miércoles, 29 de febrero de 2012

Batman Año 1

Batman Año 1 (Batman Year one)
2011
Director: Lauren Montgomery
Guión   : Tab Murphy


 
Bryan Cranston
Ben McKenzie
Eliza Durshku
Alex Rocco
Katee Sackhoff
Grey DeLisle
Danny Jacobs






A la ciudad de Gotham llegan dos personajes. Por un lado, Bruce Wayne, hijo pródigo de la ciudad. Por otro, James Gordon, un nuevo policía...



Allá por 1986, la todopoderosa DC comics estaba actualizando algunos de sus personajes más emblemáticos. Lo hicieron con Superman de manos de John Byrne, eliminando, entre otras cosas, el toque "torpe" de Clark Kent. También se pusieron a trabajar con Wonder Woman. Batman era el siguiente de la lista. Pero si bien con los dos primeros tenían trabajo por delante, con Batman la cosa era distinta: no había que actualizar nada porque estaba bien como estaba. Aún así, decidieron lanzarse a la piscina y contar de nuevo el origen del detective de Gotham pero yendo más allá y no centrándose única y exclusivamente en el asesinato de los padres del protagonista. A fin de cuentas, ¿cómo llega Bruce Wayne a ser Batman? ¿Qué pasos tuvo que dar para ello? Todo eso y mucho más es contestado en esta obra.

Frank Miller, que había firmado Batman: el regreso del señor de la noche (obra responsable de la actual imagen amargada y gótica del personaje que hace que se le idolatre y odie por igual)  fue quien se ocupó del guión. David Mazzucchelli cogió lápices y pinceles con su estilo tan "anti-súper-héroe" Para recalcar bien que estamos ante un auténtico renacer del personaje, se eligió un título simple pero efectivo: Batman Año 1 ¿El resultado? Una de las obras más importantes de los cómics de super-héroes y todo un clásico del personaje.
Cambiando de tercio, en los últimos tiempos estamos asistiendo a un renacer del furor por los super-héroes porque las adaptaciones a las pantallas de cine que se hacen de ellos son cada vez más espectaculares (que sean o no correctas es ya otro cantar). A la par a este fenómeno se ha producido otro no menos curioso: se están realizando adaptaciones en forma de películas de animación que salen directamente al mercado del dvd o blu-ray pero que no por eso son productos de segunda categoría. Ahí están los ejemplos de las muchas películas animadas de Superman, Wonder-Woman y, cómo no, este Batman Año 1 que nos ocupa hoy.
Gordon o el padre más infeliz de la Historia.
La película, como el cómic, se centra por completo en el origen de Batman. No sólo en el famoso episodio de la muerte de sus padres, sino en cómo el joven Bruce Wayne da sus primeros pasos para convertirse en el justiciero de la ciudad de Gotham. Pero, aunque parezca raro, Batman es el protagonista en la sombra. Quien tiene mucho peso en toda la historia es el personaje de James Gordon, que aquí se nos presenta llegando a Gotham antes de hacerse amigo del héroe y que, literalmente, puede llegar a resultar tan amargado como el propio Batman. Estamos así ante una trama para adultos donde los toques de aventura dejan paso a los tintes más que dramáticos que se pueden apreciar a través de diferentes aspectos: los intentos de Bruce por buscar su destino, los problemas variados (laborales, maritales y extramaritales) de Gordon, la trama de gansters de Gotham, el nacimiento de Catwoman...Si alguien piensa que, por tratarse de una pelíciula de animación basada en un cómic de super-héroes va a ver algo para niños, mejor que apague la tele y haga otra cosa porque, amigos, esta es una historia de adultos para adultos (Y si no ¿qué es una película en la que se mezclan embarazos, miedos a ser padre, prostitutas infantiles, infidelidades, polis corruptos y gansters variados?) Y es que el señor Miller siempre ha tenido una obsesión por la cual ha peleado hasta la saciedad: demostrar que los cómics de súper-héroes no tienen por qué ser identificados con tramas destinadas a un público infantil. Desde luego, lo ha conseguido. Otra cosa muy distinta es que su enfoque guste o no...




Catwoman
A favor de esta cinta destaco la animación, lograda y que el grafismo de los personajes respeta mucho el del cómic. Pero si de respeto hablamos, hay que decir que esta, más que una adaptación, es una traduccción exacta del cómic a la pantalla. No sólo sigue la historia al pie de la letra o los diálogos son clavados; los encuadres son exactamente iguales a las viñetas del cómic hasta tal punto que da la sensación de que estamos ante un cómic que ha cobrado vida. Me ha dado la impresión de que este detalle, por encima de cualquier otra cosa, ha sido la obsesión d elos responsables por encima de todo.
¿Cosas que no me llaman mucho? Bueno, a mi, personalmente, siempre me han gustado las películas de animación clásicas, esas donde se nota la línea de tinta y, a pesar de todo, se aprecia que lo que veo son una sucesión de dibujos uno tras otro para crear la ilusión de movimiento. Y aquí claro que hay mucho de eso, pero también hay ciertas cosas (coches, aviones...) que se notan que están hechas por ordenador, dándoles un toque algo artificial. Pero, qué le vamos a hacer; eso ocurre en esta película y en muchas otras, así que... Otra cosa a tener en cuenta, y la responsable no es la película porque, como ya he dicho, traslada el cómic al celuloide, es la obsesión que se tiene por oscurecer todo y a todos.Y es que, aquí, Catwoman es prostituta. En fin, cosas del señor Miller...

