática por todas partes porque, una de las gracias de toda la saga de Posesión infernal es que en ella, terror, sustos y chorradas a parte, reina un toque cutrecillo encantador que, repito, a mí no me molesta en absoluto. Eso sí, para gustos, los colores…

¿Cosas made in Raimi? Ni dudarlo. El tiempo pasa y él toma experiencia como director, pero el tío sigue con esos toquecillos que hace que estas películas tengan un adorable toque especial al que antes me refería: hay unas cuantas tomas de Ash montando a caballo que se notan que fueron insertadas después, ya que Bruce Campbell tiene el pelo más corto que en el resto de la película (ok, va a toda velocidad a caballo y CASI no se nota); al comienzo, hay unas escenas que nos recuerdan cómo termina la segunda entrega. Si os fijáis, cuando Ash sale disparado, se le ve perfectamente el arnés. Y cuando el prota va a cuatro patas pegado a su “yo diabólico” está claro que uno es un muñeco. Sí, vale. ¿Y qué? También hay películas hoy día en las que el ordenador canta más que un vinilo, pero ahí están.

Resumiendo diabólicamente, un espectáculo desde que empieza hasta que se acaba, una diversión gamberra que se ve con agrado (al menos yo) y, lo más importante, no deja nada al azar y va a lo que va: que el espectador se lo pase bien durante ochenta y tantos minutos y, si de paso sonríe (o suelta una carcajada), mejor que mejor.
Como anécdota, hay un final alternativo en el que Ash debe tomar unas gotas de una poción para volver al presente. Por supuesto, mete la sierra eléctrica hasta el fondo y bebe de más, así que aparece en el siglo XXI en mitad de una Inglaterra asolada por la guerra nuclear. También comentar que, en español, hay dos versiones dobladas. Sobre cuál gusta más, depende de cada uno… Y no me digáis que el cartel de la película no es impresionante y te puede hacer pensar que la peli es algo serio, pero de verdad.
Lo dicho, ¡disfrutad!.  

¡¡¡KlaaAAAtuuu, BaradaaaAAAaaa, NikEJEMEJMEJEMEGHRRGH...!!!


Otro de los carteles de la peli.


miércoles, 21 de marzo de 2012

The Walking Dead - Segunda temporada

The walking dead – Temporada 2 (The walking dead - Season two)
(2012)
Andrew Lincoln
Jon Bernthal
Jeffrey DeMunn
Laurie Holden
Sarah Wayne Callies
Scott Wilson
Norman Reedus
Melissa Suzanne McBride
Steven Yeung
Lauren Cohan
Rick y su grupo continúan sus aventuras en un mundo plagado de zombis. Por suerte, llegan a una granja donde hay supervivientes... 

Para todo el que no lo sepa, hay que dejar clara una cosa: The walking dead no es una serie original de la televisión, sino que está basada en unos cómics del mismo nombre y que son obra del escritor Robert Kirkman mientras que los lápices han contado con la colaboración de dibujantes como Tony Moore o Charlie Ardlar. Y, todo hay que decirlo, tiene fama de ser una de las mejores series de cómics que ha dado la industria en los últimos años, otro buen ejemplo de que las historietas, como medio de comunicación y disfrute, están a la orden del día, no tienen por qué ser material para niños y pueden suponer la tabla de salvación de muchas producciones cinematográficas y televisivas.
Visto lo visto, en una época de adaptaciones varias, teniendo en cuenta que los estudios de cine y los de televisión han visto en los cómics una especie de nuevo filón de cara a conseguir éxitos, estaba claro que esta serie tenía muchas papeletas de convertirse en un producto con actores en carne y hueso. A juzgar por la longitud del cómic, que son un montón de números, es normal que pensaran que el formato televisivo era el más adecuado para una adaptación en condiciones.
Por ello mismo, después de una campaña publicitaria como pocas, que hizo que todo el mundo se preguntara qué podría ser esa serie de zombis, nos llegó la primera temporada allá por octubre de 2010. ¿El resultado? Todo un bombazo, un éxito sin precedentes que hizo que muchos se engancharan (como este que escribe) de manera inevitable a la serie. La historia que presentaba era de lo más sencilla y la hemos visto hasta el aburrimiento: la humanidad se ve asolada por zombis que, levantados de sus tumbas, se meriendan a quien se ponga por delante. Ahora bien, entonces, ¿por qué ese éxito? En resumidas cuentas, porque es una serie muy bien hecha en todos sus aspectos, con personajes variados que resultan reales, buenos actores y unos efectos especiales más que sobresalientes para una producción televisiva.
Por eso, una segunda temporada estaba más que cantada. Los fans queríamos más aventuras, desventuras (esto, aplicado a ciertos personajes, no es un modo de hablar) y, sobre todo, más zombis dando guerra. Y así, en octubre de 2011, nos llegaba el comienzo de la segunda entrega. Y ganas había, porque, después del desolador final de la primera (recordemos, el Centro de Control de Plagas no valía para nada), uno no podía dejar de preguntarse qué iban a hacer Rick y su grupo.
Pues la respuesta la tenemos aquí. Ahora bien, una cosa sí había que tener en cuenta: como ya he dicho, la temporada anterior me encantó y de veras que engancha pero, ¿qué pasaría en la segunda? ¿Sería más de lo mismo? Ojo, que eso sería peligroso y de repetirse, podrían perder audiencia. La solución ha sido la única posible que los guionistas podrían tomar: hacer avanzar a los personajes y, por suerte, presentarnos a unos nuevos. Y, lo que es mejor, en un contexto distinto al de la primera temporada. Y es que en la anterior se pasaban huyendo todos los capítulos. En esta, hacen un parón en el camino en la granja de un señor llamado Hershel que, a su vez, convive con otros miembros de su familia (de una u otra forma), lo cual implica que las relaciones de los personajes originales se amplíen más y, a veces, colisionen unos con otros. Todo ello, aderezado con un montón de problemas acosando a muchos de los protagonistas que harán que, alguno que otro, sea una especie de bomba de relojería.
El bueno (y paciente) de Hershel
Pero, si hay algo por lo que destaque esta nueva temporada, y creo que es un buen punto a favor, es que, si bien la historia global que rodea a los personajes sigue, lo cierto es que estos evolucionan e, incluso algunos, cambian. La historia de los muertos vivientes está ahí de manera permanente (porque de otro modo, todo sería una tontería y carecería de sentido, claro) pero, también es verdad que queda un poco de lado para que los personajes se desarrollen (de un modo bueno o malo, pero lo hacen) y los conozcamos mejor. Van más allá, sabemos algo más de ellos y, sobre todo, interactúan entre sí y con los nuevos. Y para ello, la granja del amigo Hershel (que dicho sea de paso, tiene una paciencia infinita), viene que ni pintada. Así, vemos que Glenn nos ha salido ligón, que Andrea parece adaptarse más a la situación y deja ideas suicidas a un lado, o que Dale se confirma como la voz de la razón en el grupo. Lori está en mitad de un lío embarazoso (agudo juego de palabras) y, por supuesto, está el modo de evolucionar de Rick (quién lo iba a decir, con lo santito que parece) o Shane, cuyo lado oscuro se veía venir además de llegar a un encontronazo (del todo inevitable), con Rick. Todo ello hace que esta temporada tenga una carga  dramática y emocional mucho más contundente y directa que lo que vimos en la anterior y eso, sin duda, es un buen tanto para la serie. ¡Ya lo creo!
Los admito; este me encanta
¿Eso es todo? No, ni de broma. No hay que olvidar que esta serie es, después de todo, una de zombis. Y decir zombis y casquería (amén de otras cosas) es lo mismo. El maquillaje de los caminantes es impresionante, haciendo que sean todavía más espectaculares, asquerosos y reales. Pero lo que me ha gustado mucho es el modo que tienen de cargárselos porque, cada vez, el método resulta más directo y, como puede verse, efectivo. Y, como para muestra vale un botón, a ver qué os parece este pequeño vídeo que he hecho con algunos momentos “mata-zombis”. Sólo son unos pocos, claro, porque hay  muchos más:


Impresionante, ¿eh? Me quedo sin duda con el pobre diablo que, ahorcándose, se convierte en muerto viviente y con ese último que se carga Daryl.
Pero no todo puede ser matar a los muertos, ¿verdad? Por eso, aparte de buenos momentos que se derivan de la relación entre personajes antiguos entre sí y, además, con los nuevos, hay momentazos que hacen que el interés se dispare. Por ejemplo, ahí tenemos lo que sucede con Carl, la transición de Rick de buenazo a juez, verdugo, y dictador, la rebelión de Shane o, cómo no, el súper momentazo que a mí más me ha gustado: el final de la historia de Sophia.
Los actores están muy bien, muy metidos en su papel. Andrew Lincoln da una mezcla perfecta de liderazgo y vulnerabilidad ideal para el personaje de Rick. Jon Bernthal como Shane está clavado porque aporta ese toque de maldad que se veía venir pero que se ha hecho esperar y, desde que se afeita la cabeza, parece más fiero aún. Jeffrey DeMunn ofrece la seriedad que el personaje de Dale requiere mientras que Laurie Holden y Sarah Wayne Callies como Andrea y Lori respectivamente, a pesar de no tener tanta importancia como los dos primeros, sí aportan su granito de arena al conjunto. Y, por supuesto, no hay que olvidar a Scott Wilson como Hershel, personaje fundamental en esta segunda etapa y que me parece interpreta de manera muy convincente. El resto del elenco incluye a Norman Reedus (Daryl), con su toque salvaje y duro, Melissa Suzanne McBride (Carol) nos da el contrapunto dramático y sensible. Irone Singleton (T-Dog), Steven Yeung (Glenn) o Lauren Cohan (Maggie) respaldan a los demás y aportan lo que deben aportar: cierta cohesión al conjunto. Y es que no todo puede ser liderar al grupo… o ir en contra.
Eso te pasa por mirar a un ciervo...
¿Todo es fantástico? Casi todo. Por si no lo he dejado claro, a mi esta temporada me ha gustado mucho pero sí debo admitir una cosa: me ha parecido que, en ciertos momentos, sobre todo en los capítulos cuatro, cinco y seis, se produce un parón demasiado evidente en la historia. Quiero decir que, y esto lo digo desde mi más humilde opinión personal, que si uno ve una serie como esta es para una cosa fundamental: ver zombis morir y matar. Por eso, me ha parecido que, sobre todo durante estos capítulos, la acción se para un poco: mucha búsqueda de Sophia, mucho ligoteo de Glenn con la hija de Hershel o ese capítulo en el que Daryll sale y cae hasta quedar inconsciente. Menos mal que, durante todos ellos, hay sus golpes de efecto, como el problema de Lori o cierto granero lleno de zombis. Repito, para mí, aquí la cosa se detuvo un poco pero, con el (de nuevo) momentazo de la aparición de Sophia, todo se dispara otra vez.
En resumidas cuentas, amigos vigilantes del cielo, una segunda temporada muy digna y, por encima de todo, entretenida, que es de lo que se trata. Fijaos que el primer capítulo de la primera temporada lo vieron cinco millones y medio de personas. El de la segunda, casi ocho. Ahí es nada. En esta han dejado un montón de tramas secundarias para resolver en el futuro. ¿Qué pasa con ese aire dictatorial de Rick? ¿Se convierte en el nuevo Shane? ¿Qué es esa cosa que, espada en mano, vemos en el último capítulo? ¿Y esa construcción (¿es una prisión?) que se ve en la toma final de dicho capítulo? ¿Y qué pasa con el grupo de treinta personas al que pertenecía el pobre Randall? Las respuestas a todo esto es ya cosa de los guionistas; esperemos que se lo piensen bien. A juzgar por el trabajo que llevan hasta ahora, hay que suponer que mal no lo harán.
¿Qué nos traerá la tercera temporada?
Se aceptan apuestas...
¡A disfrutar con estos caminantes!

sábado, 17 de marzo de 2012

La saga Crepúsculo: Amanecer Parte I

La saga Crepúsculo: Amanecer Parte I (The twilight saga: Breaking down – Part I)


Director: Bill Condon
Guión   : Melissa Rosenberg
Robert Pattison
Kristen Stewart
Taylor Lautner



Bella y Edward, al fin, contraen matrimonio. Pero algo con lo que nadie contaba va a suceder: Bella se queda embarazada…