Pero, si bien antes lo destaqué en el apartado de los puntos a favor, tengo que admitir que también puede llegar a ser uno en  contra: me refiero a la cuestión de la fidelidad al cómic. Desde luego, esta cinta es fiel al cien por cien, de eso no hay duda. Y es precisamente por ello por lo que deja cierto regusto de no aportar nada, dando la sensación de que se ha limitado a seguir el comic plano a plano de manera mecánica hasta tal punto (al menos a mí me sucedió) que llega cierto momento en que ver viñetas animadas sin más ni más puede quitarle cierto aire de gracia a la cosa y te dan ganas de coger el cómic. Para mí, los encargados de realizarla, conscientes de que la obra de Miller y Mazzucchelli es muy venerada, no se han atrevido a ir un poquito más allá por no provocar las iras de los fans. Y, mirad por dónde, es este el principal motivo por el que esta película es muy criticada y, para muchos, una completa decepción. Quizás, si hubieran seguido el cómic, pero variando alguna cosa o simplemente mostrándola desde otra perspectiva, hubiera el conjunto no hubiera quedado tan estricto. Cuestión de gustos...

En bat-resumidas cuentas, una cinta de animación que, para mí no pasa de ser una curiosidad que animo a ver, sobre todo, por el hecho de ver un comic transmutado a la pantalla. Con todo, me quedo con la historia impresa (que he leído ya varias veces y las que quedan por delante) porque, como dijo el gran Mazzucchelli: "... Los súper-héroes son reales cuando están dibujados con tinta..."

Como curiosidad, ved el final de esta película (y el del cómic) y el de Batman Begins: clavaditos...

domingo, 26 de febrero de 2012

La mujer de negro

La mujer de negro (The woman in black)
(2012)
Director: James Watkins
Guión   : Jane Goldman
Daniel Radcliffe
Ciarán Hinds
Mary Stockley
Lizz White





Un abogado debe acudir a arreglar los papeles de una vieja casa que guarda un terrible secreto...

Y vamos allá con una cinta que está recién salida del horno.

Tengo que reconocer que, a pesar de que me encanta el género de terror (cosa que puede deducirse de las películas que he comentado hasta ahora), también soy prudente a la hora de fijarme expectativas cuando se estrena una nueva peli del género. Por eso, cuando comencé a oír y leer cosas de esta mujer de negro me puse un poquito a la defensiva. Por un lado, el tema de conversación de la peli era que


Dracula, un ejemplo del
buen hacer de la Hammer
Harry Potter era el prota. Mala cosa si un actor es el único reclamo de una película. Pero, cuando empezaron a llegar imágenes y vi que el tema estaba orientado al terror gótico de toda la vida, mi sensación de “a ver qué es esto” dio paso a la de “quiero ver esto” y, cuando las luces se apagaron y vi el emblema de la Hammer en mitad de la pantalla, la cosa se puso más que interesante. Y es que servidor de ustedes es un fan de esas viejas películas de la factoría Hammer que, allá por los años cincuenta y sesenta hicieron las delicias de los aficionados al cine de terror cuyos títulos, algunos en mayor medida (Dracula, la saga Frankenstein, La Gorgona, Hace un millón de años) y otros en menor (Las mujeres prehistóricas, She, la diosa de fuego), se han convertido en joyitas del género.

Antes de nada, debo decir que el comentario de “terror gótico de toda la vida” es literal. Estamos ante una historia de miedo. Pero no es ese miedo que surca (a veces con tanta pena que la gloria brilla por su ausencia) en los últimos tiempos las carteleras y que produce cualquier cosa menos lo que prodiga. Nada de eso. Este miedo es el miedo clásico, el de siempre, ese que hace que botes en el cine y, de paso, tengas cierta sensación desagradable de angustia  que tanto gusta a este que escribe.
Para empezar, la escena inicial no puede ser más simple y, por ello, efectiva: tres niñas monísimas, angelicales, de esas que parecen muñequitas de lo ricas que son, se tiran por la ventana. Genial. Y lo mejor es que no se ve, sino que escuchamos a la pobre madre de turno gritar a modo de voz en off. Buen punto a favor: para mí, una película de miedo donde la sutileza gana a la casquería da más miedo que si fuera al revés. Luego, asistimos al motor de la historia que, en sí, que no puede ser de lo más simple: un abogado (Radcliffe), un desgraciado vapuleado por la vida, debe ir a una casa a resolver unos papeles. Ok, uno ve la ambientación (muy conseguida, por cierto), el vestuario (igual de conseguido que la ambientación) y oye la palabra “casa” y ya no hay lugar a dudas: caserón enorme, encantado y con fantasmas incluidos. Predecible, sí, pero, repito, la cuestión aquí no es deslumbrar con la originalidad pero sí asustar a la antigua usanza. Si a todo esto le sumamos que la susodicha casa está en un pueblo en el que cada vecino parece más siniestro que el de la casa de al  lado (y aquí incluyo a los niños), la atmósfera de peli de miedo de las de antes está más que asegurada. Todo es cuestión de dejarse llevar… y asustar.
Y, entre susto y susto, entre ruidito y ruidito, entre sombras que te acaban por poner los nervios a flor de piel, están unos actores que, para mí, están muy bien metidos en su papel y ofrecen unos personajes creíbles. Ciarán Hinds cumple con su papel de “ayudante del héroe” si bien la aportación de su