Y vamos allá con la primera parte del último de los libros de la saga de vampiros más famosa de los últimos tiempos. Y la cosa está más que interesante porque, después de tres películas de tonteo amoroso (además de otras cosas, claro) entre Bella, humana del montón y Edward, vampiro perteneciente a la familia de más estilizada de la historia de los vampiros, ya era el momento de dar el paso.
Por eso mismo, nada más empezar la peli, acudimos al gran cotarro: el anuncio de la boda. Cómo se lo tome el amigo Jacob (el licántropo cachas enamorado de Bella) o el propio padre de la novia, Charlie, ya es otra cosa. Pero, por si alguno no lo sabe, vamos a dejar una cosa muy clara: la historia de Crepúsculo y sus derivados es, ante todo, de amor. No hay que darle más vueltas porque hacerlo sería una pérdida de tiempo. Calificar estas películas de terror sólo por la naturaleza de los personajes sería absurdo. Hay vampiros, sí, y hombres lobo también. Pero el gran punto a favor de estos libros se basa en el tratamiento que se ha dado a dichos personajes para contar la vieja historia de amor imposible de toda la vida. Y eso, desde mi humilde punto de vista, es digno de quitarse el sombrero. La autora, Stephanie Meyer, no lo ha hecho nada mal porque, junto con Harry Potter, estamos ante el fenómeno literario más espectacular  de la primera mitad del siglo XXI. Y negar lo evidente es querer estar ciego.
Hija, que ya tocaba...
Lo que ocurre es que más de uno puede pensar que aquí  (y hago especial mención en esta entrega) hay demasiado amor. Vamos, a toneladas. En las otras había los tonteos básicos, claro, pero, también, problemas entre familias de vampiros, roces con el poblado licántropo o vampiras psicópatas buscando venganza sangrienta, amén de una batalla entre vampiros y lobos que me gustó mucho al final de la tercera entrega. Y lo digo porque, cuando vi esta cinta por primera vez, fue la impresión que saqué; la primera parte de la película me resultó un tanto pastelona (demasiado, diría yo) y lenta porque, boda a parte, no ocurre nada salvo muchos “te quiero”, más besos, un montón de miraditas cargadas de muuuuucho amor o habitaciones destrozadas por el frenesí vampírico-sexual. Por suerte, algunos momentos son aliviados por el personaje de Charlie, el padre de Bella, interpretado por Billy Burke, que aporta un toquecillo gracioso al tema.
No sabes la que se te viene encima...
Por fortuna, esta parte sensiblera termina en forma de vomitona matinal. Y es a partir de este momento cuando la peli se empieza a lanzar y el interés aumenta. Como es obvio, todos sabemos lo que significa que una recién casada vomite por la mañana, ¿verdad? El problema es que su marido es un vampiro y ellos no suelen fecundar a nadie (no olvidemos el detalle de que están muertos), lo que hace que la cosa se ponga aún mejor. Y de aquí pasamos a un gran punto a favor: el calvario por el que tiene que pasar Kristen Stewart para llegar a ser mamá, sufrimiento que al espectador no deja impasible gracias al maquillaje demacrado que luce hasta casi el final. La actriz se va consumiendo cada vez más y más hasta convertirse en una sombra de lo que vimos al comienzo del metraje, una labor más que destacable que me da que es una mezcla de maquillaje y retoques por ordenador porque, de otro modo, me parecen imposibles esos pómulos salientes, los brazos escuálidos o esas piernas raquíticas que luce durante su dolencia. Vamos, que al lado del estilismo, belleza y glamour que lucen las vampiras Alice o Rosalie, la pobre Bella es un grano en el culo vampírico de cualquiera de ellas.
 Pero no todo puede centrase en amores y embarazos. Por suerte, estas historias cuentan con una serie de personajes que refuerzan, de uno u otro modo, la trama principal. Por ello mismo, aquí sabemos que, Jacob, al fin deja la manada de hombres lobo cachitas y descamisados para fundar la suya propia. Una trama secundaria que, sin duda, puede resultar un alivio para los que piensen que tanto amor y paternidad indecisa son algo pesado y cargante.
Si no se quita la camiseta, revienta...
Y pasamos a los actores que, para mí, están bien. Cada cual a lo suyo, claro. Los hombres lobo aquí salen poco, es cierto, y la trama se centra sobre todo en los vampiros. Hay que admitir que personajes como Alice y demás miembros de su familia quedan relegados a un segundo plano más que evidente. Cosa normal porque esta entrega se centra en exclusiva en Edward y Bella. Como uno puede suponer, Robert Pattinson sigue a lo suyo, lo cual quiere decir ciertamente inexpresivo (aquí, lo admito, gesticula un poco más y se ríe unas cuantas veces. Ya sabéis, la ilusión del recién casado) y pálido como él solo. Eso sí, todo hay que admitirlo: aquí el muchacho sale mucho más peinado. Kristen Stewart se luce un poquito más ya que en las otras tres películas emanaba, sobre todo, gesto de amargada integral mezclado con cierto sentimiento de mosquita muerta  a todas horas. Destaco su trabajo en especial cuando está en mitad de su sufrimiento antes de convertirse en lo que se convierte. Taylor Lautner como Jacob ofrece lo que ya sabemos si hemos visto cualquiera de las películas anteriores. En esta ocasión luce gesto algo más duro por aquello, supongo, de ver que la chica que quiere va a convertirse en inmortal de la mano de su recién estrenado marido. Eso, a parte de músculos que hacen que muchas, en el cine, suelten las cosas que sueltan cuando se quita la camiseta y muestra tableta de chocolate (y, de paso, hace que el resto de los mortales nos sintamos como eso: mortales. En fin, cosas del entrenamiento y, digo yo, de otras cosas más.) Con todo, creo que lo hace bien. El resto  de actores, vampiros, licántropos y humanos, cumplen lo poquito que salen y, de nuevo, destaco a Billy Burke como Charlie.
En fin, una película de la saga Crepúsculo y con eso se puede decir todo. Bien es cierto que estas cintas (y libros) suelen despertar tantas pasiones como gestos de indiferencia. Bueno, para gustos, los colores. Yo debo decir que me gustan y las considero unas buenas adaptaciones de los libros. Sí, claro, se toman licencias en algunas cosillas porque, de otro modo, adaptar al cine los pensamientos de una chica de dieciocho años sería más que difícil. Con respecto a esta última entrega, si bien la primera vez que la vi me dejó algo de regusto pastelón y ñoño, también admito que, tras verla otra vez, la he disfrutado bastante más y veo que, en conjunto, está muy bien llevada. Os animo a verla pero, si dais un repaso a las otras tres primero, mejor que mejor. Ya sabéis, en conjunto, las cosas se ven con otros ojos.
Ah, y un consejo: cuando empiecen los títulos de crédito, no deis al stop. Dichosa última moda de Hollywood…
Pues…
¡… Preparados para esa parte II!