personaje es la justa para la historia. Lo mismo sucede con Janet McTeer como su alterada esposa. Pero, si de actores se habla, hay que rendirse a la evidencia y admitir las cosas: aquí la estrella es Daniel Radcliffe o, lo que es lo mismo, Harry Potter, que ya no luce gafitas redondas ni cicatriz en la frente, pero sí una cara de amargado (pobre, el personaje no es que sea el colmo de la felicidad) y aspecto de hecho polvo muy convincente. Este es el comienzo de
la prueba de fuego para este actor, ya que ser el mago más famoso de la literatura (con el permiso de Gandalf el gris, el blanco, o el color que sea) y el cine le han dado el estrellato y los bolsillos llenos de dinero pero, como suele ocurrir, le ha anclado al personaje. Y digo que es el comienzo porque, de tener éxito esta cinta (y parece que la cosa, de momento, funciona) deberá intentar repetirlo en los sucesivos trabajos en los que se meta. Con todo, creo que aquí trabaja bastante bien y ofrece un Arthur Kipps más que digno.

Una imagen (o un grito) vale más que mil palabras
Y de los protagonistas de carne y hueso, pasamos al otro gran protagonista, el que está presente a lo largo de las dos hora más o menos que dura la cinta y que ha hecho que, en muchos y muy variados momentos, el personal de la sala del cine haya dado un bote o, en su defecto, algún que otro grito histérico: el miedo. Esta, como ya dije al principio, es una película de miedo que tiene por objetivo primordial espantar al espectador, hacerle mella y, para ello, no duda en utilizar los recursos de toda la vida, esos que son muy básicos y, por esa razón tan sencilla, efectivos al cien por cien. Por ello, aquí asistimos a un repertorio de lo más extenso de sombras que se mueven, juguetitos siniestros que dan ganas de destrozarlos, fantasmas de todas las edades, rostros que surgen de la nada a grito pelado, partes del mobiliario a la que le da por moverse y muchos, pero que muchos ruiditos y jadeos en todas su formas, intensidades y mala leche. Y es que esa es una de las virtudes de esta cinta: sabes lo que va a pasar, lo ves venir y, aún así, das el respingo en la butaca. ¿Qué más se le puede pedir a una película de miedo? Ah, y destaco ese momento en la que Radcliffe, encerrado en el dichoso caserón él solo (eso es un tío y lo demás, tonterías) pasa por todos los sustos anteriormente nombrados (y alguno más) en una secuencia sin ni una línea de diálogo. Eso sí, ruidos, a patadas.
Pues poco más puedo decir. La impresión que a mí me ha dado es una cinta que tiene el espíritu de las antiguas películas de la Hammer pero con los recursos de hoy día que, a su vez, recuerdan a los de antaño. Si os gusta el terror de siempre y pasar un mal rato de los buenos, vedla. Si tan sólo os ha despertado la curiosidad por aquello de ver a Harry Potter en una historia distinta, vedla también porque, os lo aseguro, la imagen del papel del mago se esfumará en el primer susto que os de la peli. Todo un espectáculo que consigue lo que toda una buena peli de miedo se supone que debe conseguir: amargar al espectador desde el principio, hasta el final (y a ver qué os parece este último)
¡A pasar miedo!

sábado, 25 de febrero de 2012

Aullidos

Aullidos (The howling)
(1981)
Director: Joe Dante
Guión   : John Sayles

Dee Wallace
Patrick MacNee
Dennis Dugan
Christopher Stone
Belinda Balaski
Slim Pickens
Robert Picardo
John Carradine




Una locutora de televisión investiga a un asesino que resultar ser mucho más de lo que parece...