miércoles, 14 de marzo de 2012

El señor de los anillos


El señor de los anillos
(The lord of the Rings)
(1978)
Director: Ralph Bakshi.
Guión : Chris Conkling, Peter S. Beagle.

Christopher Guard.
William Square.
Michael Scholes.
John Hurt.
Michael Graham Cox. 

Anthony Daniels.
Norman Bird.
David Buck.

El anillo Único forjado por Sauron ha sido en contrado en La Comarca. Frodo, el Hobbit, es su dueño. Asesorado por Gandalf el mago, deberá destruirlo. Pero, para ello, no estará solo...



De manera contraria a lo que muchos piensan, las adaptaciones recientes de El señor de los Anillos llevadas a cabo por Peter Jackson y su equipo no han sido las únicas que se han filmado. De hecho, debemos ir muchos años atrás (nada menos que a 1978) para encontrarnos con la primera adaptación seria de la obra, sólo que fue en forma de película de animación destinada a un público más adulto que infantil. Y es que intentos hubo muchos (como luego señalaré) pero con esta película fue la primera vez que vimos la trilogía de Tolkien en pantalla.
Bakshi, el padre de la criatura.
El responsable de llevarla a cabo fue Ralph Bakshi, que ya tuvo bastante éxito con la adaptación del gato Fritz al cine. La cuestión era ver si, utilizando la animación convencional de toda la vida, amén de todo tipo de efectos y recursos a cual más variado, se podría hacer una adaptación de la obra de Tolkien que, a su vez, hiciera justicia al original de manera seria y contundente. Esa, al menos, era la mentalidad del director que, además, era un fiel fan de la obra y consideraba a Tolkien como un maestro.
La película fue una obra mastodóntica de la animación pero que, con  todo, acabó inconclusa ya que finaliza con la batalla del Abismo de Helm. Es una cinta curiosa porque es venerada por muchos pero, también, otros la consideran algo decepcionante. Vamos por partes.
La cinta tiene muchos aspectos a favor, de eso no hay duda. Para empezar, el sentimiento de fidelidad que reina a lo largo de todo el metraje. Que Bakshi y su equipo quisieron seguir el espíritu de Tolkien de manera seria y concisa es más que evidente.
Nada más empezar, somos testigos de una introducción cuanto menos curiosa. Se nos cuenta, tras una especie de lienzo y distintos filtros de colores, la historia del anillo único y los personajes implicados en ella.  Vale, pero más curioso es que emplean siluetas de humanos para hacerlo. Aquí, el que no haya visto la peli, frena en seco. ¿Pero no es de dibujos animados? Sí, pero eso no quita que se utilicen otras técnicas para hacer la narración más efectiva y, por lo que veremos más tarde, lo de utilizar humanos mezclados con la animación (bien sea en forma de siluetas o coloreando el celuloide para tratar de darles aspecto de dibujo animado) es algo que tuvo que gustar a Bakshi y compañía porque es una de las características más notables de la cinta.
Resultado de imagen de the lord of the rings 1978El gran punto a favor, para mí, es la animación. Y es que los responsables estudiaron muy atentos el modo de moverse de personas y animales para dar el mayor realismo posible a los personajes de la película. Ved con detenimiento el modo de andar de Bilbo (claramente copiado del de un enano, por movimientos y gestos. Algo, quizás, demasiado evidente) o la forma de luchar o correr de Aragorn o Boromir (sobre todo, en  la muerte de este) Para secundarla, unos fondos que, al menos en parte, resultan muy acertados porque, no lo olvidemos, esta es una película de las de antes, cuando las cosas se pintaban a mano y eso se nota. Para mí, los decorados más vistosos son lo que podemos ver al principio, durante las escenas de La Comarca.
Si hay algo (entre muchas cosas) que destaque de esta cinta, es el empeño que Bakshi por intentar sorprender al espectador y tratar de contar una historia tan espectacular como esta del modo más llamativo posible. Así, no sólo la animación está muchas veces calcada de la realidad, sino que, además, se utilizaron todo tipo de filtros de colores (como los que vemos en la batalla de Helm), fondos reales o efectos de sonido y visuales que enfatizasen la narración (ved el ataque de los orcos a Frodo antes de ser salvado por Gandalf y llevado con los elfos o el enfrentamiento Gandalf/Saruman del comienzo, con esas luces de colores rondando por la pantalla) A veces, incluso, se utiliza el viejo recurso de la cámara lenta para hacer que ciertas escenas sean más dramáticas. El ataque en Moria o la muerte (muy bien hecha para mí) de Boromir lo demuestran.