Lon Chaney Jr.
Veamos; hagámonos esta pregunta: “¿cuántas películas de hombres lobo (y aquí incluyo las series de tv) se han hecho a lo largo de los años?” La respuesta puede ser más o menos variable pero se resume utilizando una palabra: muchas. Ahora bien, si empezamos a pensar cuántas de ellas se nos han quedado en la memoria hasta tal punto de usarlas como modelos para juzgar los nuevos productos, descubriremos que nos quedamos con muy poquitos títulos. Vamos, que los dedos de una mano (o garra) nos sirven y de sobra: está, claro, El hombre lobo, con Lon Chaney masacrando al personal, Un hombre lobo americano en Londres, usando el cachondeo y el terror a partes iguales, alguna que otra versión con Oliver Reed a la cabeza y curiosidades más que recomendables como El lobo humano. Se me escapará alguna (léase las de Paul Naschy) pero no mucho más. Y, cómo no, la película que nos ocupa, que ha llegado a obtener por sus propios medios (y zarpas) el título de película de culto.
El tiempo pasa y nada ni nadie se libra de eso. Y esto afecta a personas y, por supuesto, a películas. Lo que sucede es que, a veces, el paso de los años se lleva mal y otras bien. Pues bien, puedo decir sin ninguna duda que estamos ante una cinta que está dentro del segundo grupo y hace que se vea con el mismo agrado que años atrás… e incluso un poco más. ¿La razón? De lo más sencilla: cuando una película se hace bien desde todos los frentes, sale un producto atemporal. Y es que Aullidos es una cinta del año 1981, lo cual quiere decir que ha llovido y mucho además. Estupendo, pero cuando las cosas se bordan, da igual el paso del tiempo, los avances que se produzcan en el campo del que hablemos o las novedades que vengan. Lo que es bueno siempre prevalece y creo, desde mi opinión, que Aullidos no es sólo un buen producto, sino que rebasa esa frontera y va incluso más allá.
Caer en el topicazo del monstruo de turno rebanando cuellos puede llegar a ser fácil y peligroso a la vez. Y es precisamente ahí donde radica la originalidad de esta cinta. No estamos ante la historia del hombre atormentado que se convierte en monstruo y, hala, que salpique la sangre alritmo de rugidos variados y gritos descontrolados tan típicos (y divertidos) de las pelis de terror. De hecho, la presencia física del licántropo no hace su aparición hasta bien entrada la película e incluso se puede decir que hasta el desenlace no le vemos como tal y, dicho sea de paso, aquí, el que es licántropo no es que esté muy atormentado que se diga. Es más, si no fuese porque el título la delata, pensaríamos que estamos ante una historia de intriga y misterio más que ante una de terror. Luego, por supuesto, salta la sorpresa y surge lo evidente.
Y es que, como ya he apuntado, la originalidad en esta historia (que, no olvidemos, viene de un libro obra de Gary Brandner) radica en que huye del tópico al que estamos acostumbrados siempre que hay hombres lobo de por medio. La trama transcurre lenta, de manera progresiva, yendo de la mano de la protagonista y sus (supuestas) ralladuras mentales hasta que la acompañamos hasta cierto lugar de descanso llamado La colonia donde todo el mundo es deliciosamente (esto, por si no se nota, va con segundas) encantador… hasta que empezamos a ver que, entre doctores que lucen sonrisas, vejetes que dicen cosas raras (véase el señor Carradine) o morenazas fatales y sexuales en extremo, algo raro huele a podrido (y poco hecho) en el lugar.
Dante, responsable de
todo el cotarro.
 Joe Dante, el tipo que un par de años atrás nos demostró lo terrorífico (y divertido) que puede ser que unos bañistas retocen en aguas repletas de pirañas, nos regala una cinta de la cual lleva las riendas de manera firme, acertada y sin dejarse cosas al azar. No cae en la tentación del tópico y, repito, apoyándose en una historia que brinda originalidad al tema, nos hace pasar un rato de los buenos captando nuestra atención desde que empieza (con esa escena inicial de la cabina y la cinta porno que te hace pensar que te has equivocado de peli) hasta que acaba (pedazo de escena en mitad de un telediario y que, por si alguien no la ha visto, no voy a decir nada) Pero, como debe ser, si bien la trama se sale de la norma, aún así, se las apaña para introducir los pequeños guiños a los detallitos que todo el mundo conoce (como ciertas balas de plata que se compran en cierta tienda rara cuyo dependiente, Dick Miller, se paseó por La pequeña tienda de los horrores o, más tarde, también de la mano de Dante, sufrió a Los Gremlins) Lo dicho, genio y figura…
Dee Wala
Los actores cumplen muy bien. Por encima de todos ellos hay que hacer referencia especial a Dee Wallace (Sí, la mamá de ET. ¿Qué habrá sido de esta mujer?), que  lo borda como Karen. Está estupendamente respaldada por Dennis Dugan (Chris), Chistopher Stone (Bill, el marido de Karen) o Patrick Macnee (el doctor Waggner), entre otros. Por supuesto, no hay que olvidar a Elisabeth Brooks como Marsha, que destila sensualidad y sexualidad lobunas a partes iguales, amén de una mala leche licántropa más que destacable. Y, hablando del reparto, sabido es por todos que el amigo Dante es un fan de las películas de ciencia-ficción y terror clásicas. Pues bien, no os perdáis el desfile de estrellas del cine de terror de los cincuenta y sesenta que desfilan por la pantalla los primeros diez minutos de película. Sí, por ahí pululan Roger Corman (el responsable de las adaptaciones de Poe allá por los sesenta y también culpable de ciertas pelis hechas con dos céntimos y muy rápido), Kenneth Tobey (El enigma de otro mundo) o Kevin McCarthy (La invasión de los ladrones de cuerpos) Eso amén de John Carradine como el abuelete que anda por La Colonia soltando extrañezas. En resumen, buen guiño del amigo Dante.
Momento cumbre:
La transformación.
¿Y los efectos especiales? ¿Cómo no hablar de ellos en una película de hombres (y mujeres) lobo? Pues están pero que muy bien. Como puede esperarse, efectos de la época porque, sí, amigos, había vida antes del ordenador y las tomas CGI. Y los profesionales del medio (y en esta película los hay y buenos, como Rob Bottin entre otros, responsable de las películas de la saga de La guerra de las galaxias, ahí es nada) utilizaron todo lo que tenían a mano para sorprender al espectador: maquillaje, muñecos, animación stop-motion, dibujos animados... De todo, vamos. Pero todos ellos al servicio de la historia porque, repito, aquí hay una historia que contar y se utilizan actores, efectos especiales, golpes de efecto y lo que haga falta para hacerlo. Y, cómo no, prestad atención a la escena de la transformación, que se hace esperar pero, de veras, que merece la pena (burbujitas incluidas. Vedla y entenderéis a lo que me refiero) Mira que muchos, aún defendiendo la peli, han atacado opinando que si ves a un tío convertirse en lobo, lo último que harías sería quedarte a mirar. Ok, es razonable pensar así. Lo malo es que, si la prota sale corriendo, no veríamos nada y no habría peli…
¿El resultado, a fin de cuentas? Un producto de los que ahora se echan en falta y que, como los buenos vinos, gana un poquito más cada año que pasa y se impone de manera contundente a muchos de los actuales. Y es que lo que vale, vale.
Disfrutad de esta película. En mi opinión, ella y Un hombre lobo americano en Londres, son las dos mejores películas de hombres lobo de la era moderna junto con sus respectivas transformaciones (burbujas aparte)
            Pues hala, marchando una hamburguesa... pero poco hecha.
Como curiosidades (lobunas) deciros que:
-Joe Dante no iba a dirigirla. Pensaron en John Landis pero la insistencia del autor del libro y la protagonista a favor de Dante vencieron al final.
-No hubo problema para Landis, que luego dirigió Un hombre lobo americano en Londres. Y todos contentos.           
-La peli porno que se ve al principio no es tal: la rodó Dante a posta para esta cinta.
-Dante sale de manera fugaz como técnico de televisión.
-Dicen que la peli se rodó en un mes escaso.
-Curiosidades de Hollywood: el Óscar a los efectos de maquillaje no existía. Al año siguiente, con la peli de Landis, tuvieron que inaugurar esa categoría.
-Dee Wallace y Christopher Stone estuvieron casados en la vida real.
-La peli tuvo varias secuelas. Dante se negó a trabajar ene ellas argumentando que nunca podrían igualar o superar a la original. Tipo listo…