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Y pasamos al diseño de los personajes. Aquí nos daremos cuenta de que, si bien la película trata de utilizar figuras realistas, con sus gestos, expresiones, ademanes y derivados, hay dos tipos personajes: los claramente realistas, como Aragorn, Boromir o Elrond y los que, manteniendo rasgos más o menos serios, tiran un poco más a lo caricaturesco, como Sam, Bilbo o, en ciertos momentos, el propio Gandalf (con esa nariz enorme y picuda que le han dibujado)
¿Todo lo dicho hasta ahora hace de esta película una obra maestra? No, eso está claro. Y de hecho, son muchos de sus supuestos efectos revolucionarios los que hacen que sea muy criticada incluso por los fans de los libros.
La cinta, para mí, sobre todo al principio, siempre me ha parecido un poco más infantil de lo que resulta al final (claro está, por la naturaleza de la narración en sí) Fijaos como Gandalf, cuando está contando la dichosa historia del anillo a Frodo, da unas cuantas vueltecitas sobre sí mismo, como si bailase. Menos mal que esto sólo lo hace en esta ocasión…
Si bien la película tiene como base sólida las obras de Tolkien, sí es cierto que el modo de otorgar importancia a determinados personajes a lo largo del metraje no es la misma para todos. Por supuesto Frodo, Aragorn o Gandalf  tienen el protagonismo que merecen pero también es cierto que se pasa de otros de manera obvia. Ahí están los ejemplos de Pippin y Merry, que son meros comparsas y no se lucen nada. Eowin ni siquiera habla y Eomer se dedica a partir cabezas de orco en forma de humano pintado para darle apariencia realista. Gimli, por su parte, sale lo mínimo imprescindible. Otros, en cambio, como Ella Laraña, se nombran pero no sale. Una pena, ya que sí me hubiera gustado ver el modo de representarla.
Boromir
Y del tratamiento de los personajes pasamos al aspecto de los  mismos. En general a mí me ha gustado cómo los representan, si bien debió admitir que no todos me han gustado. ¿El que menos? Boromir. Aquí se le representa como una especie de vikingo salvaje que no atiende a razones y que primero actúa y luego piensa. Pero peor es su apariencia: vestido con pieles, barba muy poblada y un casco horrible tipo vikingo con dos cuernos bien grandes incluidos. Otro a tener en cuenta es Elrond, que se supone que es elfo pero aquí, aparte de estar todo el rato sentado, luce un peinado muy curioso que le da cierto aire romano. También me llama la atención es Gollum que, al menos para este que escribe, sí refleja bien la criatura del libro pero le han puesto una mandíbula que recuerda a un mono. Que Aragorn, con esa nariz rota y el peinado aplastado y hacia un lado me resulte algo feo y Theoden tenga un aire a rey mago que tumba son opiniones personales mías… Pero, si un personaje destaca por su aspecto, más que ninguno quizás, es el Balrog. Hay muchos que opinan que aquí sí que metieron la pata hasta el fondo y, lo admito, les doy la razón. En el libro, el personaje es descrito de manera espectacular, una especie de demonio. Aquí se ve que el presupuesto no daba para mucho más y se optó por coger a un tío, disfrazarle con cabeza de león, botas de piel a lo vikingo muy gruesas y, detalle más cutre aún, unas alas hechas de manera de lo más artesanal. Luego un látigo y una espada de fuego y listos...

Imagen relacionada

La versión en feo de Viggo Mortenssen.
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El Balrog. Para bien o para mal.

El efecto se nota pero ahí queda...
Y de aquí pasamos a, como dije antes, uno de los aspectos más llamativos de la película, ese que todo el que la ve lo recuerda, algunos como algo curioso y otros como un detalle no muy acertado: la inclusión de actores reales mezclados en la animación para conseguir el tan nombrado efecto realista. Veamos, yo creo que está más que claro que la intención fue buena; querían resultar realistas al cien por cien pero, para mí, rompe la magia de las imágenes animadas fotograma a fotograma que se supone tiene el cine de animación (más, aún, en aquellos días) hasta tal punto que, sobre todo al final, durante el asalto a Helm, pueden saturar. Su efecto, aún curioso, queda un poquito desfasado y, desde cierto punto de vista, hasta hoy día puede parecer un poquito cutrecillo y es lo que hace que muchos no hablen bien de esta cinta. Lo que ocurre es que hay veces que el efecto queda ahí (como lo que podemos ver en la taberna de Bree) y otras satura demasiado (los orcos creo que son siempre actores utilizando unas ropas muy cutres y unas máscaras que les dan aspecto de jabalí más cutre aún, por no hablar de los gestos de bestia que hacen) hasta tal punto que, como dije en el caso de los jinetes de Rohan, son casi todos (si no todos) actores sobre cuyas imágenes se ha coloreado. De hecho, hay momentos en  que la inclusión de dichos actores (sobre todo en peleas) se hace de manera rápida pero, aún así, el efecto canta demasiado. Una pena porque yo creo que eso resta credibilidad a la peli y hace que pierda unos poquitos puntos. También es cierto que la afluencia de actores pintados se da sobre todo al final. ¿Prisas por terminar la película? ¿Modo de ahorrar presupuesto? A saber. Quizás fue que les gustó el efecto sin más ni más.

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Otro detalle a tener en cuenta es que ciertas escenas son largas a propósito, recreándose en el contenido de las mismas (la Cima de los Vientos, batalla de Helm) mientras que con otras han pasado la tijera de manera descarada (el consejo de Elrond, la charla de Gandalf con Saruman o la fiesta del propio Bilbo) Eso hace que la peli se balancee entre escenas muy desiguales que hace que muchos la acusen de ser algo irregular en lo que a ritmo se refiere.