miércoles, 22 de febrero de 2012

Smallville

Smallville (Smallville)
Décima temporada
Tom Welling
Erica Durance
Allison Mack
Cassidy Freeman
Annette O’Toole
John Glover
Justin Hartley
Terence Stamp
Michael Rosenbaum
John Schneider


Clark Kent acepta su destino y se convierte en el mayor súper-héroe de la Historia: Superman.

Supongo que algunos se preguntarán por qué hablar de la temporada décima cuando hay nueve más antes de ella. Las razones, para mí, están claras: es la última y, por eso, es la que más expectativas me planteó. Por otro lado, supone el (apoteósico) final de una serie que, empezando poquito a poco, ha durado nada más y nada menos que diez años.
¡Diez años! Todo ese tiempo se tomaron los responsables para contarnos el origen de Superman. Años repletos de expectativas, esperanzas y, también hay que decirlo, de ilusiones. Después de la, para mí, versión tan descafeinada/light/sosa/pobre de Superman returns, de veras que me quedé con las ganas de ver un Superman en condiciones, aunque fuera en la pequeña pantalla. Y debo amitir que, espíritu de la serie e intenciones de la misma a parte, siempre pensé que Tom Welling se había ganado con creces el honor de vestir el traje rojo y azul. Pero diez años son muchos  y es cierto que, quizás, en algunos aspectos, la serie ha dado demasiadas vueltas. Con todo, a nivel general, creo que se las han arreglado para mantener, o intentarlo al menos, el interés del espectador aún a sabiendas de que TODOS sabíamos cómo iba  a terminar: Clark Kent se convertiría en el mayor súper-héroe de todos los tiempos.  Cómo se haría eso, era ya otra cosa.
            Si hay algo por lo que destaca esta temporada, a parte del hecho final en sí, es por la cantidad de cosas que ocurren. Decir esto puede sonar un poco absurdo ya que cualquiera que haya seguido una temporada de la serie sabe que en Smallville siempre han sucedido muchas cosas. También es cierto que, hacía ya varias temporadas, se abandonó ese espíritu de “capítulos sueltos” para que, a lo largo de ellas, imperase cierto sentido de unidad u objetivo global a lo largo de las mismas. Pues bien, no es de extrañar, porque esta es la etapa final, que  sucedan todavía más cosas aún ya que, justo por eso, se supone que todo tiene que quedar atado y bien atado.
            Aquí los personajes ya ha madurado del todo y eso se nota en el juego que dan a lo largo de los capítulos. Al ser ya adultos, interactúan entre sí (y con otros ajenos) de un modo más serio, y somos testigos de cómo ciertas relaciones, a la par que los protas, se consolidan. Ahí tenemos es el caso de Chloe y Oliver Queen (Me gusta lo que han hecho con este personaje a lo largo de toda la serie. Menos mal que no le pusieron el gorrito a lo Robin Hood…), la ya evidente relación Lois/Clark o un personaje que acaba resultando más que interesante cuyo final no me gustó un pelo: Tess. Además, conocemos a otros nuevos, unos más serios (el padre de Lois, Sam, ancianitas psicópatas, locutores poseídos…) combinados con otros más humorísticos y, depende de cómo se miren, ridículos, como es el caso de Cat Grant (aún así, hasta me resulta simpática) Y, cómo no, no podría haber una temporada final de Smallville sin que apareciese, aunque sea un poquito, el malvado general Zod (Por cierto, me sigue gustando mucho más Terence Stamp. Este, si bien no me parece mal, tiene un aire más de modelo de cualquier anuncio de perfumes que de general kriptoniano con mucha mala idea)
Supergirl
Pero no hay serie en la que, además de la trama, no haya subtramas. Y si de ellas hablamos, en esta temporada contamos con varias y muy interesantes: la aprobación de la ley anti-vigilantes, que me parece muy buen detalle (¿A alguien le recuerda esto a destellos de los Watchmen? Ok, apunte de fan), la resolución de lo que sucede en la zona fantasma, la menor o mayor aceptación de los enmascarados por parte de la gente o la consolidación de Supergirl a modo de reflejo (al menos, eso deseé) de lo que ocurrirá con Clark. Luego tenemos la trama principal en sí: la unión de los siervos de Darksaid, como precursores de la oscuridad que será la excusa final para que Clark acepte su destino. Y, claro está, otras cosas que no tienen desperdicio: que Lois y él intercambian roles para saber qué se siente siendo súper o que el personaje de Tess descubra que sus raíces son más bien siniestras.
Lo reconozco: un buen Clark Kent
Para mí, la mejor Lois hasta la fecha
 ¿Y los actores? Para mí, bien. Es cierto que a Welling se le ha atacado desde mil frentes diciendo que no sabe actuar y que su capacidad para expresar emociones es la de un trozo de kriptonita negra. Bueno, el chico no es Lawrence Olivier pero tampoco hay que pasarse. Para mí ha sido un más que digno Clark Kent y, de veras, siento (como muchos) no poder decir lo mismo de su rol como Superman. No porque lo haga mal, si no porque se puede decir que no sale como tal. El resto del reparto que le arropa está muy centrado, desde Allison Mack (Chloe), pasando por Justin Hartley (Flecha verde) o Cassidy Freeman (Tess), a lo que hay que sumar el buen hacer de John Glover como Lionel (que, por unas o por otras, incordia hasta el mismo final de la serie), John Schneider haciendo de Jonathan o Anette O’Toole como Martha. Pero si hay que destacar a alguien, yo me quedo, sobre todo, con Erica Durance, una actriz que nos ha regalado una Lois Lane perfecta: dinámica, valiente y con cierto aire graciosillo que hace que caiga bien. Y, cómo no, esa pedazo de voz en la sombra, nada menos que Terence Stamp (El general Zod en Superman 2, ahí es nada) haciendo de la voz en off de Jor-El. Todo un lujo…
Linterna verde o cómo saber adaptar un
personaje a los tiempos que corren...
Si esto no es poner los dientes
largos...
Pero, aparte de lo dicho, si yo tuviera que destacar algo de esta temporada serían dos cosas. Por un lado, Clark acepta de una vez quién es y lo que puede suponer su herencia kriptoniana. Me encantó esa escena en la que, con Lois, admite que el disfraz, en realidad, es el propio Clark. Por otro, el tema omnipresente de la oscuridad con Darksaid como protagonista y amenaza absoluta que será el reclamo perfecto para que Clark de el salto (literalmente hablando) hacia el cielo. Y, en mitad de todo eso, momentos curiosos (la pelea con Oliver en la Zona Fantasma, la relación con el futuro suegro o el capítulo de la resaca) con otros que van directos al corazoncito del fan y hacen diana (reflejos del Clark del futuro, estirado, engominado y con gafas, Zod atrapado en el cristal, Jor-El y esposa o Clark sujetando un helicóptero (evidente homenaje a la peli del 78))
            Y, si de momentos se trata, hay que hablar del MOMENTO.  Ved esto:

¡Momento de la discordia! Creo que no me equivoco si digo que esta escena es amada y odiada a partes iguales. Los que opinan lo último vienen a decir que es una tomadura de pelo. Diez años esperando para ver al amigo Welling marcando músculos (que yo creo que los tiene) vestido de Superman para… ¿un par de primeros planos (algunos de espaldas) y un Superman pequeñito y digital? La verdad es que te quedas con ganas de más. Los que la defienden, en cambio,  dicen que, a fin de cuentas, esto ha sido siempre Smallville y decir eso y Clark Kent es lo mismo; que, a fin de cuentas, la serie trataba de su preparación para ser Superman. La verdad, yo creo que ambos grupos tienen razón. Sería absurdo decir que fue el final de los finales y que esas escenas compensaron nada menos que diez años (durante los cuales, en muchas ocasiones, los responsables nos pusieron varias veces el caramelito en la boca) de espera y fidelidad. No creo que  haya ningún seguidor de la serie que no haya pensado alguna vez que se lo pudieron currar mejor, que ver a Tom Welling vistiendo el traje hubiera sido una gozada absoluta, que verle atravesar el cielo con los puños por delante hubiera sido un remate perfecto a una serie que, por unas o  por otras, creo que ha tenido más puntos a favor
que en contra. Y aún así, debo decir que yo me emocioné cuando se agacha, coge impulso, sale disparado y vemos cómo cambia hasta convertirse en Superman (digital, pero Superman) ¿Fue en buen final? A modo global, creo que sí. ¿Pudo haber sido mejor? También. No obstante, debo admitir que, en la escena final, cuando sale a la terraza y se desabrocha la camisa al son de la marcha de Superman (menos mal que tuvieron el sentido común de dejar ambas), se me olvida lo poco que Welling se luce cómo súper-héroe y me emociono aún más que antes.