Resultado de imagen de lord of the rings 1978Una cosa que me ha llamado mucho la atención de esta película es el tratamiento que hace de los fondos. Como ya he dicho, sobre todo al principio, me parece que están muy bien tratados y definidos. Pero también es cierto que, conforme avanza la cinta, vemos como, de manera muy curiosa, los decorados parece que se van disolviendo hasta que son meras manchas. Esto ocurre, sobre todo, desde la llagada de los personajes a los bosques de Galadriel, donde los fondos se difuminan hasta que llegan a ser meras manchas y prácticamente están sugeridos. Observad, por ejemplo, la historia del regreso de Gandalf narrada a Frodo tras pelear con el Balrog. Lo que vemos en la pantalla son fondos pintados de manera irregular, supongo, para crear efecto de caos.
Y de aquí pasamos a pequeños detallitos que, si bien no me parecen aspectos negativos, sí están ahí y no dejan de ser cositas curiosas: las puertas de entrada a Moria parecen de un espesor más que finito, el aspecto de Bárbol y su forma de caminar recuerdan  al de una especie de remolacha gigante, Grima tiene un bigotito a lo antiguo o la voz en off del narrador ahorra pero que mucho metraje (véase el consejo de Elrond o el modo de rematar el final de la peli, un tanto de golpe) Detallitos, repito, curiosos pero que ahí quedan.
En resumen, vigilantes del cielo, una película de animación más que curiosa que, desde luego, recomiendo ver porque soy de los que opinan que, indiferentes, no os va a dejar. Es una gozada ver, a pesar de tanto efecto raro, una cinta de animación hecha a la antigua usanza siendo consciente de que lo que vemos son, (en su mayoría) dibujos de toda la vida. Aún así, si la hubieran terminado del todo creo que hubiese quedado un producto mucho más redondo que el que resultó ser ya que, depende cómo se mire, la película, al finalizar de manera tan repentina, me deja cierto sentimiento de quedar algo coja. Eso sí, entretiene que da gusto y, siempre que la veo, me lo paso fenomenal.


Como curiosidades:


Ya dije al principio que esta película no fue el primer intento de llevar la trilogía de Tolkien al cine. De hecho, en 1968, directores como Stanley Kubrick o John Boorman (el responsable de Excalibur), tuvieron en sus manos los derechos de la obra para una posible adaptación al cine.
El guión de Boorman no parecía tener mucho sentido pero Bakshi lo compró por tres millones de dólares. Eso hizo que el primero estuviese loco de felicidad: había vendido un guión descartado.
Con respecto a los planes de Kubrick, detalle más que curioso: quería rodar El señor de los Anillos con Los Beatles como protagonistas. Así, George sería Gandalf, McCartney y Ringo Frodo y Sam respectivamente. El papel de Gollum iba para John. Increíble pero cierto.
Resultado de imagen de hobbit 1977Si bien la película que hoy tratamos puede considerarse como una obra independiente, lo cierto es que hay muchos que la tratan como parte de una trilogía. Y esto es así porque en 1977 se rodó una versión animada de El Hobbit (que animo a ver sin duda alguna) y en 1980 un especial televisivo de animación de El retorno del rey, con demasiadas canciones para mi gusto. Repito, todas ellas fueron independientes pero, por aquello del espíritu de unidad, suele hablarse de una trilogía animada.
Peter Jackson, en  su trilogía, se basó mucho en esta cinta. El comienzo está casi calcado, por no hablar del propio Frodo.

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En esta versión animada, también se ignora a Tom Bombadil. Jackson, años después, haría lo mismo. Curioso cómo todo el mundo pasa del amigo Tom.
Y ya, como colofón, destacar las voces del reparto: Christopher Guard (Frodo), William Squire (Gandalf), Michael Scholes (Sam), John Hurt (Aragorn), Michael Graham Cox (Boromir), Anthony Daniels (C3-PO en La guerra de las galaxias, Legolas), Norman Bird (Bilbo), David Buck (Gimli) o Peter Woodthorpe (Gollum) entre otros… Aún así, el doblaje en español es una maravilla.




Vigilad el cielo.