Curiosidades:
-El capítulo final dura como dos horas. Un capítulo de televisión con duración de largometraje.
-Con todo, dicen, un capítulo de presupuesto muy ajustado. ¿Disculpa para no ver a Superman volar?
-Michael Rosenbaum (Lex Luthor) no está afeitado: lleva una calva artificial.
-Tom Welling pidió públicamente al anterior actor que volviera a la serie para el episodio.
-Darksaid no toma forma completa, cosa que ha irritado a varios fans.
-Mi gran duda era cómo iban a apañar la aparición de Lex Luthor si este sabía quién era Clark. La solución no pudo ser más sencilla: lo olvida por la intervención de Tess.
-Se hace referencia a Lex presidente, cosa que ya aparece en los cómics.
-En el futuro, según el capítulo final, Chloe está ahí con el hijo que tiene con Oliver pero… ¿dónde está este?
-La gran controversia: Tom Welling se negó en redondo a vestir el traje de Superman. ¿Motivos? Se aceptan apuestas. Unos dicen que el actor no quería verse en medio de la llamada “Maldición de Superman”, la que se dice que sufrieron George Reeves (¿suicidio o asesinato?) y Christopher Reeve (para qué recordarlo) Otros argumentan que el físico de Welling no era apropiado para vestir el traje y que le quedaba mal ya que el actor, en esta temporada, está más fondoncete de lo normal. Incluso he leído por ahí que hay fotos (yo no las he visto) en las que se le ve con el traje y no le queda muy bien. Y yo digo que, por lógica, debe haber otra razón más simple: no le dio la gana. Que esto guste o no ya depende del personal. Yo, insisto, creo que hubiera sido un buen Superman de cuerpo completo pero…
-Lara, la madre de Superman, es la actriz Helen Slater, que interpretó a Supergirl en 1984 con más pena que gloria.
-Jimmy Olsen aparece al fin. Perry White no (al menos como jefazo del Planet), pero le oímos berrear.
-Si nos fijamos, sólo Chloe se refiere a Clark como Superman. ¡Ya era hora!
-Insisto a pesar de ser súper-cansino: no me gustó el final de Tess.
-Siguendo con el tema del traje, lo que es curioso es que, a lo largo de la serie, el amigo Tom no ha tenido reparos en usar ese abrigo largo y negro con camiseta negra y "S" por delante o la cazadora alucinante de cuero roja con la "S" esculpida en mitad del pecho unida por la cremallera. Y digo yo, ya que probó ambos, ¿qué mas le hubiese dado dar el pasito y ponerse las mallas? ¡Ays, señor Welling!
-En las últimas temporadas, al vestir la mencionada cazadora roja, Clark suele aparecer con el pelo engominado y brillante, efecto que receurda de veras al de Superman. Cuando, en el capítulo final le vemos en primer plane y atisbamos algo del traje, no lleva gomina.
-Hay  una foto de la revista Time con Welling sentado y vestido de Superman. Pregunta desde la ignorancia: ¿es él o sólo su cara?
-Muchos atacan al capítulo final argumentando que hay mucho amor y poca acción.
-Se llegó a decir que Welling sería Superman en una película de La liga de la justicia.
Y esto es todo. En resumen, para mí, una serie más que digna con un final que, por unas o por otras, me acaba gustando.
¿Es un pájaro? ¿Es un avión?
Es…
¡… Tom Welling!
(Ojalá...)


El final, como debe ser

 
A pesar de que interpretar a Superman, por unas u otras razones (y aquí Christiopher Reeve tiene mucho de culpa por lo bien que lo hizo), se ha convertido en toda una responsabilidad para cualquier actor que opte a ello, hay que admitir que con Tom Welling ha sucedido algo curioso: a fuerza de ganarse al público temporada tras temporada, muchos han sido los que apostaron por él para que interpretase al personaje en el cine. Se han hecho páginas web pidiendo que el actor obtuviese el papel y los fans han realizado toda clase de virguerías para vestir a Welling como Superman. La devoción llegó a tal punto que incluso el famoso dibujante de cómics Alex Ross pintó unos dibujos del personaje con el rostro de Welling. Os dejo algunas muestras de ello:





Cuerpo de Reeve, cara de Welling, pero
todo SUPERMAN


Bye-bye Superman returns

La antes mencionada portada

Dos ejemplos del arte de
Alex Ross


           

sábado, 18 de febrero de 2012

Cowboys y aliens

Cowboys y Aliens (Cowboys & Aliens)
(2011)
Director: Jon Favreau
Guión    : Roberto Orci, Alex Kurtzman, Damon Lindelof, Mark Fergus, Hawk Otsby
Daniel Craig
Harrison Ford
Olivia Wilde
Sam Rockwell
Clancy Brown
Paul Dano
Keith Carradine


Un vaquero despierta en mitad del desierto pero no recuerda nada. Desorientado, acude al pueblo más cercano en busca de ayuda. Pero allí le aguardará una sorpresa mayor aún…
Esta película es una adaptación de una novela gráfica de igual nombre cuyos autores son Scott Rosenberg (el responsable de Men in black), Fred Valente y Andrew Foley y que se empezó a publicar en 2006.
El cómic
En una época en la que Hollywood e incluso las series de televisión parecen haber redescubierto las posibilidades del mundo del cómic de cara a la pantalla, no era de extrañar que, tarde o temprano, le tocase a esta obra. A fin de cuentas, el argumento es muy original y atractivo: nada menos que mezclar vaqueros con extraterrestres. Vamos, que ni pintado para la meca del cine…
El amigo Gwangi.
¡Menudo delirio!
Aunque parezca lo contrario, la verdad es que en Hollywood no es la primera vez que se lleva a cabo una mezcla que, a priori, parece imposible. De hecho, ya hace unos cuantos años, también se utilizaron vaqueros para mezclarlos con dinosaurios en la cinta El valle de Gwangi, allá por 1969, dando como resultado una película tan delirante como divertida. Pues bien, ya en el siglo XXI, Jon Favreau, el responsable de Iron Man y su correspondiente secuela, ha querido aprovechar el momento de fortuna que vive para avanzar y tratar de dar una vuelta de tuerca al género de la fantasía. Estos cowboys enfrentados a unos aliens muy galácticos, con muy mala idea espacial (como debe ser), a los que les gusta el oro a más no poder, le han  venido que ni pintados.
Y si tenemos un director de fama y calidad, no lo iba a ser menos el reparto. La película está protagonizada por Daniel Craig y nada menos que Harrison Ford que, desde Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal no se paseaba por los atractivos y delirantes mundos de la fantasía descontrolada. Dicho de otra forma, el dúo protagonista lo componen nada menos que James Bond e Indiana Jones (o Han Solo. Yo me quedo con ambos) Y, como no puede ser de otro modo, en mitad de tanto tío duro y sucio mezclado con extraterrestres bien feos, debe haber una cara bonita que destaque. Y, en este caso, es la de Olivia Wilde, ex de House y lanzada ya de lleno al mundo del cine. Les respaldan otros nombres como Keith Carradine, Clancy Brown (el malo malísimo y bestia de Los Inmortales) o Sam Rockwell, que ya se dejó ver en Iron man 2.  
¿Qué pasa aquí?
La película comienza con una escena inicial muy curiosa donde se nos presenta a Craig, aunque lo de “presenta” es muy relativo porque nadie sabe lo que pasa, qué hace ahí o quién es. Genial porque él tampoco lo sabe. No obstante, que algo raro le sucede es más que evidente, sobre todo porque tiene un extraño adorno en el brazo. A partir de ahí, tras ver que el prota puede manejarse muy bien solito, vamos con él hasta el pueblo donde se nos presentan muy bien presentados todos los personajes de la trama: el sacerdote (Brown), el sheriff (Carradine) o el doctor poca cosa (Rockwell) Y, a través del idiota de Percy (Paul Dano), conocemos coronel  Dolarhyde (Ford) que, además, de su padre, es borde, duro y cascarrabias a partes iguales. Pero, por suerte para todos, espectadores incluidos, también rondará con sus dosis de misterio Ella (Wilde)
Eso pasa por no vigilar el cielo...
La cinta no se detiene demasiado en aspectos inútiles y eso es un buen punto a favor. Una vez que conocemos bien a los cowboys y la cosa está a punto de liarse entre ellos, se nos recuerda la otra parte del título porque los aliens aparecen y hacen muy bien de las suyas en una escena de lo más curiosa y que a mí me ha gustado mucho: aquí no abducen o teletransportan al personal, qué va. Aquí los cazan con lazo. A fin de cuentas, estamos en el oeste, ¿no?
A partir de ese momento, la cinta mantiene muy bien el interés a través de las relaciones entre los protagonistas que, como se puede ver, son muchos y variados, mientras vamos descubriendo cosas acerca de ellos. Y aquí bien por el guión, ya que potencia el misterio en torno a un Daniel Craig que no tiene ni idea de quién es pero cuyos flashes de memoria no indican nada bueno.
Harrison Ford. ¡Qué grande!
Los actores me han gustado mucho, todos ellos, ya que se les ve bien metidos en el papel. Craig quizá está peca de demasiado duro e inexpresivo pero debo reconocer que eso le hace más atractivo como personaje (la verdad, no me lo imagino llorón y desamparado, mucho menos en el oeste en el que está situada la acción) Olivia Wilde cumple con papel que conlleva sorpresa incluida y que, a pesar de saberse a mitad de la trama, sigue haciendo que el personaje funcione (muy buena cierta escena con ciertos indios y cierta pira funeral) Paul Dano, a pesar de lo poco que sale, consigue caer gordo como hijo del coronel y resultar gracioso a la vez. Pero, debo reconocer que, de todo el reparto, me quedo con Harrison Ford. Este hombre tiene unas tablas tremendas, un todoterreno que ha demostrado ser capaz de hacer cualquier cosa. Y aquí lo demuestra en todas sus formas: puede ponerse duro con cualquiera de sus hombres, sensible y echar al lagrimita cuando se le toca el corazoncito o pasar por chulo y aventurero. Todo un monstruo de la pantalla al que da igual lo que le echen, ya sea vaqueros, indios o aliens. Como debe ser, que, a fin de cuentas, estamos hablando de Han Solo o Indy en persona. Y, no sé si es mi imaginación, casualidad o ninguna de las dos, pero decidme si la primera vez que aparece el amigo Harrison en pantalla no os recuerda a la presentación que tiene en En busca del arca perdida, es decir, de espaldas al espectador dejando entrever muy poco del rostro…
Esto sí es un oeste salvaje
Y, claro está, en esta película hay efectos especiales. Y muy bien llevados, me atrevería a decir. No en vano están en medio los magos de la Industrial Light and Magic, los hombres de George Lucas que, literalmente hablando, pueden crear cualquier cosa. El vuelo de las naves me parce muy real y me gustan mucho los aliens, muy originales con esas dos manos que surgen del pecho. Y están tan bien hechos que se atreven a lucirlos a plena luz del día. ¡Bien por la ILM! Pero lo que más me gusta de los susodichos efectos, es que no saturan al personal con explosiones, escenas rebuscadas o cosas espectaculares que, por ser así, te las meten con embudo en mitad de la pantalla. Nada de eso. Aquí, como ocurre en las buenas historias, los efectos sirven para contar la que nos ocupa y salen cuando deben salir. Y este es uno de los motivos por el que muchos han criticado esta peli: mucho cowboy y poco alien. Bueno, puede ser. A mí me gusta como está porque, de otro modo, hubiese caído en el tópico previsible de siempre: mucho efecto, poca chicha. Con todo, para gusto, los colores.
Pues todo eso. Yo definiría esta cinta como una peliculita con espíritu de serie B (de esas que empezaban con una cosa y luego acaban con otra; ved El enigma de otro mundo o el ya mencionado Valle de Gwangi) con un más que claro presupuesto de una de serie A (no hay más que ver el reparto y los medios de los que disponen) A mí, como se puede ver, me ha gustado mucho: ofrece una trama de lo más original y dos horas de diversión sana de la buena. ¿Qué más puedo pedir?
            Pues…
            ¡… Vigilad el cielo, estéis en el lejano oeste o no!